Las niñas rumanas traficadas como esclavas sexuales en Reino Unido
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'Las reclutan en los patios de las escuelas': las niñas rumanas traficadas como esclavas sexuales en Reino Unido

Engañadas con la promesa de amor y matrimonio, muchas jóvenes rumanas se vuelven presa fácil de los traficantes que las reclutan desde pequeñas, cuando van a la escuela.
11 de febrero, 2022
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Por fuera, con su chimenea y ladrillos rojos, parece una casa como cualquier otra. Pero cuando la policía entra por la fuerza a esta residencia en la ciudad de Birmingham, en el centro-oeste de Inglaterra, nada en ella se asemeja a una típica vivienda familiar.

En medio de habitaciones semivacías, amuebladas pobremente con un colchón y unos cuantos trastos viejos, los agentes se encuentran con cuatro jóvenes rumanas en ropa interior, que se defienden apenas con monosílabos en un inglés precario.

Juguetes sexuales, artículos de belleza, cigarrillos, drogas y condones pueden verse desperdigados por cada uno de los ambientes.

Aunque ellas lo niegan, la policía sospecha que son víctimas de tráfico sexual de menores.

Casa que se utiliza como burdel en Reino Unido

BBC
Las casas que se usan como burdeles tienen poco más que un colchón y algún mobiliario viejo.

Dado que el trabajo sexual es legal en Reino Unido, después de llevárselas para interrogarlas en un entorno seguro, a las fuerzas de seguridad no les queda más remedio que devolverlas al sitio en el que las encontraron.

La escena es alarmante, pero tristemente familiar: en distintos rincones del país, mujeres y niñas son retenidas como esclavas y vendidas para que mantengas relaciones sexuales.

De todas las presuntas víctimas de tráfico sexual en Reino Unido en 2021, había más jóvenes procedentes de Rumania que de ningún otro lugar en el mundo.

Jean Mackenzie, periodista de la BBC, viajó hasta ese país del sureste europeo para entender cómo acaban estas niñas en el negocio del tráfico y la prostitución, y por qué son tan renuentes a aceptar ayuda de la policía cuando tratan de rescatarlas en Reino Unido.

Desamor

“Las reclutan en los patios de las escuelas”, le explica a la BBC Iana Matei, quien dirige el único refugio del país para niñas que han sido víctimas del tráfico sexual.

Iana Matei

BBC
Iana Matei dirige el único refugio en el país para niñas víctimas de la trata.

El año pasado, en Rumania, se registaron 429 víctimas de tráfico sexual, según fuentes del gobierno. La mitad eran niñas.

“Los reclutadores van a los patios de las escuelas y les dicen: ‘Eres hermosa, inteligente, quiero casarme contigo’. Y ellas quieren creerlo. Les lavan el cerebro”.

Es lo que se conoce como la táctica del lover boy (joven amante): las convencen de que están enamorados de ellas, que quieren un futuro juntos y al poco tiempo las inician en el camino de las drogas, el alcohol y la prostitución.

“Tengo aquí una niña (Daniella*, de 13 años) que está desperada por volver junto a su ‘amante’ de 52 años”.

“Cuando se escapa, le dice a la policía que se quiere ir con él. ‘Lo amo’, les dice”, cuenta Matei, quien cree que el tráfico no es como muchos piensan solo consecuencia de la pobreza, sino de lafalta de amor.

“Si el amante le dice te quiero y al día siguiente le pega para que vaya a trabajar a la calle, ¿qué importa? Les han pegado tantas veces, las han humillado tanto. Han pasado por todo lo que se te pueda ocurrir, pero nunca se encontraron con un ‘te quiero'”, señala Matei.

Destaca que las niñas reclutadas son cada vez más jóvenes, de 12 o incluso 10 años. Cuando llegan a Reino Unido, con 18, explica, “esa es a única vida que conocen”.

