Colombia: Por qué está en un escenario sin precedentes y qué puede significar
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Colombia: por qué está en un escenario sin precedentes (y qué puede significar para su futuro)

A pesar de la violencia, Colombia fue un país reconocido por su estabilidad económica y política. Pero todo esto parece haber cambiado.
6 de mayo, 2021
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Estaciones de policía y transporte quemadas. Carreteras cortadas durante días. Desabastecimiento de productos. Un número desconocido de muertos y desaparecidos. Un estado de incertidumbre y nerviosismo agudo.

Colombia ha vivido muchos momentos delicados al largo de su traumática historia, pero ahora parece estar recorriendo un camino desconocido en al menos tres ámbitos distintos: la protesta social, la economía y la representación política.

Hubo momentos en el pasado que rompieron la historia en dos como la ola de violencia que antecedió a la firma de la Constitución de 1991 o las revueltas de 1948 tras el asesinato del candidato Jorge Eliécer Gaitán que dieron origen a las guerrillas.

El desenlace de la crisis actual es desconocido y por eso es difícil entrar en comparaciones sobre su relevancia histórica.

Lo que parece evidente, según los expertos consultados por BBC Mundo, es que la actual es una situación sin precedentes. Y que mucho se explica porque el proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en 2016 abrió una caja de pandora de demandas y problemáticas antes prohibitivas por cuenta de la guerra.

“Yo tengo 74 años y le digo que nunca vi una élite política tan incapaz de llegar a resoluciones“, dice el historiador Carlos Caballero Argáez.

El gobierno de Iván Duque ha lanzado una nueva mesa de negociación para rebajar la tensión y buscar salidas consensuadas. Es lo que hizo en noviembre de 2019, cuando las protestas eran más pacíficas y puntuales y la situación del país menos grave.

Hoy el mandatario tiene desafíos por donde se mire: en su partido, en las calles, dentro de las fuerzas armadas, en materia fiscal y en lo político.

Dentro de exactamente un año Colombia estará celebrando elecciones generales y presidenciales: todo desarrollo en este momento tiene una clave electoral.

Mientras la violencia sigue siendo la principal preocupación de los colombianos, BBC Mundo habló con varios expertos para hacer un ejercicio de distancia que permita entender lo que está ocurriendo.

Un paro sostenido y amplio

Un primer elemento nuevo de esta crisis es la dimensión de la protesta social.

“La cobertura y la sostenibilidad han sido inéditos”, dice Mauricio Archila, experto en movimientos sociales.

Una manifestación en Colombia

Getty Images
Las protestas en Colombia han sido masivas y se han extendido a muchas ciudades y poblados del país.

Las protestas esta vez llegaron a pequeños y medianos municipios. Fueron convocados por jóvenes, pero cuentan con el apoyo de adultos mayores y poblaciones minoritarias. Han paralizado la producción, el abastecimiento y el transporte en rincones inesperados.

Este paro ha llegado a lugares donde antes no se solía protestar y se ha mantenido por varios días sin dar tregua”, añade Archila.

Y concluye: “Soy muy escéptico de las comparaciones, y no quiero entrar a hablar del Bogotazo (1948) ni el paro cívico de 1977, pero es cierto que este paro ha producido una alianza obrero-campesina-indígena que tal vez nunca había estado tan equilibrada”.

En efecto, al Paro Nacional es un movimiento heterogéneo plagado de contradicciones y conflictos internos. Su líder no es claro y en su interior hay representaciones de casi todos los sectores. Su futuro depende de cómo logra sortear esa diversidad.

“Pero lo que sí es evidente es que la fuerza del Paro sorprendió a toda la clase política”, opina Daniel Hawkins, investigador de la Escuela Nacional Sindical.

“En la mitad de la tercera y más fuerte ola de contagio y luego de la orden del tribunal de Cundinamarca que prohibió aglomeraciones, los políticos nunca creyeron que la gente iba para la calle de forma masiva”, apunta Hawkins.

Una protesta en Colombia

Getty Images
Las protestas se han recrudecido tras las confrontaciones con las fuerzas de seguridad pública.

Las protestas ya lograron dos efectos inesperados en un país donde la movilización social, que era esporádica y tachada de “subversiva”, rara vez tuvo consecuencias políticas: las retirada de la reforma tributaria y la caída del ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla.

