Cómo es el kawésqar, el idioma que solo hablan 8 personas en el mundo
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Cómo es el kawésqar, el idioma que solo hablan 8 personas en el mundo

¿Qué particularidades tiene el idioma nativo de los kawésqar? ¿Cuál es su origen y sus características más importantes? Aquí te lo contamos.
27 de abril, 2022
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Entre laberínticos archipiélagos australes —donde los vientos, las lluvias y el frío no dan tregua—, vivían los kawésqar.

El grupo nómada pasaba gran parte del día en sus canoas (o hallef) recorriendo los canales entre el golfo de Penas y el estrecho de Magallanes, rodeados de densos bosques y en busca de lobos marinos, nutrias, aves y moluscos para alimentarse.

Los hombres eran los responsables de la caza terrestre (que incluía el icónico huemul) y marítima, mientras las mujeres recolectaban mariscos mediante el buceo, para lo que cubrían su piel con grasa de lobo marino.

Al igual que el resto de los pueblos originarios que poblaron América hace miles de años, los kawésqar tenían su propia lengua, marcada profundamente por su geografía. Eso explica, por ejemplo, por qué tenían 32 maneras de decir “aquí”.

Pero con el paso del tiempo y la llegada de los colonos a esta zona austral de Chile, denominada Patagonia Occidental, el grupo étnico sufrió una transformación brutal: no sólo abandonó su vida nómada —estableciéndose en Puerto Edén, una pequeña villa situada al sur del golfo de Penas—, sino que también relegó a segundo plano su idioma.

Kawésqar

Internet Archive Book Images
Según el Museo Chileno de Arte Precolombino, los kawéskar (también llamados “alacalufes” por algunos investigadores) fueron vistos por primera vez en 1526 por la expedición del marino español Francisco José García Jofré de Loaysa.

Y es que aprender español se volvió una necesidad para ellos y, así, poco a poco se llegó a un punto crítico: hoy, solo ocho personas hablan su lengua originaria.

Cuatro de ellas son ancianos. Tres nacieron en la década de 1960 —la última generación que adquirió la lengua desde la infancia—, y solo uno, que no es miembro del grupo étnico, lo habla: Oscar Aguilera.

El etnolingüista chileno de 72 años lleva casi 50 intentando salvar este idioma, registrando el vocabulario, grabando durante horas archivos sonoros y documentando el léxico.

Ahora hay otra persona que no es de la comunidad interesada en aprender su gramática: la pareja del próximo presidente Gabriel Boric y futura primera dama, Irina Karamanos.

La dirigenta feminista se ha comunicado con Aguilera con el fin de investigar más del tema. Para ella, los chilenos tienen una relación “deficiente” con sus comunidades y pueblos indígenas, y aprender de su léxico es una forma de acercarse a ellos.

Pero ¿qué particularidades tiene este idioma nativo? ¿Cuál es su origen y sus características más importantes?

Aquí te lo explicamos.

¿Cuál es el origen del kawésqar?

Los lingüistas e investigadores siempre intentan responder la misma pregunta: ¿de dónde vienen las lenguas de los pueblos, cuál es su verdadero origen?

Kawéskar

Oscar Aguilera
Mujer kawéskar en Puerto Edén.

En el caso del kawésqar —así como de muchas otros hablas indígenas—la respuesta aún no está clara.

Esto se explica en parte porque se le considera una lengua “aislada” o “no clasificada”.

Es decir, no forma parte de una familia lingüística ni tiene vínculos con ninguna otra lengua viva (como sí lo tiene, por ejemplo, el español, que procede del latín y es parte de las lenguas romances).

Al ser “aislada” es más difícil descubrir de dónde vienen sus palabras, su estructura o su gramática.

Aunque se cree que los kawéskar habitan la Patagonia Occidental hace unos 10 mil años, el primer testimonio que se conoce de su lengua aparece recién entre los años 1688 y 1689, elaborado por el aventurero francés Jean de la Guilbaudière.

