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6 de las drogas ficticias más fabulosas que han estimulado nuestra imaginación

Desde tiempos inmemoriales, los humanos soñamos con medios químicos para cambiar la naturaleza de nuestros pensamientos y sentimientos. Lo que no existía, nos los inventamos. He aquí algunas interesantes creaciones de esa farmacopea.
19 de octubre, 2019
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La ficción misma es una droga que muchos disfrutamos a menudo. Pero ¿has notado cuántas drogas hay en la ficción?

No estamos hablando de las del mundo real que se cuelan en las historias de novelas, cine o series de radio o televisión, sino de aquellas que han sido creadas para esos mundos inventados en los que los autores nos invitan a pasar un tiempo.

Son tantas que si nos propusiéramos hacer una farmacopea sería extensa… y no sorprendería que ya se te estuvieran viniendo a la mente algunas que te gustaría incluir.

Quizás eres uno de los millones de fans de “Juego de Tronos”, y estás pensando en la leche de amapola, esa poderosa bebida medicinal hecha por los Maestres que sirve como un analgésico y anestésico.

Cartel de juego de tronos

Getty Images
Durante miles de años, la amapola ha aliviado a quienes sufren los dolores más profundos, algo que se ve reflejado en “Juego de Tronos”.

O tal vez eres un trekkie y recuerdas que en “Star Wars: Episodio V – El Imperio contraataca” usaban una solución sintética llamada bacta, que acelera la curación de lesiones.

Y por supuesto están los productos que han sido la primera introducción para un sinnúmero de lectores al concepto de sustancias que pueden alterar la manera de pensar y de actuar, e incluso la forma del cuerpo: la poción en el frasco con el rótulo “Tómame” y el pastelito en la diminuta caja de cristal con la palabra “Cómeme” gracias a los que Alicia pudo entrar al jardín mágico del País de las Maravillas.

Pero mucho antes de la invención de estas drogas, los humanos ya soñamos con medios químicos para alterar la naturaleza de nuestros pensamientos, como confirma la lectura de las historias que contó el más célebre de los aedos: Homero.

Con él empezamos nuestra contribución a la farmacopea de drogas ficticias (y tú puedes añadir las que quieras vía Facebook).

Farmacopea

BBC

Flores de loto y Nepente – La Odisea del poeta griego Homero – siglo VIII a.C.

En el poema épico que narra las aventuras de Ulises, también conocido como Odiseo, en su viaje de regreso a su patria, Ítaca, tras el fin de la guerra de Troya, Homero habla de un brebaje “sutil y excelente” proveniente de Egipto, “cuya fértil tierra produce muchísimas pócimas; después de mezclarlas, algunas son buenas y otras perniciosas“.

Cuando Telémaco -hijo de Ulises- viaja a Esparta para informarse sobre su padre y llega al palacio donde está Helena (de Troya), hay un momento en el que, recordando “a aquel desdichado que no puede regresar“, la tristeza sobrecoge a los presentes.

Lloraba la argiva Helena, nacida de Zeus, y lloraba Telémaco y el Atrida Menelao. Tampoco el hijo de Néstor tenía sus ojos sin llanto“.

Helena de Troya pintada por Gustave Moreau

Getty Images
Helena encontró la manera de aliviar el dolor que los invadía. (Helena de Troya pintada por Gustave Moreau)

Ante tanto dolor, Helena le echó al vino que estaban tomando nepente, una droga “ingeniosa” que borraba los recuerdos dolorosos y disipaba el ardor del dolor y la ira.

Quien lo tomara después de mezclado en la crátera, no derramaría lágrimas por las mejillas durante un día, ni aunque hubieran muerto su padre y su madre o mataran ante sus ojos con el bronce a su hermano o a su hijo“.

El nepente no se quedó en esa obra, considerada como “la mejor evocación de la literatura sobre el viaje de todos por la vida”; en el siglo XIX reapareció en el poema narrativo del autor estadounidense romántico Edgar Allan Poe “El cuervo”, publicado en 1845.

En él, el narrador está intentando desesperadamente olvidar la pérdida de su amada Leonora.

¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido, por estos ángeles te ha otorgado una tregua, tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!

¡Bebe, oh, bebe este dulce nepente y olvida a tu ausente Leonora!“.

Mujer despertando de un viaje de opio

Getty Images
Muchos universos ficticios tienen su sustancias únicas ya sean milagrosas o nefastas; algunas son para olvidar, otras para recordar y las hay hasta para dar una perspectiva distinta o habilidades increíbles. A veces son tan poderosas que se vuelven el centro de la historia.

Y en el siglo XX, apareció en “Los robots del amanecer” (1983), del bioquímico y escritor estadounidense Isaac Asimov

Ahora apenas era consciente de la presencia de ella, pues aquel final extrañamente suave de una jornada tan agotadora era tan soporífero como el legendario nepente. Notó que la conciencia se iba de él, como si sus dedos se soltaran del borde de un acantilado de ruda realidad y cayera, cayera…, atravesando una imperceptible barrera, al océano de los sueños y a su apacible oleaje“.

¡Suena bien!

Volviendo a “La Odisea”, más adelante encontramos otra droga, una con forma de flor.

Grabado francés del siglo XVIII de Ulises (Ulises) en la isla de los comedores de loto

BBC
Después de que probaron los lotos, los compañeros de Ulises ya no querían irse a ningún lado. Tuvo que obligarlos a montarse al barco.

En el canto X, Ulises cuenta sus aventuras con los Cicones, los Cíclopes y -la que nos incumbe- con los Lotófagos, “los que comen flores de alimento“.

Tras llegar a su tierra, el héroe griego envió a unos de sus compañeros a “indagar qué clase de hombres, de los que comen trigo, había en esa región“, pero antes de encontrar a los que buscaban, los investigadores se toparon con los Lotófagos.

Estos decidieron no matar a nuestros compañeros, sino que les dieron a comer loto, y el que de ellos comía el dulce fruto del loto perdía todo deseo de regresar a informarnos, y mucho menos de retornar, sino que prefería quedarse allí con los Lotófagos, pastando loto, todo recuerdo del viaje a casa disuelto para siempre.

Pero yo los conduje a la fuerza, aunque lloraban, y en las cóncavas naves los arrastré y até bajo los bancos“.

Todo indica que el dulce fruto del loto era muy adictivo.

Farmacopea

BBC

Agua del río Leteo – “Eneida” del poeta romano Virgilio – siglo I a.C.

En este gran poema épico latino, Virgilio cuenta la historia del errante Eneas. En un momento de la historia, el príncipe se encuentra con el agua del río Leteo, una de las primeras drogas ficticias conocidas.

Al borde de los Campos Elíseos de la eternidad griega, el agua del Leteo le ofrece a quien la tome el olvido y borra sus recuerdos. Era una forma de limpieza si deseabas reencarnarte: tenías que dejar atrás tus pensamientos y experiencias pasadas para conocer lo divino.

Xilografía coloreada a mano tomada de la sección 'Filosofía natural' de 'Margarita Philosophica' ('La perla filosófica'), por Gregor Reisch 1503

Getty Images
El río Leteo está a las orillas de otro río del Inframundo llamado Styx. donde los restos fantasmales de los muertos se congregan para buscar el paso al Más Allá. Tienen que sobornar a Caronte cuando logran cruzar, tras beber las aguas de Leteo, se quedan sin nada que recordar por toda la eternidad.

En un hermoso pasaje de “La montaña mágica” (1924), el nobel de Literatura Thomas Mann aclara y amplía el concepto:

El espacio, como el tiempo, trae consigo el olvido, aunque lo hace desprendiendo a la persona de todas las relaciones y transportándola a un estado libre y prístino (…).

El tiempo, según dicen, es agua del río Leteo, pero también el aire de la distancia es una bebida semejante; y si bien su efecto es menos profundo, funciona aún más rápido“.

Farmacopea

BBC

Soma – “Un mundo feliz” del escritor y filósofo británico Aldous Huxley – 1931

Soma es una droga maravillosa, de la que te tomas “medio gramo para una tarde de asueto, un gramo para un fin de semana, dos gramos para un viaje al hermoso Oriente, tres para una eternidad oscura en la Luna“.

