El lugar del mundo donde la gente reconoce 5 géneros
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El lugar del mundo donde la gente reconoce 5 géneros

El pueblo bugis, en Indonesia, es un grupo étnico que reconoce cinco géneros sexuales. Pero el futuro de su cultura única en el mundo parece estar en peligro.
22 de abril, 2021
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La isla indonesia de Célebes se extiende como una estrella de mar borracha en el océano Pacífico occidental, sus cuatro patas esmeralda tocan los mares de Celebes, Molucca y Flores.

En su extremo suroeste se encuentra la ciudad portuaria de Macasar, una población ahogada por una niebla tóxica que durante mucho tiempo fue un importante punto comercial y la puerta oriental de Indonesia al mundo.

En un amanecer gris, me puse de pie en el paseo marítimo mientras veía las proas curvas de los tradicionales veleros prahu avanzar elegantemente hacia el caos del puerto de Paotere. Llegaban allí para descargar pepinos de mar, sepias y otras extrañas criaturas de las profundidades marinas.

Estas embarcaciones pertenecen al pueblo bugis, una sociedad de marineros notable por reconocer cinco géneros.

“Los bugis tienen palabras para cinco géneros que representan cinco formas de estar en el mundo”, explica Sharyn Graham Davies, antropóloga de la Universidad Monash en Melbourne, Australia.

Los bugis son el grupo étnico más grande de la isla de Célebes. Se concentran en Makassar y el campo de cultivo de arroz al norte de la ciudad, pero su destreza como marineros y comerciantes consolidó la influencia de los bugis en Indonesia y el archipiélago malayo.

También sembró miedo en los corazones de los colonizadores europeos, quienes los veían como piratas despiadados.

Un pueblo influyente

A pesar de que representan solo seis de los 270 millones de habitantes que tiene Indonesia, los bugis son extremadamente influyentes.

Algunos ejemplos destacados incluyen a Jusuf Kalla, quien fue dos veces vicepresidente de Indonesia; y a Najib Razak, ex primer ministro de Malasia.

Los bugis son una sociedad marinera cuya influencia se ha extendido por Indonesia y el archipiélago malayo.

Getty Images
Los bugis son una sociedad marinera cuya influencia se ha extendido por Indonesia y el archipiélago malayo.

“Los bugis se encuentran entre los grupos étnicos con más fuerza del archipiélago, política, económica y culturalmente”, señala Sudirman Nasir, un bugis que trabaja en salud pública en el sur de la isla.

La antropóloga Sharyn Graham Davies explica que en la sociedad bugis, los géneros makkunrai y oroani corresponden a los conceptos de mujer cis y hombre cis en Occidente.

Los calalai nacen con cuerpos femeninos pero asumen roles de género tradicionalmente masculinos; pueden llevar camisa y pantalones, fumar cigarrillos, llevar el pelo corto y realizar trabajos manuales.

Por otro lado, los calabai nacen con cuerpos masculinos pero asumen roles de género femeninos, usan vestidos y maquillaje y se dejan crecer el cabello.

“Muchos calabai trabajan en salones de belleza“, asegura Neni, una calabai del pueblo de Segiri, al norte de Makassar.

“También ayudamos a planificar bodas y actuamos en ceremonias”.

El quinto género

Los calabai no se hacen pasar por mujeres, detalla Davies, sino que exhiben su propio conjunto de comportamientos femeninos que serían mal vistos en las mujeres makkunrai, como usar minifaldas, fumar y actuar de una manera más sexualizada exteriormente .

Dentro de la sociedad bugis, las personas calabai y calalai pueden ser mal vistas en algunos sectores, pero son ampliamente toleradas, incluso se considera que juegan un papel importante en la sociedad.

De manera general no son atacadas ni perseguidas por miembros de su propia comunidad.

El quinto género bugis es el bissu, que no se considera ni masculino ni femenino, sino que representa la totalidad del espectro del género.

Los bissu, como los calabai y calalai, muestran su identidad a través de la vestimenta: a menudo usan flores, un símbolo tradicionalmente femenino, pero llevan la daga keris asociada con los hombres.

Muchos bissu nacen intersexuales, pero el término tiene implicaciones más allá de la biología.

Si bien el género en los bugis a menudo se describe como un espectro, se considera que los bissu están por encima de esta clasificación: son seres espirituales que no están a medio camino entre el hombre y la mujer, sino que encarnan el poder de ambos a la vez.

