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Por qué los aranceles de Trump a China amenazan al nuevo iPhone de Apple

El iPhone representa el 55.6% del negocio de Apple, son la gallina de los huevos de oro de la empresa de la manzana.
10 de septiembre, 2019
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Este martes, día del lanzamiento del nuevo iPhone, debería ser la fecha más importante en el calendario de Apple.

En este 2019, sin embargo, el 15 de diciembre será la verdadera fecha clave para la empresa más rica de Estados Unidos.

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha amenazado con imponer nuevos aranceles comerciales contra las importaciones procedentes de China a partir de ese día.

Y según un análisis de Reuters, eso significaría que el 92% del hardware comercializado por Apple estaría sujeto a nuevos impuestos.

Apple, por supuesto, está desesperada por evitar que esto pase y ha estado presionando mucho para que se le otorguen exenciones.

Ese esfuerzo ha sido un tanto exitoso, y es la razón por la cual la compañía ha salido relativamente indemne… Hasta ahora.

Efectivamente, fue hasta este mes que los aranceles tuvieron algún impacto en productos “importantes” de la empresa: Apple Watch y AirPods.

Pero aunque relojes y audífonos son importantes, no son la gallina de los huevos de oro de la empresa de la manzana, pues los dispositivos portátiles representan menos del 9% de las ventas totales de la compañía.

iPhones en Rusia

Getty Images
Los iPhone concentran más de la mitad de las ventas de productos Apple.

En contraste, el iPhone representa el 55,6% del negocio de Apple.

Y si bien la importancia del iPhone ha disminuido debido a una caída general de las ventas de teléfonos inteligentes en todo el mundo, sigue siendo, con mucho, el dispositivo más importante del gigante de Cupertino.

Modelo amenazado

Hace dos años, Apple tomó una decisión audaz (y originalmente ridiculizada) para engordar su gallina: aumentó el precio del iPhone, rompiendo por primera vez la barrera de los US$1.000.

Pero los consumidores no le dieron la espalda, por lo que Apple pudo compensar la disminución de las ventas del dispositivo al ganar considerablemente más con cada aparato.

Y esos saludables márgenes de ganancia es lo que ponen en riesgo los aranceles.

Presentación de los nuevos modelos de iPhone en 2018.

Getty Images
Apple presentará su nuevo modelo de iPhone este martes.

Efectivamente, si empiezan a aplicarse en diciembre, eso podría arrojar varios resultados, ninguno de los cuales es particularmente bueno para Apple, sostiene Alberto Cavallo, profesor asociado de la Harvard Business School.

“La mayoría de la gente supone que veremos los aranceles reflejados en los precios al consumidor”, dice.

“Ese no es necesariamente el caso. Las empresas que enfrentan costos más altos pueden elegir absorber esos costos“, explica.

Y eso es lo que la mayoría de los analistas financieros esperan que haga Apple, manteniendo el precio de los nuevos iPhone a los mismos niveles del año pasado (US$ 749, US$ 999 y US$ 1.099).

En otras palabras, si los aranceles llegan, tal y como se ha amenazado, Apple simplemente tendrá que absorberlos.

Ya luego todo se convierte en un juego de espera: ¿cuánto durará esta guerra comercial y sus aranceles? ¿Podrían empeorar los aranceles?

Alternativas

A inicios de este año se informó que Apple está investigando formas en que puede mover la producción fuera de China, evitando los aranceles por completo.

La empresa ya fabrica dispositivos en lugares como India y Brasil, pero eso suele ser para manejar la demanda local en esos países, no para fabricar dispositivos para enviar al extranjero.

Y aumentar estas operaciones llevará mucho tiempo, sostiene el profesor Cavallo.

Donald Trump

Getty Images
El presidente Trump espera que la fabricación d eproductos Apple, actualmente a cargo de proveedor es como Foxconn, se traslade a EE.UU.

“Creo que es importante que los consumidores entiendan que no es algo automático. No es exactamente como pulsar un interruptor”, explica.

El presidente Trump, por su parte, diría que la forma de manejar esto es trasladando la fabricación de los productos de la manzanita a EE.UU., “América primero” y todo eso.

