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Herman Hollerith, el hombre que se hizo rico con los datos un siglo antes que Google

A menudo llamados "el nuevo petróleo", los datos son inmensamente valiosos, pero sólo si se procesan de la forma apropiada, algo que Herman Hollerith hizo en el siglo XIX.
12 de enero, 2020
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glasses with data

BBC
Los datos se pueden usar muchas veces, el petróleo solo una vez.

Amazon, Alphabet, Alibaba, Facebook y Tencent son 5 de las 10 empresas más valiosas del mundo, todas con menos de 25 años de existencia.

Todas se enriquecieron, a su manera, con datos.

No es de extrañar que se haya vuelto común llamar a los datos el “nuevo petróleo”. Tan recientemente como 2011, cinco de los 10 principales eran compañías petroleras. Ahora, solo ExxonMobil se aferra a su lugar en la lista.

La analogía no es perfecta. Los datos se pueden usar muchas veces, el petróleo solo una vez.

Pero los datos son como el petróleo en el sentido de que como materia cruda y sin refinar no son de mucha utilidad para nadie. Tienes que procesarlos para obtener algo valioso.

Refinas el petróleo para hacer gasolina, para usarla en un motor.

Con los datos, hay que analizarlos para proporcionar información que ayude a tomar decisiones: qué anuncio insertar en qué momento en las redes sociales, qué resultado de búsqueda poner en la parte superior de la página.

Imagínate que te pidieran que tomaras una de esas decisiones.

Google products on a smartphone

Getty Images
Cuando usas tu teléfono se están recopilando datos.

Alguien está viendo un video en YouTube, que es administrado por Google, propiedad de Alphabet.

¿Qué debería sugerir el sistema que esa persona vea a continuación? Si logras atraer su interés, YouTube puede mostrarle otro anuncio publicitario. Si no, se irá a ver otra cosa en otra plataforma.

Tienes todos los datos que necesitas.

Ten en cuenta todos los demás videos de YouTube que esa persona haya visto: ¿en qué está interesada?

Ahora, fíjate en lo que otros usuarios han visto después de este video.

Sopesa las opciones, calcula las probabilidades.

Herman Hollerith

Getty Images
Herman Hollerith entendió que se necesitaba una máquina en el siglo XIX.

Si eliges sabiamente y ve otro anuncio, bien hecho, has logrado que Alphabet gane tal vez 20 centavos de dólar.

Claramente, confiar en los humanos para procesar datos sería imposiblemente ineficiente. Estos modelos de negocio necesitan máquinas.

En la economía de datos, el poder no proviene solo de los datos mismos, sino de la interacción de los datos y el algoritmo.

En la década de 1880, un joven germano-estadounidense intentó interesar a su familia en una máquina para procesar datos más rápido que los humanos.

Herman Hollerith la había diseñado, pero necesitaba dinero para ponerla a prueba.

El aparato se parecía a un piano vertical pero que en lugar de teclas, tenía una ranura para tarjetas del tamaño de un billete de un dólar, con agujeros perforados.

Tenía 40 diales, que se podían posicionar hacia arriba, o dejar como estaban, después de insertar cada tarjeta.

El tabulador y clasificador de Herman Hollerith, utilizado para procesar el censo de Estados Unidos de 1890.

Getty Images
El tabulador y clasificador de Herman Hollerith, utilizado para procesar el censo de Estados Unidos de 1890.

La familia de Herman Hollerith no lo entendió. En vez de invertir en su idea, se rieron de él.

Hollerith se enfureció de tal manera que cortó relaciones con ellos. Sus hijos crecieron sin tener idea de que tenían parientes del lado de su padre.

La invención de Hollerith era la respuesta a un problema muy específico. Cada 10 años, el gobierno de Estados Unidos hacía un censo. Eso no era nada nuevo. Los gobiernos a través de los siglos han querido saber quién vive dónde y quién posee qué, para ayudar a aumentar los impuestos y encontrar reclutas.

Pero si vas a enviar un pequeño ejército de encuestadores a todo el país, debe ser tentador preguntar sobre una gama cada vez más amplia de cosas. ¿En qué trabajan esas personas? ¿Alguna enfermedad o discapacidad? ¿Qué idiomas hablan?

El conocimiento es poder, y los burócratas del siglo XIX lo entendieron tan bien como las compañías del siglo XXI.

Grabado que muestra los usos del nuevo mecanismo de ingeniería eléctrica durante el censo de EE.UU., diseñado por Herman Hollerith y utilizado para tabular información utilizando un sistema de tarjeta perforada, 1890.

