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3 efectos en México del T-MEC, el tratado que remplaza al TLCAN

El tema que queda pendiente es el conflicto por los aranceles que impuso EU a las importaciones de acero y aluminio.
23 de junio, 2019
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Después de tensas negociaciones que se extendieron por más de un año, Canadá, Estados Unidos y México firmaron el T-MEC, el acuerdo de libre comercio que reemplaza al TLCAN.

Tras la firma por los líderes, el siguiente paso antes de su entrada en vigor es la ratificación por parte del poder legislativo de los tres países.

El de México ya hizo su parte. El acuerdo queda pendiente de los de Canadá y Estados Unidos.

El siguiente paso es que el tratado sea aprobado por los congresos de México, Estados Unidos y Canadá.

BBC Mundo te cuenta cuáles son algunos de los posibles efectos en México de este nuevo tratado.

1. Industria automotriz

El acuerdo incluye cambios en las reglas de origen de la industria automotriz.

Con el TLCAN, se exigía que un 62,5% de la producción de un automóvil ligero fuera hecha en alguno de los tres países para tener acceso a aranceles preferenciales. Pero con el T-MEC se elevó al 75%.

Fábrica de automóviles en Estados Unidos.

Getty Images
El nuevo acuerdo exige que el 75% de un vehículo debe ser fabricado en uno de los tres países para no pagar aranceles.

“El golpe no es para México”, le dice a BBC Mundo sobre este punto Pablo Ruiz Nápoles, profesor de la Facultad de Economía de la La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Las empresas estadounidenses establecidas en México compran actualmente autopartes a fabricantes de China y Corea. Bajo los nuevos términos, tendrían que comprar mayor cantidad de insumos a alguno de los tres países que integran el acuerdo.

Por otro lado, EE.UU. logró que entre un 40% y 45% del automóvil fabricado dentro de los tres países deba ser producido por trabajadores que ganen al menos US$16 por hora.

Esta cláusula pretende incentivar a las empresas estadounidenses para que se instalen en EE.UU.

Si eso ocurre, podría afectar a la creación de empleo en México en este sector. Sin embargo, es un factor aún incierto.

2. Farmacéuticas

En el sector farmacéutico se aumentaron las barreras de acceso a los medicamentos genéricos y biocomparables.

En la práctica, las farmacéuticas mexicanas quedan más protegidas en relación a la competencia que supone el ingreso de medicamentos genéricos.

De este modo, se mantiene (o incluso podría encarecerse) el precio final para los consumidores, puesto que los genéricos suelen ser más baratos que los medicamentos de marca.

3. Derechos laborales

El nuevo tratado contempla un anexo en el que los tres países se comprometen a adoptar y cumplir normas y prácticas laborales conforme a lo establecido por la Organización Internacional del Trabajo.

Sin embargo, no está claro cómo ese compromiso se va a traducir en acciones concretas.

Hay ciertas disposiciones que México deberá cumplir antes del 1 de enero de 2019, como establecer en sus leyes laborales el derecho de los trabajadores a participar en actividades de negociación colectiva y crear organismos independientes para el registro de elecciones sindicales.

Trabajadores en México

Getty Images
El pacto incluye algunas modificaciones a la legislación laboral en México.

¿Novedades?

Mientras el gobierno saliente de Enrique Peña Nieto expresó su satisfacción con las condiciones acordadas entre los tres países, voces críticas aseguran que en realidad el nuevo pacto no contiene muchas novedades.

“No veo aspectos nuevos que sean beneficiosos para los mexicanos. Algo positivo es que salvamos cosas que en el TLCAN nos beneficiaban y que Trump quería eliminar”, afirma el economista Ruiz Nápoles.

En el sector energético, “no hay mayores cambios en telecomunicaciones o la industria petrolera”, afirma.

Lo mismo ocurre con la agricultura, explica, dado que “Estados Unidos podrá seguir vendiendo el maíz a un precio más bajo porque está subsidiado”.

Plantación de maíz

Getty Images
El maíz ha sido históricamente fuente de controversia entre México y Estados Unidos.

