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Nigerian Police

La "casa de la tortura" en la que retenían encadenados y esclavizados a más de 500 hombres y niños

Casi 500 hombres y niños permanecían cautivos en una casa en una localidad del norte de Nigeria. Cuando los encontró la policía muchos habían sufrido torturas o abusos sexuales y estaban encadenados y muertos de hambre.
Nigerian Police
27 de septiembre, 2019
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Eran hombres y niños de todas las edades. Algunos estaban encadenados, sin poder moverse, y muchos tenían marcas de tortura.

La policía nigeriana rescató a casi 500 personas de un edificio en la ciudad de Kaduna, al norte del país, donde habían sido detenidas contra su voluntad.

El jefe de policía del estado, Ali Janga, le dijo al periodista de la BBC, Ishaq Khalid, que la casa fue allanada después de que las autoridades recibieran un aviso alertando de actividades sospechosas.

Lo que se encontraron las fuerzas de seguridad al entrar, dice Janga, era una “casa de tortura” y cree que este es un caso de esclavitud.

Muchos de los niños tenían cadenas de metal alrededor de los tobillos.

Los detenidos, no todos de nacionalidad nigeriana, dijeron que habían sido torturados y que habían abusado sexualmente de ellos.

Además estaban hambrientos y sus captores les impedían salir.

En algunos casos estuvieron encerrados durante varios años.

Mapa

BBC

¿Escuela coránica?

Lo que no está claro es cómo llegaron allí.

Algunos de los niños le dijeron a la policía que sus familiares los habían llevado allí creyendo que el edificio era una escuela coránica.

Bello Hamza, uno de los hombres liberados, dijo que fue engañado por su familia que lo llevó al centro para poder quedarse con parte de una herencia que le correspondía.

“He pasado tres meses aquí con cadenas en mis piernas. Se supone que debo seguir mi maestría en la Universidad de Pretoria, en Sudáfrica. Obtuve la admisión para estudiar Matemáticas Aplicadas, pero aquí estoy encadenado”, declaró a la agencia de noticias Reuters.

“Afirmaban que nos están enseñando el Corán y el Islam, pero hacen muchas cosas aquí. Abusan de los más jóvenes con prácticas homosexuales”, afirmó.

“Se supone que este es un centro islámico, pero tratar de huir de aquí traía castigos severos”.

Ataban a las personas y las colgaban del techo por eso. Pero tener relaciones homosexuales no tenía castigo”, dijo Hamza.

Liberados

Nigerian Police
Con grilletes en manos y piernas, así se encontró la policía a muchos hombres y niños de esta “casa de los horrores”.

Ocho sospechosos han sido arrestados.

Las personas liberadas fueron llevadas a un estadio en Kaduna para ser atendidos mientras se lleva a cabo una investigación para encontrar a sus familias y se les realizan exámenes médicos y psicológicos.

Menores llegados de todos sitios

“Hemos identificado a dos de los niños que vinieron de Burkina Faso, mientras que la mayoría del resto fueron traídos por sus padres desde todos los estados del norte de Nigeria”, dijo un portavoz de la policía a Reuters.

También se identificaron algunos menores llegados de Mali y otros países africanos.

Afirmó además que los arrestados eran maestros en la escuela.

Una de las personas liberadas

Getty Images
Algunos de los liberados presentaban heridas en el cuerpo.

Las escuelas islámicas, conocidas como Almajiris, son comunes en todo el norte musulmán de Nigeria, un país que se divide de manera más o menos equitativa entre el cristianismo y el islam.

“Durante mi corta estadía aquí, alguien murió como resultado de la tortura. Otros murieron antes de mi llegada debido a problemas de salud y tortura”.

“Nos daban muy poca comida. Solo comíamos dos veces al día, a las 11 de la mañana y a las 10 de la noche”, contó Hamza a la agencia.

“Estas personas están siendo utilizadas, deshumanizadas”, afirmó el portavoz de la policía.

“El hombre que dirigía esta casa afirmó que los padres habían traído voluntariamente a sus hijos para rehabilitación. Pero, a juzgar por lo que hemos visto, este no es un centro de rehabilitación. Ningún padre razonable traería a sus hijos a este lugar”, dijo.


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Guerracruz, la cartografía de un estado violento, corrupto y de fosas (capítulo de regalo)

El libro además de narrar las violencias que envuelven a Veracruz, resalta el trabajo de las madres que, fosa tras fosa, van en busca de sus desaparecidos.
5 de octubre, 2019
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“Escribir este libro fue una catarsis”, es lo que dijo Violeta Santiago, periodista y autora del libro Guerracruz, quien a sus 24 años de edad le ha tocado documentar, desde 2014, las desapariciones forzadas a manos de policías, cometidas contra decenas de personas en su estado natal Veracruz.

El libro es el resultado de una cartografía de la violencia en Veracruz, que narra los hechos  ocurridos en el norte, centro y que termina hasta la última playa del estado.

“No hay espacio que se haya salvado”, dice la autora.

En Guerracruz, Violeta dedica un capítulo a las familias de los desaparecidos para narrar quiénes y cómo eran las personas que desaparecieron, además de contraponer la versión oficial.

“Descubres que son personas que tenían sueños y aspiraciones, que tuvieron fracasos y necesidades. Hasta que descubres que se los llevan por error y que sus captores fueron policías del estado”, mencionó.

Detrás de la historia de las víctimas está una familia. Una madre que ante la falta de respuesta o información sobre su hijo o hija sale a buscarlos con la esperanza de encontrarlos, así es como nacen los colectivos de madres buscadoras.

“Los colectivos son algo conmovedor. La mayoría está compuesto y liderado por mujeres que fueron arrancadas de su entorno, como profesionistas o madres de familia y ahora se vuelven expertas en antropología forense”.

Para Violeta la forma en que las madres buscan a sus hijos se vuelve una imagen conmovedora y estremecedora por los contextos en los que averiguan sus paraderos, ejemplo de esto ocurre en la zona sur de Veracruz, donde los cuerpos los arrojan a los pozos.

“Son espacios tan angostos donde las madres se meten con equipo para ver y buscar los restos para identificar a sus hijos”.

Violeta también reporteo las fosas clandestinas. En esos tiempos, aún no entraba en vigencia el nuevo sistema penal acusatorio, así que, permitían que los reporteros estuvieran bastante cerca de los espacios.

“Si estabas en fosa, te acordonaban la zona con 4 palos y podías estar cerca de ahí y ver todo. Cuántos cuerpos sacaban, cómo se los llevaban. En Veracruz, los servicios periciales son pésimos. No tienen equipo. No tienen morgues. Son las funerarias locales las que hacen los trabajos y muchas veces, no traen ni guantes o ropa apropiada. Además, ahora a los periodistas los limitan a 100 o 200 metros de la fosa”.

Hacer periodismo en Veracruz se volvió un ejercicio difícil y peligroso, se convirtió en el estado más letal para la prensa. “Es un miedo constante que se refleja en tu salud física y emocional”, señaló la autora.

En el caso de algunos de sus compañeros, cuenta, dejaron de cubrir temas de violencia, nota roja o seguridad. Dejaron de salir de noche y realizar actividades que les causaban placer por temor a ser atacados. Otros cambiaron sus rutinas.

En ese contexto es donde Violeta desarrolla gran parte de la reportería de este libro, el cual con autorización de la autora, Editorial Aguilar y Penguin Random House, te regalamos su primer capítulo.

 

 

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