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Más dióxido de carbono: la paradójica propuesta contra el cambio climático

Investigadores de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, quieren transformar un gas dañino en otro menos dañino para mejorar las actuales condiciones climáticas.
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28 de mayo, 2019
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Suena como una teoría ilógica: la idea de lanzar intencionalmente más dióxido de carbono a la atmósfera para mejorar las actuales condiciones climáticas que tantos científicos advierten que amenazan la vida en la tierra tal cual la conocemos.

Pero eso es lo que plantean los investigadores de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, con una propuesta de convertir un gas invernadero dañino en otro menos dañino y así ayudar a reducir el cambio climático.

Los investigadores añaden que la estrategia también podría generar ingresos económicos para quienes la adopten.

El estudio, publicado en Nature Sustainability -un sitio especializado en políticas y soluciones de sostenibilidad- describe un potencial proceso mediante el cual el metano, un extremadamente potente gas invernadero, se convierte en dióxido de carbono, un gas que tiene menos impacto en el cambio climático.

En 2018, el metano -generado en su mayoría por actividad humana- alcanzó concentraciones atmosféricas dos veces y media mas grandes que en los niveles preindustriales.

Aunque la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera es mucho mayor, el metano es 84 veces más potente en términos de su efecto sobre el calentamiento global a través de los primeros 20 años desde cuando es despedido al aire.

Además, sostienen los científicos, las fuentes de emisiones de metano -resultado de los cultivos de arroz y crianza de ganado, por ejemplo- pueden ser muy difíciles y costosas de eliminar.

Beneficio neto

Por eso arguyen que el intercambio de un gas por el otro representa un beneficio neto significativo para el clima.

“Si se perfecciona, esta tecnología podría revertir las concentraciones de metano y otros gases en la atmósfera a niveles preindustriales”, indicó Rob Jackson, profesor de Ciencia del Sistema Tierra de la Universidad de Stanford y líder del proyecto.

Chimeneas de fábrica emiten dióxido de carbono

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Habría que retirar cientos de miles de millones de toneladas de dióxido de carbono de la atmósfera para regresar a los niveles preindustriales.

La mayoría de las propuestas para estabilizar la temperatura global a 2° centígrados por encima de los niveles preindustriales dependen de las estrategias que combinan tanto la reducción de más dióxido de carbono entrando en la atmósfera como la eliminación de las cantidades ya existentes a través de la siembra de más árboles y otras técnicas de captura de carbono.

Pero estas reducciones de dióxido de carbono típicamente contemplan el retiro de cientos de miles de millones de toneladas y, sin embargo, no restauran la atmósfera a sus niveles preindustriales.

En contraste, dicen los investigadores, las concentraciones de metano podrían reducirse a niveles preindustriales con sólo remover 3.200 millones de toneladas de ese gas de la atmósfera y convirtiéndolos en cantidades de dióxido de carbono equivalente a las emisiones de unos cuantos meses de actividad industrial.

Según alegan los científicos de Stanford, su estrategia podría eliminar aproximadamente una sexta parte de todas las causas actuales del calentamiento global.

“Es una alternativa para compensar estas emisiones vía la eliminación del gas metano para que no haya un efecto neto en el calentamiento de la atmósfera”, explicó Chris Field, coautor de la propuesta y director del Instituto Stanford Woods para el Medio Ambiente.

¿Cómo se haría la conversión?

A nivel molecular el metano tiene mucha energía atrapada. Es un combustible que usamos para la calefacción o para cocinar.

Moléculas de metano

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El metano está muy diluido en la atmósfera para ser atrapado fácilmente.

Pero está en concentraciones tan pequeñas en la atmósfera, que atraparlo presenta complicaciones, y tan diluido, que no se puede quemar.

Los investigadores proponen un escenario de enormes estructuras de abanicos que succionen el aire y lo pasen por cámaras giratorias que contienen unos químicos llamados zeolitas que actúan como catalizadores.

Los zeolitas son minerales con amplias superficies microporosas que pueden retener moléculas como cobre y hierro y servirían como un filtro para atrapar el metano y convertirlo en dióxido de carbono.

Ese dióxido de carbono se despediría otra vez a la atmósfera a través del calentamiento de las moléculas atrapadas.

Aunque hay otra opción de almacenar el metano y convertirlo en otros productos, esta sería demasiado costosa y añadiría complejidad al proceso.

Zeolita

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Los zeolitas actúan como esponjas que atrapan el metano.

