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El creciente número de estadounidenses que deciden mudarse a México (pese a la campaña de Trump contra el país)

De los 9 millones de los ciudadanos de Estados Unidos que viven fuera de su país, 1.5 están en México. Hablamos con algunos de ellos sobre los motivos por los que dejaron su país y cómo es la vida al otro lado de la frontera.
24 de julio, 2019
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“Mucha gente viene a retirarse aquí, porque se vive en un clima primaveral perpetuo y por una fracción de dinero con el que lo harían en Estados Unidos”, dice Terry Vidal en Ajijic, un municipio de Jalisco en el que se ubica una de las mayores comunidades de estadounidenses en México.

Aunque no hay una cifra oficial, se calcula que son entre 7 y 14 mil.

“La mayoría es gente retirada. Pero desde que Donald Trump es el presidente de Estados Unidos, hay cada vez más gente joven que ya no quiere estar allá y se viene aquí”, cuenta.

Vidal es el director ejecutivo de The Lake Chapala Society A.C., una organización que se define como “gente que ayuda a gente” y entre cuyos objetivos está el de conformar un tejido social para los que llegan a vivir a Ajijic, no solo estadounidenses.

Aunque son ciudadanos de esa nacionalidad los que conforman la principal comunidad de extranjeros en México. Así lo dejan ver las cifras del Instituto Nacional de Migración (INM), quien tiene registrados a 75,500.

Sin embargo, los expertos aseguran que son muchos más.

Ilustración de un mapa donde aparecen Estados Unidos y México.

Getty Images
1,5 de los 9 millones de estadounidenses que viven fuera de su país están en México, estima embajada de EE.UU.

La embajada de Estados Unidos estima que de los nueve millones de estadounidenses que viven fuera de su territorio, 1.5 millones están en México.

Las fuentes consultadas por BBC Mundo hablan de una de las diásporas de esa nacionalidad más grandes del mundo, algo que no resulta fácil de confirmar, ya que EE.UU. no tiene información de sus ciudadanos en el exterior. Además, muchos viven con visa de turista.

Otros de los que no están registrados en México, pero sí en la Embajada de Estados Unidos, son hijos de mexicanos que nacieron en el país del norte. Son ciudadanos estadounidenses, pero llegaron a México cuando sus padres volvieron, voluntariamente o deportados.

Sea cual sea la cifra general, en lo que todos concuerdan es que la diáspora de estadounidenses en México ha crecido en la última década.

Además de ser un país más barato y tener un clima menos duro, otro motivo para que los estadounidenses migren a México es la cercanía geográfica.

“Es una buena opción porque es un país vecino del que se puede viajar fácilmente (a EE.UU.) y además ahí hay comunidades de estadounidenses que facilitan las cosas”, explica Rachel Schmidtke, investigadora del Instituto del Centro Woodrow Wilson para Académicos, un think tank con sede en Washington.

Vidal, el director ejecutivo de The Lake Chapala Society A.C., explica que “Birds of a feather flock together”, una expresión equivalente al refrán que dice: “Dios los cría, y ellos se juntan”. Es decir, que los individuos de la misma clase tienden a reunirse y que por eso muchos han ido llegando a Ajijic, en el pintoresco lago de Chapala.

Dice que la mayoría es demócrata, aunque también hay republicanos y seguidores de Trump. “He visto cómo algunos amigos cercanos se distancian por motivos políticos”, reconoce.

Según Vidal, Ajijic es una colonia moderna, que “no se impuso por la fuerza, sino por la economía”.

Y la colonia estadounidense es tan grande que incluso muchos no necesitan hablar español, a pesar de llevar muchos años viviendo en el municipio.

Aunque no es una generalidad y muchos de los estadounidenses que viven en México hablan español perfectamente.

En México me siento más en casa”

Es el caso de Natalie Baur, una historiadora especialista en preservación de archivos digitales que llegó a Ciudad de México hace cuatro años.

Natalie Baur

Ana Gabriela Rojas
“Todos tenemos derecho a migrar. Algunos quieren ir (a Estados Unidos), otros queremos salir (de allí)”, dice Natalie Baur.

“Fue donde me encontré (a mí misma). Ahora mismo me siento más en casa aquí que en Estados Unidos“, dice. Llegó con una beca para estudiar nueve meses, pero luego se fue quedando.

Asegura que se alegró de estar viviendo en México cuando en noviembre de 2016 Donald Trump ganó las elecciones presidenciales.

