El eclipse que salvó la vida de Cristóbal Colón en su cuarto viaje a América
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El eclipse que salvó la vida de Cristóbal Colón en su cuarto viaje a América

Por sus conocimientos de astronomía, Cristóbal Colón pudo saber que habría un eclipse mientras estaba en Jamaica. Te contamos cómo lo utilizó para no morir de hambre.
11 de octubre, 2020
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Ilustración de Colón mostrando el eclipse a los nativos. Camille Flammarion 1879.

Getty Images
Hubo un eclipse el 29 de febrero de 1504 y Colón lo supo aprovechar para salvarse del hambre.

Son muchos los historiadores que coinciden en que Cristóbal Colón, el primer navegante europeo que llegó a América, fue un hombre sumamente astuto.

Pese a que tenemos pocas certezas sobre su vida, hay consenso en que su inteligencia y rapidez lo ayudaron en varias oportunidades, tanto a conseguir lo que buscaba como a salvarse de aprietos y necesidades.

Una de esas ocasiones se dio en 1504 cuando el Almirante estaba varado en Jamaica durante su cuarto y último viaje al continente.

Y para lograr lo que quería de los nativos de la isla recurrió a sus extensos conocimientos astronómicos.

“Un genio del engaño”

Colón partió en 1502 hacia América con el propósito de hallar un estrecho marítimo hacia Asia.

Pero tras más de un año navegando había perdido dos embarcaciones y las otras dos estaban muy deterioradas, lo que les impedía continuar.

Así que él y un centenar de hombres terminaron varados en el norte de Jamaica.

Imagen en 3D de las carabelas de Colón.

Getty Images
En su cuarto viaje a América, Colón quedó varado en Jamaica tras el naufragio y deterioro de sus embarcaciones.

No era la primera vez que Colón llegaba a esta isla ni tampoco la había llamado así.

El navegante llegó allí en 1494 y la bautizó como la isla Santiago. Sin embargo, nunca se refirió a ella con ese nombre en su diario del cuarto viaje. Siempre usó Jamaica.

Esa denominación deriva del nombre original de los aborígenes arahuacos que es Xaymaca o Yamaya que significa “tierra de madera y agua”.

El genovés envió a un grupo, comandado por uno de sus colaboradores Diego Méndez de Segura, en canoa a la isla La Española en busca de ayuda para rescatarlos.

Mientras esperaban consiguió intercambiar con los nativos algunas de sus posesiones por comida. Sin embargo, pasaban los días y los meses y el rescate no llegaba.

A finales de 1503, la relación con los indígenas empezó a deteriorarse.

“Se amotinaron y no le querían traer de comer como solían”, cuenta Méndez de Segura en su testamento.

Las memorias de Méndez de Segura y detalles de este último viaje fueron publicadas en 1825 por Martín Fernández de Navarrete en el libro “Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV”.

Si querían sobrevivir, tenían que hacer algo. Y Colón diseñó un plan tan genial como perverso: atemorizar a los aborígenes con un eclipse que ocurriría el 29 de febrero de 1504, justo el día extra de ese año bisiesto.

Retrato de Cristóbal Colón

Getty Images
Colón supo usar la astronomía para engañar a los nativos de Jamaica en 1504.

Y el navegante sabía por sus estudios que no sería cualquier eclipse, sino uno lunar que teñiría al satélite natural de la Tierra de rojo como la sangre. Podía presentarlo como un castigo divino del cual los nativos no podrían escapar.

“Colón era un genio del engaño. Y esta era una idea salvadora”, le dice a BBC Mundo Antonio Bernal, divulgador científico del Observatorio astronómico de Fabra, en Barcelona, España.

El episodio está extensamente narrado en el libro “El Memorial de los Libros Naufragados”, del historiador inglés Edward Wilson-Lee, sobre el que puedes leer más en el link que sigue.

Dios está enojado

Según el relato de Méndez, “Él (Colón) hizo llamar a todos los caciques y les dijo que se maravillaba de que no le llevaran comida como solían, sabiendo, como les había dicho, que había venido allí por mandato de Dios”.

Les dijo “que Dios estaba enojado con ellos y que se los mostraría aquella noche por señales que haría en el cielo; y como aquella noche era el eclipse de la Luna, casi todo se oscureció”.

Colón reforzó la idea de que Dios provocaba el eclipse por enfado, “porque no le traían de comer y ellos le creyeron y se fueron muy espantados y prometieron que le traerían siempre de comer“, dice el libro de Fernández de Navarrete.

Eclipse lunar de julio de 2018

Getty Images
El eclipse de Luna suele teñir al satélite natural de la Tierra en rojo por unos minutos.

Colón sabía a qué hora empezaba el eclipse y que la Luna se volvería roja.

“El eclipse de Luna tiene dos partes principales: una es el principio, que es la parte parcial, en la que la Luna se ve parcialmente oscura. Y cuando está toda negra, empieza la segunda parte que es la de totalidad”, explica Bernal.

