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Qué hay detrás de la moda de beber agua cruda (y qué riesgos tiene para la salud)

Algunas personas prefieren beber agua sin tratar, lo que en inglés se llama “raw water” o agua cruda, bajo el argumento de tiene más beneficios que el agua depurada. ¿Cuáles son sus argumentos? Y ¿qué riesgos implica para la salud?
16 de julio, 2019
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“¿Hay alguien aquí que beba agua, pero le gustaría pagar más por ella?” En enero de 2018, el movimiento del “agua cruda” ya aparecía en los programas humorísticos de la televisión estadounidense, como The Late Show, con el presentador Stephen Colbert.

“Bueno, buenas noticias”, continuó Colbert, “porque la próxima gran locura de Silicon Valley es el “agua cruda”: agua sin filtrar, sin tratar y sin esterilizar. ¡Wow, beber eso suena una locura!”

Esto sucedió después de un artículo publicado en The New York Times que se burlaba de una nueva moda en el centro tecnológico de San Francisco que consiste en consumir botellas de agua de manantial no tratada, como la que venden compañías como Live Water, por un valor de US$36,99.

Empresas start-up como esta han exaltado los beneficios de beber “agua real … dentro de un ciclo lunar de distribución”.

Sin embargo, cuando salió el artículo no todos se rieron. Algunos tomaron nota.

Fenómeno mundial

El agua potable suele estar muy regulada, y el mercado para comprar y vender agua no tratada sigue siendo pequeño y anecdótico.

El sitio web findaspring.com muestra que el “agua cruda” se ha convertido desde entonces en un fenómeno mundial de personas que buscan sus propias fuentes de agua naturales.

Agua.

Getty Images
Los promotores de esta tendencia aseguran que el ser humano está preparado “biológicamente” para beber agua no tratada.

Usuarios ansiosos mapean y localizan miles de pozos naturales y manantiales alrededor del mundo para que la gente pueda beber de ellos.

Y mientras una advertencia en el sitio insta a las personas a probar el agua de manantial antes de beberla, el video explicativo Por qué beber agua de manantial (hecho por el fundador del sitio, Daniel Vitalis) hace afirmaciones audaces como “al igual que los animales, estamos biológicamente adaptados al agua cruda” y “no estamos más adaptados al agua refinada de lo que estamos a los carbohidratos refinados”.

Sin embargo, no hay que investigar mucho para encontrar los inconvenientes de todo esto.

Un comentario que un usuario dejó debajo del video de Vitalis dice: “Recordemos que algunos manantiales pueden estar contaminados con E-Coli, por ejemplo. Bebí de un manantial de Millersburg (Ohio, EE.UU.) durante años y luego pusieron un corral con animales en lo alto de la colina … Tres de mis familiares nos enfermamos seriamente”.

Volver a la Edad de Piedra

Val Curtis, profesora de higiene y directora del Grupo de Salud Ambiental de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, se muestra muy preocupada por el movimiento del “agua cruda”.

“Esto me parece un paso hacia atrás”, dice. “Hemos hecho todo lo posible en la sociedad para resolver el problema de la contaminación del agua potable mediante su purificación y su suministro en buenas condiciones. La hemos mejorado al ponerle cloro y flúor para matar a todos los insectos y cuidar los dientes … estos argumentos fueron ganados hace años y años”.

“¿Realmente queremos volver a la Edad de Piedra?”, se pregunta Curtis, presumiblemente de manera retórica.

Agua.

Alamy
Los entornos rurales prístinos con viviendas dispersas son los más propensos a tener fuentes de agua silvestres seguras

Pero la página de inicio de Live Water (prominentemente relacionada con Findaspring.com) sugiere que ese es precisamente el objetivo, afirmando que los humanos “hemos bebido agua de manantial no procesada el 99% de nuestra existencia”.

BBC Capital se acercó a Live Water y Daniel Vitalis para una entrevista, pero no quisieron para hacer comentarios.

Vitalis, sin embargo, claramente practica lo que predica. Su cuenta de Instagram (con más de 29,000 seguidores) está llena de imágenes de caza y búsqueda de alimento, y su programa en línea WildFed promueve la “cultura de subsistencia moderna emergente” y “la búsqueda de alimentos aquí en nuestra fuente de comida local”.

En su opinión, lo natural siempre es lo mejor y regresar a nuestras raíces ancestrales es el objetivo que debemos perseguir.

