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Cuál es el poder de los narcos mexicanos en Colombia

La presencia de narcos mexicanos en Colombia no es nueva, pero sí las estrategias que usan para adaptarse a las condiciones del país. Los emisarios de los carteles de México no buscan fomentar la guerra entre organizaciones colombianas, solo abaratar costos.
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18 de julio, 2019
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“Son sujetos foráneos con un acento raro, como el de las novelas”.

Así describieron algunos pobladores de áreas de cultivo de coca a los emisarios de los cárteles de droga mexicanos llegados a Colombia, según un informe reciente de la Defensoría del Pueblo.

La presencia de narcos de México en el país no es nueva, pero por diferentes razones su influencia ha crecido en los últimos años.

Ellos no necesitan traer sus ejércitos ni instalarse en grandes extensiones de terreno.

Llegan a Colombia, identifican a las organizaciones que les pueden ofrecer lo que buscan (cocaína, logística de traslado de la mercancía o seguridad), las contratan, pagan y se van.

Actúan como empresarios y aprovechan que, desde que en Colombia se terminó la era de los grandes cárteles, el negocio se ha atomizado.

Submarino de cocaína

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Este sumergible, confiscado en 2018, iba a trasladar cocaína colombiana comprada por mexicanos.

Otro factor determinante y más reciente es que ya no está la exguerrilla de las FARC como regulador en varios territorios que ahora se han convertido en zonas de disputa entre bandas criminales, paramilitares y el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Su inmensa capacidad económica les da la ventaja decisiva para contratar a las organizaciones colombianas, exigirles un producto de calidad e imponerles plazos de entrega.

La Defensoría del Pueblo no es la única entidad que ha advertido del incremento de la influencia de los narcos provenientes de México, la Fiscalía y el gobierno también lo han hecho y señalan que su presencia está en al menos 10 de los 32 departamentos de Colombia.

La transición

Para los cárteles de Cali y Medellín, los mexicanos eran sobre todo sinónimo de mano de obra en los 80.

México ni siquiera era la plaza más importante para ingresar cocaína a Estados Unidos, como sí lo eran las rutas por Las Bahamas y sus alrededores.

A mediados de los 90, esa situación comienza a cambiar en medio de la caída de los dos grandes cárteles y la guerra entre las organizaciones de narcotraficantes colombianas que luchaban entre ellas para remplazarlas.

Policía con droga decomisada.

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Paquetes de droga decomisada en Colombia.

“En los años 80, habían estructuras como la de Pablo Escobar o la de los hermanos Rodríguez Orejuela que eran capaces de controlar desde el cultivo, la producción, la transformación de la hoja en cocaína, el traslado de la mercancía en lanchas o aviones y la distribución en las calles de Estados Unidos, pero eso cambió mucho”, explica a BBC Mundo el investigador Daniel Rico.

El profesor universitario y consultor internacional en la materia explica que en Colombia, desde el fin de los dos grandes cárteles, las organizaciones que quedaron solo pueden controlar alguno de los eslabones de la cadena y desde entonces los mexicanos tomaron protagonismo.

“El ingreso promedio de los narcotraficantes colombianos se redujo a un tercio porque las principales organizaciones mexicanas comenzaron a comprar de manera directa acá. La ganancia, por ejemplo, por un kilo de cocaína pasó de US$20.000 a US$7.000”, indica el experto.

Rico añade que, desde entonces, los cárteles de México aprovechan que los grupos criminales de Colombia necesitan de sus recursos para financiar sus disputas territoriales y con ello se garantizan la cocaína que necesitan.

Cultivadores de coca

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Las plantaciones de coca en Colombia se han disparado en los últimos años, según la ONU.

De acuerdo a estimaciones de la Administración para el Control de Drogas estadounidense (DEA por su sigla en inglés), el 82% de la cocaína salida de Colombia rumbo a Estados Unidos pasa por Centroamérica o México.