Lo que es difícil de pronosticar es si este movimiento, que en origen se mostró fresco y novedoso, terminará en una situación que sí tiene precedentes en Colombia: la de una violencia desbordada.

Una economía desestabilizada

La economía colombiana ha sido durante décadas la más estable de América Latina: la que menos recesiones tuvo en el siglo XX, la que no presentó hiperinflación y la que no incumplió sus compromisos de deuda en 80 años.

Pero ahora la situación es distinta.

“Pocas veces —por no decir nunca— había visto al país en una situación tan difícil como la que estamos viviendo hoy“, escribió en su columna el prestigioso economista y exministro Mauricio Cárdenas.

Iván Duque

EPA
Duque ha dicho que su prioridad es lograr una reforma fiscal.

Y Caballero Argáez añade: “La última vez que se cuestionó la responsabilidad fiscal del país fue durante la crisis de la deuda latinoamericana (principios de los 80), pero ahí Colombia consiguió refinanciar la deuda y un acuerdo de monitoreo con el FMI que nos permitió ser el único país latinoamericano que no entró en recesión ni tuvo que reestructurar deuda”.

Hoy los bonos colombianos son calificados como “basura” en los mercados internacionales, el peso está alcanzando récords de devaluación y por primera vez en años la capacidad de pago y emisión de deuda del país están cuestionados.

“Colombia tienen un problema de recaudo (fiscal) cada vez que hay una crisis, porque su recaudo en tiempos normales siempre ha sido bajo”, dice la politóloga Mónica Pachón.

“Pero eso siempre lo habían podido solucionar con reformas tributarias de crisis con impuestos transitorios que lograban sacarnos del problema”.

“La diferencia ahora es que nunca una reforma nunca había generado semejante nivel de oposición, mucho menos sin entrar al Congreso, y su caída nos puso en un lugar incómodo”, explica la decana de Ciencia Política de la Universidad del Rosario.

Un enfrentamiento entre policías y manifestantes en Colombia

Getty Images
El número de fallecidos y heridos por los enfrentamientos en las protestas ha ido en aumento.

Duque ha dicho que su prioridad es lograr una reforma cuanto antes que se pueda aprobar en el Congreso. Los economistas dudan que no se logre una resolución que probablemente recaude menos impuestos, pero al menos saque al país de la crisis.

Sin embargo, el famoso modelo de la estabilidad neoliberal y ortodoxo de Colombia mostró grietas por primera vez en su historia.

Una política radicalizada

Así como estable en lo económico, Colombia ha sido un país sin muchos altibajos en lo político: salvo durante un pequeño periodo en los años 50, la democracia en su sentido más formal —elecciones cada cuatro años y transiciones de poder sin problemas— se ha mantenido intacta.

Aunque la violencia no ha dejado de ser un problema desde los años 50, el bipartidismo entre liberales y conservadores (que llegaron a alternarse en el poder por convenio) permitió que se generara la idea de que las instituciones democráticas no estaban en peligro.

Colombia siempre fue considerada, al menos en el exterior, como una democracia estable.

Pero en esta crisis la clase política se ha visto incapaz de llegar a resoluciones, apuntan los analistas. Duque llamó a los militares a controlar la situación (aunque varios alcaldes se opusieron); algunos incluso barajan escenarios de golpes de Estado y el líder en las encuestas para las elecciones de 2022 es un candidato de izquierda que militó en las guerrillas, Gustavo Petro.

Una vigilia en Colombia

Getty Images
Muchos colombianos denuncian que el Estado ha sido represor.

“La violencia de las protestas, que además es seguida por la gente desde sus redes sin entrar a entender ni profundizar, hace que la política sea más polarizada y más ideológica, con la consecuencia de que llegar a soluciones es muchos más difícil”, explica Pachón.

Uno de los efectos del proceso de paz de 2016 fue el estatuto de oposición, un mecanismo que da garantías a los críticos del Ejecutivo, pero también aumenta su capacidad de entorpecerle sus iniciativas.

“Le sumas a eso que Duque es un presidente débil incluso dentro de su partido y tienes el caldo de cultivo de la desgracia“, dice Pachón.

En Colombia, como en toda América Latina, siempre ha habido una crisis de representación política, pero quizás nunca antes se había hecho tan evidente la desconfianza de la población sobre la clase política.

