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Coronavirus en Wuhan: diario de una joven sola en una ciudad china en cuarentena

Guo Jing tiene 29 años y vive sola en Wuhan, la ciudad china en el centro del brote del nuevo virus que tiene al mundo en alerta. Desde allí escribió un diario sobre cómo sobrelleva esta difícil situación. Estos son algunos fragmentos que compartió con la BBC.
4 de febrero, 2020
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Guo Jing vive en Wuhan, la ciudad china en el centro del brote del nuevo virus que preocupa al mundo.

Wuhan está en cuarentena desde el 23 de enero, en un intento por contener la infección. No hay transporte, la mayoría de las tiendas y negocios están cerrados, y las autoridades han recomendado a la población que permanezca en sus casas.

Jing es una trabajadora y activista social de 29 años que vive sola.

Durante una semana, escribió un diario que compartimos aquí.

Jueves 23 de enero: el día que empezó la cuarentena

No supe que hacer cuando me desperté y me enteré de la cuarentena. No sé qué significa, cuánto demorará y qué tipo de preparaciones debo hacer.

Hay muchos comentarios irritantes (en las redes sociales): que muchos pacientes no pueden ser hospitalizados después del diagnóstico por falta de lugar, que los pacientes con fiebre no reciben un tratamiento adecuado.

Muchos usan mascarillas. Mis amigos me dicen que me abastezca de suministros. El arroz y los noodles (fideos chinos) están casi agotados.

Un hombre estaba tratando de comprar mucha sal y alguien le preguntó por qué estaba comprando tanta.

Él respondió: “¿Y si el aislamiento dura un año entero?”

Fui a una farmacia. Allí estaban limitando el número de clientes que aceptaban. No les quedaban mascarillas ni alcohol desinfectante.

Wuhan
Getty Images

Guo Jing cuenta que cada vez se ven menos personas en las calles de Wuhan.

Después comprar mucha comida para almacenar, todavía estoy en shock.

Hay cada vez menos automóviles y peatones, y la ciudad se ha detenido de repente.

¿Cuándo volverá a vivir la ciudad?

Viernes 24 de enero: Nochevieja silenciosa

El mundo está en silencio, y ese silencio es espantoso. Vivo sola, solo me doy cuenta de que hay otros seres humanos alrededor por los ocasionales ruidos en el pasillo.

Tengo mucho tiempo para pensar en cómo sobreviviré. No tengo recursos ni conexiones.

Uno de mis objetivos es no enfermarme, por eso me obligo a hacer ejercicio. La comida también es crucial para la supervivencia, por eso tengo que saber si tengo suficiente.

El gobierno no ha dicho cuánto durará el aislamiento ni cómo podemos seguir funcionando. La gente dice que podría durar hasta mayo.

La farmacia y la tienda de abajo cerraron hoy, pero fue reconfortante ver que los mensajeros aún están entregando comida.

En los supermercados, los noodles están agotados, pero hay un poco de arroz. Hoy también fui al mercado, compré apio, ajo y huevos.

Ilustración de una mujer haciendo ejercicio

BBC

Después de regresar a la casa lavé toda mi ropa y me di una ducha. La higiene personal es importante: creo que me lavo las manos 20 o 30 veces al día.

Salir a la calle me hace sentir que sigo conectada con el mundo. Es muy difícil imaginar cómo las personas mayores que viven solas y aquellos con discapacidades podrán atravesar esta situación.

No quise cocinar menos de lo usual, porque fue la última noche del año del cerdo. Se supone que esa es una comida de celebración.

Durante la cena, hice una videollamada con mis amigos. Es imposible no hablar del virus. Alguna gente está en ciudades cercanas a Wuhan, algunos prefirieron no regresar a sus casas por la enfermedad, algunos insisten en reunirse a pesar del brote.

Una amiga tosió durante la conversación. ¡Alguien le dijo en broma que cortase!

Charlamos por tres horas y pensé que luego podría quedarme dormida con pensando en cosas lindas. Pero cerré los ojos y me aparecieron recuerdos de los últimos días.

