Qué ocurre con la economía de Afganistán tras la llegada de los talibanes
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Afganistán: qué ocurre ahora con la economía del país tras la llegada de los talibanes (y cuál puede ser el papel de China)

Ahora que los talibanes tienen de nuevo el control del país, ¿puede funcionar su sistema financiero?
18 de agosto, 2021
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La economía de Afganistán está “moldeada por la fragilidad y la dependencia de la ayuda internacional”.

Este es el problemático panorama económico que describió el Banco Mundial muchos meses antes de que los talibanes se hicieran otra vez con el control del país, algo que se concretó este fin de semana.

Y con la situación actual, las perspectivas económicas son mucho más precarias, con una nube de incertidumbre que se cierne sobre la asistencia financiera que le llega a este país.

Por una parte, Afganistán tiene recursos minerales, pero la crisis política ha impedido su explotación.

Entiende mejor: Afganistán: cómo surgió el Talibán y otras 5 preguntas clave sobre el grupo islamista

La dependencia económica es llamativa. En 2019, el Banco Mundial mostró que la ayuda para el desarrollo representaba el 22% del ingreso general nacional (que no es lo mismo que el PIB, pero sí muy parecido).

Esta es una cifra muy alta, pero es mucho menor que la de unos 10 años atrás, cuando llegaba al 49%.

Ahora esas ayudas están bajo un manto de duda. La ministra de Relaciones Exteriores de Alemania, Heike Maas, le dijo a las cadenas de su país que “no le vamos a dar otro centavo si los talibanes toman el control del país y reintroducen la ley sharia”.

Otros países que son proveedores de ayuda van a estar mirando la situación muy de cerca.

El mal de la corrupción

La fragilidad a la que se refiere el Banco Mundial se ilustra con los altos gastos en defensa y seguridad antes de que los talibanes retomaran el control: Afganistán dedica el 29% del PIB a estos gastos, una cifra muy superior al 3% promedio que tienen los países de bajos ingresos.

Además de la seguridad y los serios problemas de corrupción, detrás hay otro aspecto crítico persistente en Afganistán: la poca inversión extranjera que hay en el país.

De acuerdo con Naciones Unidas, en los últimos años no se han hecho anuncios sobre nuevas inversiones, por parte de capitales extranjeros iniciando nuevos negocios.

Desde 2014 solo se han contado cuatro inversiones de este tipo.

Pastor de ovejas en Afganistán.

Getty Images
Cerca del 60% del ingreso promedio de los hogares en Afganistán dependen de la agricultura y el campo.

Solo para comparar con dos países del sur de Asia con poblaciones parecidas, en Nepal el número de nuevos negocios con inversión extranjera es 10 veces superior al logrado por Afganistán, y Sri Lanka multiplica por unas 50 veces esa cifra en ese mismo período.

El Banco Mundial describe el sector privado afgano como “estrecho”. El empleo está concentrado en una producción agrícola limitada: el 60% de los ingresos de los hogares en Afganistán vienen de este rubro.

A esto se suma que en el país funciona una enorme economía informal e ilegal. Por ejemplo, hay minería ilegal y, por supuesto, la muy conocida producción de opio y su contrabando asociado.

El tráfico de drogas también es una fuente de financiamiento para los talibanes.

Riqueza mineral

Dicho todo esto, la economía afgana ha crecido desde la invasión en 2001.

Aunque las cifras económicas de Afganistán no son del todo confiables, lo que estas muestran, de acuerdo con el Banco Mundial, es un crecimiento promedio anual del 9% desde 2003 hasta 2013.

Después de ese año, los números del crecimiento caen un poco (que coinciden con la reducciòn de los niveles de ayuda) a un promedio de 2,5% desde 2015 hasta 2020.

Amapolas

EPA
El tráfico de drogas ha sido una importante fuente de ingresos para los talibanes.

Ahora, el país cuenta con abundantes recursos naturales y, en la medida en que mejore la seguridad y reduzca la corrupción, puede ser atractivo para los negocios internacionales.

Se pueden encontrar grandes cantidades disponibles de cobre, cobalto, carbón y hierro. También hay yacimientos de gas y petróleo.

Un material particular destaca sobre otros: el litio, que tiene una alta demanda para la producción de baterías para celulares y vehículos eléctricos.

Y va a ser fundamental para la industria automotriz en su transición hacia un modelo de “emisión cero” de gases contaminantes.

De vuelta en 2010, un general estadounidense le dijo al New York Times que el potencial minero de Afganistán era impresionante. Eso sí, como muchas salvedades.

El diario también reportó que el departamento de Defensa de EE.UU. había dicho en un informe que el país podía convertirse en la “Arabia Saudita del litio”.

Pero a pesar ello, este potencial no está ni cerca de ser explotado. Ni los afganos están cerca de percibir algún beneficio por ello.

