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La curiosa historia de cómo el sábado y el domingo se convirtieron en "fin de semana"

La jornada de trabajo de cinco días con un descanso de 48 horas entre el sábado y el domingo es un hecho plenamente aceptado en muchos lugares del mundo. Pero esta costumbre no es tan antigua como puede parecer. Te contamos cuál es su origen.
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24 de enero, 2020
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La idea de reducir la semana laboral de un promedio de cinco días a cuatro está ganando terreno en el mundo.

Las empresas y los políticos han estado considerando un cambio hacia menos horas dedicadas al trabajo, aunque más productivas. Sin embargo, la idea también ha sido ridiculizada.

Como historiador del ocio, me parece que hay una serie de paralelismos entre los debates de hoy y los que tuvieron lugar en el siglo XIX, cuando el fin de semana, como lo conocemos en la actualidad, se introdujo por primera vez.

Tener sábados y domingos fuera del trabajo es en realidad un fenómeno relativamente moderno.

La práctica del “Lunes Santo” imitaba las fiestas religiosas para brindar a los trabajadores un descanso prolongado cada semana

A lo largo del siglo XIX, las leyes redujeron las horas de trabajo en las fábricas e introdujeron descansos regulares.

Pero el fin de semana no surgió simplemente a raíz de una legislación gubernamental, sino que fue moldeado por una combinación de campañas.

Algunas fueron liderados por movimientos de vacaciones de medio día, otros por sindicatos, empresas comerciales de ocio y los propios empleadores.

La creación del fin de semana en Gran Bretaña fue un asunto gradual e incluso desigual, que tuvo que superar las tradiciones populares no oficiales que caracterizaron la semana laboral durante el siglo XIX.

El “Lunes Santo”

Durante gran parte del siglo XIX, por ejemplo, los artesanos calificados adoptaron sus propios ritmos de trabajo, ya que a menudo contrataban espacios para talleres y eran responsables de producir artículos para sus compradores semanalmente.

Esto dio lugar a la práctica del “Lunes Santo”. Si bien imitaba las fiestas religiosas, en realidad era una costumbre completamente secular, promovida por los trabajadores para tener un descanso prolongado en la semana laboral.

Trabajadores, ilustración

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Para poder disfrutar del domingo y del “lunes santo”, en la industria se trabajaba intensamente a partir del martes para terminar los productos el sábado por la noche.

Tradicionalmente trabajaban intensamente a partir del martes para terminar los productos el sábado por la noche para poder disfrutar el domingo como feriado legítimo. Pero también se tomaron los lunes libres para recuperarse del sábado por la noche y los excesos del día anterior.

A mediados del siglo XIX, el Lunes Santo era una institución popular en la sociedad británica. Tanto así que el ocio comercial -como salas de música, teatros y salones de canto- organizó eventos en estas vacaciones no oficiales para aprovechar la oportunidad.

Inicialmente, las fábricas también adoptaron la tradición del Lunes Santo, a pesar de que los fabricantes se opusieron constantemente a la práctica, ya que perjudicaba la productividad.

Pero los trabajadores tenían una devoción religiosa a esa festividad no oficial, lo que dificultaba que se rompiera el hábito. Así fue como continuó prosperando en las décadas de 1870 y 1880.

No obstante, los organismos religiosos y los sindicatos estaban dispuestos a introducir unas vacaciones más formales en la semana laboral.

Las autoridades religiosas argumentaban que un descanso el sábado mejoraría la “cultura mental y moral” de la clase trabajadora.

Por ejemplo, en 1862 el reverendo George Heaviside registró el tono optimista de muchos líderes religiosos cuando, escribiendo en el periódico Coventry Herald, afirmó que un fin de semana permitiría buenas condiciones para una fuerza laboral renovada y una mayor asistencia a la iglesia los domingos.

Trabajadores, ilustración

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Distintos factores confluyeron para permitir que el descanso de la semana laboral se convirtiera en las 48 horas de sábado y domingo.

Los sindicatos, mientras tanto, querían asegurar un descanso más formalizado en la semana laboral que no dependiera de la costumbre.

De hecho, la creación del fin de semana todavía se cita como un logro en la historia de los sindicatos.

Una fuerza laboral sobria

En 1842 se formó un grupo de campaña llamado Asociación de Cierre Temprano. Presionó al gobierno para mantener el sábado por la tarde libre para el ocio de los trabajadores a cambio de un día completo de trabajo el lunes.

La asociación estableció sucursales en ciudades manufactureras clave y sus miembros provenían de las élites civiles locales, los fabricantes y el clero.

Se alentó a los empleadores a establecer sábados de medio día, ya que la Asociación de Cierre Temprano argumentó que fomentaría una fuerza laboral sobria y trabajadora.

