Día de Muertos: cuál es el origen y significado de la flor de cempasúchil
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Día de Muertos: cuál es el origen y significado de la flor de cempasúchil, la reina de los altares

El Día de Muertos en México es una celebración tradicional para honrar a los que ya no están. Y muchos mexicanos los homenajean con altares y ofrendas en las que la flor de cempasúchil no puede faltar.
31 de octubre, 2020
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Una vez al año México se tiñe de un color amarillo anaranjado.

Se debe a la flor de muerto o cempasúchil y es señal de que llega la festividad de Día de Muertos, una celebración cada 1 y 2 de noviembre de los vivos para honrar a los que ya no están físicamente.

Pero la tradicional festividad mexicana no es solo colores sino también aromas.

“Cada año olemos todos a cempasúchil”, dice el biólogo mexicano Jerónimo Reyes, quien explica a BBC Mundo que esta flor contiene aceites esenciales que la hacen muy aromática, entre otras características especiales.

Y el olor de la flor de cempasúchil también se fusiona con las diferentes comidas tradicionales mexicanas que ocupan un rol fundamental en las ofrendas a los muertos.

¿Cuál es el origen y qué significa el nombre cempasúchil?

La flor de 20

El nombre original de la flor de cempasúchil es sempôwalxôchitl y proviene de la lengua náhuatl.

Manos sostienen una flor de cempasúchil

Getty Images
La flor de cempasúchil está compuesta por muchas flores o pétalos. De ahí surge su nombre.

“La palabra viene de dos sustantivos: sempôwal, que significa 20 (o muchos), y xôchitl, que es flor. Su traducción sería flor de 20“, detalla Andrea Rodríguez, investigadora de la facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de México (UNAM) y especialista en el estudio de jardines prehispánicos.

“El códice florentino del náhuatl del siglo XVI menciona que hay flores machos y hembras y que estas últimas tienen muchas flores. Es como una bola con muchas flores juntas”, compara a BBC Mundo.

Según la investigadora, la flor tiene diferente nombre dependiendo de la región y el más común es el que conocemos del náhuatl, que se deformó con el español y terminó llamándose cempasúchil.

Una flor americana

En el plano científico, cempasúchil recibe el nombre de Tagetes erecta y es una planta exclusiva del continente americano. Crece en México, Centroamérica, y hasta Sudamérica.

Según explica Jerónimo Reyes, que es biólogo del jardín Botánico del Instituto de Biología de UNAM, hay cerca de 58 especies, pero muy pocas se utilizan para los fines del Día de Muertos.

“La gente en general se ha limitado a llamar flor de muerto o cempasúchil a una sola especie, que es la Tagetes erecta, pero en realidad en México hay más especies de cempasúchil”, explica.

Campo con la flor de cempasúchil.

Getty Images
La flor de cempasúchil es nativa del continente americano y crece de forma silvestre en zonas montañosas.

Las diferencias en las especies varían en la cantidad de flores, las hojas, el tamaño de la planta, el color de los pétalos o flores -hay algunas que tienen el filo del pétalo que es rojo-. Pero en todas predomina el color amarillo anaranjado.

La flor crece en lugares silvestres, sobre todo en las zonas montañosas y también se cultiva.

Pese a ser una especie nativa de México, China es el principal productor de cempasúchil para uso industrial, con las tres cuartas partes de lo sembrado en el mundo, informa el sitio web de la UNAM con datos de 2019.

Esta explotación del cultivo de cempasúchil por parte de China reside en las propiedades de esta planta, que tiene varios otros usos además del ritual.

De la planta se extraen aceites esenciales para fabricar agroquímicos para combatir insectos y se utilizan para la industria avícola, con el propósito de lograr que la carne del pollo y la yema de los huevos tome un color más amarillo.

“Es una flor con carotenoides, son sustancias que dan estos colorantes muy fuertes para que logre teñir la carne y la yema de huevo”, describe Reyes.

Un hombre con una gran montaña de flores de cempasúchil.

Getty Images
Los pigmentos de la flor de cempasúchil se utilizan para la industria avícola para intensificar el color de la carne del pollo y la yema de huevo.

Otras de las características de la flor de cempasúchil es su corta vida.

“La mayoría de las flores de cempasúchil son anuales, es decir, que nacen y solo viven una temporada. Pero como cuenta con muchas semillas, se reproducen muy fácilmente”, detalla Reyes.

