El relato de dos mexicanas heridas durante estampida en Seúl
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“Mi prioridad era seguir respirando”: El relato de dos mexicanas heridas durante estampida en Seúl en festejo de Halloween

Las jóvenes Juliana Velandia y Carolina Cano recuerdan los estremecedores minutos durante los que permanecieron atrapadas entre cientos de personas sin poder moverse y esperan apoyo de las autoridades mexicanas para recibir tratamiento psicológico.
2 de noviembre, 2022
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Nunca pensaron que una noche de Halloween a casi 10,000 km de su hogar se convertiría en una tragedia en la que estuvieron a punto de perder la vida.

Juliana Velandia y Carolina Cano, de 23 y 21 años respectivamente, son las dos únicas mexicanas que resultaron heridas en la estampida que el pasado sábado se cobró la vida de más de 150 personas en un popular barrio nocturno de Seúl.

Las dos jóvenes estudiantes originarias de Mexicali, en el norte del país, llegaron a la capital surcoreana el pasado agosto para estudiar un semestre mediante un programa de intercambio universitario.

Como otros testigos, hablan de una calle totalmente colapsada ante la ausencia de personal policial o de seguridad en plena celebración de fin de semana.

Y como otros sobrevivientes, recuerdan los estremecedores minutos durante los que permanecieron atrapadas entre cientos de personas sin poder moverse, así como la eterna hora y media que transcurrió hasta que pudieron reencontrarse y celebrar entre llantos que ambas seguían vivas.

Con heridas físicas pero, especialmente, impactadas psicológicamente -para cuya recuperación piden el apoyo de las autoridades mexicanas-, ambas compartieron con gran entereza su relato con BBC Mundo desde el dormitorio que comparten en el país asiático.


CAROLINA CANO (CC): Itaewon es un barrio de Seúl muy popular donde muchos jóvenes van y, especialmente este fin de semana que fue Halloween, fue como el lugar de celebración. Entonces Juliana y yo dijimos: “bueno, estamos en Corea, hay que ir a pasearnos”.

JULIANA VELANDIA (JV): Yo sí dudé en acudir, porque pensé que habría un chorro de gente, que todos los restaurantes y los bares iban a estar llenísimos… pero bueno, queríamos ver cómo lo celebran aquí. Nunca nos íbamos a imaginar que iba a pasar eso.

CC: Cuando llegamos ya había mucha gente, pero después de unas horas estaba mucho más lleno. Después de caminar un rato y tomar unas fotos, decidimos irnos porque había demasiadas personas. Íbamos a tomar el metro, nuestra salida era ese callejón y por eso terminamos ahí.

JV: Es una de las calles más concurridas de Itaewon donde hay muchos restaurantes, antros muy famosos que llevan hacia la colina. Estábamos caminando y el tráfico era cada vez más y más y más.

Estamos acostumbradas a que a veces en el metro haya mucha gente y estamos como sardinas, pero pues sí podemos respirar y sabemos que se va a calmar cuando la gente se va yendo. Y pensamos que iba a ser también así.

Pero no fue el caso. Cada vez era peor, cada vez nos aplastaban más. Y entonces perdí de vista a Carolina.

Coches de emergencias, agentes de seguridad y gente.

Getty Images
Itaewon es un barrio muy popular por su vida nocturna.

Llegó un punto en el que ya no podíamos mover ni una sola parte de nuestro cuerpo, ya éramos una masa de cuerpos. O sea, había gente abajo de mí, encima de mí, por todos lados.

Ambas tuvimos la suerte de que nuestra cabeza estaba en la superficie y podíamos alcanzar a respirar, porque la gente que estaba abajo de nosotras, pues no había manera.

Nuestro pecho, nuestra espalda, nuestro tórax… estaban totalmente aplastados. Ya no podía expandir mis pulmones para respirar. Mis pies ya no tocaban el suelo porque había cuerpos abajo de mí, otros me empezaban a aplastar cada vez más mis piernas, hasta que dejé de sentirlas.

