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El boliviano que dejó su trabajo como exitoso hombre de negocios para alimentar a perros callejeros

Durante más de 15 años dirigió campañas de mercadeo de marcas de lujo, pero ahora Fernando Kushner dedica su tiempo y talento a rescatar a los perros callejeros de La Paz.
BBC
18 de marzo, 2019
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Cada día, justo antes del amanecer, Fernando Kushner se sube a su viejo minibús y se adentra en las calles de La Paz para alimentar a los perros callejeros de esta ciudad boliviana.

Hace cuatro años, cuando era un hombre de negocios de alto vuelo, Ferchy, como lo llaman sus amigos, podía llegar a casa a esa misma hora después de una noche de fiesta.

He renunciado a todo por mis perros. Romances, familia, carrera, todo“, dice, con la pasión de un verdadero converso.

Ferchy atribuye a un perrito callejero llamado Choco este giro radical que le hizo renunciar a su exitosa carrera como ejecutivo de mercadotecnia en el mundo de la moda para dedicar su tiempo a los perros callejeros de La Paz.

Fernando Kushner con Choco.
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Choco fue el perrito callejero que la cambió la vida a Kushner.

Kushner vio al perro después de salir de su clase de yoga y le dio un pedazo de su sándwich. El animal frotó su hocico con el cuello de Kushner y le lamió las manos, y ese simple acto de gratitud bastó para convencerlo de regresar y alimentar a Choco al día siguiente.

Antes de que se diera cuenta, estaba alimentando a cinco perros, luego a 10, luego a 20. Hoy, la cifra llega a centenares.

Haciendo rondas

Su rutina para alimentar a los animales es similar cada día; visita los mismos siete u ocho distritos y deja porciones de comida en los mismos lugares. Cada perro recibe 1 kg de pollo y huesos al día, y se agrega una porción de 250 g de galletas para perros.

Fernando Kushner recoge la comida que sobre en los restaurantes de comida rápida.

BBC
Ferchy ha convencido a varios locales de comida rápida de que le regalen las sobras para alimentar a los perros.
Fernando Kushner.

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Kushner usa su camioneta para recorrer la ciudad y distribuir la comida.

Ferchy hace dos rondas cada día, una por la mañana y otra por la tarde. Entre una y otra, pasa otras tres o cuatro horas conduciendo por La Paz para recoger alimentos de varios donantes.

Las donaciones más generosas provienen de dos cadenas de comida rápida, Don Pollo y Pollos Copacabana.

En promedio, recolecta 15 contenedores del tamaño de un cubo de basura, cada uno de los cuales puede contener 50 litros. Rellena los cubos con galletas para perros. Cada mes gasta unos cincuenta sacos de 22 kilos durante el mes, a un costo de 9,000 bolivianos (1,300 dólares), que paga de su propio bolsillo.

Además de alimentar a “sus perros”, también es voluntario en diferentes organizaciones benéficas y refugios para perros en La Paz.

María Angulo Sandoval, quien trabaja en un refugio para perros en el municipio vecino de El Alto, dice que Ferchy ha actuado donde los funcionarios de la ciudad han fallado.

“Las autoridades de la ciudad son responsables de la salud y la seguridad públicas, lo que incluye mantener a la población de perros bajo control. Pero son absolutamente inexistentes”, dice.

Sacrificios en abundancia

Ferchy dice que dejar su lucrativo trabajo para dedicarse a los perros fue fácil y que la decisión de renunciar la tomó “de un día para otro”.

Ferchy junto a uno de los perros que alimenta.

Sergio Echazú
Ferchy junto a uno de los perros que alimenta.

Más difícil ha sido cumplir con los compromisos familiares. La primera vez que se perdió la celebración navideña de su familia porque estaba alimentando a los perros, sus familiares se pusieron furiosos.

Hoy, están un poco más resignados.

“Pensé que se aburriría de todo eso después de unos tres meses y lo dejaría”, dice su madre, Lolita Kushner. “Pero cada vez que lo veo, parece más preocupado que nunca por los perros y más comprometido con su misión”.

