5 claves para vigilar el aire que respiramos en interiores y evitar el COVID
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5 claves para vigilar el aire que respiramos en interiores y evitar el COVID-19

Vigilar el aire que respiramos en interiores, como escuelas u oficinas, es más importante que nunca para evitar el contagio de coronavirus. Aquí te presentamos 5 aspectos a considerar.
28 de agosto, 2020
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Con el regreso a clases y a las oficinas en muchos países, evitar la propagación del coronavirus al interior de edificios se ha vuelto una cuestión clave.

Durante meses se nos ha dicho que nos lavemos las manos y mantengamos el distanciamiento social para evitar al SARS-CoV-2 que causa la enfermedad covid-19.

Pero científicos e ingenieros dicen que también debemos pensar en el aire que respiramos, a medida que los niños vuelven a las aulas y más personas vuelve a sus trabajos.

Hay 5 aspectos clave a tener en cuenta.

1. Si está mal ventilado, aléjate

Cuando entras en una habitación y el aire se siente viciado o cargado, algo anda mal con la ventilación.

No está entrando suficiente aire fresco, lo que aumenta las posibilidades de infectarse de coronavirus.

Investigaciones recientes muestran que en espacios confinados puede haber una “transmisión aérea” del virus, pues hay pequeñas partículas del patógeno que permanecen en el aire.

Un oficinista viendo a través de una ventana

Getty Images
Es importante estar consciente de la calidad del aire que se respira en espacios cerrados.

Así que la entrada de aire fresco es más importante que nunca.

Entonces, si un lugar está mal ventilado, hay que dar la vuelta y marcharse, dice el doctor Hywel Davies, director técnico de la Institución Colegiada de Ingenieros de Servicios de Construcción de Reino Unido.

Es vital tener un flujo de aire limpio: “Si hay alguien infectado en un edificio y entra suficiente aire del exterior, se diluye cualquier material infeccioso que se esté dispersando. Se está reduciendo el riesgo de que otras personas se infecten”.

2. Vigilar el aire acondicionado

Desde las oficinas hasta las tiendas, el aire acondicionado es bienvenido en los días calurosos, pero es importante saber qué tipo de aparato hay.

El más simple, conocido como aire acondicionado split, toma aire de una habitación, lo enfría y luego lo expulsa nuevamente.

Un aire acondicionado split

Getty Images
Las unidades split solo reciclan el aire del interior.

En otras palabras, está recirculando el aire. Esto no es un problema si se visita rápidamente un lugar. Pero puede ser un riesgo si se está en el lugar durante varias horas.

Un estudio de un restaurante en China, publicado por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU., mostró que este tipo de aire acondicionado jugó un papel clave en la propagación de coronavirus.

En el establecimiento había un cliente “presintomático”, es decir, alguien que estaba infectado pero no se dio cuenta porque aún no había desarrollado síntomas.

Los científicos consideran que liberó el virus al respirar y hablar. El patógeno fue dispersado por el lugar a través de las corrientes de aire de los split en la pared.

El resultado fue que otras nueve personas se infectaron.

Davies insiste en la importancia del aire fresco: “Si hubiera habido un buen suministro de aire exterior, es muy probable que menos personas se hubieran infectado”.

3. Informarse de la ‘proporción de aire fresco’

En un edificio moderno donde las ventanas están selladas, ¿cómo se puede obtener suficiente aire fresco?

Lo más común es tener un sistema de ventilación en el que el aire viciado se extrae de las habitaciones y se canaliza a una unidad de tratamiento, a menudo ubicada en el techo.

Una unidad de aire acondicionado en un techo

Getty Images
Los sistemas más modernos mezclan aire fresco del exterior con el que permanece en el interior de une dificio.

En esos lugares el aire fresco exterior se lleva adentro y se combina con el aire del interior. Lo que se respira es una mezcla de eso.

Dado el riesgo de infección por coronavirus, el consejo profesional es maximizar el suministro fresco exterior.

“Tener un 100% de aire exterior o cerca del 100% es algo bueno“, dice la profesora Cath Noakes de la Universidad de Leeds (Reino Unido).