Se me cayeron las lágrimas. Me sentí impotente, enojada y triste. También pensé en la muerte.

No tengo muchas cosas de las que arrepentirme porque mi trabajo es importante. Pero no quiero que mi vida se termine.

Sábado 25 de enero: Año Nuevo chino sola

Hoy es Año Nuevo Chino. Nunca me importaron mucho las celebraciones, pero ahora, el Año Nuevo me parece aún más irrelevante que nunca.

A la mañana, me salió un poco de sangre cuando estornudé. Sentí miedo. Mi mente está llena de preocupaciones en torno a la enfermedad. Me preguntaba si debía salir o no. Pero no tenía fiebre y tenía buen apetito, así que salí.

Dos personas caminando en Wuhan.

Getty Images
Las calles de Wuhan se ven sombrías en medio de la niebla, y desiertas.

Me puse dos mascarillas aunque la gente dice que no tiene sentido y que es innecesario.

Me preocupan las mascarillas falsas (de mala calidad), por eso ponerme dos me hace sentir más segura.

Todavía todo estaba muy silencioso.

Una tienda de flores estaba abierta, y la dueña había puesto algunos crisantemos (que se usan por lo general en los funerales) en la puerta.

No supe si eso quería decir algo o no.

En el supermercado, la sección de vegetales estaba vacía, y casi todos los dumplings y noodles se habían agotado.

Solo había unas pocas personas haciendo fila.

Sigo sintiendo la urgencia de comprar mucho cada vez que voy a la tienda. Compré otro paquete de arroz de 2,5 Kg, aunque en casa tengo 7 kg.

Tampoco pude evitar comprar unas batatas, dumplings, salchichas, frijoles rojos, judías verdes, mijo y huevos salados.

¡Ni siquiera me gustan los huevos salados! Se los daré a mis amigos después de que levanten la cuarentena.

Tengo comida suficiente como para un mes. Este comprar de forma compulsiva parece una locura, pero, en estas circunstancias, ¿cómo puedo culparme por ello?

Ilustración de una mujer saliendo a pasear

BBC
Cuando Guo Jing salió a caminar, se encontró con algunas personas que habían sacado a pasear a su perro.

Fui a caminar por la orilla del río. Dos tiendas de comida estaban abiertas, y había gente que había sacando a pasear a su perro. Vi a otros caminando, supongo que para no sentirse encerrados.

Nunca había caminado por esas calles. Sentí que mi mundo se ha había expandido un poquito más.

Domingo 26 de enero: mantener la esperanza

No es solo la ciudad la que está atrapada. También lo están las voces de la gente.

El primer día de la cuarentena, no pude escribir nada en las redes (por la censura). Tampoco pude hacerlo incluso en WeChat.

La censura en internet existe desde hace mucho tiempo en China. Pero ahora se siente como algo mucho más cruel.

Cuando tu vida está patas para arriba, es un desafío rehacer tu vida cotidiana.

Yo sigo haciendo ejercicio por las mañanas, usando una app, pero no puedo concentrarme porque mi mente está ocupada.

Hoy salí otra vez de la casa y traté de contar cuánta gente veía: me crucé con 8 en el camino a la tienda de noodles, a unos 500 metros de mi casa.

Wuhan

Getty Images
La ciudad parece un pueblo fantasma.

No quería regresar a la casa. Quería explorar más. Me he mudado a Wuhan hace solo dos meses. No tengo muchos amigos aquí y no conozco muy bien la ciudad.

Creo que en total vi a 100 personas el día de hoy. Espero que todo el mundo mantenga las esperanzas. Espero que en el futuro nos conozcamos y hablemos.

Acerca de las 20:00 horas, escuché gritos de “¡Vamos Wuhan!” que salían de las ventanas. El canto colectivo es una forma de empoderamiento.

Martes 28 de enero: finalmente sale el Sol

El pánico ha generado distancia entre la gente.