48 horas de vida

A Elena, sus traficantes en Reino Unido la abandonaron cuando la dieron por muerta, después de que sufriera una hemorragia y no parara de sangrar.

Niñas traficadas

BBC
Muchas jóvenes intentan ahora rehacer sus vidas.

Cuando la policía la encontró en una departamento en el condado de West Midlands, en el centro-oeste del país, la trasladaron inmediatamente al hospital.

Los médicos creen que no le quedaban más de 48 horas de vida. La habían golpeado, cortado, estaba desnutrida, con quemaduras.

Ahora, recuperada, cuenta que no tuvo otra opción que aceptar ser traficada. “(Mi traficante) me amenazó con lastimar a mi hijo y matar a mi madre”, contó la joven, que tuvo que abandonar a su niño de un año.

Al llegar, dice, la ubicaron en una casa con otras jóvenes. “Éramos tres chicas. Tenía que acostarme con varios hombres todos los días”.

“Eran entre 10 y 20. A veces ganaba unos US$1.300 y le entregaba todo el dinero”.

En internet, lejos de la mirada pública

A Elena, al igual que a muchas otras jóvenes, la obligaban a ofrecer sus servicios en internet, en páginas que son legales.

Colin

BBC
Ward dice que como la búsqueda de clientes se hace a través de internet, a la policía le resulta muy difícil encontrar a las jóvenes.

“(Esta actividad) se trasladó de los burdeles a internet” le explica a la BBC Colin Ward, inspector de la Policía del Gran Mánchester, un condado del noroeste de Inglaterra.

“Ahora están un casa normal, en una calle cualquiera”.

Como por consecuencia no tienen que salir a las calles a por clientes, para la policía es mucho más difícil identificarlas.

“No sabemos a dónde ir a buscarlas”, añade Ward, quien asegura que el negocio del tráfico sexual en Reino Unido es boyante y que no tienen clara su verdadera dimensión.

Desconfianza

Casi la totalidad de las jóvenes rumanas no se muestran dispuestas a tomar la ayuda que les ofrece la policía británica. Ward cree que eso se debe probalemente a la experiencia que tienen con la policía en su propio país.

“Trabajo en esto desde hace 14 años, y probablemente puedo contar con los dedos de una mano cuántas dijeron sí, soy víctima, necesito ayuda. Simplemente no ocurre”, cuenta.

En parte se debe a que el trabajo de los traficantes con las niñas comienzan en muchos casos cuando estas apenas tienen 10 años, por eso muchas no se dan cuenta de que están siendo explotadas.

Niña traficada junto a la periodista de la BBC

BBC
Andrea no fue traficada una sino dos veces.

Pero sobre todo es la la falta de acción de la policía rumana lo que genera en ellas una desconfianza profunda, como pudo comprobar la periodista de la BBC Jean Mackenzie cuando conversó con los padres de Andrea*, una niña traficada no una sino dos veces.

“Cuando fui a la policía me dijeron que no había nada que pudiesen hacer, que no tenían personal para buscarla”, recuerda su madre.

https://www.youtube.com/watch?v=p6ijJCOeYxA

Fue ella la que acabó rescatando a su propia hija haciendose pasar por un traficante de drogas y llegando a un acuerdo con el hombre que la retenía.

La policía le dijo a la BBC que investigó el caso de Andrea y lo derivó a una unidad especializada.

No obstante, no es la única historia en que los padres reportan que la policía hace la vista gorda.

Vacío legal

Cosmin Andreica, presidente del sindicato de la policía en Rumania, reconoce que cada vez es mayor el número de jóvenes traficadas en Rumania.

El sistema está sobrepasado“, afirma.

Madre de Andrea

BBC
La madre de Andrea logró rescatar por sus propios medios a su hija la primera vez que fue traficada.

“Tenemos más de 100 casos de desapariciones por día en un condado, y solo tenemos entre uno y cinco policías que investigan este tipo de casos. Es imposible investigar”.

