Encontré a mi hijo en una fosa que yo excavé: madre de víctima en Sonora
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Desaparecidos en México: 'Encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé'

La crisis de desaparecidos en México suma ya más de 83.500 personas. Muchas madres se han organizado para buscar a sus familiares, incluso en fosas clandestinas. Cecilia Delgado encontró a su hijo en una de ellas.
4 de marzo, 2021
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La noche del 2 de diciembre de 2018 fue la última vez que vieron con vida a Jesús Ramón Martínez Delgado.

Estaba en su negocio en Hermosillo, Sonora, cuando dos policías que llegaron en una patrulla lo subieron en una camioneta que los seguía.

Su madre, Cecilia Delgado, comenzó entonces una búsqueda sin descanso. Primero por hospitales, cárceles, municipios cercanos. Después, en fosas clandestinas, donde lo encontró tras dos años de buscarlo sin descanso.

Su historia es un relato del horror que viven miles y miles de familias en México, donde suman ya más de 83.550 desaparecidos.

BBC Mundo contactó a la fiscalía del estado de Sonora. La vocera dijo que no puede dar mucha información porque es un caso en investigación. Pero la fiscal del estado, Claudia Indira Contreras, ha prometido justicia a Delgado y castigar “a quien sea que resulte culpable”.

Esta es la historia de Cecilia Delgado contada en primera persona


Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cortesía Cecilia Delgado
Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cuando mi hijo desapareció le prometí que lo iba a encontrar.

“Hijo, te prometo que te voy a regresar a casa. Te lo prometo, hijo de mi alma. Así me tarde toda una vida, así te tenga que buscar en el infierno“, le dije.

Después de dos años cumplí mi promesa. No como yo quería, pero lo encontré.

Todavía cierro mis ojos y lo veo en esas condiciones en las que estaba. No se lo merecía.

La noche de su desaparición, Jesús Ramón estaba con un amigo en su negocio, un expendio de cervezas, cuando llegaron una patrulla estatal y otra camioneta, una Chevrolet Silverado blanca con doble cabina.

Además del video de la cámara CCTV hay testigos de que dos policías lo subieron a la camioneta blanca y se lo llevaron. Nadie volvió a verlo vivo.

En la policía estatal me dijeron que me iban ayudar, que me iban a regresar a mi hijo. Me pidieron que me fuera y aseguraron que me iban a llamar. Jamás lo hicieron.

Tuve que encontrar a mi hijo yo sola porque ellos no hicieron su trabajo.

Cecilia Delgado

Lorenza Sigala
A la fecha Cecilia Delgado ha ayudado a exhumar 194 cadáveres.

Mi hijo tenía 34 años cuando se lo llevaron. Era muy alegre, le encantaba la música, bailar, cantar. Me llamaba “mi reina”, siempre me decía que me amaba y me lo demostraba.

Dejó tres hijos. La más pequeña tiene apenas 5 años. Es la que más sufre por la ausencia de su padre. “Abuela, ¿por qué te tardaste tanto en encontrar a mi papá?”, me pregunta llorando sin consuelo. Es algo que me duele en el alma.

Muerta en vida

Que un hijo desaparezca es lo más terrible que le puede pasar a una madre.

Me robaron todo. Me dejaron muerta en vida.

Poster de Buscadoras por la paz

Cortesía Cecilia Delgado
La desaparición de Jesús Ramón llevó a que Cecilia fundara “Buscadoras por la paz”.

Esos dos años fueron el infierno. Siempre pensando: “¿Dónde estará, estará comiendo, lo matarían, qué le harían?”. Es un dolor inimaginable que me carcome por dentro. Nunca jamás en la vida pensé que existiera tanto dolor.

En las noches, en la soledad y la oscuridad, la incertidumbre pega todavía más.

Todavía voy caminando y siento que es solo el cuero, porque yo ya estoy muerta por dentro. Yo estoy muerta.

Perdí las ilusiones de todo, las ganas de vivir. Solo me movía el saber que si yo no buscaba a mi hijo, nadie lo iba a hacer. Que si yo moría, nadie lo iba a encontrar.

Empecé a buscarlo por hospitales, cárceles, en muchos de los municipios de Sonora.

Luego empecé a excavar fosas clandestinas. Aunque en mi corazón siempre desee que estuviera vivo. Y se lo pedía a dios.

Me uní a un par de colectivos que excavan fosas clandestinas. Y luego, fundé el mío, Buscadoras por la Paz Sonora.

“Buscamos tesoros”

La mayoría de veces nos enteramos de la ubicación de esas fosas, donde han enterrado cuerpos, por llamadas anónimas.

