‘Muchos se frustraron por no ver escenas dramáticas’: López-Gatell
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"Muchos se frustraron por no ver las escenas dramáticas de Europa", dice López Gatell en entrevista con BBC

El subsecretario de Salud de México, Hugo López-Gatell, rechaza las críticas recibidas por su gestión frente al coronavirus y asegura que la epidemia en el país se está desacelerando pese a los cientos de muertes diarias.
9 de julio, 2020
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La cara más visible del gobierno de México frente al covid-19 habla de éxito cuando se refiere a la estrategia contra el coronavirus implementada en el país.

Aunque subraya que ninguna muerte habría sido deseable, el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, afirma que su mayor propósito era que nadie falleciera por no poder recibir atención en los hospitales. Y que eso se ha conseguido.

Asegura que se trabajó por evitar un aumento súbito en los casos que llevara al colapso de los centros médicos. O, dicho de otro modo, concentrar ese mismo número de casos de coronavirus en un período más largo de tiempo para espaciar los ingresos hospitalarios.

Pero esto también se traduce en el cansancio de buena parte de la población ante una curva epidémica que se mantiene y no acaba de descender tras varias semanas.

Es más, este miércoles se batió un récord de nuevos contagios confirmados en el reporte diario que ofrece el gobierno: 6.995 (si bien la gran mayoría son positivos de días anteriores).

En total, el balance oficial en el país ascendió a 275.003 positivos y 32.796 muertos, lo que lo mantiene como el quinto país del mundo con más decesos.

Pero López-Gatell aseguró que la epidemia en el país ya se está desacelerando.

“Que aumente el número de casos no quiere decir que se acelera la epidemia. Una cosa es que sigue en la fase creciente en el conjunto del país y otra es que la velocidad a la que ocurre este incremento es cada vez más lenta”, dijo.

Paciente de covid abandona el hospital.

AFP
El gobierno mexicano considera un éxito su estrategia contra el coronavirus al haber logrado, asegura, que los hospitales no colapsaran.

Convertido en una de las personalidades más reconocidas del año en México, el subsecretario de Salud ha recibido duras críticas de quienes creen que esconde las cifras de la magnitud real de la epidemia o le acusan de ir contracorriente al descartar la realización masiva de pruebas del virus o de emitir mensajes contradictorios.

En una extensa entrevista concedida a BBC Mundo en Palacio Nacional tras una de sus conferencias de prensa diarias, López-Gatell rechazó todos los señalamientos y siguió defendiendo todas y cada una de las medidas implementadas como parte de la estrategia federal.

De hecho, a la hora de hablar de lecciones aprendidas tras estos meses de pandemia, se resist a identificar algún error de la intervención nacional y prefirió hablar de lo que las autoridades estatales pudieron haber hecho y no hicieron.

Este es un resumen de la entrevista concedida por López-Gatell, cuya gestión y decisiones frente al covid-19 en México provocan casi cada día un sinnúmero de reacciones enfrentadas (esta entrevista ha sido editada por razones de claridad y concisión).


La fase de mayor riesgo de transmisión del covid-19 en México se mantiene durante semanas y ese “pico” se convirtió en “meseta”. ¿Por qué, tras tanto tiempo, los casos no bajan de manera sostenida?

Primero quiero insistir que esa “curva aplanada” que vemos de ninguna manera debe interpretarse como la cancelación de la pandemia. Lo que quiere decir es que la velocidad de aumento en el número de casos es considerablemente menor.

El primer propósito técnico de esta estrategia es que el número de casos diarios en el momento de máxima intensidad epidémica sea siempre menor a la capacidad del sistema de salud, que nunca se rebase.

El segundo objetivo es ganar tiempo. Ningún sistema de salud del mundo está de antemano preparado para un evento como este. Así que queríamos posponer todo lo posible el momento de máxima intensidad de transmisión y, por lo tanto, de número de hospitalizaciones.

Y el tercero es reducir el número total de casos, que según algunas estimaciones del modelo puede ser hasta del 10%, aunque no es el objetivo fundamental.

Lo que sí es un objetivo es reducir las muertes que puedan darse por falta de atención médica, que la causa de la muerte sea porque se saturó el hospital y la persona no pudo ser atendida.

