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Cómo te puede afectar la crisis mundial del café (y por qué está detrás de la oleada migratoria de Centroamérica)

A pesar de que en las cafeterías de las grandes ciudades se llega a pagar hasta US$5 por una taza de la humeante bebida, en mayo los precios del café cayeron a su punto más bajo en una década. Te contamos qué consecuencias tiene esto en cada eslabón de la cadena.
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16 de julio, 2019
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Hoy el precio promedio de un café con leche en Estados Unidos es de unos US$5. Pero entonces ¿por qué los productores de café de diferentes partes del mundo están abandonando sus plantaciones por otros cultivos y trabajos, o incluso buscando asilo en otros países?

La industria mundial del café está en crisis. En mayo los precios del café cayeron a su punto más bajo en una década: US$0.88 por libra de café.

La caída se debe en gran parte a los dos años de excedentes por parte de Brasil, el mayor productor del mundo, lo cual tuvo un fuerte impacto en los cafetaleros de todo el mundo al introducir millones de kilogramos de granos en el mercado.

Los problemas económicos en regiones como Centroamérica y África también tienen algo que ver.

A mediados de julio, los precios de mercado llegaron a US$1, pero siguen siendo los más bajos que ha visto la industria en 10 años.

Sin embargo, en años recientes, los consumidores de Estados Unidos, Reino Unido y otros países occidentales han tenido que asumir un alza constante en el precio de la taza de café, incluso aunque los agricultores reciban menos del 2% de esos beneficios.

Granos de café en Estados Unidos.

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Así es cómo se está desarrollando la crisis en cada eslabón de la cadena de la producción y venta de café.

Para los agricultores

En todo el mundo, más de 21 millones de familias viven del café. Las plantaciones normalmente tienen una gran cosecha al año, por lo que se esperan ciclos altos y bajos, pero la producción entre 2018 y 2019 cayó a mínimos históricos, dificultando aún más la vida de los agricultores.

Solamente para cubrir gastos, la mayoría de los agricultores deben vender una libra de café por más de US$1.

café - gráfico

BBC

En octubre, varios agricultores centroamericanos que viajaban en una caravana de migrantes les dijeron a periodistas de la BBC que la crisis del café les había obligado a abandonar sus cultivos y a tratar de buscar asilo en Estados Unidos.

En la última década, más del 60% de los agricultores de café en Guatemala, Nicaragua, El Salvador y México han denunciado inseguridad alimentaria durante el ciclo de cosecha, según la Asociación de Especializados en Cafés de América (SCAA, por sus siglas en inglés).

José Sette, director ejecutivo de la Organización Internacional del Café (OIC) —que fue fundada en 1963 con apoyo de las Naciones Unidas para abordar la sostenibilidad del mercado de los productos del café— le dijo a la BBC que su actual ciclo bajo era tan preocupante para toda la industria porque tiene efectos “dramáticos” incluso en los agricultores.

Carro en Colombia transportando café.

RAUL ARBOLEDA/AFP/Getty Images
Colombia es el tercer exportador de café en el mundo.

“Si los agricultores están desmoralizados y no están cultivando ni cuidando sus plantaciones… Eso no augura nada bueno para el futuro, pues la demanda está aumentando en torno al 2% cada año”, dice Sette. “Eso son 3 millones de bolsas más que necesitaremos cada año para satisfacer la demanda”.

Sette añade que aunque la industria mundial del café tienen unos ingresos anuales de más de US$200.000 millones, solo US$20.000 millones llegan a los países productores y, en última instancia, menos del 10% a sus agricultores.

café - gráfico

BBC

“Cuando llegamos al nivel de precios que estamos viendo hoy, la industria necesita observarse a sí misma y, en un ejercicio de responsabilidad compartida, tratar de encontrar métodos para mejorar la situación de los cafetaleros, especialmente de las fincas más pequeñas”.

En el continente africano, donde la producción consiste mayoritariamente en pequeñas parcelas de agricultura de subsistencia, este ciclo está resultando excepcionalmente desafiante.

“En África es probable que veamos mucho más sufrimiento que en cualquier otra parte del mundo (por la crisis del café), porque nuestra producción es bastante baja”, le dijo a la BBC Fred Kawuma, Secretario General de la Organización Interafricana del Café (IACO).

“La cantidad de café que obtiene de su granja un agricultor es muy limitada en comparación con, por ejemplo, la de un cultivador de café en India o Vietnam”.

Café en Etiopía

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El café de Etiopía es uno de los más famosos del mundo.

Esto significa que cuando los precios del café caen, también lo hace el ya pequeño margen de beneficio del agricultor, a quien le resulta imposible pagar por necesidades domésticas como la escuela de los niños o la sanidad.

Este año, Kawuma dice que su organización ha visto a muchos agricultores en dificultades abandonando el café por otros cultivos más lucrativos.

