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Herman Hollerith, el hombre que se hizo rico con los datos un siglo antes que Google

A menudo llamados "el nuevo petróleo", los datos son inmensamente valiosos, pero sólo si se procesan de la forma apropiada, algo que Herman Hollerith hizo en el siglo XIX.
12 de enero, 2020
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glasses with data

BBC
Los datos se pueden usar muchas veces, el petróleo solo una vez.

Amazon, Alphabet, Alibaba, Facebook y Tencent son 5 de las 10 empresas más valiosas del mundo, todas con menos de 25 años de existencia.

Todas se enriquecieron, a su manera, con datos.

No es de extrañar que se haya vuelto común llamar a los datos el “nuevo petróleo”. Tan recientemente como 2011, cinco de los 10 principales eran compañías petroleras. Ahora, solo ExxonMobil se aferra a su lugar en la lista.

La analogía no es perfecta. Los datos se pueden usar muchas veces, el petróleo solo una vez.

Pero los datos son como el petróleo en el sentido de que como materia cruda y sin refinar no son de mucha utilidad para nadie. Tienes que procesarlos para obtener algo valioso.

Refinas el petróleo para hacer gasolina, para usarla en un motor.

Con los datos, hay que analizarlos para proporcionar información que ayude a tomar decisiones: qué anuncio insertar en qué momento en las redes sociales, qué resultado de búsqueda poner en la parte superior de la página.

Imagínate que te pidieran que tomaras una de esas decisiones.

Google products on a smartphone

Getty Images
Cuando usas tu teléfono se están recopilando datos.

Alguien está viendo un video en YouTube, que es administrado por Google, propiedad de Alphabet.

¿Qué debería sugerir el sistema que esa persona vea a continuación? Si logras atraer su interés, YouTube puede mostrarle otro anuncio publicitario. Si no, se irá a ver otra cosa en otra plataforma.

Tienes todos los datos que necesitas.

Ten en cuenta todos los demás videos de YouTube que esa persona haya visto: ¿en qué está interesada?

Ahora, fíjate en lo que otros usuarios han visto después de este video.

Sopesa las opciones, calcula las probabilidades.

Herman Hollerith

Getty Images
Herman Hollerith entendió que se necesitaba una máquina en el siglo XIX.

Si eliges sabiamente y ve otro anuncio, bien hecho, has logrado que Alphabet gane tal vez 20 centavos de dólar.

Claramente, confiar en los humanos para procesar datos sería imposiblemente ineficiente. Estos modelos de negocio necesitan máquinas.

En la economía de datos, el poder no proviene solo de los datos mismos, sino de la interacción de los datos y el algoritmo.

En la década de 1880, un joven germano-estadounidense intentó interesar a su familia en una máquina para procesar datos más rápido que los humanos.

Herman Hollerith la había diseñado, pero necesitaba dinero para ponerla a prueba.

El aparato se parecía a un piano vertical pero que en lugar de teclas, tenía una ranura para tarjetas del tamaño de un billete de un dólar, con agujeros perforados.

Tenía 40 diales, que se podían posicionar hacia arriba, o dejar como estaban, después de insertar cada tarjeta.

El tabulador y clasificador de Herman Hollerith, utilizado para procesar el censo de Estados Unidos de 1890.

Getty Images
El tabulador y clasificador de Herman Hollerith, utilizado para procesar el censo de Estados Unidos de 1890.

La familia de Herman Hollerith no lo entendió. En vez de invertir en su idea, se rieron de él.

Hollerith se enfureció de tal manera que cortó relaciones con ellos. Sus hijos crecieron sin tener idea de que tenían parientes del lado de su padre.

La invención de Hollerith era la respuesta a un problema muy específico. Cada 10 años, el gobierno de Estados Unidos hacía un censo. Eso no era nada nuevo. Los gobiernos a través de los siglos han querido saber quién vive dónde y quién posee qué, para ayudar a aumentar los impuestos y encontrar reclutas.