Nuevas muertes reportadas cada día por covid-19 en México. (reportadas tras confirmarse su diagnóstico, no necesariamente ocurrieron el día en que se reportan). .Muertes diarias por covid-19 en México. (según la fecha en que ocurrieron, su diagnóstico de confirmación pudo llegar y reportarse después). .

-¿Y cuál ha sido o será ese momento de máximo riesgo de contagio? Usted ha recibido duras críticas por cambiar las previsiones en varias ocasiones.

Quiero precisar que la referencia que tomamos es la curva epidémica de la Ciudad de México. Se puede hacer una curva respecto al conjunto del país, pero su significado es incierto porque las epidemias se van presentado asincrónicamente en un país tan extenso.

Si no hubiéramos intervenido, habríamos tenido el pico en la tercera semana de abril. Habiendo intervenido, tenemos la meseta, la cresta, más o menos desde la segunda semana de junio hasta el final del mes.

-El pasado lunes usted destacó en conferencia de prensa que los casos en la capital del país “van disminuyendo progresiva y sostenidamente en los últimos 15 días”.

Sí, la evolución de la epidemia muestra ya el agotamiento de su primer ciclo en algunos lugares como es ahora la Ciudad de México, como lo fue Tijuana, y como lo fue Cancún, aunque desafortunadamente tuvo un repunte.

-Pero teniendo en cuenta que muchos laboratorios están colapsados y tardan días o semanas en poder dar los resultados de las pruebas de covid-19, ¿esa curva descendente no podrá cambiar, una vez que se incorporen esos resultados que salen con tanto retraso?

Sí, los resultados tardan unos diez días aproximadamente, lo presentamos todas las semanas para que la población conozca este reto de procesamiento de pruebas.

Pero la respuesta es no. Aún cuando tengamos los resultados de las pruebas que se tomen hoy o tengamos los que se tomaron hace diez días, el patrón de ocurrencia en el espacio y el tiempo de la epidemia no varía.

Extraccion de muestra de posible caso de covid.

Getty Images
La demora en la obtención de resultados de las pruebas de covid-19 en México provoca que buena parte de los casos que se reportan a diario correspondan realmente a días o semanas atrás.

-¿Entonces ahora sí que podrían decir que “se domó la pandemia”, como aseguró el presidente hace ya varias semanas aunque las cifras no apuntaban en ese sentido?

Creo que su planteamiento era respecto a haber logrado tener una curva plana. Yo no uso generalmente esa expresión, pero sí me puedo sumar a esa idea de haber logrado el éxito, de haber logrado la meta que nos propusimos.

Empleamos para ello medidas de contención y la estrategia de mitigación con la Jornada Nacional de Sana Distancia.

La consecuencia positiva es que hemos logrado mitigar intensamente esta epidemia, como muestran los datos. La consecuencia adversa o incómoda es que, necesariamente, la epidemia se hace más lenta.

"Logramos la meta que nos propusimos: que nadie se muera por no recibir atención médica"", Source: Hugo López-Gatell, Source description: , Image:

-¿Entiende que mucha gente cuestione que hablen de éxito cuando sigue muriendo tanta gente?

El éxito no es que se muera la gente, ojalá no se muriera una sola persona. Pero el éxito consiste en haber logrado el objetivo de que nadie se muera por no recibir atención médica.

Eso lo hemos logrado, es demostrable. En México no tenemos camas en los parques públicos porque todo el mundo cabe en un hospital, porque logramos tener una menor velocidad de epidemia.

-Muchos tienen la aspiración frustrada de que no vieron aquí las escenas dramáticas que se vivieron en los países europeos occidentales. Esperaban ver cientos de miles de muertos, esperaban ver morgues llenas y rebosantes…

-Pero aún así, la cifra de muertos por cada 100.000 habitantes sitúa a México en el quinto lugar de América Latina, solo por detrás de Chile, Perú, Brasil y Ecuador. No parece tan buen dato.

No hay que perder de vista que la calidad de la vigilancia epidemiológica de cada país es diferente. No solo me refiero a elementos técnicos, sino a decisiones políticas.

