Qué son los anticuerpos monoclonales y por qué podrían ser una alternativa contra el COVID
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Qué son los anticuerpos monoclonales y por qué podrían ser una alternativa contra el COVID

En paralelo a la búsqueda de una vacuna, investigadores analizan la posibilidad de utilizar anticuerpos monoclonales tanto para evitar la infección de SARS-CoV-2 como para combatirla.
27 de agosto, 2020
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A la par que avanza la carrera por encontrar una vacuna contra la covid-19, equipos de investigación y farmacéuticas en todo el mundo continúan buscando desesperadamente alternativas para lidiar con la enfermedad provocada por el coronavirus.

Y uno de los hallazgos que se perfila como prometedor es la terapia de anticuerpos monoclonales (mAbs), un tipo de fármaco que puede utilizarse tanto para prevenir la infección como para tratarla una vez que la enfermedad se ha desarrollado.

¿Qué son los anticuerpos monoclonales?

Cuando nuestro cuerpo detecta la presencia de un antígeno, en este caso el SARS-CoV-2, el sistema inmunitario produce anticuerpos, unas proteínas destinadas a neutralizar a ese antígeno en particular, con el objetivo de evitar que penetre en nuestras células, secuestre su mecanismo y se reproduzca.

Los anticuerpos monoclonales son copias sintéticas creadas en el laboratorio a partir de un clon de un anticuerpo específico, hallado en la sangre de una persona que se ha recuperado de la covid-19.

Es decir, los mAbs imitan a los anticuerpos que nuestro cuerpo produce de forma natural.

Viaje en transporte público durante la pandemia.

Getty Images
En tanto no se encuentre una cura o una vacuna, muchas medidas de seguridad como la distancia social y el uso de mascarillas seguirán vigentes en la mayor parte del mundo.

“A diferencia de una vacuna, que introduce una proteína o material genético en nuestro organismo para estimular al sistema inmune (para que genere anticuerpos), estos son anticuerpos que se le suministran al cuerpo para brindarle protección”, le explica a BBC Mundo Jens Lundgren, médico especializado en enfermedades infecciosas de la Universidad de Copenhague y del hospital Rigshospitalet, en Dinamarca.

“Es lo que llamamos inmunidad pasiva”, añade el investigador, quien lidera uno de los ensayos sobre anticuerpos monoclonales de la farmacéutica Eli Lilly.

Terapias exitosas

Desarrollados por primera vez como terapia en los años 70, se utilizan en la actualidad para tratar exitosamente una serie de enfermedades que abarcan desde el sida hasta numerosos tipos de cáncer.

Dese el inicio de la pandemia, son muchos los laboratorios -AstraZeneca, Regeneron, VirBiotechnology, Eli Lilly y Adimab, entre otros- que se han abocado a investigar anticuerpos monoclonales que resulten efectivos contra el coronavirus, y han hallado decenas que se muestran promisorios.

Desde una perspectiva terapéutica, le explica a BBC Mundo Gigi Gronvall, profesora especializada en inmunología del Centro Johns Hopkins de Seguridad Sanitaria en Estados Unidos, los anticuerpos monoclonales son relativamente similares a la terapia de plasma convaleciente, en la que el paciente recibe plasma de una persona recuperada, pero constituyen una forma “mucho más moderna y depurada”.

Laboratorio

Getty Images
Los mAbs se han utilizado con éxito para tratar otras enfermedades como el cáncer.

“Cuando le das plasma a alguien, le estás dando todos los anticuerpos que produjo esa persona. Unos pueden ser efectivos, pero otros no. Lo que contiene es un poco un misterio”, dice la profesora.

En cambio los anticuerpos monoclonales “están hechos a partir de la selección de aquellos que tienen la capacidad de neutralizar al virus”.

El proceso de aprobación de estos fármacos puede llegar a ser más rápido, añade Gronvall, dado que los entes reguladores están muy familiarizados con los mAbs ya se emplean para tratar numerosas enfermedades.

“Su mecanismo de acción está muy comprendido: sabemos que los anticuerpos se unen a cosas y por eso bloquean físicamente la entrada del virus a la célula”, explica.

“Para los reguladores, es fácil saber lo que ocurre con ellos, por eso pueden llegar a superar los obstáculos de las regulaciones antes que las vacunas”, afirma la académica.

“Mejores que la vacuna”

Laura Walker, directora asociada de Adimbab, uno de los laboratorios que investiga anticuerpos monoclonales para la covid-19 y cuyos ensayos clínicos comenzarán en enero, confía más en la capacidad profiláctica de los anticuerpos monoclonales que en la terapéutica.

“En algunos casos han funcionado en el contexto del tratamiento. El ejemplo más reciente es el del ébola, donde los anticuerpos monoclonales demostraron reducir los índices de mortalidad en pacientes enfermos y también en casos de VIH, pero no sabemos si va a funcionar con el SARS-CoV-2”.