El factor FARC

La salida de las FARC, que tenían presencia fuerte en la mayoría de las zonas de cultivo de coca, supuso nuevos enfrentamientos entre organizaciones como el Clan del Golfo, los Rastrojos y el ELN, entre otras, en departamentos como Cauca, Chocó, Córdoba, Nariño y Valle del Cauca.

La desmovilización del grupo armado no solo supuso el incremento de la violencia entre bandas criminales, también un aumento de las plantaciones de coca que alcanzó cifras récord.

Según el Sistema de Monitoreo de Cultivos Ilícitos de la Organización de Naciones Unidas, en la última medición hecha (2017) se estableció que en Colombia existen más de 171,000 hectáreas de coca cultivada, algo nunca antes visto desde que la ONU realiza estas estimaciones.

El reporte correspondiente a 2018 será presentado en los siguientes meses.

Restos de laboratorio de cocaína

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Ahora los mexicanos buscan supervisar la calidad en la producción de clorhidrato de cocaína.

Este incremento en las plantaciones, indican los expertos, también supone un aumento lógico en la oferta de clorhidrato de cocaína, pues en Colombia el uso tradicional de la hoja de coca es muy pequeño (a diferencia de países como Bolivia y Perú).

Esta situación fue advertida por Estados Unidos, pero también por los cárteles mexicanos.

Es por ello que, de acuerdo al portal de investigación Verdad Abierta, estas organizaciones comenzaron a relacionarse con grupos colombianos dedicados desde los cultivos y la producción de pasta base, hasta la exportación y distribución local para el narcomenudeo.

El jefe de operaciones de la policía antinarcóticos colombiana, Carlos Bueno, sostiene que los emisarios mexicanos quieren eliminar a los intermediarios y por eso desembarcaron en Colombia.

“Entendemos que han venido a hacer parte de la cadena. Han venido a contactar las organizaciones ellos mismos y para verificar el producto, la cocaína que están comprando, y, posteriormente, enviando a México”, dijo el coronel.

En abril de este año, Bueno dirigió el operativo que terminó en la captura en Bogotá de alias Rafa, emisario de Ismael “Mayo” Zambada y el Cártel de Sinaloa en Colombia.

Ladrillo de cocaína

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Las organizaciones mexicanas buscan abaratar costos en Colombia.

El excomandante de las FARC y ahora prófugo de la justicia Jesús Santrich es acusado por la Fiscalía de Colombia y por Estados Unidos de conspirar para entregar cocaína a la organización criminal sinaloense.

Empresarios

No solo existen emisarios en Colombia llegados desde Sinaloa, reportes policiales también advierten de la presencia de miembros del Cártel de Jalisco Nueva Generación e incluso de Los Zetas.

A los cárteles de México no les interesa fomentar la guerra entre las organizaciones criminales colombianas ni tomar partido por una de ellas, tampoco tener el control de un territorio, como sí lo hacen en su país.

Lo que buscan, en esencia, es abaratar costos.

Actúan como empresarios que invierten en una franquicia. Ya no se quedan en México esperando a que les vendan la cocaína en US$12,000 o US$15,000, sino que vienen para acá y compran a los laboratorios directamente. Incluso invierten en los laboratorios y consiguen el kilo en US$2,000 o menos”, señala Daniel Rico.

Fabricación de cocaína

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La producción de cocaína en Colombia ha crecido en los últimos años

El experto añade que esta estrategia no solo elimina a los intermediarios, sino que les garantiza obtener un producto de calidad.

“Durante muchos años a los mexicanos les vendían cocaína mezclada con otras sustancias y eso ha venido cambiando”, concluye.

Los predecesores de Joaquín Guzmán Loera fueron los primeros en aproximarse a Colombia, después el Chapo supo aprovechar ese mercado abierto para convertirse en multimillonario.

Y los que le siguen, han demostrado que son capaces de adaptarse a las nuevas condiciones que se viven en el país.


