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¿Por qué hay más hombres víctimas de suicidio pero más mujeres que lo intentan?

Alrededor del mundo, es más probable que las mujeres sean diagnosticadas con depresión e intenten suicidarse. Entonces, ¿por qué la tasa de suicidio masculino es varias veces superior a la de las mujeres?
3 de abril, 2019
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Hace seis años, mi hermano se quitó la vida. Tenía 28 años.

Trágicamente, el suicidio no es tan raro como se podría pensar: en 2016 -el último año para el que la Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene cifras globales, se produjeron aproximadamente 793.000 muertes por suicidio. La mayoría, de hombres.

En Reino Unido, la tasa de suicidio masculina es la más baja desde 1981: 15,5 muertes por cada 100.000 habitantes. Pero el suicidio sigue siendo la principal causa de muerte para hombres menores de 45.

Y también sigue habiendo una importante brecha de género. Entre las mujeres británicas, la tasa es un tercio de la de los hombres: 4,9 suicidios por cada 100.000.

Lo mismo pasa en muchos otros países.

Si se los compara con las mujeres, los hombres tienen tres veces más posibilidades de morir por suicidio en Australia, 3,5 veces en EE.UU. y más de cuatro veces en Rusia y Argentina.

Las cifras de la OMS muestran que casi el 40% de los países registran más de 15 suicidios por cada 100.000 hombres. Solo 1,5% tienen una tasa mayor entre las mujeres.

Hombre en puente

iStock
La tasa de muertes por suicidios masculinos es mucho más alta que la femenina.

Es una tendencia bastante vieja.

“Desde que llevamos registros, hemos visto esta disparidad”, dice la psicóloga Jill Harkavy-Friedman, vicepresidenta de la Fundación Estadounidense para la Prevención del Suicidio.

Problema complejo

El suicidio es un problema extremamente delicado y complejo en el que se mezclan muchas causas, y por su misma naturaleza nunca podemos entender todas las razones detrás de una muerte por suicidio.

Pero en la medida que hay mayor conciencia sobre los temas de salud mental, también hay una mayor comprensión pública acerca de los factores que pueden contribuir a tomar una decisión semejante.

La brecha de género, sin embargo, sigue generando muchas preguntas.

Parece especialmente grande si se considera que las mujeres tienen una mayor tasa de diagnósticos de depresión. Y las mujeres también tratan de suicidarse más.

Hombre llorando.

Getty Images
Los hombres intentan suicidarse menos, pero se suicidan más,

En EE.UU., por ejemplo, se reporta una tasa de intento de suicidio entre las mujeres adultas que es 1,2 veces superior a la de los hombres.

Pero los métodos de suicidio de los hombres a menudo son más violentos, lo que aumenta la probabilidad de muerte antes de que alguien pueda intervenir.

Y el acceso a medios letales es un factor importante: en EE.UU., por ejemplo, 6 de cada 10 dueños de armas son hombres, y las armas de fuego están involucradas en más de la mitad de los suicidios.

Muchos hombres, sin embargo, también eligen estos métodos porque están más decididos a llegar hasta el final.

Un estudio de 4.000 pacientes de hospital que se habían autolesionado encontró, por ejemplo, que los hombres registraban una intención suicida mayor que las mujeres.

¿Qué les está pasando a los hombres? ¿Y qué se puede hacer?

Factores de riesgo

Un elemento clave es la comunicación.

Decir que las mujeres están más dispuestas a hablar de sus problemas mientras que los hombres los reprimen es demasiado simplista.

Pero es cierto que, por generaciones, muchas sociedades han alentado a los hombres a mostrarse “fuertes” y no admitir públicamente sus problemas.

Hombre llorando en una reunión

iStock
Los hombres son menos propensos a hablar de sus problemas.

A menudo empieza en la infancia.

“Le decimos a los niños que los hombres no lloran“, dice Colman O’Driscoll, exdirector ejecutivo de operaciones y desarrollo en Lifeline, una organización australiana que ofrece servicios de prevención de suicidio y manejo de crisis las 24 horas.

“Condicionamos a los niños desde muy temprano a que no expresen emociones, porque expresar emociones es ‘debilidad'”, agrega.