Pero los costos de hacerlo podría ser muy superior al impacto de los aranceles, pues no se trata solo de construir fábricas, sino de capacitar a una nueva fuerza laboral de dedos talentosos; dedos que requerirán salarios más altos y mejores condiciones.

Por otra parte, la fabricación de productos Apple representa directa e indirectamente alrededor de 3 millones de empleos en China.

Y por esa razón, sostiene el profesor Cavallo, otro posible escenario podría ser que los proveedores de Apple ofrezcan descuentos para tratar de conservar el negocio.

Fragilidad

Por lo demás, Apple también continuará desarrollando la parte de su negocio que no se verá afectado por los aranceles de importación.

Eso es básicamente cualquier cosa que no sea hardware, lo que Apple denomina como su División de Servicios.

Y los servicios tendrán un papel destacado en la presentación de Apple de este martes y más allá, con el lanzamiento de su servicio de TV a pedido, Apple TV +, como su movimiento más significativo.

Apple Watches en una tienda Apple en París

Getty Images
Productos como el Apple Watch ya están sufriendo el impacto de las tarifas.

“Creemos que US$10 por mes será la tarifa de servicio de lanzamiento inicial que se ofrecerá a los clientes de Apple”, dice Dan Ives, un analista financiero, quien cree que Apple probablemente también ofrecerá paquetes para TV y otros servicios, como Apple Music.

“Si el plan de Apple se ejecuta con pocos problemas y adquiere agresivamente contenido, dada la gigantesca base instalada de la compañía y su inigualable lealtad de marca, creemos que alcanzar 100 millones de suscriptores en el mediano plazo (tres a cinco años) es un objetivo realista que podría traducirse en ingresos anuales de entre US$7.000 millones y US$ 10.000 millones”, valora.

Sin embargo, como para subrayar la fragilidad del Big Tech en estos momentos, incluso este lado aparentemente más directo del negocio de Apple enfrenta incertidumbre, ya que los reguladores en EE.UU. y la Unión Europea están intensificando sus investigaciones sobre presuntos comportamientos anticompetitivos.

La acusación específica contra Apple es que usa su dominio en hardware para impulsar sus propias aplicaciones y servicios por encima de los de sus competidores. Por ejemplo, dándole a Apple Music una calificación más alta que la del servicio rival Spotify en la App Store.

Pero cualquier cambio en lo que Apple es capaz de hacer con y en sus propios dispositivos podría hacer que su División de Servicios sea menos valiosa.

Apple TV

Getty Images
Apple apostará cada vez más fuerte por su oferta de servicios como Apple TV+.

Así, para una compañía obsesionada con el control, el futuro inmediato podría ser un período incómodo.

Y, si dura demasiado, también un período transformador.

O bien -y este es un escenario que nunca se puede descartar- el presidente Trump podría cambiar repentinamente de opinión y todos podríamos olvidarnos de esto.


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#8M: Un río violeta de miles de mujeres avanzó para tirar la violencia machista

“Es la primera vez que veo tantísimas mujeres y me da mucho gusto. Cada año yo decía nadie nos pela, ni a las mismas mujeres les importa, y por fin lo logramos”, dijo una de las jóvenes que marchó este 8 de marzo en la capital.
Por La equipa editorial
9 de marzo, 2020
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Nunca se había visto algo igual en la Ciudad de México: la concentración más grande de mujeres que se haya registrado en el país se vivió este domingo 8 de marzo por el Día Internacional de la Mujeres. Las autoridades calcularon que asistieron 80 mil, pero quienes marcharon y quienes las vieron desfilar dijeron que fueron muchas más. Todas unidas para protestar contra la violencia machista, la desigualdad entre hombres y mujeres, el acoso, las violaciones, los feminicidios y toda violencia de género.

El año pasado ya había sido la marcha más grande de un 8 de marzo y se juntaron alrededor de 25 mil. Ahora fueron cuatro, cinco, seis veces más.