Poderes extranjeros

Se han presentado muchos informes que revelan la voluntad de China de tomar parte. El gigante asiático parece tener mejores relaciones con los talibanes que las potencias occidentales, por lo que puede tener una ventaja si el nuevo régimen se mantiene en el poder.

Ahora, lo cierto es que las empresas chinas obtuvieron contratos para desarrollar operaciones de cobre y petróleo, pero no pasó mucho.

Es de esperar que China esté interesada. Las oportunidades están allí y los dos países comparten un corto segmento de frontera.

Pero cualquier empeño chino, ya sea oficial o empresarial, va a necesitar cierta certeza de que tendrá éxito.

Y los chinos se mostrarán reacios a comprometerse a menos que sientan que los problemas de seguridad y corrupción están lo suficientemente resueltos -o al menos, contenidos- como para permitirles extraer cantidades valiosas de estos productos de uso industrial.

Mineros en Afganistàn.

Getty Images
Afganistán posee un gran potencial de explotación de minerales.

Una pregunta clave para cualquier inversionista potencial, de China o de cualquier otro lugar, será si es probable que los talibanes serán más capaces de crear el tipo de entorno que necesita el negocio de lo que lo fue el anterior gobierno afgano.

Otro factor que puede afectar la economía es el empleo de las mujeres. En la última década, el porcentaje de la población femenina de más de 15 años con empleo ha aumentado drásticamente, aunque en 2019 era del 22%, todavía bajo los estándares internacionales.

Bajo control de los talibanes, es probable que este cambio se revierta, lo que podría dañar aún más las perspectivas económicas.

En el futuro inmediato, también existe una gran incertidumbre sobre la estabilidad financiera. En estos días se han visto largas filas de personas que intentan sacar su dinero de los bancos.

El Afghan Islamic Press, con sede en Pakistán, informó que un portavoz talibán ofreció garantías a los propietarios de bancos, cambistas, comerciantes y tenderos de que sus vidas y propiedades estarán protegidas.

Que incluso haya dudas sobre la seguridad física de los operadores financieros es impactante.

Necesitan tener confianza para que funcione el sistema financiero de Afganistán. Pero también se necesita que los clientes sientan que su dinero está seguro y eso seguramente no sucederá pronto.


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Cuartoscuro

Desde la cárcel, Lozoya insiste en que repartió dinero y no se quedó con un solo peso; pide que lo dejen libre

En una nueva declaración, sin aportar nuevas pruebas, el exdirector de Pemex vuelve a señalar a Enrique Peña Nieto y a Luis Videgaray como quienes le ordenaron la entrega de sobornos a varios políticos. Mientras, sigue en curso su negociación con Pemex para poder quedar en libertad.
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Desde el Reclusorio Norte, donde ya cumplió seis meses preso, el exdirector de Petróleos Mexicanos, Emilio Lozoya Austin, declaró nuevamente que durante el sexenio pasado repartió sobornos para que se aprobara la reforma energética, pero insiste en negar que se haya quedado con un peso. Sin aportar nuevas pruebas, repitió que el exsecretario Luis Videgaray y el expresidente Enrique Peña Nieto fueron los responsables de todo, al igual que el exdiputado Ricardo Anaya, a quien “le encantaba el dinero”.

Es la quinta declaración que Lozoya rinde ante la FGR por estos hechos, aunque es la primera vez que lo hace estando preso. En el testimonio de tres cuartillas, del que Animal Político tiene copia, el exfuncionario reconoce que tomó dinero de varios lados para pagar los supuestos sobornos, y dice haber vivido “amenazado, presionado y extorsionado”.

El nuevo testimonio forma parte de la negociación con la que los abogados de Lozoya buscan que lo dejen libre. Pretenden que, a cambio de estas declaraciones y la entrega de varios millones de dólares, Pemex, la UIF y la FGR se desistan de los procesos en su contra por los casos Odebrecht y Agronitrogenados. Aunque el juez había pedido que la decisión se tomara en la última semana de abril, el diálogo se ha demorado.

La declaración del exdirector de Pemex está asentada en la carpeta de investigación FED/SEIDF/CGI-CDMX/0000865/2020, que la FGR abrió para indagar los presuntos sobornos para la aprobación de la reforma energética. Por esta indagatoria se encuentra en prisión preventiva el exsenador Jorge Luis Lavalle y se ha procedido penalmente en contra de Anaya, excandidato presidencial y exdirigente del PAN.

En este testimonio, al igual que ya había ocurrido en uno anterior, Lozoya modifica la versión original donde señalaba que, con el dinero de la constructora Odebrecht, se habían pagado los sobornos de la reforma energética, y ahora señala que el dinero se tomó de diversos lados, entre ellos, el presupuesto de Pemex. Dice que lo hizo porque no le quedaba otra opción.