“Se dice que, en su descenso del cielo, los bissu no se separaron convirtiéndose en hombre o mujer, como la mayoría de la gente, sino que siguieron siendo una unidad sagrada de ambos”, explica Davies.

Como tales, son percibidos como intermediarios entre mundos y ocupan un papel similar al de los chamanes en la religión bugis.

Poseídos por los dioses

Una anciana serena y un pollo que cacareaba fueron mis compañeros de viaje cuando me fui de Makassar en un maltrecho bemo (minibús público) de color azul celeste.

Mientras avanzábamos hacia el norte, fragmentos de piedra caliza kárstica, cubiertos de jungla, se elevaban hacia el cielo desde los arrozales circundantes.

Muchos bugis viven en la verde y montañosa isla indonesia de Célebes.

Getty Images
Muchos bugis viven en la verde y montañosa isla indonesia de Célebes.

Era época de siembra y pasamos por un campo donde se empujaba un arado mecánico, precedido por un desfile ritual de bissu, reconocibles por sus túnicas rojas, doradas y verdes y sus tocados adornados con flores de colores.

Seguimos conduciendo. El sol de la tarde comenzó a brillar como carbón y los agricultores bugis proyectaban sombras encorvadas y alargadas, mientras se inclinaban para ocuparse de los campos de arroz.

Cuando cayó la noche, llegamos a la ciudad de Segiri, donde seguí a una multitud de lugareños hasta una gran casa de madera.

Cinco bissu estaban reunidos en el centro de la habitación alrededor de una pila de arroz. El humo del incienso fragante se arremolinaba en la casi oscuridad, y el sonido de los tambores y los cánticos se aceleró a un punto febril mientras el bissu bailaba bruscamente hasta un estado de trance.

Al unísono, desenvainaron sus dagas keris y comenzaron a apuñalar las hojas onduladas en sus propias sienes, palmas, incluso en los párpados, aparentemente sin sentir ningún dolor o apenas sacando una gota de sangre.

Someterse a este ritual, conocido como ma’giri’, y salir ileso es considerado como una prueba de que los bissu han sido poseídos por los dioses y están listos para dar bendiciones.

El idioma de los cielos

Esta ceremonia, como el desfile en el campo de arroz, está orientada a asegurar una cosecha abundante; buena salud y embarazos exitosos son otros de los resultados que se esperan de una bendición bissu.

“Convertirse en bissu es una llamada del alma”, dice Eka, jefe de los bissu en Segiri.

“Viajamos a una edad temprana para estudiar con un bissu mayor y aprender nuestro idioma secreto, Basa To Ri Langiq (la lengua de los cielos), que solo nosotros podemos entender”.

Además de otorgar bendiciones, Eka oficia bodas. “Los bugis nos tratan muy bien”, prosigue. “Tienen que hacerlo, porque supervisamos todas las costumbres de los bugis”.

Aunque sus rituales religiosos y su concepción del género están impregnados de ideas preislámicas, la mayoría de los bugis son musulmanes, muchos devotos.

“Hubo interacciones complejas entre los valores bugis y la enseñanza islámica”, explicó Nasir. “Esto llevó a formas de sincretismo islámico-bugis“.

Luchan contra su propia sexualidad

Por ejemplo, como señala Davies, los bugis a menudo acuden a los bissu para bendecir un próximo peregrinaje a La Meca.

Muchos calalai y calabai luchan contra su propia sexualidad y contra el sentido de sí mismos, explica la antropóloga.

Creen que su estilo de vida -que puede incluir relaciones entre personas del mismo sexo- es pecaminoso según la creencia islámica, pero también que son como son porque fue prescritopor Allah.

Por la misma razón, no tienen el concepto de haber nacido en el cuerpo equivocado. Aunque algunas calabai pueden someterse a procedimientos cosméticos para lucir más femeninas, no se considerarán mujeres, como descubrió Davies en su trabajo de campo.

El islam comenzó a ser predominante en Indonesia cerca del año 1400, pero durante siglos los locales reconciliaron su variada percepción del género con la nueva fe.

“Los marinos europeos escribieron sobre sus reflexiones sobre la diversidad de género en el la isla de Célebes desde al menos el siglo XVI”, cuenta Davies.

