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¿Tiene algún riesgo para la salud la nueva tecnología 5G para celulares?

La exposición a la red 5G de telefonía celular que ya se utiliza en algunas ciudades del mundo ha provocado que algunos se pregunten si esta nueva tecnología conlleva riesgos. ¿Tienen bases estos temores?
15 de julio, 2019
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La red 5G de telefonía celular ya comenzó a utilizarse en algunas ciudades del mundo y algunos se preguntan si esta nueva tecnología conlleva riesgos para la salud.

Pero ¿cuáles son los temores? y ¿existe evidencia que apoye las preocupaciones?

¿Qué tiene de diferente la 5G?

Igual que con telefonías celulares previas, la red 5G depende de las señales que envían las ondas de radio -que son parte del espectro electromagnético- transmitidas entre una antena o torre de comunicaciones y tu teléfono.

Todo el tiempo estamos rodeados de radiación electromagnética: desde señales de radio y televisión hasta todo tipo de tecnologías, incluidos los celulares y de fuentes naturales como la luz solar.

La 5G utiliza ondas de frecuencia más alta que las redes previas de telefonía celular, lo que permite que más dispositivos tengan acceso a internet todo el tiempo y a velocidades más rápidas.

Estas ondas viajan distancias más cortas a través de espacios urbanos, de manera que las redes 5G requieren más torres de transmisión que las tecnologías previas y deben estar posicionadas más cerca de la superficie terrestre.

Seúl

Getty Images
Corea del Sur ya tiene una red 5G en todo el país.

¿Cuáles son los temores?

La radiación electromagnética utilizada por todas las tecnologías de telefonía celular ha llevado a que algunos se preocupen por sus riesgos a la salud, como desarrollar ciertos tipos de cáncer.

En 2014 la Organización Mundial de la Salud (OMS) indicó que “no se han establecido efectos adversos a la salud causados por el uso de teléfonos celulares”.

Sin embargo, la OMS junto con la Agencia Internacional para la Investigación de Cáncer (IARC) clasificó toda la radiación de las frecuencias de radio (de la cual las señales de móviles forman parte) como “posibles carcinógenos”.

Fue puesta en esta categoría porque “hay evidencia que no llega a ser concluyente de que la exposición puede causar cáncer en humanos”.

Comer vegetales en escabeche y utilizar talco están clasificados en el mismo nivel de riesgo.

Las bebidas alcohólicas y la carne procesada están ubicados en un riesgo más alto.

5G

Getty Images
El 5G está a la vuelta de la esquina.

Un informe de toxicología publicado en 2018 por el Departamento de Salud de Estados Unidos dirigido a quienes expresaron temores de seguridad encontró que ratas macho expuestas a altas dosis de radiación de frecuencia de radio desarrollaron un tipo de tumor canceroso en el corazón.

Para el estudio, todo el cuerpo de las ratas fue expuesto a radiación de teléfonos móviles durante nueve horas al día cada día durante dos años, comenzando al nacer.

No se encontró un vínculo de cáncer para las ratas hembras o los ratones estudiados. También encontró que las ratas expuestas a la radiación vivieron más que los del grupo de control.

Uno de los científicos de la investigación dijo que “las exposiciones usadas en los estudios no pueden compararse directamente a la exposición que los humanos experimentan cuando se usa un teléfono celular”, incluso con los usuarios intensos.

El doctor Frank De Vocht, quien asesora al gobierno británico sobre telefonía celular, dice que “aunque algunos estudios sugieren una posibilidad estadística de incremento en el riesgo de cáncer en los usuarios intensos, la evidencia sobre una relación causal no es suficientemente convincente como para sugerir la necesidad de tomar acciones de precaución”.

Sin embargo, hay un grupo de científicos y médicos que han escrito a la Unión Europea pidiendo que el lanzamiento de la 5G sea detenido.

5G logo

Getty Images
5G logo

Las ondas de radio son no ionizantes

La banda de las ondas de radio -utilizadas en las redes de telefonía celular- es no ionizante, “que significa que carece de suficiente energía para descomponer el ADN y causar daños celulares”, dice David Robert Grimes, físico e investigador de cáncer.

Más arriba del espectro electromagnético, más allá de las frecuencias utilizadas por teléfonos celulares, existen claros riesgos a la salud por la exposición extendida.

Los rayos ultravioleta del sol caen dentro de esta categoría perjudicial y pueden conducir a cánceres de piel.

