La novela escrita hace 100 años que retrata la vida en cuarentena de 2020
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync

La novela escrita hace 100 años que retrata la vida en cuarentena de 2020

En 1909, E.M. Forster escribió una asombrosa novela corta con un relato que parece actual en muchos aspectos, escribe el editor de arte de la BBC Will Gompertz.
5 de julio, 2020
Comparte

Mi esposa estaba escuchando un programa de radio el otro día y oyó a un hombre hablar sobre inteligencia artificial.

Mencionó una novela corta de ciencia ficción escrita por E.M. Forster llamada The machine stops (“La máquina se detiene”), publicada en 1909, y dijo que era profética.

Nosotros no sabíamos de su existencia. Sinceramente, no teníamos a Forster por un novelista de ciencia ficción, más bien lo recordamos por las adaptaciones al cine de la productora Merchant Ivory protagonizadas por Helena Bonham Carter y sus elegantes vestidos victorianos.

Compramos un ejemplar.

“¡DIOS MÍO!”, como no hubiera dicho Forster.

“La máquina se detiene” no es simplemente profética; es una increíble, impactante y asombrosamente precisa descripción literaria de la vida en cuarentena en 2020.

Si se hubiera escrito hoy, seguiría siendo excelente; el hecho de que haya sido escrita hace más de un siglo la hace sorprendente.

"La máquina se detiene" fue publicada en 1909 y fue reeditada en 2013, más de un siglo después de su lanzamiento, lo cual refleja su calidad duradera.

WLC PUBLISHIN
“La máquina se detiene” fue publicada en 1909 y fue reeditada en 2013, más de un siglo después de su lanzamiento, lo cual refleja su calidad duradera.

El breve relato se desarrolla en lo que debió de ser un mundo futurista para Forster, pero no lo será para ti.

Las personas vivían solas en casas idénticas (globalización) en donde escogían el aislamiento (él usa esa palabra), enviaban mensajes por correo neumático (una especie de email o WhatsApp) y chateaban en internet a través de una interfaz de video increíblemente similar a Zoom o Skype.

El burdo sistema de encuentros públicos había sido abandonado hacía mucho tiempo”, junto con el contacto con extraños (“la costumbre se había vuelto obsoleta”), ahora prohibido en una nueva civilización en la que los humanos viven en células bajo tierra con computadoras tipo Alexa al servicio de todos sus caprichos.

Si ya suena espeluznantemente cercano como para causarte preocupación, no te tranquilizará saber que los miembros de esta sociedad conocen a miles de personas a través de redes sociales controladas por máquinas que alientan a los usuarios a recibir e impartir las ideas de otros.

“En cierto sentido, las relaciones humanas habían avanzado enormemente”, escribe con ironía el visionario autor, antes de añadir:

“Pero la humanidad, en su búsqueda del bienestar material, había ido demasiado lejos. Habían explotado en exceso las riquezas de la naturaleza, y el progreso había llegado a significar el progreso de la máquina”.

FOTO 3- FORSTER EN 1924.

Hulton-Deutsch Collection/ Corbis via Getty Images
E.M. Forster comenzó a escribir ficción en el King’s College de Cambridge, donde primero estudió Literatura Clásica y luego Historia (1897-1901).

No se me pasa por alto que estás leyendo esto en internet, en un dispositivo artificial sobre el cual todavía creemos que ejercemos dominio. No por mucho tiempo, según la historia de Forster ni, sospecho, según algunos de los cerebritos detrás de la inteligencia artificial de hoy día.

Estamos en el territorio de monstruoso de Frankenstein, otra advertencia literaria que probablemente no deberíamos ignorar.

No hay una manifestación física aterradora similar en Forster que indique que la ciencia va mal en “La máquina se detiene” (el título lo dice todo), pero eso la hace todavía más inquietante.

Los dos protagonistas de la historia, Vashti y su hijo Kuno, son gente normal, como tú o yo. Ella vive en el hemisferio sur, él vive en el norte.

Kuno quiere que su madre le visite. Ella no está dispuesta.

“¡Pero puedo verte!”, exclama ella. “¿Qué más quieres?”

“Quiero verte, pero no a través de la Máquina”, dice Kuno. “Quiero hablar contigo, y no a través de la fastidiosa Máquina”.

“¡Ay, cállate!”, dice su madre, vagamente sorprendida. “No deberías decir nada contra la Máquina”.

Yvonne Mitchell

BBC
Yvonne Mitchell interpretó el papel de la madre, Vashti, en esta adaptación televisiva de 1966 de The machine stops (“La máquina se detiene”), como parte de una serie de ciencia ficción de la BBC llamada Out of the unknown (“Fuera de lo desconocido”).

Ella prefiere el distanciamiento social y dar su conferencia en internet sobre Música Durante el Período Australiano a una audiencia invisible en el sillón de sus casas que acumula información histórica abstracta sin relevancia alguna para sus vidas subterráneas reales, más allá de ser una distracción ilusoria de su vacía existencia (no muy diferente a los cursos durante el confinamiento, tal vez).