Y Mara Grunau, directora ejecutiva del Centro para la Prevención del Suicidio en Canadá también destaca la forma en la que hablamos con nuestros hijos y cómo los alentamos a comunicarse.

“La madres por lo general hablan más con sus hijas que con sus hijos… y también comparten e identifican más sus sentimientos”, explica.

“Prácticamente esperamos que las mujeres sean más emotivas“, dice.

Así, los hombres son menos dados a admitir que se sienten vulnerables, ya sea a ellos mismos, a sus amigos o a profesionales. Y también van menos al doctor que las mujeres.

Hombre visitando al doctor

Getty Images
Incluso cuando se trata de problemas de salud, los hombres buscan menos ayuda que las mujeres.

Un estudio del British Medical Journal encontró que las tasas de consultas primarias en Reino Unido entre los hombres británicos eran un 32% menor que la de las mujeres. (Mientras que las tasas de consultas por depresión, definidas por la prescripción de medicamentos antidepresivos, también eran menores en un 8%).

“Los hombres buscan ayuda para problemas de salud mental menos a menudo”, dice Harkavy-Friedman.

“No es que los hombres no tengan los mismos problemas que las mujeres, pero es un poco menos probable que estén conscientes de padecer estrés u otras condiciones de salud mental que los ponen en mayor riesgo de suicidio”, agrega.

Y si una persona no sabe que padece una condición que la puede estar haciendo sentir mal, entonces es menos probable que sepa qué se puede hacer para ayudarle.

De hecho, solo una de cada tres personas que se suicidan estaba siguiendo algún tipo de tratamiento para salud mental en ese momento, dice Harkavy-Friedman.

Y, peligrosamente, en lugar de buscar ayuda a través de canales establecidos, algunos hombres tratan de “automedicarse”.

Hombre medicándose

Getty Images
Los hombres también son más propensos a automedicarse.

“Hay mayor tendencia al abuso de sustancias y del alcohol entre los hombres, lo que puede ser simplemente un reflejo de la angustia que están sintiendo, pero que sabemos agrava el problema del suicidio”, destaca Harkavy-Friedman.

Efectivamente, los hombres tienen casi el doble de probabilidades que las mujeres de cumplir los criterios para ser considerados dependientes del alcohol.

Y beber puede profundizar la depresión y aumentar los comportamientos impulsivos. El alcoholismo es, de hecho, un conocido factor de riesgo para el suicidio.

Fuera de control

Otros factores de riesgo pueden estar asociados a la familia o al trabajo.

Cuando se registra una recesión económica que provoca un aumento del desempleo, por ejemplo, por lo general se observa un aumento en los suicidios, típicamente 18 a 24 meses después del inicio de la recesión.

Posible suicida

iStock
Las crisis económicas a menudo generan un aumento de suicidios.

Un estudio de 2015, por ejemplo, encontró que por cada 1% de aumento del desempleo había un aumento de la tasa de suicidio del 0,79%.

Tener que preocuparse más por las finanzas o tratar de encontrar un trabajo puede exacerbar los problemas de salud mental de cualquiera. Pero también hay elementos de presión social y crisis de identidad.

“Toda la vida nos han criado para que nos juzguemos a nosotros mismos en comparación con nuestros pares y para que seamos exitosos económicamente”, explica Simon Gunning, director de la Campaña Contra Vivir Miserablemente (CALM, por sus siglas en inglés), una organización británica de prevención del suicidio masculino.

“Y cuando hay factores económicos que no podemos controlar, se hace muy difícil”, puntualiza.

Eso también puede generar un efecto de espiral.

En EE.UU., por ejemplo, el seguro de salud a menudo está vinculado al empleo. Y si esa persona está siendo tratada por depresión o abuso de sustancias, puede perder el derecho a la atención junto con el trabajo.

Hombre llorando

Getty Images
La falta de redes de apoyo en momentos difíciles exacerba el problema.

Otro factor de riesgo es un sentimiento de aislamiento, como explica en su libro “Por qué la gente muere por suicidio” el doctor Thomas Jonier.

El aparentemente exitosos profesional que ha priorizado su carrera en detrimento de todo lo demás, incluyendo las relaciones sociales, puede encontrarse “en la punta de la pirámide, solo”, concuerda Grunau.