Agua del grifo

Si bien hay algunos científicos que apoyan la “dieta paleo o paleolítica”, dice Curtis, se deben establecer los límites respecto al agua limpia. Nuestros ancestros “también murieron producto de vastas tasas de fiebre tifoidea, cólera, giardia, diarrea”, agrega.

La esperanza de vida de nuestros antepasados paleolíticos era bastante baja.

En cuanto a las afirmaciones “probióticas” de que el “agua cruda” contiene muchas de las bacterias buenas que necesitamos para la salud intestinal, Curtis sostiene que, aunque puede ser así, también puede incluir todas las malas.

Botellas de agua.

Getty Images
El 90% de las marcas de agua embotellada y el 83% de las muestras de agua del grifo en 12 países contienen pequeñas partículas de plástico conocidas como microplásticos, según estudios recientes.

La afirmación del video de Vitalis de que “el agua del grifo está contaminada con sustancias antibióticas y que sabemos que el cloro y el fluoruro son neurotóxicos” también fue rechazada por Curtis.

“No hay pruebas de que el flúor y el cloro nos hagan daño en las cantidades de agua que tomamos”, dice.

“No hay absolutamente ninguna evidencia de que los residuos de medicamentos como los antibióticos dañen la salud humana, incluso si son detectables en pequeñas partes por millón. Es lo mismo de siempre: la gente no parece entender que si algo está presente en cantidades muy, muy pequeñas, no es peligroso”

Fuentes “seguras” de agua

En 2018, Galen Zink abandonó un trabajo de tecnología en Silicon Valley para perseguir la autosuficiencia y la “auto-optimización nutricional” en una isla remota en el sur de Alaska.

A pesar de ser consciente de las preocupaciones planteadas por Curtis, él bebe casi exclusivamente de su corriente local.

“Es muy común aquí”, dice Zink, quien cree que hacer esto tiene beneficios para la salud. “Tiene bacterias probióticas… Beber agua cruda mejora la salud del microbioma“.

Alaska agua.

Getty Images
Galen Zink se mudó a una isla remota en el sur de Alaska, donde bebe casi enteramente agua de las corrientes locales.

Zink también observó que “beber agua cruda como hidratación primaria durante unos días te deja la piel notablemente más suave”.

Sin embargo, una cosa en la que él y Curtis están de acuerdo es que los entornos rurales prístinos, con viviendas separadas unas de otras, son los que tienen más probabilidades de tener fuentes seguras de agua natural.

“Tuve que venir a esta isla increíblemente remota para encontrar lo que realmente se siente como aire y agua limpios”, dice Zink acerca de la Isla Príncipe de Gales, en Alaska.

La población allí es de solo 3,000 personas distribuidas en 5,776 km cuadrados, con poco desarrollo de la agricultura, por no hablar de la industria.

“Si estás en algún lugar cerca de la civilización, es probable que el agua de la superficie se contamine”, admite Zink.

Preocupaciones genuinas

Cuando hago clic en “localizar un manantial” en findaspring.com, encuentro 56 ubicados en Inglaterra, donde me encuentro. Muchos de estos se ubican en áreas urbanas, incluyendo cinco en Londres.

La única forma de probar la calidad del agua, dice Curtis, es enviar “muestras de agua para análisis microbiológicos, a algún costo … y tomar muestras en diferentes estaciones para estar seguro”.

Gail Teitzel, editor de la revista Trends in Microbiology, dice: “Tendrías que analizar el agua todo el tiempo para detectar contaminantes microbianos y químicos. El agua municipal y embotellada ya ha sido probada y se ha comprobado que es segura … Es como un huevo crudo: al cocinar el huevo o al tratar el agua, se mata cualquier patógeno que pueda haber en él “.

Agua grifo.

Getty Images
¿Es el agua del grifo suficientemente segura?

Cuando sugiero que muchas marcas de agua mineral embotellada la toman directamente de los manantiales naturales, dice que “el agua embotellada se regula para que no contenga microbios o productos químicos peligrosos”.

Estudios recientes han encontrado que el 90% de las marcas de agua embotellada y el 83% de las muestras de agua del grifo en 12 países contienen pequeñas partículas de plástico conocidas como microplásticos (en EE.UU. se encontró la mayor tasa de contaminación en el agua del grifo, con un 94%).

Si bien la búsqueda de “agua cruda” parece un extremismo, ¿no es esto una respuesta a preocupaciones genuinas sobre la calidad del agua en la modernidad?