“Para el gobierno de EE.UU. puede ser muy raro que un ciudadano de allí quiera vivir fuera, por ejemplo en México. Pero todos tenemos derecho a migrar. Algunos quieren ir (a EE.UU.), otros queremos salir (de allí) y no somos traidores por eso“, aclara.

“Yo quiero a mi país. Pero mi día a día está aquí”.

Está contenta con los amigos que ha hecho en la capital mexicana. Aunque reconoce que hay cosas que le gustan menos.

“Los procesos burocráticos son difíciles y a veces sin sentido”, apunta.

Centro de la Ciudad de México.

Getty Images
En la Ciudad de México viven unos 7 mil estadounidenses, según el Instituto Nacional de Migración.

Reconoce también que, como migrante estadounidense en México, tiene muchos más privilegios que los mexicanos que emigran a Estados Unidos.

Una de las ventajas es que en uno de sus trabajos a distancia gana en dólares, lo que en México le rinde más, dice.

En cuanto a los procesos para legalizar el estatus migratorio, menciona las dificultades que muchos trabajadores mexicanos enfrentan en EE.UU., mientras todo es más sencillo para sus compatriotas.

“Yo quise estar legal aquí y pago un montón de impuestos porque quiero ser justa y aportar a este país. Pero hay muchos estadounidenses que se aprovechan de que pueden vivir aquí sin registrarse”, cuenta.

Dice que la ha cautivado la generosidad de los mexicanos, que quieren mostrarle lo bonito de su país y que reciben con brazos abiertos a gente que no conocen.

“Yo no era así, pero ahora tengo más confianza”.

Playa Ventura, Copala, Guerrero

Cortesía de Nora
“Las playas mexicanas son las mejores. Y visitarlas es parte del privilegio de vivir en México”, dice Nora, una estadounidense de 32 años que vive en Cuernavaca, Morelos.

La seguridad, una preocupación

“Aunque los estadounidenses que viven en México viven en lugares relativamente seguros, la inseguridad es uno de sus preocupaciones“, asegura Schmidtke, la investigadora del Wilson Centre.

Nora, originaria de Chicago, vive en Cuernavaca, en el estado de Morelos, en el centro del país.

Es profesora y directora de un colegio.

Cuenta que Chicago es una ciudad “sumamente violenta”. Sin embargo, también habla de cómo en los 10 años que lleva viviendo en Cuernavaca la cantidad de extranjeros residentes ha disminuido mucho.

“Somos muy pocos ya. Algo que ha impactado mucho es la violencia de los cárteles. Han cerrado muchas escuelas de idiomas a las que muchos jóvenes venían a estudiar español. Antes había muchos lugares para salir en la noche y ahora la gente tiene mucho miedo”.

Una ciudadana estadounidense celebra el día de muertos en México.

Domitzu Medrano
Una ciudadana estadounidense celebra el día de muertos en Ajijic, donde abundan los eventos culturales.

A pesar de todo, dice que una parte de su corazón es mexicana y que está muy agradecida con toda la gente que le ha ayudado a sentirse en casa.

“En México hay una urgencia por vivir y gozar que no tenemos necesariamente en EE.UU”.

Aunque reconoce que en cierto modo es un cliché, concuerda con que en su país de origen la gente vive para trabajar, mientras en su país de residencia la gente trabaja para vivir.

“Siendo gringa esto es muy seductor. Llegas a México y ves que todo es la familia, la convivencia, pasársela bien mientras se pueda. Esto es algo muy poderoso”.


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Cortesía SAT Quintana Roo

Hasta con drones: así es la ‘caza’ de fiestas ilegales COVID en el Caribe mexicano

El SAT de Quintana Roo ha clausurado 279 fiestas que no cumplen con las medidas sanitarias por la pandemia, algunas se realizan en locaciones secretas de difícil acceso.
Cortesía SAT Quintana Roo
21 de enero, 2021
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La fiesta es, literal, en mitad de la selva del Caribe. En una locación desconocida en algún punto de Akumal, en el estado de Quintana Roo. Cientos de personas llegaron a bordo de furgonetas tipo Van que los recogieron en sus hoteles y luego los trasladaron al lugar sin que supieran adónde iban hasta minutos antes de llegar al evento. 

La invitación se produjo a través de flyers digitales que circulan por chats de whatsapp en los que se advierte dos cosas: una, que la localización de la fiesta es secreta hasta que se desembolse la entrada; y dos, que los teléfonos no están permitidos para evitar las fotos y videos en Instagram, que puedan delatar el lugar ante las autoridades. 