En muchas ciudades, las personas deben usar una mascarilla facial en público. A primera vista, la medida está destinada a controlar el brote de neumonía. Pero en realidad podría conducir a un abuso de poder.

Algunos ciudadanos sin ella han sido expulsados ​​del transporte público. No sabemos por qué no la usaban. Quizás no pudieron comprar ninguna, o no sabían nada del aviso. Más allá de los motivos, no deberían negarle sus derechos.

En algunos videos que circulan por internet, se ve a algunas personas sellando las puertas de gente que se puso en cuarentena por decisión propia.

Gente de la provincia de Hubei (donde está Wuhan) fue expulsada de sus hogares y no tenían a dónde ir.

Hombre con mascarilla

Getty Images
En algunos sitios el uso de mascarilla es obligatorio.

Pero, al mismo tiempo, hay que gente que le está ofreciendo albergue a gente de Hubei.

Hay muchas maneras en que el gobierno podría alentar a las personas a quedarse en casa. Tienen que garantizar que cada ciudadano tenga suficientes máscaras faciales, o incluso dar recompensas en efectivo a los ciudadanos que se quedan en casa.

Hoy, finalmente, está soleado, como mi estado de ánimo. Vi a más personas en el complejo en el que vivo, y había algunos trabajadores comunitarios. Parecían estar controlando la temperaturas de los no residentes.

No es fácil generar confianza y construir vínculos durante una cuarentena. La ciudad está cansada por este ambiente.

En medio de todo esto, no puedo evitar estar más en modo alerta.

Mi ansiedad por la supervivencia se ha ido disipando lentamente. Aventurarme más lejos en la ciudad no tiene mucho sentido si no hago ninguna conexión con la gente de aquí.

La participación social es una necesidad importante. Todos tenemos que encontrar un rol en la sociedad, eso hace que la vida de uno tenga sentido.

En esta ciudad solitaria tengo que encontrar mi rol.

Guo Jing publicó partes de su diario en WeChat. También conversó con Grace Tsoi, de la BBC.

Ilustraciones: Davies Surya.


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Especial

La casa del horror de Acámbaro: así fue la búsqueda en un cementerio clandestino en Guanajuato

Más de 100 bolsas con restos y 15 cuerpos fueron hallados en un predio en Acámbaro; familiares de desaparecidos participan en las búsquedas con el rostro cubierto, por miedo a ser identificados por el crimen organizado.
Especial
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La casa del horror estaba demasiado cerca del centro de Acámbaro, Guanajuato, como para que nadie supiese qué es lo que allí ocurría. Durante meses, quizás años, hombres y mujeres fueron torturados, asesinados y enterrados en una pequeña vivienda abandonada y semiderruida, situada en las faldas del parque nacional del Cerro del Toro. Son apenas cinco minutos caminando desde la calle Leona Vicario, la última vía urbanizada que desemboca en una cuesta empinadísima de piedra y tierra. Al fondo, la estatua de una Virgen que ejerce como guardiana del predio. Allí, tras unos árboles, estaba ese siniestro cementerio, aprovechando ese terreno ambiguo donde la ciudad deja de serlo.

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Los rumores sobre gritos, disparos y vehículos que subían con los detenidos y regresaban vacíos se habían multiplicado en los últimos tiempos. Pero el miedo se impone cuando el crimen organizado controla el territorio. Así que la antigua construcción de la que apenas quedan tres cuartos techados y varias paredes desnudas siguió operando como cementerio clandestino con total impunidad al menos hasta noviembre. Poco después, un puñado de familias valientes, acompañadas por la Comisión Estatal de Búsqueda, la Comisión Nacional de Búsqueda, el Ejército y la policía estatal irrumpió en el predio buscando a sus seres queridos. Lo que encontraron fue el testimonio del horror: 104 bolsas con restos humanos y 15 cuerpos enterrados en 48 fosas, el segundo mayor hallazgo en Guanajuato tras los 80 cuerpos hallados en Salvatierra un mes atrás.  