Pero no es solo eso, el problema es que como los traficantes emplean la táctica del “amante joven” para atraer a las niñas, aprovechan para explotar un vacío legal: cuando una menor se va voluntariamente, la policía no puede tratar la situación como un delito.

“Al Estado de Rumania no le importa la vida de los niños. Esa es la conclusión”, dice Andreica.

Entretanto en Reino Unido, pese a los esfuerzos de la policía, los resultados están lejos de ser óptimos, que la mayoría de los casos no llegan a los tribunales.

Refugio en Rumania

BBC

Según cifras oficiales, de las 6.000 víctimas de tráfico sexual identificadas en el paísentre abril de 2018 y diciembre de 2020, solo 95 casos llegaron a los tribunales.

Para Matei, la única manera de generar un cambio es hacer que este delito se castigue con penas más altas.

“El tráfico es crimen organizado. Tal y como funciona ahora, la ganancia es alta y el riesgo es bajo”, dice.

“Pero si revertimos la ecuación, encarcelas a los traficantes por un largo tiempo y confiscas todo lo que tienen, ya no va a ser tan fácil. Lo van a pensar dos veces (antes de hacerlo)”.

*Los nombres en en esta historia han sido cambiado para proteger la identidad de las víctimas.


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Óscar Martínez

México: la apuesta comunitaria de revivir un bosque arrasado por el fuego

En 1998, el ejido de Tonalaco, en Xico, Veracruz, perdió al menos 300 hectáreas de bosque comunitario tras un incendio.
Óscar Martínez
Por Flavia Morales / Mongabay Latinoamérica
26 de marzo, 2022
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El bosque de pinos del ejido Tonalaco es tan frondoso que nadie pensaría que hace 24 años un incendio forestal lo devastó. Los ejidatarios de esta comunidad que limita con el Parque Nacional Cofre de Perote, en Xico, Veracruz, lograron la recuperación de su bosque con la organización comunitaria, reforestación y la reconversión de terrenos agrícolas y ganaderos.

El año 1998 marcó la historia del ejido Tonalaco, ubicado en la zona centro de Veracruz y que tiene parte de sus tierras comunales dentro del Parque Nacional Cofre de Perote. Ese año el fuego arrasó con su bosque. “Cuando pasó, daban ganas de llorar”, recuerda Mario Gálvez Morales, comisariado ejidal de Tonalaco. “No pudimos atajar el incendio, aunque todo el pueblo trabajó; fueron varios días y cuando todo terminó, había árboles quemados, otros secos que ya no sirvieron. Los animales habían muerto, otros habían huido. Hasta nuestros arroyos disminuyeron”.

La temporada de incendios forestales de 1998 fue una de las peores en México: 840 mil hectáreas resultaron afectadas. Tan solo en el estado de Veracruz, la Comisión Nacional Forestal (Conafor) contabilizó 539 incendios, el más grave se presentó en el Parque Nacional Cofre de Perote, donde se perdieron 3 mil hectáreas de bosque de coníferas.

En el ejido Tonalco, el fuego terminó con, por lo menos, 300 hectáreas de bosque.

Mario Gálvez Morales, comisariado ejidal de Tonalaco. Foto: Óscar Martínez.

Mario Gálvez Morales, comisariado ejidal de Tonalaco. Foto: Óscar Martínez.

Revalorar al bosque

Cuando se presentó el incendio, los ejidatarios de Tonalco ya realizaban aprovechamiento forestal en las 208 hectáreas que tienen de uso común. A pesar de ello, no habían logrado detener la tala clandestina ni el pastoreo de ganado sin control. Esas condiciones contribuyeron a que el bosque fuera aún más vulnerable a la expansión del fuego.

El incendio enfrentó a los poco más de mil habitantes de Tonalco a una realidad compleja: sin el bosque, la economía decayó. Por la falta de empleos, mucha gente del pueblo migró; otros buscaron nuevas opciones económicas en la región.