En otra área, el tratado incorpora una cláusula que establece que los integrantes del pacto deben informar a los otros miembros sobre sus intenciones de iniciar un tratado de libre comercio con algún país que no opere bajo condiciones de libre mercado.

El acuerdo contempla que cualquiera de las tres partes implicadas puederescindir el tratado en caso de que uno de los integrantes no cumpla con esta cláusula.

Analistas apuntan a que esta condición podría haber sido impulsada por EE.UU. para restringir acuerdos con países como China, si bien no fue reconocido oficialmente por ninguno de los países firmantes.

*Esta nota fue publicada inicialmente en noviembre de 2018 y actualizada con motivo de la ratificación del tratado por parte del Senado de México.


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Facebook de Turismo Ecológico comunitario Capulálpam.

Comunidades forestales y parques ecoturísticos sufren por pandemia del COVID-19

Las comunidades que realizan manejo forestal, y que tienen instalaciones para ecoturismo, ya enfrentan el impacto económico que trae la emergencia sanitaria causada por el COVID-19.
Facebook de Turismo Ecológico comunitario Capulálpam.
Por Emiliano Rodríguez Mega / Mongabay Latam
26 de abril, 2020
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Este año la Semana Santa no trajo turistas al parque ecoturístico Presa del Llano, en el Estado de México. No se escuchó el chapoteo de los remos de kayak. Ni los gritos de visitantes que se deslizan en tirolesa desde los 60 metros de altura. Tampoco el siseo de la carne en los asadores. El parque solo ha recibido la visita constante de un hombre.

“Tengo que venir diario”, dice Felipe Martínez, administrador de Presa del Llano, que pertenece al ejido forestal de San Jerónimo Zacapexco. “Yo también dependo de toda la comunidad. Y si ven que flaqueo van a decir: ‘Bueno, entonces no tienes interés’. Van a meter a otra persona en mi lugar”.

A principios de marzo, el comisariado comunal dio la orden a Martínez y su equipo de 35 personas que debían cerrar el parque como medida de prevención ante la propagación en el país del virus SARS-CoV-2, que causa la enfermedad del COVID-19.

Lee: “La Marquesa está en ruinas”: comerciantes se quedan sin sustento tras cierre del parque por COVID-19

Desde entonces, solo dos personas se rotan por semana para visitar y cuidar del parque Presa del Llano. El resto de los trabajadores no permanentes, decenas de ellos, se han quedado sin acceso. Y, por lo tanto, sin ingreso.

“Fue un golpe muy fuerte,” confiesa Martínez. “Si esto hubiera pasado en otras fechas que no fueran Semana Santa, créeme que no lo hubiéramos resentido tanto. Esta es una fecha que esperábamos y ansiábamos todos”. La pérdida de ecoturismo, añade, no solo afecta a quienes trabajan en el parque. También aqueja a la comunidad entera de San Jerónimo Zacapexco, que recibe parte de las ganancias cada fin de año.

En los últimos días, Martínez ha recibido llamadas de sus compañeros rogándole por trabajo. “Dame chamba ”, le dicen. Muchas veces es difícil saber qué contestar. “¿De dónde, si no hay ninguna entrada?”, responde. “Está muerto aquí”.

Los primeros impactos del coronavirus

El 30 de marzo, en vista del aumento en el número de casos confirmados de COVID-19, el gobierno mexicano declaró una emergencia sanitaria a nivel nacional y la suspensión de las actividades consideradas por la Secretaría de Salud como no esenciales.

La propagación del nuevo coronavirus también tomó por sorpresa a otras poblaciones que realizan manejo forestal comunitario. Una a una, han tenido que aislarse. La medida se ha tomado para proteger a sus habitantes, que suelen vivir apartados de las  zonas urbanas y de la atención médica.

Las consecuencias económicas de la emergencia sanitaria han sido casi inmediatas. Sobre todo para los poblados que realizan manejo forestal comunitario y que, además, desarrollan proyectos ecoturísticos como parte de su fuente de ingresos. Estas comunidades y ejidos enfrentan el desplome del mercado de la madera, así como la ausencia de turistas.