En ese momento juré que me iban a romper las piernas, que me iba a quedar sin ellas para siempre porque las dejé de sentir. No podía ni siquiera mover los dedos de mis pies.

Pero en ese momento mi prioridad no eran mis piernas, era seguir respirando. Y me di cuenta de que no podía hacerlo por mi nariz, porque eso hacía que se expandieran mis pulmones, y no los podía expandir. Entonces me di cuenta de que para poder seguir respirando era por la boca.

Juliana Velandia y Carolina Cano

Cortesía
Ambas jóvenes llegaron a Corea del Sur en agosto como parte de un intercambio universitario.

CC: Como íbamos en pendiente, nos empezamos a ir hacia abajo todos juntos. Eso hacía que la persona que estaba enfrente de mí de repente ya estaba encima, y yo estaba sobre otra persona… Fue como un dominó.

Recuerdo tener un muchacho al lado. Su cuello estaba sobre mi cuello, él trataba de salir, de sacar su cabeza, hasta que yo ya no podía respirar. Me estaba ahogando, sentía como las ganas de vomitar, me estaba aplastando mi cuello.

Llegó un momento en el que dije: “Bueno, pues aquí se acabó todo”. Básicamente yo cerré mis ojos, me despedí de mi familia muy fuerte, y dije: “Bueno, si me voy, me quiero ir en paz”.

Entonces simplemente cerré mis ojos y una vez que los abro, vi que están llegando personas a rescatarnos. Y dije: “guau, entonces sí vamos a vivir, todavía no nos toca irnos”.

JV: Una vez que levantaron a un muchacho que estaba inconsciente sobre mí, ya pude respirar. Pero el problema es que mis piernas seguían atoradas entre todos los cuerpos y estaban paralizadas.

Entonces fue un muchacho coreano quien me extendió su mano, la agarré y él con todas sus fuerzas empujó todo mi cuerpo.

Yo le debo mi vida a ese muchacho, ese extraño que nunca podré saber su nombre, pero estoy agradecida infinitamente. Para siempre.

Pasamos mucho tiempo atrapadas. Revisé la última foto que tomé justo unos minutos antes de que entráramos a la colina, a unos metros. Dice que eran las 10:08 de la noche y en cuanto me rescataron revisé mi celular y decía 10:57. Así que estuvimos 30 o 40 minutos siendo aplastadas.

Última foto tomada por Velandia antes de la estampida

Cortesía
Esta foto a un grupo de personas disfrazadas fue la última imagen que Velandia captó minutos antes de la estampida.

JV: En cuanto me rescataron, mi prioridad fue saber dónde estaba Carolina. No la encontraba y yo estaba pensando en lo peor. Me quedé una hora en la escena buscándola. No sabía qué hacer y sabía que ella había perdido su celular, así que no había manera de contactarme.

Hasta que una hora después ella se pudo contactar conmigo a través del teléfono de una desconocida que se quedó con ella. Me marcó, me dijo: “aquí estoy”. Y caminé hacia ella y por fin la encontré.

Nos abrazamos y empezamos a llorar, a llantos porque las dos habíamos pensado lo peor.

CC: Yo cuando salí no podía moverme, creo que del shock que todavía sentía. Y en eso se me acerca una muchacha con su grupo de amigas, me toma de la mano y me dice: ¿cómo te llamas? ¿Tienes cómo comunicarte? No te voy a dejar sola, no te voy a dejar sola”.

Y creo que ese grupo de personas fueron mis ángeles verdaderamente, porque estuvieron conmigo después del incidente y me ayudaron a encontrar a Juliana, que igual era mi prioridad.

Yo estaba histérica porque también creí que… que la había perdido . Y sí, fue muy, muy difícil. Pasó como una hora y media para que nos pudiéramos reencontrar.

Las autoridades analizan el lugar de la tragedia

Getty Images
Este estrecho callejón en pendiente con multitud de personas subiendo y bajando a la vez fue el escenario de la tragedia.

JV: Pensamos que son varios factores los que causaron el accidente: la cantidad de personas, la colina en donde ocurrió… Como lleva directamente a la salida del metro, era gente saliendo queriendo subir la colina, y gente bajando queriendo entrar al metro. Era gente en ambas direcciones, yendo hacia arriba y hacia abajo. Muchas personas en un lugar muy pequeño.