Nada más poner un pie en la propiedad, familias y autoridades se dieron cuenta de que este no era un lugar abandonado, que había seguido siendo utilizado por los delincuentes casi hasta su llegada. Un dato demoledor: los dos primeros cuerpos hallados pudieron ser identificados por sus tatuajes. Eran dos jóvenes desaparecidas hacía dos semanas cuyos restos fueron devueltos a sus familias. Desde aquella primera exhumación se sucedieron las jornadas extenuantes de revisión, varilla, confirmar el positivo, cavar y desenterrar víctimas. Las últimas dos bolsas se extrajeron el jueves 17 de diciembre después de 15 días de rastreo. 

“Fue algo muy fuerte. He participado en todas las búsquedas que se han realizado en el Estado y esta fue muy dura y muy difícil. Los cuerpos estaban desmembrados, con signos de tortura. Nos tocó ver en una fosa hasta 19 bolsas”. Una de las mujeres presentes en la búsqueda explica así sus vivencias. No quiere dar su nombre. No quiere dar ninguna pista sobre su identidad, solo que está buscando a su hija, a la que alguien se llevó hace tres años. Cuando llega a la Leona Vicario, antes de subir hacia el predio en el que se excava, cubre su rostro con pasamontañas, gafas oscuras y una gorra. Lo mismo hace el resto de sus compañeros. No es solo taparse con el cubrebocas para no contagiarse de COVID-19. Esto va más allá. “No quiero que me identifiquen”, explica la mujer. Existe la sospecha de que hay “halcones” vigilando, que el crimen organizado anda cerca. Por eso las participantes en la búsqueda, mujeres y hombres valientes, se protegen. No se fían de que haya ojos que puedan señalarlas.  

El temor de los familiares a ser identificados es una de las características de esta expedición. Sus integrantes llegan desde diversos puntos del Estado, también del propio Acámbaro, y temen que pueda haber represalias. 

“Fue una búsqueda cantada respecto a la entrada, la subida y el peligro que de antemano sabíamos que corríamos. Pero pesa más la esperanza. La angustia y la tristeza que vivimos nos lleva a arriesgarnos a cualquier cosa. Sabemos que corremos cualquier tipo de peligro. Pero no es comparado al sentimiento que llevamos como madres, esposas o hermanas de las personas a las que buscamos”, dice otra de sus compañeras. En su caso, tapa su rostro con un gran sombrero, gafas oscuras y un pañuelo que va por encima del cubrebocas. Aunque ella encontró el cuerpo de su esposo hace meses, dice que sigue viniendo por “solidaridad” con sus compañeras. 

Predio ubicado en las faldas del parque nacional del Cerro del Toro.

La búsqueda en Acámbaro, un municipio de 160 mil habitantes en el límite con Michoacán, es la última que se desarrolla este año en Guanajuato, el estado con mayores índices de violencia de México. Aquí se cometieron 4 mil 560 de los 26 mil 530 homicidios registrados entre enero y noviembre por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Cuatro de sus municipios (León, Irapuato, Celaya y Salamanca) están entre los 15 que concentra el 27% de los asesinatos de todo el país. Hace cuatro meses, el gobierno de Diego Sinhué apenas reconocía 854 desaparecidos. A día de hoy, la Comisión Estatal de Búsqueda asegura que son 2 mil 315 las personas sin localizar. En México, según datos de la Comisión Nacional de Búsqueda, ya se rebasó la barrera de las 80 mil personas no localizadas. Lo particular en Guanajuato es que la mayor parte de sus desaparecidos lo hicieron en los últimos dos años. De hecho, desde 2018 esta es la segunda entidad en número de personas a las que no se encuentra, solo superada por Jalisco

En este ámbito, los avances de los últimos meses se dieron por la presión de las familias. Hasta hace poco la Fiscalía General del Estado (FGE) no reconocía que hubiese fosas clandestinas en el territorio. Un estudio elaborado por activistas y académicos aseguraba que en el estado se encontraron al menos 109 enterramientos irregulares. Oficialmente solo se admite que existen aquellos puntos que han sido excavados y en los que se encontraron restos: cuatro desde septiembre. A la presa de El Conejo, en Irapuato, Cortázar y Salvatierra (donde aparecieron 80 cuerpos) se le suma ahora Acámbaro. 