Los grupos de abstinencia de los sindicatos también vieron el sábado de medio día como un vehículo para avanzar en la respetabilidad de la clase trabajadora.

Se esperaba que rehuyeran la embriaguez y los deportes brutales como las peleas de gallos, que tradicionalmente se habían asociado con el Lunes Santo.

Trabajadoras, ilustración

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Las clases trabajadoras lograron el descanso del fin de semana hace relativamente poco tiempo.

Para estos activistas, el sábado por la tarde fue señalado como el día en que las clases trabajadoras podían disfrutar de “recreación racional”, una forma de ocio diseñada para evitar el desarrollo de malos hábitos e incentivar el desarrollo de actividades educativas y elevadoras.

Por ejemplo, en Birmingham durante la década de 1850, la asociación escribió en el periódico Daily News que los sábados por la tarde beneficiarían a hombres y mujeres. Había recomendaciones como la siguiente:

“Haga un viaje al campo o, aquellos que se deleitan en la jardinería o cualquier otra actividad que requiera luz del día, podrían emplear su medio sábado de manera útil en vez de trabajar, o podrían emplear su tiempo en mejoras mentales o físicas”.

Oportunidad de negocios

En todo el país, una floreciente industria del ocio vio el nuevo medio día del sábado como una oportunidad de negocio.

Los operadores de trenes acogieron la idea, cobrando tarifas reducidas para los excursionistas al campo los sábados por la tarde.

Con un número creciente de empleadores que adoptaban la idea del medio día, los teatros y las salas de música también cambiaron su entretenimiento estelar de lunes a sábado por la tarde.

Quizás la actividad de ocio más influyente para ayudar a forjar la semana moderna fue la decisión de organizar partidos de fútbol el sábado por la tarde.

La “locura del fútbol”, como se la llamó, despegó en la década de 1890, justo cuando la nueva semana laboral comenzaba a tomar forma.

Por lo tanto, los sábados por la tarde se convirtieron en unas vacaciones muy atractivas para los trabajadores, ya que facilitaban las excursiones más baratas y las nuevas formas de ocio.

Personas en la playa, ilustración

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La costumbre moderna de hacer paseos al aire libre los fines de semana empezó a tomar forma en el siglo XIX.

La adopción del fin de semana moderno no fue ni rápida ni uniforme, ya que, en última instancia, la decisión de una fábrica de dejar libre la mitad del sábado recaía en el empresario.

Las campañas para un fin de semana establecido habían comenzado en la década de 1840, pero no logró una adopción generalizada hasta 50 años más tarde.

A fines del siglo XIX, hubo un fuerte impulso para marcar el sábado por la tarde y el domingo como fin de semana.

Si bien tenían sus diferentes razones, los empleadores, los grupos religiosos, el ocio comercial y los trabajadores vieron el sábado por la tarde como un descanso ventajoso en la semana laboral.

Esto sentó las bases para el fin de semana completo de 48 horas como lo conocemos ahora, aunque esta práctica solo se estableció en la década de 1930.

Una vez más, el fin de semana fue aceptado por los empleadores al descubrir que el descanso completo del sábado y domingo reducía el ausentismo y mejoraba la eficiencia.

*Brad Beaven es profesor de historia social y cultural de la Universidad de Portsmouth.

Lee la historia original en inglés en The Conversation


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Cuartoscuro

Solo 1 de cada 3 policías del país está certificado como apto para hacer su trabajo

A cuatro años de la creación de los lineamientos para certificar a todos los policías del país, esto sigue sin conseguirse. Al ritmo actual se necesitarían otros cuatro años para concluir el proceso.
Cuartoscuro
7 de septiembre, 2020
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En México solo uno de cada tres policías que patrullan las calles, indagan delitos o controlan el tránsito cuentan con el certificado que prueba que tienen las habilidades suficientes para hacer bien ese trabajo. Ello pese a que esta semana se cumplen cuatro años desde que se expidieron los lineamientos para certificarlos.

Fue el 9 de septiembre de 2016 cuando el Consejo Nacional de Seguridad publicó las reglas para que cada policía del país obtuviera el Certificado Único Policial (CUP), que avala que el agente aprobó diversas pruebas que la ley marca, entre ellas exámenes físicos, sicológicos, de conocimientos, toxicológicos, y de control de confianza.

Superar las evaluaciones y contar con la certificación es un requisito obligatorio para que un policía pueda oficialmente estar en activo, de acuerdo con la Ley del Sistema Nacional de Seguridad Pública

Lee: Policías dan golpiza a detenido en Chiapas; Comisión denuncia trato degradante

Pero datos obtenidos vía transparencia por Animal Político arrojan que, de los 409 mil 870 policías estatales, municipales y de investigación en activo en el país hasta julio pasado, solo 140 mil 210 que equivalen a la tercera parte de todos ellos cuenta con el CUP expedido a su favor.