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Bienal FEMSA propone nuevas rutas para fomentar la creación artística

El nuevo formato de Bienal FEMSA busca fomentar redes de diálogo y colaboración dentro la comunidad cultural local.
Por Redacción Animal Político
22 de junio, 2020
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En el centro de la sala, hay una placa cuadrada de concreto. Mide 2.4 metros por cada lado y tiene 20 centímetros de grosor. Es una instalación artística llamada “Memoria fosilizada”, ganadora del Premio de Adquisición de la IV Bienal FEMSA hace 21 años. En esa pieza se fundieron con el cemento 2,423 objetos que portaban 246 víctimas de suicidios y asesinatos.

Exponer la violencia social contemporánea a través de elementos cotidianos de los servicios médicos forenses fue la conceptualización que caracterizó a grupo SEMEFO, un colectivo formado, en aquel 1999, por Teresa Margolles, Carlos López Orozco y Arturo Ángulo Gallardo, quienes presentaron la que fue considerada como la mejor instalación del certamen organizado por la empresa. 

La obra, que aborda una problemática aún vigente, forma parte de la Colección FEMSA. Junto a ella, en dicha edición ganó también otra escultura, radicalmente distinta.

Se trató de una propuesta de la artista Miriam Medrez, quien usó piezas de madera —una especie de platos y remos— sobre las que colocó figuras de mujeres que podrían estar escalando, abrazando o navegando. Las pinceladas, en tonos celestes, rosados y agua marinos, provocan una escena casi onírica. La obra se llama “Trayectos”. 

En la memoria publicada por los 20 años de la Bienal FEMSA (1992-2012), Medrez se refirió a este concurso de artes visuales como “una institución de gran relevancia” para el país. 

Con motivo de esa décima edición, también se realizó una retrospectiva de las obras ganadoras en las ediciones anteriores del certamen, a la par de la exposición de las obras seleccionadas, en sus sedes en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO) y en el Antiguo Colegio de San Idelfonso, en la Ciudad de México. Rafael Tovar y de Teresa, entonces presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), calificó este esfuerzo de FEMSA “como un foco de difusión de talento y captación de nuevos artistas” que se suman al acervo de la empresa.

INICIO DE RUTA

La Bienal FEMSA nació en 1992. Se gestó en el seno del Museo de Monterrey, dirigido entonces por el promotor cultural Jorge García Murillo. En voz de los artistas que han pasado por esta plataforma, se trata de una iniciativa con alto nivel de convocatoria y prestigio. 

En 1991, Rosa María Rodríguez Garza estaba a cargo del cuidado de lo que ahora es la Colección FEMSA, y se involucró en la organización del certamen y en el lanzamiento de la primera convocatoria de la Bienal, un concurso inédito a nivel nacional con el que se celebraría el décimo quinto aniversario del museo. 

 “Al principio, solo se aceptaban pintura y escultura, y no mucho tiempo después se creó la categoría de instalación entre los premios. Posteriormente, se invitó, además del jurado, a un curador latinoamericano para que hiciera la curaduría de una exposición que se presentaría a la par de las obras seleccionadas en el certamen”, recuerda Rodríguez Garza. “A lo largo de sus 28 años de existencia, la Bienal se ha adaptado a los cambios en la escena artística del país”, agrega quien ahora es Gerente del Programa Cultural FEMSA.

En la primera edición de la Bienal, las obras ganadoras fueron una pintura de Laura Quintanilla, quien entonces tenía 32 años, y una escultura de Rosa María Robles, quien rondaba los 29. Eran artistas que iniciaban su carrera, tal como enfatizaba la convocatoria al certamen: “… porque los jóvenes también necesitan exponer”. 

Al cierre del Museo de Monterrey en el año 2000, la Bienal FEMSA se enriqueció al unir esfuerzos con el Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León (CONARTE) para que el Centro de las Artes de Monterrey fuera sede de las exposiciones posteriores del certamen.  