Getty Images
Grabado que muestra los usos del nuevo mecanismo de ingeniería eléctrica durante el censo de EE.UU., diseñado por Herman Hollerith y utilizado para tabular información utilizando un sistema de tarjeta perforada, 1890.

Pero, con el censo de 1880, los burócratas habían acumulado más datos de los que podían digerir.

El censo se había expandido para incluir bibliotecas, hogares de ancianos, estadísticas sobre delitos y muchos otros temas. En 1870, el censo tenía 5 tipos diferentes de cuestionarios. En 1880, tenía 215.

Pronto quedó claro que procesar las respuestas llevaría años: apenas terminaran, ya sería el momento de comenzar el siguiente censo.

Un contrato gubernamental lucrativo seguramente esperaba a cualquiera que pudiera acelerar el proceso.

Hollerith había trabajado en el censo de 1880, por lo que entendió el problema.

Había decidido buscar fortuna inventando un nuevo tipo de freno para los trenes.

Y fue un viaje en tren el que le ayudó a resolver el problema del censo.

A 19th century conductor checking tickets in a first class train carriage

Getty Images
Fue un viaje en tren el que ayudó a Hollerith a resolver el problema del censo.

Los billetes de tren a menudo eran robados. La solución que las compañías ferroviarias habían encontrado era una manera ingeniosa de vincularlos con la persona que los había comprado: una “fotografía perforada”.

Los conductores utilizaban un punzón para seleccionar entre una variedad de descriptores físicos, como Hollerith recordó: “Cabello claro, ojos oscuros, nariz grande, etc.”.

Si resultaba que tu pelo era pelo oscuro y tu nariz pequeña pero tenías ese billete, no llegarías muy lejos.

Tras observar este sistema, Hollerith se dio cuenta de que las respuestas de las personas a las preguntas del censo también podían representarse como agujeros en tarjetas.

Eso podía resolver el problema, porque las tarjetas perforadas se habían utilizado para controlar máquinas desde principios del siglo XIX: el telar Jacquard tejía tela estampada en base a ellas.

Tejedor e inventor Joseph Marie Jacquard demostrando su telar con tarjetas perforadas que contienen las instrucciones del patrón.

Getty Images
El tejedor e inventor Joseph Marie Jacquard demostrando su telar con tarjetas perforadas que contienen las instrucciones del patrón, lo que marcó el nacimiento de las computadoras modernas.

Todo lo que Hollerith tenía que hacer era una “máquina de tabulación” que sumara las tarjetas perforadas del censo que se imaginaba.

En ese artilugio parecido a un piano, un conjunto de palitos metálicos con resorte descendían sobre la tarjeta; si encontraban un agujero, completaban un circuito eléctrico, que movía el dial apropiado.

Felizmente para Hollerith, los burócratas quedaron más impresionados que su familia. Alquilaron sus máquinas para contar el censo de 1890, al que le agregaron aún más preguntas.

En comparación con el sistema anterior, las máquinas de Hollerith resultaron mucho más rápidas y millones de dólares más baratas.

Más importante aún, hacían más fácil aprovechar de los datos.

Supongamos que deseabas encontrar personas de 40 a 45 años, casadas y cuyo trabajo fuera de carpintero. Ya no era necesario examinar 200 toneladas de papeles: sólo tenías que configurar la máquina y pasar las tarjetas por ella.

tarjeta perforada

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Durante unas décadas, las tarjetas perforadas eran tan comunes que muchos las conocían, así no tuvieran nada que ver con computadoras.

Los gobiernos no tardaron en encontrar otros usos más allá del censo.

“En todo el mundo”, dice el historiador Adam Tooze, “los burócratas empezaron a soñar con la omnisciencia”.

Los primeros beneficios de seguridad social de Estados Unidos fueron desembolsados mediante tarjetas perforadas en la década de 1930.

En la siguiente década, las tarjetas perforadas ayudaron a los nazis a organizar el Holocausto.

Las empresas también fueron rápidas para ver el potencial. Las aseguradoras utilizaron tarjetas perforadas para cálculos actuariales; las de suministros, para facturación; los ferrocarriles, para envíos; los fabricantes, para realizar un seguimiento de las ventas y los costos.

La compañía de máquinas tabuladoras de Hollerith se convirtió un gran negocio… hasta es posible que hayas oído hablar de la firma en la que, a través de fusiones, eventualmente se convirtió: IBM.