Vamos allí armadas. Nuestras armas son el pico, la pala y una varilla. Vamos a donde sea, al campo, al monte, incluso a casas. Aquí el clima es extremo, el calor a veces supera los 50 grados centígrados, vemos cómo el vapor sale de la tierra. Otras veces, un frío que congela.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Lorenza Sigala
Las mujeres del colectivo buscan incansablemente a sus hijos.

Pero nada nos detiene. Es más grande el amor que tenemos por nuestros hijos, que la dureza del clima, el hambre o el miedo.

Vamos a buscar a nuestros tesoros.

Para nosotros son tesoros porque los encontramos en fosas clandestinas que tenemos que excavar. Y son, por desgracia, cadáveres.

Aún así, con todo el horror que esto significa, el encontrarlos y darles una sepultura digna nos da una relativa paz.

Sacamos a esos tesoros de la oscuridad, de esos hoyos donde después de matarlos los entierran de una manera tan vil, tan cruel que no me explico como pueda existir gente así, sin corazón, que pueda hacer tanto daño.

¿Qué pudieron haber hecho para que les hagan todo lo que he visto? Son cosas tremendas. Se ensañan de una forma bestial, igual con hombres que con mujeres.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Cortesía
El colectivo “Buscadoras por la paz” es uno de varios similares que operan en México.

Recuerdo cómo encontramos a un muchacho, creo que era un jovencito porque sus pies eran muy chiquitos. Estaba encadenado. Encadenadas sus piernas y con candado. Sus manos, amarradas con un alambre. Enterrado a más de metro y medio de profundidad.

A otros los encontramos calcinados a tal punto que será imposible identificarlos. Me duele en el alma. Pienso en sus madres, que nunca podrán encontrarlos.

“La realidad de México”

Muchos nos critican porque hacemos transmisiones en vivo en redes sociales de nuestras búsquedas. Las imágenes que se ven son muy fuertes y nos dicen que somos amarillistas.

Pero es la realidad que estamos viviendo. No es de dios que nosotros tengamos que sacar a nuestros hijos de esos lugares tan feos. De esos hoyos que incluso a veces ponen a cavar a la persona que van a matar.

Si hacemos los videos es porque queremos que la gente vea nuestra labor, lo que estamos pasando. A nadie le gusta. A mí no me gusta andar excavando fosas clandestinas. Pero es la realidad de México.

Las desapariciones forzadas están a la orden del día. Los que se indignan por ver un video, mejor que se indignen con las personas que matan a otras y con las autoridades que no hacen su trabajo.

A nosotros no nos correspondería, con todo y el dolor que cargamos, estar sacando a nuestros hijos de ahí.

Sabemos que a la mayoría de los desaparecidos los vamos a encontrar muertos, es muy raro el que regresa vivo. Y a estas alturas encontrar sus cadáveres es un privilegio.

Además, las víctimas y sus familias son revictimizadas. Es muy común que digan que si los mataron es que “andarían en algo malo”, que estaban de una manera u otra ligados al narcotráfico.

Eso es una vil mentira. Yo conozco a muchos, muchos que se han llevado que eran totalmente inocentes. Hay de todo: hombres, mujeres, jóvenes e incluso niños.

Y de los que hicieron algo malo, pues que lo procesen judicialmente, no que pongan a la familia en este infierno.

Quienes se los llevan muchas veces pertenecen al crimen organizado, pero a veces también algunas autoridades están coludidas con ellos, como fue el caso de mi hijo.

En México han matado a madres y padres por buscar a sus hijos. Por eso, muchos nos preguntan si no tenemos miedo. La verdad es que no. Y no lo digo solo por mí, sino porque lo veo en mis compañeras.

No tenemos miedo. El miedo más grande fue perder a nuestros hijos y ya lo vivimos.

Si hubiera sido posible, yo hubiera dado mi vida. La hubiera dado una y mil veces a cambio de la de mi hijo.

“Yo desenterré a mi hijo”

Después de dos años de búsqueda sin descanso, encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé.

Yo misma desenterré a mi hijo. Fue algo terrible.

Fue el 25 de noviembre de 2020, exactamente dos años después que lo viera por última vez.

Buscábamos cuerpos en un lugar donde había una docena de fosas.

Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar.

Supe que era él por los brackets en sus dientes, por su muela del juicio y porque en su cráneo todavía tenía su cabello. Su pelo castaño, con sus rulitos que no le gustaban y que siempre se peinaba con mucho gel para que no se le vieran. (Llora sin consuelo).

Después vi su ropa. Y comprobé que sí, que era mi niño.

Grité y grité. “No, no, no. No puede ser”, repetía llorando.