Pero si vas a enviar un pequeño ejército de encuestadores a todo el país, debe ser tentador preguntar sobre una gama cada vez más amplia de cosas. ¿En qué trabajan esas personas? ¿Alguna enfermedad o discapacidad? ¿Qué idiomas hablan?

El conocimiento es poder, y los burócratas del siglo XIX lo entendieron tan bien como las compañías del siglo XXI.

Grabado que muestra los usos del nuevo mecanismo de ingeniería eléctrica durante el censo de EE.UU., diseñado por Herman Hollerith y utilizado para tabular información utilizando un sistema de tarjeta perforada, 1890.

Getty Images
Grabado que muestra los usos del nuevo mecanismo de ingeniería eléctrica durante el censo de EE.UU., diseñado por Herman Hollerith y utilizado para tabular información utilizando un sistema de tarjeta perforada, 1890.

Pero, con el censo de 1880, los burócratas habían acumulado más datos de los que podían digerir.

El censo se había expandido para incluir bibliotecas, hogares de ancianos, estadísticas sobre delitos y muchos otros temas. En 1870, el censo tenía 5 tipos diferentes de cuestionarios. En 1880, tenía 215.

Pronto quedó claro que procesar las respuestas llevaría años: apenas terminaran, ya sería el momento de comenzar el siguiente censo.

Un contrato gubernamental lucrativo seguramente esperaba a cualquiera que pudiera acelerar el proceso.

Hollerith había trabajado en el censo de 1880, por lo que entendió el problema.

Había decidido buscar fortuna inventando un nuevo tipo de freno para los trenes.

Y fue un viaje en tren el que le ayudó a resolver el problema del censo.

A 19th century conductor checking tickets in a first class train carriage

Getty Images
Fue un viaje en tren el que ayudó a Hollerith a resolver el problema del censo.

Los billetes de tren a menudo eran robados. La solución que las compañías ferroviarias habían encontrado era una manera ingeniosa de vincularlos con la persona que los había comprado: una “fotografía perforada”.

Los conductores utilizaban un punzón para seleccionar entre una variedad de descriptores físicos, como Hollerith recordó: “Cabello claro, ojos oscuros, nariz grande, etc.”.

Si resultaba que tu pelo era pelo oscuro y tu nariz pequeña pero tenías ese billete, no llegarías muy lejos.

Tras observar este sistema, Hollerith se dio cuenta de que las respuestas de las personas a las preguntas del censo también podían representarse como agujeros en tarjetas.

Eso podía resolver el problema, porque las tarjetas perforadas se habían utilizado para controlar máquinas desde principios del siglo XIX: el telar Jacquard tejía tela estampada en base a ellas.

Tejedor e inventor Joseph Marie Jacquard demostrando su telar con tarjetas perforadas que contienen las instrucciones del patrón.

Getty Images
El tejedor e inventor Joseph Marie Jacquard demostrando su telar con tarjetas perforadas que contienen las instrucciones del patrón, lo que marcó el nacimiento de las computadoras modernas.

Todo lo que Hollerith tenía que hacer era una “máquina de tabulación” que sumara las tarjetas perforadas del censo que se imaginaba.

En ese artilugio parecido a un piano, un conjunto de palitos metálicos con resorte descendían sobre la tarjeta; si encontraban un agujero, completaban un circuito eléctrico, que movía el dial apropiado.

Felizmente para Hollerith, los burócratas quedaron más impresionados que su familia. Alquilaron sus máquinas para contar el censo de 1890, al que le agregaron aún más preguntas.

En comparación con el sistema anterior, las máquinas de Hollerith resultaron mucho más rápidas y millones de dólares más baratas.

Más importante aún, hacían más fácil aprovechar de los datos.

Supongamos que deseabas encontrar personas de 40 a 45 años, casadas y cuyo trabajo fuera de carpintero. Ya no era necesario examinar 200 toneladas de papeles: sólo tenías que configurar la máquina y pasar las tarjetas por ella.

tarjeta perforada

Getty Images
Durante unas décadas, las tarjetas perforadas eran tan comunes que muchos las conocían, así no tuvieran nada que ver con computadoras.

Los gobiernos no tardaron en encontrar otros usos más allá del censo.