Las comunidades organizadas conservan sus bosques y generan ingresos al hacer un aprovechamiento sustentable de los recursos. La emergencia sanitaria llevó a que diversas empresas forestales comunitarias cerraran, en forma temporal, sus actividades. Foto: Cortesía CCMSS

Las comunidades organizadas conservan sus bosques y generan ingresos al hacer un aprovechamiento sustentable de los recursos. La emergencia sanitaria llevó a que diversas empresas forestales comunitarias cerraran, en forma temporal, sus actividades. Foto: Cortesía CCMSS

México es pionero del manejo forestal comunitario, un modelo en el que los ejidos o comunidades que son dueñas de bosques aprovechan en forma sustentable recursos como la madera y, al mismo tiempo, protegen este ecosistema.

Bajo este esquema, muchas comunidades se han convertido en la línea de defensa más importante de los bosques, sobre todo para prevenir plagas, tala clandestina o incendios.

A la vez, las empresas forestales comunitarias, creadas para vender la madera, han permitido a varias comunidades expandir sus actividades a otros proyectos, como el ecoturismo.

En México, alrededor de 1392 ejidos y comunidades tienen una empresa forestal comunitaria; 350 de ellas cuentan con infraestructura para ecoturismo, pero solo el 50 % desarrollaba esta actividad antes de la emergencia sanitaria, de acuerdo con datos de la Comisión Nacional Forestal (Conafor).

Por la emergencia sanitaria, comunidades como Capulálpam de Méndez, en Oaxaca, tuvieron que suspender las actividades de su empresa comunitaria de ecoturismo. Foto tomada de la página de Facebook de Turismo ecológico comunitario Capulálpam mágico.

Por la emergencia sanitaria, comunidades como Capulálpam de Méndez, en Oaxaca, tuvieron que suspender las actividades de su empresa comunitaria de ecoturismo. Foto tomada de la página de Facebook de Turismo ecológico comunitario Capulálpam mágico.

Crisis sanitaria y ambiental

Antes de la contingencia, el sector forestal ya se encontraba en aprietos debido a la escasez de personal y el bajo presupuesto con el que cuentan instituciones del sector ambiental, explica Rocío Contla Arzamendi, ingeniera forestal de la Asociación Mexicana de Profesionales Forestales en Ciudad de México. “Hoy día, yo creo que ni la misma Comisión Nacional Forestal suficiente conocimiento de cómo se está viviendo la situación”.

Hace un par de días, en un grupo de WhatsApp que comparte con muchos otros asesores técnicos, Contla Arzamendi lanzó una pregunta. Quería saber cómo están resistiendo las comunidades de todo el país con las que trabajan de cerca. Las respuestas no fueron muy alentadoras. Muchas de las empresas forestales que asesoran han tenido que recortar el sueldo a sus empleados, en algunos casos, hasta el 75 %.

Antes de la emergencia sanitaria, Contla Arzamendi acostumbraba salir por lo menos una vez al mes a un parque nacional o ir de campamento. Ya no más. Su decisión pone a salvo los lugares que antes frecuentaba. Pero también perjudica al ecoturismo y la economía de quienes dependen de él.

Lee: Salud no descarta saturación de servicios funerarios por personas fallecidas de COVID-19

Enmanuel Cosmes entiende ese dilema de primera mano. En marzo celebró los 15 años de la empresa comunitaria de ecoturismo que administra en Capulálpam de Méndez, Oaxaca. Ahora, él y las 18 familias que trabajan en la misma saben su futuro incierto. Sus cabañas, restaurantes y áreas recreativas —incluidos el cerco donde cuidan de venados cola blanca y su propio museo de la biodiversidad— no han recibido un visitante en más de dos semanas. Capulálpam, como otras comunidades de la Sierra Juárez, en Oaxaca, ha prohibido el acceso a turistas.