Ferchy espera emplear pronto a algunos ayudantes, pero por ahora la suya es más o menos una misión de un solo hombre. Ni siquiera tiene tiempo para citas amorosas, dice. Eso no le ha impedido considerar a una futura pareja, pero “tendría que amar a los animales, de lo contrario sería imposible”.

No todos son tan apasionados con los perros como Ferchy.

Raúl Alcázar, un residente local, piensa que al alimentar a los perros de la calle, Ferchy puede estar agravando el problema. “Los perros se quedan en la calle, hurgando en la basura y generalmente creando un problema”, dice.

Alcázar también se pregunta si los perros son los que más necesitan ayuda. “Lo que hace es bueno, pero ¿no sería mejor dar el dinero a un orfanato o a un anciano?”

Ferchy no niega que Bolivia, donde una de cada tres personas son pobres y una de cada seis es considerada como extremadamente pobre, tiene necesidades sociales agudas. Pero argumenta que hay “cientos de organizaciones benéficas” que cuidan a los pobres de Bolivia y que solo unos pocos cuidan a los animales.

Usando sus conexiones

Aun así, reconoce que sus esfuerzos no son más que una gota en el océano. Según sus propios cálculos, cerca de 250,000 perros callejeros viven en las calles de La Paz, con otros 350,000 en El Alto.

Uno de los animales a los que Ferchy lleva alimentos.

Fernando Kushner
Uno de los animales a los que Ferchy lleva alimentos.

En su opinión, la única solución a largo plazo para el problema de los perros callejeros de La Paz es la educación pública y la sensibilización.

Aquí es donde entra en juego su experiencia en marketing. Después de pasar más de 15 años ayudando a dirigir campañas de marcas de lujo, no tiene ningún reparo en aprovechar sus contactos sociales y profesionales para ayudar en su misión.

Hasta ahora, ha persuadido a decenas de compañías importantes en Bolivia para que publiquen su eslogan de “Adopte, no compre” y su mayor éxito hasta la fecha ha sido lograr que la aerolínea privada de Bolivia Amazonas acepte cubrir el costo total de enviar a los perros en avión de una ciudad a otra para su adopción.

En la actualidad, está ocupado tratando de recaudar dinero para construir un santuario para viejos perros callejeros, que se convertirá en un centro de esterilización. Ya convenció a Incerpaz, uno de los fabricantes de ladrillos más grandes de Bolivia, para que le diera ladrillos a precio de costo.

Ferchy y un niño dan de comer a un perro callejero.

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Ferchy espera conseguir más ayuda pero, por lo pronto, se encarga de esta tarea casi solo.

La tenacidad de Ferchy en defensa de los perros callejeros de La Paz parece no tener límites. Incluso ha llegado a contactar a través de los canales diplomáticos a Jared Kushner, el yerno del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

“Aunque tenemos el mismo apellido, él no tiene ninguna relación. ¿Pero qué hay que perder?”, razona. “Si él quisiera, podría pagar para esterilizar a todos los perros en Bolivia”.


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RAN

"Fue un atropello": Trabajadores del Registro Agrario acusan que los presionaron para renunciar

"Si no firmas (tu renuncia), tengo la obligación de darte el oficio de cese a partir de mañana", dijeron a personal del Registro Agrario.
RAN
12 de julio, 2019
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A las oficinas de representación del Registro Agrario Nacional (RAN) en los estados, llegó en junio un paquete con documentación dirigida a funcionarios con plaza de confianza: un oficio de renuncia, un documento de solicitud de compensación económica y un acta administrativa para cese. Se trataba de las opciones que les serían ofrecidas a cada uno para salir de la administración pública, al concluir el mes.

Exempleados de dos estados entrevistados por Animal Político confirman que este mismo mecanismo fue utilizado en el resto del país. De acuerdo con información oficial del Registro Agrario Nacional, en junio cesaron a 36 personas con plaza de confianza mientras que “133 presentaron su renuncia” en las representaciones estatales, según contestó el organismo a una solicitud de este medio.