“Este eclipse tenía, además, una característica especial: la Luna se eclipsaba cuando todavía estaba sin salir, debajo del horizonte”, añade.

Entonces cuando apareció en el cielo ya se vio parcialmente oscura.

“Y después de la totalidad, los eclipses de Luna hacen que esta se vea roja, por refracción de la atmosfera terrestre“, detalla.

Esto se debe a que la luz solar no llega directamente a la Luna, sino que parte ella es filtrada por la atmósfera de la Tierra y os colores rojizos y anaranjados se proyectan sobre el satélite natural.

¿Pero por qué estaba Colón tan seguro de que habría un eclipse?

El almanaque

Cristóbal Colón tenía muchos conocimientos a su haber: sabía de navegación, hablaba varias lenguas, y “tenía una escritura muy bonita”, según cuenta Consuelo Varela, profesora de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de España.

“Él era un hombre con una gran capacidad y un ansia de conocer y aprender. Quizás la característica que resaltaría de Colón es su empeño en saber las cosas”, le dice a BBC Mundo la historiadora española experta en temas americanos y en Colón.

Pero sobre todo “Colón conocía el cielo”, agrega Bernal. “Conocía las estrellas y se guiaba por ellas”.

El Almirante era un aficionado a la astronomía y se sabe que en sus viajes llevaba consigo un calendario de eclipses: el almanaque Regiomontano.

Este fue confeccionado por el astrónomo y matemático alemán Johann Müller (1436-1476), cuyo apodo era precisamente “Regiomontano”, que proviene de la traducción latina del nombre de la ciudad alemana donde nació: Königsberg y que significa (Montaña real o Montaña Regia).

Parte del almanaque de Regiomontano con dos agujas móviles para calcular el movimiento de la Luna.

Gentileza Biblioteca de la Universidad de Glasgow
El almanaque Regiomontano contaba con dos agujas móviles para calcular el movimiento de la Luna.

Los calendarios y almanaques impresos eran extremadamente populares en los siglos XV y XVI y proporcionaban a la gente los conocimientos básicos necesarios para planificar sus rutinas diarias.

“Los fenómenos celestes servían para muchas cosas: primero para orientarse, y segundo, la meteorología se predecía con los fenómenos celestes. Hoy sabemos que eso es un error, pero en ese tiempo no se sabía”, explica Bernal.

El almanaque de Regiomontano, en particular, era muy utilizado porque sus cálculos eran muy precisos.

Su creador registró varios eclipses de Luna y su interés lo llevó a hacer la importante observación de que la longitud en el mar se podía determinar calculando distancias lunares.

Incluso en 1472 observó un cometa, 210 años antes de que el astrónomo Edmund Halley lo viera “por primera vez”, destaca la Universidad de Glasgow en sus archivos y colecciones especiales, que cuenta con una copia de este calendario impreso en 1482.

Estas dos páginas del almanaque de Regiomontano describen los eclipses de Sol y Luna. En el extremo derecho inferior está señalado el eclipse de Luna del 29 de febrero de 1504 que utilizó Cristóbal Colón.

Gentileza Biblioteca de la Universidad de Glasgow
Estas dos páginas del almanaque de Regiomontano describen los eclipses de Sol y Luna. En el extremo derecho inferior está señalado el eclipse de Luna del 29 de febrero de 1504 que utilizó Cristóbal Colón.

Se trataba de una ayuda indispensable para cartógrafos, navegantes y astrólogos.

Fue esa la herramienta que Colón utilizó para “predecir” el eclipse lunar del 29 de febrero de 1504 y salvarse a él y a sus hombres de morir de hambre, hasta que en junio de ese año finalmente llegaron los refuerzos que tanto esperaban.

“Colón era un hombre enormemente listo y esa era la única forma que tenía de asustar a los indios. El sobresalto que se debieron dar los pobres indígenas“, dice bromeando Consuelo Varela.


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Cuartoscuro

Deja COVID más de 700 policías muertos en 2020; 1 de cada 7 agentes contagiados fallecen

Fue un 2020 letal para los agentes de las fuerzas de seguridad. A las bajas por la enfermedad se suman las de más de 500 policías asesinados por ataques de los criminales. La violencia contra los uniformados está en el nivel mas alto de los últimos tres años.
Cuartoscuro
27 de enero, 2021
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En 2020 más de 4 mil 800 policías de todos los niveles y corporaciones se contagiaron de COVID-19 en México, y poco más de 700 fallecieron. En promedio, 1 de cada 7 policías que contraen dicha enfermedad pierden la vida, proporción seis veces mayor que la registrada en los trabajadores de la salud.

A las bajas causadas por el COVID-19 se suman la de 524 policías que fueron asesinados como resultado de ataques y emboscada del crimen en 2020, la cifra mas alta de los últimos tres años.

Así lo revela el informe “Ser policía en México: asesinatos, atrocidades y registro de contagios y muertes por COVID-19” elaborado por la organización civil Causa en Común, y que por primera vez presenta un balance de los estragos que ha dejado de manera conjunta la violencia y la pandemia en las corporaciones de policía.