No hago acusación alguna porque no tengo evidencia, pero yo no puedo garantizar que otros países con los que se nos compara tengan la misma actitud, disposición, capacidad técnica, decisión política (de mostrar todos los datos).

Insisto, no estoy acusando, pero yo sí puedo decir con convicción lo que sé que ocurrió en México. Y eso pone una desventaja en términos de las comparaciones.

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-Precisamente una de las críticas más frecuentes hacia ustedes es de que estarían ocultando datos para no dejar ver la magnitud real de la epidemia en México. La semana pasada ya reconoció que, a falta de que se pronuncie la comisión técnica que evalúa la llamada mortalidad no observable, el número de fallecimientos en el país este tiempo podría haber sido el triple de lo registrado en años anteriores.

Ese exceso de mortalidad es un fenómeno global, del que ya se ven cifras preliminares en otros países y ciudades.

Cuando me hicieron la entrevista sobre esto, la periodista me planteó la triplicación y yo lo que dije es que puede ser esa cifra. Si me dicen que es ocho veces, diría que puede ser. Si me dicen que 0,5 veces, diría que puede ser.

No quisiera especular sobre cuál es la cifra real de las muertes existentes respecto a las registradas para la vigilancia epidemiológica. Si me dicen que la de México es 2,5 o 3 veces más, digo que es probable que sea esa cantidad solo por analogía con lo que está ocurriendo en otros lugares.

-En términos de números absolutos, no de multiplicación, ¿de cuántas personas más fallecidas estaríamos hablando según las estimaciones actuales?

Yo me esperaría, porque estamos muy próximos a presentar los resultados del exceso de mortalidad. Muy pronto en Ciudad de México, y después lo que está haciendo un grupo de trabajo nacional, estado por estado.

-¿Y por qué no ordenó la creación de esa comisión técnica para revisar las cifras antes de que muchos medios mostraran discrepancias en los números del gobierno y llevara a muchos a pensar que estaban ocultando datos?

De que se pudiera haber hecho antes, se pudiera haber hecho antes. De que hubiera aportado algo a la vigilancia epidemiológica, la respuesta es no (…). Si no hubiera sido esto, nos atacarían por alguna otra cosa, a nosotros o a cualquier otro.

Hace unos días se filtró un documento técnico del Registro Nacional de Población, y nuevamente se convirtió en grandes noticias. Cuando la noticia es que hay más muertes, yo no tengo nada que criticar, ahí está la evidencia.

Yo estoy seguro, siempre he dicho convencido que hay más muertes que las que reportamos (los datos oficiales del gobierno solo incluyen aquellas cuyo diagnóstico por covid-19 pudo ser confirmado con una prueba de laboratorio).

Cuando la noticia va acompañada de que “quieren ocultarlo”, ahí sí me parece mal periodismo. Me parece saña. Me parece poca ética. Me parece que son ganas de confundir a la audiencia.

Funeral de victima de covid

Reuters
Una comisión revisa todas las muertes cuyo diagnóstico de posible covid-19 no pudo ser confirmado con una prueba de laboratorio, por lo que el reporte oficial de víctimas en México podría aumentar considerablemente.

-Así que desmiente categóricamente que estén ocultando información y cifras sobre la pandemia.

Mi conciencia personal está tranquila. Que no se oculte la información es una convicción propia que he sostenido en los once años que me dedico a la salud pública.

Yo podría jurar frente a un tribunal que en México no hay censura de información por parte del gobierno federal. El minuto que yo sintiera que hay una censura, me voy.

Se sabe que en México y en España, en Japón y en Reino Unido, en Canadá, en Australia, en Suiza, en Suecia, en Finlandia… en ningún país del mundo, y lo digo categóricamente, ningún país del mundo hace recuentos exhaustivos de las muertes, aún cuando tenga un muy buen sistema de estadísticas vitales, pero no lo hace con propósitos de vigilancia epidemiológica.

Si uno se esperara a tener conteos completos de la mortalidad como elemento necesario para tomar decisiones, cometería un grave daño porque uno no podría actuar.