Y desde hace siglos, se utilizan distintas partes de la la planta con fines medicinales, como infusión cuando se tiene una afección estomacal, para aliviar las flatulencias, para ayudar a las vías respiratorias, y hasta para mejorar el deseo sexual, según cita Rodríguez de la bibliografía del siglo XVI.

La leyenda y la flor del ritual

Dice la leyenda que Xóchitl y Huitzilin estaban enamorados desde que eran niños y que por las tardes subían a la montaña dedicada a Tonatiuh, el dios azteca del sol, y le ofrendaban ramos de flores.

Pero un día se desató la guerra y Huitzilin fue a pelear para defender las tierras aztecas y murió.

Destrozada de dolor, Xóchitl pidió al dios Tonatiuh que la librara de su sufrimiento y la reuniera con su amado.

Campo con la flor de cempasúchil.

Getty Images
La flor de cempasúchil también tiene su leyenda prehispánica.

El dios del sol cumplió con el pedido y dejó caer sus rayos sobre Xóchitl, y ella se transformó en una flor de color amarillo intenso.

Luego un colibrí se posó en el centro de la flor y ésta abrió sus 20 pétalos liberando un aroma intenso.

Siguiendo el mandato de Tonatiuh, el amor de la pareja azteca permanecerá mientras haya colibríes y flores de cempasúchil en los campos mexicanos.

Tal vez es por eso que la flor de cempasúchil es la reina de los altares de muertos en México. Lo cierto es que no hay ofrenda sin esa flor.

“En la época prehispánica, los mexicas utilizaban esta flor por el olor, porque es muy particular. Cuando viene el día de muertos en México, todos reconocemos ese olor . Y la tradición dice que lo que atrae a los muertos es el olor de esa flor”, describe Andrea Rodríguez.

Hasta el año pasado, cuando la pandemia de la covid-19 no se había declarado, la tradición anual mexicana era pasar la noche en los cementerios ofreciéndole a los muertos un banquete y decorando sus tumbas con flores y pétalos de cempasúchil.

Mujer coloca flor de cempasúchil en una tumba.

Getty Images
La flor de cempasúchil se utiliza para decorar las tumbas.
Ofrenda Día de Muertos 2016

Gentileza Carlos Feria Perez
En las ofrendas a los muertos no puede faltar la flor de cempasúchil.

Este año la festividad se ve opacada por la pandemia que causó la muerte de más de 90.000 personas en México, el cuarto país con más fallecidos en el mundo. Las autoridades decidieron que los panteones permanecerán cerrados para evitar aglomeraciones

Pero los mexicanos también honran a sus muertos en sus casas con altares hogareños en los que la comida casera y la flor de cempasúchil no puede faltar.

“Cuando vemos flor de muerto, estamos viendo mole, tamales…”, dice riéndose el biólogo Reyes.

Pero para que el alma del muerto llegue a la casa hay que ayudarlo.

“Se construyen unos caminos con los pétalos de la flor en la entrada de las casas para que el muerto se guie con el olor y pueda llegar al altar o a la ofrenda. Ver o entender a las flores por su olor y no por su color es un concepto muy prehispánico”, describe por su parte Rodríguez de la UNAM.

Un camino hecho con la flor de cempasúchil.

Getty Images
Muchos mexicanos decoran sus altares y forman caminos con la flor de cempasúchil para orientar a sus muertos hacia las ofrendas.

Entonces, si la flor de cempasúchil se asocia al Día de Muertos por su olor, ¿a qué huele?

Durante la entrevista, Andrea Rodríguez se levanta y va en busca de un florero con cempasúchil. Me dice que huelen a panteón, pero no se cansa de remarcar que es un olor agradable.

Minutos después me llega un correo electrónico. “Me dejaste pensando”, dice.

“Como dice mi amigo Mauricio Medina Sánchez: ‘Huele a pasado, pero un pasado muy vivo‘”.

Una mujer huele las flores de cempasúchil.

Getty Images
El olor de la flor de cempasúchil es clave para la cultura mexicana.

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Andrea Paredes @Driu_Paredes

'Si no conseguía el dinero, mis huesos podían romperse': El costo de tener cáncer en un país desigual

El cáncer es una enfermedad costosa, que para muchos se vuelve impagable si no se tiene acceso a la seguridad social. Es ahí cuando las fundaciones son de gran ayuda para los enfermos.
Andrea Paredes @Driu_Paredes
Por Lizbeth Padilla y Eréndira Aquino
29 de enero, 2021
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El cáncer cuesta, pero no cuesta igual para todos. Humberto tenía la buena fortuna de contar con un seguro de gastos médicos mayores en Médica Sur, en la Ciudad de México, donde ha podido llevar su tratamiento. 

