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"El trabajo está matando a la gente y a nadie le importa"

En su último libro, Jeffrey Pfeffer, profesor de la Universidad de Stanford, argumenta que el exceso de trabajo y el estrés han provocado la muerte de miles de personas en Estados Unidos y el resto del mundo a causa de un sistema laboral que se ha vuelto "inhumano".
BBC
22 de marzo, 2019
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Cuando Jeffrey Pfeffer afirma que “el trabajo está matando a la gente y a nadie le importa”, no lo dice en un sentido metafórico.

Lo dice tal cual, con todas sus letras, basándose en las investigaciones que ha realizado durante décadas, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo.

Pfeffer, profesor de la Escuela de Postgrado de Negocios de la Universidad de Stanford y autor o coautor de 15 libros en el campo de la teoría organizacional y el manejo de recursos humanos, argumenta en su último libro, “Muriendo por un salario” (Dying for a paycheck, en inglés), que el sistema de trabajo actual enferma e incluso termina con la vida de las personas.

En él relata el caso de Kenji Hamada, un hombre de 42 años que murió de un ataque al corazón en su escritorio en Tokio. Trabajaba 75 horas a la semana y demoraba cerca de dos horas en llegar a la oficina.

Justo antes de su muerte, había trabajado 40 días seguidos sin parar y su viuda declaró que Kenji estaba excesivamente estresado.

Ese es solo uno de muchos ejemplos incluidos en la publicación, donde el autor pone en contexto los efectos de un sistema de trabajo que en ocasiones se torna “inhumano” por la excesiva carga laboral.

fsdf

BBC

Según la evidencia recopilada por Pfeffer, en Estados Unidos, el 61% de los empleados considera que el estrés los ha enfermado y el 7% asegura haber sido hospitalizado por causas relacionadas con el trabajo.

De hecho, sus estimaciones apuntan a que el estrés está relacionado con la muerte anual de 120.000 trabajadores estadounidenses.

Y desde un punto de vista económico, destaca el académico, el estrés tiene un costo para los empleadores de más de US$300.000 millones al año en ese país.

En BBC Mundo hablamos con él.


En su libro usted menciona que existe un sistema laboral tóxico que está matando a la gente. ¿Qué evidencia tiene al respecto y cómo el trabajo moderno afecta a los empleados?

Existe evidencia de sus efectos sobre la salud. Las largas jornadas laborales, los despidos, la falta de seguro médico, el estrés provocan una enorme inseguridad económica, conflictos familiares y enfermedades.

El trabajo se ha vuelto inhumano. Por una lado las empresas, de una manera fundamental, se han desentendido de la responsabilidad que tienen con sus empleados.

Pero también ocurre que así como crece la “economía gig” (de trabajadores independendientes), también crece la inseguridad laboral.

¿Quién es responsable de este fenómeno?

Si piensas en los años 50 o los 60, los directivos decían que era necesario equilibrar los intereses de los empleados, los clientes, los accionistas. Ahora todo está centrado en los accionistas.

Esqueleto

Getty Images
Pfeffer dice que el estrés está relacionado con la muerte de 120.000 trabajadores estadounidenses al año.

En los bancos de inversión, por ejemplo, hay una práctica muy generalizada bajo la cual trabajas, vas a tu casa a darte una ducha y regresas a la oficina.

Bajo ese sistema, muchos empleados se vuelven drogadictos, porque terminan consumiendo cocaína y otras drogas para mantenerse despiertos.

Aunque el fenómeno que usted describe sería transversal, ¿hay ciertos sectores más afectados?

Un empleado de una fábrica, un piloto de avión, un conductor de camión, tiene un límite máximo de horas que puede trabajar.

Pero irónicamente, en muchas de las profesiones no hay límites.

En el caso de Estados Unidos, usted ha escrito que el lugar de trabajo es la quinta causa de muerte en Estados Unidos

Al menos la quinta causa, quizás más.

¿Y quién se hace cargo de esas muertes?

Los empleadores son responsables y los gobiernos son responsables por no hacer nada al respecto.

Enfermera

Getty Images
El 61% de los empleados en Estados Unidos considera que el estrés los ha enfermado.

¿Entonces qué papel juega la política en todo esto?

Tiene un rol enorme. Tenemos que hacer algo para detener esto. Pero no seremos capaces de hacer nada a un nivel individual.