El historiador del arte y curador Luis Martín Lozano, escribió, en 2012, sobre la Bienal: “La decisión de otorgar un mecenazgo corporativo al ámbito de las artes plásticas en México obedeció, sin duda, a una estrategia empresarial más amplia; una que, creo yo, con sentido humanista valora el talento creativo de los mexicanos no sólo en el mundo de las tecnologías y empresarial, sino también en las ideas y el talento de sus artistas”.

La capacidad de articularse con los cambios artísticos y los discursos conceptuales sobre el mercado y el coleccionismo, permitió que este certamen fuera un foro distinto y alternativo a la validación tradicional e institucional del arte. “Eso ha permitido a la Bienal proyectarse exitosamente durante dos décadas”, concluyó Lozano, en el artículo “Bienal Monterrey FEMSA: Veinte años consolidando propuestas estéticas en el arte contemporáneo de México”.

Tras cumplir 12 ediciones consecutivas en su sede materna, Monterrey, conservando su enfoque en las cambiantes necesidades de la producción artística nacional, se anunció un cambio de formato para esta iniciativa cultural. Pasó de ser un certamen a una bienal curatorial que cambia su sede en cada edición y aborda temas de investigación distintos cada vez.

El nuevo formato busca fomentar redes de diálogo y colaboración dentro la comunidad cultural local (creadores, artesanos, curadores, gestores, académicos, estudiantes e, incluso, las instituciones), a través de una programación alrededor del arte moderno y contemporáneo. Además, implica la participación de obras comisionadas, la organización de un programa pedagógico y talleres con artistas invitados; un programa público de conferencias, y un programa editorial. Las conversaciones críticas y propositivas que se generan a partir de la Bienal FEMSA permiten reflexionar, en conjunto con la comunidad local, la función de los museos, colecciones y espacios públicos y patrimoniales de las ciudades.

Esta bienal curatorial fomenta y apoya la producción artística y destina recursos a infraestructura, investigaciones, publicaciones, programas educativos y exposiciones que alcanzan a un mayor número de personas. 

La XIII Bienal FEMSA se realizó en Zacatecas y la actual se lleva a cabo en Morelia y Pátzcuaro, Michoacán. 

Rodríguez Garza explica que, para seleccionar las nuevas sedes, el Comité Organizador considera los museos de la ciudad, la oferta académica compatible con el desarrollo artístico y la presencia de FEMSA en el estado para facilitar los procesos de operación.

“Trabajamos con el apoyo tanto de FEMSA como de sus Unidades de Negocio que se encuentran en los países en donde estamos. Es difícil llegar a un lugar en el que no podamos contar con apoyo económico. La Bienal es realizada por una asociación civil que tiene la capacidad de funcionar únicamente a partir de las aportaciones de FEMSA y sus Unidades de Negocio”, añade la Gerente del Programa Cultural de esa empresa.

TRAZANDO NUEVAS RUTAS

Los proyectores Zeiss son artefactos que se diseñaron en Alemania para estudiar el cosmos, en los años 20. Aún hay en funcionamiento una de estas máquinas del tiempo y del espacio en el planetario michoacano Felipe Rivera. En la actual edición de la Bienal, se echará mano de este instrumento que genera una bóveda celeste. Utilizarán sus 8 mil estrellas en una instalación artística. 

La astronomía y otras referencias astrológicas han inspirado a esta fiesta cultural que este año tiene como sede Morelia y Pátzcuaro. Daniel Garza Usabiaga, Director Artístico de la XIV Bienal FEMSA, es Géminis. El signo zodiacal es un dato curioso que los artistas y los curadores comparten, en esta ocasión, para remitir al azar y para presentarse de manera menos solemne.

“Varios de los proyectos artísticos tienen que ver con los cuerpos celestes y el espacio”, explica quien además es curador e investigador del arte. Dice que pensar en las dinámicas azarosas que hicieron confluir a los artistas, en los años 30, en Michoacán, también motivó el título de la actual edición: “Inestimable azar”

Las actividades de la Bienal iniciaron en febrero y culminarán en febrero de 2021. Los organizadores incluyeron a cinco curadores michoacanos que estarán a cargo de cinco exposiciones de obras de 25 artistas invitados.

