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Chernóbil: Cómo las plantas se adaptaron y sobrevivieron a la radiactividad

Casi toda la vegetación de la zona afectada sobrevivió al desastre nuclear. E incluso en las áreas más radiactivas, la flora se recuperó en tres años. Pero ¿qué tienen las plantas para que hayan podido adaptarse a un entorno como ese?
7 de agosto, 2019
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Chernóbil se convirtió en sinónimo de catástrofe.

El desastre nuclear de 1986, revivido recientemente a través de la serie de televisión que lleva el mismo nombre, causó cánceres en miles de personas, trasformó una zona poblada en una ciudad fantasma y se creó un área de exclusión de 2.600 kilómetros cuadrados.

Pero la zona de exclusión de Chernóbil no está desprovista de vida. Lobos, jabalíes y osos, entre otras especies, regresaron a los frondosos bosques que rodean la antigua planta nuclear en el norte de Ucrania.

Y cuando se trata de vegetación, toda, excepto la vida vegetal más vulnerable y expuesta, sobrevivió. Incluso en las zonas más radiactivas, la vegetación se recuperó en tres años.

En las mismas zonas donde las plantas recibieron radiación, los seres humanos, otros mamíferos y aves hubieran muerto mucho más rápido.

¿Por qué la vida vegetal es tan resistente a la radiación y al desastre nuclear?

Efectos de la radiación en las células

Un cartel que señala radiación en Chernóbil.

Getty Images
Está prohibido ingresar a vastas áreas de Ucrania y Bielorrusia por la contaminación radiactiva, pero la vida vegetal allí está floreciendo.

Primero debemos entender cómo la radiación de los reactores nucleares afecta a las células vivas.

El material radiactivo de Chernóbil es inestable porque arroja constantemente partículas y ondas de alta energía que destruyen las estructuras celulares o producen sustancias químicas reactivas que atacan la maquinaria de las células.

La mayoría de las partes de la célula son reemplazables si están dañadas, pero el ADN es una excepción crucial.

Cuando las dosis de radiación son altas, el ADN se confunde y las células mueren rápidamente.

Unas dosis más bajas pueden causar un daño más sutil en forma de mutaciones que alteran la manera en que funciona la célula; por ejemplo, causando que se vuelva cancerosa, se multiplique sin control y se propague a otras partes del cuerpo.

En los animales esto suele ser fatal, porque sus células y sistemas son altamente especializados e inflexibles.

La biología animal es como una máquina compleja en la que cada célula y órgano tiene un lugar y un propósito, y todas las partes deben trabajar y cooperar para que el individuo sobreviva.

Un humano no puede manejar sin un cerebro, corazón o pulmones.

Flexibilidad vegetal

Imagen de un helicóptero frente a un reactor nuclear.

Getty Images
La explosión del reactor en Chernóbil provocó la muerte inmediata de 54 personas, pero la radiación que emitió causó la muerte de muchas más con el tiempo.

Las plantas se desarrollan de una manera mucho más flexible que los animales.

Como no pueden moverse, no tienen más remedio que adaptarse a las circunstancias en las que se encuentran.

En lugar de tener una estructura rígida como la de un animal, las plantas se van formando a medida que se desarrollan.

Si crecen con raíces más profundas o se crea un tallo más alto depende del equilibrio de las señales químicas de otras partes de la planta y de las especies cercanas. También influyen las condiciones de la luz, temperatura, agua y nutrientes.

A diferencia de las células animales, casi todas las de los vegetales tienen la capacidad de crear nuevas células de cualquier tipo que la planta necesite.

Esta es la razón por la cual un jardinero puede cultivar nuevas plantas a partir de gajos, con raíces que brotan de lo que alguna vez fue un tallo u hoja.

Vegetación en Chernóbil

Getty Images
El ADN de las plantas funciona de forma muy diferente al de los animales.

Esto significa que las plantas pueden reemplazar las células o tejidos muertos mucho más fácil que los animales, ya sea por el daño provocado por un ataque de un animal o por la radiación.

Y aunque la radiación puede causar tumores en los vegetales, las células mutadas no se propagan de una parte de la planta a otra como lo hacen los cánceres.

Se debe a las paredes rígidas e interconectadas que rodean a las células del vegetal.

Además, los tumores tampoco son fatales en la gran mayoría de los casos, ya que la planta puede encontrar formas de solucionar el mal funcionamiento del tejido.

Además de esta resistencia innata a la radiación, parecen que algunas plantas de la zona de exclusión de Chernóbil están utilizando mecanismos adicionales para proteger su ADN, cambiando su química para hacerla más resistente al daño y activando los sistemas para repararla si esto no funciona.