Patricia tuvo que hacer colectas y rifas para juntar más de 450 mil pesos para operaciones que mejorarían su calidad de vida por el cáncer de hueso que padecía. 

La situación de Alma era más desigual. Ella debía gastar en el viaje desde su pueblo en Juquila, Oaxaca hasta el Estado de México y luego a la Ciudad de México para atender su cáncer de mama y luego el de tiroides.

El nivel de ingreso, su género, su lugar de residencia, su afiliación o no a la seguridad social se convierten en factores sociales de riesgo para la detección y atención del cáncer, además incrementa el costo de su tratamiento.

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“El cáncer significa una serie de costos directos e indirectos, no solamente los costos para los servicios de salud, para el tratamiento, sino costos en cuanto a la vida de las personas. Días de trabajo, familiares, hijos huérfanos, en fin”, explica a Animal Político la doctora Laura Flamand, investigadora del Colegio de México.

El estudio Cáncer y desigualdades sociales en México 2020, realizado por la Red de Estudios sobre Desigualdades de El Colegio de México y del que la doctora Flamand es autora, señala que “no existe una fuente de información oficial sobre el gasto público para la atención al cáncer en México”, sobre todo para la población no asegurada, pero hay datos que ayudan a hacer una estimación.

Según el análisis de los investigadores, Flamand, Carlos Morenos del ITESO y Rafael Arriaga, solo la atención de los cánceres cérvico-uterino, de mama y de próstata implicaron en 2020 un costo para el gobierno de 2.9 mil millones de pesos. 

A esto se suman los costos indirectos, que son el resultado de que las personas enfermas de cáncer reciban subsidios por incapacidad temporal; dejen de tener ingresos por una muerte prematura; o su cuidador no pueda trabajar. Esto genera un costo indirecto de 20.5 mil millones de pesos.

Por tanto, si se suman los costos directos y los indirectos, se alcanza la cifra aproximada de poco más de 23 mil millones anuales. Este alto costo para el sistema de salud en México es un reto para su sustentabilidad. Del otro lado están los pacientes que deben conseguir dinero para seguir luchando por su salud frente al cáncer, tengan o no seguridad social.

Los costos de luchar contra el cáncer

El tratamiento que Patricia necesitaba para mejorar su vida por el cáncer de huesos que padecía le costaría más de 450 mil pesos.

Uno de los médicos que la diagnosticó fue enfático cuando ella y su novio le dijeron que no tenían dinero para las tres operaciones: “consíganlo”. Con ese mandato ella y su entonces novio volvieron a Guadalajara, donde reside con su familia. 

“Obviamente dijimos ¿cómo vamos a conseguir el dinero de las otras operaciones? Porque a mi me dijeron que si yo no me hacía esa técnica mis huesos en cualquier momento podían romperse,, mi columna vertebral iba a colapsar por la debilidad del tumor en los huesos, la cadera iba a colapsar también pero lo más grave era que iba a perder todo control de esfínteres e iba a perder la capacidad de caminar”, cuenta Patricia.

Ella padeció primero cáncer de mama en grado cero, por lo que no requirió quimioterapia y se le retiró una de sus mamas. Pero cuatro años después, un dolor en la ingle, que se intensificó con los meses, resultó en un cáncer de huesos grado cuatro. Los oncólogos del IMSS, del que Patricia es derechohabiente, no se explicaban cómo había pasado de un cáncer grado cero a uno cuatro.

Patricia consultó al doctor Ricardo Plancarte, él desarrolló una técnica para entrar al hueso, deshacer los tumores y para rellenar el hueco inyectar cemento. Patricia necesitaba tres operaciones: dos en la cadera y una en las vértebras. Cada una costaba 150 mil pesos, más el gasto del vuelo de Jalisco a la CDMX, hospedajes y comidas.

Aunque ella es derechohabiente del IMSS, esta técnica no estaba disponible en el sector público.

Amigos y familiares realizaron colectas, una subasta de arte, un torneo de golf, la estética de una amiga donó las ganancias de un día, sus primas vendieron ropa en un tianguis, todo para conseguir el dinero sin que nadie de la familia se empobreciera, y lo lograron. 

