Conflicto israelí-palestino: ¿por qué Gaza aparece borrosa en Google Maps?
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Conflicto israelí-palestino: ¿por qué Gaza aparece borrosa en Google Maps?

Pese a que existe la tecnología necesaria para captar imágenes de alta resolución, las fotografías de Gaza y alrededores que ofrecen plataformas como Google Earth o Apple Maps no son nítidas.
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18 de mayo, 2021
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¿Por qué aparece Gaza, uno de los lugares más densamente poblados del mundo, borrosa en Google Maps?

Es un asunto que ha sido puesto de manifiesto por investigadores que usan información de código abierto públicamente disponible, incluidos datos de mapas, para localizar ataques y documentar la destrucción.

De hecho, gran parte de Israel y de los territorios palestinos aparecen en Google Earth con imágenes de baja resolución, a pesar de que empresas de satélites han puesto a disposición otras de mejor calidad.

Apenas se pueden ver los autos en la ciudad de Gaza.

Compárenla con la imagen de Pyongyang, la hermética capital de Corea del Norte, donde los autos están totalmente definidos y se pueden distinguir incluso personas.

Imagen de Gaza obtenida con Google Earth en la izquierda y una imagen de Pyongyang, Corea del Norte, en la derecha.

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Imagen de Gaza obtenida con Google Earth en la izquierda y una imagen de Pyongyang, Corea del Norte, en la derecha.

¿Por qué importan las imágenes satelitales?

Estas imágenes se han convertido en un elemento vital para informar sobre el conflicto, pero al mismo tiempo existe la preocupación de que la disponibilidad de imágenes detalladas ponga en riesgo la seguridad.

En esta última confrontación en Medio Oriente, los investigadores intentan corroborar, haciendo uso de satélites, las localizaciones de los lanzamientos de misiles y los edificios alcanzados en Gaza e Israel.

“El hecho de no recibir imágenes satelitales de alta resolución de Israel y los territorios palestinos es un obstáculo“, dice Samir, un investigador de código abierto.

En Google Earth, la plataforma de imágenes más utilizada, las imágenes de Gaza más recientes son de baja resolución y, por tanto, borrosas.

“La imagen más reciente de Gaza de Google Earth es de 2016 y es una basura. Hice zoom en una zona rural de Siria elegida al azar y hay más de 20 imágenes desde esa fecha, con muy alta resolución”, tuiteó Aric Toler, un periodista de Bellingcat.

Google dice que su objetivo es “mantener lugares densamente poblados actualizados con regularidad“, pero no ha sido el caso con Gaza.

Ataques en Gaza

EPA
Las imágenes satelitales se han convertido en un elemento vital para informar sobre el conflicto.

¿Hay imágenes de alta resolución disponibles?

Hasta el año pasado, el gobierno de Estados Unidos restringió la calidad de las imágenes satelitales que las empresas estadounidenses podían ofrecer comercialmente.

La enmienda Kyl-Bingaman (conocida como KBA) se presentó en 1997 para abordar las preocupaciones de Israel por la seguridad.

Aunque la disposición solo se refería a Israel, también se aplicó a la restricción de imágenes de los territorios palestinos.

La KBA limitaba la calidad de imagen de forma que un objeto del tamaño de un auto solo se podía ver como imagen muy borrosa y cualquier cosa más pequeña era muy difícil de identificar.

“Nosotros siempre preferiríamos ser fotografiados con la menor resolución posible”, dijo Amnon Harari, jefe del programa espacial en el Ministro de Defensa de Israel el año pasado, según informó la agencia Reuters.

“Siempre es preferible ser visto borroso que de forma precisa”.

No es poco común que lugares como bases militares se vean borrosas, pero la enmienda KBA fue el único caso en el que una zona amplia fue sometida a una restricción de este tipo.

Sin embargo, una vez que proveedores no estadounidenses, como la empresa francesa Airbus, fueron capaces de suministrar estas imágenes a mayor resolución, creció la presión sobre Estados Unidos para que pusiera fin a las restricciones.

En julio de 2020 se eliminó la KBA y ahora el gobierno de EE.UU. les permite a las empresas estadounidenses ofrecer imágenes de mucha mejor calidad de la región, de forma que objetos del tamaño de una persona se puedan identificar.

