El camionero inglés de 90 años que se rehúsa a jubilarse
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync

“No necesito GPS ni mapa, todo lo tengo en la cabeza”: el camionero de 90 años que se rehúsa a jubilarse

Brian Wilson conduce camiones desde que era adolescente y por ahora no piensa en abandonar el volante.
13 de noviembre, 2022
Comparte

Brian Wilson, de 90 años, es uno de los camioneros activos más longevos del mundo.

Y, después de más de 70 años en la carretera, aún no tiene planes de poner el freno de mano.

Brian ni se preocupa por tener un GPS. Sí tiene un atlas de carreteras, aunque dice que es de hace “unos 40 años” y que, de todos modos, lo tiene guardado en el maletero del coche.

“No necesito GPS ni mapa”, asegura. “Todo está aquí arriba”. Sonríe y se golpea la sien para reforzar el punto.

Estamos sentados en la cabina del camión de 1993 de Brian. Junto a los modernos camiones Scania alineados en este predio logístico en las afueras de Sheffield, Inglaterra, el suyo se destaca.

La palanca de cambios está pegada con cinta adhesiva, la tapicería ha tenido días mejores y huele a tabaco.

Según Guinness World Records, el hombre de mayor edad con una licencia para conducir vehículos de gran peso es el británico Jack Fisher, con 88 años y cuatro días, al 27 de enero de 2021.

Brian Wilson al volante de su camión.

BBC
Brian ha sido invitado por Guinness World Records a presentarse para ser reconocido como el conductor de vehículos pesados más longevo del mundo.

Ahora, Brian ha sido invitado a hacer su propio reclamo en el registro mediante la presentación de pruebas de edad y ocupación. “Realmente no pienso en eso”, dice. “Solo salgo a trabajar”.

Si solo está siendo modesto o práctico es difícil saberlo.

Imposible no trabajar

Un paquete de 20 cigarrillos, un encendedor, una copia del Daily Mirror y trapos ocupan el espacio entre nuestros asientos.

“Me inquieto cuando no estoy trabajando”, dice.

Brian muestra algunas fotografías, mientras hacemos un viaje por el camino de la memoria, desde que era un joven soldado hasta la etapa nonagenaria.

Hay una imagen suya de vacaciones. Está sentado en una mesa, leyendo un periódico. No parece un hombre de vacaciones.

“Dos o tres días sin trabajar, sin hacer nada, y ya tuve suficiente”, dice. “Tengo que estar haciendo algo. Siempre quiero volver al trabajo“.

En la industria del transporte, se le conoce como “un original”. Mientras que otros confían en las cinchas de amarre con hebillas para asegurar las cargas, Brian prefiere la forma antigua, usando cuerdas y láminas.

Es un arte que se está muriendo, dice.

Brian le da crédito a su tío por haberle enseñado a conducir a los 16 años, aunque su carrera militar en la década de 1950 indudablemente agudizó sus habilidades.

En la década de 1960, después de un periodo repartiendo gasolina para Esso, Brian se unió a la empresa de transporte de su padre Edward: E. Wilson e Hijo.

Hoy es dueño del negocio familiar, que principalmente transporta resortes de acero.

“Todos los jueves me levanto a las 4:00 en punto, listo para salir de casa a las 5:15”, narra.

Brian desgrana sus “gotas” del día. “Leicester, Tamworth, Redditch, Birmingham, Telford (…) haré unas 300 millas (casi 500 kilómetros)”.

La lejana jubilación

Brian es un hombre de pocas palabras y las hace valer. Su actitud se suaviza cuando veo su anillo de bodas.

“Llevamos casados ​​67 años”, dice sonriendo. “Tenía 15 años cuando Mavis y yo nos conocimos en una feria”.

Me muestra una fotografía con su pareja tomada en su aniversario de bodas de rubí, es decir, cuatro décadas juntos. “Todavía nos cuida a todos”, dice.

A Brian puede que le ocurra como a su madre, Gertrude, que vivió hasta los 102 años.

Al igual que su camión, Brian tiene que pasar por un control de salud completo cada año, y el próximo vence antes de Navidad.

Si su médico de cabecera lo considera apto para trabajar, Brian tiene la intención de continuar durante al menos otro año antes de considerar jubilarse.