Negocio rentable

Según el profesor Rob Jackson hay un mercado que se puede crear para esta tecnología, que vendría de gente, compañías o países dispuestos a pagar para retirar los gases de la atmósfera.

“Ya hay un precio que pagar para la emisión de gases invernadero. Ya está en práctica en varios lugares del mundo y se expandirán en las próximas décadas”, declaró en un video de la Universidad de Stanford emitido por las redes sociales.

El proceso de convertir metano en dióxido de carbono podría ser rentable con un precio impuesto a las emisiones de carbono mediante una política apropiada, sostiene el estudio.

Si en este siglo los precios para compensar por esas emisiones de carbono suben a US$500 o más por tonelada, como la mayoría de los modelos proyectan, cada tonelada de metano retirada podría valer más de US$12.000.

Un complejo de filtros de zeolita del tamaño de una cancha de fútbol podría genera millones de dólares al año en ingresos, mientras que retira metano dañino de la atmósfera, aseguran.


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Cuartoscuro

La probabilidad de otra pandemia por destrucción de bosques es 'mayor que nunca': expertos

Cuartoscuro
Por María Fernanda Lizcano / Mongabay Latinoamérica
28 de agosto, 2021
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Nadie quiere más pandemias, pero la probabilidad de que aparezca otra es “mayor que nunca”. El cambio en el uso del suelo, la destrucción de los bosques tropicales, la expansión de las tierras agrícolas, la intensificación de la ganadería, la caza, el comercio de animales silvestres, y la urbanización rápida y no planificada son algunos de los factores que influyen en la propagación de virus con potencial pandémico.

Esa es la conclusión principal del informe del Grupo de Trabajo Científico para la Prevención de Pandemias, un equipo creado por el Instituto de Salud Global de Harvard y el Centro para el Clima, la Salud y el Medio Ambiente Global de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard. En el documento, que reúne la evidencia científica existente y brinda recomendaciones para evitar una nueva pandemia, los investigadores advierten que la agricultura está asociada a más del 50 % de las enfermedades zoonóticas que han afectado a los humanos desde 1940. Esta cifra plantea desafíos, pues el informe menciona que con el crecimiento de la población mundial y el incremento de la inseguridad alimentaria, resulta urgente invertir en una agricultura sostenible, conservar los recursos hídricos, evitar un mayor cambio en el uso de la tierra y reducir la pérdida de biodiversidad.

“Si se reforesta, si se regulan los mercados de animales salvajes, entre otros, estamos contribuyendo a disminuir la probabilidad de que esos virus —muchos que aún no están caracterizados— lleguen a los humanos. Así disminuimos el riesgo”, asegura Marcos Espinal, director de Enfermedades Transmisibles y Determinantes Ambientales de la Salud, de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), a Mongabay Latam. Él no tiene dudas: trabajar en la prevención reducirá costos en términos económicos, sociales y en vidas humanas.

Existe preocupación entre los científicos por el cambio de paisaje debido a la presencia de agricultura y ganadería. Foto: Archivo Camila Gonzalez.

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Bosques protectores

En el 2020 se perdieron 12.2 millones de hectáreas de bosques tropicales en el mundo. Esta cifra, presentada este año por Global Forest Watch, demuestra el desafío al que la humanidad se enfrenta y al que se refieren los autores del informe. Los científicos proponen invertir en la conservación de los bosques tropicales —en especial los que están intactos o en buen estado de conservación—, como una de las medidas obligatorias para evitar una nueva pandemia.

¿La razón? Cuando los animales son despojados de sus territorios tienen que buscar nuevos lugares para vivir y así se crean oportunidades para que los patógenos busquen nuevos huéspedes. “Cuando se deforesta un bosque, el animal sale de su hábitat y trata de buscar un lugar donde pueda subsistir —comenta Marcos Espinal, coautor de la investigación—. Ese animal, que no está completamente examinado, puede tener virus, tener patógenos que uno no conoce”.

Al acabar con los bosques se crea un desbalance en un ecosistema que antes estaba en equilibrio, ocasionando que los grandes mamíferos huyan y queden las especies que se adaptan fácilmente a los ecosistemas transformados, que se reproducen más rápido y en menor tiempo, y que se conocen como especies sinantrópicas. «Se ha visto que esos mamíferos que quedan son buenos hospederos. […] Esos cambios desequilibran toda la cadena trófica y favorecen a un grupo de organismos que tiene unas características que los hacen muy buenos hospederos y pueden amplificar los virus rápidamente”, explica Camila González Rosas, bióloga, doctora en Ciencias y docente del Centro de Investigaciones en Microbiología y Parasitología Tropical de la Universidad de los Andes, a Mongabay Latam.