Igualdad social

En 1848, el colonialista británico James Brooke escribió en su diario: “La costumbre más extraña que he observado es que algunos hombres se visten como mujeres y algunas mujeres como hombres; no ocasionalmente, sino toda su vida, dedicándose a las ocupaciones y búsquedas de su sexo adoptado”.

Al visitar la isla de Célebes, Brooke se sorprendió aún más por la igualdad social que observó entre mujeres y hombres, un sentimiento compartido por su compañero imperialista Thomas Stanford Raffles.

Un tercer género conocido como waria (un acrónimo de wanita, que significa mujer, y pria, que significa hombre) ha sido reconocido durante mucho tiempo en las sociedades de Indonesia.

Sin embargo, desde mediados del siglo XX, Indonesia en general se ha vuelto menos tolerante con las ideas no binarias de género, lo que ha provocado la persecución de los calabai y bissu en particular.

Torturados y asesinados en los 50

A partir de la década de 1950, comenzó una ola de ataques violentos contra la comunidad LGBTQ.

“Cuando el movimiento de rebelión Darul Islam de Kahar Muzakkar quiso establecer un estado islámico en la década de 1950, los bissu fueron arrestados, torturados y obligados a arrepentirse”, recuerda Nurhayatai Rahman Mattameng, filólogo del pueblo bugis.

A algunos bissu les raparon la cabeza para avergonzarlos públicamente; algunos fueron asesinados.

“Durante la era del Nuevo Orden bajo el presidente Suharto (1967-1998), hubo una iniciativa llamada Operación Arrepentimiento”, añade Mattameng.

“Todos los bissu se vieron obligados a (renunciar) al Latang, la religión ancestral de los bugis, y en su lugar eligieron una de las religiones oficialmente reconocidas en Indonesia”.

En 2001, extremistas islámicos incendiaron la sede en Makassar de GAYa Celebes, una organización que aboga por los derechos de los homosexuales.

En 2018, el Jakarta Post informó que las mujeres transgénero estaban siendo detenidas y colocadas en centros de detención en la capital de Indonesia, como una medida “disuasiva” para las personas que se identificaban como waria.

Un hombre en Makassar.

Getty Images
Hace poco, muchos bissu vivían con miedo de ser arrestados o asesinados; algunos estaban incluso avergonzados de ser bissu.

“Los bissu, los calalai y los calabai están experimentando mucho estigma y discriminación, que lamentablemente está aumentando junto con la creciente asertividad del islam político”, lamenta Nasir.

“A nivel social, hay una fuerte tendencia hacia una mayor piedad y puritanismo, que podría compararse con la de los cristianos nacidos de nuevo en Occidente. El futuro de estas personas perseguidas no es muy prometedor”.

“En peligro”

Eka está de acuerdo en que el futuro parece sombrío.

“El número de profesores con conocimiento de costumbres bissu está disminuyendo. También está disminuyendo el interés de la gente en vivir como calabai”, señala.

“En el futuro, los bissu estarán en peligro de extinción”.

Sin embargo, no todo el mundo es tan pesimista sobre el futuro de esta cultura única. Hay ayuda disponible gracias a personas como Halilintar Lathief, una activista, artista y antropóloga bugis.

La organización de Lathief, Latar Nusa, lucha para revitalizar la cultura bissu y calabai preservando la literatura tradicional y empoderándolos para aprovechar los beneficios económicos de sus roles tradicionales al buscar trabajo remunerado como maquilladores de novias, planificadores de bodas y proveedores de catering y chamanes medicinales.

“Durante los primeros días, el trauma de la persecución que habían enfrentado significaba que nadie quería convertirse o pretender ser bissu”, asegura Lathief.

“Tenían miedo de ser arrestados o asesinados; algunos estaban avergonzados. Ahora, después de varios años, hay muchas más personas que se identifican como calabai y otras más que se enorgullecen de ser llamadas bissu”.

Puedes leer la versión original de este artículo en inglés en BBC Travel.


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Especial

Familia de Raúl Ferreyra dice que busca 'a ciegas' por fallas de Fiscalía en Edomex

Las autoridades no lograron conseguir los videos de las cámaras de los lugares en donde estuvo Raúl, tampoco logró hablar con quienes estuvo la noche que desapareció.
Especial
16 de marzo, 2021
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Este martes se cumplen dos semanas y tres días desde que Raúl Ferreyra García, de 21 años, desapareció en San Pedro Tlaltizapan, una localidad del municipio de Tianguistenco ubicada a unos 30 kilómetros de Toluca, la capital del Estado de México. 