“También depende de cómo esté mi mujer”, añade.

Otros transportistas hablan muy bien de él.

De vuelta en la cabina de su camión, Brian reconoce que habrá algunos que crean, a los 90 años, que es demasiado mayor para conducir un automóvil y mucho menos un camión.

“Lo sé, lo sé”, dice, mirando por la ventana. “Pero sabré cuando sea el momento”.

“Es un sorteo quién se retirará primero”, agrega Brian. “Si el camión o yo”.

Te puede interesar: Así han cambiado las edades y montos de pensión para adultos mayores los últimos cuatro sexenios


Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
FOTOS: Eréndira Aquino

En nueve meses, mil personas en situación de calle murieron en México, señala ONG; atropellamiento y asesinato, mayores causas

En su informe de este año, la organización El Caracol documenta que en 899 de estos fallecimientos las personas quedaron como desconocidas. Activistas buscan visibilizar estos casos y la violencia que sufren estas poblaciones.
FOTOS: Eréndira Aquino
11 de noviembre, 2022
Comparte

Hermelinda tenía 31 años, era originaria de Hidalgo y vivía en las calles de la Ciudad de México desde los 14 años. Amigos y conocidos, quienes la llamaban “Herme” o “Chinita”, recuerdan que la última vez que la vieron con vida fue el 5 de junio de 2021, cuando aceptó la invitación para ir a un albergue y subió a una camioneta, en la zona del Centro Histórico. Ocho meses después, la asociación El Caracol se enteró de que murió, sin que al día de hoy se conozcan las causas.

“Herme no quería llegar a una fosa común”, comenta en entrevista Luis Enrique Hernández, director de El Caracol. La asociación, dedicada a apoyar a poblaciones callejeras con trámites legales y educación en materia de derechos humanos, realiza desde hace más de una década un conteo anual de fallecimientos de personas sin hogar. Para el periodo de enero a septiembre de 2022, la de Hermelinda fue una de las mil registradas

Pese a que el fallecimiento de Hermelinda se dio en el contexto de su ingreso en un albergue, aún no hay explicación sobre lo ocurrido. De acuerdo con Hernández, debido a que no tenía papeles y no fue reclamada por algún familiar, la mujer llegó al Instituto de Ciencias Forenses (Incifo) como una desconocida, donde no le practicaron autopsia ni permitieron a sus conocidos recuperar su cuerpo para que no terminara en la fosa común.

Según el último censo oficial realizado en la CDMX sobre la situación de las poblaciones callejeras, en 2018, el 22% de las 6 mil 754 personas que vivían en las calles no contaba con documentos de identidad. Hoy, se desconoce cuántas se encuentran en esta situación, que las pone en riesgo de morir sin tener posibilidad de ser reconocidas ni reclamadas.

De las mil personas de poblaciones callejeras cuyo fallecimiento fue registrado por El Caracol en el país entre enero y septiembre de 2022, 899 murieron como desconocidas. Lo único que se sabe de ellas es que el 83.4% eran hombres y el 11.1% mujeres.

En el caso de la CDMX, donde la organización tiene su sede, Hernández señala que se registraron 84 muertes, de 64 hombres y 12 mujeres. La mayoría ocurrió en las alcaldías Cuauhtémoc (21), Iztapalapa (12), Gustavo A. Madero (10) y Venustiano Carranza (9).

Accidentes de tránsito y violencia letal

De los casos con los que se cuenta información sobre las causas de muerte en la CDMX, las principales fueron los accidentes de tránsito (9), riñas y agresiones (9), hipotermia (6) y suicidio (5).

Lee: Poblaciones callejeras ante la COVID-19

Al desagregar los datos por sexo, la asociación encontró que el 33.3% de los fallecimientos de mujeres fue cometido con violencia feminicida y que el 26.73% de los hombres fue asesinado de manera intencional. En ningún caso se tiene registro de que haya personas detenidas o sentenciadas por estos delitos.

“Aunque se cuenta con poca información, lo relevante es que con estos datos existe la posibilidad de visibilizar que quienes viven en la calle están muriendo por eventos vinculados a la violencia, lo que nos invita a reflexionar cómo impulsar acciones para que se reconozca el fenómeno y que estas personas puedan ser recordadas, y como dicen sus propios compañeros, también puedan ser lloradas, como cualquiera en una situación similar”, dice Hernández.

