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Científicos descubren por qué el estrés te hace tener canas

Un descubrimiento casual durante una investigación con ratones abre la opción a desarrollar un medicamento que retrase la aparición de las canas.
23 de enero, 2020
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Pasan los años y el cuerpo cambia. Es inevitable: tarde o temprano todos los seres humanos terminaremos con la piel más arrugada y, probablemente, con la pérdida parcial de uno u otro sentido.

Pero quizás uno de los signos más evidentes (y simbólicos) de la vejez, está en el cabello: esos pelos blancos que, sin previo aviso, comienzan a aparecer.

Sin embargo, un nuevo experimento llevado a cabo por investigadores estadounidenses y brasileños confirma que no solo la vejez es la culpable de un pelo canoso sino también el estrés.

El estudio -publicado en la revista Nature– explica por qué esta condición mental afecta el color del cabello y rebela una potencial solución para frenar la temida aparición de las canas.

¿Cómo hicieron el experimento?

Fue un hallazgo casual. Científicos de las universidades de Sao Paulo y Harvard estaban experimentando con ratones cuando notaron que, tras un intenso estrés, las células madre que controlan el color de la piel y el cabello, se habían dañado.

En cuestión de semanas, los ratones de pelaje oscuro se volvieron completamente blancos.

Ratón con pelo blanco

William A Goncalves
En cuestión de semanas, los ratones de pelaje oscuro comenzaron a mostrar pelos blancos.

La explicación detrás de esto, es más o menos así: el dolor en los ratones provocó la liberación de adrenalina y cortisol, haciendo que sus corazones latieran más rápido y la presión arterial aumentara, afectando el sistema nervioso y causando un estrés agudo.

Este proceso aceleró el agotamiento de las células madre que producían melanina en los folículos capilares. Y, así, el pelo se les puso blanco.

“Ahora sabemos con certeza que el estrés es responsable de este cambio específico en la piel y cabello, y cómo funciona”, explicó a BBC el profesor Ya-Cieh Hsu, autor de la investigación de la Universidad de Harvard.

El académico aseguró que el impacto perjudicial del estrés fue “más allá de lo que imaginaba”.

“Esperaba que el estrés fuera malo para el cuerpo”, dijo. “Pero después de unos pocos días, se perdieron todas las células madre regeneradoras de pigmento”, agregó.

El académico afirmó que, una vez que se pierden estas células madre, ya no se puede volver atrás. “El daño es permanente”, dijo.

¿Se puede retrasar la aparición de canas?

El hallazgo fue sorpresivo para los investigadores pues no tenían claro cómo el estrés podía afectar realmente los pelos de nuestras cabezas.

Mujer con canas

Getty Images
La investigación abre la opción a crear una fórmula para retrasar la aparición de canas.

Tras la investigación, aseguran que vale la pena explorar más sobre esta materia para desarrollar un medicamento que evite la pérdida de color del cabello debido al envejecimiento.

Las canas en hombres y mujeres pueden aparecer en cualquier momento a partir de los 30 años. El envejecimiento y los genes han sido los dos factores que, hasta ahora, se conocían que afectaban su posible aceleramiento.

En otro experimento, los investigadores descubrieron que podían bloquear los cambios dándoles a los ratones un antihipertensivo, que reduce la presión arterial alta.

Y al comparar los genes de los ratones que sintieron dolor con los de otros ratones, identificaron la proteína involucrada en causar daño a las células madre por el estrés.

Cuando se suprimió esta proteína -llamada Quinasa Dependiente de Ciclina (CDK, por sus siglas en inglés)-, el tratamiento evitó un cambio en el color de su pelaje.

Esto deja la puerta abierta para que los científicos ayuden a retrasar la aparición de canas atacando a la proteína CDK con un medicamento.

“Nuestro descubrimiento, realizado en ratones, es solo el comienzo de un largo viaje para encontrar una intervención para las personas”, afirmó Ya-Cieh Hsu.

“También nos da una idea de cómo el estrés podría afectar muchas otras partes del cuerpo”, concluyó.


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Aline Suárez del Real, GPJ México

El ixtle, una fibra que está de vuelta como una alternativa ecológica al plástico

Las personas artesanas que producen la fibra natural tienen sentimientos encontrados debido a este auge.
Aline Suárez del Real, GPJ México
Por Aline Suárez del Real / Global Press Journal
3 de octubre, 2021
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CARDONAL, MÉXICO — Plácido Paloma pone una penca de maguey sobre un leño y la raspa con un cuchillo largo y ancho. El rostro y los brazos se le tensan, pero talla con la eficiencia y la delicadeza suficientes para quitar la pulpa verde de la planta de maguey, un tipo de agave, y dejar a la vista un conjunto de fibras blancas conocidas como ixtle.