Te puede interesar: Pese a semáforo amarillo por COVID, las fiestas en Tulum no paran; los contagios tampoco

Aun así, a pesar de lo clandestino del asunto, el precio de la entrada es propio de la reventa de una final de Superbowl: 10 mil dólares por una rave de música electrónica a cargo de un Dj de fama internacional. 

La fiesta empieza a las siete de la tarde y está previsto que se alargue hasta el amanecer, a pesar de que el semáforo epidemiológico -que está en amarillo en la entidad- prohíbe los eventos masivos y los festivales, y solo permite la apertura de restaurantes a un 60% de aforo y hasta la una de la noche. 

Pero no es la única regla que se rompe: los cientos de asistentes a esta fiesta tampoco usan cubrebocas, ni guardan la distancia social, ignorando la escalada de contagios reciente en Quintana Roo y en buena parte de México. 

Esta es una ‘Jungle Party’, o también conocida como fiesta ‘Secret Location’. 

Y es una de las últimas fiestas clandestinas que el Servicio de Administración Tributaria (SAT) de Quintana Roo, en coordinación con la Secretaría de Finanzas estatal (Sefiplan), Protección Civil, y elementos de la policía estatal, desmanteló el pasado 9 de enero. 

Cortesía SAT Quintana Roo

Y no ha sido la única. 

Ese mismo 9 de enero, las brigadas del SAT-Sefiplan ubicaron otra fiesta clandestina en los alrededores de Francisco Uh May, una pequeña localidad enclavada en el corazón de la selva caribeña, próxima a Tulum; un lugar de muy difícil acceso y en el que las autoriades solo pudieron notificar el acta de sanción y pegar los sellos de clausura en la entrada del local, debido a que se les negó el acceso al mismo.  

Y unos días antes, el 29 de diciembre, clausuró otro evento denominado ‘Oliver Koletzki’, para el que se esperaban más de mil personas y que estaba previsto que se hiciera en las afueras de Tulum, otro municipio del Caribe que ha sido noticia internacional por la proliferación de fiestas en restaurantes y hoteles que disfrazan ‘raves’ multitudinarias como si fueran comidas y cenas.  

Rodrigo Díaz Robledo, director del SAT de Quintana Roo, expone en entrevista que solo de fiestas de ese tipo, de ‘raves’ disfrazadas de comidas, y de establecimientos que no cumplen con las medidas sanitarias por la pandemia, llevan realizadas 279 clausuras en todo el estado.  

De hecho, solo en la zona costera de Tulum, donde se concentra una buena parte de los reportes de fiestas, el SAT-Sefiplan ha levantado 22 actas por las que ha recaudado 1 millón 397 mil pesos derivado de la clausura y sanción de lugares como IT Tulum, Hotel Bardo, Tantra, Taboo, Bagatelle, Gitano, Vagalume, Nomade, Rosa Negra, Itzik, o Conestecia, entre otros. 

Pero el tema de las ‘Jungle Party’ es otra cosa, subraya Díaz Robledo, debido al nivel de dificultad de estarlas “cazando” en lugares remotos, y porque es muy difícil ingresar a ellas, no solo por su ubicación secreta, sino porque una vez descubiertas las brigadas de verificación requieren de la intervención de la policía para poder desmantelarlas. Incluso, las autoridades han tenido que recurrir al uso de drones para sobrevolar la selva y descubrirlas.  

“Pareciera más bien que estamos en una guerra”, dice con sorna el funcionario, que se pone serio cuando explica que estas fiestas ilegales “son de un gran riesgo” para los propios asistentes, y también para los integrantes de las brigadas de verificación, que se exponen a contagios y también a la reacción no siempre amistosa de los organizadores de las fiestas, ni de los propios asistentes que pagaron una fortuna por asistir a la ‘rave’. 

“A este tipo de fiestas asisten muchas personas, sobre todo extranjeros, que se suben a una camioneta sin saber a dónde van, y se meten a estos lugares secretos donde no hay servicios de ningún tipo, ni pueden usar el teléfono, y que van a lo que pase asumiendo un riesgo increíble”, apunta Díaz Robledo.

“Y para nuestra gente también es un gran riesgo -añade el funcionario-. Porque las personas que van a estas fiestas no le temen a nada, y van sin cubrebocas y sin guardar distancia. Y claro, esto es algo con lo que los empresarios también lucran”. 

Para evitar la proliferación de estas fiestas, Rodrigo Díaz destaca que las brigadas de “inhibición” llevan trabajando desde el pasado 1 de noviembre, cuando comenzó la temporada vacacional de Día de Muertos-Navidad, todos los días y con horarios que se extienden hasta altas horas de la madrugada.