Bajo sus efectos, el mundo es un lugar cálido, acogedor, infinitamente agradable, y la gente, encantadora, atractiva y divertida.

La droga calma y pacifica, suspendiendo a las personas en un estado de felicidad permanente.

Más concisamente, tiene “todas las ventajas del cristianismo y el alcohol; ninguno de sus defectos“.

Pero alerta: como escribió el mismo Huxley en el epílogo de su novela “Los demonios de Loudon”, con esas drogas “lo que parece un dios es en realidad un demonio, lo que parece una liberación es de hecho una esclavitud”.

En el caso del soma, el Estado Mundial la reparte libremente… como un medio de control para suprimir cualquier asomo de sentimientos rebeldes.

El mundo que Huxley creó es una sociedad que no está controlada por el miedo, sino que es dócil porque es feliz.

Farmacopea

BBC

Especia o Melange – “Dune”, del escritor estadounidense Frank Herbert – 1965

El melange, popularmente conocida como “especia”, es una de las drogas más famosas de la ciencia ficción.

Para encontrar esta sustancia azul y altamente alcalina tienes que ir a un planeta desértico llamado Arrakis, y luchar contra unos gusanos de arena gigantes que son los que la producen.

Entre sus muchas propiedades está la inducción de un tipo de percepción mejorada del espacio-tiempo, que te permite, por ejemplo, doblar el espacio. El espacio plegable acorta la distancia entre dos puntos, lo que significa que puedes viajar de un planeta a otro a millones de años luz de distancia en un instante.

Además, alarga la vida, pero es ligeramente adictiva cuando se consume en cantidades pequeñas y altamente adictiva si consumes mucho.

El consumo exagerado de melange puede extender la vida de un individuo hasta los 400 años.

El actor Alec Newman interpretando a Paul Atreides en una miniserie de Dune en el año 2000

Getty Images
Si consumes grandes cantidades de Melange se te nota en los ojos.

Otro efecto secundario de consumir grandes cantidades de esta droga es que la parte blanca de los ojos se vuelve de color azul profundo, debido a la saturación de melange en la sangre.

Su aroma es semejante al de la canela, cada vez que la pruebas tiene otro sabor, hace que la comida sepa más rica e imparte una inmunidad natural a la mayoría de los venenos en la persona promedio.

¡Ah! Y te confiere un poder -aunque limitado- para ver el futuro.

¡El que controla la especia, controla el universo!” – Barón Harkonnen

Farmacopea

BBC

Dylar – “Ruido blanco”, del escritor estadounidense Don DeLillo – 1985

“Ruido blanco” es la historia de un profesor universitario y su familia cuya pequeña ciudad del medio oeste es evacuada después de un accidente industrial.

La esposa y madre en esa familia es Babette, quien se distingue por su mala memoria y su preocupación por la muerte.

Es ella quien nos introduce a Dylar, un medicamento que trata el miedo existencial a la muerte.

La droga interactúa específicamente con neurotransmisores en el cerebro que están relacionados con el miedo a la muerte“, nos dice Babette.

Cada emoción o sensación tiene sus propios neurotransmisores. El Sr. Gray encontró miedo a la muerte y luego se puso a trabajar para encontrar los químicos que inducirían al cerebro a fabricar sus propios inhibidores“.

Desafortunadamente, la droga no solo te hace olvidar la muerte, sino que también te hace olvidar la diferencia entre las palabras y la realidad:

No podía distinguir las palabras de las cosas, de modo que si alguien decía ‘bala rápida, me tiraba al suelo y buscaba refugio“.

Y los efectos secundarios también pueden incluir: “muerte absoluta, muerte cerebral, muerte cerebral izquierda, parálisis parcial, otras condiciones crueles y extrañas del cuerpo y la mente“.

Mmm… te quita el miedo a morirte, pero puede matarte de varias maneras.


