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Cuánto puede tardar en regenerarse la selva consumida por los incendios en la Amazonia

El cambio climático y la intensidad del fuego pueden determinar la rapidez de la recuperación de las zonas afectadas por las llamas.
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27 de agosto, 2019
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Más de 40.000 especies de plantas, 1.300 tipos de aves y 426 diferentes de mamíferos viven en la selva tropical del Amazonas, la más grande del mundo con 6,7 millones de kilómetros cuadrados.

Muchos animales y plantas, sin embargo, están amenazadas por los incendios que hace semanas azotan la zona. Las llamas no se limitan solo a la Amazonia de Brasil, también están afectando a los bosques de Bolivia y Paraguay.

Las imágenes son desoladoras: el humo y las llamas han cubierto centenares de miles de hectáreas de selva.

Los datos satelitales del Instituto Nacional de Investigación Espacial de Brasil (INPE, en portugués) señalan que, en lo que va de año, se ha registrado en Brasil un incremento en los incendios de más de un 80% respecto a los mismos mismos meses de 2018.

Pero ¿cuánto puede tardar en regenerarse la selva amazónica consumida por los incendios?

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La deforestación y el cambio climático pueden afectar a la regeneración de las áreas afectadas.

El profesor de ciencias del ecosistema en la Universidad de Oxford (Inglaterra) Yadvinder Malhi asegura que “el bosque tarda entre 20 y 40 años, si se le permite regenerarse”.

No obstante, en conversación con BBC Mundo, el académico precisa que hay varios aspectos que pueden afectar esta recuperación.

Uno de ellos es cuán dañada esté la tierra quemada. Si ha sufrido múltiples incendios -afirma-, es más probable que presente daños permanentes y su recuperación sea mucho más lenta.

Otro de los factores tiene relación con la cercanía del pedazo de tierra quemado a un bosque sin daños.

“Si está al lado de un bosque intacto, los pájaros y animales van a irse naturalmente al área dañada y ayudarán a la regeneración”. De lo contrario, dice Malhi, “va a ser mucho más difícil porque se tendrán que introducir las semillas y las especies”.

Cambio climático y deforestación

El cambio climático es otro de los factores que puede determinar la rapidez con la que las hectáreas quemadas van a regenerarse.

Claire Wordley, investigadora del Departamento de Zoología de la Universidad de Cambridge (Inglaterra), afirma que este factor es extremadamente difícil de prever y controlar.

“Ya se ha pronosticado que si la temperatura llega a ser muy alta, el Amazonas no podrá producir suficiente lluvia para mantener su selva tropical. Entonces, si hace demasiado calor, puede convertirse en sabana”, dice a BBC Mundo.

Según la académica, aunque es difícil hacer una estimación del tiempo que tardará la selva dañada en recuperarse, sí está claro que no serán diez años. “Pueden ser cientos”, afirma.

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Varias zonas de la región amazónica están siendo afectadas por la cría de ganado.

Por otra parte, el uso de la tierra para la agricultura y la deforestación también pueden ser una barrera para impedir la recuperación de la tierra.

Para el investigador ecológico Phil Martin, aunque recuperar las plantas y árboles “puede tomar entre 150 y 200 años”, eso sería en “perfectas condiciones”.

“El problema es que hoy hay varias áreas que están siendo afectadas por agricultores y la cría de ganado. El cambio climático también puede afectar, vemos que ahora los incendios son mucho más frecuentes y destructivos que antes”, indica.

Cambios en la estructura

Los incendios modifican drásticamente la estructura de la vegetación de un determinado lugar. Y esto, a su vez, afecta a las especies que viven en el área.

Así lo afirma José María Cardoso da Silva, profesor del Departamento de Geografía y Estudios Regionales de la Universidad de Miami (EE.UU.). Para el académico, la recuperación de las especies puede tardar varias décadas o siglos, siendo aún más difícil si los incendios son sucesivos.

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Miles de diferentes especies viven en el amazonas.

“Si los incendios se convierten en la norma en el paisaje, los bosques nunca se regenerarán en su condición natural y veremos un nuevo tipo de vegetación empobrecida dominada por unas pocas especies de árboles comunes que pueden sobrevivir en el nuevo régimen de incendios“, señala a BBC Mundo.

Da Silva agrega que “los incendios también pueden facilitar la expansión de especies invasoras que, con el tiempo, pueden limitar la regeneración de los ecosistemas naturales”.