Pero sabía que era cierto.

Las pruebas de ADN que llegaron días después solo volvieron a confirmarlo.

Me derrumbé. El mundo se me vino abajo. A pesar de todo, esperaba un milagro.

"Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar". ", Source: Cecilia Delgado, Source description: , Image:

Yo quería tener las cenizas de mi hijo en mi casa, pero mis otros dos hijos me insistieron que no. Que tenía que dejarlo en el panteón, para que yo pudiera seguir viviendo de alguna forma.

El 8 de diciembre lo enterramos.

Durante seis horas le cantamos sus canciones, le tocamos música y bailamos. Así como él en alguna ocasión me había dicho, medio en broma, medio en serio, que quería que hiciéramos cuando muriera.

Yo le dije que se callara, que estaba loco. Que primero iba a morir yo.

Ni en mis peores pesadillas hubiera podido imaginar que me lo iban a arrebatar así.

Por eso quiero decirles a todos en México que no esperen a pasar por lo mismo que yo, que nosotras, las miles de madres que estamos así, no queremos que le pase a nadie más.

La búsqueda sigue

A la semana de encontrar a mi hijo, volví a agarrar mi pala e irme al monte con mis compañeras.

Desde que desapareció Jesús Ramón he encontrado con los distintos colectivos un total de 194 tesoros. Pero la situación es tan terrible que esta búsqueda no puede parar.

Moisés Reynoso

Cortesía Cecilia Delgado
Ahora Cecilia también busca a su sobrino, Moisés Alfonso Reynoso.

Hace siete meses también desapareció mi sobrino Moisés Alfonso Reynoso Delgado, de 28 años, hijo de mi hermana. Igual que a mi hijo yo le prometí que lo iba a encontrar.

También les he prometido a otras madres que no me detendré hasta que encontremos a sus hijos. Y las promesas se cumplen.

Por desgracia hay todavía miles y miles de tesoros por desenterrar.


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Archivo Cuartoscuro

Proveedor del IMSS despide a empleados tras dar positivo a COVID

Animal Político documentó al menos cinco casos de empleados que fueron removidos de sus puestos de trabajo por haberse enfermado en lo que ya es considerada la cuarta ola de contagios.
Archivo Cuartoscuro
15 de enero, 2022
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Empleados de un grupo empresarial que es proveedor del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) denunciaron que fueron despedidos injustificadamente tras haber dado positivo a pruebas de COVID-19 o por haber estado en contacto con trabajadores enfermos.

Los denunciantes trabajaban para Medi Care Group, encabezado por el empresario Yurlov Alexei Pichardo Luna y sus hermanos Héctor y Carlos Norberto. Al grupo pertenecen las razones sociales Medica D S.A. de C.V. y Minaric S.A. de C.V., que han obtenido contratos millonarios con el IMSS mediante prácticas ilegales para proveer al Instituto de equipo COVID a lo largo de los casi dos años que lleva la pandemia en México.

Animal Político documentó al menos cinco casos de empleados que fueron removidos de sus puestos de trabajo por haberse enfermado en lo que ya es considerada la cuarta ola de contagios de coronavirus. Los trabajadores, que hablaron a condición de anonimato, señalaron que un total de 12 compañeros han sido despedidos. 

Los afectados señalaron que laboraron para Medi Care Group desde el año pasado sin haber firmado contrato, sin seguro social y sin equipo sanitario de protección, aun cuando su trabajo consistía en instalar equipos en hospitales que atendían a pacientes con COVID. Explicaron que primero se les dejó de pagar desde el 15 de diciembre y luego se les notificó su baja.

Desde el comienzo de la pandemia, el gobierno federal estableció que nadie puede ser despedido de su trabajo con motivo de su “estatus COVID-19”; hacerlo es considerado discriminación y una violación a los derechos laborales de los trabajadores.

Este medio envió un correo electrónico a las cuentas del proveedor del IMSS para solicitarle un posicionamiento frente a las acusaciones de sus empleados, pero, hasta el cierre de esta edición, los mensajes no fueron respondidos.

“El 11 de diciembre empezaron algunos de mis compañeros con algunos síntomas, y como éramos un grupo que estábamos regularmente juntos, empezamos a pensar que obviamente varios íbamos a salir contagiados; aún así, con todo y los síntomas que tenían mis compañeros, los hicieron que se presentaran a laborar, hasta que nos realizamos las pruebas, y ahí la mayoría de los casos salieron positivos; algunos no tuvieron ni siquiera la posibilidad de hacerse la prueba porque, como retuvieron salarios y no había apoyo en absoluto para que nos realizáramos las pruebas, hubo compañeros que se sabía que tenían COVID porque tenían los síntomas muy severos”, comenta Luis, nombre elegido por él para cuidar su identidad.