Lee: Incendio en Tepoztlán: controlan 20% de la quema y hay un detenido

Los habitantes que no se fueron, los que se quedaron, se lanzaron a la hazaña de recuperar la zona forestal. “Nos dimos cuenta de que el bosque era un patrimonio, que nos hacía falta. La gente lo empezó a ver con otros ojos. Empezamos a reforestar cada año hasta que se cubrió todo”, recuerda Darío Gálvez, uno de los ejidatarios.

Regeneración del bosque de Tonalaco, en Veracruz. Foto: Óscar Martínez.

Regeneración del bosque de Tonalaco, en Veracruz. Foto: Óscar Martínez.

“Después del incendio, como en el 2000, la asamblea (ejidal) decidió prohibir el pastoreo en el bosque, porque antes el ganado entraba y se comía los renuevos de los árboles. Haga de cuenta que dejaba los palos pelones y no crecía el bosque, se prohibió y el monte empezó a crecer”, cuenta el comisario ejidal.

Mario Gálvez reconoce que, al inicio, varios ejidatarios y habitantes de la comunidad mostraron su descontento por las medidas restrictivas que se tomaron para el uso del bosque. La asamblea ejidal no cedió. 

La llegada del programa federal ProÁrbol, en 2007, también ayudó en impulsar la reforestación de las tierras comunitarias del ejido. Los resultados de esos esfuerzos se comprueban al visitar el bosque de Pinus patula recuperado y ubicado a unos 49 kilómetros del Parque Nacional Cofre de Perote.

En 2012, el ejido de Tonalaco obtuvo el premio estatal al mérito forestal por la reforestación y conservación de su bosque. Foto: Óscar Martínez.

En 2012, el ejido de Tonalaco obtuvo el premio estatal al mérito forestal por la reforestación y conservación de su bosque. Foto: Óscar Martínez.

Apostar a la siembra de árboles

José Ruíz Elox, quien fue promotor forestal del ejido, recuerda que desde 2005  la comunidad comenzó la reconversión de 400 hectáreas catalogadas como agropastoriles, para transformarlas en zona forestal.

“La gente de la comunidad —explica Ruíz— percibió que el bosque podía ser una forma económica de vida, igual que la siembra o el ganado, entonces comenzaron a reforestar en sus parcelas. Incluso, algunos ya tienen permisos particulares de aprovechamiento (forestal), estamos hablando de árboles que se sembraron hace 20 años”.

El ejidatario Darío Gálvez no olvida que otros ejidatarios lo calificaron de loco cuando dijo que cambiaría su hectárea de maíz para sembrar árboles. Su apuesta funcionó: ya obtuvo recursos por el primer corte de madera que realizó como parte del aprovechamiento de árboles que tiene en su parcela.

“El año pasado lo aproveché. Dicen que los bienes sirven para remediar los males: se enfermó mi nieto y tuve que echar mano del bosque para llevarlo al médico y pagar el hospital. Ahora me dan la razón los que decían que estaba loco”, recuerda.

Tajín Fuentes Pangtay, integrante de la Red de Estudios para el desarrollo rural RED AC y director general de la organización Sendas A.C., advierte que el trabajo de los ejidatarios va en sentido contrario a la tendencia mundial: en lugar de deforestar, siembran árboles.

En 2021, Sendas A.C. obtuvo recursos de la organización internacional One Three Planted para la reforestación de 120 mil árboles de plantación forestal comercial en 115 hectáreas de áreas comunes del Tonalaco.

“Muchas de las áreas —explica Tajín Fuentes— estaban dedicadas a la siembra y el pastoreo de animales”. Lo que hacen los campesinos es combinar la plantación forestal con sus sembradíos de frijol y de maíz; cuando los árboles alcanzan cierta altura, entonces quitan la siembra.

“Ambientalmente es positivo”, dice Tajín Fuentes. Pero también reconoce que eso  revela la existencia de “una quiebra económica del campo: los mismos ejidatarios dicen que sale más barato comprar maíz que sembrarlo”.