Según el Museo Chileno de Arte Precolombino, hacia el siglo XIX su población alcanzaba las 4 mil personas, y la mayoría hablaba el idioma ancestral.

A fines del siglo XIX, sin embargo, su población descendió abruptamente a 500 personas y luego a 150 en la década de 1920.

Actualmente, hay cerca de 250 kawéskar en la región de Magallanes, pero son monolingües —hablan solo español— y no dominan la lengua de sus antepasados.

¿Qué características tiene?

Por sus características morfológicas, el kawéskar es una lengua aglutinante (al igual que el turco y otras) y polisinética; es decir, tiene “palabras, oraciones o frases” que no se pueden traducir con una sola palabra al español.

“No hay una equivalencia de uno a uno, como por ejemplo, el table inglés y el ‘mesa’ español. En kawésqar tenemos palabras como jerkiár-atǽl, un verbo que significa ‘el movimiento que hace el mar de flujo y reflujo'”, le explica Oscar Aguilera a BBC Mundo.

Puerto Edén.

Oscar Aguilera
En Puerto Edén viven unos 200 kawéskar actualmente.

A pesar del amplio contacto de los kawésqar con los colonos, se resisten a aceptar préstamos del español. Así, han creado sus propias palabras para llamar, por ejemplo, a los aparatos han ido adquiriendo (como el televisor o el teléfono).

Las pocas palabras que se han adoptado del español han sufrido una “nativización”; es decir, una transformación a la fonética kawéskar.

Es el ejemplo de “barco”, que se dice jemmáse pero también wárko. La “b” en castellano se reemplaza por la “w”, pues no existe el sonido “b” en kawésqar.

Además, hay un lado cultural que, según Aguilera, “difiere notablemente de la manera en como nosotros nos expresamos”.

Si el kawésqar no tiene certeza de lo que dice, no lo dice. Siempre usa el condicional. Culturalmente ellos rechazan la falta de veracidad, es sancionada por el grupo. La persona que miente se la señala con el dedo”, explica.

Así, por ejemplo, los kawésqar nunca dirían que tal persona los llamó desde Londres. Como no tienen seguridad de que esa persona estaba en Londres (porque no lo ven), dirían “me habría llamado” desde Londres.

¿Por qué está en peligro de extinción?

Al ser hablado solo por ocho personas, está entre las lenguas que la Unesco considera en vías de extinción.

“El problema es que, en términos generales, no es una lengua práctica. Es mejor aprender español o estudiar inglés”, dice Aguilera.

Según el experto, entre las razones que explican por qué el español penetró tan fuerte entre los kawésqar está la comercialización de sus productos con los nuevos habitantes de la zona.

Oscar Aguilera

Oscar Aguilera
El etnolingüista Oscar Aguilera se mudó a Punta Arenas en 2015. Hoy es profesor de la Universidad de Magallanes.

Además, de acuerdo al especialista, se sentían discriminados por los pueblos aledaños, como los chilotes (habitantes de la isla de Chiloé).

“Los chilotes los miraban en menos e incluso se reían de cómo hablaban su idioma. Entonces ellos decidieron no hablar más su idioma en público, sino que solamente en la casa”, explica el lingüista.

El Estado de Chile tampoco ha priorizado su rescate o sobrevivencia. Hasta el día de hoy no hay suficientes incentivos para revitalizar el idioma. La única escuela que hay en Puerto Edén, por ejemplo, enseña en español.

“Hay algunas personas que están haciendo esfuerzos por aprender la lengua, pero la falta de continuidad y persistencia, además de tratarse de una lengua gramaticalmente tan diferente del español, lo hace difícil para ellos”, cuenta Aguilera.


La fascinante historia de Oscar Aguilera

En el invierno de 1975, Oscar Aguilera emprendió una aventura que cambiaría su vida para siempre.