Garza Usabiaga explica que este nuevo formato es novedoso para México, pero no para el resto del mundo. “A través de su Programa Cultural, la Fundación FEMSA, buscando generar un impacto social más amplio, propuso cambiar el formato de la Bienal para que no sean solamente un par de ganadores (en un certamen), sino un universo de personas beneficiadas”, comenta.  

 “Ahora, la idea es que la Bienal suceda en una ciudad distinta del país, como un ejercicio de descentralización. También nos interesa cambiar ciertas percepciones, sobre todo las que involucran el trabajo con artesanos y arte popular. Tratar de acercarlo al nivel del arte para que no sea vea como otro campo. Tratar de darle a estas expresiones el mismo valor de manifestación artística”, agrega. 

FOTO: Especial

 

Erandi Ávalos forma parte del equipo de curaduría que participa en la actual edición de este encuentro artístico. La también historiadora del arte califica como acertada la estrategia para incluir curadores locales. “Se crean vínculos reales y enriquecen a la Bienal. Es imposible que los agentes culturales externos tengan una visión fina de lo que aquí ha ocurrido en los últimos 50 años en el arte. Así que se aliaron con quienes sí tenemos esa perspectiva”, explica la curadora michoacana. 

Después de la Segunda Guerra Mundial, varios agentes culturales viajaron a México. Tan solo en la región lacustre de Michoacán se instalaron artistas de casi 20 países. Ávalos explica que el intercambio de esos creadores extranjeros con artistas locales y pueblos originarios es una particularidad representativa del arte michoacano.

“Después de estar sumidos en una crisis tremenda, la Bienal llega en un momento muy adecuado. Estamos listos para aprovechar de la mejor manera un evento de esta magnitud”, asegura la curadora de signo Escorpión.

 

UN CAMINO COMÚN 

Durante la época de contingencia sanitaria por COVID-19, los organizadores de la Bienal FEMSA han logrado migrar a plataformas virtuales las conferencias que tenían programadas. El proceso de creación de los artistas invitados está previsto que comience hacia septiembre de 2020, cuando ya se habrá superado la fase más crítica de la pandemia. 

Los artistas extranjeros invitados aún trabajan desde sus países de residencia — Costa Rica, España, Estados Unidos, Guatemala, Holanda, Honduras, Nicaragua y República Dominicana—. Los artistas nacionales invitados son de Baja California, Ciudad de México, Guanajuato, Jalisco y Oaxaca, además del estado sede. Al día de hoy, ninguno ha comentado abiertamente si en sus creaciones harán referencias de manera explícita al coronavirus. 

Foto: Especial

Sin embargo, la Bienal FEMSA se ha convertido en ese mosaico de generaciones, expresiones y tendencias que sorprenden al espectador con sus exposiciones. 

Es el espacio que incluyó al artista conceptual Mario García Torres con una exhibición sonora con música de banda dentro de la sala de máscaras más grande del mundo, en Zacatecas. Es también el escaparate que aceptó una instalación de Mauricio Gattás recreando una cocina de “Mil novecientos cincuenta y cuatro”, con la mesa puesta, un plato de sopa servido y una botella de Coca-Cola a medio terminar. 

Es la plataforma que, a la fecha, ha logrado convocar a casi 10 mil artistas mexicanos y extranjeros residentes en el país, con más de 20 mil obras. Además de impulsar la producción artística, existe la posibilidad de que algunas obras creadas en el marco de la Bienal se integren a la Colección FEMSA, uno de los acervos de arte moderno y contemporáneo latinoamericano más prestigiados a nivel internacional. Es, sobre todo, a decir de quienes la conocen bien, una ruta distinta para fomentar la creación. 

 

Entrevistas: Delia Angélica Ortiz

 

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