Pero es importante recordar que si bien factores externos pueden precipitar el comportamiento suicida en una persona que ya está en riego, nunca son la única causa.

“Millones de personas pierden sus trabajos, y casi todos hemos fracasado en alguna relación, y no terminamos suicidándonos”, dice Harkavy-Friedman.

Posibles soluciones

No existen soluciones sencillas para un tema tan complejo. Pero varios programas, políticas y ONGs están logrando progresos.

En Australia, por ejemplo, los grupos de salud mental y de prevención de suicidio están tratando de modificar el paradigma cultural.

Y una iniciativa que ha logrado tracción es el día RU OK? (“¿Estás bien?”), que alienta a la gente a apoyar a aquellos que la están pasando mal iniciando una conversación.

Mano extendida

Getty Images
A veces la solución puede ser tan sencilla como iniciar una conversación.

Otro enfoque es el “principio hombro a hombro”, que alienta a los hombres a hablar mientras están ocupados en otras actividades, por ejemplo viendo fútbol o andando en bicicleta.

Mientras que “Amigos en la Construcción”, un programa de apoyo y entrenamiento, genera conciencia en las altas tasas de suicidio en esa industria y le enseña a los trabajadores de la construcción a ser parte de la solución.

En general, el énfasis está en “hacer que sea normal para los hombres hablar de sus sentimientos, y que eso sea reconocido como un signo de fortaleza”, dice O’Driscoll.

La tecnología también ofrece opciones.

No todo el mundo quiere desahogarse con otra persona, incluso a través del teléfono. Pero la inteligencia artificial -como los chatbots- puede ayudar a que una persona vulnerable se comunique y consiga la ayuda que necesita sin temor a ser juzgada.

Constructores

Getty Images
En Australia, la iniciativa “Amigos en la Construcción” trata de prevenir el suicidio entre los trabajadores de esa industria.

Otra estrategia es enfocarse en el impacto que el suicidio tiene sobre los seres queridos.

La campaña Proyecto 84 de CALM -bautizada así para representar a los 84 hombres que mueren por suicidio semanalmente en Reino Unido- se enfoca en la devastación que provoca, desmontando así la creencia de algunos hombres que “lo correcto es borrase de la ecuación”, dice Gunning.

“Quedarse es siempre una opción”, enfatiza.

Y otras soluciones simplemente tienen que ver con hacer más difícil completar el suicidio.

Luego de que se instalaran barreras en un puente en Bristol, por ejemplo, un estudio encontró que se habían reducido a la mitad las muertes por lanzarse de ese puente sin que aumentaran los suicidios por lanzarse de otros lugares de la zona.

Pero, obviamente, todavía hay que hacer mucho más.

Manos

Getty Images
Todavía hay mucho más que hacer.

O’Driscoll destaca la mayor atención que se pone a tratar de reducir las muertes por accidentes de tránsito que a la prevención de suicidios, a pesar de que en muchos países los suicidios cobran más vidas.

En Australia, por ejemplo, la tasa de suicidio en 2015 fue de 12,6 por cada 100.000 habitantes –la más alta en una década– por 4,7 por cada 100.000 habitantes para las muertes por accidentes de tránsito.

También se necesita más investigación.

“Hay diferencias claras entre hombres y mujeres en materia de biología, estructuras hormonales y la forma es la que se desarrollan y funcionan nuestros cerebros”, dice Harkavy-Friedman.

Pero a menudo se estudia juntos a hombres y mujeres, y los esfuerzos por controlar estadísticamente las diferencias no son suficiente, por lo que ella cree que se necesita estudiarlos separadamente.

Mujer deprimida

iStock
Las diferencias entre hombres y mujeres tienen que ser mejor estudiadas.

Hay, sin embargo, signos positivos. La misma Harkavy-Friedman destaca un cambio gigante a nivel profesional, recordando que al inicio de su carrera era muy difícil publicar trabajos académicos sobre el suicidio porque se pensaba que era algo que no se podía prevenir.

Ahora sabemos que eso no es así.

Y Harkavy-Friedman también destaca que cada vez hay más involucramiento gubernamental.

Durante el Día de la Salud Mental de 2018, por ejemplo, el gobierno británico anunció su primer ministro para la prevención del suicidio.