Paloma se siente orgulloso de su trabajo. Es integrante del grupo Wäda, un colectivo de 14 personas artesanas del pueblo de Cardonal, Hidalgo, en el centro de México, que desde 2013 trabaja para preservar el idioma, las tradiciones y los conocimientos ancestrales del pueblo hñahñu, el quinto grupo indígena más grande del país.

Desde la época prehispánica, los hñahñu, también conocidos como otomíes, han poblado el Valle del Mezquital, al norte de la Ciudad de México, y han aprovechado el ixtle para hacer bolsas, cepillos, ropa y otros artículos. El grupo también toma su nombre de la planta: “wäda” significa maguey en la lengua hñahñu.

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Los productos de ixtle eran comunes en todo México hasta mediados del siglo XX. No obstante, a partir de la década de 1970, el ixtle dejó de estar de moda y fue reemplazado por productos plásticos, cuya producción era menos costosa. Pero ahora, el ixtle está de vuelta como una alternativa ecológica al plástico, sobre todo después del éxito que han tenido las iniciativas locales para prohibir las bolsas de plástico desechables en al menos 23 estados mexicanos en los últimos años. En la Ciudad de México, esta prohibición entró en vigor el año pasado.

“Las bolsas de ixtle pueden ayudar a sustituir a las de plástico como se usaba antes”, señala Raúl Zárate, vendedor de productos sustentables en el Estado de México.

Sin embargo, para integrantes del grupo Wäda, la renovada popularidad del ixtle ha planteado nuevos retos. Por ejemplo, hace poco, el representante de una importante empresa nacional se acercó al grupo para pedir 8,000 bolsas de ixtle, dice Antonia Doñú, quien forma parte del colectivo.

“Dijimos que no, nuestra producción no es industrial. Para realizar un pedido de ese volumen, tendríamos que sobreexplotar la tierra”, explica Doñú.

En lugar de expandirse para satisfacer la demanda del mercado, el grupo Wäda trabaja de acuerdo con lo que el medio ambiente permite. Por lo general, una planta de maguey tarda de ocho a 15 años en madurar lo suficiente para poder extraer el ixtle, y la cantidad que puede sacarse del maguey de forma sostenible determina cuántos artículos se pueden elaborar. Con estas limitaciones, no es posible que el ixtle sea un sustituto absoluto de las bolsas de plástico, al menos no en un corto plazo.

Esta tensión destaca una contradicción en el centro del movimiento a favor de los productos sustentables, dice Lissete Montealegre, residente de la Ciudad de México y propietaria de una tienda de basura cero (zero waste) que vende productos de ixtle.

“El movimiento zero waste sí ha tenido mucho que ver con el rescate de materiales y fibras naturales, pero siento que es un tema que tiene dos caras: por un lado estamos apoyando su rescate, pero por otro, su explotación”, asegura Montealegre.

Lee: ¿Pueden los cascarones de huevo salvar a uno de los ríos más contaminados de México?

Montealegre expresa que siempre les da prioridad a las personas artesanas antes que a la clientela. Al hacer los pedidos, les pregunta si la solicitud del cliente es viable, y trata de educar a quienes compran y establecer expectativas realistas sobre la rapidez con la que se pueden fabricar y entregar los productos. Usualmente, los pedidos grandes con plazos de entrega muy cortos no se adaptan a este marco de trabajo sustentable, explica Montealegre. Formar parte del movimiento de basura cero significa dar prioridad al medio ambiente por encima de las oportunidades.

Para preservar sus tradiciones de forma sostenible, el grupo Wäda y otras personas artesanas independientes trabajan en conjunto con la Secretaría de Cultura de Hidalgo que ha aportado recursos económicos y apoyos para promocionar su trabajo. En 2018, con asesoría y gestión de diversas fundaciones, el grupo Wäda abrió un taller y un espacio de exhibición en Cardonal, donde llevan a cabo clases y eventos para la promoción y divulgación de su conocimiento y costumbres. Antes de la pandemia, las personas artesanas de la región también colaboraban con la Secretaría de Cultura en la organización de eventos públicos y muestras en Hidalgo y en otras zonas del país, donde exponían sus tradiciones y productos.

“El pueblo otomí de Hidalgo del Valle del Mezquital habita una zona semiárida. Ellos representan la gran adaptabilidad, y uno de los grandes elementos con los que han sobrevivido es el maguey, que es una planta sagrada para ellos”, afirma Raúl Guerrero, coordinador del programa de patrimonio de la UNESCO en la Secretaría de Cultura de Hidalgo.

Esas formas de adaptabilidad y de ingenio ofrecen una lección para toda la comunidad, dice Paloma, incluso si el ixtle no se puede producir a escala industrial. “Es necesario transmitir nuestros saberes sobre el maguey y las artesanías”.

 

Esta historia fue publicada originalmente por Global Press Journal. https://globalpressjournal.com/americas/mexico/plastic-is-out-ixtle-is-in/es/ 

Global Press Journal es una premiada publicación internacional de noticias con más de 40 oficinas de noticias independientes en África, Asia y América Latina.

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