Costa de Marfil es uno de los países que ahora mismo está sufriendo consecuencias graves. Los agricultores no están contentos”, dice. “A Togo, a pequeños productores como Liberia, Sierra Leona —y a todos los países más pequeños— les está yendo muy mal y no están seguros de si realmente pueden continuar con la producción”.

Para tostadores y cafeterías

Chuck Jones conoce las dos caras de la industria.

Tiene una empresa tostadora de café y varias cafeterías en Pasadena, California, EE.UU., pero casi la mitad de sus granos provienen de las plantaciones de su familia en Guatemala. Una es suya y dos de sus primos.

Aunque teme que uno de sus familiares pierda su plantación a finales de julio.

“El exportador, con quien tiene una deuda por cubrir dos cosechas, se está haciendo cargo de la finca porque no le pagó”, dice Jones.

Agricultor de café Andrés Fahsan

Courtesía de Chuck Jones
El primo de Chuck Jones, Andrés Fahsen, en su plantación en Guatemala.

Él dice que los ciclos de auge y caída del precio del café perjudican injustamente a agricultores como su primo, quienes logran hacer dinero unas veces contadas, especialmente dado el acceso a opciones más baratas en el mercado de productos primarios.

“Como comprador puedo fácilmente reemplazar ese café”, añade. “Pero duele porque se trata de mi primo y él está perdiendo su fuente de ingresos. Es de mediana edad y vive de la plantación”.

“A pesar de que mi primo es un productor de café de alta cualidad, va a perder la finca por los sistemas establecidos que le impiden que tenga éxito”.

Jones dice que los líderes de la industria han estado advirtiendo que quienes se dedican al tueste deberían pagar más. Pero Jones, quien lleva un negocio en una ciudad con un alto costo de vida y en el que la mano de obra es cara —con un salario mínimo de US$15 por hora— dice que “no hay un claro ganador en la cadena”.

Los US$10 que se pagan al por mayor por el café tostado incluyen los gastos de envío y el almacenamiento continuo del producto, así como la mano de obra, el mantenimiento de las máquinas y otros costos de financiamiento.

plantación de la familia de Chuck

Cortesía de Chuck Jones
Esta es una de las plantaciones de la familia de Chuck Jones en Guatemala.

Para los consumidores

Pero ¿cómo se desglosa exactamente el precio que los consumidores pagan por una taza de café?

Sette, de la OIC, explica que el precio del café al por menor “no está muy vinculado al precio de los agricultores”.

Al agricultor apenas le llega el 1 o 2%, y una gran parte del costo final responde a la mano de obra, el alquiler o el marketing”.

Jones desglosó el precio de su café al por menor en sus cafeterías de Pasadena, y de los US$4 que cobra por un latte (café con leche) solo el 10% está bajo su control: el costo del café. La leche orgánica, la mano de obra, las tazas, las tapas de plástico, las mangas (fundas aislantes) y los condimentos son factores importantes en el precio final.

“No creo que nadie se esté llenando los bolsillos”, dice.

café - gráfico

BBC

La cadena de cafeterías Think Coffee se extiende por todo Nueva York. El director de la cadena, Enrique Hernández, le dijo a la BBC que producir un café con leche pequeño le cuesta a la empresa US$0.28, y se vende por US$4.25 para poder pagar los costos no relacionados con el café.

El precio subirá a US$4.50 este año. Hernández dice que se debe a mayores gastos de alquiler y salarios.

En busca de soluciones

La OIC y otras organizaciones de la industria están trabajando en cambios como la diversificación de los ingresos de las pequeñas plantaciones, la enseñanza en gestión de riesgos, la racionalización de las cadenas de producción y la lucha contra el cambio climático mediante la adopción de una agricultura climáticamente inteligente.

“También necesitamos promocionar el consumo de café en los países productores, donde suele ser bajo”, agrega Sette. “Un enfoque prometedor para, al menos, el sector del café especializado es fomentar las relaciones directas entre los productores y los tostadores”.

café

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Fomentar las relaciones entre varios actores de la industria es importante.

Compañías de café de categoría como Think Coffee e Intelligentsia son ejemplos de esa asociación.

Hernández visita una de las plantaciones de las que Think Coffee compra café cada tres meses. Dice que la empresa se enfoca en buscar cultivos “vulnerables” en lugar de comprar solamente a los propietarios que más dinero tienen, y en invertir en crear mejores condiciones de vida para las familias de agricultores con las que trabajan.

Intelligentsia, que cuenta con cafeterías por todo Estados Unidos, tiene prácticas similares para mejorar la sostenibilidad, incluyendo el abastecimiento directo de semillas desde Centroamérica, Sudamérica y África, y la realización de talleres para agricultores.

