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La edad a la que somos más infelices, según la ciencia (y cuál es la buena noticia)

Una investigación realizada en 134 países llegó a la conclusión de que en la mitad de la vida la percepción de bienestar disminuye... pero no dura para siempre.
15 de enero, 2020
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La llamada crisis de los 40 dejó de ser un mito. Al menos según una extensa investigación en 134 países hecha por el economista David Blanchflower, profesor de la Universidad Dartmouth College y exmiembro del Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra.

Según el estudio, publicado esta semana por la Oficina Nacional de Investigación Económica de Estados Unidos, existe una “curva de la felicidad” que está presente en la mayor parte de los países.

No deja de ser sorprendente que en contextos culturales tan distintos el patrón se repita: nos sentimos mejor en la adolescencia, somos más infelices hacia finales de los 40 y luego valoramos el sentido del bienestar cuando nos acercamos a la vejez.

Básicamente, lo peor está en el medio, mientras que los mayores momentos de bienestar se encuentran en la etapa inicial de la vida y después de los 50.

La extensa base de datos analizada -a partir de encuestas internacionales que miden el bienestar de las personas utilizando distintas metodologías- arrojó que en promedio, la edad más infeliz de la gente en los países desarrollados son los 47,2 años, mientras que en los países en desarrollo es 48,2.

“Es algo que los humanos tenemos profundamente arraigado en los genes”, le dice a BBC Mundo el autor del estudio. “Los monos también tienen una curva de de la felicidad en forma de U”.

A los 47 la gente se vuelve más realista, ya se dieron cuenta que no van a ser el presidente del país”, dice Blanchflower.

Anciana en una piscina

Getty Images
Pasados los 50 “te vuelves más agradecido con lo que tienes”, dice el economista a cargo del estudio.

Y pasados los 50 años, explica, “te vuelves más agradecido por lo que tienes”.

“A los 50 le puedes decirle a una persona que tienes buenas noticias porque de aquí en adelante las cosas van a mejorar”.

No se trata de que las condiciones de vida objetivas vayan a mejorar necesariamente, pero lo que varía es la percepción del bienestar.

“Hay personas que a los 70 están sanas y felices de tener trabajo, mientras que en la mitad de la vida es cuando tienes más responsabilidades”, explica.

Menos aspiraciones

Desde un punto de vista psicológico, hay varias teorías que pueden ayudar a explicar el fenómeno.

Una de ellas es que en la medida que las personas envejecen, aprenden a adaptarse a sus fortalezas y debilidades, al tiempo que disminuyen sus aspiraciones inviables.

Caras dibujadas en cuadrados

Getty Images
En los países en vías de desarrollo la edad más infeliz es a los 48.2.

Otra es que las personas más optimistas viven más tiempo, lo cual ayudaría a darle forma a la felicidad con forma de U.

A la tendencia general en la percepción de bienestar, se suma también el factor económico.

Blanchflower argumenta que hacia finales de los 40 se exacerba la vulnerabilidad frente a un contexto económico adverso.

Este fenómeno golpea más fuertemente a las personas con menor educación, desempleados con familias desestructuradas o quienes no cuentan con una red de apoyo, como se hizo evidente durante la Gran Recesión en 2008 y 2009.

Estar en la mitad de la vida es estar en un momento de vulnerabilidad, agrega, que hace más difícil lidiar con los desafíos de la vida en general.

Cambios en el cerebro

Jonathan Rauch, investigador del centro de estudios Brookings Institution en Washington, analizó el tema y publicó el libro “La curva de la felicidad: por qué la vida mejora después de los 50”.

Luego de entrevistar a expertos en el tema provenientes de distintas disciplinas, el autor detectó que nuestro cerebro va experimentando cambios a medida que envejecemos y que cada vez se enfoca menos en la ambición y más en las conexiones personales.

Anciana en un columpio

Getty Images
En la mitad de la vida se produce una “brecha de las expectativas”.

“Es un cambio saludable, pero hay una transición desagradable en el medio”, explica.

Rauch explica la crisis de los 40 como una “brecha de expectativas”, dado que muchos se dan cuenta sus expectativas eran demasiado ambiciosas.

Los jóvenes caen en un “error de pronóstico” porque sobreestiman la felicidad que produciría alcanzar ciertas metas.

En cambio los mayores, se quitan el peso de esas expectativas y tienen más habilidades para manejar sus emociones.


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Cuartoscuro

Empleos recuperados en México durante la pandemia son eventuales y mal pagados

41% de los empleos creados en México durante la pandemia son por contrato eventual, y 8 de cada 10 trabajadores perciben salarios bajos.
Cuartoscuro
11 de enero, 2021
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El Presidente Andrés Manuel López Obrador ha reiterado que por fin se detuvo la destrucción masiva de fuentes de trabajo a causa de la pandemia y que ya se han creado nuevos empleos formales. 

Es “una lucecita que indica que vamos a salir del túnel”, ha dicho el mandatario.

Sin embargo, más del 80% de trabajos recuperados en el último tramo de la pandemia de COVID se ubica en el grupo de salarios bajos, y casi la mitad de nuevos empleos son eventuales, de acuerdo con un cotejo de cifras oficiales elaborado por Animal Político.

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En julio comenzó a haber registros de creación de fuentes de trabajo formal. De ese mes a noviembre -la cifra más recientes disponible en el portal del IMSS- se crearon 555 mil 600 nuevos empleos. 

El 41% de esos puestos de trabajo -230 mil 351- son eventuales, y el restante 59% -325 mil 249- corresponde a empleos permanentes.