“Durante todo ese tiempo yo estaba sujeto a mucha presión. Por un lado, Luis Videgaray Caso me indicaba que era una instrucción directa del presidente, Enrique Peña Nieto, hacer todo lo necesario para materializar la reforma energética y las leyes secundarias, mientras que por otra parte los legisladores, como es el caso de Ricardo Anaya Cortés, me exigían más dinero con amenazas como las que ya he referido”, afirma Lozoya.

El exfuncionario sostiene, sin aportar algún elemento nuevo, que Videgaray le entregaba dinero a Anaya “del presupuesto”. En otra parte del testimonio, sostiene que Peña Nieto le indicó que al panista se le estaban proporcionando recursos vía “moches en la Cámara de Diputados”, pero que además era necesario darle dinero directamente de los recursos de Pemex.

Según Lozoya, tanto el expresidente Peña como su exsecretario de Hacienda tenían claro que a Anaya había que entregarle recursos por separado no solo porque “le encantaba el dinero”, sino porque “se llevaba pésimo” con otros senadores del PAN y, por tanto, había que convencerlo por separado.

“Yo fui presionado, extorsionado y acusado de corruptelas, cuando ellos fueron quienes lo pactaron, quienes se beneficiaron y quienes operaron… yo no tuve beneficio económico alguno de dichos movimientos pues los beneficiarios finales fueron las personas a las que he señalado desde un inicio”, indica.

A lo largo de esta declaración, el exdirector de Pemex no hace mención alguna de que los recursos entregados a Anaya provinieran de Odebrecht, como tampoco lo hizo en un testimonio brindado el año pasado. Sin embargo, previamente y hasta en cuatro ocasiones, Lozoya había sostenido que el dinero de los sobornos había provenido de esa constructora brasileña.

De hecho, en su momento, la FGR intentó proceder penalmente en contra de Videgaray, acusándolo de traición a la patria bajo la hipótesis de que se había usado dinero extranjero (proveniente de la constructora) para impulsar la aprobación de una reforma estructural que supuestamente fue dañina para el país. Sin embargo, el juez que recibió el caso rechazó conceder una orden de aprehensión por estos hechos tras considerar que le hacía falta sustento.

En enero pasado, la FGR presentó una acusación formal en contra de Lozoya relacionada con la indagatoria iniciada desde 2017 por el caso Odebrecht, donde lo señala de haberse beneficiado de los sobornos pagados por la empresa brasileña. Sin embargo, de forma paralela, la misma fiscalía mantiene abierta la indagatoria paralela construida a partir de las denuncias del propio Lozoya.

Compleja negociación

El pasado 11 de abril, los abogados de Lozoya y los representantes de Pemex, la UIF y la FGR solicitaron al juez federal una audiencia para plantear un posible acuerdo que le permitiría al exfuncionario federal recuperar su libertad, tras el pago de poco más de 200 millones de pesos. Pero, tras la declaración del presidente Andrés Manuel López Obrador de que le parecía poco lo ofrecido por Lozoya, el acuerdo se suspendió.

Originalmente, las partes habían prometido al juez que en la semana del 22 al 26 de abril le anunciarían el resultado de las negociaciones, pero dicho periodo concluyó sin que se alcanzara un acuerdo. Según autoridades ministeriales, son los abogados de Pemex y los de Lozoya los que no han logrado coincidir.

Lo que Lozoya busca a través de sus defensores es que se suspendan los dos procedimientos penales iniciados en su contra por los sobornos que, según la fiscalía, recibió tanto de la empresa Altos Hornos de México como de Odebrecht. En el caso de Altos Hornos, pretende sellar un acuerdo reparatorio a través de la entrega de recursos económicos, como ya lo hizo el dueño de esa empresa, Alonso Ancira.

Mientras tanto, en el caso Odebrecht, lo que el exfuncionario busca es un criterio de oportunidad. Se trata de un beneficio legal para aquellos delincuentes que colaboren aportando información de delitos más graves o complejos que en los que hayan participado. El efecto sería la suspensión temporal del proceso mientras se verifica si la información que apuntó resulta eficaz para el esclarecimiento de estos delitos.

La FGR ya ha manifestado que estaría de acuerdo con la concesión de dicho criterio de oportunidad, siempre y cuando se cumpla con el requisito de reparar el daño como lo establece el Código Nacional de Procedimientos Penales. El monto de dicha reparación tiene que ser avalado tanto por Pemex como por la UIF.

Algunos especialistas y organizaciones civiles como TOJIL han expresado públicamente su desacuerdo con la concesión de un posible acuerdo. Consideran que es improcedente, dado que se trata de hechos relacionados con una grave trama de corrupción.

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