Siguió siendo un líder del mercado, ya que las tarjetas perforadas dieron paso al almacenamiento magnético y a las computadoras programables.

Todavía estaba en la lista de las 10 compañías más grandes del mundo hace unos años.

Pero si el poder de los datos era evidente para los clientes de Hollerith, ¿por qué la economía de datos tardó otro siglo en llegar?

Smart Speakers

BBC
Los altavoces inteligentes activados por voz capturan cantidades cada vez mayores de datos sobre nosotros.

Porque hay algo distinto en el tipo de datos que ahora se comparan con el petróleo.

Google y Amazon no necesitan un ejército para recopilarlos. Nosotros los vamos dando cada vez que usamos nuestros teléfonos inteligentes o le pedimos a Alexa que encienda la luz.

Este tipo de datos no está tan bien estructurado como las respuestas predefinidas de las preguntas del censo introducidas con precisión en las tarjetas de Hollerith.

Eso no sólo hace que sean más difíciles de entender, sino que además hay inimaginablemente más datos que nunca.

Y a medida que los algoritmos mejoran, y la mayor parte de nuestras vidas se vive en línea, ese sueño burocrático de omnisciencia se está convirtiendo rápidamente en una realidad corporativa.

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Tim Harford escribe la columna “Economista clandestino” en el diario británico Financial Times. El Servicio Mundial de la BBC transmite la serie 50 Things That Made the Modern Economy. Puedes encontrar más información sobre las fuentes del programa y escuchar todos los episodios o suscribirte al podcast de la serie.


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Foto: Elizabeth Cruz

Sin becas, pero con ingenio: atletas con discapacidad hacen de todo para entrenar y llegar a Tokio 2020

La Conade admitió que no hay presupuesto suficiente para apoyar económicamente a todos los deportistas con alguna discapacidad.
Foto: Elizabeth Cruz
15 de diciembre, 2019
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Cuatro años después de un accidente en el que perdió la pierna, Gustavo Estrada volvió a sentir “mariposas” en el estómago cuando se calzó la prótesis y dio sus primeros pasos sin la ayuda de las muletas.

“Caminé diez metros y me caí diez veces”, ríe el joven de un barrio de Iztapalapa, en la Ciudad de México.

Después de cada tropiezo, Gustavo narra que se levantó una y otra vez, hasta que las dos piernas, la de hueso y músculos, y la de titanio y amortiguadores, comenzaron a moverse a la misma velocidad con la que el corazón bombeaba sangre y el aire entraba y salía de su organismo por la fatiga del esfuerzo.

Fueron solo unos segundos, pero esta vez no era un sueño: Gustavo podía correr.

Lee: ‘Es desalentador’: Conade redujo becas de atletas olímpicos y paralímpicos ganadores de medallas

“Corría y lloraba al mismo tiempo -recuerda aún con la emoción en sus ojos negros-. Nunca imaginé que lo volvería a hacer”.

Ese día, algo tan sencillo como sentir de nuevo el golpe del aire en la cara al movimiento orquestado de un par de piernas, despertó en Gustavo una pasión que desconocía hasta ese entonces: el atletismo.

Los movimientos torpes comenzaron pronto a tornarse ágiles y seguros. Y de los diez metros del primer día pasó a su primer kilómetro. Luego a los cinco, diez, 15, así hasta que, con mucho entrenamiento, alcanzó la primera meta: correr en competiciones estatales.

Ahora, dice mientras se ajusta el cabello en un moño que luce al estilo ‘samurai’ y completa unos estiramientos antes de iniciar su entrenamiento cotidiano en el Centro Nacional de Alto Rendimiento (CNAR), en la mente tiene fijo otro sueño: escalar de nivel y representar a México en unos Juegos Paralímpicos.

Aunque la historia no es tan bonita como se lee. Gustavo ya participó en competiciones nacionales, pero no tiene más apoyo que la ayuda de la empresa que, de manera altruista, le donó la costosa prótesis de titanio -que se asemeja a la que popularizó el exatleta paralímpico sudafricano Oscar Pistorius-, y la guía de Emmanuel Badillo, su entrenador. Todo lo demás, es decir, el equipamiento, el calzado, la alimentación, el transporte en combis a los entrenamientos, los viajes a las competiciones, y un largo etcétera, corre por su cuenta.