Hay tres características que hacen al último hallazgo un lugar diferente: el uso de bolsas para enterrar los restos en lugar de sepultar cuerpos enteros, el temor infundido a las familias que les obliga a proteger su identidad y la cercanía del cementerio clandestino de viviendas habitadas, que lo convierte en un lugar de fosas urbanas. 

“En la búsqueda se encontraron decenas de bolsas con restos humanos que dejan pensar en decenas de cuerpos, el segundo hallazgo más grande del estado tras las fosas de Salvatierra”, explica Fabrizio Larusso, académico de la Universidad Iberoamericana en León e integrante de la plataforma por la Paz y la Justicia en Guanajuato. El investigador recuerda que este es un municipio relativamente pequeño, donde “todos se conocen”, y pone de manifiesto el “dramatismo” de que una casa de seguridad de un grupo criminal estuviese tan cerca de la zona habitada. 

Lee más: México arranca 2021 con 73 homicidios en un solo día; Veracruz la entidad con más casos

“Me da miedo que mi hija haya pasado por esto”

“No esperábamos encontrar esto en ningún momento. Era una prospección y dimos con el hallazgo”, explica Héctor Esquerra, comisionado de Búsqueda de Guanajuato. Diversas informaciones apuntaban a la posibilidad de que existiesen puntos positivos en la casa abandonada en las faldas del cerro, pero las autoridades no esperaban la magnitud del hallazgo. “Es un espacio muy pequeño y sin embargo es prácticamente un cementerio”, explica. 

Hace cinco meses Esquerra llegó al cargo cuestionado por algunos de los colectivos como A tu encuentro, que organizó un plantón para rechazar su nombramiento. Desde entonces, las instituciones estatales han organizado por primera vez búsquedas en Guanajuato. El propio comisionado estuvo presente en varias jornadas de excavación en Acámbaro, tratando de dar ejemplo. Asegura que la instrucción es “entrarle con todo” apoyar a las familias. No tiene fácil convencerlas. Las instituciones nunca fueron cercanas a las víctimas de la violencia, acostumbradas al estigma y a la invisibilidad. 

“Es muy difícil poder explicar lo que sentimos”, dice una de las participantes, la que sigue buscando a pesar de que ella ya encontró. “Desde los primeros días se localizaron restos. Así que, de consecutivo, todas las personas se pusieron a buscar y a varillar”, explica. Asegura que “ahora si somos un equipo y todos sabemos a lo que vamos. Vamos con una misma finalidad, un mismo propósito. Hasta ahora hemos sabido crear un buen equipo, ser un buen conjunto”.

Ser testigos del horror también remueve los propios miedos de las familias. Lo explica una de las rastreadoras valientes que cubre su rostro. Recuerda cómo un día aparecieron unos restos que tenían muestras explícitas de haber sufrido violencia. Y ella se angustió. “Me da miedo que mi hija haya pasado por esto. Me da mucho terror, mucho pánico. Llevo tres años sin saber de ella”, explica. Durante largas jornadas estas mujeres y hombres fueron las que empujaron unas exhumaciones que, sin ellas, nunca se habrían llevado a cabo. 

¿Cómo se llega a esta situación de violencia?

Existe una sensación generalizada de que el horror en Acámbaro se veía venir. El pequeño municipio puede servir como ejemplo de cómo la violencia se lleva todo lo que tiene por delante. En los últimos dos años el número de desaparecidos se multiplicó de forma dramática en el municipio. Según la Comisión Nacional de Búsqueda, hay al menos 63 personas sin localizar, de las que al menos 50 faltan desde este año. “Hay registros de colectivos y familias que hablan de al menos el doble de personas desaparecidas pero que no han denunciado”, explica Fabrizio Larusso. 