“Si esto sigue, nos afecta a todos”, dice Cosmes, quien solo recibe salario mínimo por ahora. “No sabemos cuánto más vamos a aguantar ni qué va a pasar después”. Su esposa también tuvo que suspender su negocio de medicina tradicional. Creen que pueden durar así un mes y medio más. Pero aún no tienen planes en caso de que la situación se prolongue.

Si las empresas forestales quiebran, las comunidades y muchas familias sufren también.

“Las empresas forestales son la vaquita de la comunidad. Es la que ordeñan para sacar dinero para todo”, dice Francisco Chapela, economista de recursos naturales de la asociación Estudios Rurales y Asesoría Campesina en Oaxaca. “Y ahorita pues las ventas se han detenido. La vaquita no está nutrida; la vaquita está flaca”.

Ante la epidemia del COVID-19, Chapela prevé dos escenarios futuros. Si se crean mecanismos solidarios y de fomento que apoyen a las comunidades forestales para que sigan resguardando los bosques, la economía podría reactivarse en algunos meses. Pero lo opuesto también podría pasar.

“El otro escenario es: cierren el changarro, se acabó el proyecto de ecoturismo, se acabó el proyecto forestal, cerramos los viveros y vamos a buscar chamba a ver a dónde. Y que vengan los ganaderos”, dice Chapela. En dos o tres años, “se puede venir un retroceso muy fuerte en el cuidado de los bosques y selvas de México”.

Leticia Merino, antropóloga del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), no se siente muy optimista. Ella no cree que las instituciones del sector ambiental, como la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) o la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), sean capaces de apoyar a las comunidades que lo necesiten.

Para 2020, al sector ambiental se le destinó un presupuesto de 29 mil millones de pesos (aproximadamente 1225 millones de dólares, al tipo de cambio actual), suma que representa 56 % menos del dinero que se le destinó en 2015.

Bosques comunitarios del ejido San Jerónimo Zacapexco en Presa del Llano, Estado de México. Foto tomada de la página de Facebook de Presa del Llano.

Bosques comunitarios del ejido San Jerónimo Zacapexco en Presa del Llano, Estado de México. Foto tomada de la página de Facebook de Presa del Llano.

“Si tenían poco presupuesto, yo me atrevo a pensar que van a tener aún menos. Y si la impartición de justicia ambiental débil, va a ser todavía más débil”, dice. Eso podría provocar un repunte de tala clandestina e incendios provocados en regiones donde el monitoreo y la vigilancia flaqueen debido al distanciamiento social.

La Conafor difiere. A partir de mayo y junio, las comunidades que hayan solicitado apoyos a través de subsidios recibirán fondos para invertirlos en acciones de reforestación, manejo forestal sustentable o conservación de suelo y agua, asegura Mario Mosqueda Vázquez, coordinador general de producción y productividad de la dependencia. Estos recursos servirán “para reactivar su economía”, dice.

Otros apoyos, como el Programa por Pago de Servicios Ambientales, también seguirán activos durante la epidemia. Y ya se está conversando con secretarías de estado para ver la posibilidad de comercializar la madera que produzcan las comunidades para fabricar viviendas y no dejar que el mercado de productos forestales se desmorone.

Durante la crisis sanitaria, añade Mosqueda Vázquez, la prevención de incendios y las acciones de sanidad serán consideradas como actividades esenciales. Y el personal de estas áreas seguirá asesorando a las comunidades forestales del país, aunque sea a través de llamadas o videoconferencias remotas.

Felipe Martínez y Enmanuel Cosmes piensan que esta epidemia puede ser una oportunidad. Una lección para su comunidad. Un momento para crear algún plan de acción, o quizás un fondo de contingencia, para que permanezcan, trabajen y salgan adelante en otras ocasiones. Pero ahora lo que prevalece es la duda.

“Me preocupa mi gente”, dice Martínez. “Si se alarga esto, ¿qué vamos a hacer? Va a estar complicado porque de aquí nos sostenemos”. Mientras tanto, sus compañeros le llaman. Él los escucha. Quieren regresar al parque a trabajar.

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