“Reino Unido ha sido un pionero”, dice, agregando que está convencida de que la tasa de suicidio en el país se ha reducido porque se está implementando una estrategia nacional.

Y Grunau también cree que no hay duda en que las cosas están mejorando.

“Estamos viendo un impulso como nunca antes. Todavía se puede hablar sobre el suicidio y las personas todavía se estremecen, pero están más dispuestas a mantener la conversación”, dice.

Eso ha tenido efectos positivos, como demuestra la reducción de los suicidios en Reino Unido.

Pero, aún así, no es suficiente. Cualquier vida perdida por causa de un suicidio, sea de hombre o mujer, es una de más.

Puedes leer el artículo original de BBC Future (en inglés) haciendo clic aquí


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Comisión de Ayuda al Refugiado, colapsada: 50 mil peticiones de asilo aún esperan respuesta

El número de solicitudes se ha multiplicado en los últimos años de forma dramática; en 2013, apenas 1,296 personas pidieron refugio. Este año son 31,355 peticiones.

Mario Amador se siente atrapado. 

Tiene 41 años, es hondureño, de Villanueva, departamento de Cortés, muy cerca de San Pedro Sula. Lleva meses en Ciudad de México. Es un tipo fibroso, que se expresa con seguridad, con el pelo pulcramente cortado y una nariz prominente que, unida a su piel tostada, le da aire de jeque árabe sin turbante. Que años atrás se convirtiese al islam solo es una curiosa coincidencia.

El hombre repite sin cesar que él es empresario, que conoce las leyes, que sabe de qué habla.

Pero sigue atrapado en el sistema legal mexicano desde el 18 de enero, cuando cruzó el puente internacional Rodolfo Robles, que une Guatemala con México, y pidió su condición de refugiado. 

Llegó, como al menos otros 10,000 centroamericanos, en caravana. La última marcha exitosa, la que experimentó el espejismo de las tarjetas de visitante por motivos humanitarios, la calma antes de la tempestad que provocó el acuerdo entre los gobiernos de México y Estados Unidos, y que ha disparado la detención de migrantes. Entre el 18 y el 28 de enero, el Instituto Nacional de Migración emitió 13 mil 270 tarjetas. Se trató de una medida excepcional antes de que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador retomase la política de arresto, detención y deportación. 

Mario Amador se benefició de aquella excepción y ahora está a salvo, lo cual para él ya es un logro después de huir de la extorsión de la Mara Salvatrucha (MS-13) y el Barrio 18, las dos grandes pandillas que operan en Guatemala, Honduras, El Salvador, sur de México y Estados Unidos. 

Pero no puede avanzar ni retroceder. Y eso, después de seis meses, le angustia. 

Mario Amador es uno de los 31,355 extranjeros que, entre enero y junio, solicitaron protección ante la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (Comar). También es beneficiario de una tarjeta de visitante por motivos humanitarios, un documento que le permite entrar y salir en el país, así como trabajar, durante un año. Sin embargo, él quiere que le reconozcan como refugiado. Que las autoridades admitan que necesita protección y que va a tener que quedarse en México, porque regresar a Honduras no está en los planes. 

La ley dice que la Comar ya debería haber resuelto su caso. El plazo para que las autoridades determinen si alguien puede quedarse o no como exiliado es de 45 días hábiles, ampliables a otros 45 más.

El problema es que la institución está colapsada. El número de solicitudes se ha multiplicado en los últimos años de forma dramática. En 2013, apenas 1,296 personas pidieron refugio. Este año son 31,355 peticiones, más que en todo el año anterior, y el cálculo es que puedan llegar a superar las 90,000. 

Las cifras muestran hasta qué punto la institución no puede procesar todas las solicitudes que le llegan. El año pasado solo se tramitaron 5,571 peticiones, por cerca de 29,648 demandas de asilo. En 2019 ya se han alcanzado las 31,355. Una de esas peticiones es la de Mario Amador, el empresario de Villanueva que huyó porque ya no podía pagar más a las pandillas.

El suyo es uno de los más de 50,000 casos que siguen pendientes de resolución a pesar de haber superado el plazo legal. En la Ciudad de México, 9,744 expedientes están en suspensión en trámite, es decir, que no aplican los márgenes que impone la normativa. Esta medida viene aplicándose desde 2017, cuando el sismo destruyó las oficinas de Comar en la megalópolis.   