Abuela saludando a su nieta detrás de una ventana

Getty Images
Para las personas mayores, que no reaccionan tan bien con las vacunas, los mAbs pueden ser una mejor opción.

“No ha funcionado en casos de virus respiratorio sincitial (VSR), no ha demostrado un gran éxito con la influenza, ni tampoco en otros virus respiratorios”.

Aunque reconoce que en el caso de la covid-19, cuyo período de incubación es más largo en comparación por ejemplo con la gripe, puede haber una ventada de oportunidad más grande para la terapia.

De lo que no duda, sin embargo, es de los beneficios que puede ofrecer como método para prevenir la enfermedad, y considera incluso que los anticuerpos monoclonales pueden tener más ventajas que las vacunas.

Una vacuna, dice la experta, induce la producción de todo tipo de anticuerpos y solo una porción de ellos son neutralizantes.

“Al poder elegir anticuerpos, solo seleccionamos los más potentes. En nuestro caso, por ejemplo, hemos identificado anticuerpos muy raros. Y, uno en particular, es extremadamente potente no solo contra el SARS-CoV-2, que produce la covid-19, sino también contra varios otros virus de la familia de los SARS”, asegura.

“Estos son los tipos de anticuerpos que queremos producir a gran escala, no solo para darle inmunidad en esta pandemia a las personas que no responden bien a las vacunas, sino para futuras pandemias, ya que es muy probable que veamos más coronavirus en el futuro”.

La vacuna también puede inducir anticuerpos muy potentes, continúa Walker, pero estos “pueden no estar presentes en grandes cantidades”.

“Por esta razón, suministrar un único anticuerpo monoclonal pero con una alta potencia y en una dosis alta puede brindar una protección más elevada que una vacuna”, acota.

Otro punto débil de las vacunas en comparación con los mAbs, señalan Gronvall y Walker, es que no funcionan de la misma manera para todos los rasgos etarios.

Plasma

Getty Images
El tratamiento con mAbs vendría a ser una versión moderna y mucho más depurada del tratamiento con plasma convalesciente.

“Son efectivas para la gente joven, pero a veces la gente mayor no genera una respuesta inmunitaria tan poderosa ante una vacuna. Lo hemos visto por ejemplo con la vacuna de la gripe”, dice.

Lo mismo ocurre en el caso de las personas inmunodeprimidas.

La inmunidad pasiva, en cambio, no tiene este problema.

Las dificultades son otras…

Costo, período de inmunidad y efecto contrario

Por un lado, está el tiempo en que se mantendría la inmunidad de los anticuerpos monoclonales que, modificaciones de por medio, podría oscilar entre los cinco y seis meses.

No se sabe aún qué inmunidad otorgará una vacuna contra la covid-19, pero recordemos que, en la mayoría de las vacunas, una dosis alcanza para toda la vida, mientras que otras necesitan uno o dos refuerzos cada 10 años.

Sin embargo, el mayor problema es el acceso a este fármaco y el costo de producción, que supera con creces a los de una vacuna.

Según un reporte de Wellcome, una fundación de salud global e independiente que hizo un llamado para expandir el acceso a los anticuerpos monoclonales, “el 80% de los mAbs se venden en EE.UU., Europa y Canadá”.

“Solo el 20% de los mAbs se vende en el resto del mundo, que conforma el 85% de la población global. Pocos, si algunos, están disponibles en países de ingresos bajos y medios”, dice el informe publicado a mediados de agosto.

Estos tratamientos médicos se encuentran entre los más caros del mundo. Para darnos una idea, el precio promedio de un tratamiento con mAbs en EE.UU. oscila entre US$15.000 y US$200.000 al año.

Y, por último existe otro problema vinculado a su seguridad.

Si bien los anticuerpos son un arma de defensa, en algunos casos “actúan de forma opuesta, acrecentando la infección“, le dice Lundgren a BBC Mundo.

Es un complejo fenómeno conocido como amplificación de la infección dependiente de anticuerpos, en el que algunos anticuerpos en vez de prevenir la entrada del virus a la célula, la facilitan.

Por el momento, “no lo hemos visto con la covid-19, pero se ha visto con otras infecciones virales”, aclara el investigador.

Esto deberá ser evaluado minuciosamente en ensayos clínicos.

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Especial

En las escuelas rurales la nueva normalidad impuesta por el COVID-19 ha provocado un retroceso en la educación

Al estar ubicadas en zonas montañosas cuentan con una señal de internet escasa, situación que complica su acceso a internet.
Especial
Por Ximena Calderón
9 de diciembre, 2020
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Abraham Guadalupe tiene 8 años y cursa tercero de primaria en la escuela 5 de mayo de Chilacayote, una de las comunidades rurales más grandes de Cuautla, Jalisco, México. Actualmente pasa por una de las etapas más decisivas de su educación, sin embargo este año, por la pandemia de COVID-19, su aprendizaje se ha visto limitado. 

