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Jill Biden es la nueva primera dama de EU ¿qué se espera de ella en el cargo?

La nueva primera dama de EU, Jill Biden, no es tan ajena al puesto, pues fue la “segunda dama” [esposa del entonces vicepresidente Joe Biden] entre 2009 y 2017.
7 de noviembre, 2020
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De pie en un aula vacía en la que enseñó inglés en la década de 1990, Jill Biden dio un emotivo discurso en la convención del Partido Demócrata en agosto, después de que su esposo, Joe Biden, fuera nombrado oficialmente como candidato presidencial para las elecciones de EE.UU.

Al terminar su mensaje, el ahora presidente electo Biden apareció en la escena, la abrazó y elogió sus cualidades como futura primera dama de EE.UU.

“Para todos ustedes en todo el país, piensen en su profesor favorito, en el que les dio la confianza para creer en ustedes mismos. Ese es el tipo de primera dama que será Jill Biden”, dijo el entonces candidato.

Meses después, con la victoria de su marido en las elecciones, Jill Biden se proyecta como la nueva primera dama, pero no será tan ajena al cargo.

Joe Biden fue vicepresidente durante el gobierno de Barack Obama, entre 2009 y 2017, por lo que ella fue la “segunda dama” de EE.UU.

Desde esta posición, promovió causas educativas y tuvo un acceso privilegiado a Michelle Obama, la entonces primera dama. Trabajó con ella en iniciativas como “Joining Forces”, para ayudar a los veteranos de EE.UU.

¿Qué más sabemos de Jill Biden y qué podemos esperar de su trabajo mientras acompaña a su esposo en la Casa Blanca?

Vida personal

Jill Jacobs nació en junio de 1951 en el estado de Nueva Jersey. La mayor de cinco hermanas, creció en Willow Grove, un suburbio de Filadelfia.

Joe Biden y Jill Biden

Getty Images
Jill Biden ha acompañado a Joe Biden a lo largo de casi toda su carrera política.

Casada en segundas nupcias con su actual marido, antes estuvo cinco años casada con el exjugador de fútbol americano universitario Bill Stevenson.

Conoció a Joe Biden después de que éste perdiera a su primera esposa y a su hija de 1 año en un accidente automovilístico en 1972. Sus hijos Beau y Hunter sobrevivieron al accidente.

Jill cuenta que un hermano de Joe los presentó en 1975. En ese momento, él ya era senador por el estado de Delaware y ella todavía estaba en la universidad.

“Yo era estudiante de último año, y había estado saliendo con chicos que usaban jeans, zuecos y camiseta. Pero él vino a tocar la puerta vestido con un abrigo deportivo y mocasines, y pensé: ‘Dios, esto nunca va a funcionar, ni en un millón de años’. ¡Era nueve años mayor que yo!”, contó Jill en una entrevista con la revista Vogue en 2016.

“Pero fuimos a ver a ‘Un hombre y una mujer’ al cine en Filadelfia, y realmente nos llevamos bien”, agregó sobre la primera cita de la pareja.

Jill dijo también que Joe le propuso matrimonio cinco veces antes de que ella aceptara.

“No podía permitir que ellos perdieran a otra madre. Así que tenía que estar 100% segura”, explicó.

La pareja se casó en Nueva York en 1977. Su hija, Ashley, nació en 1981.

“Creo que me conoce mejor de lo que yo me conozco a mí mismo”, dijo Joe Biden sobre su esposa en una entrevista en agosto con la periodista Rita Braver, de la cadena CBS, socia de la BBC en EE.UU.


“‘¿Cómo conseguiste este numero? Esas fueron las primeras palabras que le dije a Joe cuando me llamó de la nada un sábado de 1975. Esta noche estaré hablando en la Convención Demócrata. ¡Espero que sintonicen!“, escribió Jill Biden antes de su participación en la Convención.


Cuando dio su mensaje para respaldar la candidatura de su esposo, Jill Biden habló sobre su familia y las luchas que han enfrentado.

“Sé que si le confiamos esta nación a Joe, él hará por tu familia lo que hizo por la nuestra: unirnos y sacarnos adelante en momentos de necesidad, cumplir la promesa de Estados Unidos para todos nosotros”, dijo durante su discurso.

Pero su mensaje no solo buscaba promover a su esposo. El pronunciarlo desde un aula de clases fue un guiño a su larga carrera en la educación y un gesto simbólico de las preocupaciones que tendría como primera dama de EE.UU.

La maestra

Jill Biden, de 69 años, tiene una licenciatura y dos maestrías, y obtuvo un doctorado en educación en la Universidad de Delaware en 2007.