“Sigue llegando gente queriendo iniciar el procedimiento de asilo y la institución está colapsada, con largas filas de espera. A pesar de que se ha contratado a más gente, no parece que la Comar esté a la altura. El INM también está colapsado para las visas y sigue llegando mucha gente. Mientras sigan deteniendo tanta gente, si la política es detención y acoso hacia las organizaciones, en lugar de buscar otras alternativas de respuesta, vamos a dejar a un montón de gente en desprotección”, dijo Andrea Villaseñor, directora del Servicio Jesuita al Refugiado.

Leer: Bajo la lluvia, migrantes duermen en la calle en espera de asilo en México

Está por ver cómo afectan las medidas anunciadas por Estados Unidos, que recientemente anunció que no aceptará ningún solicitante de asilo que haya pasado previamente por otro país y no solicitase protección. Esto, según la Comisión Nacional para los Derechos Humanos (CNDH), puede incrementar el colapso al que se enfrenta la Comar. 

El coordinador, Andrés Ramírez, ha reiterado en diversas ocasiones la necesidad de que el gobierno incremente su presupuesto, que el pasado año se redujo en 5 millones de pesos a pesar de que la cifra de solicitantes se ha multiplicado

Morir por manejar un taxi en San Pedro Sula

Mario Amador, que es el nombre que acordamos utilizar para la nota, es ajeno al incremento de la presión de Washington. Él pidió refugio antes y, además, tampoco es un caso habitual. Según explica, ni siquiera aspira a llegar a Estados Unidos. Lo que quiere es que México le reconozca su condición de refugiado y pueda rehacer su vida. Quizás en esta decisión tenga que ver que él mismo sabe que, en caso de querer cruzar la frontera norte de forma legal, tendría nulas opciones de ser aceptado. Según explica, vivió en Estados Unidos, en Los Ángeles, entre los 17 y los 33 años. Los últimos cuatro los pasó en prisión, en una cárcel cuyo nombre no quiere desvelar. “Tuve una disputa con un policía que trataba mal a un migrante. Siempre me he opuesto a las injusticias”, asegura.

Deportado a Honduras, Mario Amador tuvo que comenzar su vida de cero. Pero se encontró con una de las grandes amenazas que ahogan a los hondureños: el pago de la extorsión de las pandillas, que en jerga catracha se denomina “impuesto de guerra”. 

“Tenía un camión y dos taxis. Los manejaban Josué Castañeda y Roberto Carlos Cruz”, explica. Pagaba 750 lempiras semanales (583 pesos) por cada taxi y 1,500 (1,166 pesos) por el camión. Según relata, pagaba a las dos pandillas. La mitad para el Barrio 18, la mitad para la MS. 

La extorsión es un sistema perverso con una única regla fija: si no pagas, te matan. A ti o a tu familia o a tus empleados. El resto de normas las impone la pandilla y pueden cambiar de un día para otro. 

A Mario Amador le cambiaron las reglas a finales de diciembre. Un enviado de la mara le dijo que se doblaba la tarifa. “Prácticamente iba a trabajar para ellos”, dice.

Ni siquiera le dio tiempo a alegar o negociar. El 4 de enero, Roberto Carlos Cruz, el piloto de 60 años que manejaba uno de sus taxis a cambio de una tarifa de 400 lempiras (310 pesos) diarias, fue asesinado. Un sicario del Barrio 18 lo mató a tiros en San Pedro Sula. Su antiguo jefe muestra la noticia del homicidio en su celular. Es la prueba de que él podría ser el siguiente. 

No hizo falta más advertencias. Un día después, Mario Amador se encontraba en Ocotepeque, municipio fronterizo con Guatemala, dispuesto a escapar. Junto a él, Josué, el otro piloto, el que salvó la vida. Vendió lo que pudo, se aseguró de que sus hijas, que viven con su madre en el sur del país, recibirían la pensión, y no miró atrás. “Es más importante la vida que lo material”, dice. 