“Me preocupa que, debido a eso, los entusiastas del agua cruda estén subestimando el peligro del agua no tratada”, dice Teitzel.

“La contaminación microplástica del agua potable definitivamente necesita más estudio, pero sabemos que las áreas que carecen de agua potable tratada tienen tasas más altas de mortalidad infantil, en gran parte debido a enfermedades diarreicas transmitidas por el agua”.

Riesgo común

En última instancia, si la gente quiere beber agua sin tratar, ¿no es esa su elección en una sociedad libre?

Aquí Curtis dibuja paralelos con el movimiento anti-vacunación. “Una de las razones por las que no me enfermo muy a menudo es porque no ando bebiendo agua sucia. Pero si lo hiciera y me enfermara, sería un riesgo no solo para mí, sino para mis colegas”.

Un ejemplo: si la persona se infecta con E. coli, y al usar un baño común o preparar la comida en la cafetería, puede transmitirlo.

“Si uno bebe agua cruda, tiene que asumir la responsabilidad de que esta también podría ser una fuente de riesgo para los demás, no solo para uno”.

Agua.

Getty Images
El mercado de compra y venta de agua no tratada sigue siendo pequeño, pero cada vez más personas buscan sus propias fuentes de agua natural y las promueven en línea.

Curtis dice que muchas marcas de agua mineral embotellada se toman directamente de manantiales naturales y que “el agua embotellada está regulada para que no contenga microbios o productos químicos peligrosos”.

El sketch de Colbert en The Late Show concluyó irónicamente que “beber de los charcos podría tener sus desventajas“.

Esta burla podría ser hiriente para personas como Zink, que se han mudado a regiones remotas y han basado sus elecciones en el conocimiento local. O para las personas en Islandia, donde el 98% del agua del grifo sigue siendo agua glacial no tratada químicamente.

Pero Alaska e Islandia son, literalmente, lugares atípicos. Para los residentes urbanos, el agua del grifo sigue siendo la opción más segura y saludable.

Lea la historia en inglés aquí


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Científicos acusan que recortes afectan sus experimentos y ahuyentan a los jóvenes

Investigadores tanto de centros Conacyt como de universidades públicas se han organizado en el movimiento ProCiencia, para pedir no solo que no haya recortes, sino que se garantice una inversión del 1% del PIB.
@ProCienciaMx
19 de julio, 2019
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Lorenza González Mariscal, es científica del Instituto de Fisiología, Biofísica y Neurociencias del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), experta en contacto entre células, que está desarrollando una investigación sobre unos tumores cerebrales llamados glioblastomas para encontrar cómo introducir terapia directamente entre las células y tratarlos, ya que la esperanza de vida con este padecimiento es de 14 meses.

Sin embargo, sus posibilidades de experimentar se han reducido al mínimo ante la falta de dinero para comprar insumos de laboratorio.

“Ahorita es gravísimo porque todos los estudiantes que tenemos están con que no pueden comprar el reactivo, que no pueden hacer el experimento, que no sirve el aparato… Entonces estamos haciendo poquititas cosas, o buscando colaboración con otros departamentos o con la otra universidad, de ‘oye, ¿te quedó un reactivo de esto?, dame tres mililitros; ay, por favor, tengo un estudiante que viene de Estados Unidos, dame dos mililitros de tu anticuerpo…’”, relata.

“Y cosas que solo se deben utilizar una vez, las estamos utilizando cuatro”, agrega Rosa María Bermúdez, del departamento de Genética y Biología Molecular del Cinvestav. “Las celdas de transformación las reciclamos y las cajas de cultivo que solo se deben usar y desechar, las estamos usando tres, cuatro veces. No tenemos de otra. Estamos en crisis”.

Leer: Austeridad impuesta a Centros de Investigación limita hasta cargar el celular y provocará despidos

Entrevistadas afuera de Palacio Nacional, tras entregar una carta de la comunidad científica para pedir que no haya más recortes a la ciencia, califican como crítica la situación, después de años en que los recursos que se asignan no son suficientes. González Mariscal asegura que cada año el Cinvestav tenía que pedir dinero extra, y se le otorgaba, pero ahora esto no está pasando y apenas alcanza para la operación del Centro, pero no para investigación.

“Lo más que nos pueden dar son 200 pesos por día por investigador; pero un anticuerpo puede costar 10 mil pesos”, se lamenta Bermúdez.

Además, no ha salido la convocatoria del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) para otorgar apoyos a Ciencia Básica, a pesar de que ya ha transcurrido más de la mitad del año.