Raúl es estudiante de sexto semestre de la carrera de ingeniería en Software en la Universidad Autónoma del Estado de México, ganador de la Olimpiada del Conocimiento en 2012, y amante del Taekwondo; arte marcial que practica desde los cinco años y en el que ha llegado a ser seleccionado estatal en varias ocasiones. 

Leer más: Contra el reloj y contra la burocracia de las autoridades: así es la búsqueda en Edomex de Raúl Ferreyra

Desde su desaparición, su familia no ha cesado de buscarlo, aunque critica que lo está haciendo prácticamente “a ciegas” y por su cuenta, ante la falta de una investigación sólida que acompañe las labores de búsqueda.  

“Hemos perdido mucho tiempo por la burocracia de la Fiscalía del Estado de México”, apunta en entrevista telefónica Gezzer García, tío materno del joven, que lamenta que, más que el cansancio físico de no dormir para salir a rastrear pistas de Raúl, lo que les está generando un desgaste enorme es la lentitud en las pesquisas, el papeleo eterno, y que sean ellos los que están prácticamente llevando el peso de la investigación. 

Por ejemplo, Gezzer explica que tras la desaparición de Raúl la familia se dio a la tarea de recorrer las calles de San Pedro Tlaltizapan en busca de alguna cámara que pudiera haberlo captado el día de su desaparición. 

Fruto de ese rastreo, localizaron hasta seis cámaras de video de tiendas y comercios, tomaron nota de las direcciones donde estaban, y le pasaron la información a la Fiscalía estatal. 

Sin embargo, la familia refiere que cuando los agentes de investigación llegaron a los comercios a revisar el contenido de los aparatos que sí funcionaban -hubo varios que estaban inservibles-, los dueños les dijeron que la ‘caducidad’ del material era de una semana y que, por lo tanto, ya se habían borrado. 

Es decir, los policías llegaron demasiado tarde: las posibles pistas en video ya habían desaparecido. 

Otro de los puntos que la familia solicitó a la Fiscalía desde que denunciaron el caso el pasado martes 2 de marzo, es que entrevistaran a las personas que estuvieron con Raúl el sábado 27 de febrero en una casa ubicada en una zona rural de San Pedro Tlaltizapan, junto a una zona de milpas y de canales de agua que desembocan en el Río Lerma.

La familia fue también la que investigó y consiguió números telefónicos y direcciones de algunas de esas personas, y también se las proporcionó a la Fiscalía estatal para que las localizaran rápidamente y las pudieran entrevistar con el fin de conseguir declaraciones que tal vez condujeran a posibles hallazgos.  

No obstante, a 17 días de la desaparición, la familia sigue sin tener constancia de que ninguna de las personas haya rendido declaración, o que haya aportado alguna pista. 

“Nosotros solo queremos información, no estamos culpando a nadie de esos posibles testigos, ya que la denuncia es por desaparición y ésta tiene que seguir su curso. Pero nos gustaría que esas personas nos pudieran apoyar aportando lo que saben de lo que sucedió el día que Raúl desapareció. Esa información podría ser de gran ayuda”, dice también en entrevista telefónica Araceli García, madre de Raúl. 

“No vamos a cruzarnos de brazos”  

En cuanto al análisis de cuál fue la última antena de telefonía a la que se conectó el celular de Raúl -otro aspecto clave que ayudaría a triangular su última ubicación y reducir el inmenso radio de búsqueda-, Gezzer expone que apenas el viernes pasado, a 10 días de poner la denuncia, les informaron que la compañía telefónica entregó la información a la Fiscalía. 

Pero ahora tienen que esperar a que termine el proceso de revisión de esa información, puesto que se deben respetar los protocolos y los tiempos de actuación. 

“Nos dicen que los trámites siguen su curso, pero los días pasan y seguimos sin investigación ni pistas de mi hijo”, interviene de nuevo Araceli, que asegura que no pueden sentarse de brazos cruzados en espera de la burocracia mientras la vida de su hijo está en juego. 