El informe advierte que se ha descubierto que animales como murciélagos, roedores y primates albergan una mayor proporción de virus zoonóticos que otros grupos.

Camila Gonzalez tambien ha estudiado la presencia de patógenos en primates. Foto: Giovanni Randazzo.
Camila González ha estudiado la presencia de patógenos en primates. Foto: Giovanni Randazzo.

Buscar soluciones de fondo, como la conservación de los bosques tropicales y frenar la pérdida de biodiversidad, no solo evitará el riesgo de una nueva pandemia, sino que ayudará a cumplir las metas urgentes en cambio climático, como limitar el aumento de la temperatura del planeta a 1,5°C. En su más reciente informe, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) advirtió que de no disminuir en al menos un 45 % las emisiones de gases de efecto invernadero al 2030 y eliminarlas a 2050, la humanidad se enfrentará a una catástrofe climática.

“Las acciones a tomar para evitar una nueva pandemia son tan contundentes como las del cambio climático. Los virus están saliendo porque estamos haciendo cosas que no deberíamos hacer. Abusamos de la capacidad de los sistemas de ser resilientes y estamos apuntando a un límite de no retorno. Las cosas difícilmente cambiarán mientras el desarrollo económico siga por encima de todas las prioridades. No es que se generen virus diferentes, simplemente lo que estaba contenido en un equilibrio natural, lo estamos sacando”, puntualiza González.

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El límite de la frontera agropecuaria

La investigación del equipo de trabajo de la Universidad de Harvard también constató que la propagación de los virus de la fauna silvestre hacia las personas, a veces a través del ganado, es una de las causas principales del riesgo de pandemia. Esa conclusión tiene sentido para la bióloga Camila González, quien explica que entre más densidad poblacional de animales se ponga en los ecosistemas transformados, mayores oportunidades tendrán los patógenos para salir y llegar a los humanos.

El foco de deforestación en Flor de Ucayali, Perú, se inicia en el límite de este pueblo con el caserío Santa Sofía. Foto: Feconau.

“Si tumbas el bosque y metes una gran cantidad de animales , lo que haces es poner una autopista para que el patógeno salga y llegue a los humanos. Le das una cantidad de hospederos susceptibles para que infecte. […] Con más hospederos, aumenta la propagación del virus”, dice.

Por eso, otra de las recomendaciones de los científicos de Harvard es mejorar la bioseguridad para el ganado y los animales de granja, especialmente cuando la cría se realiza cerca de asentamientos humanos. “Los bosques, la depredación, el mercado de animales salvajes y hasta el mal uso de animales domésticos —porque existe, por ejemplo, la rabia humana transmitida por perros—, son factores que influyen en la probabilidad de una pandemia. Es una confluencia de factores”, indica Espinal, resaltando que otro de los desafíos es el control de la caza y de los mercados de animales salvajes, donde matan a los animales silvestres y venden sus carnes sin una higiene adecuada. Estas condiciones favorecen el salto de posibles patógenos a los humanos y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) ya ha advertido que el 75 % de todas las enfermedades infecciosas emergentes provienen de la vida silvestre.

Fortalecer una agricultura sostenible y evitar el desperdicio de alimentos serán medidas fundamentales, precisa el informe, para reducir la pérdida de biodiversidad, conservar los recursos hídricos y prevenir nuevos cambios en el uso de la tierra, al tiempo que se promueve la seguridad alimentaria y el bienestar económico. En conclusión: ser más productivos con los recursos que se tienen actualmente, pues si bien hoy se produce comida para más de 10 000 millones de personas, también se desperdicia casi un tercio de los alimentos, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Deforestación en los bosques de Colombia. Foto: Fundación Natura.

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La prevención cuesta menos

Aún se desconoce mucho sobre las enfermedades que se transmiten de los animales a humanos o viceversa pero Manish Kakkar, especialista en salud pública de Nueva Delhi (India) y coautor de la investigación, considera que esta es la oportunidad para hacer más análisis que permitan desarrollar estrategias específicas para cada país, que tengan como objetivo buscar soluciones de fondo y no solo responder a un brote.