Estos apoyos, según aclaró el Conacyt y los propios académicos, no se han entregado desde 2015. El año pasado se publicó una convocatoria que anunciaba ser “2017-2018” porque un año antes no hubo; llegaron cinco mil propuestas y se seleccionaron menos de 300, pero nunca se liberaron los recursos, por lo que este año se planea recuperar casi 800 proyectos, detalló comunicación social del organismo.

El pasado lunes, la directora del Conacyt, María Elena Álvarez-Buylla, aseguró en una reunión con los directores de los Centros Públicos de Investigación (CPI) que “en breve” será publicada la nueva convocatoria de Ciencia Básica.

Aunque algunos investigadores dicen que no es la primera vez en este año que oyen que va a salir “la próxima semana”, sin que ocurra. Además, los procesos son lentos y pueden pasar ocho meses hasta que realmente puedan usar el dinero.

La llamada Ciencia Básica es la que estudia un fenómeno sin buscar en principio una aplicación, pero sirve de base para que después se haga la ciencia aplicada, por lo que no se puede demeritar su impacto en la sociedad, defienden los investigadores.

Lorenza González Mariscal es un caso de esto. Ella dirigió una investigación sobre por qué el rotavirus provoca diarrea, analizando qué componente del virus logra abrir las uniones de las células y que se filtre el agua. Encontraron que era una proteína, y con ese conocimiento, después trabajaron en aislar esa proteína y usarla para abrir selectivamente las uniones celulares para pasar medicamentos, lo que derivó en una patente para facilitar la absorción de fármacos a través del intestino.

Un proyecto que en su momento contó con recursos del Conacyt.

Investigaciones menos complejas y con menos estudiantes

La polémica por el gasto en ciencia no ha parado desde que inició este sexenio, ante las instrucciones presidenciales de recortar recursos en toda la Administración Pública Federal, que incluyó a los centros de investigación, y el memorándum del 3 de mayo que endureció aún más la política de control de gasto.

Por ello, investigadores tanto de centros Conacyt como de universidades públicas se han organizado en el movimiento ProCiencia, para pedir no solo que no haya recortes, sino que se garantice una inversión del 1% del Producto Interno Bruto (PIB), como establece la Ley de Ciencia y Tecnología, ya que actualmente no es ni el 0.5%.

Leer: ProCiencia, el movimiento de investigadores mexicanos contra los recortes a ciencia

También han reclamado que el presidente Andrés Manuel López Obrador los señale como una “élite” económicamente privilegiada, cuando aseguran que trabajan con el mínimo.

Tras la entrega de una carta con estos reclamos en Palacio Nacional, otros investigadores explicaron que aunque no hay proyectos cancelados, toda la actividad científica en México ha disminuido porque ya están trabajando con lo poco que les queda de años pasados, al tener cada vez menos presupuesto y sufrir el último año un recorte de casi el 12%.

“Pues han disminuido muchísimo en la actividad, porque si no tenemos dinero para comprar insumos, tenemos que plantearnos proyectos mucho más simples de resolver y trabajar con lo que ya tenemos, no podemos ir más allá y acercarnos a una manera óptima de trabajar. Sí se tienen que cortar cosas de los proyectos continuamente”, señaló Marcia Hiriart, investigadora de biomédica en el Instituto de Fisiología Celular de la UNAM.

Marisela Méndez Armenta, del Instituto Nacional de Neurología, aseguró que también se han reducido las becas a estudiantes, lo que los orilla a buscar otras opciones de remuneración, en lugar de dedicarse a la investigación.

“Muchos laboratorios, prácticamente todos, trabajan a base de la ayuda de los estudiantes, son los que hacen, vamos a decir, la talacha, el trabajo diario. Nosotros dirigimos, nosotros elaboramos los protocolos; ellos son los que hacen el trabajo rudo. Entonces la producción o el avance en los laboratorios también se ve disminuido”, afirmó.

“En el Instituto del Departamento de Genética, por ejemplo, una investigadora tenía alrededor de cinco, seis estudiantes, y algunos ya le dijeron ‘hasta aquí llegué’”.

Una de las preocupaciones generalizadas que expresan los investigadores es por los jóvenes, ya que consideran que si en lugar de garantizarse el presupuesto para ciencia, se reduce, quienes han pasado años formándose o se han ido al extranjero a estudiar, y que han sido una inversión del Estado, no van a querer regresar a México y dedicarse a algo para lo que no hay dinero.

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