La comunidad de Tonalaco se localiza muy cerca del Parque Nacional Cofre de Perote. Foto: Óscar Martínez.

La comunidad de Tonalaco se localiza muy cerca del Parque Nacional Cofre de Perote. Foto: Óscar Martínez.

El ejidatario José Ruíz Cortes recuerda que antes de iniciar todos estos cambios, solo había manchitas de bosque: “Prácticamente éramos enemigos del bosque. Vivíamos de él, pero lamentablemente no veíamos a futuro. Despertamos y vimos que el bosque era beneficio, más que acabarlo teníamos que protegerlo”.

Cuando se camina por las calles de este pueblo, a unos 2800 metros sobre el nivel del mar, las palabras de los ejidatarios corresponden a lo que se mira: entre las parcelas sobresalen pequeños grupos de pinos. 

Lee: “No dejen el bosque solo”: ambientalistas continúan con su lucha a pesar de asesinatos y amenazas

Tajín Fuentes señala que “el bosque es el patrimonio más importante de los campesinos en la montaña y es legítimo que lo utilicen comercialmente, con el beneficio de obtener servicios ambientales del bosque”.

En 2012, los ejidatarios de Tonalaco recibieron el premio al mérito ambiental y forestal, en la categoría de reforestación, por la Conafor.

Bosque recuperado después del incendio de 1998. Foto: Óscar Martínez.

Bosque recuperado después del incendio de 1998. Foto: Óscar Martínez.

El continuo aprendizaje del manejo forestal

Para llegar a Tonalaco se cruza un camino de terracería de casi una hora, desde Xico, el municipio más cercano y catalogado como pueblo mágico. Los pobladores se dedican a la siembra de maíz y frijol; viven del bosque y de la crianza de trucha.

Desde hace casi 30 años, los 116 ejidatarios de Tonalaco realizan manejo forestal comunitario. Para ello, cada ocho años deben renovar su permiso ante las autoridades federales. El último venció en abril del 2021. Llevan casi un año a la espera de que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) les autorice un nuevo plan de manejo. 

El retraso en la autorización de los trámites burocráticos les acarrea varios problemas. Por ejemplo, cada año, los ejidatarios aprovechan 3 mil metros cúbicos de madera de pino; programan sus cortes los primeros cinco meses del año, para ganar tiempo a la temporada de lluvias que inicia en junio y hace intransitables los caminos para sacar la madera.

El no tener permiso forestal antes de esa fecha podría provocar que los campesinos pierdan un año del aprovechamiento de su bosque.

Después del incendio, la comunidad de Tonalaco empezó a tener una relación diferente con el bosque. Foto: Óscar Martínez.

Después del incendio, la comunidad de Tonalaco empezó a tener una relación diferente con el bosque. Foto: Óscar Martínez.

El comisario ejidal detalla cómo se realiza el aprovechamiento del bosque:  “El territorio se divide en cuadrillas y metros que se asignan a los ejidatarios para sacar la madera”. Los árboles se cortan cuando alcanzan la edad de diez o 12 años.

Esta comunidad tiene como ventaja el ubicarse en la parte húmeda del Cofre de Perote, por lo que el crecimiento de los pinos es más acelerado que en otras áreas de la región. 

La madera que producen la venden a industriales de la construcción. La asamblea de ejidatarios decide cuál es el precio que más les conviene; las ganancias se reparten en partes iguales, después de descontar el pago de los trabajos de conservación del bosque como chapeos, brechas y compra de planta para reforestación.

Lee: “El bosque es el corazón de Ixtlán”: la historia de la comunidad que aprovecha y cuida sus bosques

Parte de las ganancias que obtiene el ejido por el manejo forestal se destinan a obras para la comunidad. Por ejemplo, de ahí obtuvieron los recursos para construir el salón ejidal y sus oficinas; el salón social y tener un sistema de agua potable. 