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Cuartoscuro Archivo

Más horas laborales y menos sueldo: la situación de trabajadores ante crisis COVID

Miles de personas han tenido que trabajar más horas de las habituales durante la pandemia, y por un ingreso menor.
Cuartoscuro Archivo
31 de agosto, 2020
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Tan precaria es su economía personal que Jeannette (nombre ficticio), una fotoperiodista de un diario de la Ciudad de México, ha encontrado un respiro en un bazar al que acudirá la primera semana de septiembre a vender postres para sacar algo de dinero extra. Hace cuatro meses que su empresa decidió recortar en 30% el sueldo de todos los trabajadores, parejo, desde los jefes hasta los empleados que menos ganan, como ella, que tenía un ingreso mensual de 9 mil 500 pesos.

Con un tercio menos de su salario, Jeannette aún debe descontar forzosamente otros 4 mil pesos mensuales para pagar la renta del departamento que comparte con un roomate en la colonia Doctores de la Ciudad de México. ¿Y cómo hace una profesionista de 27 años, con una carrera universitaria, para vivir con 2 mil pesos mensuales libres?

Entérate: En plena pandemia y sin éxito, más de dos millones de personas buscan empleo en México

“Mi familia me ha echado la mano con la comida, también mi pareja, porque, si no, estaría viviendo con 600 pesos a la semana. Tuve que buscar opciones, como recetas para hacer comida que rinda toda la semana, o buscar aplicaciones para el súper, que la primera vez que te suscribes te dan el 50% de descuento, ya llegué a crear hasta tres cuentas para tener tres despensas con el 50% de descuento; la verdad, nunca se me habría ocurrido hacer esto en ningún otro momento”, cuenta, riéndose con pena.

Jeannette ha pedido que se le cambie el nombre y que no se especifique para qué empresa periodística trabaja, porque no quiere poner en riesgo su empleo. Por esa misma razón, cuenta, comenzó a dedicarle más horas de empeño al trabajo que le paga 600 pesos semanales: ahora no sólo toma fotos –cargo para el que fue contratada–, sino que también cumple las funciones de reportera y redactora de textos. No le pagan más, aclara, pero al menos no se vuelve prescindible para sus jefes, pues hace el trabajo de dos personas por el sueldo de una.

Al momento de la entrevista, a las 9 de la noche, esta fotoperiodista aún se encuentra redactando un texto tras haber pasado toda la jornada en coberturas sobre la pandemia de COVID-19. Uno de estos días deberá, además, cocinar los postres que venderá en el bazar.

“Con una compañera fotógrafa vamos a estar compartiendo una mesa, ella venderá galletas, en mi caso serán postres, y otros compañeros que se nos han sumado venderán fotografías con imanes o libros de fotos. Yo creo que puede salir algo sustancial (de dinero por las ventas), pero sí estamos en un momento de ‘lo que sea es bueno’”, refiere.

Jeannette es una de las miles de personas que han tenido que trabajar más horas de las habituales durante la pandemia. Si bien en junio se frenó el desplome de los puestos de trabajo y comenzó una leve recuperación, cifras de la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE) del Inegi indican que más trabajadores deben laborar más horas por un menor ingreso.

El estudio indica que, en abril y mayo, del total de la población ocupada tanto en el sector formal como informal (48.3 millones de trabajadores), el 17.7% labora más de 48 horas a la semana o más de 10 horas diarias, porcentaje que equivale a 8.5 millones de personas. En junio, la cifra aumentó a 21.6% (10.4 millones de trabajadores), lo que significa que, en un mes, 1.8 millones se sumaron a las filas de personas que cumplen jornadas superiores a las 8 horas diarias máximas que establece la Ley Federal del Trabajo.

Por sexo, el porcentaje de hombres con jornadas superiores a las 48 horas semanales pasó de 21.5% en mayo a 26.2% en junio (un aumento de 4.7 puntos), mientras que entre las mujeres pasó de 12 a 14.5% (un aumento de 2.5 puntos).