Por ello, el joven alterna los entrenamientos diarios con su trabajo en un taller mecánico, que complementa a su vez con la venta de paletas a bordo de los microbuses que circulan por su barrio en Iztapalapa, donde esquiva los asaltos en una de las demarcaciones más violentas de la capital mexicana.

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“He buscado apoyos para seguir compitiendo, pero no abren las puertas”, lamenta Gustavo, quien asegura que vendió algunas pertenencias para conseguir dinero.

“Me dicen que en el Gobierno no hay presupuesto -añade el joven, que mete ambas manos en los bolsillos de la sudadera gris que viste, y a continuación explica que también pidió apoyos que no llegan a las autoridades de su alcaldía, en Iztapalapa.

“Tras el accidente, pude quedarme en el piso y dejarme ir -reflexiona con la mirada fija en la pierna de titanio-. Pero algo tan doloroso me cambió la vida para bien. Ahora, gracias el atletismo estoy saliendo adelante. Por eso no me importa si me dicen que no hay apoyos. Seguiré entrenando hasta que llegue mi oportunidad”.

Foto: Elizabeth Cruz

No hay dinero ni para pagar la factura de la luz

Cuando a Gustavo le dijeron que no había dinero no le estaban mintiendo. La propia directora de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), la exatleta y medallista olímpica Ana Gabriela Guevara, dijo públicamente en julio de este año que la Comisión estaba en “números rojos” y que no tenía fondos ni para pagar servicios tan básicos como la factura de la luz.

La situación límite, dijo Guevara, se debió a dos factores: uno, a que en 2019 hubo una reducción de presupuesto, por lo que se tuvieron que ajustar gastos y reducir personal. Y dos, a la corrupción de gobiernos pasados.

“Los atletas iban a la dirección (de la Conade), tocaban la puerta, y se les daba lo que pedían. Había una discreción brutal para boletos, campamentos, acompañantes, y era un gasto excesivo. Hoy no lo tenemos y nos obliga a ajustarnos”, subrayó Guevara.

Antes incluso, en junio de este año, la Conade ya había advertido que estaba haciendo una “reestructuración” en el procedimiento de asignación de becas debido a que detectó inconsistencias de deportistas que ya no están activos o que no cumplían con los resultados que la normatividad indica, “y que aún así siguieron recibiendo el apoyo, sin un sustento técnico que lo respalde”.

Por ello, se ajustó la entrega de becas y también el monto, que se vio reducido a dos mil pesos mensuales, lo cual, en palabras de la propia Guevara ante la prensa, fue entendido y aceptado por algunos deportistas, mientras otros se dedicaron a “hacer su berrinche” en los medios.

Poco después, en septiembre, el Gobierno Federal trató de paliar el impacto de los recortes con una medida llamativa: invirtió parte del dinero que obtuvo de las subastas de inmuebles que pertenecían al crimen organizado en premiar a los atletas que ganaron medallas en los Juegos Parapanamericanos de Lima, en Perú.

En total, el presidente Andrés Manuel López Obrador repartió 100 millones de pesos en becas y estímulos para 184 atletas y 46 entrenadores.

Ahora, una vez superada la crisis por los recortes de este año, la Conade tendrá por primera vez en siete años un aumento de recursos: la Cámara de Diputados le aprobó 2 mil 783 millones de pesos para el próximo 2020, hasta mil millones de pesos más que este 2019, aunque este aumento también puede estar condicionado por los próximos Juegos Olímpicos que se diputan en Tokio el próximo verano.

Aún así, a pesar del aumento del presupuesto, y de las becas del presidente, muchos atletas tienen que seguir recurriendo al ingenio para generar los recursos que les permitan entrenar y llegar a competiciones internacionales.

Atleta con down vende pulseras para seguir entrenando

Todos los domingos, Kevin Macías, un atleta de alto rendimiento con síndrome de down, se calza unos tenis y se pone una gorra de los Raiders de Oackland, para subirse con su abuela a una combi en el Estado de México y viajar hora y media hasta Reforma.

Allí, en la estación del metrobús Chapultepec, junto a la Torre Mayor, improvisan un puesto de pulseritas y bolsas con chocolates sobre una banca.

Al llegar, Kevin sale disparado al encuentro de quienes pasean por Reforma para mostrarles su cartulina amarilla, en la que explica que, si compran sus productos, lo apoyan para seguir con su sueño de ser atleta.

“Estoy tan orgullosa de él…”.

Dolores García, abuela de Kevin, suspira con una sonrisa maternal mientras prepara las bolsitas con chocolates que su nieto, en su afán por repartirlas rápidamente, a veces las regala al público.