“Lo que estamos viendo es un descontento generalizado y quizá irremediable, es casi una situación pre revolucionaria”, dice Caballero.

Una vigilia en Colombia

Getty Images
Los escuadrones antidisturbios han sido culpados de varios fallecimientos durante las protestas.

Las consecuencias pueden ser muchas: desde la renuncia del presidente, inédita en Colombia desde los años 50, hasta la elección de un candidato, de izquierda o derecha, que rompa con las hasta ahora estables instituciones democráticas del país.

“Esto se soluciona con un candidato que pueda generar confianza entre las diferentes poblaciones al mismo tiempo que pueda incluir al establishmentpolítico”, dice Pachón.

“Pero me temo que eso, ahora, está más lejos que nunca”.


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FOTOS: Manu Ureste

“Matar a periodistas en México sale gratis”: mientras el gremio se reunía para protestar, otras 2 comunicadoras fueron asesinadas

Ayer, mientras reporteros, fotógrafos y camarógrafos se reunían en el Ángel para protestar por la violencia hacia el gremio, corría la noticia del asesinato de otras dos colegas: Yessenia Mollinedo y Johana García.
FOTOS: Manu Ureste
10 de mayo, 2022
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A las 16:00 horas, una hora antes del mitin convocado este lunes en el Ángel de la Independencia para protestar por los continuos ataques a la prensa en México, reporteros, fotógrafos y camarógrafos comenzaron a reunirse en el Paseo de la Reforma. Algunos portaban las ya clásicas mantas, cartulinas y lonas con el lema “No se mata la verdad matando a periodistas”, y otros llevaban en sus manos las fotografías con el rostro de Luis Enrique Ramírez, hasta ese momento el último periodista asesinado en los cinco meses que van de 2022: el noveno.

Pero Luis dejó muy pronto de ser el último comunicador asesinado en México este año.  

“¡No mames, no puede ser!”, comenzaron a exclamar algunos reporteros, que tenían la mirada clavada en sus celulares y en las redes sociales. En pleno preparativo de la protesta, la noticia del asesinato de otras dos periodistas se esparció rápidamente entre los comunicadores, que se llevaban las manos a la cara. 

“Esto es increíble”, comentaban, mientras a toda prisa alguien iba a una papelería cercana a Paseo de la Reforma para imprimir las fotografías de las últimas dos víctimas de la ola homicida en contra del gremio: Yessenia Mollinedo, de 45 años, directora de la agencia informativa El Veraz, y Johana García, reportera y camarógrafa de apenas 24 años. Ambas fueron asesinadas en Cosoleacaque, Veracruz. De acuerdo con las primeras versiones, hombres armados rafaguearon el vehículo en el que las dos mujeres esperaban en el estacionamiento de una tienda. 

Hasta el momento, se desconoce si alguna de las dos periodistas había recibido amenazas. Aunque denunciar esto incluso públicamente tampoco es garantía de seguridad ni de mayor protección, como demostró el caso del propio Luis Enrique Ramírez, quien en una entrevista en 2015 llegó a decir: “Sé que yo soy el siguiente en la lista”. Siete años después, el pasado 5 de mayo, fue encontrado en un camino de terracería a las afueras de Culiacán, con signos de haber sido asesinado de varios golpes en la cabeza. O como lo demuestra el caso emblemático de Lourdes Maldonado, periodista tijuanense asesinada el pasado 25 de enero, a pesar de que, incluso, fuera personalmente a la conferencia mañanera del presidente Andrés Manuel López Obrador a pedir ayuda por las amenazas que estaba recibiendo.  

“Matar periodistas en México sale totalmente gratis”, gritaron en el mitin de ayer los periodistas que, con puño en alto, tomaron la pancarta que rezaba “¡Alto a la violencia y a los asesinatos a periodistas en México!”. 

“A mi papá lo asesinaron por la espalda”

“Es muy fácil matar a periodistas —insistió en su turno con el micrófono Griselda Triana, la viuda de Javier Valdez, asesinado en mayo de 2017—, sobre todo en estados violentos, como Veracruz, Guerrero o Michoacán, por citar solo algunos ejemplos. Me siento muy dolida cada vez que matan a un colega, porque pienso en sus familias y en el calvario que están por iniciar en la búsqueda de justicia en este país”.  