Si quieres resolver el problema de manera sistémica, se requiere una intervención sistémica que debe provenir de algún tipo de regulación.

¿Cómo reaccionan los directivos de empresas cuando usted conversa con ellos?

Nadie argumenta que los datos no son correctos, porque los datos son bastante abrumadores. Pero esto es como el juego de la “papa caliente”: la gente ve el problema, pero nadie quiere hacerse cargo.

De hecho, los costos de salud son enormes. Las condiciones de trabajo causan enfermedades crónicas como diabetes o problemas cardiovasculares.

Pero también hablando de costos, las empresas pueden replicar que hacer cambios al sistema de trabajo afectará las ganancias corporativas

Es que eso no es verdad. Sabemos que la gente estresada tiene una mayor probabilidad de renunciar. Sabemos que los empleados enfermos -psicológica o físicamente enfermos- son menos productivos.

Sabemos, por estudios realizados en Estados Unidos y en el Reino Unido, que sobre el 50% de todos los días laborales perdidos por ausentismo están relacionados con el estrés laboral.

Hombre abrumado

Getty Images
El estrés tiene un costo para los empleadores de más de US$300.000 millones al año en Estados Unidos, según Pfeffer.

El Instituto Estadounidense del Estrés calcula que el costo anual es de US$300.000 millones al año.

Entonces es muy caro tener trabajadores enfermos o empleados que van a trabajar, pero con bajo rendimiento. Esto le cuesta a las empresas una fortuna.

Desde el lado de los trabajadores, usted ha escrito que las personas deberían cuidarse a sí mismas. Pero si un empleado reclama por mejores condiciones laborales, es muy probable que termine despedido. ¿Cómo se pueden cambiar las condiciones de trabajo?

Primero, los empleados tienen que asumir la responsabilidad de cuidar su propia salud.

Si vas a trabajar a un lugar donde no te permiten equilibrar tu vida laboral y tu vida familiar, tienes que irte.

Entonces la gente contesta: “No me puedo ir”. Y yo digo: “Si estás en una sala y esa sala está llena de humo, intentarás salir de ahí, porque las consecuencias para tu salud serán muy severas”.

Lo otro es que la gente tiene que presionar para que existan leyes y actuar colectivamente para protegerse, porque también hay costos para la sociedad.


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Especial

'Me despidieron por ser mamá': Leticia acusa que empresa la discriminó luego de tener un bebé

El reingreso de Laura Leticia García a su puesto de trabajo tras su baja maternal se convirtió en el día de su despido.
Especial
20 de noviembre, 2019
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Laura Leticia García Rodríguez tiene 32 años y el 14 de septiembre dio a luz por primera vez. Su hija se llama Sofía. Ella es madre soltera.

Su gran problema ahora es que no sabe cómo va a mantenerla. Cuando se embarazó tenía una fuente de ingresos: su empleo en Industrias JLC SA de CV, donde trabajó los últimos dos años. Esta es una empresa familiar cuyo principal producto es Clarasol, un limpiador para el hogar. Su dueño es Samuel José Luis Canal Álvarez y sus cuatro hijos: Pablo, Francisco, Pedro y Samuel José Luis.

Entérate: “No me preguntaron ni cómo me sentía”, a María la violaron y denunciar fue un tormento

Allí trabajó hasta el miércoles, 13 de noviembre. La que debía ser su primera jornada tras disfrutar de los tres meses de baja por maternidad que le corresponden por ley se convirtió en el día de su despido.

En lugar de la felicitación, en la empresa le entregaron una carta de despido sin más razones que ser madre.

“Me despiden por haber sido mamá, eso no me lo han negado”, protesta García Rodríguez. Está enojada pero, sobre todo, preocupada por su futuro. No es solo perder su empleo y con él su sustento y el de su hija. Es también dejar de pagar las cuotas del Instituto Mexicano de Seguridad Social (IMSS), perder la guardería de la recién nacida, las citas con el pediatra o las vacunas.

Ahora tendrá que recurrir a servicios privados por los que deberá pagar un dinero que ha dejado de percibir.

“Estoy muy muy preocupada. Esto me afecta mucho”, asegura, en conversación con Animal Político.

Su hermano, Miguel Ángel García, es abogado especializado en asuntos laborales. Ya ha presentado una queja ante la Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), y está previsto que esta semana se dirija también ante la Junta de Conciliación y Arbitraje de la secretaría de Trabajo y Previsión Social.