Existen estrictos límites para la exposición a niveles incluso más altos de radiación de energía, como los rayos X médicos y los rayos gamma, que pueden conducir a efectos perjudiciales dentro del cuerpo humano.

“Se entiende que la gente esté preocupada sobre si debe elevar el riesgo de cáncer, pero es crucial notar que las ondas de radio son mucho menos energéticas que incluso la luz visible que experimentamos cada día”, afirma el doctor Grimes.

“No hay evidencia respetable”, afirma, “de que los teléfonos móviles o las redes inalámbricas causan problemas de salud”.

¿Debemos preocuparnos por las torres de transmisión de 5G?

La tecnología de 5G requiere de muchas estaciones de base nuevas, que son las torres que transmiten y reciben señales de teléfonos celulares.

Pero crucialmente, debido a que hay más transmisores, cada uno debe funcionar a niveles de potencia más bajos que la previa tecnología 4G, lo que significa que el nivel de exposición de radiación de las antenas 5G deberá ser más bajo.

Las guías del gobierno británico sobre las estaciones de base de los teléfonos celulares dicen que los campos de frecuencia de radio en lugares normalmente accesibles al público están muy por debajo de los niveles que establecen las guías.

5g

Getty Images
El 5G podría alcanzar velocidades de descarga hasta 20 veces más rápidas.

¿Y los peligros del calentamiento?

Parte del espectro 5G permitido bajo las regulaciones internacionales cae dentro de la banda de microondas.

Las microondas generan calor en los objetos que atraviesan.

Sin embargo, en los niveles utilizados para la 5G (y las tecnologías celulares anteriores), los efectos de calentamiento no son perjudiciales, dice el profesor Rodney Croft, asesor de la Comisión Internacional de Protección contra la Radiación No Ionizante (ICNIRP).

“El máximo nivel de frecuencia de radio al que alguien en la comunidad puede exponerse al 5G es tan pequeño que hasta ahora no se ha observado aumento en la temperatura”.

Límites a la exposición

El gobierno británico señala que “aunque es posible un pequeño incremento en la exposición total a las ondas de radio cuando se agregue la 5G a la red existente, se espera que la exposición total siga siendo baja”.

En Reino Unido, la gama de frecuencia de las señales de 5G que se está introduciendo está dentro de la banda no ionizante del espectro electromagnético y muy por debajo de lo que la ICNIRP considera peligroso.

“La exposición que producirá la 5G ha sido considerada en profundidad por la ICNIRP, y se han establecido restricciones debajo del nivel más bajo de frecuencia de radio relacionada a la 5G que se ha visto que causa daños”, afirma el profesor Croft.

La OMS afirma que las exposiciones de frecuencia electromagnética debajo de los límites recomendados en las regulaciones del ICNIRP no parecen tener ninguna consecuencia conocida en la salud.


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La “jefa Juanita” murió por COVID-19 a un mes de jubilarse como enfermera

Juanita Petra Silva tenía 54 años y era supervisora de enfermería en el hospital Belisario Domínguez. Murió el 21 de mayo después de tres semanas con síntomas de COVID. En junio comenzaban sus trámites de jubilación tras 32 años de servicio.
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A Juanita Petra Silva Isidoro, de 54 años, todo el mundo la conocía como la “jefa Juanita” en el Hospital Belisario Domínguez. Allí trabajó como enfermera los últimos 14 años. Estuvo al frente de Neonatología, Terapia Intensiva y, por último, como supervisora. Allí, con el que fue su equipo durante tantos años, murió el pasado jueves 21 de mayo, víctima de complicaciones derivadas de la COVID-19. 

Podía haberse jubilado en 2019 pero decidió quedarse un año más. Le gustaba demasiado su trabajo. Tenía la esperanza de terminar su carrera en el área de neonatos, el lugar donde tuvo su primer empleo en el hospital Legaria hace 32 años.  

Pero entonces llegó la maldita pandemia y todos los planes se frustraron.

A pesar de todo, en junio comenzaban sus trámites de prejubilación. Así que estaría un mes hasta que le llegase la licencia de 90 días previa a despedirse definitivamente. 

La COVID-19 la atrapó antes.

Su cuerpo abandonó el hospital Belisario el viernes. Marchaba por última vez de la que fue su segunda casa. El féretro fue acompañado por los aplausos de todos sus compañeros, que realizaron un pasillo humano hasta la puerta de salida. 