Siendo un joven inexperto, recién egresado de Filología Clásica, Germanística y Lingüística de la Universidad de Chile, decidió viajar a Puerto Edén, el lugar donde viven actualmente los kawésqar.

“Quedé muy impresionado porque me habían pintado un cuadro completamente distinto. Me imaginaba que me iba a encontrar con personas vestidas con pieles, casi con harapos, y viviendo en chozas icónicas. Pero no, ellos vivían en casas común y corrientes, y se vestían igual que yo”, dice.

En ese viaje —que se extendió por todo el invierno— conoció a la familia Tonko, quienes lo ayudaron a comenzar con el registro de la lengua, compartiendo con él largas jornadas de grabación.

Al año siguiente, publicó un primer léxico que perdura hasta el día de hoy.

Oscar Aguilera (operando la grabadora) junto al equipo de investigación y un miembro kawésqar (el de más a la derecha) en Puerto Edén, 1975.

Oscar Aguilera
Oscar Aguilera (operando la grabadora) junto al equipo de investigación y un miembro kawésqar (el de más a la derecha) en Puerto Edén, 1975.

La fascinación de Aguilera con los kawésqar fue tal que siempre encontró razones para volver.

Y así es como decidió embarcarse en una segunda expedición, de la cual volvió con dos miembros de la comunidad a su casa en Santiago, donde vivía con sus padres y su abuela.

Estuvieron viviendo con nosotros durante cuatro meses. Mi familia los recibió bien, los aceptaron”, afirma.

Aguilera era en ese entonces profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad de Chile.

Cada tarde, cuando se acababan las clases, se quedaba con los dos kawésqar grabando parte de su léxico y registrando información etnográfica.

Luego, regresaron todos juntos a Puerto Edén.

“A mí me gustaba ir porque la lengua de una comunidad tiene un componente cultural muy importante. Así que me dediqué no solo a salvar el idioma sino también al rescate cultural que implica mucho más, toda la forma de vida y el testimonio propio de ellos”, explica.

La mayoría de los kawéskar que conoció en esos viajes hablaban español pero con distintos grados de competencia. Los más ancianos, por ejemplo, solían tener más interferencia de su lengua materna, cometiendo errores como la no diferenciación entre el singular y el plural.

Oscar Aguilera grabando el idioma kawéskar con uno de sus hablantes en 2009.

Oscar Aguilera
Oscar Aguilera grabando el idioma kawéskar con uno de sus hablantes en 2009.

El académico reconoce que se enamoró de su gente.

“Hice todo lo contrario a lo que los libros de texto le recomendaban a un investigador: ‘Usted saque información, describa la lengua y váyase’. Yo me involucré con la comunidad”, dice.

“Adopción mutua”

En los años 80, la relación entre Oscar Aguilera y los kawésqar se profundizó aún más cuando decidió adoptar a dos niños de la comunidad para que recibieran una buena educación en Santiago.

Los niños pertenecían a la familia de los Tonko. En total, eran ocho hermanos. Uno de ellos, José, amaba la lectura.

“Con el permiso de sus padres, le compré un pasaje a Puerto Montt y lo fui a buscar para irnos a Santiago. Ingresó a la escuela, al Liceo Alessandri, donde yo también había estudiado”, cuenta.

José Tonko

Oscar Aguilera
José Tonko.

Cuatro años después, el hermano de José, Juan Carlos, también se fue a vivir a Santiago con Aguilera. Vivían todos juntos en una casa que el académico arrendaba en la comuna de providencia.

“Yo los adopté. Es que su familia había sido muy buena conmigo, me recibieron siempre como si fuera parte de ellos. Así que en realidad fue una adopción mutua”.

Cuando cumplieron 18 años, José y Juan Carlos ingresaron a la universidad. El primero, estudió Trabajo Social y Antropología, y el segundo, periodismo.

