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5 claves para conseguir tus ambiciones en el trabajo (y cómo evitar que se vuelvan tóxicas)

En las empresas ser ambicioso suele ser una característica positiva que te permite escalar posiciones y conseguir tus metas. Pero la ambición también tiene una lado oscuro que puede transformarla en un arma de doble filo.
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16 de septiembre, 2019
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La ambición en el mundo corporativo es una de las cualidades más requeridas para el éxito profesional.

Muchos de los ejecutivos que ocupan un cargo de alta jerarquía han sido motivados por la ambición de conseguir lo que se han propuesto.

Pero cuidado: también puede ser un arma de doble filo.

Entre quienes promueven las actitudes ambiciosas está Rachel Bridge, autora del libro “Ambición: por qué es bueno querer más y cómo conseguirlo”.

“Es como poner una bandera en la tierra, dejar una marca”, le dice a la BBC.

“Todas las grandes cosas que han ocurrido en el mundo han sido motivadas por la ambición de alguna persona”, apunta.

Muchas investigaciones en psicología motivacional arrojan luces sobre cómo conseguir tus ambiciones en el trabajo y también en la vida.

Peter Gollwitzer, psicólogo de la Universidad de Nueva York, de Estados Unidos, ve la ambición como una forma de comprometerse con lo que se quiere conseguir y, para eso, dice que es importante focalizarse en objetivos específicos y no tratar de abarcar demasiado.

Hombre mirando por la ventana

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Algunos expertos recomiendan afinar el foco y evitar tener demasiadas metas.

“Si tienes demasiadas metas en distintas áreas, no te vas a sentir feliz. Estarás molesto la mayor parte del tiempo”.

Mientras que para Neel Burton, profesor de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, una manera de evitar que te consuma la ambición es reconocer que hay una vida más allá de lo que te has propuesto como objetivo.

Luego de entrevistar a varios expertos, estos son 5 pasos que puedes seguir para conseguir tus ambiciones en el trabajo (sin morir en el intento).

Paso 1: Gratitud

“La ambición es menos tóxica cuando, incluso sin ella, la vida aún merece ser vivida”, dice Burton.

Básicamente, se refiere a apreciar las cosas buenas del pasado y del presente, sin que la ambición te destruya internamente.

“Vivir con ambición puede ser vivir con miedo y ansiedad, salvo que esa ambición sea aliviada con gratitud”, agrega.

Paso 2: Compromiso

“Si tienes ambición es clave que te comprometas”, explica Peter Gollwitzer.

“No puedes plantearte un objetivo y sentarte a esperar que ocurra”.

Mujer saltando entre dos rocas

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“Si tienes una ambición es clave que te comprometas”, dice Peter Gollwitzer, psicólogo de la Universidad de Nueva York.

“Tienes que actuar y para eso lo mejor es diseñar un plan”, explica.

Otro aspecto importante, agrega, es evitar la dispersión.

“Si te comprometes con demasiadas metas en distintas áreas, no te vas a sentir feliz. Estarás molesto la mayor parte del tiempo”.

Paso 3: Discreción

“Ten cuidado con decirle a la gente sobre tus ambiciones”, argumenta Gollwitzer.

Puede ser que cuentes la historia de la nueva meta que te has propuesto y que la gente reconozca tu intención.

El problema con eso, explica, es que varios estudios en psicología motivacional han demostrado que algunas personas se sienten satisfechas con ese reconocimiento y dilatan la puesta en práctica de los pasos para conseguirla.

Hombre con traje en la calle

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En algunos casos vivir con ambición puede llevarte a vivir con miedo y ansiedad.

“Si la gente te reconoce, puedes llegar a creer que lo lograste y darte un descanso”.

En definitiva, es mejor evitar los elogios mientras estás tratando de alcanzar el objetivo.

“Incluso el solo hecho de hablar de tu intención de lograr algo reduce tu energía para lograr el objetivo”, sostiene el experto.

“Haz las cosas, no hables”.

Paso 4: Elige bien a tu pareja

A primera vista elegir bien a tu pareja podría parecer algo que no está directamente relacionado con la ambición laboral.

Nada más alejado de la realidad. Algunos estudios muestran que la decisión de tener o no tener hijos y las características de la persona que tienes a tu lado, influyen en el desarrollo de tu carrera.

El punto es que muchas personas, cuando se convierten en padres, redefinen las prioridades de su vida y le dan menos importancia a la progresión de su carrera.

Eso no quiere decir que las personas con hijos son menos ambiciosas, pero lo que se ha demostrado es que muchas veces cambian o adaptan su enfoque.

Familia

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La familia influye directamente en tus ambiciones laborales.