Sí vimos que hubo mucha falta de control. Había personas controlando el tráfico peatonal entre las calles. Pero fuera de eso, creo que yo nunca vi ningún policía.

CC: El control estaba en las calles principales donde pasan los carros, pero entre las callecitas de los bares, de los antros… no.

JV: Físicamente ya nos sentimos mucho mejor. Ya nos atendieron en el hospital, estamos medicadas. A mí me diagnosticaron una condición llamada rabdomiólisis debido a la falta de circulación a mis piernas al ser aplastadas. Carolina también fue lastimada, pero afortunadamente no a ese nivel.

Pero mentalmente, emocionalmente… sí estamos buscando apoyo psicológico.

Sabemos que la cultura aquí es mucho más cerrada. No hablan de su salud mental, no hablan de sus emociones. Pero sí hemos visto que hay varios grupos de apoyo para los sobrevivientes y para las familias de las víctimas.

Ya mañana vamos a ir a un grupo de apoyo que nos va a ayudar con el trauma. Apenas ahorita andamos viendo y revisando nuestras redes sociales, porque en realidad no hemos visto nada, apenas estamos pasando por nuestro propio duelo.

Gente cerca de la estación de metro de Itaewon llena de flores

Reuters
El lugar del siniestro se llenó de flores como señal de homenaje a las víctimas.

CC: Yo la verdad no estoy viendo mucho los medios y las noticias, porque estoy en mi proceso de asimilarlo. Pero lo que sí he visto es que en algunos lugares de la ciudad hay como puntos de luto.

JV: La escena está llena de flores, de velas, de cartas. Y nosotras quisiéramos ir, pero en el hospital nos pidieron que descansáramos, llevamos tres días encerradas en nuestro cuarto.

Sobre al apoyo de autoridades, de parte del gobierno de Corea no sabemos nada. La Embajada en México contactó con nosotras al día siguiente y hablamos con el embajador para ver si nos podían ofrecer apoyo económico y psicológico, dado que ahorita estamos pagando todos los gastos del hospital con nuestras becas.

Pero tras buscar un psicólogo por nuestra cuenta, en la Embajada nos dicen que su tarifa es muy cara y que quizá un psicólogo en México sea más accesible… pero una sesión por videollamada no es lo mismo que en persona.

Teniendo en cuenta que solo fuimos dos mexicanas quienes fuimos afectadas en esto, la verdad es que estamos algo decepcionadas.

Por lo demás, mi familia ha sido muy optimista. Mi mamá está simplemente muy agradecida de que sigo con vida. Obviamente nos extrañan mucho y quieren venir para acá a vernos.

Juliana Velandia y Carolina Cano

Cortesía
Pese a lo sucedido, las dos jóvenes mexicanas planean quedarse en Corea del Sur hasta terminar su estadía prevista.

CC: ¿Qué voy a hacer ahora? Lo más probable es que me quede y continúe con mi intercambio, pero igual tengo la opción de regresar con mi familia y a veces sí siento que es lo que necesito… pero todavía estoy en proceso de debatir si me quedo o me voy.

Las dos estábamos estudiando el idioma antes de venir. Entonces ya conocíamos un poco de la cultura, ya estábamos interesadas en Corea. En mi caso, yo soy estudiante de Negocios Internacionales, y por el auge económico que tiene el país es que decidí venir a estudiar aquí.

JV: Yo también empecé a estudiar coreano en México y me interesó mucho la cultura. Como soy estudiante de Medicina y quiero dedicarme a la dermatología, sé que Corea tiene las mejores tecnologías en cuanto a los productos de la piel, así que tener el idioma me va a ayudar para trabajar con otros dermatólogos de aquí y hacer investigaciones de productos y poder traérmelos a México.

Yo sí planeo quedarme. Carolina y yo trabajamos mucho y sufrimos mucho para llegar hasta acá. Es algo que tengo que hacer, es algo que tengo que terminar. Tengo que pasar mis materias, tengo viajes planeados. Obvio que lo único que quiero hacer es estar con mi familia en este momento, pero… en diciembre será.