¿Los incendios son parte del ecosistema del Amazonas?

Otro dato que hay que tener en cuenta para entender cuán difícil será recuperar las zonas afectadas es que los incendios en la selva amazónica no ocurren naturalmente.

“En muchas partes del mundo, el fuego es parte del ecosistema. Pero en la selva tropical, los árboles no están preparados, nunca han experimentado incendios”, explica Malhi.

“Entonces incluso pequeños incendios pueden matar muchísimos árboles. Puede ser muy dañino”, agrega.

Una opinión similar comparte la investigadora Claire Wordley.

“Hay zonas, como Australia o algunas partes de Estados Unidos, que están preparadas para lidiar con el fuego pero la región amazónica no tiene esa misma capacidad. Sudamérica es una de las regiones que se recupera más lentamente de los incendios“, dice.

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La región amazónica no tiene mecanismos de protección contra el fuego.

Según estudios, incluso tres décadas después de ser golpeados por un incendio, los bosques quemados tienen un 25% menos de carbono que aquellos que no fueron blanco de llamas. Y es que el Amazonas no tiene mecanismos de protección contra el fuego y esto genera que la mortalidad de los árboles sea mucho más alta.

“Esto muestra que necesitamos décadas o incluso cientos de años para que los bosques se recuperen de un incendio”, dice la brasileña Erika Berenguer, de la Universidad de Oxford, a BBC News Brasil.

“Tenemos árboles enormes que caen. Morirán. Entonces pueden nacer árboles delgados. Estos árboles nuevos crecen rápido, pero tienen una baja densidad de madera. Retienen poco carbono”, agrega la investigadora.


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Polvo del Sáhara que llega a América es el más intenso de los últimos 50 años

La nube de polvo trae consigo nutrientes que fertilizan la Amazonía y benefician los océanos, pero también tiene efectos adversos en la salud de las personas.
Foto: Pixabay.
Por Yvette Sierra Praeli/ Mongabay Latam
3 de julio, 2020
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En las últimas semanas, una nube de polvo ha cubierto varios países del continente americano. Se trata de la llamada nube de polvo del Sáhara, un evento anual que se presenta a partir del mes de junio y puede extenderse hasta septiembre.

El evento meteorológico consiste en el viaje de toneladas de polvo proveniente del desierto africano que atraviesa el Océano Atlántico hasta alcanzar América, principalmente Centroamérica, México, el sur de Estados Unidos y el norte de Sudamérica.

Según los científicos, esta nube de polvo puede afectar la calidad del aire en los lugares a los que llega, pero también juega un papel importante en la fertilización de los suelos de la Amazonía y las playas en el Caribe.

Lee: ¿Tienes enfermedades respiratorias? Así puedes cuidarte del polvo del Sahara

Las imágenes satelitales registradas por la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) muestran que esta gran nube de polvo sahariano empezó a cruzar el Atlántico el 13 de junio. En ese momento su extensión superaba los 3000 kilómetros, pero hacia el 24 de junio estaba por encima de los 8,000, reporta el organismo estadounidense.

Aunque se trata de un evento recurrente, este año llamó la atención de la comunidad científica la gran dimensión de la nube de polvo. “Es la primera vez que se ve desde el espacio que el evento alcance esa magnitud. Es una meganube. No se veía algo así hace 50 años”, dice Sidney Novoa, director de Tecnología para la Conservación en la organización Conservación Amazónica (ACCA), que ha desarrollado un aplicativo en línea para detectar fuegos en Bolivia y que ahora está siguiéndole los pasos a esta gran nube.

Foto: NASA

Los efectos del polvo del desierto africano

La capa de polvo se ha visto en ciudades de Venezuela, Colombia, Surinam, Guyana, Nicaragua, Cuba, Puerto Rico, Barbados, Trinidad y Tobago, Jamaica, Panamá, República Dominica y México, entre otros lugares del continente y actualmente se encuentra en el sur de Estados Unidos, según reportes meteorológicos.

“En el norte de África periódicamente ocurren enormes tormentas de polvo y arena, que llegan hasta alturas de 6000 metros, a las capas medias de la troposfera”, explica Luis Vargas, coordinador del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología, en la Región Los Andes, en Venezuela, y agrega que son los vientos alisios los responsables de trasladar ese polvo a través del Atlántico hasta nuestro continente.