“En todo el mundo”, dice el historiador Adam Tooze, “los burócratas empezaron a soñar con la omnisciencia”.

Los primeros beneficios de seguridad social de Estados Unidos fueron desembolsados mediante tarjetas perforadas en la década de 1930.

En la siguiente década, las tarjetas perforadas ayudaron a los nazis a organizar el Holocausto.

Las empresas también fueron rápidas para ver el potencial. Las aseguradoras utilizaron tarjetas perforadas para cálculos actuariales; las de suministros, para facturación; los ferrocarriles, para envíos; los fabricantes, para realizar un seguimiento de las ventas y los costos.

La compañía de máquinas tabuladoras de Hollerith se convirtió un gran negocio… hasta es posible que hayas oído hablar de la firma en la que, a través de fusiones, eventualmente se convirtió: IBM.

Siguió siendo un líder del mercado, ya que las tarjetas perforadas dieron paso al almacenamiento magnético y a las computadoras programables.

Todavía estaba en la lista de las 10 compañías más grandes del mundo hace unos años.

Pero si el poder de los datos era evidente para los clientes de Hollerith, ¿por qué la economía de datos tardó otro siglo en llegar?

Smart Speakers

BBC
Los altavoces inteligentes activados por voz capturan cantidades cada vez mayores de datos sobre nosotros.

Porque hay algo distinto en el tipo de datos que ahora se comparan con el petróleo.

Google y Amazon no necesitan un ejército para recopilarlos. Nosotros los vamos dando cada vez que usamos nuestros teléfonos inteligentes o le pedimos a Alexa que encienda la luz.

Este tipo de datos no está tan bien estructurado como las respuestas predefinidas de las preguntas del censo introducidas con precisión en las tarjetas de Hollerith.

Eso no sólo hace que sean más difíciles de entender, sino que además hay inimaginablemente más datos que nunca.

Y a medida que los algoritmos mejoran, y la mayor parte de nuestras vidas se vive en línea, ese sueño burocrático de omnisciencia se está convirtiendo rápidamente en una realidad corporativa.

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Tim Harford escribe la columna “Economista clandestino” en el diario británico Financial Times. El Servicio Mundial de la BBC transmite la serie 50 Things That Made the Modern Economy. Puedes encontrar más información sobre las fuentes del programa y escuchar todos los episodios o suscribirte al podcast de la serie.


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Peces soldado (Myripristis berndti) en la Isla del Coco, Costa Rica. Foto: Edgardo Ochoa.

Países fallan en proteger más áreas terrestres y marinas

La mayoría de países no cumplieron con la meta de proteger al menos el 17 % de sus tierras y el 10 % de sus mares en el 2020. Hoy se plantean metas más ambiciosas como llegar al 30 % de protección para el 2030.
Peces soldado (Myripristis berndti) en la Isla del Coco, Costa Rica. Foto: Edgardo Ochoa.
Por Antonio José Paz Cardona / Mongabay Latam
24 de agosto, 2021
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El 2020 era un año clave para el medio ambiente pues se vencía el plazo para cumplir con las 20 Metas Aichi para la Biodiversidad y debían establecerse nuevos objetivos. Sin embargo, la pandemia del COVID-19 pospuso esa discusión.

Las Metas Aichi surgieron en Japón hace 11 años y fueron aceptadas por los 193 países que, para ese entonces, formaban parte del Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB). Su diseño tuvo como base un análisis de los beneficios que la naturaleza brinda al bienestar humano, además de los elementos de conexión entre la biodiversidad y el desarrollo sostenible.

La meta 11 fue una de las que más trascendió en la opinión pública. En ella se plantea que “para 2020, al menos el 17 % de las zonas terrestres y de las aguas interiores y el 10 % de las zonas marinas y costeras, especialmente las que revisten particular importancia para la diversidad biológica y los servicios de los ecosistemas, se habrán conservado por medio de sistemas de áreas protegidas administrados de manera eficaz y equitativa, ecológicamente representativos y bien conectados…”.