Salón social de Tonalaco en Xico. Foto: Óscar Martínez.

Salón social de Tonalaco en Xico. Foto: Óscar Martínez.

El manejo comunitario del bosque también les ha dejado varios aprendizajes, uno de los más importantes, a nivel técnico, es que han mejorado los procesos de corte para evitar el desperdicio de madera. 

“Con el corte direccionado que aprendimos, ahora aprovechamos todo el árbol; antes dejábamos tocones de hasta 30 centímetros, desaprovechamos el bosque, eso luego nos traía problemas a la hora de cuadrar la información con los permisos para transportar madera que expide la Semarnat. Fuimos a un curso y ahora lo hacemos diferente”, explica el comisariado ejidal Mario Gálvez.

Los ejidatarios que rondan los 50 años recuerdan que sus padres les enseñaron a trabajar el bosque, talando sin un programa, sin organización. Con el paso del tiempo, ellos han aprendido nuevas cosas del bosque.

—¿Cómo ven su bosque ahora?  —se les pregunta a Mario Gálvez.

—La verdad es un orgullo. Es un patrimonio para todos, se cuida para todos. Nos da gusto, porque viene gente de otros lados y nos dicen que tenemos bien cuidado, no solo la parte de uso común, también las parcelas. La mayoría de las personas están reforestando, donde sembraban maíz ahora están echando bosque. Unos están aprovechando y han visto que el bosque no necesita que le metamos costo de producción, el monte crece solito, solo hay que cuidar la plantita, necesita lluvia y conservación.

Los ejidatarios han aprendido nuevas técnicas para lograr un mejor aprovechamiento comunitario. Foto: Óscar Martínez.

Los ejidatarios han aprendido nuevas técnicas para lograr un mejor aprovechamiento comunitario. Foto: Óscar Martínez.

Los campesinos dicen que se acabó con la tala clandestina. No es necesario que realicen rondas de vigilancia en el bosque, porque los ejidos colindantes —como Laureles y Tlacuilolan— también realizan aprovechamiento forestal. Así que, aseguran, todos se respetan.

José Ruíz, quien estudió durante un año ingeniería forestal, pero abandonó la carrera por falta de recursos, explica que el ejido ahora busca dar un paso más, crear una empresa forestal comunitaria y entrar a la transformación de la madera.

Es por ello que presentaron un proyecto a la Conafor para contar un aserradero. Su propuesta fue rechazada, porque requerían tener un aprovechamiento de, al menos, 5 mil metros cúbicos de madera mensuales. Para cumplir con ese requisito, planean invitar a ejidos vecinos que también realizan manejo forestal.

“A veces, tristemente, el que más gana es el industrial. La madera con transformación tiene hasta un 30 % más de valor. Además, acá muchos habitantes saben de carpintería, podríamos establecer una cadena productiva”, dice Ruiz.

José Ruiz Elox, quien fue promotor forestal en Tonalaco. Foto: Óscar Martínez.

José Ruiz Elox, quien fue promotor forestal en Tonalaco. Foto: Óscar Martínez.

Entre los planes del ejido también está entrar este año al mercado de bonos de carbono; es decir, recibir recursos económicos por la captura de carbono que realiza su bosque.

El grupo de ejidatarios también quiere solicitar a la Comisión Nacional de Áreas Protegidas (Conanp) pago por servicios ambientales por el cuidado que realizan de las 112 hectáreas de uso común que forman parte de sus tierras comunitarias y que son parte del Parque Nacional Cofre de Perote.

“El bosque es un beneficio colectivo: da agua, no solo a los ejidatarios, también a otros. Somos un lunarcito en medio de un gran territorio. Esto beneficia al ecosistema para todos, por eso creemos que el cuidado es importante”, dice José Ruíz, a quien su padre le heredó dos hectáreas de tierras. Él seguirá por el camino ya trazó su comunidad: vivir del manejo forestal sustentable.

 

 

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