No diré nada más sobre lo que ocurre – es una historia muy corta que leerás en menos de una hora – salvo mencionar que es, básicamente, una versión en la era de las máquinas de la Alegoría de la Caverna de Platón.

En la Caverna de Platón hay dos grupos de filósofos que están separados por un muro, pero en un acalorado debate.

CONSEJO DE ADMINISTRACIÓN DEL MUSEO BRITÁNICO
En la Caverna de Platón hay dos grupos de filósofos que están separados por un muro, pero en un acalorado debate.

La Máquina (internet, para nosotros) es la cueva solitaria, sin aire y sin sol en la que existimos, la información que imparten las sombras en la pared.

E.M. Forster publicó el cuento entre A room with a view (“Una habitación con vistas”, 1908) y Howard’s End (“La mansión, 1910), dos novelas en las que explora temas filosóficos similares en torno a mundos internos y externos, verdad y pretensión.

“La máquina se detiene” apareció por primera vez en la revista británica Oxford and Cambridge Review el mismo año en que Filippo Tommaso Marinetti publicó su furioso “Manifiesto futurista” en el periódico Le Figaro.

El poeta italiano argumentó lo opuesto a la parábola profética de Forster.

Marinetti abrazó a la máquina, argumentando que un automóvil veloz era mucho más hermoso que una escultura griega antigua. El pasado era un peso muerto que necesitaba ser destruido para dar paso al futuro.

Aunque el "Manifiesto futurista" de Filippo Tommaso Marinetti también se publicó en 1909, celebró la maquinaria como una fuerza para el bien, a diferencia de Forster

Getty Images
Aunque el “Manifiesto futurista” de Filippo Tommaso Marinetti también se publicó en 1909, celebró la maquinaria como una fuerza para el bien, a diferencia de Forster

Le habría caído bien Vashti, quien, cuando viajaba en una aeronave para ver a Kuno, bajaba la persiana sobre Grecia porque ese no era el lugar para encontrar ideas: una broma irónica de Forster, dado que la idea para su cuento, vino de la Atenas de Platón.

Eso es todo en cuanto a bromas en una novela donde realmente no existen cosas como la comunidad o la experiencia directa, y es imposible alejarse del constante zumbido de la máquina sin pedirle al Comité Central un permiso para salir al exterior.

En ese momento, te colocas un respirador y te aventuras en el mundo real.

Como dijo el hombre de la radio, es profética. Y muy, muy buena.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=qKGT8_94Sjk

https://www.youtube.com/watch?v=GBKVVMpGtnc

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Cuartoscuro

Enfermeros del Hospital General de México denuncian inestabilidad laboral y malos tratos

A una enfermera que tenía un embarazo de alto riesgo la enviaban a servicios que requerían esfuerzo físico. Tuvo un parto prematuro y su bebé murió una semana después. Ella y otros compañeros advierten sobre las condiciones en las que trabajan.
Cuartoscuro
27 de junio, 2022
Comparte

La enfermera María Isabel Martínez León tenía seis meses y medio de embarazo cuando tuvo un parto prematuro. Su bebé nació vivo, pero falleció menos de una semana después. Ella había comunicado a la coordinadora de enfermería del turno matutino del Hospital General de México Dr. Eduardo Liceaga que tenía una gestación de alto riesgo, pero aun así la enviaba a trabajar a los servicios más pesados, como el de neurología, donde los pacientes están postrados y María Isabel debía hacer esfuerzos para movilizarlos. 

“’Estar embarazada no es una enfermedad. Tienes que trabajar. Tu trabajo o el embarazo’, me decía Eufemia Cortés, coordinadora de enfermería del turno matutino, cuando le pedía que no me enviara a esos servicios o le decía que me sentía mal”, cuenta María Isabel en entrevista. 

Tres de sus compañeros corroboran lo que cuenta la enfermera y agregan que ellos también han sido blanco de malos tratos por parte de esta coordinadora y, en general del hospital, a donde entraron para atender la emergencia por COVID-19 con contratos temporales y sin ningún tipo de prestación

“Nos dan contratos cada tres meses y, pese a las promesas del presidente Andrés Manuel López Obrador, de que nos iban a dar una plaza fija, después de más de dos años de trabajar todavía no nos la dan. Seguimos en la inestabilidad. Además, tenemos que laborar fines de semana y días festivos sin que nos paguen lo que corresponde por ley. No nos dan ni los uniformes, nosotros los tenemos que comprar. Y cada vez que queremos quejarnos, nos dicen que no tenemos derecho a nada porque somos personal eventual”, dice Oswaldo Vértiz, enfermero del Hospital General. 

Lee: Gobierno federal deja fuera de convocatoria a médicos generales que atendieron COVID-19

Sus otras dos compañeras prefieren que no se publique su nombre porque temen represalias laborales, pero corroboran lo que cuentan tanto Vértiz, sobre las condiciones generales de trabajo, como Martínez León, respecto de los malos tratos que recibió durante el curso de su embarazo de alto riesgo. 