La certificación completa de los policías del país, y por ende la depuración de aquellos que no cuenten con las capacidades para serlo, es un objetivo que se ha incumplido por parte de los gobiernos pese a las prórrogas que se han dado para ello.

Inicialmente y con la emisión de los lineamientos para otorgar el CUP se autorizó un plazo de tres años para que todos los estados y la federación pudieron completar el procedimiento el cual vencía el 9 de septiembre de 2019.

Sin embargo, y como este medio publicó en su momento, al concluir dicho periodo de tres años solo se había conseguido la certificación de la cuarta parte de los policías desplegados en el país- El Consejo Nacional de Seguridad decidió entonces dar una mueva prórroga de 18 meses que concluirá en marzo de 2021.

El problema es que transcurrido un año de dicho plazo apenas se ha conseguido certificar a 60 mil policías mas. A este ritmo se necesitarían al menos de cuatro años mas para concluir la certificación. Es decir, del doble del tiempo que ha transcurrido desde que se emitieron los lineamientos del CUP.

Quien es quien en la certificación

Los datos proporcionados por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) en respuesta a una solicitud de transparencia dan cuenta de los distintos niveles de retraso en que se encuentra las distintas corporaciones policiales y entidades del país.

El mayor retraso en cuanto a porcentaje se encuentra a nivel de los policías estatales, pues de los 230 mil 630 que se encuentran desplegados en el país, solo 65 mil 304 que equivalen al 28.3 por ciento cuentan con el CUP. 

Lee: Policías de León, Guanajuato, torturaron y agredieron sexualmente a adolescentes

Ciudad de México es la entidad federativa con la menor proporción de policías certificados con un 10 por ciento. Sin embargo, en realidad es la segunda entidad con la mayor cantidad de policías certificados con casi 10 mil 500, solo que su estado de fuerza supera los cien mil efectivos (mas que cualquiera en el país) lo que reduce su porcentaje.

Las otras entidades con un porcentaje de policías estatales con CUP menor al 30 por ciento son Veracruz con apenas 15 por ciento; Puebla con 16 por ciento; Chihuahua con 19 por ciento; Nayarit con 22 por ciento; Hidalgo y Yucatán con 26 por ciento; y Zacatecas y Michoacán con 29 por ciento.

En el otro extremo destacan Guanajuato y Querétaro como las entidades con mayor avance al reportar mas del 80 por ciento de sus policías con su CUP.

En el universo de las policías municipales, en el país hay 141 mil 196 uniformados desplegados de los cuales 62 mil 8, que representan el 43.9 por ciento, cuentan con la mencionada certificación.

El foco rojo a nivel municipal es, por mucho, Guerrero donde apenas el 3 por ciento de los agentes municipales cuenta con la certificación que los avala como aptos para realizar dicho trabajo. Otros cuatro estados reportan solo entre el 10 y 20 por ciento de sus policías municipales con CUP: Tlaxcala, Veracruz, Baja California y Chihuahua.

En cambio, hay cuatro estados donde más del 80 por ciento de los agentes municipales cuentan con certificación: Durango, Campeche, Colima y Querétaro.

Y en el caso de los policías de investigación (también llamados policías ministeriales) adscritos a las fiscalías y procuradurías estatales, los datos arrojan que de los 38 mil 44 elementos apenas 12 mil 898 que equivalen al 33.9 por ciento cuentan con la certificación que marca la ley.

En este caso hay tres estados con menos del 1 por ciento de sus agentes ministeriales certificados: Hidalgo, Ciudad de México, y Sonora. Por el contrario, Querétaro y Chihuahua reportan arriba del 90 por ciento de sus agentes que ya cuentan con el CUP.

¿Y las fuerzas federales? Aun peor…

Si los estados y municipios no han cumplido con la certificación de sus policías, el gobierno federal menos. Incluso, su nivel de avance es aun inferior.

Los datos entregados por el SESNSP arrojan que la Guardia Nacional (antes Policía Federal) contaba hasta julio pasado con 83 mil 39 elementos desplegados en el país. Sin embargo, apenas 8 mil 605 de sus elementos cuentan con el CUP. Esto es apenas 1 de cada 10 guardias desplegados.

Animal Político publicó el pasado 17 de agosto que la conformación de la Guardia se ha acelerado gracias a la transferencia de reclutas de las fuerzas armadas que no cuentan con las mínimas evaluaciones policiales que marca la ley.

En cuanto a la Fiscalía General de la República (antes PGR) los datos tampoco son favorables; de sus 4 mil 81 policías ministeriales o de investigación, apenas 660 que equivalen al 16 por ciento están debidamente certificados. Se trata de solo 1 de cada 5 agentes federales con CUP.

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