Jill Biden en la Convención Demócrata

EPA
Jill Biden dio su mensaje en la Convención Demócrata desde una de las aulas en las que había enseñado.

La próxima primera dama ha pasado décadas trabajando como profesora. En los años 80, enseñó inglés en un hospital psiquiátrico para adolescentes.

Entre 1991 y 1993, enseñó inglés en la escuela secundaria pública Brandywine, de Delaware. El discurso en la Convención Demócrata lo dio precisamente en el que había sido su antiguo salón de clases en esta escuela.

Los siguientes 15 años, Jill Biden fue profesora en el colegio comunitario Delaware Technical & Community College.

Tras el triunfo de Obama y Biden en 2009, se mudó a Washington D.C., pero siguió enseñando inglés en el Northern Virginia Community College

“Enseñar no es lo que hago. Es lo que soy“, tuiteó antes del discurso de la Convención.

Pero sus actividades durante el gobierno de Obama se extendieron mucho más allá de las aulas, pues al mismo tiempo que enseñaba, cumplió sus tareas como segunda dama.

Política

En este cargo, se dedicó a promover los colegios comunitarios (centros de educación superior de EE.UU.), a los que siempre se refirió como “uno de los secretos mejor guardados de EE.UU.”, según la página de la Casa Blanca de Obama.

Jill Biden, Joe Biden y sus hijos Hunter y Beau Biden.

Getty Images
Jill Biden se mudó a Washington D.C. cuando su esposo juró como vicepresidente, pero siguió enseñando.

En 2010, fue anfitriona de la Cumbre de la Casa Blanca sobre Colegios Comunitarios, que buscaba “resaltar el papel de los colegios comunitarios en el desarrollo de la fuerza laboral de EE.UU.”.

También se dedicó a la defensa de las familias militares y, junto con Michelle Obama, lanzó la iniciativa “Joining Forces”, para ayudar a los veteranos y sus familias a acceder a programas educativos y recursos laborales.

Además, en 2012, publicó un libro para niños llamado “Don’t Forget, God Bless Our Troops” basado en la experiencia de su nieta Natalie, hija de Beau Biden, de estar en una familia militar.

Beau, quien murió de cáncer en 2015, había estado desplegado con la Guardia Nacional en Irak en 2008, durante un año.

Otra de las líneas de acción de Jill Biden ha sido la lucha contra el cáncer de mama, incluso desde antes de ser segunda dama.

En 1993, fundó la Iniciativa Biden para la Salud de Mamas, para crear conciencia sobre la detección temprana, después de que cuatro amigas fueran diagnosticadas con este cáncer, según cuenta la Casa Blanca.

¿Qué hará ahora que estará en el centro de los reflectores como Primera Dama?

Qué se espera

Jill Biden será una primera dama “activa”, cree Mark Johnson, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Rice, de EE.UU.

Aunque no será “política” en el sentido partisano como lo fue Hillary Clinton, pues eso la convertiría en blanco de ataques, aclara el experto.

Jill Biden

Getty Images
Como segunda dama, Jill Biden promovió causas como la educación, la prevención del cáncer de mama y los servicios de salud y laborales para los veteranos y sus familias.

“Esperaría que siguiera más el patrón de Michelle Obama, que se involucró en actividades políticas, pero en aquellas que eran más unificadoras que divisivas, como enfocarse en los veteranos, el bienestar infantil, pero no en tratar de que se aprobara un seguro de salud para todos o algo que fuera más político”, comenta Johnson.

“Y si queremos sacar algo de su discurso de la Convención, es que la educación es un tema importante para ella, así que esperaríamos que se enfoque en esto durante su gestión”, dice también.

Karen Kedrowski, directora del Centro Carrie Chapman Catt de Mujeres y Política de la Universidad del Estado de Iowa, también cree que Jill Biden se dedicará a temas educativos.

“Tiene un doctorado en Educación y ha enseñado mucho tiempo en colegios comunitarios así que es especialmente defensora de estos colegios y de cómo les sirven a los estudiantes que de otra forma no accederían a educación superior”, dijo la experta a BBC Mundo.

En la entrevista de agosto con CBS, la periodista Rita Braver le preguntó a Jill Biden si creía que seguiría enseñando en el caso de convertirse en primera dama.

“Eso espero”, respondió.

“¿En serio?”, replicó Braver.

“Me encantaría. Si llegamos a la Casa Blanca, voy a seguir enseñando. Es importante, y quiero que la gente valore a los profesores y conozcan sus contribuciones y elevar la profesión”, dijo Jill Biden.