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Twitter de #HastaEncontrarles

Antes de su asesinato, Rosario Lilián dejó en este video su único deseo: encontrar a su hijo desaparecido

La rastreadora recién salía de una misa especial que pidió fuera dedicada a su hijo Fernando, un joven de 20 años desaparecido el 16 de octubre de 2019.
Twitter de #HastaEncontrarles
Por Scarlett Nordahl y Marcos Vizcarra*
1 de septiembre, 2022
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“Quien se llevó a mi hijo está detenido en San Luis Río Colorado y la Fiscalía en Mazatlán me dice que no se puede hacer nada”, denunció Rosario Lilián Rodríguez Barraza. Esto fue hace un par de semanas. Este miércoles 31 de agosto esta madre, que había recibido distintas amenazas por buscar a su hijo, fue asesinada en La Cruz de Elota, un pueblo al sur de Sinaloa.

En el video de un minuto, grabado por el proyecto #HastaEncontrarles, se le ve con la foto de su hijo Fernando Abixahy Ramírez Rodríguez, y se le escucha decir: “No sé de su paradero. Lo he buscado de día y de noche y nada más nada. Lo único que sé es que se lo llevaron unos hombres armados en un carro blanco”. Y denuncia la inacción de las instituciones: “Yo espero una respuesta, yo busco a mi hijo, no busco responsables”.

La mujer fue subida a la fuerza ayer, el 30 de agosto, Día Internacional de las Víctimas por Desaparición Forzada, a las 21:10 horas cuando recién salía de una misa especial que pidió fuera dedicada a su hijo Fernando, un joven de 20 años desaparecido el 16 de octubre de 2019.

Ella iba hacia su casa y de camino, a la altura del Cine México, de La Cruz de Elota, llegó una camioneta Suburban blanca con personas armadas y se la llevaron a la fuerza. Apareció cuatro horas después, asesinada en la avenida Manuel pilar Abraham, altura del puente vado de la colonia Victor Manuel Quintero.

Ese fue un crimen anunciado tiempo atrás. Rosario Lilián había sufrido una serie de amenazas y ataques contra ella y su familia por buscar a su hijo en La Cruz de Elota, un pueblo conocido por su ubicación frente al mar y por estar silenciado por el crimen.

Lee: Hermano de desaparecido hace 16 años acusa a Fiscalía de Guerrero de perder expediente

Una integrante de un colectivo de búsqueda en Mazatlán, al que Rosario pertenecía, y quien pidió anonimato por temor a represalias, recuerda:“La última vez que salió a búsqueda se le acercó una patrulla de la Policía Municipal con un civil que no era policía para preguntarle ‘Bueno, señora, ¿usted qué tanto busca?’, ella le dijo que solo pedía que le dieran a su hijo”.

“Eso fue lo último, pero antes ya le habían rociado gasolina a su casa para incendiarla, intentaron desaparecer a su otro hijo, en una ocasión le quitaron una camioneta y se la regresaron al siguiente día. Siempre recibió amenazas”, relató una mujer integrante de un colectivo de búsqueda que pidió anonimato por temor a represalias.

La noche del 30 de agosto, uno de los hijos de Rosario Lilián reportó su desaparición apenas se enteró de la privación de libertad de su mamá. Llamó al 911, pero fue en vano. Lo tuvieron en la línea y no enviaron una sola patrulla. Al colgar llamó a una activista buscadora de Mazatlán para pedirle ayuda.

“Sabemos que 20 minutos marcan la diferencia y nadie hizo nada”, dijo la activista en entrevista con este medio, quien asegura haberse intentado comunicarse con Patricia Figueroa, subsecretaria de Derechos Humanos de Sinaloa, y con Víctor Manuel Pérez, Comisionado Estatal de Búsqueda, sin que pudiera conectar una sola llamada.
Rosario Lilián no fue buscada y la madrugada de este 31 de agosto, un día después de que se la llevaran a la fuerza los hombres armados, su cadáver fue encontrado.