Había muerto la “jefa Juanita”, otra mártir del coronavirus, una nueva víctima en el colectivo de trabajadores de hospitales, hombres y mujeres que hacen frente a una pandemia desconocida con medios escasos y expuestos a grandes riesgos. 

“Las sirenas sonaban y ahí estaba toda la gente: enfermeras, médicos, personal de intendencia. Todo el mundo se expresaba de una forma tan bonita, tan positiva, tan conmovedora sobre mi mamá”, dice Mayra Laura De Rosa Silva, de 28 años, hija mayor de la enfermera fallecida.

Lee: ‘Nunca lo imaginé, este lugar era de gente poderosa’: Así es la estadía de médicos y enfermeras en Los Pinos

El homenaje a Juanita es el símbolo de un colectivo golpeado. A fecha de martes 19, en México había 11 mil 394 casos de coronavirus entre el personal médico, así como 149 defunciones. Entre ellas no estaba contabilizada la enfermera, que falleció dos días después. Cada semana, la Secretaría de Salud actualiza los datos de las víctimas que se dejan la vida intentando que otros salgan adelante. 

El domingo 24 de mayo, la “jefa Juanita” fue inhumada en el Panteón civil San Lorenzo Tezonco, justo al lado del hospital Belisario. “Pareciera que el destino quiere que esté siempre cerca del hospital”, dice su hija.

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La COVID-19 es una enfermedad cruel y la soledad uno de sus castigos. En su inhumación, solo pudieron estar seis personas. Su esposo, Raúl De Rosa Cueto; sus dos hijas, Mayra Laura y Juanita Abril, su mamá y dos hermanos. 

Dos días antes, todo el hospital había salido a dar el último adiós a una de las suyas. “El amor que ella dio es el que recibe ahora. Eso se nota en su despedida. Ella se fue, pero se entregó a los pacientes hasta el último día”, dice Mayra. 

“Si algo puedo decir es que fue entregada hasta el último momento”, afirma.

Enfermera vocacional y muy respetada por sus compañeros

“A veces le preguntaba: si volvieses a nacer, ¿qué te gustaría haber estudiado? Y ella me decía: lo mismo”. Mayra, hija mayor de Juanita, explica la vocación de su madre. Quería ser enfermera casi antes incluso de que le preguntasen “qué quieres ser de mayor”.

Por eso estudió en la Escuela de Enfermería y se especializó en neurología infantil. Nunca dejó de formarse. Actualmente estaba terminando la licenciatura en la Universidad del Sur.  

Nació en Cuacnopalan, Palmar de Bravo, Puebla, en una familia humilde. Era la tercera de nueve hermanos. Su padre trabajaba como albañil y su madre en la casa. 

Lee: Detienen a un hombre por discriminación y agresión contra enfermera en Querétaro

Sus familiares, cuenta Mayra, fueron los primeros pacientes. 

“Siempre le apoyaron. Me contaba mi abuelita que desde chiquita se ponía trapitos, si alguien se quemaba de sus hermanos, ella los curaba. Luego comenzó sus estudios y, por ejemplo, cuando aprendió a inyectar le decía un hermano, aprende en naranjas, luego practica conmigo”, explica.

Posteriormente se mudó a Tulyehualco, donde creó una familia con Raúl, el hombre que le invitó a bailar en una feria, le llamaba “chaparra” y con el que pasó toda su vida. Este año hubiesen celebrado sus treinta años de casados.  

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Durante 18 años trabajó la “jefa Juanita” en el Hospital Pediátrico Legaria. Hasta 2017, cuando se trasladó al Belisario Domínguez y se ganó el sobrenombre de “jefa”. 

“Era alegre, te sabia escuchar. También era muy profesional en su trabajo, optimista y leal. Un elemento característico de ella es que portaba su uniforme impecable, que estaba siempre bien alineada”, recuerda Gladys Santiago Sánchez, actual coordinadora de enfermería en el Belisario. 

“Fue una mujer muy entregada. Del gremio de salud, el más comprometido es el de enfermería. Es el equipo más disciplinado. Juanita era una persona que siempre estuvo en disposición de ayudar, estudiosa, amable con el personal, tranquila”, afirma el doctor Miguel Ángel Toscano, jefe del área de Terapia Intensiva del Belisario.