Las protestas arrancaron temprano. A las nueve de la mañana, un primer grupo se reunió en el Zócalo para pintar nombres de víctimas de feminicidio. Armadas con pintura blanca, dejaron ahí los nombres que más tarde recibirían a las marchistas: Jaqueline, Claudia, Adriana, Ana, Blanca, Obdulia, Esmeralda…

La cita para la marcha era a las 2 de la tarde en el Monumento a la Revolución, pero desde mucho antes ya no podía caminarse por la explanada por culpa de la presencia de mujeres con playeras, pañuelos o sombrillas moradas y verdes. Por las calles de la colonia Tabacalera y en varios puntos de Reforma se reunían pequeños grupos de chicas con una hora de anticipación para llegar juntas al punto de encuentro. El Metro y Metrobús iban llenos, y más de la mitad eran mujeres vestidas de morado. Había de todas las edades. Desde mujeres cerca del siglo de vida hasta niñas que apenas aprendieron a caminar.

El área se llenó tanto, que el espacio se volvió insuficiente y los contingentes del frente se empezaron a formar en Paseo de la República para salir directamente a la glorieta del Caballito, y comenzar la protesta. Más de 30 mil llenaban la zona cuando la marcha arrancó, poco después de las 14 horas.

Pero las mujeres no dejaron de llegar para tratar de tomar un lugar dentro del gran contingente. El orden establecido por las organizadoras era: familiares de víctimas de feminicidio al frente, luego madres con hijas menores de 12 años, contingentes de mujeres, organizaciones sociales o políticas, y al final un contingente mixto con hombres que iban acompañando a novias o amigas, y dando su respaldo a la igualdad entre géneros. Cuando las primeras llegaron al Zócalo, las últimas no habían salido del Monumento a la Revolución.

Pronto se llenó de mujeres el camino desde el punto de salida y hasta el Zócalo, que era el punto de llegada de la marcha, que seguía nutriéndose sin que terminaran de salir del Monumento a la Revolución, que está a 2.5 kilómetros de distancia.

La Avenida Juárez, que justo en marzo se empieza a vestir de morado por las jacarandas, fue completamente un río violeta. Como jacaranda, el feminismo florecía sobre la calle entre tantas playeras y pancartas moradas.

Miles marchaban por primera vez, convencidas de que será la primera de muchas. Jovencitas de apenas 18 años que iban con sus amigas, o mujeres de mediana edad, incluso solas que ahí encontraron con quien unirse en consignas y reclamos.

Mujeres cargando bebés, en silla de ruedas, con bastón, con bicicletas e incluso con mascotas conformaron un gran contingente homogéneo que avanzó a paso constante.

Para Jaqueline, una joven que acudió por primera vez a una marcha feminista, salir a las calles era necesario. “Por todo lo que sufrimos como mujeres, las violaciones, el acoso en la escuela por parte de profesores compañeros, y el que vivimos en todos lados a donde vamos”.

Ana, quien también estaba en su primera protesta, explicó que tenía rato queriendo vivir la experiencia, pero nunca se enteraba de cuándo eran las marchas. Esta vez vio la convocatoria en redes sociales y acudió sola. Originaria de Texas, Ana dijo que marchar con otras mujeres le encantó. “Por mí lo haría cada fin de semana”.

“Ni una más, ni una más, ni una asesinada más” y “porque vivas se las llevaron, vivas las queremos”, gritaban las mujeres. “Abajo el patriarcado, se va a caer, se va a caer; y arriba el feminismo, que va a vencer, que va a vencer”, “y tiemblen, y tiemblen los machistas, que América Latina será toda feminista”, “con falda o pantalón, respétame cabrón”, “señor presidente, no sea indiferente”, “no, no, no, no somos infiltradas, somos feministas y estamos informadas”, eran otras de las consignas. Al ritmo de tambores o a capela, colectivos de mujeres cantaban consignas mientras avanzaban sobre Paseo de la Reforma.

Marcharon Mariana y Marimar, hija y hermana de Ana María Dehesa Nieves, asesinada hace un año por su pareja, que está considerado “desaparecido” por las autoridades y por eso no ha avanzado la investigación.

“No ha pasado nada (con el caso). Pero aquí estamos por ella”, comentaron.

Marchó la madre de las hijas del exmagistrado denunciado por agredir sexualmente a las pequeñas, con una pancarta exigiendo justicia.

“Es la primera vez que marcho y lo hice por ellas. Y de ahora en adelante, ¡a todas! Me impresionó, ¡qué fuerza!”, dijo.