Los niveles de radiación natural en la superficie de la Tierra eran mucho más altos en el pasado, cuando las primeras plantas estaban evolucionando, por lo que los vegetales de la zona de exclusión pueden recurrir a adaptaciones que se remontan a ese tiempo para sobrevivir.


El Bosque Rojo de Chernóbil – Por Richard Gray

Bosque rojo de Chernóbil.

Getty Images
Los árboles se volvieron rojos luego de envenenarse con radiación.

Como consecuencia del accidente de Chernóbil, una gran extensión de bosque de coníferas cercana a la central se volvió de un color naranja intenso y murió a medida que los altos niveles de radiación cubrían el área.

El área de densa vegetación, de entre 4 y 6 km², fue bautizado el Bosque Rojo debido al color que los árboles tomaron cuando las plantas se envenenaron. La zona se convirtió en un páramo.

Pero en 30 años, el Bosque Rojo se regeneró casi por completo, con árboles de hoja caduca como el abedul plateado que ocupan el lugar que una vez fue de los pinos.

Un reciente estudio con aviones no tripulados reveló que el Bosque Rojo todavía tiene puntos calientes con altos niveles de radiación.

Aunque un gran incendio en 2016 destruyó gran parte del bosque, las imágenes de los aviones no tripulados revelan que los árboles, los pastos y otras plantas están floreciendo a pesar de la contaminación radioactiva.


Resurgimiento

La vida está prosperando en Chernóbil.

Las poblaciones de muchas especies de plantas y animales son ahora más grandes de lo que eran antes del desastre.

Un caballo salvaje frente a la vegetación y a un edificio abandonado en Chernóbil.

Getty Images
La vida salvaje volvió a ocupar los terrenos abandonados alrededor de Chernóbil.

Dada la trágica pérdida de vidas humanas asociadas con Chernóbil, este resurgimiento de la naturaleza puede parecer una sorpresa.

Está demostrado que la radiación tiene efectos dañinos en la vida de las plantas, y puede acortar su duración en animales y vegetales.

Pero si los recursos que sustentan la vida son lo suficientemente abundantes y la cantidad de radiación no es fatal, la vida florecerá.

Los efectos de la carga radioactiva en Chernóbil fueron menos perjudiciales para la naturaleza que si el ser humano hubiera permanecido en el lugar, y eso es algo crucial.

Ahora, convertida en una de las reservas naturales más grandes de Europa, el ecosistema que rodea la central destruida tiene más vida que antes, incluso si cada ciclo individual de esa vida dura un poco menos.

Zorro en Chernóbil.

Getty Images
El ecosistema que rodea la central destruida de Chernóbil es ahora más rico que antes del desastre.

En cierto modo, el desastre de Chernóbil revela la verdadera magnitud de nuestro impacto ambiental en el planeta.

A pesar de lo dañino que fue, el accidente nuclear fue mucho menos destructivo para el ecosistema local que para nosotros.

Al alejarnos del área, hemos creado un espacio para que la naturaleza regrese.

Si quieres leer este artículo en inglés, puedes hacerlo aquí.


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Cuartoscuro

Familias esperan hasta 5 días para incinerar a sus muertos por COVID; hay escasez de insumos

Ante el incremento de muertes por COVID, familiares de fallecidos esperan hasta 18 horas para hacer los trámites, y varios días para que las funerarias se ocupen del cuerpo.
Cuartoscuro
25 de enero, 2021
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Lo peor que te puede pasar no es que enfermes de la COVID. “El verdadero infierno es lo que pasa después”, dice Ernesto. Lo peor es no encontrar un servicio funerario para tu padre, cuyo cadáver aún está en su casa, y que te pidan esperar una semana porque, como tú, hay miles solicitando una incineración. 

En medio de una pandemia que mantiene a México rebasando cada día el máximo número de muertes registradas como nunca antes en los 11 meses de propagación –como el 23 de enero con 1,470 fallecidos en solo 24 horas– la sepultura o incineración dejó de ser el rito final de despedida para convertirse en otra crisis para las familias afectadas. 

Con 82 años, el padre de Ernesto, estuvo en confinamiento durante meses, pero sin saber cómo, enfermó de la COVID en diciembre pasado. Estuvo internado en un hospital, pero mejoró y se mantuvo con suministro de oxígeno en casa. Aunque con miles contagiados buscando el mismo tratamiento, su familia vivió en carne propia lo que significa el aumento en la demanda, costos, y la desesperación por conseguirlo. Esa fue la primera crisis. 