“La motivación inicial era científica”, dice Michael Fradley, un arqueólogo de la Universidad de Oxford y uno de los académicos que hizo campaña exitosamente para cambiar la enmienda.

“Necesitábamos acceso de alta resolución a los territorios palestinos ocupados, comparable a lo que usamos en otras partes de la región”.


Entonces ¿por qué sigue borrosa Gaza?

La BBC habló con Google y Apple (cuyas apps de mapas también muestran imágenes satelitales).

Apple dijo que está trabajando en una actualización de sus mapas para tener mayor resolución.

Google señaló que sus imágenes proceden de una serie de proveedores y que está considerando “actualizar sus imágenes satelitales cuando una resolución más alta esté disponible”.

Pero añadió que no tenía “planes que compartir en este momento”.

Izquierda: imagen de Google Earth de Gaza en 2016; derecha: imagen de la empresa Maxar tomada el 12 de mayo de 2021

Google y Maxar
A la izquierda, la imagen que ofrece actualmente Google Earth de la torre Hanadi en Gaza; a la derecha, una imagen satelital de alta resolución que muestra la torre destruida.

“Considerando la importancia de los hechos actuales, no veo qué razón puede haber para que las imágenes comerciales del área sigan siendo degradadas de forma deliberada”, indicó Nick Water, un investigador de código abierto para Bellingcat en Twitter.


¿Quién toma realmente las imágenes?

Plataformas públicas de mapas, como Google Earth y Apple Maps, utilizan empresas que poseen satélites para suministrar imágenes.

Actualmente, Maxar y Planet Labs, dos de las compañías más grandes del sector, están poniendo a disposición imágenes de alta resolución de Israel y Gaza.

Estas fotografías de mucha mayor calidad pueden revelar detalles de hasta medio metro o menos.

“Como resultado de cambios recientes a las regulaciones estadounidenses, las imágenes de Israel y Gaza se están ofreciendo con una resolución de 40 centímetros”, explicó Maxar en un comunicado.

Planet Labs confirmó a la BBC que suministra imágenes con resolución de 50 centímetros.

No obstante, investigadores de código abierto utilizan en gran parte software de mapas gratuito y a menudo no tienen acceso directo a estas imágenes de alta resolución.


¿Qué más pueden revelar las imágenes de alta resolución?

Las imágenes satelitales se utilizan para muchos propósitos, incluidos el seguimiento de la deforestación y los incendios forestales, así como la investigación de abusos de derechos humanos en todo el mundo.

Investigadores de la organización Human Rights Watch colaboraron con la empresa Planet Labs en 2017 para mostrar la destrucción de los pueblos rohingya a manos del ejército en Myanmar.

Imágenes satelitales de pueblos rohingya

2017DigitalGlobe
Imágenes satelitales de Myanmar mostraron la destrucción de pueblos habitados por los rohingya.

Las imágenes les permitieron hacer un mapa del alcance del daño a más de 200 pueblos en la zona, comparando imágenes satelitales de resolución de 40 centímetros de esas áreas antes y después.

Las imágenes parecieron corroborar las denuncias de los rohingya, que huyeron de Myanmar al vecino Bangladesh, de que sus casas habían sido objetivo de los militares.

Imágenes satelitales también han sido vitales para hacer un seguimiento de lo que ha estado sucediendo en la región china de Xinjiang, incluida la red de centros de “re-educación” para los uigures.

La información ha ayudado a mostrar dónde se han construido estos centros. Las imágenes de alta resolución también han dado una idea de su tamaño y algunas características particulares.

Imagen tomada por Maxar del centro de reeducación de Hotan

2019 Maxar Technologies
Una imagen satelital de 2019 de un centro de re-educación en la zona Hotan de Xinjiang, China.

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Especial

‘Al parto se le debe dar tiempo y respeto, no prisas y violencia’: Mamá desobediente

La autora de Mamá desobediente, Esther Vivas, habla de la maternidad con perspectiva feminista, denuncia la violencia obstétrica y señala a la lactancia como un compromiso colectivo con las infancias.
Especial
Por Verónica Santamaría
16 de mayo, 2021
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La maternidad es una experiencia en la que las mujeres también experimentan ciertas violencias, entre las que destaca la violencia obstétrica, la capitalización del parto y la autocensura de la lactancia en los espacios públicos.