En Chilacayote la señal de internet es escasa, únicamente cuentan con dos antenas de internet satelital para toda la comunidad, además, al estar en una zona tan alta y montañosa la señal se interfiere con demasiada facilidad, lo que hace complicado el acceso a internet. 

Por esta razón para las instituciones de educación pública de Chilacayote fue imposible habilitar las clases en línea durante la contingencia sanitaria ocasionada por el COVID-19.

Lee: UNICEF insta a gobiernos a reabrir escuelas para evitar una “generación perdida de niños”

La primaria de esta comunidad cuenta aproximadamente con entre 4 y 7 alumnos por grado. Gracias a esta cantidad de alumnos fue posible habilitar asesorías presenciales e individuales para cada alumno, las cuales se reparten un día a la semana en un periodo de cuarenta minutos por alumno y grado.

En estas asesorías se evalúa su avance y se les entrega nuevo material para trabajar en la semana.

Abraham Guadalupe va a la escuela una vez a la semana, día en el cual la maestra evalúa su aprendizaje y le entrega más material para trabajar en casa; sin embargo es difícil a su edad hacerse responsable el mismo de sus tareas, además es complicado para sus padres ayudarle a resolver dudas ya que hay muchas cosas que ellos tampoco comprenden, de acuerdo con sus propios testimonios.

Los padres de familia de Chilacayote en su mayoría no recibieron una educación superior o de media superior, incluso el 5.56% de la población es analfabeta, de acuerdo con cifras oficiales.

En esta comunidad hay 306 habitantes, 147 hombres y 159 mujeres.  La principal fuente de trabajo es la madera pues se cuenta con dos pequeños aserraderos, uno de ellos ya con más de 30 años en servicio. Después le sigue la agricultura y ganadería, pues todas las familias siembran y cosechan su propio maíz, crían su propio ganado y algunas familias también se dedican a la crianza de gallinas.

Es una tierra muy fértil. Pues además de árboles madereros también cuenta con árboles frutales como son: manzanos, higueras, duraznos, tejocotes, ciruelos, capulines, membrillos y aguacates.

La economía y el mantenimiento de la comunidad se sostienen del ejido y de los familiares que trabajan en el extranjero (Estados Unidos, principalmente).

En Chilacayote, al igual que en muchas otras pequeñas y medianas poblaciones de Jalisco, las personas dejan sus hogares en busca de oportunidades. Los estudiantes salen de su comunidad en busca de educación o trabajo. Sin embargo las limitaciones y las carencias que presenta la comunidad son suficientes para no concluir los proyectos, más si se trata de temas educativos y si de por medio hay una pandemia que ha limitado los esfuerzos por educar a sus niños y jóvenes. 

Lee: Regreso a clases presenciales será voluntario a partir de enero en estados con semáforo amarillo y verde: SEP

¿Cómo es la vida de un niño o un joven que nace y crece en una población marginada en México y cuáles son sus oportunidades?

En el caso de Abraham Guadalupe sus padres están de acuerdo en que su hijo necesita de la ayuda de sus maestros para poder aprender, incluso sus maestros han notado un retroceso en el aprendizaje de sus alumnos, con la llamada “nueva normalidad”, según platican.

“Los alumnos en casa tienen dudas sobre sus tareas y los padres no están capacitados para enseñarles”, dijo Elvira Díaz Estrada, maestra de primaria de la localidad.

Si Abraham Guadalupe y sus compañeros deciden continuar con sus estudios posteriormente acudirán a la Telesecundaria de la comunidad, la cual cuenta con un total de seis alumnos en la actualidad.

Recibirán una educación la cual se limita a nutrirse del material que manda gobierno del estado a las comunidades rurales ya que no hay más libros y la señal de internet es escaza. 

Finalmente al egresar de la telesecundaria si deciden continuar con sus estudios, deben salir de Chilacayote.

Salir de la comunidad  implica pagar una renta, pagar servicios, comida, etc. Este factor es una gran limitante para muchas familias que no tienen los suficientes recursos para enviar a sus hijos o hijas a estudiar fuera de la comunidad.

En el caso de los estudiantes universitarios de Chilacayote no pueden recibir educación en línea si en su localidad no hay internet, lo mismo ocurre con el resto de sus estudiantes en el resto de los niveles. 

Abraham Guadalupe y sus compañeros de clase están expuestos a continuar en un sistema que no les permite seguir avanzando, y con la pandemia de COVID se ha agravado, de acuerdo con los padres y maestros de estos niños.

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