Esta mujer fue jornalera, trabajaba en los campos de la región de Elota cortando chiles para sostener su casa, donde vivió con uno de sus hijos mientras buscaba a otro.

Ilustración del colectivo Juan Panadero dedicado a Rosario Lilián Rodríguez: “Madre Rastreadora De Corazones Sin Justicia, Ahora Tu Voz Será Nuestra Voz”.

Colectivos de búsqueda en Sinaloa como Por las Voces Sin Justicia, Tesoros Perdidos Hasta Encontrarles y Sabuesos Guerreras, así como colectivos feministas y de artistas activistas se pronunciaron por el asesinato de Rosario Lilián, asegurando que fue víctima del abandono institucional: cuando desaparecieron a su hijo y no lo buscaron, cuando la amenazaron y nadie la protegió, cuando la secuestraron y nadie atendió las llamadas para su rescate.

Lee: Matan en Puebla a la activista y abogada feminista Cecilia Monzón

En un posicionamiento exigieron que “se realicen todas las diligencias necesarias para que el crimen cometido contra la compañera sea investigado como feminicidio agravado y la desaparición forzada de su hijo”.

“Ninguna madre debe ser ultimada por la búsqueda de sus hijas e hijos, al contrario, el Estado está obligado a garantizarles la seguridad para continuar con las búsquedas en tanto los miles de casos de personas desaparecidas se siguen acumulando

Realicen urgentemente las gestiones que correspondan para la prevención de las desapariciones forzadas y proporcione la protección debida a las madres y familiares que emprenden el viacrucis de las búsquedas”.

Fue asesinada mientras buscaba a su hijo

Ficha de búsqueda de Fernando Abixahy Ramírez Rodríguez

La señora Rosario Lilián fue asesinada mientras buscaba a su hijo de nombre Fernando Abixahy Ramírez Rodríguez. Tenía 20 años y trabajaba de jornalero cuando fue desaparecido el 16 de octubre de 2019, por hombres armados en un carro blanco.

La señora interpuso denuncia por la desaparición en la Fiscalía de Mazatlán, a una hora de donde vive; por su cuenta recabó videos y encontró testigos de la desaparición y los presentó a las autoridades en el intento de acelerar la investigación y ubicar el paradero de Fernando.

El presunto responsable, aseguró la señora en la entrevista videograbada el 11 de junio, está detenido en San Luis Río Colorado, Sonora, pero la Fiscalía General de Sinaloa le informó que no podía realizar alguna acción de investigación contra el hombre por estar fuera de su jurisdicción. De su angustia se desprende que la fiscalía tampoco se coordinó con las autoridades de Sonora.

“Yo busco una respuesta, yo busco a mi hijo, no busco culpables”, señaló la señora apenas hace unas semanas al ser entrevistada y videograba para el proyecto #HastaEncontrarles, de la revista Espejo.

Lee: Matan a Brenda Jazmín en Sonora; buscaba a su hermano desaparecido desde 2018

Investigar y presentar pruebas se paga caro también en Sinaloa

Con el crimen de Rosario Lilián, el proyecto A dónde van los desaparecidos ha contabilizado el asesinato de al menos 14 personas, la mayoría familiares, dedicados a la búsqueda de personas desaparecidas. No sólo las mata y enferma el paso del tiempo y la impunidad, en México también mueren por represalia a sus investigaciones y su exigencia de justicia}

“En esta lista fatal está un ranchero que en el norte buscaba a su hijo y sus secuestradores le dieron la muerte, un vendedor de mariscos que caminó por todo el país con el pendón en el que llevaba la foto de su hijo, una comerciante que buscó en silencio 12 años y los últimos excavó buscando huesos, un padre que en 15 días localizó 15 fosas clandestinas, dos madres que acecharon a quienes desaparecieron a sus hijas, un mecánico en busca de su hermano mayor y una madre en busca de un hijo a quienes les ofrecieron información y les tendieron una trampa”, documentó la periodista Analy Nuño cuando el conteo iba en 12 asesinatos.