“Me da orgullo todo lo que ha logrado -añade la mujer-, y las ganas que le pone para seguir con su ilusión de ser atleta en un mundo con tanta discriminación”.

Lee: Detectan irregularidades en compras y gastos de la Conade

Kevin empezó a hacer deporte a los ocho años, cuando un doctor le advirtió que tenía sobrepeso. Disciplinado, el muchacho le pidió a su abuela que lo inscribiera de inmediato en un curso de natación, pero, una vez inscrito y con el bañador y el gorro listo, los instructores le dijeron que no podían recibirlo.

Probaron entonces con el karate, pero la respuesta negativa fue la misma. Así hasta que, luego de recorrer la Ciudad de México en busca de alternativas, Dolores encontró la oportunidad en la alcaldía Azcapotzalco, donde invitaron a Kevin a entrenar y a participar en carreras locales de atletismo.

Tras ganar las primeras medallas -que luce ante la cámara con una sonrisa pícara-, Kevin pasó al equipo de Emmanuel Badillo, un entrenador con años de experiencia en el trabajo con atletas especiales a los que ha llevado a competiciones internacionales, como Cinthya De Anda, que ganó para México la presea de bronce en los Parapanamericanos de Lima en la prueba de 400 metros de atletismo, y Alejandra Eloisa Mosquera, campeona mundial Down de atletismo.

Aunque Kevin no puede asistir a los Juegos de Tokio, porque no hay categorías para los deportistas Down, su reto es participar en otros eventos de talla internacional, como el Trisome Games, el equivalente a las olimpiadas Down que tendrá lugar el próximo año en Antalya, Turquía.

Pero, el dinero no alcanza. Y por eso, tiene que seguir vendiendo pulseras.

“Conade nos apoya muy poco. Lo único que recibimos son las instalaciones del Centro Nacional de Alto Rendimiento. Pero, no hay apoyos para la alimentación que debería tener un deportista de alto rendimiento”, lamenta Dolores.

“Además, hay muchas competencias para las que no hay ninguna ayuda. Somos las mamás las que tenemos que cubrir todos los gastos de inscripción a los eventos, los uniformes deportivos, el transporte, los viáticos, todo”, cuenta.

Foto: Elizabeth Cruz

“No hay suficiente presupuesto”

En entrevista con Animal Político, la Conade admitió que no hay presupuesto suficiente para apoyar económicamente a todos los deportistas con alguna discapacidad. Por ello, tienen que priorizar las becas entre los deportistas que son preseleccionados nacionales, y que ya obtuvieron ciertos niveles de resultados en competiciones como los Parapanamericanos de Lima, o el campeonato mundial Down de atletismo, que se celebró este año en Morelia, Michoacán.

No obstante, María Trinidad González, secretaria técnica de la dirección general de la Conade, subrayó que los deportistas que aún no son preseleccionados y que están entrenando para llegar a ese nivel, como Gustavo y Kevin, tienen otro tipo de apoyos, aunque no sean becas económicas.

Por ejemplo, apuntó la funcionaria, se les da acceso a las instalaciones del Centro Paralímpico Mexicano (Cepamex), que está equipado con gimnasio, canchas multiusos, un campamento de lanzamiento y tiro con arco, y una alberca semiolímpica, y se les permite el uso diario de la pista de atletismo del Centro Nacional de Alto Rendimiento. Además, se les otorga un seguro de gastos médicos y medicinas básicas, y un entrenador. Todo gratis.

“No cerramos las puertas a ningún deportista, aunque sí es cierto que tendrán que hacer un esfuerzo extra porque todavía son atletas en desarrollo”, dijo González, quien explicó que esos deportistas irán obteniendo más beneficios del Estado en la medida que vayan escalando sus resultados. Mientras tanto, los apoyos económicos tienen que priorizarse porque el presupuesto “es limitado”, insistió.

“Tenemos que priorizar. Y sabemos que esto es algo muy complicado porque todos son grandes deportistas y todos requieren de los apoyos. Pero lo cierto es que no hay recursos suficientes y por eso estamos tratando de repartirlos a partir de criterios de rendimiento deportivo”.

Esta tarea de priorizar planteó González, también ha implicado que durante la nueva gestión de Ana Gabriela Guevara se haya tenido que “reestructurar” las becas y las ayudas para evitar duplicidades -había deportistas que recibían becas de su estado y también de la Federación-, lo cual también está generando muchas quejas.