"La epidemia va a ser muy larga. Si esperamos (para la reapertura) a que haya cero casos, todavía estaríamos esperando tres meses más"", Source: Hugo López-Gatell, Source description: , Image:

-Hablando de recuentos y estadísticas, ¿sigue convencido de su postura de no realizar tests a la población de manera masiva? Médicos reconocidos mantienen que esto es un error, así como pensar que el comportamiento de este virus puede ser similar a la influenza.

Nunca en México se habían hecho tantas pruebas como a lo largo de esta pandemia, esto es histórico.

Conozco bien el dato porque me tocó participar en ello durante la pandemia de influenza de 2009, en la que durante el primer año completo se procesaron cerca de 170.000 pruebas. Ahora, en tres meses, se han procesado más de 670.000.

Muestras para ser analizadas por sospecha de covid

Reuters
México continúa siendo uno de los países que menos tests de coronavirus realiza por cada millón de habitantes.

-Pero México sigue entre los últimos lugares de pruebas realizadas por millón de habitantes (solo supera a Guatemala y Nicaragua en América Latina, según el portal Worldometer).

La desinformación consiste en suponer que es un objetivo técnico de la vigilancia epidemiológica hacerle pruebas a todos los ciudadanos de un país.

Y esto ha sido muy desafortunado porque la expectativa de muchas personas es conocer cuál es su estado de salud respecto al covid, lo cual me parece legítimo.

Pero esta es una conjetura personal, gobernada por una aspiración legítima de dormir tranquilos, de saber que no tengo el virus, pero no tiene una realidad técnica, ni médica, ni de salud pública.

Entonces, por la tergiversación y la sobreinterpretación de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud -el famoso “tests, tests, tests” de su director Tedros Adhanom, frase que yo creo que pasará emblemáticamente a la historia- existe esta idea falsa, insisto, falsa, porque no tiene fundamento técnico científico apropiado, de que deberíamos estar haciendo pruebas a todos y que, de no hacerlas, entonces la vigilancia epidemiológica no nos da resultados confiables.

-¿Por qué decidieron iniciar la reapertura económica parcial el 1 de junio, cuando solo 24 horas antes se reportó la que hasta entonces era su cifra diaria más alta de nuevos contagios con 3.152?

Los señalamientos son que en países como España y Francia esperaron hasta que bajaron más sus casos. Pero es que allí vimos un crecimiento exponencial muy acelerado, cinco o siete veces más que en México, y claramente rebasaron la capacidad de sus servicios de salud.

En México, por contraste, lo que tenemos es una curva epidémica plana y larga que siempre ha estado por debajo del nivel de capacidad máxima del sistema hospitalario, nunca lo rebasamos.

Así que estamos abriendo por debajo del límite de saturación, sin tener que esperar al franco descenso que sabemos que va a venir en septiembre u octubre. Como decimos, la epidemia va a ser muy larga. Si esperamos a que haya cero casos, todavía estaríamos esperando tres meses más.

Hugo López-Gatell

Gobierno de México
Hugo López-Gatell lidera la gran mayoría de las siete conferencias de prensa semanales para informar sobre el coronavirus en el país.

-¿Pero entiende que a la gente le resulte confuso que se le siga dando el mensaje de “quédate en casa si puedes” y, a la vez, se reabran tiendas y restaurantes?

Es un reto muy grande lograr transmitir el punto medio de este balance.

De un lado, está el proteger la salud y la vida de manera directa al evitar los contagios. Del otro lado, está el protegerlas a través de reactivar la generación de riqueza, que las personas puedan tener sustento diario porque de otra manera morirán de hambre, literalmente.

Que la mitad de la población en México viva en la pobreza apremia mucho para tener que abrir más tempranamente de lo que de otra manera se haría si solo existiera la epidemia o si no existiera esa realidad social.

Encontrar el punto medio del equilibrio entre estas dos perspectivas es muy difícil. Pero también hay que tener siempre claro y estar dispuesto a retornar al confinamiento si viéramos un repunte importante de casos, como hemos visto en otros países.

-También se les critica no haber asumido ningún error en su estrategia frente al covid-19, cuando se trata de un virus totalmente nuevo y del que no había información, por lo que todos los países fueron aprendiendo sobre la marcha. ¿Qué habría hecho de manera distinta con el conocimiento que tenemos ahora?