Sin embargo, la conclusión del quinto informe Perspectiva Mundial sobre la Diversidad Biológica (GBO-5), publicado por el CDB el año pasado, es que ninguna meta de biodiversidad se alcanzó entre 2011 y 2020. En el caso de la meta 11, la superficie de áreas protegidas pasó de un 10 % a un 15 % en las zonas terrestres y de un 3 % a por lo menos un 7 % en las zonas marinas. La conclusión: no se logró el objetivo.

Fish swimming in Eastern Tropical Pacific Seascape, Cocos Island, Costa Rica

Peces en el mar cerca a Isla del Coco, Costa Rica. Foto: Sterling Zumbrunn.

Esta tarea pendiente, sumada a los graves anuncios sobre riesgo de extinción de especies e impactos del cambio climático que hicieron IPBES en 2019 e IPCC a inicios de agosto, ha llevado a que surjan propuestas más ambiciosas pues es evidente que lo alcanzado hasta ahora no es suficiente.

La Coalición de Alta Ambición por la Naturaleza y las Personas (HAC por sus siglas en inglés) es una de las asociaciones que está motivando a nuevos compromisos mundiales. Este grupo intergubernamental de más de 60 países, presidido por Costa Rica y Francia, defiende un acuerdo mundial para proteger al menos el 30 % de la tierra y los océanos del mundo para 2030.

Es por eso que este 24 de agosto, cuando el mundo conmemora el Día Internacional de los Parques Nacionales y se ha demostrado la necesidad de proteger más áreas terrestres y marinas, Mongabay Latam presenta cómo avanza la creación de parques nacionales en tres países de Latinoamérica.

La Patagonia chilena es un sistema archipelágico de más de 40 mil islas y 103 mil kilómetros de costa, con una gran riqueza ecológica y cultural que abarca más de un tercio del territorio nacional. Archipiélago de los Chonos. Crédito: Nicolás Muñoz, Centro Ballena Azul – Universidad Austral de Chile.

Lee más: La deforestación ya es delito en Colombia y puede ser castigada hasta con 15 años de cárcel

Colombia: nuevos parques nacionales en espera

Colombia superó  parcialmente la meta 11 de Aichi al tener más del 10 % de sus zonas marinas bajo algún grado de protección (13,4 %) y, aunque estuvo cerca de la meta en áreas terrestres (16,61 %), no superó el 17 % propuesto.

Sin embargo, actualmente el país avanza en la consolidación de cinco procesos de declaratoria de áreas protegidas —Serranía de San Lucas, Serranía de Manacacías, Selvas Transicionales de Cumaribo, Sabanas y Humedales de Arauca, y Ecosistemas Secos del Patía—. Además, se planea la ampliación de otras tres áreas: parque Sierra Nevada de Santa Marta, área natural única Los Estoraques y santuario de fauna Acandí, Playón y Playona.

De acuerdo con Carlos Mauricio Herrera, especialista en Áreas Protegidas y Estrategias de WWF Colombia —una de las organizaciones que viene acompañando a Parques Nacionales Naturales de Colombia en esos procesos de declaratoria— la más avanzada es Serranía de Manacacías.

“El ejercicio técnico está completo y el Estado está en proceso de adquirir unos predios. La ruta trabajada nos muestra que Manacacías puede declararse como parque nacional”, dice Herrera.

Paisaje del futuro parque nacional Serranía de Manacacías. Foto: Rodrigo Durán Bahamón.

Este futuro parque nacional, en el que se viene trabajando desde hace varios años, se ubica en la cuenca del río Manacacías, en una zona de transición entre las grandes selvas de la Amazonía y las extensas sabanas de la Orinoquía. Es una zona de interés biológico no solo por su posición biogeográfica sino por su buen estado de conservación, a pesar de encontrarse en una región con altas presiones, especialmente por extracción de petróleo, agricultura intensiva a gran escala, incremento de la población humana, expansión de la infraestructura vial, monocultivos y cultivos de uso ilícito.