“Espero que se analicen detenidamente las recomendaciones del equipo para tener claros los próximos pasos y así estar mejor preparados para la próxima pandemia, porque no se trata de si habrá otra, sino de cuándo ocurrirá”, manifiesta Kakkar.

Si bien las inversiones en el sistema sanitario, en pruebas de diagnóstico, medicamentos y vacunas son importantes para contener los brotes de enfermedades cuando ya se han producido, el informe resalta que no solucionan el problema de la propagación ni evitan el riesgo de que ocurra una pandemia. Son medidas que, además, resultan insuficientes y no benefician a todos los países por igual pues, mientras que en los países de bajos ingresos menos del 2 % de las personas han recibido al menos una dosis de la vacuna —según Human Rights Watch—, en los países ricos ya están pensando en una tercera dosis como refuerzo. “Incluso en los países más ricos la cobertura de la vacuna está lejos de alcanzar los niveles necesarios para controlar la variante Delta”, subraya el informe.

COVID 19 en indígenas de Ecuador. Pruebas PCR de COVID-19 para miembros de la nacionalidad siekopai, comunidad de Bella Vista, Territorio Siekopai, Sucumbios, Amazonia ecuatoriana, el 29 de abril 2020. Foto Luke Weiss / Amazon Frontlines y Alianza Ceibo.
Pruebas PCR de COVID-19 para miembros de la nacionalidad siekopai, comunidad de Bella Vista, Territorio Siekopai, Sucumbios, Amazonia ecuatoriana, el 29 de abril 2020. Foto Luke Weiss / Amazon Frontlines y Alianza Ceibo.

Aaron Bernstein, director interino del Centro para el Clima, la Salud y el Medio Ambiente Global de Harvard T.H. Chan School of Public Health y líder del grupo de trabajo científico, considera que tomar soluciones que traten el problema de fondo como frenar la destrucción de los bosques tropicales y la pérdida de biodiversidad, regular el mercado de animales salvajes, fomentar una agricultura sostenible y evitar el desperdicio de alimentos, tienen múltiples beneficios. Por un lado, son considerablemente más baratas; por el otro, ayudarán a detener la propagación de enfermedades de animales a humanos, así como a estabilizar el clima del planeta y revitalizar su biósfera. Esto será esencial no solo para la salud sino para mantener un bienestar económico, pues, de acuerdo con el científico, el COVID-19 provocó una pérdida mundial estimada en unos 40 000 millones de dólares al año.

Bernstein asegura que actualmente se han gastado más de 6 billones de dólares en “pañitos de agua tibia”. “No importa cuánto gastemos en vacunas, nunca podrán inmunizarnos completamente contra futuras pandemias», dice. En investigaciones anteriores, Bernstein ha encontrado que reducir la deforestación y regular el comercio de animales silvestres cuesta 22 000 millones de dólares al año, lo que representa solo el 2 % de los costos económicos y de mortalidad que el mundo invierte hoy en día en respuesta al COVID-19.

Por último, el informe recomienda aprovechar las inversiones en el fortalecimiento del sistema de salud para avanzar en la conservación. Los investigadores de Harvard resaltan que un ejemplo de éxito es Borneo, una isla asiática donde una década de trabajo permitió reducir la deforestación en un 70 %, proporcionar acceso a la atención médica a más de 28 400 personas y reducir sustancialmente la malaria, la tuberculosis y otras enfermedades comunes de la infancia.

Los siekopai suelen encontrar peces muertos en las aguas de sus ríos. Foto: Nacionalidad siekopai.
Los  peces muertos por contaminación del agua son un reflejo de mal manejo de la salud ambiental en muchos teritorios latinoamericanos. Foto: Nacionalidad siekopai.

Será clave además —plantean los científicos— aprovechar las inversiones en los sistemas sanitarios y apoyar las plataformas de One Health (Una sola salud), un concepto que hace alusión a buscar el equilibrio entre la salud humana, ambiental y animal. Solo de esta manera, dicen, se podrá avanzar conjuntamente en la conservación, la salud y la prevención de contagios.

“En este informe presentamos toda la evidencia, pero también hacemos recomendaciones, de tal forma que los líderes regionales, los políticos y los jefes de Estado pongan atención y traten de invertir, no solo en la respuesta a la pandemia, sino también en la prevención. Queda claro que la principal inversión que debe hacer la humanidad para llegar a la raíz de los problemas es proteger el mundo natural, de esto depende la salud y el bienestar económico”, finaliza Marcos Espinal.

Esta nota fue publicada originalmente en Mongabay Latinoamérica

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