Pienso que siempre hay oportunidad para aprender de un fenómeno nuevo, para que esas lecciones que se aprenden se traduzcan en nuevas prácticas.

Mucha gente piensa que el único centro de decisión es el gobierno federal. Y eso, en parte, desfavoreció la oportunidad de que los gobiernos estatales asumieran las responsabilidades que legal y administrativa y técnicamente les corresponde.

El 98% de las expansiones hospitalarias, por ejemplo, fueron hechas con presupuesto federal. Las pruebas de laboratorio las compramos con presupuesto federal, los equipos de protección personal, el buscar en los mercados internacionales, los equipos de ventilación mecánica… Todo eso ha sido un operativo del gobierno federal.

La mayoría de las entidades federativas pudo haber hecho más y pudo haber sido mucho más proactivo en esta epidemia.

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Cuartoscuro

10 años del Movimiento por la Paz: convertir la “espera” en esperanza

A contrapelo de la simulación, la demagogia o la indiferencia de las autoridades de todo signo político, familiares de víctimas de la violencia mantienen la exigencia que movilizó al país hace una década: paz con justicia y dignidad.
Cuartoscuro
Por Asunción Cabrera, Alondra Reséndiz, Fernanda Vega, Xareni Márquez, Metztli Molina, Javier Sánchez Alpízar, Juan Gómez, becarixs; Dulce Soto, Violeta Santiago y Paris Martínez, reporterxs. Unidad de Investigaciones Periodísticas de la UNAM.
25 de marzo, 2021
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El 27 de marzo de 2011, en Morelos, siete personas fueron secuestradas, asesinadas y abandonadas en el interior de un auto. Eran Juan Francisco Sicilia, hijo del poeta y escritor Javier Sicilia, y seis amigos que acudieron a un bar para preguntar por una cámara fotográfica olvidada días antes. Ellos no lo sabían, pero el bar era controlado por el crimen organizado, y el reclamo de la cámara les costaría la vida.

La historia de estas muertes, sin embargo, no comenzó esa noche. 

Inició, como otras decenas de miles de historias de víctimas de la violencia, cinco años antes: el 12 de diciembre de 2006, cuando el recién estrenado presidente Felipe Calderón lanzó la táctica de seguridad conocida popularmente como “guerra contra el crimen organizado”.

Caracterizada por el involucramiento de las Fuerzas Armadas en labores de seguridad pública, esta táctica con la que Calderón buscaba “limpiar” al país de delincuentes, lo único que logró fue llevar la violencia a niveles sólo comparables a los registrados en países inmersos en un conflicto armado.

Según estadísticas oficiales del Sistema Nacional de Seguridad Pública, durante 2007, el primer año de gobierno de Calderón, en México se registraron 10 mil homicidios intencionales. En los años siguientes las cifras se incrementarían dramáticamente: 13 mil en 2008; 16 mil en 2009; 20 mil en 2010; y en 2011 los casos de asesinato llegaron a 22 mil 409. Uno de ellos, el de Juan Francisco Sicilia y sus seis amigos.

En menos de un sexenio, la táctica militar de Calderón duplicó los índices de violencia homicida, hasta arrojar tantas víctimas como las que dejó la guerra en Chechenia durante la última década del siglo pasado.

Lee más: Javier Sicilia marchará a Palacio Nacional para exigir cambio en la estrategia de seguridad

Hasta antes del 27 de marzo de 2011 esta crisis de violencia no era reconocida. De hecho, ni siquiera las víctimas eran aceptadas por la autoridad como tales, sino como “daños colaterales”. 

Los siete asesinatos de Morelos, sin embargo, lo cambiaron todo. 

Después de ellos, un coro de miles de personas en todo México se alzó en reclamo no sólo de justicia para esas víctimas sino para todas las que antes ya se acumulaban.

Durante abril, esas voces comenzaron a aglutinarse. Primero, en la marcha más grande, hasta entonces, realizada en la ciudad de Cuernavaca. En mayo caminaron de Cuernavaca a la Ciudad de México, y en junio partieron en un recorrido por todo el país, de norte a sur, en las llamadas Caravanas del Consuelo, recogiendo en cada punto cada vez más dolores.