“Cuanto más aire fresco, menor es el riesgo de que el virus vuelva a circular por el edificio”, añade.

La combinación precisa suele estar en manos de los administradores del edificio.

Pero la desventaja de hacer funcionar aire 100% fresco es el costo: el aire entrante debe calentarse en invierno y enfriarse en verano, todo lo cual requiere energía.

4. Comprobar los filtros

Un sistema de ventilación moderno debe tener filtros, pero estos no son infalibles.

Investigadores en EE.UU. que estudiaron lo que sucedía en el Hospital Universitario de Salud y Ciencia de Oregón encontraron que los filtros atraparon rastros de coronavirus, pero algunos pudieron escapar a él.

Una oficinista con máscara

Getty Images
Los empleados deberían preguntar si hay filtros y qué tanto se verifican.

El profesor Kevin van den Wymelenberg, quien dirigió el proyecto, cree que limpiar los filtros podría revelar si hay alguien infectado trabajando en un edificio.

En Corea del Sur, una empresa de telefonistas ubicada en un edificio de oficinas detectó que una persona fue capaz de infectar a más de 90.

Si los filtros se hubieran revisado con más frecuencia, la presencia del virus podría haberse detectado antes.

Van den Wymelenberg dice que la información de los filtros puede “mostrarnos dónde atacar y cuándo” para combatir las infecciones.

5. Tener cuidado con las corrientes de aire

Cualquier experto en la materia lo dice: el aire fresco es la clave. Pero un especialista en modelar el movimiento del aire agrega que no es tan simple.

Nick Wirth solía trabajar en el diseño de autos de Fórmula 1 y ahora asesora a supermercados y empresas de procesamiento de alimentos sobre cómo administrar el flujo de aire para mantener a las personas seguras.

Gráfico sobre las diferencias de transmisión

BBC

Advierte que si alguien está sentado al lado de una ventana abierta y es una persona contagiada, podría transmitir el virus a otros en la dirección que lleva el viento.

“Si abres una ventana, ¿adónde va a ir el aire? No es deseable que haya gente en una línea directa de ese flujo de aire”, explica.

“Más aire fresco en general es mejor, pero si fluye horizontalmente y está lleno de virus, podría tener consecuencias no deseadas“.

https://www.youtube.com/watch?v=N_i9OcJBtiQ

Al respecto, la profesora Cath Noakes dice que los beneficios de una gran cantidad de aire fresco que diluye la presencia del virus superará cualquier riesgo.

En su opinión, una ventana abierta podría llevar a que más personas reciban el virus, pero en cantidades más pequeñas y menos riesgosas,.

No es de extrañar que haya desacuerdos: todavía hay muchas cosas que no sabemos sobre el virus.

Pero el aire que respiramos formará parte de cualquier esfuerzo para hacer que los edificios sean más seguros.

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Cuartoscuro Archivo

1.5 millones de personas dejaron de ser atendidas en hospitales públicos del país por la pandemia

Hasta junio de este año hubo 320 mil hospitalizaciones menos en las unidades de salud pública en comparación con el mismo periodo de 2019; las atenciones en urgencias se redujeron en un millón 293 mil.
Cuartoscuro Archivo
Por Arturo Ángel, Juan Pablo Díaz, Alonso Santaella y Nayeli Roldán
2 de septiembre, 2020
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Al menos un millón 500 mil personas con distintos padecimientos como cáncer, hipertensión o diabetes no tuvieron atención hospitalaria y de urgencias en México durante el primer semestre de 2020, sobre todo a partir de abril, cuando comenzó la pandemia por coronavirus en el país. 

Datos de la Secretaría de Salud muestran que hasta junio de este año hubo 320 mil hospitalizaciones menos en las unidades de salud pública en comparación con el mismo periodo de 2019; mientras que las atenciones en urgencias se redujeron en un millón 293 mil, según información preliminar. 

Expertos y autoridades consultadas por Animal Político señalan distintos factores, como que las personas no acuden a hospitales por miedo a contagiarse, o la dificultad de encontrar alguno si el que les corresponde sólo se enfoca en atención a COVID.