Los 12 asesinatos ocurrieron en Chihuahua, Durango, Sonora, Veracruz, Sinaloa, Guerrero, Tamaulipas, Jalisco, Michoacán, Guanajuato y Zacatecas. A pesar de que en distintos casos advirtieron en público, ante la prensa o las autoridades del riesgo que corrían, sus muertes no fueron evitadas.

Ocurrido también en Sinaloa, es el caso de Sandra Luz Hernández, asesinada el 12 de mayo de 2014 en Culiacán, la capital de Sinaloa, 25 meses después de la desaparición de su hijo Edgar García Hernández, de 25 años; el 12 de febrero de 2012, personas armadas se lo llevaron de su casa por la fuerza.

Sandra Luz Hernández fue asesinada el 12 de mayo de 2014 en Culiacán, cuando buscaba a su hijo Édgar García Hernández, desaparecido el 12 de febrero de 2012. Ilustración: Colectivo Juan Panadero

Después de investigar, Sandra Luz, vendedora de cosméticos por catálogo, entregó a la Procuraduría de Justicia los nombres de los responsables de la desaparición de su hijo, sus apodos, el lugar donde vivían y la ubicación de sus ranchos. La investigación oficial nunca avanzó.

Sandra Luz señaló a los hermanos Joel y Gabriel Valenzuela, habitantes de la comunidad de Paredones, Culiacán, como los responsables de la desaparición de su hijo, quien trabajaba como office boy del entonces procurador Marco Antonio Higura Gómez.

Dos años después de la desaparición, Sandra Luz —quien ya era integrante del colectivo Voces Unidas por la Vida— recibió una llamada para pactar un encuentro con un informante que supuestamente le daría información sobre la localización de su hijo. En el camino al lugar donde se encontraría con la persona, 15 disparos terminaron con su vida.

Lee: Glorieta de las y los Desaparecidos: resignificar la memoria

Fernando Valenzuela, hombre señalado por la Procuraduría General de Sinaloa de ser el asesino de Sandra Luz, quedó en libertad por supuestas faltas de pruebas pese a haber confesado el homicidio y señalar la ubicación del arma con que fue asesinada la activista.

Buscar familiares: una tarea de riesgo

Tras ese crimen, en Sinaloa han ocurrido más ataques contra madres buscadoras, lo que ha provocado el desplazamiento de activistas en Concordia, El Fuerte y Guasave.

“O pagan o les quemamos la casa”. Ese era el mensaje que le dejaron a Esther Preciado López en la puerta de su domicilio ubicado en Juan José Ríos, al norte de Sinaloa, en el año 2013, mientras buscaba a su esposo Bladimir Castro Flores.

Ella no dudó que la advertencia se fuera a cumplir, sabía que esas personas no se detendrían y eran capaces de quemar su casa con todo y sus hijos adentro. Así que sin esperar a que sucediera algo, todos agarraron sus cosas y se fueron a San Blas, una comunidad ubicada en El Fuerte.

Como ellas, hay más mujeres amenazadas en Sinaloa. Entre ellas, Mirna Nereyda Medina Quiñónez, fundadora de Las Rastreadoras de El Fuerte, y María Isabel Cruz Bernal, de Sabuesos Guerreras.

Ambas mujeres han denunciado amenazas y robos en distintas ocasiones, y se han mantenido en búsqueda acompañadas por elementos de la Policía y la Guardia Nacional.

En cambio, hay colectivos, como Una Luz de Esperanza en Mazatlán, que decidió parar actividades tras la agresión contra uno de sus integrantes en 2019.

Rosario Lilián fue asesinada mientras buscaba, con el estrés de no encontrar a su hijo y la angustia de ser perseguida, pese a que las autoridades conocían de su situación.

 

*Scarlett Nordahl es feminista y periodista sinaloense. Marcos Vizcarra es reportero sinaloense especializado en cobertura de derechos humanos. Integrante del proyecto A dónde van los desaparecidos. Ambos son integrantes  del proyecto #HastaEncontrarles y miembros de Revista ESPEJO

 

 

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