Otras firmas en la industria han hecho llamamientos a grandes compradores como Nestlé para que paguen precios más justos y no inunden el mercado con café barato de baja calidad. Nestlé declinó hacer comentarios para la BBC.

En una conferencia durante el Foro Mundial de Productores de Café 2019, celebrada en Brasil la semana pasada, Jeffey Sach, economista de la Universidad de Columbia, Nueva York, EE.UU., pidió a Naciones Unidas crear un fondo global y anual para el café de US$10.000 millones.

Es una petición considerable, teniendo en cuenta que el fondo global destinado a combatir el sida fue de poco más de US$7.000 millones en contribuciones de 2017 y 2019.

Pero como los cafetaleros se ven obligados a sopesar otras opciones simplemente para sobrevivir, la amenaza de las plantaciones abandonadas en todo el mundo podría ser suficiente para motivar nuevos cambios.

Tal y como dice Sette, “si no invertimos hoy, puede que mañana no tengamos suficiente café”.

Con contribuciones de Kelly Rissman, BBC News


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Cuartoscuro Archivo

Clínica 30 de Mexicali: el brote de COVID-19 que comenzó con el contagio de estudiantes de medicina

Los primeros contagiados fueron internos que estaban destinados en urgencias. Denuncian falta de material para protección y nulo aislamiento de los pacientes.
Cuartoscuro Archivo
Por Alberto Pradilla y Andrea Vega
22 de abril, 2020
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“Los internos fueron cayendo uno por uno. El sistema está colapsado”.

El testimonio es de un interno de la clínica 30 de Mexicali, Baja California. Pide no ser identificado, como el resto de personal entrevistado. Nadie quiere hablar en público, pero todos ofrecen una misma versión: el principal centro médico del Instituto Mexicano de Seguridad Social (IMSS) de la capital de Baja California, la clínica 30, lleva al menos tres semanas sufriendo un brote de coronavirus entre su personal de salud. Denuncian falta de medidas de protección e instalaciones inapropiadas para atender a pacientes que deberían estar aislados.

Dos fuentes oficiales diferentes confirmaron a Animal Político la cifra de 18 médicos sospechosos de COVID-19 en la Clínica 30, 9 confirmados y otros 9 pendientes de certificación. A ellos hay que sumarles otros 4 internos pertenecientes a la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) y un número no precisado de estudiantes de medicina la universidad de Xochicalco.

Además, el brote también ha afectado al personal de enfermería, pasantes de servicio social y de otras dependencias.

La revista Zeta dio la cifra de unos 34 contagiados en toda la plantilla. Un doctor que habló a condición de anonimato dijo que en total eran 147 incapacitados, de los cuales 46 ya habían sido confirmados como positivos, 28 negativos y el resto a la espera de resultados.

Animal Político no pudo verificar de forma independiente estos datos. Preguntó al IMSS y a la Secretaría de Salud de Baja California, pero al cierre de la nota no había recibido respuesta.

Entérate: Gobierno de BC y Salud se enfrentan por cifra de muertos por COVID-19

“Hubo brotes, fundamentalmente porque no se tuvo la medida exacta de cuándo llegaba el virus. Llegó por el área de urgencias y afectó a los más jóvenes”, explica en entrevista telefónica el superdelegado federal en Baja California, Alejandro Ruiz Uribe.

“No estaban completamente preparados”, reconoce, en referencia a las instalaciones de la principal clínica del IMSS en Mexicali. Asegura que esta falta de insumos se limitó a la primera semana de la crisis pero que, desde entonces, toda la infraestructura federal ha estado equipada. Recuerda, además, que el seguro social atiende a siete de cada diez habitantes de la capital de Baja California.

La UABC confirmó casos en todo el estado entre sus estudiantes internos de pregrado y pasantes de servicio social. Hay al menos 18 que dieron positivos a la prueba de COVID-19, y otros 29 casos sospechosos, a quienes no se les ha hecho la prueba y no se ha precisado si fueron infectados dentro o fuera de las instituciones en las que estaban cada uno. La universidad Xochicalco, por su parte, no ha informado sobre el estado de salud de sus estudiantes.

El 18 de marzo se registraron los dos primeros contagios en Mexicali la capital de Baja California. Se trataba de dos mujeres que llegaron de Washington, Estados Unidos, y que fueron atendidas en el Hospital General.

Hasta el mediodía de este martes se registraban en BC 852 casos positivos acumulados de Covid-19, y 96 fallecimientos, ubicando a la entidad con el segundo lugar nacional de fallecimientos por debajo de Ciudad de México y por arriba del Estado de México que ocupaba la tercera posición.

El 22 fuera de urgencias y el 7 a casa

Los estudiantes aseguran que el “paciente cero” entre sus filas se contagió en urgencias, cuando los internos todavía estaban desplegados en todas las áreas del hospital. El nosocomio contaba con 128 internos, que son estudiantes que han cerrado el cuerpo teórico pero que todavía no han cumplido con su año de servicio social. Este primer contagio tuvo que ser antes del 22 de marzo, último día en el que los internos tuvieron acceso a las urgencias.