Los datos de la campaña “Chiras Pelas Calacas Flacas” fueron presentados el miércoles por El Caracol en un foro, en el que la organización hizo un llamado a las autoridades a trabajar a favor de las poblaciones callejeras, quienes siguen muriendo por “causas excesivamente prevenibles vinculadas con el estado de pobreza y precariedad por el que pasan en vida”.

Durante el encuentro, el director de El Caracol destacó que hasta ahora no hay política pública a nivel local o nacional para atender a las poblaciones callejeras, más allá del ofrecimiento de ir a albergues, espacios a los que muchas personas se niegan a ir, porque denuncian que están en malas condiciones o que reciben malos tratos.

“El único trabajo de prevención que hay, hasta ahora, es el que tenemos con la campaña, que nos acerca con ellos para platicar sobre los riesgos que hay para la población en las calles, lo que sirve para implementar modelos de reducción de daños. En pandemia, por ejemplo, hablamos de la importancia de las vacunas, y de manera permanente tocamos el tema de consumo de drogas o de la violencia y sus derechos”, agregó.

El miedo de terminar en la fosa común

Entre los especialistas que acudieron al foro se encontraba Rosalinda Rodríguez, quien habló sobre su experiencia viviendo en la calle. Salió de su casa en Acapulco, Guerrero, a los 13 años, donde sufrió maltrato físico y abuso sexual durante su infancia. Desde entonces, hizo de las avenidas de la CDMX su hogar y ahí vio morir a más de uno de sus compañeros.

“Cuando los chavos están lesionados o se ponen mal, pasa que pedimos ambulancias, pero estas no llegan. La gente es indiferente cuando un chavo de la calle se muere, siempre nos hacen a un lado, pero entre nosotros somos como una familia, para mí son mis hermanos, primos y tíos, y es por eso que cuando alguien muere nos importa recuperar el cuerpo, para que no vayan a la fosa común”, explicó.

Rosalinda forma parte del 1% de las personas que, según El Caracol, consigue salir de la vida en las calles. Con apoyo de la asociación, logró tramitar sus documentos de identidad, y pudo rentar un cuarto donde ahora vive con sus dos hijas. Pese a ello, la mujer dijo a los asistentes al foro que el miedo de terminar en la fosa común la acompaña todavía.

“El Caracol me ayudó a salir de las calles con mis hijas. Pero para mí es difícil buscar un trabajo para sostener esta vida, y yo estoy enferma… la verdad es que tengo miedo, miedo de dejar a mis hijas y que tengan que pasar por lo mismo que yo viví, y que a mí me avienten a una fosa común porque no tengo más familia”, expresó.

Es por eso que, además de dedicarse a vender tacos de canasta y limpiar parabrisas, continúa colaborando de cerca con El Caracol y convive con quienes fueron sus compañeros de vida en las calles, a quienes apoya para tratar de recuperar los cuerpos de quienes mueren sin identidad.

“Cuando vives en las calles los conoces de cerca, sus cicatrices, tatuajes, sus nombres y apodos. A veces es eso lo único que nos permite acreditar que son ellos cuando sus cuerpos son trasladados por las autoridades forenses y hay que reclamarlos en el Ministerio Público, aunque en los últimos años ha sido imposible recuperarlos. Cada vez hay más requisitos”, agregó.

Al respecto, Hernández indicó que en los últimos tres años la asociación no ha logrado la recuperación de cuerpos de personas en situación de calle. Anteriormente, bastaba con demostrar que la persona tenía una red de conocidos que reclamaban el cadáver, pero ahora se exige la presentación de un familiar.

Ante esta situación, este año la asociación decidió realizar un homenaje a aquellas personas de poblaciones callejeras que han fallecido en la CDMX colocando cruces con sus nombres en los lugares donde se han registrado la mayoría de las muertes.

En inmediaciones de las estaciones del Metro Juárez, Cuauhtémoc, Candelaria, Tasqueña, Garibaldi y La Raza, donde se concentran grupos de personas de poblaciones callejeras, fueron colocadas cruces negras en las que se lee: “En memoria de todas las personas que habitaron la calle y perdieron la vida. Siempre los vamos a recordar”.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.