Al llegar frente a Bellas Artes, donde está la llamada Antimonumenta por los feminicidios de México -ocurren 10 al día en el país-, algunas madres alzaron un grito por la justicia para sus hijas.

Mientras la marcha avanzaba, Lorena Gutiérrez tomó el micrófono en un contingente y exigió justicia por su hija Fátima, asesinada en febrero de 2015.

“A mi hija Fátima la mataron, solo tenía 12 años. Tres hombres le quitaron la vida cuando volvía de la secundaria”, contó acompañada de mujeres con cruces rosas, en homenaje a las víctimas de feminicidio.

Ya en el Zócalo, nuevamente se dio voz a las familiares de mujeres asesinadas para contar sus historias, revivir el nombre de sus hijas, pedir que acabe la impunidad en los crímenes atroces contra las mujeres.

Habló la madre de Alejandra García, asesinada en 2001, sin que se haya castigado al culpable. Habló una mujer a nombre de Josefina García, que no pudo ir porque todavía está devastada tras perder a su hija hace apenas unas semanas. Habló la hermana de Sara Abigail Salinas Sandoval, que después de seis meses sin resultados en la investigación reclamó que su hermana no solo fue víctima de un hombre, sino del sistema patriarcal, y de un sistema de justicia que no le está sirviendo.

Los contingentes iban llegando al Zócalo mientras en el Monumento a la Revolución apenas salían las últimas a las 4 de la tarde, las que llegaron a ser 80 mil mujeres inundando el centro de la capital.

Pintas y enfrentamientos

Como en otras marchas, hubo algunos destrozos. El Gobierno de la ciudad había resguardado monumentos y comercios con vallas de metal de unos tres metros de alto. En las más de cuatro horas que duró la movilización, grupos radicales lograron derribar la mayor parte y hacer pintas en las paredes, exigiendo justicia y clamando contra el patriarcado y el Estado machista.

Al llegar a la Avenida Juárez, un grupo de jóvenes prendió fuego a la puerta de un edificio abandonado, que fue apagado minutos después sin causar lesionados. En el Hemiciclo, otro grupo pintó consignas como “Fue el Estado” y “Machos” en las vallas metálicas del monumento, que fue inmediatamente protegido por un grupo de mujeres policía.

En Bellas Artes, un contingente derribó una de las láminas con la que se protegía la estatua de Francisco I. Madero, y realizaron pintas. Inmediatamente se desplegó un numeroso grupo de policías en la zona y las jóvenes continuaron con la marcha, no sin antes lanzar reclamos a las uniformadas.

A cada brote de mazazos y pintas, algunas mujeres pedían “no violencia”, aunque otras manifestaban su apoyo gritando “fuimos todas”, para que ninguna fuera señalada y sufriera represalias.

En la calle 5 de mayo, esquina Monte de Piedad, un grupo de jóvenes intercambió empujones con mujeres policía que trataron de intervenir cuando pintaron en la pared de un edificio. La Brigada Marabunta formó un cinturón humano para que las policías no se acercaran, y después de los reclamos por parte de las manifestantes, y de que las policías rociaran extintores contra las jóvenes, los contingentes avanzaron a la plancha del Zócalo.

Las mujeres continuaron ingresando al Zócalo, cuya plancha se encontraba cercada, debido a la celebración de un concierto la noche del sábado. Sin embargo, abrieron paso derribando las vallas y tomaron todo el espacio.

Uno de los momentos de más tensión fue a la llegada al Zócalo, ya que de frente a las manifestantes, afuera de la Catedral, se instalaron grupos provida que acusaban que el aborto —uno de los derechos que impulsa el movimiento feminista— es el mayor feminicidio del mundo. Eran alrededor de 20 hombres y apenas un par de mujeres, que rezaban padresnuestros y avesmarías.

“Hay que abortar, hay que abortar, hay que abortar este sistema patriarcal”, corearon las mujeres al encontrarse con eso. “Fuera de aquí”, “No les importa la vida”, reclamaron

“¡Viva Cristo Rey”, respondía un joven con un crucifijo en mano.