Lee: México se acerca a las 150 mil muertes por COVID: suman 149 mil 614 defunciones

Las siguientes semanas fueron mejores. “Tuvo días lúcido”, pero hace poco más de una semana falleció. A partir de entonces ocurrió lo que Ernesto llama “el infierno”. “Es como un doble sufrimiento. Tienes a un familiar que se murió y luego las complicaciones de tener un cuerpo contagiado”. Comenzó a llamar a funerarias para el proceso de incineración, pero el primer requisito que le pedían era el acta de defunción. 

Sin embargo, al haber fallecido en una casa particular, primero debía ir la autoridad a dar fe y expedir el certificado de defunción. Pero ese trámite tampoco pudo ser rápido. Esperaron casi 18 horas para que lo hicieran y sólo con el documento en mano comenzaron a buscar la funeraria. 

Las siguientes horas fueron terribles, “no hay tiempo ni de llorarle a tu muerto porque sabes que el tiempo se vuelve apremiante y sabes que tienes que solucionar. Esta situación se vuelve una locura”, dice Ernesto. Llamada tras llamada para solicitar el servicio la respuesta era la misma: esperar hasta 10 días para que la funeraria recogiera el cuerpo y le pudieran entregar las cenizas. 

“Cuando hablábamos a crematorios, públicos, privados, todos estaban colapsados. Nos dijeron que no podían ir por el cuerpo, pero estaban tardándose de 8 a 10 días porque la situación que estaban viviendo era muy complicada, porque no había refrigeradores, no había gavetas y aunque los hornos estuvieran trabajando 24/7 no había más capacidad”. 

En una de las llamadas a las funerarias del IMSS, la persona que lo atendió, notó su desesperación; sobre todo porque el cuerpo de su padre no podría esperar una semana en su casa, por la descomposición y por el riesgo de propagación del virus. 

Cuando Ernesto preguntó que si optaba por esperar los 10 días para ser cremado, mientras tanto qué hacía con el cuerpo, le respondieron que “me ayudarían a desmembrar el cuerpo porque aquí no hay capacidad en los refrigeradores. Les indicamos cómo debe ser el cuidado, hermetizamos la bolsa y te indicamos cuando pueden venir, un día antes y se creme”. 

Ernesto no podía creer lo que escuchaba y ahora que lo narra dice entender que esa persona le ofrecía una opción en medio de tantas muertes que ya no se pueden manejar, pero no deja de ser doloroso e increíble. 

Funerarias a tope 

La saturación en los servicios funerarios es real y ya rebasó los niveles de atención de mayo o junio, el punto máximo de fallecimientos en el Valle México. La Asociación Nacional de Directores de Funerarias de México calcula que en promedio, las personas deben esperar entre 4 y 5 días para el servicio de cremación, mientras que en mayo, la espera era de entre 2 y 4 días. 

En entrevista con Animal Político, Francisco Adrián Alvarado Madera, presidente de la Asociación, asegura que además en este punto de la pandemia también empiezan a escasearse los insumos para los ataúdes y las urnas para las cenizas. 

Lee: ¿Cómo evitar que el virus de la COVID-19 entre a casa?

“Los ataúdes pueden ser de metal o de madera y en el país el acero ya traía un déficit, pero ahora, a mayor demanda es difícil obtenerlo. Y los costos de la madera también han aumentado”, explica. 

Entre sus agremiados suman 6 mil funerarias y aún cuando los hornos están trabajando a su máxima capacidad, es decir, trabajan 24 horas sin parar, la espera sigue extendiéndose debido al aumento en el número de muerte. 

Otro elemento que evidencia la saturación es que las funerarias deben tramitar el permiso sanitario para el traslado, inhumación, cremación o internación de cadáveres o restos áridos en las unidades hospitalarias, que prácticamente se solventa de manera inmediata, pero ahora también esperan entre 6 y 8 horas debido a que los fallecimientos se van acumulando. 

También el gobierno capitalino habilitó 4 registros civiles que funcionan las 24 horas para poder expedir las actas de defunción, lo cual al menos agiliza este trámite, pero el problema son los hornos que a esta altura de la pandemia resultan insuficientes para atender la demanda. 

En tanto, los panteones aún no están rebasados, pero “sí trabajan a marchas forzadas también. Hasta ahorita no han cerrado, pero hay filas de carrozas y el tiempo de espera para la inhumación es de un día”, explica Alvarado Madera. 

En el caso de Alberto y su familia, tras horas de desesperación, pudieron encontrar una funeraria pequeña que hizo el servicio en el Estado de México y pudieron recoger el cuerpo en menos de 24 horas, aunque las cenizas las entregaron cuatro días después. 

Un caso similar pasó con Mónica. Recibió las cenizas de su familiar 6 días después “y ni siquiera estamos seguros que sea él. Entre tantas bolsas y cuerpos, ¿se van a asegurar que sea él?”. Pero por ahora, dice, queremos llorarle.

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