El especialista en seguridad David Saucedo corrobora esta versión y reitera que durante todo este tiempo los rumores eran fuertes acerca de que algo estaba ocurriendo en este cerro de Acámbaro. Como contexto histórico, Saucedo asegura que este fue un territorio controlado grupos delictivos procedentes de Michoacán hasta que hace cinco o seis años estos fueron sustituidos por el Cartel Santa Rosa de Lima. Esta es una estructura criminal que sigue operativa en Guanajuato a pesar de golpes como la detención en agosto de José Antonio Yépez, “El Marro”, quien fue su líder absoluto. 

Asegura el experto como la vivienda convertida en cementerio es un modus operandi característico de la zona: casas cercanas al centro, que son tomadas por el grupo criminal y convertidas en sus guaridas, obligando a marcharse a sus pobladores. Ahí era donde mantenían a víctimas de secuestro o interrogaban a rivales, así como enterraban a sus víctimas. 

En los últimos años las autoridades han tratado de explicar la violencia en Guanajuato con una única lectura: el enfrentamiento entre Santa Rosa de Lima con el Cartel Jalisco Nueva Generación. Esa es la razón, según la versión oficial, de que Guanajuato pasase de ser un próspero estado con fuerte industria y atractivo turismo a convertirse en la capital de la violencia en México. Para Fabrizio Larusso, con amplia experiencia acompañando a víctimas de la violencia, esta es una visión “reduccionista” que “criminaliza” a quienes sufren las consecuencias del horror. “Existen dinámicas de violencia multifactoriales, el concepto es muy genérico”, afirma. 

“Hay un contexto de mucho miedo y una desprotección total de la ciudadanía. Hay miedo a autoridades locales”, dice el investigador, que insiste en que “la violencia no la provocan solo los grupos criminales. Existe una violencia estructural y estatal”.

Entérate: Guanajuato, el segundo estado con más desaparecidos; familias denuncian falta de atención

Las víctimas se organizan pese al miedo 

En este contexto de violencia desmedida las víctimas son el eje principal, el rostro humano, aunque tengan que cubrirse la cara. Si se llegó a la casa del horror de Acámbaro fue por el trabajo de los colectivos. Al contrario que ocurre en otros estados como Jalisco o Tamaulipas, donde las desapariciones son una triste realidad desde hace al menos una década, en Guanajuato este es un fenómeno reciente. Históricamente hubo dos agrupaciones, pero la violencia descontrolada de los últimos años provocó que actualmente sean diez grupos de gente que busca a sus seres queridos. Muchos estuvieron en Salvatierra, en noviembre, y también ahora en este pequeño municipio de la frontera con Michoacán. 

“Somos hermanas y somos familia del mismo dolor. Ahora ya nos conocemos, pero así nos conocimos, preguntando a quién buscábamos. Que si yo a mi hijo, a mi esposo, a mi nieto. En este calvario nos encontramos con compañeras que están sufriendo lo mismo que una”, dice una de ellas. 

Aunque hay quien se marcha con la zozobra de no haber encontrado lo que buscaba, los positivos también dan una especie de tranquilidad colectiva. “Lejos del cansancio físico, fueron días muy difíciles y conmovedores. Igual no se localizó a algún miembro de colectivo, pero tengo la certeza de que muchas familias van a descansar. Van a tener esta paz, esta tranquilidad, no se van a preocupar más”, dice una de las participantes en la búsqueda.  

Fabrizio Lorusso insiste en algo clave: “no buscan culpables, sino a sus familiares”. En todas estas jornadas no se habla de quién pudo hacer qué, sino de dónde están. De quiénes serán los seres humanos a los que se desentierra. 

En realidad, este es solo el primer paso. El hallazgo de las fosas y la exhumación de los restos son el inicio de un proceso que debe concluir con la identificación de las personas a las que se encontró y su entrega a sus familias. En Acámbaro, aún falta mucho para eso. Mientras tanto, detrás de la cinta amarilla de la fiscalía, queda como testigo aquella casa convertida en cementerio en las faldas del cerro. También unas familias valientes que seguirán buscando aunque tengan que cubrirse el rostro.

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