Por otro lado, es común que los hombres y las mujeres con altos cargos directivos tengan una pareja que no está empeñada en escalar lo más alto posible dentro de una empresa.

Aunque no es imposible, es difícil encontrar dos directores ejecutivos de grandes firmas viviendo juntos.

En ese sentido, es más fácil que prospere una relación entre un ambicioso o una ambiciosa, con alguien cuyas metas laborales no son el centro de su vida.

Paso 5: Disfruta de tu ambición o cámbiala

“Si no disfrutas tratando de conseguir una meta, no lo hagas”, dice la autora Rachel Bridge.

“Puedes terminar sintiéndote como esos ratones que corren y corren en el mismo lugar”.

La sociedad donde vivimos nos impulsa a conseguir un mejor salario, una mejor posición, un mejor trabajo, explica.

“Pero las cosas se pueden complicar si se te olvida por qué estás tratando de conseguir lo que quieres”.

¿Es malo ser ambicioso?

Depende. Puede ser positiva cuando te impulsa a conseguir tus metas, pero negativa si te domina.

Neel Burton dice que la ambición se relaciona con el reconocimiento, con el deseo de distinguirse por sobre los demás.

Trabajadores en oficina

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Hay personas ambiciosas que viven constantemente frustrados.

Pero, “si fuéramos la última persona que queda en la Tierra, ser ambicioso tendría poco sentido o ninguno”.

El investigado de Oxford sostiene que las personas muy ambiciosas suelen ser sensibles al fracaso y por eso experimentan “una constante insatisfacción o frustración”.

“La gente ambiciosa siempre quiere más. Y nunca consiguen su objetivo, porque cuando lo logran, inmediatamente crean otro más alto”.

¿Qué pasa cuando lo que ambicionas no está en el trabajo?

No toda la ambición es laboral. También existe la ambición por otro tipo de vida fuera de los muros de una oficina.

Joe Udo, ingeniero, dejó su carrera a los 38 años para convertirse en un padre que está en la casa y un bloguero.

“Estaba estresado. El trabajo estaba afectando mi salud física y mental”, dice.

“La cultura corporativa esta hecha para promover la ambición y creo que la ambición es buena para mucha gente, pero no para mí”.

*Este artículo es una adaptación de un episodio del programa de radio de la BBC Business Daily.


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La pandemia provoca que niños con epilepsia se queden sin medicamento en México 

El laboratorio que produce el medicamento en México utiliza insumos de importación que no han podido entrar al país por la emergencia sanitaria.
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21 de abril, 2020
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El hijo de Lizeth y Renato, la hija de Lucero, la de Iliana y muchos niños más sufren ataques epilépticos que solo una medicina les ha podido controlar, la Etosuximida. En México no la tienen los servicios de salud pública y únicamente la produce un laboratorio pequeño, llamado Valdecasas. Pero en marzo se toparon con que les dijo que no tenía porque para fabricarla utiliza insumos de importación que no han podido entrar al país por la emergencia sanitaria de la pandemia de COVID-19.

Así que las familias han tenido que buscar otras opciones que económicamente van a hacer un hueco en su economía y no son seguras a futuro: Lucero Estrada pagó 8 mil pesos para comprarla en una farmacia de Estados Unidos, con ayuda de una conocida que se la mandó por paquetería, y Renato Corona y Lizeth Sánchez juntaron donativos, gracias a que la empresa Donas Americanas, de la que es distribuidor, les dio 5 pesos por cada dona de 14 que vendiera, hasta juntar 15 mil para poder pagarle a un distribuidor de Monterrey que tiene permisos para importarla también de ese país.

Pero estas reservas les van a durar tan solo uno y dos meses, respectivamente, cuando les costaron lo equivalente al tratamiento de medio año, ya que cada frasco de Fluozoid, que es el nombre comercial en México de la Etosuximida, vale 280 pesos y en total gastaban entre mil y dos mil pesos al mes.

En México, alrededor del 1.5% de niños y niñas tiene epilepsia, según un documento del Hospital Infantil Federico Gómez. Uno de las formas más comunes de crisis epilépticas son las ausencias, es decir, que en lugar de convulsiones, el niño se paraliza por unos segundos, que generalmente no pasan de 20. El propio hospital señala que se debe tratar con un medicamento llamado Valproato, o, en caso de intolerancia, con la Etosuximida, pero que no está disponible en México.

La hija de Iliana Estrada, como los del resto de padres y madres consultados, resultó intolerante. Fue diagnosticada a los 4 años y empezaron a tratarla en el Hospital Pediátrico Legaria, de la Secretaría de Salud de la Ciudad de México. Pero después de 2 años, nunca la estabilizaron; de hecho una vez se intoxicó y tuvieron que hospitalizarla. Entonces le recomendaron a un médico privado que fue el que la empezó a recetarle Fluzoid. Hoy tiene 9 años y ya está controlada.