Durante ese caminar por el país, abrazándose, consolándose, esas miles de personas tejieron una identidad compartida: el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad.

Los dolores de cada una de las miles de víctimas de la violencia, explica Javier Sicilia, papá de Juan Francisco, a diez años de ese andar, no son dolores distintos, apartados entre sí, inconexos. “Son el mismo dolor”, subraya, “un dolor que se acumula, junto con la frustración, el enojo, la tristeza”, que se expande en el tiempo. El reto en 2011, cuando las víctimas se encontraron entre sí, tanto como lo es hoy, era “que ese dolor no se volviera odio”.

La característica de la poesía, explica Sicilia, “no es el acto de escribir un poema. La poesía es un lenguaje que toca con su poder simbólico otros lenguajes, incluido el lenguaje de las personas en el poder”. De ahí el valor simbólico de caminar, de recorrer el país y encontrarse. 

Y juntos, recuerda Sicilia, decirle al poder, al entonces presidente Felipe Calderón,  pero también a quienes lo sucederían en el cargo, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador: “Véanos a la cara. ¿Somos un número, somos un porcentaje? Somos una historia, somos seres humanos”.

La palabra traicionada

Del encuentro con Felipe Calderón, realizado al volver del primer recorrido por el norte del país, en junio de 2011, derivó un acuerdo: la creación de una ley que garantizara la atención integral a las víctimas de la violencia.

La ley se aprobó en el Congreso, pero Calderón se negó a promulgarla, y sólo vio la luz tras la llegada a la presidencia de Enrique Peña Nieto, en enero de 2013. Aunque nunca la instrumentó realmente.

“El Movimiento por la Paz –explica el senador independiente Emilio Álvarez Icaza, defensor de derechos humanos y quien hace diez años fue uno de sus voceros– tuvo una visión de Estado muy superior a la de los políticos”. Y el mejor ejemplo de ello, subraya, “fue (su impulso a) la Ley General de Víctimas, que es la segunda del continente americano, y que apuesta al diseño de una política pública que atienda los vacíos en materia de justicia, de salud, de vivienda, de desalojo interno forzado”. Un mecanismo de cobertura amplia, que abarcara tanto a las personas directamente afectadas por la violencia como a sus familias. 

Lee: Javier Sicilia acusa a López Obrador de traicionar a las víctimas de violencia

“La ley fue muy buena –destaca Álvarez Icaza–, pero la implementación fue muy mala. Un ejemplo: la primera cosa que hicieron los integrantes de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (órgano que la ley ordenaba instituir) fue discutir su sueldo; y poco hicieron para implementar el sistema nacional de atención que se deriva de esa ley.”

Así, aunque el Movimiento por la Paz logró que cristalizara la Ley General de Víctimas, al final sus efectos fueron neutralizados en los hechos. “Fue una de las experiencias más dolorosas que yo he vivido –recuerda Álvarez Icaza–. Era una apuesta (de las víctimas) realizada literalmente con sangre, sudor y lágrimas”, que se vio frustrada por “una muy pequeña visión de Estado”, por parte del entonces presidente, Enrique Peña Nieto. “Los operadores de la ley prácticamente se encargaron de no instrumentarla. Infelizmente, la política pública no cambió, infelizmente la crisis de derechos humanos siguió en aumento, infelizmente las desapariciones continuaron…”.

Peor aún: durante el gobierno de Peña Nieto existió un esfuerzo oficial por simular que la crisis de violencia se resolvía y que las víctimas de desaparición estaban siendo encontradas por millares.

Simulación: las víctimas, bajo la alfombra

Según el primer Registro Nacional de Personas Desaparecidas, publicado en febrero de 2013, al finalizar el gobierno de Felipe Calderón, en México había 26 mil personas desaparecidas. 

Diez meses después, cuando Peña Nieto cumplió un año como presidente, casi milagrosamente, esa cifra se había reducido a 16 mil víctimas. 