Sin embargo, a partir de movimientos sociales como el feminismo es que las mujeres aspiran a transformar la sociedad al nombrar y erradicar dichas violencias. Esta indignación, llevó a Esther Vivas a escribir Mamá desobediente.

De acuerdo con la autora, denunciar la violencia obstétrica es el primer paso para combatirla y para hacerlo efectivo hay que identificarla ya que, el problema radica en la manera en que la sociedad normaliza este tipo de agresión contra las mujeres, la cual, podría considerarse como una de las fronteras de la violencia de género, al pensar que es normal el trato que las mujeres reciben en algunos centros de salud.

Lee: Parir en los tiempos de COVID-19: parteras ofrecen alternativa a hospitales

“Nos han dicho que parir es que te obliguen a dar a luz sola, que no te puedas quejar, que te insulten, que te traten de manera condescendiente, que te digan que estás pujando mal y vas a matar a tu hijo, que te hagan una cesárea innecesaria o que te separen de tu bebé al nacer y estas prácticas son constitutivas de una violencia específica, pero en cambio, la hemos normalizado”, señala.

Vivas explica que para erradicar esta violencia el reto está en entender y visibilizar esta realidad que atraviesan las mujeres antes, durante y después del embarazo. Para esto, deben ser capaces de identificar la violencia obstétrica y así, quienes transitan por esta experiencia pasen de víctimas a sobrevivientes.

“Solo reconociendo la violencia obstétrica será la única manera de poderla erradicar”, asegura.

El libro Mamá desobediente. Una mirada feminista a la maternidad (Ediciones Godot, 2021) retrata la maternidad a manera de ensayo estructurado en tres partes: Maternidad en disputa, Mi parto es mío y La teta es la leche. En cada título Vivas señala las violencias hasta ahora normalizadas, pero al mismo tiempo hace una crítica con “mirada violeta”, es decir, desde un punto de vista feminista.

“Mamá desobediente es un grito a rebelarse, por un lado, contra el mandato de la maternidad, por eso digo que el derecho al aborto es imprescindible para tener derecho a la maternidad libre y no impuesta. También es un grito a rebelarse ante el mandato de la maternidad patriarcal”, añade.

La madre sacrificada

De acuerdo con el libro, hoy día tenemos que ser la madre sacrificada de toda la vida y, al tiempo que se le exige a la mujer ser una superwoman o supermujer, que siempre llega a todo. Sin embargo, esta resulta ser una maternidad muy tóxica de la imagen de la buena madre impuesta en la sociedad. Lo cierto es, que nunca se puede llegar a serlo. Es imposible e indeseable.

Mamá desobediente, es también el retrato de una madre que en diversos intentos para quedar embarazada cuenta gran parte de su experiencia, sin convertirse en una autobiografía del embarazo, Vivas habla de sus dificultades para lograr un embarazo.

Decidir sobre el embarazo y lactancia sin que sean impuestos ni violentados es parte del derecho de las mujeres a elegir una maternidad orientada e informada, y no obligada ante los cánones de la sociedad. Incluso, decidir parir en casa debe ser parte de estas opciones que den estabilidad tanto para la madre como para el bebé a través del acompañamiento de una comadrona, como se le conoce a las parteras en España, en un embarazo de bajo riesgo.

Un nuevo modelo de maternidad

Si bien, Mamá desobediente no es una guía para ser madre, en el libro Esther Vivas muestra a los lectores la realidad que implica la maternidad donde fracasar es parte de esta tarea. En palabras de la autora, “la maternidad, cuando es la primera vez, implica poner patas arriba tu vida anterior, cambia tu cuerpo, la relación con tu cuerpo, la relación con tu pareja, con el empleo, con las amistades, con la familia y eso, nadie te lo cuenta”.