Pero también por la decisión del Consejo Nacional de Salud, integrado por la Secretaría de Salud Federal, esa instancia en cada estado, y los titulares del IMSS, ISSSTE, las Secretarías de la Defensa Nacional, la Marina y el DIF, de reconvertir hospitales para dedicarse solo a la atención de pacientes contagiados por COVID.

Ésta es la segunda de tres entregas de la investigación de Animal Político que identifica el impacto de la pandemia. La primera documentó que entre abril y julio ocurrieron 130 mil fallecimientos más que en ese mismo periodo de 2019, aunque sólo la tercera parte tienen la confirmación de contagio y del resto no se conoce la causa de muerte.

Para tratar de identificar los factores que han provocado los decesos, Animal Político revisó las fuentes públicas de información de la Secretaría de Salud para detectar si existe diferencia en los registros de atención hospitalaria y de urgencias de 2019 con los de 2020.

Con esos datos, Juan Pablo Díaz, experto en bioestadística de la Universidad de Toronto, y Alonso Santaella, científico de datos, hicieron estimaciones matemáticas para determinar cuántos mexicanos no tuvieron atención médica, y el resultado es que un millón 591 mil personas —con un intervalo de predicción del 90%— no pudieron hospitalizarse o recibir una consulta en urgencias. En promedio, 4 de cada 10 personas que en circunstancias normales no se hubieran quedado sin atención médica.

Consulta aquí la nota metodológica

A eso se suma que, ante la falta de atención, tampoco se ha hecho el diagnóstico de miles de nuevos casos de enfermedades que van desde VIH, tumores, depresión hasta desnutrición o infecciones urinarias. Lo que se abordará en una tercera entrega.

El exceso de mortalidad, la falta de diagnóstico y de atención hospitalaria son el impacto de la pandemia, pero también de una mala política de salud, explicó en entrevista Malaquías López-Cervantes, epidemiólogo y académico del departamento de Salud Pública de la UNAM. “Hacer la reconversión de los hospitales y dejar de atender gente no es efecto de la pandemia, es la falta de aptitud de la gente que tomó esas decisiones. Esa sí es una decisión”, dijo.

Las cifras oficiales sobre la falta de atención

Los datos preliminares de la Secretaría de Salud muestran que en el primer semestre de 2020 se registraron 748 mil 52 personas hospitalizadas en las unidades médicas públicas de 26 estados del país. La información de seis entidades no se incluyó por no presentar datos actualizados a junio.

En comparación con el mismo periodo del año pasado, en el que se registraron 1 millón 67 mil 426 hospitalizaciones, hay una reducción de 30%. Estados como Jalisco, Baja California Sur o Chiapas presentan bajas más amplias, aunque el fenómeno se repite en todos los estados.

Gráfico: Jesús Santamaría

La secuencia mensual de los datos confirma que la disminución en los ingresos a hospitales del país coincide con la presencia y crecimiento de la pandemia. Por ejemplo, mientras de enero a marzo la cifra de hospitalizados por complicaciones de diabetes se mantuvo arriba de 4 mil personas, de forma similar a 2019, en abril las hospitalizaciones se redujeron a 2 mil 500 y a partir de entonces no han dejado de seguir a la baja.

Gráfico: Jesús Santamaría

Otro informe oficial publicado por el Sistema de Vigilancia Epidemiológica Hospitalaria de Diabetes tipo 2, y que mide con el modelo centinela a los enfermos con diabetes hospitalizados, señala que el primer semestre del año cerró con 8 mil 992 en 152 hospitales. Un desplome del 49% respecto al mismo periodo del año pasado.

Lo mismo sucede con la atención en Urgencias. La Secretaría de Salud registró la reducción de 36% en este tipo de atención en 27 entidades durante el primer semestre de 2020. Bajaron de 3 millones 880 mil 958 a 2 millones 485 mil 54. Estados como Oaxaca, Morelos, Jalisco y Baja California presentan las mayores reducciones.

Gráfico: Jesús Santamaría

Hay otros tipos de tratamientos que también dejaron de ocurrir en los hospitales públicos. Por ejemplo, las quimioterapias y otros métodos relacionados al cáncer de mama y útero en comparación con 2019 tuvieron una baja de 51%.