Y cinco meses más tarde, en mayo de 2014, el entonces secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, anunció ante el Senado de la República que “un grupo pequeño” de personas realizó un “ejercicio rápido” de investigación y depuró el registro hasta dejarlo en 8 mil víctimas “nada más”.

Es decir, en un año y medio, el gobierno de Peña Nieto reportó la localización de 18 mil personas desaparecidas. 

Cuando senadores le pidieron detallar cómo habían desaparecido esas personas y cómo fueron localizadas, Osorio aseguró que, en la mayoría de los casos, las víctimas reportadas se trataban “de la joven que se va, se escapa con el novio; o de la persona que se va a trabajar a otro lado; o de quienes, por un conflicto matrimonial, de momento se salen de la casa”.

El gobierno de Peña Nieto nunca presentó pruebas de esas supuestas localizaciones. Tampoco aclaró quiénes integraron ese pequeño grupo que, en cuestión de meses, resolvió miles de casos.

Este registro de “personas localizadas” sólo se haría público con el cambio de autoridades, en 2018, ya con López Obrador como presidente.

Ese registro, del que Corriente Alterna posee una copia, deja ver el tipo de simulaciones realizadas durante la administración de Peña Nieto para desinflar la estadística de desaparecidos, aunque sólo fuera en el papel.

Un ejemplo: el 2 de septiembre de 2013, una niña indígena de 14 años, 48 kilos de peso y metro y medio de estatura, salió de su hogar en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, y no volvió. Simplemente desapareció.

Los padres de la menor, tarahumaras que migraron al sur del país, esperaron tres meses con la esperanza de que su hija regresara, pero eso no ocurrió, por lo que el 29 de noviembre de ese mismo año reportaron los hechos a la fiscalía estatal.

Tal como consta en el registro de “localizados” durante el gobierno de Peña, la Fiscalía de Chiapas no realizó ninguna acción para la búsqueda de esa niña; sólo dejaron que pasara el tiempo y, más de un año después de la denuncia, en febrero de 2015, personal de ese organismo estatal se comunicó con la familia para preguntar si habían tenido alguna noticia de la víctima.

La familia informó que sí, que algunas personas “la han visto parada enfrente de una cantina”; y que, recientemente, habían recibido una llamada telefónica de la niña, “quien le refirió (a su papá) que tenía miedo, que no podía salir de donde se encontraba (cautiva), y que era mejor si se moría”. 

Así, con esas palabras, fue inscrito el hecho en el registro oficial de “localizados” de Peña Nieto.

Sin embargo, aunque existían indicios de que la niña seguía viva en 2014, de que era víctima de trata con fines de explotación sexual, así como del lugar en el que era retenida, el mismo registro revela que nunca fue rescatada por la autoridad.

Por el contrario, bajo el argumento de que terceras personas “han visto” a la menor, las autoridades declararon a la víctima como oficialmente localizada y cerraron el caso. A pesar de que, en realidad, sigue desaparecida hasta la fecha. Su “localización” sólo fue simulada. 

Bajo este tipo de procedimientos, al final de su sexenio, el gobierno de Peña Nieto registró 62 mil víctimas localizadas.

Aunque la lista de desaparecidos aumentó a 37 mil.

Eludir el compromiso

En la actualidad, con López Obrador como presidente, el registro de desaparecidos fue nuevamente revisado; la cifra de víctimas reconocidas se elevó a 86 mil 700 personas que permanecen sin ser localizadas hasta el día de hoy.

De ellas, 19 mil desaparecieron durante los 28 meses que lleva el gobierno de la Cuarta Transformación.

Así, aunque López Obrador aseguró el 1 de febrero de 2019 que “ya no hay guerra”, lo cierto es que con él ha continuado la estrategia militarizada de seguridad pública de Calderón y Peña, y las víctimas de la violencia siguen acumulándose.

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“En las elecciones que llevaron a Andrés Manuel a la Presidencia vimos una oportunidad –explica Sicilia–. Entonces fuimos a buscar al candidato puntero, para conversar sobre estos asuntos. Hablamos ampliamente y yo recuerdo que dijo: ‘Yo sé de todo sobre los problemas de este país, pero de este asunto de las víctimas, nada. Ayúdenme’”.