“Ellos son mi familia”

Actualmente, los hermanos —que bordean los 60 años— viven en la ciudad de Punta Arenas, al igual que Aguilera, quien dicta seis cursos en la Universidad de Magallanes.

“Hasta el día de hoy ellos son mi familia. Es como si fueran mis hijos, me cuidan y yo los cuido”.

Ambos han trabajado con él en la ardua tardea de rescatar el idioma.

José es coautor de distintas publicaciones —como “Gente de los canales” (2019)—, y ha colaborado en la creación de un diccionario kawésqar-español, que aún no logran terminar.

Además, entre 2007 y 2010, redactaron un texto y un archivo sonoro que se encuentra hoy en la Universidad de Texas, en Austin, Estados Unidos, y en la Universidad James Cook, en Australia.

Sin embargo, el lingüista cree que aún falta mucho por hacer.

José Tonko y Oscar Aguilera en Puerto Edén, año 2009.

Oscar Aguilera
José Tonko y Oscar Aguilera en Puerto Edén, año 2009.

“Detrás de las lenguas hay un gran conocimiento y por eso se deben preservar, porque albergan información única sobre el medioambiente donde vive la gente que lo habla”, dice.

De cara al futuro del idioma, su esperanza está depositada en la futura primera dama, Irina Karamanos.

Quizás su interés —dice— ayude a revitalizar realmente la lengua de quienes considera su verdadera familia.


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Cuartoscuro

El INE detecta que Morena creó un fideicomiso millonario para comprar inmuebles

La Comisión de Fiscalización del instituto encontró que, a pesar de que Morena critica los fideicomisos, constituyó uno con recursos de sus comités estatales para poder comprar inmuebles.
Cuartoscuro
26 de febrero, 2022
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Aunque de manera pública Morena se ha opuesto a la figura de los fideicomisos, al considerarlos instrumentos opacos y sin reglas de operación, el Instituto Nacional Electoral (INE) documentó que el partido constituyó en 2020 un fideicomiso con 372.4 millones de pesos de recursos públicos para la adquisición de inmuebles en los estados.

La Comisión de Fiscalización del INE encontró también que dicho fideicomiso se conformó de manera irregular con recursos de los comités estatales de Morena que fueron transferidos en efectivo al Comité Ejecutivo Nacional (CEN).

En total, la dirigencia nacional recibió transferencias de 21 comités estatales por mil 239.4 millones de pesos, de los cuales 372 millones fueron depositados en el fideicomiso F4117560, creado en BBVA Bancomer el 28 de diciembre de 2020, es decir, tres días antes de que concluyera el ejercicio fiscal y al poco tiempo de que Mario Delgado asumiera la cabeza del partido.

El INE detectó que el PAN y el PT también incurrieron en la irregularidad de traspasar recursos estatales a sus arcas nacionales, aunque solo Morena decidió guardar los fondos en un fideicomiso privado. Este fue abierto con el objeto de adquirir, realizar mejoras o reconstruir inmuebles de su propiedad, así como para contratar arrendamientos operativos y financieros.

Lee: Morena paga 9.7 mdp anuales de renta en las oficinas de Mario Delgado

El artículo 150 del Reglamento de Fiscalización establece que las transferencias de los comités estatales al CEN de un partido solo pueden efectuarse por tres supuestos: para pago de proveedores, pago de prestadores de servicios y pago de impuestos, lo que significa que Morena incurrió en una irregularidad al constituir su fideicomiso inmobiliario.

Los comités estatales que más aportaciones indebidas hicieron al fideicomiso fueron el de la Ciudad de México, que inyectó 90 millones; Veracruz, con 32 millones; Oaxaca, con 24 millones; Tamaulipas, con 22 millones, e Hidalgo, con 19.4 millones.

Con los recursos ingresados al fideicomiso desde Baja California Sur, la CDMX, Morelos y Tamaulipas, se adquirieron cinco inmuebles por un valor conjunto de 75.3 millones. El más costoso fue el de la capital del país, por 37 millones.