La enfermedad evoluciona rápidamente

Nadie puede determinar cuándo se contagió la “jefa Juanita”. El Belisario Domínguez fue reconvertido en hospital-Covid19, así que atiende únicamente a pacientes con coronavirus. Pudo ser en alguna de sus rondas por las áreas donde están los enfermos. O que alguno de sus compañeros, también infectado, le pasase el bicho al acudir a su despacho a presentar un informe. Incluso cabría la posibilidad de que hubiese enfermado en el exterior. Las opciones son amplias en un hospital en el que el personal ha reclamado en varias ocasiones por la escasez de insumos contra la pandemia, un fenómeno que se replica en hospitales de todo el país. 

Calixta Concepción Ramos, jefa de enfermería, también cayó enferma. Además, de las cuatro supervisoras de enfermería, dos resultaron contagiadas. 

Lee: En México no hay suficientes crematorios para los miles de muertos por COVID-19

“Fuimos juntas a hacernos la prueba”, explica. Todavía no se cree que su amiga haya muerto y le cuesta hablar de ella en pasado. 

“El lunes 4 ya nos encontrábamos muy cansadas y en el hospital no nos querían hacer las pruebas, ya que hay pocas y son para los pacientes. Así que una compañera nos recomendó ir al centro de salud de Tlaltenco”, dice.

Allí se fueron las dos, nada más terminar su turno.

Dos días después les informaron de que estaban autorizadas para hacer el test y al poco recibió el veredicto: infección por COVID-19. Para entonces ya se había aislado en casa y el ISSSTE le había concedido la incapacidad de una semana por posible coronavirus. Fue una decisión difícil para alguien que “jamás había faltado a trabajar”, según explica su hija Mayra. Pero no le quedaba otra. Su salud empeoraba y, además, era un foco de contagio.

Todavía sabemos poco de esta enfermedad. Es una lotería cruel. Ella hacía todo lo que estaba en sus manos, pero su cuerpo no respondía. 

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El 10 de mayo, día de la madre, recibió las llamadas de sus amigas como Calixta Concepción Ramos. 

“Ese fue el último día que platicamos. Yo iba mejorando y ella se deterioraba”, dice. 

El 12, Día Internacional de las Enfermeras, fue internada en el Belisario. Su hija Mayra la trasladó y le dijo “te amo” antes de dejarla en manos de sus compañeros. “Yo más”, le respondió Juanita, que para entonces ya apenas podía respirar y sufría problemas de visión. 

La pandemia ha extendido el temor al ingreso hospitalario. En la calle se dice que quien llega al centro médico tiene más posibilidades de perder la vida, que puedes infectarte. El miedo y la falta de información construyen explicaciones irracionales.

La “jefa Juanita”, sin embargo, era consciente de que ir al hospital era aceptar que su estado agravaba y que si la gente no sale adelante es porque la enfermedad no tiene piedad. Pero también sabía que estaba en buenas manos. Que si alguien podía sacarle adelante eran sus compañeras. 

Lo había dicho en repetidas ocasiones: “si me pongo peor, llévenme con mi equipo. Ellos saben lo que hacen y confío en ellos”.

Durante nueve días y nueve noches, sus compañeros, los mismos con los que trabajó los últimos 13 años, se desvivieron para sacarla adelante. 

No pudieron hacer nada. 

El 15 de mayo fue intubada. Seis días después, Mayra recibió la llamada que nunca hubiese querido tener: la fiebre de su madre no se bajaba, cada vez le costaba más respirar y había que prepararse para lo peor. 

Tuvo la oportunidad de despedirse desde un cristal.

El recorrido hasta el área de Patología, donde se guardan los cuerpos hasta que llegan las funerarias, lo hizo el cuerpo de la “jefa Juanita” rodeada por batas blancas y con la música de Las Golondrinas. Cuando abandonó definitivamente el centro hospitalario todo el mundo estaba ahí. 

El fallecimiento de una compañera es un duro golpe para todo el personal de los hospitales. 

“Nunca imaginamos esta situación. No estábamos preparados. Trabajamos con aislamiento en otras enfermedades infecciosas, pero esto es diferente”, dice Gladys Santiago.

“No me imagino llegar y que Juanita no esté”, lamenta Calixta Concepción Ramos.

El domingo por la mañana, la “jefa Juanita” fue inhumada en el panteón San Lorenzo. Su hija Mayra la recuerda con orgullo. “Si faltaba personal en un área, ella entraba. No hubo día que no fuese a ver a sus compañeras y siempre se entregó a sus pacientes”, dice.

Cuando todo esto acabe, dicen sus compañeras que piensan hacerle un homenaje. El último adiós a la enfermera que tenía que haberse jubilado pero que murió en el hospital en el que tantas vidas ayudó a salvar. 

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