“Cada vez que nos plantamos en una protesta, lo hacemos con la convicción de que, si no salimos a exigir que sus crímenes sean esclarecidos, el Estado nunca lo hará por su cuenta”, agregó Triana, que durante su intervención criticó al presidente López Obrador y a su gobierno por la falta de protección a periodistas.

“Usted es muy delicado ante cuestionamientos de quienes ejercen su libertad de expresión. Pero con las víctimas, no, por favor. Así que déjeme preguntarle: ¿por qué no se ha evitado el asesinato de periodistas?; ¿por qué se ponen en duda sus llamados de auxilio?; ¿por qué tardan tanto tiempo en otorgarle medidas de seguridad?; ¿por qué siguen sin encontrar a los más de 20 periodistas desaparecidos hace décadas?; ¿por qué todos estos delitos siguen en la impunidad?; ¿por qué no les interesa la justicia para los periodistas asesinados?; ¿por qué reprueba que otros países muestren su preocupación cada vez que en México matan a un periodista?”. 

Óscar Takeshi, hijo de Fredy López Arévalo, comunicador asesinado el pasado 28 de octubre en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, tomó el micrófono para hacer un pase de lista de los ahora 11 periodistas asesinados en los apenas cinco meses que van de 2022. 

“A mi papá lo asesinaron por la espalda, entre las sombras. Un gatillero se escondió cobardemente y le disparó en la espalda”, denunció el joven, que acusó a las autoridades chiapanecas de haber “evadido su responsabilidad” en la investigación del caso. 

Ese otro punto, el de la impunidad en los ataques a la prensa —en México, el 99% de los delitos contra la prensa permanece sin una sentencia—, fue otro de los que más indignación causaron en la manifestación de ayer en la escalinata del Ángel de la Independencia. 

“No vemos al gobierno hablando de por qué el Mecanismo de Protección no sirve, ni por qué la Fiscalía Especializada de Delitos contra la Prensa (Feadle) no da resultados y no sirve para nada. Ambos organismos se convirtieron en tumbas de la memoria; en tumbas de casos que no se resuelven; de casos donde nunca se llega hasta los autores materiales”, dijo por su parte el periodista Témoris Grecko. 

“Me voy del mecanismo, prefiero cuidarme por mis medios”

Mientras, el también periodista Rodolfo Montes anunció que, tras haber mantenido varias reuniones con autoridades de la Secretaría de Gobernación (Segob) y del Mecanismo Federal de Protección a Periodistas, tomó la decisión de abandonar dicha instancia. “Prefiero cuidarme por mis propios medios antes que estar inscrito en un mecanismo negligente”, aseguró. 

“Y a los compañeros y compañeras periodistas, les digo: cuidémonos nosotros mismos, porque el Estado mexicano no lo va a hacer”, agregó.

Ante la incesante oleada de homicidios de periodistas en 2022 —en lo que va de sexenio suman 36, según el recuento de la organización civil Artículo 19—, otra de las preguntas que flotaban en la manifestación de ayer era: “¿Qué se puede hacer para detener esta situación?”. Las respuestas no fueron unánimes. Unos proponían acciones “más contundentes” de protesta para ser escuchados por las autoridades. Otros exigían la dimisión del titular del Mecanismo de Protección de Periodistas. Y otros demandaban una mayor unión del gremio para hacer frente a esta situación. 

“Una de las cuestiones que más nos dejan vulnerables, además de la falta de garantías del gobierno, es que los periodistas somos muy poco unidos ante este tipo de situaciones. Estamos demasiado metidos en nuestro trabajo, en investigar, en la cobertura, y muy poco en hacer trabajo de fortalecimiento, en exigir seguridad, en demandar respeto por nuestro trabajo”, señaló en entrevista con Animal Político la periodista Adriana Urrea. 

“Hemos exigido muchas veces que paren los ataques, que se nos brinde seguridad, pero en el gobierno solo hay simulación mientras se echan la bolita unos a otros. Y ante esta situación, lo único que podemos hacer los periodistas es no dejar de alzar la voz. No podemos parar de presionar. Y por ello, debemos generar acciones en conjunto, para que nuestras voces sean escuchadas en todo el país”, propuso. 

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