'No volverá a poblarse jamás': los 5 años en los que CDMX desapareció
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'No volverá a poblarse jamás': los 5 años en los que CDMX desapareció

Una tragedia tan importante como desconocida marcó a una generación entera de habitantes de la capital de lo que hoy es México y llevó incluso a plantear el traslado de la ciudad.
15 de mayo, 2021
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Quien vive en Ciudad de México sabe que su ubicación no solo la hace especialmente susceptible de sufrir terremotos.

Su fundación sobre un lago hace que sea también tremendamente vulnerable ante inundaciones. Es por eso que, desde hace siete siglos, los habitantes de esta zona miran con cierto recelo al cielo cuando llueve con fuerza ante el temor de dramáticas consecuencias.

Este 13 de mayo, el gobierno mexicano conmemoró los 700 años de la fundación de Tenochtitlan, antigua capital mexica y actual Ciudad de México.

Y aunque hay grandes dudas sobre la veracidad de esta fecha —muchos historiadores creen que el aniversario se celebraría en 2025—, de lo que no hay duda es que la megaurbe se ha enfrentado a grandes inundaciones a lo largo de su historia.

Pero entre todas, destaca la registrada en 1629: un desastre que, aunque desconocido por muchos, fue sin duda una de las mayores tragedias de todos los tiempos para la ciudad.

La fuerza de la lluvia fue tal que la capital “desapareció” bajo las aguas durante nada menos que cinco años y se llegó a plantear su traslado a otro lugar. La ciudad tuvo que emerger, literalmente, y reconstruirse casi desde cero.

Aquella catástrofe que marcó a una generación entera es conocida como el diluvio o inundación de San Mateo.

Los problemas de vivir sobre un lago

Cuando los mexicas fundaron Tenochtitlan en el siglo XIV sabían el riesgo de ubicarla en medio del lago de Tezcuco. Por eso realizaron obras como diques y muros de piedra para controlar el nivel de las aguas que les rodeaban.

Mapa de Tenochtitlan

Getty Images
La ciudad de México-Tenochtitlan comenzó como una isla conectada por canales a los pueblos vecinos.

Cuando cayó ante los españoles dos siglos después, Hernán Cortés lideró la construcción sobre aquellas ruinas de una magnífica ciudad destinada a ser la capital del virreinato de Nueva España.

Entre lagos se levantaron palacios, iglesias, plazas y hospitales, pero no los sistemas de drenaje adecuados para aquel entorno.

A inicios del siglo XVII, Ciudad de México sufrió hasta cinco grandes inundaciones.

Las autoridades pensaron como solución en construir un gran desagüe que fuera drenando los lagos de la cuenca de México.

El proyecto le fue encomendado al ingeniero Enrico Martínez, que comenzó las obras del canal de Huehuetoca en 1607. Pero el desastre se veía cada vez más cerca.

“Enrico Martínez comprendió que la deforestación, el pastoreo sin discriminación y la expansión de los cultivos habían erosionado la capa de tierra. Año con año, las fuertes lluvias arrastraban más tierra a los lagos, elevando el nivel del agua”, escribió Richard Everett Boyer en su libro “La gran inundación”.

Monumento a Enrico Martínez

Marcos González
Una estatua junto a la catedral del Zócalo de Ciudad de México recuerda a Enrico Martínez. En su base, existen cuatro medidores que señalan los niveles de agua de otros tantos lagos.

Dos décadas después del inicio de su construcción, las constantes modificaciones y la falta de inversión hicieron que el canal aún no estuviera funcionando.

Una ciudad desierta

Cuando entre el 20 y 21 de septiembre de 1629 una gran tromba de agua azotó la capital, Martínez decidió bloquear la entrada del canal para evitar que el agua afectara a las reparaciones que se le estaban realizando.

Las consecuencias para los habitantes de la ciudad fueron dramáticas. La lluvia que cayó con furia durante 36 horas seguidas bajó imparable desde los montes hasta la ciudad, donde el nivel del agua superó los dos metros de altura.

El torrente arrasó con las frágiles casas de adobe de la población indígena que vivía en la periferia de Ciudad de México.

Mapa de la ciudad inundada

INAH
Este mapa representa la Ciudad de México anegada de agua tras la inundación de 1629.

Los muertos se contaban por miles, que flotaban entre animales y muebles llevados por la corriente que alcanzaba los pisos altos de las casas que habían quedado en pie.

Muchos de los habitantes de clases pudientes que sobrevivieron decidieron marcharse. Algunas fuentes apuntan a que de 20.000 familias que vivían antes de la inundación, quedaron solo 400.