Esto solo fue parte del dinero que ella necesitó para tratar su cáncer. También tuvo que cubrir algunos estudios, como una biopsia con tomógrafo que en un laboratorio particular costaba 30 mil pesos, análisis de sangre, rayos x. Cada año requiere un PET, que es un estudio que analiza todo su cuerpo y detecta lesiones por mínimas que sean. Este estudio le dice si está libre de cáncer y tiene un costo aproximado de 17 mil pesos. Por lo que cada año, Patricia inicia una campaña en la plataforma Donadora para recaudar fondos.

Ella también requiere un medicamento, el trastuzumab, que elimina las células malignas y la mantiene libre de cáncer. Este lo recibe gracias al IMSS, pues sola no podría pagarlo: cada ciclo (cuatro meses) cuesta 300 mil pesos.

“Tienes que pelear muy cabrón por ese medicamento. Ese medicamento me lo ponen cada 21 días. A mi la oncóloga me dijo yo te voy a recetar esto de por vida y si el IMSS no lo sigue autorizando yo te lo voy a seguir dando”.

“Si hay que pelear, voy y lo peleo y si hay que formarse muchas horas, voy y me formo. Hay que pelear bien fuerte y eso depende de uno, es independiente de la actitud del sistema”, comenta Patricia. 

Otro tratamiento que es caro y que, explica el estudio, está disponible para un reducido número de pacientes es el de cáncer de pulmón. Humberto padece este cáncer, el más costoso de los diferentes que existen, a éste le siguen el de mama y luego el de próstata. 

Aunque no hay cifras oficiales, los investigadores del Colmex encontraron análisis que señalan que en promedio el costo  -para el sistema de salud – por paciente que no cuenta con seguridad social y padece cáncer de pulmón es de 262.7 mil pesos por año. En el caso del cáncer de próstata el costo es de 38.8 mil pesos, y en mama es de 50 mil pesos, aunque otros estudios lo elevan hasta un promedio de 110.2 mil pesos anuales.

Hace cuatro años, Humberto fue diagnosticado. Los primeros tres ciclos de quimioterapias los recibió en Médica Sur, gracias a un seguro de gastos médicos mayores. 

“Quién sabe cómo hubiera sido mi condición si no hubiera tenido yo gastos médicos mayores, hubiera tenido que empezar o en el seguro o en el ISSSTE, hubiera sido muy complicado muy tardado y quién sabe si yo hubiera recibido el tratamiento que afortunadamente estoy recibiendo”, dice Humberto. 

Pero igual que Patricia, se apoyó en el sector público, el resto de su tratamiento lo tomó en el Instituto Nacional de Cancerología (INCan). 

“He tenido muchos internamientos en Médica Sur prácticamente pues mi seguro si no has acabado pues está próximo a terminarse afortunadamente los tratamientos de inmuno lo sigo recibiendo en Cancerología y eso no me afecta en el gasto médico mayor pero con todos estos internamientos que ya te dije y por ser una sola enfermedad mi seguro tiene un límite y mi seguro no está próximo a vencerse pero sí hay que cuidarlo”, dice.

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Seguridad social, un privilegio

Alma Carolina viajaba de su pueblo, Juquila, Oaxaca a Ciudad Nezahualcóyotl en el Estado de México, a la casa de familiares. De ahí tenía que hacer el recorrido hasta la zona de hospitales en Tlalpan, al Sur de la Ciudad de México, para atender el cáncer de mama que padecía, en el Instituto Nacional de Cancerología (Incan).

Ahí le realizaron una mastectomía y le dieron un tratamiento con medicamentos, como su cáncer estaba en una etapa temprana no requirió quimioterapia. Pero cuatro años después, sintió una bolita en el cuello; después de pedir varias veces una biopsia, fue diagnosticada con cáncer de tiroides. Alma no tiene un empleo fijo ni seguridad social. Vende blancos y ropa interior por catálogo.

Gracias a que se trata en el INCan, por las cuatro operaciones que ha necesitado para ambos padecimientos ha gastado entre 2 mil 500 y 3 mil pesos. Pero a eso se suma el gasto de 500 pesos en transporte cada vez que venía, además de estudios. “Procuro ahorrar porque yo soy responsable de mi vida, mi economía y todo. No ha estado muy fácil”, cuenta.

Leonardo era vendedor en una empresa particular hasta que llegó el cáncer. Ha pasado por 148 quimioterapias y 10 tratamientos de radiación en la cabeza. Con este tratamiento ha logrado controlar el cáncer de pulmón, sin embargo también tiene metástasis a nivel óseo.