Diez días después de huir tuvo conocimiento de que llegaría la caravana. Así que esperó. Hasta el momento, este incipiente movimiento se había mostrado como un modo exitoso de atravesar México. Por eso decidió sumarse. Lo que no sabía era que terminaría convertido en uno de los líderes de la marcha. “Me escogieron porque soy empresario, porque sé de leyes”, dice.

De deportado a empresario. De empresario a migrante. De migrante a líder de una caravana que simboliza el éxodo centroamericano. Años vertiginosos para Mario Amador, el hondureño. 

El 18 de enero cruzó el puente Rodolfo Robles y pidió su asilo. Ahí empezó su otra odisea. La que enfrenta un tipo que huyó de una muerte segura para que México reconozca que no tenía otra opción que escapar. 

Leer >> Todos alerta: Migrantes eluden retenes en la carretera y corren en un intento de abordar el tren

“El 18 de enero tuve mi primera entrevista. El 8, la segunda. Ya hice las solicitudes que establece la ley”, protesta. El 20 de enero, dos días después de entrar en México, sufrió las amenazas de un hombre a quien vincula con la caravana de octubre. Dice que le echó en cara su liderazgo y que le advirtió que algo le podría ocurrir. Por eso su expediente fue trasladado desde Tapachula. Un detalle curioso: en su constancia de solicitud viene marcada la palabra “Caravana”. Como si estuviese marcado. Y eso le intranquiliza. Cree que la señal pueda ser similar a lo que ocurre en la frontera norte, donde solicitantes de asilo en Estados Unidos han referido haber sido interrogados sobre las marchas.

Alma Delia Cruz, delegada de Comar en Tapachula, niega que su institución estableciese diferencias entre solicitantes, dependiendo de cuál fue la forma de ingresar al país. “Es simplemente una cuestión operativa, para saber quiénes llegan de la frontera Suchiate y los que llegan a oficina”, explica. “No hay distinción de raza o de nacionalidad, hay un trato igualitario. No es una cuestión de ordenamiento legal”, afirma. 

El colapso de la institución es evidente. Actualmente dispone de 17 funcionarios en Tapachula para atender las demandas. Solo este año, sus oficinas han registrado 9,878 casos con 19,793 personas. 

Sin embargo, el expediente de Mario Amador ya no está en Chiapas. Y, a pesar de ello, también está paralizado. “Entiendo que se espere un tiempo, pero ¿qué requisitos quieren más de mí?”, se queja. Ha comenzado a estudiar electricidad industrial, quiere rehacer su vida en México, pero, asegura, necesita regularizar su situación.

La parálisis de Comar es su primer problema. Aunque no el único. Todavía tiene que ser aceptado. En 2018, de los 5,531 casos analizados, solo 2,938 fueron aceptados, lo que implica un 53%. Si Mario Amador fuese venezolano tendría prácticamente seguro que accedería a su condición de refugiado. 1,825 de los 1,853 solicitantes procedentes del país caribeño fueron reconocidos como exiliados el año pasado. Para los hondureños la tasa es mucho más baja. De los 1,939 reclamantes que se analizaron solo se aceptaron 536, el 28%.

Es cierto que estas cifras se incrementan si se toma en cuenta a las personas a las que se aplicó algún tipo de protección complementaria, como la visa humanitaria: en total, 1,211 hondureños fueron beneficiados con algún tipo de medida de cuidado, lo que supone el 62% de las solicitudes. 

Según datos de la Comar, de los expedientes analizados en 2018 recibieron algún tipo de protección el 99% de los solicitantes venezolanos, el 62% de los hondureños, el 74% de los salvadoreños, el 90% de los nicaragüenses, el 49% de los guatemaltecos. 

Con los datos en la mano, la solicitud de Mario Amador es un cara o cruz algo más favorable a ser aceptado. Pero no lo sabrá hasta que le citen en las oficinas de Comar.  

“He sido paciente, he esperado mi resolución, pero hay momentos en los que uno siente desesperado”, protesta. 

La Comar está colapsada, las solicitudes siguen incrementándose y la presión de Estados Unidos puede empeorar la situación. Este lunes se cumplen los 45 días de plazo impuestos por Donald Trump para que México incrementase las detenciones de migrantes. Está por ver qué evaluación realiza Washington. Mario Amador, mientras tanto, espera. No tiene otra opción. 

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