Herrera asegura que, actualmente, no hay otros ecosistemas similares dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP) y aunque no se tiene una fecha para la declaratoria del parque nacional Serranía de Manacacías, lo más probable es que ocurra antes de que termine el mandato del presidente Iván Duque (agosto de 2022). De hecho, cuando Duque firmó la nueva Ley de Delitos Ambientales, el pasado 4 de agosto, aseguró que próximamente se declararían nuevas áreas protegidas en Colombia.

Además de Serranía de Manacacías, Carlos Mauricio Herrera comenta que van muy avanzados los procesos de ampliación del parque Sierra Nevada de Santa Marta y del santuario de fauna Acandí, Playón y Playona.

“La Sierra Nevada es uno de los ecosistemas con mayores singularidades del mundo, es la montaña litoral más alta del mundo, tiene todos los pisos térmicos, desde el nivel del mar hasta casi 6000 metros […] Su ampliación será hacia el sur, hacia el departamento de Cesar”, comenta.

En cuanto a Acandí, Playón y Playona, es importante ampliarlo para garantizar la conservación de la tortuga cana o laúd. “La intención no es solo ampliar la posibilidad de conservar sus sitios de anidación sino incluir diferentes zonas importantes para su ciclo de vida y contar con una mayor diversidad de ecosistemas marinos para que otras especies tengan un espacio de conservación, en esta zona fronteriza con Panamá”, dice Herrera.

Costa Rica: ampliar las áreas marinas protegidas

Costa Rica superó la meta 11 Aichi en la parte terrestre —tiene más del 25 % de su territorio bajo alguna categoría de protección— pero solo alcanzó el 2,7 % de sus mares protegidos.

El gran potencial para conservar zonas marinas está en el Pacífico, donde el país se extiende ampliamente gracias a la Isla del Coco, llegando a limitar con Colombia y Ecuador. Es más, de acuerdo con Haydée Rodríguez, viceministra de Agua y Mares del Ministerio de Ambiente y Energía, cerca del 92 % de Costa Rica es mar pero tienen una deuda histórica en la declaratoria de áreas protegidas marinas.

Actualmente, Isla del Coco es un parque nacional constituido por una isla de 24 km2 y 1989 km2 de espacio marino que, junto al Área Marina de Manejo Montes Submarinos, que tiene un área de 9649 km2, forma parte del Área de Conservación Marina Cocos.

En 2017, el país empezó a desarrollar una serie de estudios científicos y técnicos para analizar la viabilidad de fortalecer la conservación del área marina Cocos y ampliarla. En julio de este año, en las ciudades de San José y Puntarenas, se realizaron varias mesas sectoriales de consulta pública con miembros de la academia, sector turístico y pesquero, organizaciones no gubernamentales e instituciones estatales. La ampliación aún se encuentra en discusión pero Rodríguez asegura que va por muy buen camino.

Isla del Coco es una zona vital para muchas especies de peces y forma un corredor especial con Malpelo en Colombia y Galápagos en Ecuador. Foto: ©Edgardo Ochoa – Conservación Internacional Costa Rica.

“Este es un esfuerzo que vincula la conservación de nuestros mares con el fortalecimiento económico. Al ampliar el área marina protegida en nuestro Océano Pacífico, nos permite fortalecer nuestra resiliencia ante el cambio climático, asegurar que existan especies de alto valor comercial y alimentario para hoy y las futuras generaciones, y potenciar el ecoturismo en la zona. Hemos hecho un amplio proceso de consulta, siguiendo la legislación nacional y sus plazos, para que el aporte de todos los sectores involucrados se vea en la propuesta”, comenta Rodríguez.

El valor natural, social y económico del Área de Conservación Marina Cocos ya ha sido confirmado. El estudio ‘Valoración Económica de Servicios Ecosistémicos en el Área de Conservación Marina Cocos y aguas adyacentes’, realizado por la Universidad Nacional de Costa Rica, estimó que la zona genera unos 50 millones de dólares anuales en beneficios económicos. Esto se divide en 19 millones por concepto de turismo en el Parque Nacional Isla del Coco, 21 millones al año por pesca deportiva en el Área Marina de Manejo Montes Submarinos y 10 millones por pesca con palangre en este mismo sitio.