Entonces, decidir convertirse en madre marca un antes y un después en la vida de las mujeres. Por ello, propone un modelo de maternidad con mirada feminista para dejar detrás la maternidad patriarcal que por décadas hizo creer a las mujeres que se nace para ser madres.

Vivas enfatiza en que las mujeres que decidan ser madres debe reivindicarse como sujetos políticos ya que, “desde que quedas embarazada se nos infantiliza, se nos trata de manera condescendiente y todo el mundo, familia, amigos, vecinos dicen qué es lo mejor para ti o para el bebé, cuando tú eres la madre para definirlo”, puntualiza.

Dentro de este modelo de maternidad que, desde su experiencia, Esther Vivas propone es entender que la maternidad también es una responsabilidad colectiva y no única de la mujer que decide tener hijos.

“Es una responsabilidad de la madre, del padre, si es que lo hay; y de la sociedad en general, porque estamos hablando de cuidar de la salud emocional y física de las niñas y niños que serán los adultos del día de mañana y esto, nos debería de implicar a todos”, añade.

¿Qué es la culpa en la maternidad?

Si bien, la maternidad es un camino lleno de incertidumbres como se menciona en el libro, la culpa es parte de esta experiencia que por mucho tiempo estuvo invisibilizada. Este sentimiento se convierte en uno de los grandes enemigos a combatir en la maternidad porque la madre siempre será juzgada por lo que haga en los cuidados a los hijos e hijas.

Estos juicios generan cierto grado de culpabilidad en las madres al pensar que no lo están haciendo bien. Sin embargo, “el problema no somos nosotras, el problema, por un lado es el espejo de la maternidad con el que nos miramos donde tenemos que ser una madre perfecta que nunca se equivoca y todo lo hace bien. Eso es imposible”, señala.

La culpa también se presenta cuando una mujer que decide ser madre no logra quedar embarazada tras varios intentos, al igual que no tener el parto vaginal que querían o una lactancia libre. Incluso, el sentimiento de culpabilidad también puede presentarse en mujeres que, hoy día, continúan experimentando las presiones sociales de su entorno cuando llegan a una edad determinada y no tienen descendencia.

Parteras y el robo histórico del parto

El parto y la partería son dos elementos que a las mujeres les han robado, históricamente. En el libro Vivas habla de la partera, quien, históricamente, es la mujer que acompaña a la futura madre a parir.

El saber de la partera ha sido perseguido, en la edad media muchas parteras fueron quemadas en la hoguera y llamadas brujas porque su saber era una amenaza al poder del Estado y de la iglesia. En las sociedades modernas “a las mujeres se nos hizo creer que no sabemos parir, se apartó a las parteras del acompañamiento al parto para dejarlo en manos de médicos, quienes atienden el parto bajo una mirada machista y patriarcal”.

En México, durante el Foro Partería, sumando esfuerzos que se llevó a cabo en la Ciudad de México, organizado por la Secretaría de Salud a través del Centro Nacional de Equidad de Género (CNEGSR) y con el apoyo de la representación de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en México, la doctora Maureen Birmingham, representante de la OPS/OMS en el país, señaló que “las parteras pueden ayudar a evitar dos tercios de las muertes maternas totales, pero solo 4 de 73 países cuentan con personal de partería capaz de satisfacer la necesidad universal de las 46 intervenciones esenciales en materia de salud sexual, reproductiva, materna y neonatal. La salud de la mujer y la partería van de la mano”.

Ante esto, Esther Vivas señala que es importante reconocer el saber de las parteras, que es un saber tradicional válido y no solo se trata de recuperarlo, sino también visibilizar, valorar e incorporar en la atención sanitaria al parto. Además, de dejar de menospreciar su saber y mercantilizar el propio parto donde no se respeta su fisiología y al que se le debe dar tiempo y respeto, no prisas y violencia.

“El obstetra es el profesional preparado para atender las complicaciones que vengan de un parto. La partera está formada para acompañar a una mujer a parir y por tanto, hay que devolver el valor a este trabajo fundamental para el buen acompañamiento del parto”, resalta.

Mamá desobediente de Esther Vivas, ya se encuentra en librerías. La ilustración de tapa pertenece a Eréndira Derbez y las ilustraciones internas son de Julieta Longo.

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