“Si hubiera esperado a la Fiscalía, seguiría en el sofá de mi casa esperando a que algún día me llamasen”, enfatiza Araceli, que añade que de haber esperado a las autoridades tampoco hubieran encontrado la única pista que tienen hasta el momento de Raúl: una playera y una chamarra que localizaron al borde de una laguna, a un kilómetro de distancia aproximadamente de la casa donde fue visto por última vez. 

Precisamente, en ese lugar llevan buscando desde hace dos semanas, aunque hasta el momento no han encontrado ningún indicio de que el joven esté en los canales de agua, ni en los alrededores, por lo que este fin de semana pasado más familiares, amigos, y voluntarios anónimos, se unieron a la búsqueda con sus propios recursos y sin saber muy bien por dónde seguir buscando. 

“La familia de mi cuñado compró un dron para hacer nosotros mismos la búsqueda aérea a diario. Pero hasta la fecha no hay ninguna pista nueva, seguimos completamente a ciegas”, apunta Gezzer.

“Todo lo hacemos por intuición, o porque decimos: ‘Bueno, creemos que pudo irse para tal lado, o quizá para este otro. Órale, vamos para allá a pegar boletines y a entrevistar a la gente’”, agrega por su parte Araceli, que subraya que han recibido “muchísima ayuda y respuesta de la sociedad civil”, como es el caso de la Red de Eslabones por los Derechos Humanos, coordinada por Valentina Peralta, que los ha orientado en el proceso de búsqueda. Aunque lamenta que “todos los esfuerzos se han visto minimizados por la falta de datos puntuales de la Fiscalía estatal”.  

“No obstante, no vamos a quedarnos de brazos cruzados -advierte la mujer-. Seguiremos buscando a Raúl hasta encontrarlo”. 

Fiscalía investiga a sus funcionarios

El pasado 11 de marzo, Animal Político publicó una crónica en la que familiares de Raúl Ferreyra García contaron que acudieron el lunes 1 de marzo a denunciar la desaparición en primera instancia al MP del municipio de Santiago Tianguistenco.

Sin embargo, allí no les tomaron la denuncia y les instaron a que regresaran en 72 horas, a pesar de que por ley la búsqueda en un caso de desaparición debe ser inmediata. Además, Araceli García denunció en entrevista que en ese MP les dijeron que fueran ellos mismos a buscar a su hijo en hospitales, comandancias, y en depósitos de cadáveres. 

“Fuimos en busca de orientación, para preguntarles desesperados que podíamos hacer, cómo nos podían ayudar. Y su respuesta fue, literal, váyanse a buscar a los hospitales y a los depósitos de cadáveres”, dijo.

Ante esta situación, la familia acabó interponiendo la denuncia un día después -se perdieron 24 horas- en la Fiscalía Especializada de Búsqueda de Personas, con sede en Toluca, y la Fiscalía General de Justicia del estado anunció ese mismo 11 de marzo que abrió una investigación para determinar cuál fue el funcionario o funcionaria del MP de Santiago Tianguistenco que no quiso abrir la carpeta de inmediato. 

“Esta Fiscalía está investigando la identidad del servidor público que pudo haber dado esta respuesta en ese sentido, por lo que se ha solicitado el apoyo a la familia para ello y estar en posibilidad de iniciar el procedimiento correspondiente en su contra”, señaló la Fiscalía en un escrito enviado a este medio, en el que recalcó que es “falso” que tengan que pasar tres días para poder denunciar una desaparición.

Sobre las quejas y denuncias de la familia, la Fiscalía mexiquense señaló en su escrito del día 11 de marzo que “no tiene como objetivo minimizar, o desacreditar lo expresado por las familias de las víctimas de cualquier tipo de delito cuando éstas tienen la idea, o sienten que el trabajo realizado por los servidores públicos de esta institución no es el óptimo”.

“Por el contrario -añadió la autoridad-, esta institución agradece y acompaña estas manifestaciones, pues son de gran ayuda para hacer más eficiente y eficaz el trabajo de los servidores públicos que aquí laboran”. 

Por último, la Fiscalía apuntó que han estado en comunicación permanente con la familia de Raúl Ferreyra, “para ofrecer puntualmente datos de avances de la investigación, así como escuchar sus planteamientos, atenderlos debidamente y registrar las posibles omisiones por parte de los servidores públicos responsables de la indagatoria”. Ferreyra

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