La viceministra Rodríguez asegura que la propuesta de ampliación es ambiciosa y busca cubrir el 30 % de la zona económica exclusiva marítima del país y esto “va de la mano con el compromiso internacional que Costa Rica tiene liderando la Coalición de Alta Ambición por la Naturaleza y las Personas, en donde se busca al menos una protección del 30 % a nivel mundial en tierra y océanos”. Además, añade que es muy probable que la ampliación se oficialice antes de que finalice el 2021, pues este año es la celebración del bicentenario de independencia del país y “queremos una Costa Rica azul”.

Costa Rica busca pasar del 2,7 % de zonas marinas protegidas a 30 %. Foto: ©Edgardo Ochoa – Conservación Internacional Costa Rica.

Lee más | Chile: Comité de Evaluación Ambiental aprueba el polémico proyecto Dominga

Chile: una nueva esperanza para Tic-Toc

Chile es uno de los pocos países que superó los objetivos de proteger al menos el 17 % de su área terrestre y el 10 % de sus zonas marinas. El 21,3 % de sus zonas terrestres están protegidas y en el mar la cifra asciende a 41,5 %. Sin embargo, algunos expertos consideran que no basta solo con la cantidad de territorio protegido sino que se debe garantizar la efectividad de esa protección.

“Chile dice: ‘tenemos más del 40 % de nuestra zona económica exclusiva protegida’, y eso está muy bien, pero, ¿es representativa esa protección? En la Patagonia nos dimos cuenta que hay ecosistemas que no están representados ni protegidos. Es más, hay parques terrestres que tienen porciones marinas que durante mucho tiempo no fueron consideradas en planes de manejo y recién están en desarrollo”, asegura Rodrigo Hucke-Gaete, biólogo marino, profesor de la Universidad Austral de Chile y director del Centro Ballena Azul.

Uno de los casos más llamativos es el del parque marino Tic-Toc, un proceso que lleva más de siete años estancado. Para inicios de 2014 se hizo su declaratoria e, incluso, hay comunicados de varias organizaciones en los cuales se celebra la decisión. Pero nada se materializó. “En el primer periodo del presidente Sebastián Piñera hubo esperanza de que Tic-Toc se declarara parque marino. De hecho fue declarado pero la Contraloría impidió que se siguiera adelante por razones que aún desconozco”, dice Hucke-Gaete.

Según el investigador, Tic-Toc es uno de los ecosistemas más prístinos del sur del mundo, cuya salud es clave para la vida de las ballenas azules, los animales más grandes del planeta y que aún hoy se encuentran En Peligro de extinción, según la Lista Roja de la UICN. En esta zona del mar chileno también se han registrado orcas, lobos marinos, varias poblaciones de delfines y, además de ser refugio para las ballenas azules, también es zona de alimentación de ballenas jorobadas.

Recientemente Hucke-Gaete del Centro Ballena Azul, junto con la fundación Melimoyu, que está trabajando en Tic-Toc desde el año 2000, elaboraron un nuevo informe para que se proteja esta bahía. “Hoy por hoy, la nueva propuesta incluye una porción del golfo de Corcovado. Estamos con la esperanza de que nuevamente se dé la declaratoria y que realmente podamos implementar planes de manejo y monitoreo, que no sea un área de papel”, comenta el científico.

El proceso ya no está en manos de los científicos ni de los conservacionistas y en este momento pasa por una etapa de socialización con el sector pesquero. Es la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura de Chile la que tendrá que definir el tema regulatorio de la futura área protegida y las restricciones que tendrá. Rodrigo Hucke-Gaete espera que este nuevo parque marino por fin sea una realidad, “no puede ser que Tic-Toc lleve detenido siete años cuando estamos en una carrera contra el tiempo”, dice refiriéndose a la crisis del cambio climático y de la pérdida de biodiversidad.

Ballena azul cerca de centros de cultivo de salmones en la Patagonia chilena. Crédito: Rodrido Hucke-Gaete, Centro Ballena Azul – Universidad Austral de Chile.

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