Fueron ubicados en áreas de Medicina Interna y Cirugía, donde, supuestamente, no tendrían riesgo de tener contacto con pacientes con coronavirus. A diferencia del Hospital General, que se ha dedicado exclusivamente a pacientes con coronavirus, en la Clínica 30 se dividieron los espacios. Una parte, para afectados por Covid19 y otra para aquellos que padecen otras enfermedades.

“Estábamos muy mal preparados”, dice un interno, para explicar por qué se produjo el brote. En su opinión no había material adecuado y tampoco un protocolo correcto, por lo que pacientes con un posible contagio por Covid-19 terminaban en otras plantas. Asegura que en los primeros días la zona de asilamiento se separó con una sábana, que posteriormente fue sustituida por unos plásticos.

Sobre la protección asegura que, por ejemplo, aprendieron a ponerse el cubrebocas con un tutorial de YouTube.

“Se supone que los pacientes pasaban por un filtrado. Sin embargo, solo se hacían pruebas a aquellos que decían haber viajado al extranjero o que habían tenido contacto con personas que habían viajado al extranjero”, dice el joven. En su opinión, esto provocó que pacientes sospechosos no fuesen testados y tuviesen acceso a otras

Él, por ejemplo, relata que tuvo que trasladar a un paciente sin protección que, cinco días después, falleció por síntomas compatibles con el coronavirus. Nunca le llegaron a hacer ninguna prueba.

“En este momento no se tenía insumos como cubrebocas o protección específica para la atención de pacientes sospechosos, ni existía un área específica de atención. Simplemente, llegaba el paciente, se manejaba como sospechosos y se aislaba en un área dentro de urgencias”, dice otro sanitario.

El 5 de abril, un interno denunció a través de su cuenta de Facebook que una paciente confirmada por COVID-19 escapó del anexo donde estaban resguardados (“cabe mencionar que no estaba aislada al vacío”, dice el joven) y atravesó dando voces sin cubrebocas varias zonas comunes. En aquel texto, el estudiante denunciaba que había 12 compañeros incapacitados por problemas respiratorios, todos ellos sin prueba.

Todos los estudiantes consultados coinciden en que las instituciones se lavaron las manos cuando ellos solicitaron protección. “Lo pedimos al hospital y nos dijo que era cosa de la universidad. Fuimos a la universidad y nos dijo que teníamos que reclamar en el IMSS”, dice uno.

Amparo ordena proporcionar material de protección

La falta de insumos no fue algo exclusivo de los alumnos. La escasez llegó hasta tal punto de que uno enfermero interpuso un amparo para que el IMSS le garantizase material de protección adecuado.

En entrevista con Animal Político, el enfermero, que pidió mantener el anonimato, dijo que se asustó cuando tuvo que atender a posibles positivos y se dio cuenta de que no contaba con la protección adecuada. Según explica, la mayoría de sus compañeros había pagado de su propio bolsillo los guantes, cubrebocas o las gafas. Así que él interpuso un amparo.

El Juez Primero de Distrito con sede en Mexicali, Roberto Antonio Alcoverde Martínez, le dio la razón. El pasado miércoles 15, el enfermero recibió sus cubrebocas (dos por turno), sus batas y sus guantes. Su abogado, Juan Francisco Rodríguez Ibarra, explica que es el primer amparo que se concede en este sentido en toda la república. Para que sentase jurisprudencia serían necesarias otras cuatro sentencias en el mismo sentido.

“Hubo negligente capacitación o explicación al resto de empleados”, considera Alejandro Ruiz Uribe. Según afirma, los sanitarios que están en las zonas COVID-19 cuentan con el equipamiento adecuado. Sin embargo, “los médicos de otras áreas se pusieron muy nerviosos y empezaron a exigir el equipo que tenían” aquellos que tratan directamente con pacientes con coronavirus. “Los protocolos internacionales no dicen eso”, asegura.

Reconoce Ruiz Uribe que la infraestructura “no estaba al cien por cien” al irrumpir la pandemia, aunque también recuerda que se trata de un fenómeno internacional para el que ningún país estaba preparado. Pone como ejemplo que en Baja California estaba prevista la construcción de ocho hospitales y clínicas presupuestadas en 8 mil 150 mdp.

“No hay colapso. Hay ventiladores, camas y espacios”, asegura.

El brote en la Clínica 30 no es el único que se ha registrado en centros médicos de Mexicali. En el Hospital General, dedicado íntegramente a Covid19, al menos 14 doctores fueron afectados, según denunció Edgar Allan López Castillo, su director hasta el 8 de abril, cuando fue destituido después de dar positivo en la prueba por coronavirus.

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