Se ha dedicado al comercio junto con su esposa. No tiene seguridad social por lo que se ha tratado el cáncer de pulmón en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER).

“Estuve un año y medio en el INER y yo tenía que pagar los químicos, los químicos me costaban aproximadamente alrededor de unos 30,000 pesos cada 21 días. Yo estuve ahí mientras pude, porque cuando yo no pude tuve que buscar alternativas, irme al hospital de salubridad y ahí nos han apoyado cuando te quedas sin medicamentos y cuando no lo tenemos que comprar”, cuenta.

Alma y Leonardo son parte de los 32 millones 999,713 personas que no están afiliadas a ningún servicio de salud, según el Censo 2020 del INEGI. De los 92 millones 582,812 mexicanos con seguridad social, 51% pertenecen al IMSS, 35.5% al seguro popular (ahora Insabi), 8.8% al ISSSTE y 1.3% a los servicios de Sedena, Marina y Pemex.

El estudio señala que quienes cuentan con un seguro de salud en el sistema público o privado tienen más probabilidades de acceder a pruebas de detección oportuna que las que no están aseguradas.

La detección temprana salva vidas, sin embargo, dicen los investigadores, en México 70% de los casos de cáncer se detectan en etapas avanzadas, lo que reduce las posibilidades de recuperación y encarece el tratamiento.

“El hecho de que alguien, él o ella estén afiliados al IMSS o al ISSSTE que tengan seguridad social, los coloca en una enorme ventaja para atenderse de manera oportuna, eficaz, con calidad, el cáncer, contrario a personas que no tienen seguridad social. Entonces esa sería otra diferencia importante. Y esto es crucial porque, pues 6 de cada 10 personas trabajan en la economía informal y no tienen seguridad social”, explica Laura Flamand. 

En México los servicios de salud se dividen en tres tipos de instituciones: seguridad social (IMSS, ISSSTE), las que atienden a personas sin seguridad social y las del sector privado.

De 2003 a 2019, las personas sin seguridad social se atendían a través del Seguro Popular. Pero al llegar el presidente Andrés Manuel López Obrador se canceló el Seguro Popular para crear el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi).

A través del Fondo de Protección para Gastos Catastróficos – eliminado por el gobierno actual -, el Seguro Popular cubría todos los cánceres en menores de 18 años y ocho tipos de cáncer de adultos: mama, cérvico-uterino, endometrio, testículo, linfoma No Hodgkin, próstata, colorrectal y ovario. Aunque dejaba fuera algunos cánceres de alta incidencia en México: estómago, pulmón, riñón, hígado, leucemia y páncreas, señala el estudio del Colmex.

Ni el cáncer de tiroides de Alma, ni el de pulmón de Leonardo eran cubiertos por el Seguro Popular, y aunque recibieron atención en el INER y el INCan, en ambos institutos públicos de alta especialidad los pacientes tienen que pagar por sus tratamientos.

Pese a los esfuerzos del gobierno, aún hay injusticias en la cobertura de ciertos tipos de cáncer. Un ejemplo son el testicular y la leucemia. Laura Flamand explica que el Seguro Popular cubría un trasplante de médula ósea – que cuesta cerca de un millón de pesos – pero hay pacientes que requieren hasta tres. 

El cáncer testicular estuvo fuera del Fondo de Protección para Gastos Catastróficos. Si un niño lo padecía estaba cubierta su atención hasta los 18 años, una vez siendo mayor de edad no tenía cobertura pues el Seguro Popular no lo atendía.

“La desigualdad y la injusticia asociada a la diferencia de las carteras de servicios para quien tiene IMSS, ISSSTE y quien no tiene Seguro Popular, Insabi, ahora, verdaderamente es gravísima porque la diferencia entre estos dos adolescentes es simplemente que su madre a su padre trabaja en el sector formal y la otra persona no. Es un hecho que es profundamente injusto en términos sociales”, añade Flamand.

La transición del Seguro Popular al Insabi se da en medio de la incertidumbre, señala el doctor y académico del ITESO, Carlos Moreno Jaimes.

“Es difícil decir si esto va a ser mejor, va a ser peor. Lo que más nos preocupa es la falta de señales mucho más claras en términos de construcción de una nueva institucionalidad para el Insabi, porque hay demasiadas dudas flotando en el aire. Sobre todo respecto a la cobertura de intervenciones para cáncer. 