Sin embargo, los funcionarios consultados aseguran que no se trató de una renuncia voluntaria, sino que fue prácticamente obligada.

“Nos citó el encargado de despacho a final de junio, nos reunió en una sala de juntas y nos dijo ‘aquí están las renuncias, si no firmas, tengo la obligación de darte el oficio de cese a partir de mañana’”, dice Teresa, quien prefiere mantener el anonimato porque aún no ha concluido su proceso de separación, y prefiere evitar alguna represalia.

La opción menos agresiva era firmar un oficio para dar por terminada su relación laboral con el RAN, si es que querían obtener algo de dinero. Se trató de la solicitud para adherirse “a los beneficios de las disposiciones específicas para cubrir una compensación económica”, emitidas por la Secretaría de Hacienda el 1 de febrero pasado, en el oficio número 307-A.-0264.

Leer: Gobierno compensa con menos dinero del que marca la ley a servidores a los que pidió renunciar

En el documento, con fecha de aplicación desde el 1 de julio, los funcionarios acreditan que “en forma voluntaria” presentan su renuncia “con carácter de irrevocable”, y además se comprometen a no emprender ningún acto en contra del RAN, porque “en el tiempo en que estuve desempeñado el puesto me fueron cubiertas en forma íntegra y oportuna todas y cada una de las prestaciones derivadas de ley o cualquier otra que me hubiera correspondido”.

Aunque ya sabían por rumores que vendrían despidos, nunca pensaron que fuera de esa forma. Incluso en algunos casos no les permitieron la entrada al edificio de trabajo, después de firmar la renuncia, pese a que aún estaba pendiente firmar las actas de entrega recepción de las áreas. Tampoco les estaban considerando el total de antigüedad para la compensación económica, pese a que hay personal con más de 20 años de labor.

“Fue un atropello, nos trataron como delincuentes”, dice Teresa, quien se lamenta de haber cedido y firmado porque la manera en que la amedrentaron podría ser denunciada a través de una demanda. Además porque ella, como otros de sus compañeros despedidos, tenía plaza de Servicio Profesional de Carrera.

Este es un mecanismo establecido en 2005 para el ingreso a la administración pública mediante exámenes y la evaluación continua para la permanencia. La intención era asegurar que los más capacitados desempeñaran los puestos, evitar amiguismo y dar certeza laboral.

En la Ley del Servicio Profesional de Carrera sólo se establece ciertos criterios por los que un funcionario público en este sistema podría perder su empleo: renuncia, defunción, una sentencia que implique la privación de la libertad, incumplimientos a la ley, sanciones establecidas en la Ley Federal de Responsabilidades Administrativas, no aprobar en dos ocasiones la capacitación obligatoria, y cuando el resultado de su evaluación del desempeño sea deficiente.

Según el Registro Agrario Nacional las renuncias obedecieron a “una valoración del personal a partir de su desempeño, eficacia, honestidad y vocación de servicio”.

Pero los empleados insisten en que se mantenían en sus plazas gracias a que comprobaban capacidad. Debían aprobar sus exámenes, asistir a cursos de actualización y capacitación anuales que también debían aprobar con puntaje mínimo de 80 sobre 100.

En casos como el de Baja California, los empleados podrían recuperar sus empleos porque no firmaron ningún documento de separación y porque no había quién hiciera las notificaciones de baja. Es decir, no había funcionario con nombramiento oficial y que, según el reglamento interno, tuviera facultad para el despido de personal. Según les dijeron, este viernes llegaría el pago de su quincena, pero aún tienen incertidumbre.

El RAN, que depende de la Secretaría de Desarrollo Agrario Territorial y Urbano (Sedatu), se dedica al control de la tenencia de la tierra ejidal y comunal, y de dar seguridad jurídica documental, derivada de la aplicación de la Ley Agraria a través de delegaciones estatales. Es decir, pueden emitir certificados de propiedad que los ejidatarios utilizan para herencia, solicitud de servicios o préstamos para cosecha.

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