Pero el profesor Johnson cree que si de verdad siguiera enseñando, sería solo de manera simbólica.

“Si de verdad lo hace, será puramente simbólico porque puede tener un efecto más positivo desde su plataforma como primera dama”, dijo el analista.

Pero Kedrowski ve difícil la logística de que Jill Biden continúe enseñando, por las demandas de tiempo de su cargo en la Casa Blanca y porque si enseñara en persona, “los agentes del servicio secreto” tendrían que estar en la escuela en la que trabaje.

Además, ninguna primera dama de EE.UU. ha mantenido otro trabajo mientras ha estado en la Casa Blanca.

Joe Biden y Jill Biden

Getty Images
Jill Biden hizo una activa campaña por su esposo, Joe Biden.

Pero como demostró durante sus años como “segunda dama”, Jill Biden también tiene otras áreas de interés además de la educación.

“También es muy activa en la prevención del cáncer de mama. Creo que también es probable que continúe con la iniciativa de Michelle Obama para promover la actividad física. Ella es una corredora, así que le interesan esos temas. Imagino que además seguirá trabajando para proveer servicios a los familiares de los veteranos”, opinó Kedrowski.

En una entrevista con la cadena CNN en septiembre, Jill Biden dijo que “relanzaría ‘Joining Forces'”.

“ le pregunté a Beau en qué deberíamos estar trabajando Michelle y yo y me dijo ‘en salud mental’, así que necesitamos expandir los servicios de salud mental para los miembros de los servicios ”, dijo a CNN y agregó que las escuelas también necesitan lo mismo.

En opinión del profesor Johnson, Jill Biden haría bien en seguir promoviendo estas causas pues “son temas que unen a la gente”.

Experiencia previa

Además de las áreas de preocupación de Jill Biden, Johnson destaca la ventaja que le confiere el haber sido segunda dama durante ocho años.

Jill Biden y Michelle Obama

Getty Images
Jill Biden tuvo una relación cercana con Michelle Obama mientras fueron segunda y primera dama, respectivamente.

“Luego de ver durante ocho años a Michelle Obama, tiene una idea clara de las responsabilidades y retos de una primera dama”, dijo el experto.

“Obama fue una primera dama muy exitosa y Jill Biden tiene el lujo de haberla visto de cerca, así que uno esperaría que emule muchas de las prácticas exitosas de su antecesora”, añadió.

A diferencia de Melania Trump, que eligió un estilo más reservado que otras primeras damas, Jill Biden está más acostumbrada a estar en el ojo público, señala Kedrowski.

“Entiende el poder de una primera dama para promover causas”, dice la experta.

Johnson cree que Biden “está mejor preparada que quizá cualquier otra primera dama aparte de Barbara Bush ”.

“Y creo que Jill Biden tuvo una mejor relación, más cercana con Obama, que Barbara Bush con Nancy Reagan”, señala.

Entonces Johnson piensa que Jill Biden “junto a Barbara Bush será la primera dama más experimentada que hemos tenido”.

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BBC

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Cuartoscuro

El incierto papel del Cártel de Sinaloa en la estrategia para acabar con los Zetas en La Laguna

Investigación de Sergio Aguayo y Jacobo Dayán pone sobre la mesa la coincidencia de objetivos entre diversas autoridades y Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, durante la época más violenta en La Laguna.
Cuartoscuro
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El debilitamiento de los Zetas tuvo un impacto determinante en la reducción de la violencia en La Laguna durante la época de mayor tasa de homicidios, entre 2008 y 2014. El estudio “La reconquista” de La Laguna, elaborado por Sergio Aguayo, Jacobo Dayán y Javier Garza, revela una coincidencia de intereses que permitieron que diversos actores trabajasen en una misma dirección: acabar con el grupo criminal que se consideraba más despiadado.

Las autoridades reorientaron sus políticas públicas hacia una mayor coordinación policial y una mayor apuesta por la inteligencia, la sociedad civil presionó y ejerció de contrapeso y el gobierno de Estados Unidos se sumó a la ofensiva con operativos en su territorio. Sin embargo, hubo también otro actor que participó: el Cártel de Sinaloa enfrentado con Los Zetas para controlar la plaza

Leer más | Coordinación, cambios culturales y ataques financieros: Así se redujo la violencia del narco en La Laguna

¿Hasta qué punto la organización dirigida por Joaquín “el Chapo” Guzmán Loera intervino en el hostigamiento hacia Los Zetas? ¿Formó parte de la estrategia de forma deliberada o solo se trata de una coincidencia de objetivos? Estos son algunos de los interrogantes que la investigación deja sobre la mesa.