“De verdad que es una maravilla. Uno como papá, antes con los otros medicamentos es seguirlos casi casi al baño, de no poder realizar su vida normal porque tienes que estar pendientes de ellos, de que no se vayan a caer o algo. Entonces ese es el detalle. Y que deje de estar controlada es regresarnos al principio”, cuenta en entrevista con Animal Político.

Ese es el otro problema que más les preocupa: si los niños y niñas dejan de tomar el medicamento de golpe, se pierde por completo todo lo que habían avanzado en control neurológico después de años de tratamiento.

El hijo de Lizeth, de 8 años y diagnosticado a los 4, toma la dosis máxima y corre este riesgo.

“Si él por algo deja de tomarla, le pueden venir las crisis muy fuertes y esto llegar hasta a lesionar su cerebro”, explica.

“Por el tipo de epilepsia que él tiene, cuando le viene la crisis, él se cae; no se desmaya, pero está ido, se ausenta completamente y pierde la fuerza de todo su cuerpo. No todos los que padecen ausencias les pasa lo mismo, hay quienes se quedan como en pausa y nada más. Pero mi hijo tiene un tipo de crisis muy diferente. De hecho, él en su vida diaria no puede quedarse solo. Va a la escuela normal, pero igual no lo dejan hacer muchas actividades, no puede hacer educación física o actividades que le impliquen correr o ciertos esfuerzos, porque cada que él empieza a hacer algún ejercicio o algo que le altere su sistema nervioso, le puede desatar una convulsión”.

Sin respuestas de laboratorio privado ni sector público

Al iniciar marzo, cuando en México ya estaban los primeros casos de COVID-19 y el mundo empezó a tomar medidas como cierre de fronteras y cancelación de vuelos, los padres y madres de niños se enteraron de que el Fluozoid estaba agotado en México. Han llamado constantemente al laboratorio y mandado correos, desesperados por la urgencia de mantener el tratamiento de sus hijos.

“Buenas noches, señora, me da pena que esté pasando por esta situación, por lo pronto no hemos podido resurtir a los distribuidores por falta de la fórmula, y se nos ha dificultado con esta contingencia. Pero esperemos pronto salir del problema”, fue la respuesta que dio el Laboratorio Valdecasas a una de ellas, y le sugirió estar pendiente de su página de Facebook para enterarse cuando ya tuvieran nuevamente la medicina.

Animal Político contactó al laboratorio para saber cuál es la situación, pero se negó a dar entrevistas.

Renato Corona ha buscado todas las opciones posibles y hasta logró hacer contacto con el embajador de Canadá, Graeme C. Clark, ya que en ese país también se produce la Etosuximida y mucho más barata que en Estados Unidos. Clark le contestó vía Twitter que una vía era que el IMSS se acercara a los proveedores a través de la embajada en Ottawa, y el embajador mexicano pidió que llamara a los teléfonos de emergencia. Pero hasta ahora, una semana después, ninguna autoridad de salud ha contestado.

Vania Castillo es otra madre con una hija de 12 años que sufre epilepsia desde los 2 y medio, con un caso casi único en México, porque es provocada por el Síndrome Landau Kleffner. También recurrió en un primer momento al sistema público de salud, pero la respuesta fue que ahí tienen ciertas medicinas para tratarla y si no le funcionan, no pueden hacer nada más.

También Lucero, que ella misma padece epilepsia y es atendida en el IMSS, tuvo que llevar a su hija a un privado porque el Valproato apenas le había hecho efecto y luego empezó a empeorar, y el hospital simplemente no tuvo otra opción que ofrecerle.

Ante la contingencia, ella le pidió a un familiar que vive en la frontera que cruzara a comprar la Etosuximida a Estados Unidos, pero por la pandemia, no lo dejaron entrar. Entonces consiguió a alguien con residencia estadounidense que sí pudo hacerlo, pero solo adquirir las dosis para un mes y volver a cruzar receta en mano, ya que al ser un medicamento controlado, no se vende libremente.

Han contactado a farmacias canadienses que sí les venderían cantidades más altas, como para varios pacientes y varios meses, a un precio mucho menor que en Estados Unidos, pero no les garantizan que México deje entrar el envío sin pasar por autorización de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris). Tampoco pueden ir a buscarla personalmente porque ni siquiera hay vuelos.

Por todo esto, las familias de quienes padecen epilepsia infantil hacen un llamado a que las medidas de emergencia sanitaria por COVID-19 no causen víctimas colaterales, como lo están siendo ellas en estos momentos, ante la paralización del proceso de producción de un medicamento indispensable para tratar las crisis de sus hijas e hijos.

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