“Aquella gran ciudad quedó casi abandonada, desierta. El panorama era desolador y las escenas que se veían eran apocalípticas”, le dice a BBC Mundo Enrique Ortiz García, escritor y cronista de Ciudad de México.

Una de ellas, destaca el divulgador cultural, es la procesión que se organizó sobre las aguas y en la que participaron unas 200 canoas encabezadas por la virgen de Guadalupe, a quienes los habitantes pedían que intercediera para que las aguas se disiparan.

O la llamada “isla de los perros”, un montículo en el desparejo suelo de la actual plaza del Zócalo a donde acudieron desesperados todos los perros callejeros de la ciudad para refugiarse y evitar ahogarse.

Este dibujo muestra una vista panorámica de Tenochtitlan y del llamado "Valle de México".

Getty Images
Este dibujo muestra una vista panorámica de Tenochtitlan y del valle de México sobre el lago.

Vivir inundados

Las aguas no bajaban, por lo que quienes se quedaron tuvieron que aprender a convivir con ellas.

Se colocaron puentes de madera en las azoteas y se recuperaron las canoas, como se usaban en la antigua Tenochtitlan, como única manera de desplazarse por la ciudad. A las casas solo se podía entrar por las ventanas del segundo piso.

Los sacerdotes celebraban misas en los techos de los conventos para tratar de confortar a los vecinos, que les escuchaban desde sus casas creyendo que estaban condenados, como aquella ciudad, a desaparecer.

Había carestía de alimentos y los saqueos eran continuos. La falta de higiene y el agua contaminada estancada en la ciudad inundada propagaron las enfermedades como la pólvora.

“Esta ciudad no volverá a poblarse jamás”, escribió fray Gonzalo de Córdoba, según destaca Héctor de Mauleón en su libro “La ciudad oculta”.

Dos años después de la inundación, e incapaces de descubrir un sistema para que las aguas desaparecieran, las autoridades discutieron sobre la posibilidad de trasladar la ciudad a otro lugar.

Rodrigo Pacheco y Osorio, marqués de Cerralvo y virrey de Nueva España, se planteó establecer la capital en Coyoacán o Tacuba.

Pero la idea fue finalmente desechada. La inversión para crear Ciudad de México había sido millonaria, por lo que reconstruir las obras y edificios afectados por el agua sería más barato que empezar una urbe desde cero.

Rodrigo Pacheco, virrey de Nueva España

Dominio público
Rodrigo Pacheco y Osorio, virrey de Nueva España, perdió a su hija dos años después de que la ciudad quedara inundada.

Una generación marcada

La ciudad siguió sufriendo lluvias torrenciales y permaneció bajo el agua nada menos que durante cinco años.

No fue hasta 1634 que una sequía disminuyó el nivel del agua. Muchos prefirieron pensar que fueron sus plegarias a la virgen de Guadalupe las que salvaron la capital.

Se estima que unas 30.000 personas murieron en total, ahogadas o por las enfermedades causadas por las inundaciones durante los años posteriores.

La catástrofe marcó, por lo tanto, a una generación entera de capitalinos. Los cimientos de todas las construcciones quedaron dañados y muchas acabaron colapsando tiempo después.

“En la Ciudad de México actual no quedan más de 10 construcciones anteriores a 1629. De tal grado fue la inundación, que prácticamente hubo que reconstruir con el tiempo toda la ciudad”, señala Ortiz García.

Cabeza de león en la calle Madero

Marcos González
En la concurrida calle Madero, en el centro histórico de Ciudad de México, una cabeza de león de piedra marca el nivel al que llegaron las aguas de las inundaciones de 1629.

Aquella decisión de mantener Ciudad de México en su emplazamiento original marca innegablemente el destino de quienes viven en ella siglos después. “Es un deporte extremo vivir en esta ciudad porque te cuidas de las inundaciones, de los temblores por ser zona sísmica…”, afirma el escritor.

Sin embargo, y pese a ser una de las tragedias más importantes en la historia de la capital con efectos y consecuencias hasta el día de hoy, la tragedia de la inundación de San Mateo no es ampliamente conocida.

Según Ortiz García, “el periodo virreinal en México es en general poco estudiado porque todavía, de algún modo, ‘cala’ en el ánimo de los mexicanos. Los gobiernos posrevolucionarios enaltecieron las culturas originarias y todo lo que marca el origen del México independiente”.

“Algunos incluso inculcaron un menosprecio hacia la ocupación española porque lo veían desde un contexto actual. Eso es entender la historia de mala forma, porque son hechos del pasado que también forman parte de nuestra existencia”, remata.