El 8 de mayo de 2018, todavía como candidato, López Obrador firmó la “Agenda fundamental” para el desarrollo de una política de justicia “transicional” desarrollada por las víctimas, agrupadas ahora en decenas de colectivos que, directa o indirectamente, formaron parte o se crearon a partir del Movimiento por la Paz.

Esta agenda fue ratificada por López Obrador ya como presidente electo.

“Fue un momento simbólico, porque eran los 50 años de la masacre del 68, y el encuentro se realizó en el Centro Cultural Tlatelolco (memorial para las víctimas de la masacre de estudiantes). Ahí expusimos los elementos fundamentales de la justicia transicional y él dijo ‘adelante’ (…) Pero, cuando asumió la Presidencia, esa agenda no estaba en su programa de gobierno”.

El concepto de justicia transicional implica distintos procesos que ayudan a los países que atraviesan altos niveles de violencia e impunidad, como México, a superarlos, explica Jacobo Dayán, académico, activista, defensor de derechos humanos y miembro del Movimiento por la Paz desde su surgimiento. 

“En países en los que los actos de violencia llegan a chorros, las fiscalías de justicia no tienen la capacidad de ‘reparar’ a las víctimas. Entonces, la justicia transicional lo que pretende es crear instituciones extraordinarias, temporales, que pueden durar 10, 20, 30 años, para despresurizar las instituciones ordinarias del Estado, para volver a generar el vínculo de confianza con la sociedad y para garantizar a las víctimas verdad, justicia, reparación y no repetición. Es por ello que se trabajó la agenda. La propuesta de López Obrador era anunciar esto en los primeros días de su gobierno”. Pero esto no ocurrió.

En enero de 2020, 14 meses después de iniciada la gestión de López Obrador, el Movimiento por la Paz volvió a salir a la calle; esta vez como respuesta a la masacre de nueve integrantes de la familia LeBarón, ocurrida en noviembre de 2019, en Chihuahua. 

“Salimos de Cuernavaca en una marcha hacia la Ciudad de México –recuerda Sicilia– para hablar con Andrés Manuel, para decirle: ‘¿Qué pasó con estos documentos, cómo vamos a trabajar? ¿Por qué nos diste la espalda? Aquí está lo que se trabajó y a esto te comprometiste, presidente’. Pero nos acusó de hacer el show, de que veníamos a dañar su investidura. Y no sólo eso: llegando al Zócalo nos esperaba, al estilo del viejo PRI, un grupo de choque con petardos”.

Efectivamente, López Obrador se negó a recibir a las víctimas. Pero dos meses después, el 29 de marzo de 2020, el presidente sí aceptó encontrarse con la madre del narcotraficante Joaquín Guzmán Loera, uno de los principales generadores de violencia en México, preso actualmente en Estados Unidos, y darle la mano.

Epílogo: la espera, la esperanza

Javier Sicilia dejó de escribir poemas en 2011, tras el asesinato de su hijo Juan Francisco.

“Dejar de escribir no es una protesta –dijo dos meses después del crimen–, eso se ha malentendido. Mi silencio se trata de algo más profundo: es una meditación, es un estar recogido, aguardando, porque aunque yo sé que mi hijo está en la resurrección del Padre, yo aguardo una resurrección aquí: la resurrección del país, que la violencia y la corrupción han deshecho”.

Diez años después, la espera sigue. 

“Espero que a partir de todos estos dolores del movimiento indígena, del movimiento feminista, del movimiento de víctimas de la violencia, podamos crear la agenda común que nos permita, con un lenguaje nuevo, un lenguaje poético, derribar la muralla de Andrés Manuel; como un acto de dignidad profundamente humana, profundamente enlazados con los dolores de la historia, y formar realmente un acontecimiento político que permita, otra vez, arrinconar al poder y hacer cambios”.

“Espero que estas enseñanzas acumuladas de lucha se queden en el inconsciente de la cultura y permitan volver a articular un movimiento político, que cree un nuevo pacto social”, una nueva forma de convivir.

Eso espera. “Pero una espera –lamenta– es menos que una esperanza”.

Esta investigación fue realizada por la Unidad de Investigaciones Periodísticas de la UNAM.

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