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“Además de estar desprotegidos, mal pagados y equipados, abandonados por el Estado y sus comunidades, con jornadas extenuantes y capacitaciones exprés, los policías enfrentan día con día un altísimo riesgo de ser asesinados, y desde 2020 de contraer el virus del COVID-19” señala el análisis.

En el tema específico de COVID-19, Causa en Común señala que desde el arranque de la pandemia sanitaria en marzo del 2020 hasta el corte del 31 de diciembre, se ha confirmado el contagio de 4 mil 828 policías, así el fallecimiento de 702 elementos.

En promedio, los policías caídos equivalen a casi el 15 por ciento de los que han enfermado. Esto significa que en proporción 1 de cada 7 policías contagiados pierde la vida. Este nivel de letalidad es mayor a la que se presenta, por ejemplo, en el sector de los trabajadores de la salud donde menos del 2 por ciento de los que enferman han fallecido

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El informe detalla que del total de policías contagiados por el virus la mayor cifra se ubica en las corporaciones federales con 2 mil 70 casos, seguido de las agencias estatales con mil 741 y de las policías municipales, con mil 17.

Sin embargo, en cuanto a los fallecidos la mayor proporción de bajas la acumulan las fuerzas estatales con 370 policías fallecidos, seguido de las corporaciones municipales con 236 bajas, y las federales con 96.

El Estado de México es la entidad que registra la mayor cantidad de policías muertos por COVID-19 con 120 casos, seguida de Tabasco con 98 y Ciudad de México con 89 bajas en total.

Violencia contra policías en ascenso

De acuerdo con el informe de la organización, en 2020 un total de 524 policías de todos los niveles fueron asesinados en el país. Se trata, en promedio, de uno a dos policías asesinados todos los días en el país. Esto confirma un repunte en el homicidio de policías, luego de que en 2018 se registraron 452 casos y en 2019 se reportaron 446.

En conjunto, durante los últimos tres años un total de mil 442 policías han sido asesinados en México. De ellos 738 eran agentes municipales, 603 estatales y solo 81 federales.

Guanajuato es el foco rojo de la violencia contra los policías. Entre 2018 y 2020 un total de 223 uniformados y agentes, que equivalen al 15 por ciento de todos los casos registrados a nivel nacional, han sido asesinados solo en dicha entidad. Los decesos de policías en Guanajuato duplican los registrados en el segundo estado con mas casos, el Estado de México, que acumula 109 casos.

Guerrero es el tercer estado con la mayor cantidad de decesos de policías en los últimos tres años al acumular 107 casos en total. Le sigue Chihuahua con 98, Veracruz con 84, Michoacán con 83, Jalisco con 76, Puebla con 67 y Sonora con 57.

Ponte en contexto: Crecen 26% los homicidios de policías en México; cada 16 horas se registra un nuevo asesinato

El resto de las entidades presentan menos de medio centenar de policías asesinados en su territorio. El único estado en donde no se ha reportado homicidios de policías es Campeche.

El informe de Causa en Común destaca 16 casos ocurridos en 2020, que denomina como “atrocidades”, debido a que en un solo acto fueron asesinados varios elementos o a que el crimen se cometió con violencia desmedida.

Entre esos casos destaca, por ejemplo, el homicidio de siete policías de Colima que desaparecieron el 28 de mayo, y cuyos cuerpos descuartizados fueron ubicados cinco días después en Manzanillo. Previamente, el 21 de marzo, cuatro policías municipales habían sido asesinados en Sombrerete, Zacatecas.

Otro ejemplo fue el ocurrido el pasado 5 de noviembre: cuatro policías fueron emboscados y asesinados en el municipio de Madera, Chihuahua. 

Impunidad y abandono

Pese a que los policías son servidores públicos clave en la consolidación de un estado democrático, Causa en Común advierte que la violencia que se perpetra contra ellos casi siempre permanece impune.  Y aunque los casos van en ascenso, es poco el impacto que estos hechos tienen en la opinión pública.

“Si bien los asesinatos de policías son una afrenta directa al Estado, la mayoría de los casos pasan desapercibidos. Es tal la indolencia de los gobiernos federal y estatales, y de la sociedad misma, que buena parte de los casos quedan registrados únicamente en páginas interiores de prensa local. Además, la mayoría de estos asesinatos queda impune” indicó la organización.

También: La denuncia: uno de los grandes retos para reducir la impunidad en 2021

La ausencia de registros oficiales que den cuenta periódicamente de los decesos de policías es una muestra más de la poca importancia que se da a este tema, subraya la organización. Es un fenómeno que se agrava debido a la desconfianza e incluso “desprecio” que padecen muchas corporaciones de policía ante la sociedad.

En ese contexto la organización consideró urgente que se trabaje en el fortalecimiento integral de las corporaciones de policía en el país. Y es que aun cuando se ha avanzado en la formulación de planes y estrategias como el Modelo Nacional de policía, hasta la fecha no se le han destinado los recursos para materializarlo.

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