“Estamos buscando alternativas para que más gente tenga apoyo, aunque sea poco dinero. Por eso, la idea es quitar la duplicidad que encontramos cuando llegamos y tratar de poner como requisitos que, si ya alguien ya tiene una beca estatal, entonces deje el espacio para otro deportista que no la tiene”.

Entrenadores que no cobran

En el estacionamiento del Centro Nacional de Alto Rendimiento, en la colonia Granjas México de Azcapotzalco, junto al circuito de Fórmula 1, un grupo de diez mujeres esperan a que termine el entrenamiento vespertino de sus hijos.

Está oscureciendo y muchas de ellas platican entre sí con signos visibles de cansancio en los rostros. Hay bostezos tras una larga jornada, una más, que empezó a las siete de la mañana, cuando sus hijos e hijas arrancan el día para desayunar y acto seguido ya empiezan a prepararse para la jornada de entrenamientos.

Merle Durán, madre de Carlos Aarón Valencia Durán, un atleta con discapacidad intelectual dice que la carrera hacia el alto rendimiento deportivo es agotadora no solo para los atletas, sino también para las madres que, como ella, los acompañan a diario y los traen desde el Estado de México, Puebla o Querétaro, debido a que el único Centro Paralímpico Mexicano de alto rendimiento que existe en el país es el de la capital.

“Los pocos apoyos que nos dan son muy recortados. Nada es suficiente, porque a un chico convencional le dan un apoyo y se mueve solo, no necesita a su mamá, papá, o algún familiar. En nuestro caso, la necesidad es mayor porque siempre tenemos que andar con nuestros chicos y se dobla el costo”, plantea Merle.

En cuanto a lo señalado por la Conade, sobre priorizar las becas entre quienes vayan obteniendo buenos resultados en competiciones, la madre de Carlos critica que están en mitad de un ciclo sin sentido, puesto que, si los atletas no reciben el apoyo gubernamental, difícilmente podrán dar el salto hacia las competiciones de alto rendimiento que, a su vez, les darían el acceso a las becas.

Por su parte, el entrenador Emmanuel Badillo admite que el Gobierno Federal está haciendo un esfuerzo por premiar y estimular a los deportistas que tuvieron buenos resultados en competiciones internacionales, como la reciente de Lima.

Sin embargo, en la misma dirección que la señora Merle, matiza que hay muchos otros deportistas como Gustavo o el propio Kevin que, aunque ya tuvieron buenos resultados en competencias nacionales, se están quedando fuera de las ayudas, por lo que difícilmente podrán ir a eventos internacionales.

“Sí hay una atención de Conade, pero cuando ya se da un resultado. Sin embargo, para los atletas que vienen de abajo no hay tanto apoyo”, expone Badillo, que añade que la falta de apoyos no la sufren solo los atletas, sino también los entrenadores, aunque, en su caso, se trata de una fala de regularidad en el pago de su salario.

“El pago nunca es puntual. Te puedo decir que, de enero a la fecha, no he recibido ni un solo peso”, recalca el entrenador, aunque matiza esta es una situación añeja que viene arrastrando de gobierno anteriores.

“Trabajar así es muy difícil -hace hincapié-. Porque nos piden rendimiento con los chicos. Pero cómo quieren que rindamos si el salario no nos llega con regularidad”.

El sueño de Tokio

A unos metros de donde platica Emmanuel, en la explanada de acceso al Centro Nacional de Alto Rendimiento, Carlos Aarón Valencia, un atleta juvenil hace estiramientos ajeno a todas estas problemáticas y centrado en una sola preocupación: cómo mejorar sus tiempos en la pista.

Como muchos de sus compañeros, dice que su sueño es ir a los Juegos Paralímpicos de Tokio el próximo verano. Por ello, completa largas jornadas de entrenamientos en las que, asegura, su mayor lucha es contra sí mismo.

“Muchos días me pregunto: ‘¿Qué hago aquí? Estoy cansado y no veo resultados’”.

Pero ni la falta de becas, ni el desánimo tampoco pueden con él, asegura. Y su entrenador Emmanuel tiene mucho que ver con eso.

“Él me ayuda a superar esos momentos de bajón -cuenta Carlos con una sonrisa tímida-. Me dice que, aunque haya dificultades, sí puedo lograr mi meta. Y sé que lo puedo lograr, y por eso sigo entrenando. Para dejar huella y mañana decir: yo lo logré”.

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