No fue hasta la etapa final del trabajo que Estados Unidos detuvo a Genero García Luna, exsecretario de Seguridad Pública durante el gobierno de Felipe Calderón (2006-2012), y le acusó de trabajar para el Cártel de Sinaloa. “Es inevitable mencionarlo porque, de confirmarse, habría que reinterpretar algunos capítulos de las guerras del narco. Por ahora, es prematuro dar por buena la acusación y resulta imposible establecer el papel que desempeñó el entonces secretario de Seguridad Pública en el cambio de estrategia que, es evidente, también favoreció al Cártel de Sinaloa”, dicen los investigadores.

“Los gobiernos de Estados Unidos y México sí tuvieron un pacto explícito, llegaron a acuerdos, había una lectura común. No sabemos si el pacto con Sinaloa fue tácito, explícito, a nivel local o nacional. Y aquí entra como variable Genaro García Luna”, explica Sergio Aguayo, uno de los autores de la investigación.

Jacobo Dayán, por su parte, recuerda que formularon la pregunta directa a Guillermo Valdés, exdirector del entonces Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisén),durante una conferencia en el Colmex. “Él insiste en que la decisión (de cambio de estrategia) no pasó por García Luna. Lo dijo incluso un poco molesto”, recuerda. 

Hasta el momento, no se ha podido probar que el exsecretario de Seguridad Pública con Calderón tuviese un papel determinante en este cambio de estrategia como parte de su presunta colaboración con Sinaloa. No obstante, en la acusación formulada en su contra por la corte del Distrito Este de Brooklyn, Nueva York, las autoridades estadounidenses consideran que tanto García Luna como Luis Cárdenas Palomino y Ramón Pequeño García “eran funcionarios de alto nivel del gobierno mexicano que protegían el cártel a cambio de millones de dólares en pagos de sobornos”. Entre las actividades que se les imputan está “acordar no interferir con la droga del Cártel”, “brindar acceso a información confidencial de las fuerzas del orden sobre operaciones policiales contra el Cártel de Sinaloa” o “dirigirse a miembros de cárteles rivales para arrestarlos y proporcionar información confidencial sobre las fuerzas del orden sobre el cartel rival”. 

Entérate: Estos son los cargos por los que está acusado Genaro García Luna en EU

Habrá que ver si en el juicio que se sigue actualmente en Nueva York aparecen nuevas evidencias que apuntalen esta teoría. 

Diferencias entre Sinaloa y Zetas

El contexto que explica la violencia en La Laguna (una zona metropolitana formada por los municipios de Torreón y Matamoros, en Coahuila, y Gómez Palacio y Lerdo, en Durango) es el enfrentamiento entre el Cártel de Sinaloa y Los Zetas. Esto, al menos, durante la primera etapa, hasta 2012. Después se produce una segunda ola de violencia entre los hombres del Chapo Guzmán y un grupo conocido como Cártel del Poniente, un pequeño grupo local que controlaba una zona de cerros y que en algún momento se alió con Sinaloa contra los Zetas para luego enfrentarse con sus antiguos socios. 

¿Por qué actuar contra Los Zetas? El trabajo plantea dos explicaciones. Por un lado, por la extrema violencia empleada por el grupo criminal. Por otro, porque su modelo de negocio va más allá del narcotráfico para terminar explotando a la población a través de extorsiones como el cobro del ‘derecho de piso’. 

Históricamente La Laguna fue territorio controlado por el Cártel de Juárez. De hecho, Rafael Aguilar Guajardo y Amado Carrillo Fuentes tuvieron residencias en La Laguna en los años ochenta del siglo pasado. Cuando Juárez rompe con Sinaloa en los primeros años 2000, es el Chapo Guzmán quien se queda con la plaza. Poco después, sin embargo, llegarán los Zetas desde Tamaulipas para disputar el territorio. Así comienza la guerra entre ambas organizaciones que lleva a La Laguna a ser uno de los territorios más violentos y a Torreón una de las ciudades con mayores índices de asesinatos del mundo.  

Aunque no hay evidencias documentales sobre la posible colaboración explícita entre autoridades y Cártel de Sinaloa, la investigación del Colmex enumera varias pistas.

La primera llega desde Estados Unidos y lo plantea directamente Guillermo Valdés, exdirector del Cisén. Según explica, Washington proporcionó trabajo de inteligencia contra los Zetas y atacó las finanzas del grupo al otro lado del Río Bravo. También relata un episodio que, al menos, pone en evidencia que la Casa Blanca tenía también sus preferencias entre el crimen organizado mexicano.