“Esto es violencia de género. Es discriminación”, protesta.

Animal Político quiso conocer la versión de Industrias JLC SA de CV, pero esta declinó hacer declaraciones. Después de tres llamadas, rechazaron incluso poner en la línea a los responsables de comunicación social de la compañía.

También se puso en contacto en varias ocasiones con el despacho del abogado Juan Luis Proal Herrejón, del bufete Alba Proal y Asociados, que asesora a la empresa. Su asistente prometió que devolvería el recado, pero la llamada nunca se produjo.

Según la Conapred, entre 2015 y 2019 se recogieron 8 quejas por despido a causa de embarazo, de los 443 expedientes de quejas y reclamaciones por presuntos actos de discriminación. En el último mes ya se han registrado dos: la de Laura Leticia y la de Alma Elizalde, exdirectora de marca de L’Oreal que aseguró que la multinacional le pidió la renuncia un día antes de regresar tras su baja por maternidad.

Sin problemas cuando comunicó el embarazo

“En la entrevista de trabajo me preguntaron cuál era mi proyecto de vida. Yo les dije que quería tener familia y crecer profesionalmente”. García Rodríguez, licenciada en Relaciones Exteriores por la Universidad del Valle, dice que nunca pensó que quedarse embarazada iba a resultar un problema. Llevaba más de año y medio en la empresa, había apoyado en la ampliación del negocio a Estados Unidos y Centroamérica e incluso su jefe, Pablo Canal Palomar, le prometió un aumento de sueldo y un bono.

Pero quedó embarazada.

“A partir del tercer mes que sabes que tienes el bebé y que no habrá problemas, les informé de que estoy embarazada. Ellos me comentan que no hay problema, que contratarán a alguien para los tres meses de incapacidad”, dice la mujer.

Incluso, según relata, mantuvo reuniones y coordinó actividades empresariales.

Dos semanas antes de regresar, su jefe le pidió que entregase su computadora. Además, quedó fuera del sistema tecnológico. Pero García Rodríguez, según relata, no se preocupó, ya que le argumentaron que necesitaban el material para seguir los trabajos desde la oficina.

El martes 12 de noviembre regresó a la oficina. Su jefe le dijo que volviese al día siguiente. Y al día siguiente lo que se encontró fue al personal de Recursos Humanos y un abogado externo que le ofrecían dos meses de salario como finiquito.

Ella llamó a su hermano, abogado laboralista. Este explica que, en un despido, lo habitual es el conocido como “3, 20, 12”. Es decir, tres meses de sueldo, 20 días por año trabajado y las partes proporcionales de aguinaldo, vacaciones y prima vacacional. A García Rodríguez incluso le ofrecieron menos.

“Cuando llamé a mi hermano empezaron a hacerme otras ofertas. Me dijeron que podía regresar a mi puesto, o que me pagarían el IMSS durante un año”, explica la mujer. Dice que, llegados a este punto, no podía aceptar un regreso.

“Me iban a cansar, a agotar, hasta que me marchase por propia voluntad”, afirma.

Esta tesis la sostiene también su hermano Miguel Ángel, que asegura que la oferta era una estrategia de litigio.

“Este es un tema de discriminación”, afirma el hermano. “Su despido es sin argumentos. Solo por haber tenido un hijo. Eso es violencia de género”, dice.

Ni la empresa ni el abogado que estaba presente en la reunión dicen nada a pesar de que se les preguntó en diversas ocasiones.

Ahora las quejas de García Rodríguez tienen dos vías. Por un lado, Conapred. Por el otro, el arbitraje en la Secretaría de Trabajo y Previsión Social. Si Conapred entiende que existe una discriminación puede imponer una multa a la compañía. En arbritraje, se intenta que empleada y patrón lleguen a un acuerdo antes de que el caso pase a un tribunal laboral.

A Laura Leticia le preocupan ahora cuestiones más inmediatas: pañales, guardería, vacunas, pediatra.

“Estoy viendo cómo obtener otro empleo, pero estando a fin de año es complicado”, dice.

Asegura que, si se lo hubieran preguntado hace unos meses, jamás hubiese imaginado que sería despedida nada más regresar a su trabajo casi con un bebé bajo el brazo.

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