Francisco sabe qué significa trabajar, no 10, sino 13 horas diarias, seis días a la semana. Programador en una empresa editorial en la CDMX, a Francisco, de 26 años, también le recortaron su sueldo un 30% desde mayo. Para compensar la caída de sus ingresos, consiguió un segundo empleo de tiempo completo en una agencia extranjera. El problema, reconoce, es cumplir ahora con dos trabajos que, pese que pagan menos, son igual de demandantes.

“En teoría, debo trabajar 17 horas al día, pero no lo hago porque me volvería loco. Sí ha sido un cambio de rutina, sí he tenido que ajustar mis horarios y mi vida social, porque me despierto a las 5 de la mañana y acabo de trabajar como a las 11 de la noche, obviamente tengo mis pausas para tomar siestas y comer, pero sí ha sido una friega, sí he estado trabajando unas 12 o 13 horas al día”, detalla.

“He tenido que trabajar ahora en fines de semana y sí es un cambio, tu vida se vuelve el trabajo, es estar todo el día trabajando. Descanso un día a la semana, los sábados, y no porque yo lo decida, sino porque simplemente ya no doy más, y retomo nuevamente el domingo”.

La ETOE del Inegi indica que la subocupación –el número de personas empleadas que buscan un segundo trabajo– disminuyó, al pasar de 13 millones en mayo a 9.7 millones en junio (una reducción de 3.3 millones de personas). Por sexo, la subocupación entre mujeres bajó de 4.9 a 3.3 millones (-1.6); entre hombres, bajó de 8.1 a 6.4 millones (-1.7). Uno de esos subocupados es Francisco, quien también pidió que se le cambiara el nombre y no se revelera para qué empresas trabaja.

“La verdad sí me afectó cuando nos recortaron el sueldo”, explica, “porque te acostumbras a un estilo de vida con el sueldo que tenías, y es un impacto emocional fuerte, porque tienes que ver qué chingados hacer –yo no tenía ahorros ni tarjetas de crédito–. Después, la búsqueda de trabajo me afectó positiva y negativamente: fue bueno, porque tengo un trabajo seguro, y malo, porque ahora tengo que gestionar mi tiempo de otras formas y es una demanda física mucho más fuerte”.

El esfuerzo extenuante de los trabajadores no garantiza un mejor ingreso, como dio a conocer Animal Político en un reportaje previo. Los datos de la ETOE indican una caída en la remuneración del empleo, pues aumentó de 32.9 a 36.9 (4 puntos más) el porcentaje de la población ocupada que gana entre uno y dos salarios mínimos. En contraste, cayó 1 punto el grupo que gana entre 3 y 5 salarios mínimos, al pasar de 7.5 a 6.4 el porcentaje de los ocupados que se ubican en ese segmento salarial.

Nallely Cardona considera que ha sido afortunada porque logró evitar el quiebre de su restaurante, llamado Metate. Madre de un hijo de tres años, Nallely maniobra para armonizar la crianza con su trabajo, al que ahora le dedica 12 o 13 horas diarias los siete días a la semana.

“Antes dejaba a mi hijo con mi mamá, pero ella es una persona de alto riesgo porque es hipertensa, entonces no me da el corazón, porque no sabemos si el niño tiene el virus”, relata.

“Hemos estado muy expuestos, porque, como no tengo donde dejarlo, me lo llevo al restaurante y estoy con él todo el día, le tengo que poner el iPad –que es algo que no me gusta– para que se quede sentado, y esa parte de no poderle dedicar un rato a él sí es fea, porque estoy dividida en mil cosas; ya deseo que todo cambie o que ya regresemos un poco a lo normal, que ahí vamos, yo siento que ya vamos avanzando”.

Por la caída de los ingresos del restaurante, Nallely hizo recortes de personal, de modo que ella, que estudió actuación, y su esposo también tienen que hacer las veces meseros, lavalozas o cocineros.

“El estrés te cansa muchísimo, trabajar con estrés es horrible, el estrés de que no tengo dinero para pagar mis deudas, tengo un montón de responsabilidades económicas que no están saliendo. Tengo deudas de créditos antes de la pandemia, esos tengo que pagarlos y no sé cómo le voy a hacer, porque no está entrando dinero para eso”, explica.

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