“En 2012-2013 detuvieron a un hermano de Treviño (Miguel Treviño, el Z-40) con unos ranchos de caballos en Kentucky. También detenían en las ciudades texanas a los distribuidores de la cocaína de los Zetas y les decían, ‘si tú vendes cocaína del Sinaloa no te voy a detener, pero si vendes de los Zetas sí te voy a detener’. ¿Cuál era el mensaje? Que los distribuidores en Texas decían yo no quiero coca de los Zetas y entonces se les caían las ventas y eso era un castigo organizacional para los Zetas”.

Chapos o federales: “lo bueno es que ya se lo chingaron”

“En la ‘reconquista’ de La Laguna hubo excesos gubernamentales que organizaciones de derechos humanos nacionales e internacionales han catalogado como crímenes contra la humanidad. Fue una guerra sin cuartel en la cual el Cártel de Sinaloa y el gobierno tenían el mismo objetivo sin que tengamos evidencia de un acuerdo explícito. Era un entendimiento tácito que apareció insinuado en las conversaciones”, dice la investigación.

La siguiente pista la proporciona un periodista que pide anonimato. Cuenta que los federales perseguían a una persona vinculada a los Zetas cuando el hombre apareció ejecutado en su casa. Así que el periodista preguntó a un mando militar si lo “habían matado fuerzas federales o los chapos”. La respuesta del militar fue que “los chapos, pero no importa, lo bueno es que ya se lo chingaron”. “Ese tipo de comentarios indicaban que el gobierno y el Cártel de Sinaloa tenían el mismo objetivo: acabar con los Zetas”, dicen los investigadores.

Un mando militar, al que tampoco se identifica, asegura que “recibía información de inteligencia federal para ‘ejecutar’ a los Zetas, ya que a nivel estatal-municipal no tenían información”. Preguntado por si esta práctica sería el equivalente a “salir de cacería”, él responde afirmativamente. “Por lo tanto, es posible considerar la hipótesis de una alianza implícita entre las fuerzas gubernamentales y los sicarios del Cártel de Sinaloa”, dice el texto de Aguayo, Dayán y Garza. 

“Si ubicamos estos comentarios en el contexto de la reciente detención de Genaro García Luna por colaborar con el Cártel de Sinaloa, ¿hasta qué punto influyó la presunta complicidad del entonces secretario de seguridad pública en el viraje? Después de todo, el Cártel de Sinaloa era uno de los más interesados en acabar con la amenaza Zeta y su modelo de negocios”, afirma el documento.

Ahora que los márgenes de seguridad han mejorado, los investigadores consideran que hay que tomar en cuenta “el espinoso asunto del Cártel de Sinaloa, el protagonista silencioso de la coalición anti-Zetas”. En este sentido, Javier Garza recuerda que los “operativos empezaron a concentrarse en lugares con presencia de los Zetas”. A su vez, recuerda una frase que escuchó a un militar de alto rango, quien dijo que el Ejército reforzaría el “combate a los Zetas aun si eso implicaba descuidar ‘a los de enfrente’”. A pesar de las sospechas, los investigadores son claros: “Carecemos de evidencia para asegurar si hubo un pacto explícito entre autoridades y el cártel”. 

Tanto Aguayo como Dayán y Garza insisten en poner en valor elementos de aquella nueva estrategia como la participación de la sociedad civil. Sin embargo, parece evidente que las autoridades no compartían esta visión. Por ejemplo, indican los investigadores que “los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto guardaron silencio sobre una información tan fundamental como la decisión de dar prioridad al ataque a los Zetas”.

Entrevistado por los autores del documento, Alejandro Hope reconoce que “jamás se aclaró que se estaba haciendo una redefinición estratégica de fondo por temor a que se acusara al gobierno de favorecer al Cártel de Sinaloa. El gobierno federal seguramente sí compartió esa información con el gobernador Rubén Moreira y con los grandes empresarios. Los que no estuvieron enterados fueron la prensa, las víctimas y la Iglesia”, dice la investigación. 

La violencia en La Laguna ha retrocedido a los niveles de 2006, antes de que se desatase la guerra. Al contrario que en otros municipios como Monterrey o Tijuana, donde épocas de pacificación fueron seguidas por un recrudecimiento de la violencia, La Laguna es un oasis en un país en el que cada año se incrementan los asesinatos. Esto también tiene una explicación. La situación de la zona ha regresado al estado anterior al enfrentamiento, es decir, bajo control del Cártel de Sinaloa. Es evidente que ellos eran uno de los actores más interesados en que, como ocurrió, los Zetas fuesen descabezados.

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