María Isabel inició su embarazo con amenaza de aborto: tenía un mioma y un quiste en el ovario izquierdo, así que los médicos le indicaron no realizar esfuerzos. Ella no tiene un servicio fijo en el hospital para laborar. Está asignada a la jefatura de enfermería. Cada día la cambian y puede ir lo mismo a neurología que a ginecología o a consulta externa, según se requiera. 

“El miércoles 25 de mayo, la coordinadora de enfermería del turno matutino, Eufemia Cortés, aun sabiendo mi condición, me envió al servicio de neurología. Tuve que bañar a dos pacientes completamente postrados. Yo sola. No se envió a ningún compañero a que me apoyara. Y es moverlos, ir y venir con las tinitas, secar todo. Hasta los familiares me decían que por qué si estaba embarazada me enviaban a mí a hacer eso”, cuenta. 

Al día siguiente, jueves, sentía el abdomen muy pesado, pero aun así se presentó a trabajar. Tenía grabado lo que la coordinadora de enfermería siempre le decía: que estar embarazada no era una enfermedad y que tenía que laborar

“También me decía —cuenta— que por qué busqué un trabajo tan lejos, porque yo vivo por Amecameca, en el Estado de México. Pero donde yo vivo no hay trabajo y uno tiene que buscarle. Pero ella siempre me decía lo mismo, que si no me parecía cómo eran las cosas ahí, que buscara otro lugar. Como si fuera tan fácil encontrar empleo”.

Ese día, el jueves 26 de mayo, Eufemia Cortés la envió a otro de los servicios del hospital, ginecología. “Ahí es un poco más tranquilo, sobre todo porque los compañeros son mucho más comprensivos, por la misma naturaleza del servicio, y me apoyan, pero de todas formas yo ya me sentía mal, sentía el abdomen muy pesado y duro”, dice la enfermera. 

Animal Político solicitó una entrevista con el Hospital General de México; en específico, pidió hablar con la coordinadora de enfermeras, Eufemia Cortés, para conocer su versión de los hechos, pero, a través de su oficina de comunicación, la institución solo señaló que se estaba revisando el caso de María Isabel, que siempre se respetaron sus incapacidades y que ya está asignada a un solo servicio, pero no dio explicación de por qué se le enviaba durante su embarazo a servicios pesados. 

El viernes 27 de mayo, María Isabel ya no pudo presentarse a trabajar. Tenía cólicos muy fuertes. Fue al médico y le dieron incapacidad. El jueves 2 de junio, tuvieron que hospitalizarla. Su bebé nació de 27 semanas y media. Falleció el 8 de junio, casi una semana después de su nacimiento. 

Por estos hechos, 18 compañeros suyos ingresaron una queja a la dirección del hospital. En esta refieren el caso de su compañera e informan que la coordinadora Eufemia Cortés estaba notificada del embarazo de alto riesgo, por lo que María Isabel le solicitó que la asignaran a servicios con menor carga de trabajo, petición que fue negada. 

En la queja, el personal de enfermería también explica que de manera constante enfrenta situaciones de acoso laboral por parte de Cortés. “Siempre nos está diciendo que no tenemos derecho a nada porque somos personal eventual”, afirma Oswaldo Vértiz. 

Lee: “Que se vayan al carajo”, dice AMLO a quienes critican su plan para contratar a médicos cubanos

Una de las enfermeras que prefiere omitir su nombre señala que no pueden llegar ni un minuto tarde porque los regresan y les descuentan el día: “Muchos vivimos lejos y esta ciudad es un caos. Por mucho que te levantes temprano y salgas con tiempo, no falta que haya un imprevisto. Y no creas que nos regresan por 15 minutos o 20 minutos, no, nos regresan por llegar dos o tres minutos tarde”. 

La enfermera dice que el argumento de Cortés para hacer esto es que el hospital pierde si llegan uno o dos minutos tarde. “Y entonces nos amedrenta con que nosotros no valoramos el trabajo, que muchos afuera lo quisieran y que no se nos olvide que en cualquier momento se puede terminar”, señala. 

En una ocasión, asegura la enfermera, en una evaluación trimestral, Cortés la obligó a comprometerse no solo a no llegar unos minutos tarde, sino también a no faltar y a no meter incapacidades: “Metí incapacidad porque me dio COVID y me dijo que para qué me enfermo, que por qué no me cuido”. 

Derivado de la queja ingresada a la dirección por todos estos hechos, y de la que Animal Político tiene copia, el personal de enfermería eventual logró tener una reunión, el 17 de junio pasado, con los encargados de recursos humanos, Alejandro Cejudo, y recursos financieros, Joel Rojas, así como con las jefas de enfermería del Hospital General de México, Patricia Padilla y Susana Melchor. Sin embargo, los inconformes aseguran que no se logró gran cosa

“Nos dijeron que los días festivos y fines de semana no nos los pueden pagar doble, que los uniformes no tenemos derecho a ellos porque somos eventuales, de cuándo nos van a contratar solo nos dicen que no saben y, del caso de Isabel, que lo iban a revisar y que por qué no metimos una queja desde antes. O sea, no se resolvió nada”, lamenta Oswaldo Vértiz. 

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.