Incluso se han registrado disminuciones en análisis de laboratorios como los que se practican en el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (INDRE) de la Secretaría de Salud, que cayeron a la mitad a partir de abril, y al cierre del primer semestre ya a un 53%.

Gráfico: Jesús Santamaría

Los datos abiertos de la Secretaría de Salud no incluyen IMSS o ISSSTE, pero en el anexo estadístico del Segundo Informe de Gobierno se publicaron cifras que también confirman caídas significativas en la atención hospitalaria de esas instituciones.

Por ejemplo, el ISSSTE reportó de enero a junio de este año, 46 mil 215 hospitalizaciones en sus áreas de atención especializada, un promedio de 256 pacientes hospitalizados al día, en comparación con el promedio de 381 diarios de 2019.

Y respecto a las consultas de urgencias, en el primer semestre de este año hubo 262 mil 643. Se trata, en promedio, de 500 atenciones menos por día respecto a 2019, cuando la cifra era de 2 mil 26 urgencias diarias.

En cuanto al IMSS, la información se reporta en tasas por cada 1,000 derechohabientes. Según su estadística, al cierre de abril la cifra era de 9.8 hospitalizaciones en sus centros de segundo nivel.  Aún cuando ese promedio se mantuviera el resto del año —lo que parece poco probable porque la crisis de la pandemia se profundizó en mayo y junio—, este 2020 cerraría con una tasa inferior a 30 hospitalizaciones, mientras que la de 2019 fue de 34.

Sobre las consultas de especialidad, con las que se da seguimiento a padecimientos ya diagnosticados que pueden derivar en cirugías, se reportó un registro al cierre de mayo de 77 consultas por cada 1,000 derechohabientes. Dividido por mes, sería una tasa de 15.4 consultas, debajo de la tasa mensual de 2019 que era de 23.4 consultas de este tipo.

Los datos del Segundo Informe de Gobierno también indican que 2020 podría cerrar con 3 millones 205 mil intervenciones quirúrgicas, la cifra más baja de los últimos cinco años y que representa 15 mil menos que las del año pasado.

Consecuencias de la reconversión hospitalaria 

Animal Político solicitó a la Secretaría de Salud federal su versión sobre la caída en el seguimiento y atención, pero no hubo respuesta. Sobre las entidades con más descenso en atención hospitalaria, Jalisco tampoco contestó, la Ciudad de México dijo que respondería en entrevista este viernes 4 de septiembre. Guerrero y Oaxaca sí lo explicaron.

El secretario de Salud de Guerrero, Carlos de la Peña Pintos, confirmó la disminución en las atenciones hospitalarias y señaló, como primer elemento de ello, la decisión tomada en los estados por recomendación del Consejo Nacional de Salud de reconvertir total o parcialmente los hospitales para atender COVID y limitar la atención de otros padecimientos para prevenir contagios. A nivel nacional, más de 900 centros de salud fueron reconvertidos.

En Guerrero, reconoce el secretario, esto se tradujo en la cancelación de todas las cirugías programadas y del 55% de los servicios de consulta de especialidad. Solo se privilegió la atención de cuadros y urgencias de gravedad. Todo ello para prevenir contagios y dirigir más recursos humanos y materiales a la atención de COVID.

De la Peña dijo que servicios como quimioterapias o diálisis no se suspendieron, pero reconoció que mucha gente también dejó de asistir a los hospitales y a recibir algún tratamiento por miedo a contagiarse. Incluso personas posiblemente enfermas con COVID, señala, prefirieron permanecer en sus casas. “Al final llegaban al hospital ya muy graves y morían y otros han perdido la vida en sus casas”, dijo.

El secretario de Salud explicó que en Guerrero no han detectado pacientes que hayan fallecido porque no fueron al hospital o no recibieron seguimiento de una diabetes o un problema de riñón.

En Oaxaca, en cambio, sí ha ocurrido, como lo reconoce Juan Carlos Márquez Heine, Subdirector General de los Servicios de Salud de Oaxaca.