“Esta semana el contador nos hizo saber que ya estábamos dados de baja de la empresa, pero nadie firmó una renuncia, una baja, nada; por llamada telefónica nos dijeron que el despido fue por los contagios y para no poner en riesgo a las demás personas de la empresa”.

Este trabajador se desempeñaba como ingeniero de servicio en Minaric. Su labor consistía en instalar y dar mantenimiento a concentradores de oxígeno y monitores de signos vitales en las áreas COVID de los hospitales del IMSS y el ISSSTE. También debía dar capacitación al personal médico para el uso de los aparatos.

En seis meses visitó hospitales en Tamaulipas, Nuevo León, Michoacán, Aguascalientes, Chiapas y Yucatán, sin que su empresa le proveyera de equipo de protección y sin la certeza de tener seguro social.

“ sin firmar contrato, porque se suponía que urgía que entrara la gente para trabajar; supuestamente nos dieron de alta en el IMSS, pero es algo que nosotros no tenemos la certeza de que haya sido así, porque uno de mis compañeros checó su vigencia y resultó que no está dado de alta, no sabemos si estuvimos trabajando sin seguro”, dice. “Nunca nos proporcionaron equipo de protección, era con la ropa que llevabas y nada más; el equipo de protección uno mismo lo tenía que pagar”.

Luis señala que Minaric no le depositó su sueldo desde la quincena del 15 de diciembre y que se le adeuda el pago de 140 horas extra.

Otra trabajadora que se hizo llamar Liz relató que su despido también ocurrió tras haber contraído COVID.

“Yo estuve contactándome con la persona de Recursos Humanos, que me dijo que hasta que no le mandáramos las pruebas (de COVID) no nos iban a depositar, y ya cuando se le mandaron las pruebas de los que dimos positivo, la de Recursos Humanos dijo que, de todas maneras, no importaba, porque estábamos a prueba y no teníamos un contrato, y que no nos lo iban a renovar”, expuso.

Liz, que también es ingeniera de servicio, dijo que los contagios en su área de trabajo estuvieron relacionados con el desempeño de sus funciones.

“Nos contagiamos trabajando, y como a todos los ingenieros de servicio nos tenían físicamente en las oficinas de Minaric, todos llegaban ahí a entregar su documentación, a reportarse, a alimentar su red con evidencia fotográfica; llegaban los trabajadores después de una o dos semanas de haber estado laborando en sitio, teníamos contacto con la gente de servicio que venía llegando de hacer instalaciones y de arreglárselas como podían”, agregó.

Un tercer despedido, quien se dedicaba a la instalación y soporte de monitores de signos vitales, ventiladores volumétricos, cunas de fototerapias y aspiradores gástricos, cuenta que se contagió dando una capacitación a médicos al interior de un área COVID.

“Me metieron al área COVID, porque los doctores no podían dejar a los pacientes, pero en la empresa no me dieron el equipo adecuado, los del hospital me prestaron unos trajes y así fue como entré”, indicó.

Proveedor cuestionado

Animal Político ha publicado que las empresas de los hermanos Pichardo Luna han incurrido en prácticas ilegales de contratación con el IMSS.

En abril de 2020, al comienzo de la pandemia, Medica D y Minaric simularon competencia en una licitación del IMSS y ganaron un contrato de 39 millones de pesos para surtir ventiladores respiratorios a seis hospitales de Sinaloa. Encima de ello, tras la maniobra en la contratación, la empresa adjudicada, Medica D, finalmente incumplió la entrega de los equipos.

Medica D fue sancionada por la Secretaría de la Función Pública (SFP) el 20 de octubre de 2020 con una multa de 1.9 millones de pesos y una inhabilitación de 3 años y 9 meses para celebrar contratos con el gobierno. El motivo del castigo fue haber incumplido un contrato con el ISSSTE para la entrega de 60 ventiladores COVID.

Pese a esa inhabilitación, otra empresa del grupo, Minaric, participó este año en una nueva licitación del IMSS y ganó, en julio de 2021, un contrato de 96.4 millones de pesos por la venta de monitores de signos vitales para pacientes con coronavirus.

El administrador único de Minaric S.A. de C.V. es Alexei Pichardo Luna, quien a su vez es director de Tecnología de Medica D, empresa en la que su hermano Carlos Norberto es socio y representante legal.

Ambas compañías pertenecen a Medi Care Group, del que Alexei Pichardo Luna es director general, y han compartido domicilio fiscal en Lago Peypus 231, alcaldía Miguel Hidalgo, en la Ciudad de México.

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