Lo particular que tiene el evento de este año —continúa Vargas— es la enorme concentración de polvo. “Normalmente, cuando ocurre este evento, hasta el norte de Venezuela llegan concentraciones de entre 50 y 100 microgramos por metro cúbico. En esta oportunidad, la densidad del evento llegó a registrar valores por encima de los 200 microgramos por metro cúbico”, explica Vargas.

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Luis Ladino, investigador titular del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) explica que este evento ocurre dos veces durante el año. El primero va de febrero a abril y el segundo de junio a setiembre.

Ladino también explica que hace varias décadas no se veía el evento en esta magnitud. “Ni en área ni en cantidad de elementos particulados. Estamos haciendo un monitoreo en tiempo real , pero aún no sabemos por qué ahora se ha presentado con mayor intensidad”.

El experto de la UNAM señala que, normalmente, el polvo del Sáhara llega a la Amazonía durante la primera ocurrencia del evento del año. “Veíamos que cada año, durante febrero, marzo y abril llegaba esta nube de polvo a Venezuela, Colombia y Ecuador”. Ladino también cuenta que los vientos del Orinoco arrastran este polvo y lo introducen dentro del continente, superando así la barrera de las montañas que naturalmente impiden su paso.

El científico explica que los minerales que carga el polvo del Sáhara funcionan como nutrientes para los suelos que los han perdido como consecuencia de una práctica excesiva de la agricultura, así como para los océanos. “Trae hierro, que es importante para el fitoplancton y de mucho beneficio para los océanos”.

“A escala mundial, el polvo africano es conocido como una de las principales fuentes de partículas de polvo mineral, ya que pueden transportarse de manera eficiente a diferentes partes del planeta”, dice el estudio —actualmente en revisión— Partículas de polvo africano en el Caribe occidental Parte I: impacto en la calidad del aire en la península de Yucatán, que tiene entre sus autores a Ladino. “Varios estudios han sugerido que la Península de Yucatán podría verse influenciada por tales partículas”, se indica en la investigación.

El polvo sahariano tiene sus impactos positivos, pero también tiene su aspecto negativo —continúa Vargas— quien explica que sirve de fertilizante de los ecosistemas acuáticos y terrestres de varias zonas del planeta como sucede en la selva Amazónica.

Vargas explica que este polvo se compone en gran medida de roca triturada, muy fina, compuesta por diferentes elementos químicos como el fósforo y el nitrógeno, que constituyen nutrientes beneficiosos para la tierra y sirven de abono para la vegetación. También favorece al ecosistema marino.

“Según estudios de la NASA, cuando el polvo cae en el océano, las partículas más livianas se quedan en la zona donde están los microorganismos como el fitoplancton o bacterias animales, que ayudan a liberar sus nutrientes”, comenta Vargas.

El reporte de la NASA publicado en su sitio web el 19 de junio señala que “ese polvo ayuda a construir playas en el Caribe y fertiliza los suelos en el Amazonas”, pero también puede afectar la calidad del aire en América del Norte y del Sur.

El artículo científico denominado Tormenta del Sáhara: naturaleza y consecuencias, señala que el Sáhara produce más polvo del suelo eólico que cualquier otro desierto del mundo, y que este tiene un impacto importante en los procesos climáticos, los ciclos de nutrientes, la formación del suelo y los ciclos de sedimentos. “Estas influencias se extienden mucho más allá de África, gracias a las grandes distancias sobre las cuales se transporta el polvo sahariano”, indica el documento.

El experto venezolano también se refiere a los efectos negativos del polvo del Sáhara. Según explica, el polvillo repercute negativamente en la formación de los ciclones tropicales pues reduce la humedad hasta en un 50 por ciento. Además, se reducen las lluvias durante los días de su permanencia y produce afectaciones en la salud de las personas, como molestias en los ojos y en las vías respiratorias.

El polvo del Sáhara —indica Vargas— está vinculado al declive de las poblaciones de coral pues transporta un hongo endémico de África que provoca que los corales lo asimilen y enfermen.

María Elena Gutiérrez, directora de ACCA, también se refiere a los eventos negativos de esta nube de polvo. “Una de las desventajas es que estas partículas producen problemas respiratorios, sobre todo para personas alérgicas o que tienen asma. Esto preocupa más con lo que sucede ahora con el COVID-19”, comenta.

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