En el Seguro Popular, dice a Animal Político, “por lo menos de manera gradual, se fue ampliando la cartera de intervenciones, pero en el caso del Insabi, por lo menos hablo por mí. No, no lo tengo claro. No hay, no hay un marco institucional todavía claro respecto a cómo va a fluir el financiamiento, qué va a pasar con los estados que se adhieran versus con aquellos que no se adhieran al Insabi”.

Las diferencias entre la atención que recibe una persona con seguridad social de una que no la tiene se muestra también en el gasto que hace el gobierno. De acuerdo al estudio, en 2018, el gasto en salud por cada persona con seguridad social era de 6,234 pesos, mientras que para las personas sin seguridad social era de 4,383, es decir, 30% menos.

“En el caso específico de la atención del cáncer, la fragmentación institucional del sector salud ocasiona que las personas tengan un acceso diferenciado a la infraestructura disponible para su prevención y tratamiento. Además, la comunicación entre los subsistemas es deficiente, lo cual complica la gestión de los registros médicos de las personas, elemento crucial para la atención oportuna del cáncer”, agrega el análisis.

El trabajo de las OSC como complemento

Para Alma, Patricia y Leonardo las fundaciones que apoyan la lucha contra el cáncer han sido fundamentales para su recuperación.

Sus casos son un ejemplo, dice el Colmex, de cómo las organizaciones sociales tienen un papel fundamental en la atención de pacientes con cáncer en México. Éstas “difunden información a comunidades desatendidas, brindan servicios de apoyo a pacientes, promueven la prevención y detección tempranas, amplían el conocimiento y dan visibilidad al tema”, señala el estudio.

Gracias a Respirando con Valor, Leonardo ha podido conseguir los medicamentos caros necesarios para su tratamiento de quimioterapia.

“Cuando un hospital de salubridad no tienen algún medicamento entonces acudimos a Respirando con Valor y nos ayuda a conseguir ese medicamento más económico o a buscarlo y se encarga de buscarlos, ya encontré uno y ya encontré otro, Respirando con valor siempre nos ha apoyado en ese aspecto en mi caso, nos ha apoyado moralmente y nos apoyado con despensa, nos ha brindado todas esas oportunidades para salir adelante”.

Alma es parte de la Fundación de Alba. A través de ellos consigue sus suplementos alimenticios o el medicamento que debe tomar diario para contener su cáncer de tiroides. Estas redes de ayuda son importantes por su condición de vulnerabilidad. 

“Mi pastilla del diario, la mayoría de veces me la han regalado, la mayoría de veces la he obtenido por el hospital o estoy en un grupo de WhatsApp que somos 200 personas de cáncer de tiroides. Ellos me lo regalan. El año pasado dejé de tomar una o dos veces mi calcio porque no tenía dinero, pero el Día de los Inocentes mandé un mensajito al grupo de tiroides y les digo ‘oigan, alguien que me apoye con dinero o con las pastillas de calcio?’. Me regalaron cuatro cajas de calcio para cuatro meses”, cuenta.

Patricia conoció a Lolita Ayala, la comunicadora le consiguió un ciclo completo de  trastuzumab a través de su fundación, “por si en el IMSS se retrasaban en dárselo”.

“La labor que hacen estas organizaciones sociales es muy importante, porque no solamente acompañan y atienden a pacientes con cáncer, sino también están posicionando de manera estratégica el tema. Además proveen insumos muy valiosos para la toma de decisiones”, expone el académico Moreno Jaimes.

Un ejemplo de los logros de estas organizaciones, explica Moreno, es el caso de Cáncer Warriors, la cual impulsó una iniciativa para que los padres y madres de niños y niñas con cáncer pudieran tener una licencia pagada casi de un año para poder atender a sus hijos.

“Esto representa un caso exitoso y de incidencia en políticas públicas. A mí me parece que sería un error que el gobierno actual se cerrara de ojos y pensara que el gobierno se vale por sí mismo para enfrentar un problema tan, tan complejo y tan multidimensional”, agrega Moreno Jaimes.

Al respecto Laura Flamand asegura que no se debe decir que toda la sociedad civil es mala o buena. Una de las ventajas de estas asociaciones es su capacidad para organizarse.

“Tienen más flexibilidad para comenzar a implementar tratamientos nuevos, terapias novedosas, entonces pueden ser como un espacio de innovación y para intervenciones, para prácticas que faciliten la vida de los pacientes, les hagan los tratamientos más llevaderos incluso”, dice Flamand.

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