“Sí comenzamos a ver un número de muertes relacionadas con infartos, o por descontrol metabólico, o por patologías propias de obesidad por lo que te comentaba: la gente no sale y entonces se dejan de tomar el medicamento (…) nosotros comenzamos a ver este aumento en el número de decesos, pero más que la desatención es que la gente dejó de acudir a las unidades médicas, sobretodo por miedo”, dijo el funcionario.

Márquez Heine comentó que, además de la ya mencionada reconversión hospitalaria, se tuvo que hacer una reingeniería del personal disponible debido a que una proporción de ellos dejaron de trabajar por ser población de riesgo ante COVID.

Justamente, ese es otro de los factores relevantes: el personal médico. El gobierno federal advirtió la carencia de 240 mil trabajadores de la salud al iniciar esta administración. Con la pandemia, además, se requerían especialistas como neumólogos o enfermeras de terapia intensiva, quienes además de cumplir con el nivel académico, requieren de entrenamiento de meses para atender este tipo de pacientes u operar ventiladores, por ejemplo.

Como parte de la estrategia contra la pandemia, el Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI) comenzó la contratación de personal, que hasta el 1 de julio sumaba 50 mil, según informó el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell.  

A ello se suma que personal de salud con algún factor de riesgo como padecer obesidad, hipertensión, diabetes o afecciones cardiacas fueron retirados de sus puesto de trabajo para evitar contagio por COVID. Y que al menos 97 mil trabajadores de la salud resultaron contagiados hasta el 23 de agosto.

“Obviamente nos baja la productividad y si hay muchas enfermedades que se comienzan a relegar. A lo mejor yo tenía una hernia que no tenía mayor complicación, pero la cirugía estaba programada para mediados de julio pues ni modo, se pospone. Y pues con eso baja la carga hospitalaria”, señaló Márquez Heine.

Sistema de salud rebasado

Expertos consultados por Animal Político coincidieron en que las cifras sobre menos atención hospitalaria reflejan un sistema de salud desbordado.

El doctor e investigador Alejandro Macías, quien lideró la estrategia contra la pandemia de influenza en 2009 en México, señaló que la caída en la atención y hospitalización de diversos padecimientos también ocurrió con la crisis del virus H1N1, situación que es resultado de deficiencias sistémicas que acarrea el sistema de salud en el país.

“(En 2009) se tuvieron que detener las consultas convencionales y los hospitales perdieron la atención y la programación de los procedimientos quirúrgicos habituales y todo eso se tuvo que retomar, pero en aquella ocasión tomó alrededor de 3 a 6 meses volver a tomar cierta normalidad. Lo de aquí va a tomar años (…) El esfuerzo ahora ha sido extraordinario considerando lo maltrecho que estaba el sistema de salud mexicano”, señaló.

Aunque el gobierno federal insiste en que consiguió que el sistema de hospitales no colapse,  Xavier Tello, analista en políticas de salud, advierte que eso depende de como se mire.

“Hay estados que calcula que se van a requerir al menos dos años tan solo para sacar adelante las cirugías que se han tenido que reprogramar como no urgentes (…) lo que yo veo es un sistema de salud rebasado cuando a una señora a la que le tenían que operar una cadera no se le pudo hacer”, dijo Tello.

El especialista también cuestionó que se presuma como un éxito el contar con espacios disponibles en hospitales. “De nada sirve una cama con un ventilador si no hay alguien preparado para usarlo, y de eso también hay un déficit”, añadió.

El epidemiólogo y académico del departamento de Salud Pública de la UNAM, Malaquías López-Cervantes, coincidió con Tello en el sentido de considerar que el sistema de salud está rebasado, y cuestionó que oficialmente se haya construido una imagen de éxito por tener camas para atención de COVID, a costa de dejar a cientos de miles sin tratamiento.

“No se puede decir voy a ganar tres puntos atendiendo a este y voy a perder 30 dejando de atender a todos. La gente que recibía atención era porque necesita recibir atención y el sistema de salud mexicano es muy malo porque está basado en hospitales. Es ahí donde se detectan las enfermedades, Y si necesitan hospital y no hay hospital, es pésimo. Esto se va a reflejar después como una sobremortalidad en todas las áreas, no sólo en COVID, sino también porque no se atendieron”, concluyó.

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