Aun así, los esfuerzos no parecen suficientes, a juzgar por la enorme cantidad de invitaciones a fiestas en lugares como Tulum que siguen circulando por los chats, y por las fotografías y videos que pueden observarse de un simple vistazo en redes sociales como Instagram. 

“Yo estoy coordinando las brigadas, y sí, personalmente siento una gran impotencia y una frustración de tener que estar obligando a la gente a que cumpla con las normas”, señala Díaz. 

“Porque, aunque les estamos salvando la vida prácticamente -agrega-, la gente se molesta cuando hacemos nuestro trabajo que, además, es en su propio beneficio. Y por eso es nuestra frustración: porque tenemos que pelear a diario con la gente para que sean responsables y se cuiden”. 

Lee más: Desalojan a 200 personas en fiesta de Edomex y a 700 personas en festival de Quintana Roo

“Hay gente que aún actúa como si el virus no existiera” 

En la zona centro de México, las fiestas ilegales no se hacen en mitad de la selva, pero también se llevan a cabo en lugares clandestinos en los que es necesaria la intervención de policías estatales y municipales, y en algunos casos incluso de la Guardia Nacional, para desalojarlos.  

Por ejemplo, en la Ciudad de México, solo en las dos últimas semanas del pasado 2020, el Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano recibió 593 denuncias por fiestas ilegales en la capital mexicana, en pleno semáforo rojo en el Valle de México y con los contagios y hospitalizaciones al alza. 

 Mientras que el Instituto de Verificación Administrativa de la Ciudad de México (INVEA) lleva 373 establecimientos suspendidos en lo que va de pandemia por no cumplir con las medidas sanitarias; siendo en su mayoría locales de venta de alcohol, restaurantes y bares, los sancionados. 

En el Estado de México, Santiago Ramos Millán, titular de la Comisión para la Protección contra Riesgos Sanitarios estatal (COPRISEM), expone que desde que arrancó la pandemia en marzo pasado, a la fecha, llevan 14 mil 836 visitas de verificación, de las que resultaron la suspensión de al menos 600 negocios por no cumplir tampoco con las medidas sanitarias por la pandemia. 

Al igual que en el caso de Quintana Roo, en el Estado de México las brigadas de ‘inhibición’ de fiestas también está compuesta por múltiples autoridades, como la propia COPRISEM, el Instituto de Verificación Administrativa, Protección Civil, policía estatal y local, y en ocasiones, incluso, la Guardia Nacional. 

A través del monitoreo de productos milagro en redes sociales, explica Santiago Ramos Millán, la COPRISEM ha detectado múltiples fiestas clandestinas que se promocionan en Facebook, principalmente. 

Por ejemplo, así “desactivaron” en las pasadas fiestas navideñas siete eventos multitudinarios en varios puntos del estado, como en Atenco, Ixtlahuaca, Toluca, Tlalnepantla de Baz, o Teotihuacán, donde se esperaba el evento más grande con mil personas. 

Cortesía SAT Quintana Roo

“Estamos haciendo esfuerzos enormes por contener la pandemia -plantea Millán-. Pero también hay que decirlo: hay una parte de la sociedad que se está comportando de una manera muy irresponsable y que no acata las medidas sanitarias, y que actúa como si el virus no existiera”. 

De hecho, el titular de la COPRISEM asegura que, más de 140 mil muertes y un millón de contagios después, todavía hay gente “que no cree que la pandemia sea real”. Lo cual, también es uno de los puntos que explican que las autoridades no se den abasto para frenar las fiestas, a pesar de la tarea de concientización y de las noticias que apuntan que el Estado de México está en el top 3 de entidades con mayor saturación hospitalaria, con el 84% de las camas ocupadas al corte del 17 de enero. 

“Es muy desgastante y también muy frustrante ver que el número de contagios va al alza en el Edomex y en el Valle de México y que todavía, a estas alturas de pandemia, todavía haya personas que insistan en que la Covid no existe, que es un invento y que no se van a contagiar”. 

“Y por eso, muchas de estas personas organizan eventos y fiestas de manera irresponsable y con un gran número de invitados. Y es ahí donde se siguen dando buena parte de los contagios”, recalca el funcionario mexiquense, cuyas declaraciones se producen tan solo 48 horas después de que, el pasado 18 de enero, policías de Chimalhuacán dispersaran a 200 personas aglomeradas en una fiesta clandestina en el barrio de Tlatenco, en los límites con Nezahualcóyotl.

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