Pero también había entre tres y cinco hombres más violentos, uno de ellos incluso haciendo saludos nazis, con un paliacate azul cielo en el cuello, como utilizan quienes defienden “las dos vidas” (antiaborto), que en un momento gritó a las mujeres: “déjense venir, perras”.

Entonces hubo un intercambio de objetos arrojados, algunas mujeres les tiraron el agua que traían en sus botellas, mientras que algunos hombres lanzaron garrafones de agua y trozos de madera a las manifestantes.

Hombres mayores y miembros de brigadas de paz civiles formaron una valla humana para evitar que hubiera contacto entre ambos grupos. Hasta que finalmente la policía formó un cerco para rodear a los activistas provida.

En dos ocasiones, las oficiales agredieron a las manifestantes con los escudos, y ante los reclamos, un grupo de mujeres con playeras naranjas, identificadas como “Diálogo y convivencia” acudían a mediar y pedían respetar a las policías. En un momento intentaron detener una manifestante que se encontraba parada en el sitio, pero varias mujeres rodearon a las oficiales y les exigieron liberarla, lo cual terminaron haciendo, entre empujones con sus escudos.

Finalmente se obligó a los hombres violentos a irse, además de pedir a los que estaban contra la marcha que, por su propia seguridad, también se retiraran.

Otro momento de violencia ocurrió detrás del templete, frente a la puerta principal de Palacio Nacional. Las manifestantes habían hecho pintas también en las paredes y encarado a las policías. Pero de pronto se lanzaron cinco bombas molotov, una después de otra, que generaron llamaradas de unos tres metros de alto.

La mayoría de mujeres corrió para alejarse, mientas en el templete las invitaban a pasarse del lado de la explanada para estar seguras. Pero el ataque provocó que el fuego alcanzara a una fotógrafa y otras mujeres. Una de las chicas que tiró una de las bombas fue identificada y algunas le tiraron golpes, pero la Brigada Marabunta ayudó a sacarla de la concentración para evitar un linchamiento.

El aquelarre

Las voces de víctimas seguían llenando el ambiente y las mujeres del final de la marcha llegaron al Zócalo a las 5:30 de la tarde. Hubo un pase de lista: por Isabel Cabanillas, Marichuy Jaime, Eugenia Machuca, Lilia Alejandra García Andrade, Viridiana Sánchez, Daniela Ramírez, Ernestina Ascencio, Mariana Lima, Ámbar Dolores Vázquez, Ingrid Escamilla, Fátima… y tantas más.

La jornada finalizó con una fogata gigante al centro de la plancha del Zócalo, alimentada con tarimas de madera que estaban en la explanada, pancartas y combustible para alimentar el fuego.

Alrededor de la fogata, mujeres cantaron consignas y bailaron.

“Hay una sonoridad muy bonita y se siente el apoyo muy chido”, señaló Zuly, una de las jóvenes que se encontraba en el aquelarre.

Con una sonrisa en el rostro, recordó cómo en años pasados la marcha del 8 de marzo era poco concurrida y las exigencias de las mujeres no eran tomadas en cuenta.

“Es la primera vez que veo tantísimas mujeres y me da mucho gusto. Cada año yo decía nadie nos pela, ni a las mismas mujeres les importa, y por fin lo logramos”, expresó.

Danaé, una joven que participó en la acción directa en la marcha, explicó que esta es la primera vez que radicaliza su manera de protestar, indignada por los feminicidios y la violencia sexual contra las mujeres.

“Esta es la primera vez que soy un poco más radical, y al principio no me gustaba el feminismo, pero después empecé a juntarme con amigas feministas y a reflexionar sobre la violencia de género. Por eso estoy aquí y todos los días me levanto”, dijo.

Pasadas las seis de la tarde, cuando muchas ya se habían retirado, desde el templete se anunció que el acto concluía. Seguían las voces, los intercambios de experiencias entre mujeres. En la Antimonumenta, chicas se presentaban para contar experiencias de violencia. El día que un hombre las forzó; la amiga que ya nunca volvió.

En medio de un operativo policiaco y los trabajadores de limpia de la Ciudad comenzando a borrar las pintas en los edificios y recoger los vidrios rotos, una mujer tomó el micrófono y dijo, con voz entrecortada pero firme: “Ya no le tengo miedo a los hombres, ya no”.

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