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Cuartoscuro

Juez frena obras del Tren Maya en el Tramo 5 Sur, ante posible afectación ambiental

De acuerdo con un juzgado de Yucatán, esta medida provisional está fundamentada en que las obras del Tramo 5 Sur pueden provocar “un daño inminente e irreparable por no contar de manera previa con las autorizaciones de impacto ambiental”.
Cuartoscuro
19 de abril, 2022
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El Juzgado Primero de Distrito de Yucatán concedió este lunes la suspensión provisional de las obras del Tramo 5 Sur del Tren Maya, por lo que las máquinas que han estado cortando árboles para abrir paso a la obra en la zona que va de Playa del Carmen a Tulum deberán detenerse de inmediato hasta que se resuelva de fondo el amparo.

En concreto, el juzgado radicado en Mérida ordenó que se “suspenda o paralice” cualquier acto que tenga que ver con la continuación de la construcción del Tramo 5 Sur, “de modo que no se permita la ejecución de obras relacionadas con su construcción, infraestructura, remoción o destrucción de la biodiversidad del terreno o cualquier otra actividad que implique su ejecución material”.

De acuerdo con la resolución del juez, a la que Animal Político tuvo acceso, esta medida provisional de detener las obras en el Tramo 5 Sur está fundamentada en que, tal y como expuso en la demanda que presentó un grupo de buzos de cuevas y de cenotes, las obras del Tramo 5 Sur pueden provocar “un daño inminente e irreparable a la zona (…) por no contar de manera previa con las autorizaciones de impacto ambiental”.

Lee:“¿Dónde estaban cuando empezó la verdadera devastación?”: Semarnat cuestiona a críticos del Tren Maya

Sobre esto, cabe recordar que la demanda de amparo fue interpuesta por espeleólogos y buzos residentes en Playa del Carmen, y acompañada legalmente por la organización civil Defendiendo el Derecho a un Medio Ambiente Sano A.C. (DMAS).

En marzo pasado, los espeleólogos denunciaron que las constructoras del Tramo 5 del Tren Maya proyectan construir el tren pasando por encima de cenotes, ríos subterráneos y sistemas de cuevas milenarias, poniendo en riesgo el equilibrio ecológico de toda la zona.

“Nos dijeron que nos acostumbráramos a bucear entre pilotes”, denunció el buzo Luis Leal en un reportaje que publicó este medio el 3 de marzo pasado.

Un día antes de esa publicación, la organización civil ambientalista de Quintana Roo, Moce Yax Cuxtal, denunció que las obras de desmonte y deforestación de árboles en la selva virgen de Playa del Carmen ya habían arrancado para abrir paso al nuevo trazo del Tramo 5 del Tren Maya, a pesar de que no se contaba con la Manifestación de Impacto Ambiental ni con los permisos necesarios para iniciar las obras.

Por ello, poco después, el 6 de marzo, espeleobuzos, biólogos, activistas y ambientalistas, anunciaron que interpondrían amparos para frenar las obras del Tramo 5 del Tren Maya.

Hasta el momento, ayer lunes un juzgado de Yucatán ya concedió el primer amparo de manera provisional, aunque solo para el Tramo 5 Sur, el que va de Playa del Carmen a Tulum; situación que lamentó la organización DMAS.

“Vamos por todo el tramo 5, pero solo dieron suspensión del tramo 5 Sur. La realidad es que todo el proyecto debe ser cancelado”, expuso la organización en su perfil de Facebook.

Por su parte, el colectivo ciudadano Voces Unidas de Puertos Morelos también subrayó la necesidad de que la suspensión sea para todo el Tramo 5, es decir, para el trayecto que va de Cancún a Tulum, y no solo para una parte del mismo.

“Esperamos que el juez dé un fallo a favor de la ciudadanía. Cualquier afectación en cualquier zona sin estudios, sin permisos, sin la MIA, es un atentado a nuestro derecho a un medio ambiente sano, ya que el acuífero es un sistema que todo lo conecta de norte a sur. Y no perdamos de vista que lo que sucede en el sur afectará tarde o temprano al norte, y viceversa”, señaló la organización en un escrito que envió a Animal Político.

El pasado 31 de marzo, el presidente Andrés Manuel López Obrador afirmó que el Tren Maya ya cuenta con “todos los permisos de impacto ambiental”. Sin embargo, tal y como se expuso en El Sabueso, su afirmación es falsa, pues hasta el momento ni el Fondo de Fomento al Turismo (Fonatur), ni la Marina, ni la Semarnat, han presentado la Manifestación de Impacto Ambiental del Tramo 5.

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