El Consejo General del INE determinó que los recursos del partido destinados al fideicomiso deberán ser regresados nuevamente a los comités estatales, ya sea con los inmuebles adquiridos o en efectivo.

Críticas al doble discurso

El descubrimiento del fideicomiso de Morena provocó críticas de consejeros electorales y representantes de partidos de oposición.

“La revisión de los informes de ingresos y egresos de 2020 mostró una incongruencia en las prácticas internas de un partido político y sus planteamientos públicos, ya que, mientras que se ha sostenido públicamente un discurso con un sistemático ataque a los fideicomisos que utilizan distintas instituciones públicas, ese partido sí los utiliza para el manejo de los recursos financieros que recibe”, expuso Jaime Rivera, presidente de la Comisión de Fiscalización.

“Creo que, en congruencia, habría que reconocer que los fideicomisos son instrumentos financieros que no son malos per se, sino que son instrumentos que pueden ser útiles para transparentar el uso de recursos asignados a una institución si se manejan conforme a la ley y con probidad”.

Ciro Murayama, integrante de dicha comisión, consideró que, con la creación del fideicomiso, Morena pretendió eludir retornar a la Tesorería de la Federación los remanentes de los fondos no ejercidos en el año fiscal.

“Lo que el partido pretendió fue evadir la obligación de reintegrar a los erarios púbicos los recursos no ejercidos a nivel local, pues las acreditaciones locales contabilizaron la salida de recursos al CEN como un egreso, a efecto de que dicho recurso ya no se considerara un remanente, y las transferencias recibidas por el CEN, como no provinieron del financiamiento público federal, tampoco se consideraron remanentes”, dijo.

“A lo largo de 2020, Morena renunció a 826.9 millones de pesos de financiamiento público federal, así que mientras, por un lado, se anunciaba con bombo que se renunciaba al financiamiento federal, se absorbía el financiamiento local por mil 239 millones de pesos, quedándole un saldo a favor al partido de más de 412 millones de pesos”.

El consejero Uuc-kib Espadas hizo notar que, mientras militantes de Morena han criticado públicamente los fideicomisos del INE para infraestructura inmobiliaria, el mismo partido creó uno idéntico con la misma finalidad.

“¿Un partido político con 30 millones de votos está legitimado para hacer un fideicomiso, pero una institución que protege los derechos políticos de 92 y medio millones de electores ya registrados y más de 30 millones de potenciales electores no es legítimo? Es un punto de vista que no puedo compartir”, afirmó.

El representante de Morena, Mario Llergo, señaló que el partido consideró necesario constituir el fideicomiso para conformar un “activo fijo” y dotar de las condiciones físicas adecuadas a sus comités estatales. Además, dijo, se reportó en tiempo a la Unidad Técnica de Fiscalización la creación del mismo.

Para defender la operación del instrumento financiero, detalló que el comité de Baja California Sur transfirió al CEN 8.4 millones de pesos, mismos que fueron depositados al fideicomiso. Posteriormente, dijo, el CEN compró por 7.6 millones un inmueble que luego fue entregado al comité estatal.

“Para explicarlo de la manera más sencilla: el Comité Estatal de Baja California aportó, vía transferencia, un recurso en efectivo, y el Comité Ejecutivo Nacional lo devolvió en especie. ¿Dónde está la ilegalidad en esta operación?”, cuestionó.

La consejera Norma de la Cruz indicó que el fideicomiso es una figura jurídica contemplada como lícita en materia de fiscalización.

“El fideicomiso en comento genera la buena práctica de adquirir inmuebles para los sujetos obligados; es decir, adquieren un activo que contribuye a terminar con el pago de arrendamientos de inmuebles, que generalmente son cuantiosos”, sostuvo.

Por ello, añadió, si bien la forma de operación es incorrecta, el origen, el monto, el destino y la aplicación de recursos son conocidos.

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