Esto significa que, prácticamente, 1 de cada 2 personas que se incorporaron al mercado laboral entre julio y noviembre tienen contratos con los que no generarán antigüedad, lo que perjudicará su jubilación, además de que no recibirían ninguna compensación por el término de la relación laboral. 

Y si bien tienen acceso al seguro social, pierden otros derechos, como el pago de utilidades de las empresas donde laboran o la posibilidad de formar un sindicato para defenderse de abusos laborales.

El hecho de que el 41% de los trabajos creados durante esta pandemia sea por contrato eventual impone un récord. Por ejemplo, entre julio y noviembre de 2019, sólo el 28% de nuevos empleos fueron eventuales, mientras que, en el mismo periodo de 2018, la cifra fue aún menor: 22%.

Héctor de la Cueva, coordinador del Centro de Investigación Laboral y Asesoría Sindical (CILAS), señala que hay una “ficción” en el discurso triunfalista de la creación de empleos, porque dichas fuentes de trabajo son precarias, benefician a los patrones y consolidan la inestabilidad laboral.

“Más que generarse empleos, se recuperaron. Pero hay mucho de ficción en eso, porque en realidad no se han recuperado los mejores empleos, es decir, los empleos que gozaban de mayor estabilidad o de mayores condiciones salariales o en prestaciones, no se han recuperado, se ha recuperado alguna parte. (La mayoría) son empleos marcados por la inestabilidad, la precariedad, la falta de contratación colectiva”, afirma en entrevista.

Señala que hay patrones que eluden basificar a sus trabajadores y en cambio les renuevan permanentemente los contratos temporales para abaratar costos. 

“Los empleos que está generando el sector privado, y de alguna manera el sector público, son eventuales, pero no como los de antes, en los que (los trabajadores) tenían la esperanza de ser contratados como permanentes, sino que son permanentemente eventuales”, expone el especialista.

Afirma que, a la larga, estas contrataciones precarias no sólo perjudican la vida de los trabajadores y sus familias, sino que también tienen impactos negativos en la economía interna del país.

“No impulsan a la economía porque no están generándose empleos que puedan tener un efecto económico de crecimiento del consumo interno, del ahorro. Colocan a los trabajadores, a la gente que busca empleo, en una situación de precariedad, de resignación a solamente tener un ingreso, independientemente de cualquier expectativa de jubilación o de pensión digna”, indica.

Lee más: Desempleo, menos ingresos, deudas: así afectó la COVID en el bolsillo de los mexicanos

Mal pagados

Ocho de cada 10 trabajadores incorporados al mercado laboral entre julio y noviembre percibe un sueldo bajo.

El 83% de las fuentes de trabajo recuperadas en ese periodo, equivalente a 461 mil 570 empleos, paga a los trabajadores de una a seis UMAS como salario diario.

Para ilustrar, el valor de la UMA vigente en 2020 fue de 86.88 pesos. Un trabajador que percibe el salario diario de una UMA gana al mes 2 mil 606 pesos. Por seis UMAS son 15 mil 638 pesos mensuales. Menos impuestos. 

En el grupo de los sueldos bajos, el rango de quienes ganan un salario diario de tres UMAS es el más numeroso: 156 mil 544 trabajadores, el 28% del total, tienen un ingreso mensual de 7 mil 819 pesos, menos impuestos.

Les sigue el rango de quienes perciben cuatro UMAS diarias: 136 mil 906 personas, el 25% del total, ganan 10 mil 425 pesos mensuales, menos impuestos.

En contraste, son drásticamente menos los nuevos empleos ubicados en los grupos salariales mejor pagados.

Por ejemplo, entre julio y noviembre se crearon 57 mil 662 puestos de trabajo que perciben entre siete y 12 UMAS diarias (10% del total de empleos). En este grupo, los trabajadores ganan de 18 mil 244 a 31 mil 276 pesos mensuales.

En el rango de 13 a 19 UMAS se crearon 15 mil 044 empleos (3% del total). Se trata de sueldos que van de los 33 mil 883 a los 49 mil 521 pesos al mes.

Por último, en el rango salarial más alto, de 20 a 25 UMAS, se crearon 18 mil 612 puestos de trabajo (3%). A estos trabajadores se les paga de 52 mil 128 a 65 mil 160 pesos mensuales.

Para Héctor de la Cueva, es alarmante la creciente base laboral ubicada en el rango de los salarios bajos, debido a que contribuyen a la vulnerabilidad del total de los trabajadores y los ponen a merced de abusos patronales.

“Esto se traduce en debilidad incluso para los que tienen un mejor trabajo, porque, evidentemente, entre más trabajadores desempleados, subempleados, precarios o inestables hay, más es la presión para que los trabajadores que tienen un empleo acepten peores condiciones de trabajo. ¿Cómo pueden pelear mejores condiciones de trabajo, si hay millones de trabajadores que están buscando un empleo? Repercute en la precarización del conjunto del trabajo en México”, afirmó el coordinador del CILAS.

Agregó que el hecho de que sea tan menor la proporción de trabajadores ubicados en el rango de los mejores salarios es también un síntoma de que no se han aumentado de manera sustantiva los salarios profesionales, un problema que afecta principalmente a los trabajadores jóvenes.

Los jóvenes están condenados a tener empleos precarios. Ya de por sí estaban condenados a estar de chambita en chambita, empleos precarios e inestables, sin la esperanza, como sus papás o sus abuelos, de efectivamente generar antigüedad y algún día poder jubilarse. La mayoría de la juventud conoce sólo el empleo precario e inestable; es una condena terrible para los jóvenes, no sólo para los jóvenes sin preparación, sino que una gran cantidad de jóvenes con estudios andan en estas chambitas. El chambismo, las chambitas inestables, se han estado convirtiendo en la norma”, refirió el especialista.

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