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Así canalizamos nuestras obsesiones en redes sociales (y por qué se nos puede ir de las manos)

Los comportamientos compulsivos en las redes sociales pueden salirse de control cuando tienes acceso a internet las 24 horas del día. ¿Cómo podemos evitar perdernos en el empeño de observar a otros de forma compulsiva e incontrolada?
19 de julio, 2019
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¿Es una pasión o una obsesión? A veces, la delgada línea entre una y otra puede ser difícil de distinguir cuando se trata de internet.

Pero pregúntate: ¿has buscado alguna vez a un ex en las redes sociales y te has encontrado mirando la pantalla tres horas después, todavía viendo fotos de esa persona y de su nueva pareja?

Tener una computadora en el bolsillo y acceso a Twitter e Instagram las 24 horas, puede hacer difícil manejar nuestras compulsiones.

La psicóloga social y presentadora de la BBC, Aleks Krotoski, explora cómo los comportamientos obsesivos pueden salirse de nuestro control.

Celos retroactivos

Hombr triste mirando el teléfono

Getty Images
Las redes sociales pueden amplificar nuestras compulsiones.

Cuando Zach Stockill era adolescente se enamoró.

Pero pronto desarrolló una obsesión insana con el pasado de su novia, a pesar de que nunca se había obsesionado antes con nadie o nada.

No era una persona celosa ni tampoco le preocupaba que le engañaran en aquel momento, pero un simple comentario de pasada sobre un ex activaba un interruptor en su cerebro.

“Esto es lo que me hacía volverme loco”, dice Zach.

“Básicamente, me obsesioné con los pequeños detalles sobre su pasado; tenía mucha curiosidad sobre qué había pasado en su vida romántica antes de conocerme”.

“También acechaba su perfil de Facebook”, cuenta. “¿Dónde se enmarca esta persona? ¿Quién sale en esa foto? ¿Qué significa ese comentario?”.

Zach se encontró en un bucle de curiosidad sobre el pasado de su pareja del que le era enormemente difícil escapar.

Intentaba calmar sus celos retroactivos buscando compulsivamente respuestas online, pero esto no hacía más que alimentar a la bestia.

Acoso cibernético

Ojo humano

Getty Images
Espiar es siempre espiar, pero mucha gente puede sentir que es algo diferente si lo están haciendo online.

El acoso cibernético es la forma que toma el acoso (el seguimiento no buscado de alguien) en el mundo digital, que tiene lugar solo en Internet y se ve facilitado completamente por la tecnología.

Stina Sanders es una periodista que escribe sobre su uso de las redes sociales.

Cuando su pareja la dejó sin explicación alguna hace seis años, empezó a monitorear de forma obsesiva sus cuentas en las redes sociales para intentar entender el porqué.

“Nunca realmente pude cerrar el tema de por qué me dejó”, dice Stina. “Así que mi única forma de hacerlo era observar online su nueva vida con su nueva pareja”.

Esto se convirtió en una obsesión, y a pesar de que rompieron hace años, ella todavía visita sus perfiles de Instagram, Facebook y Twitter.

“Con frecuencia miro las redes sociales de mi ex para ver en qué anda, y también para ver con quién sale y ver qué tiene ella que yo no tenga”.

Este tipo de acoso cibernético es más común de lo que quizás piensas.

Según las investigaciones llevadas a cabo por Veronika Lukacs, de la Universidad de Toronto, nueve de cada 10 personas entran en el perfil de Facebook de su ex.

El ciberacoso es más fácil porque nadie te ve

Una mujer viendo una pantalla

Getty Images
¿Actuarías de la misma manera si no pudieras mantenerlo en secreto?

Estas investigaciones también revelaron que alrededor del 70% de las personas admitieron ver el perfil de sus ex a través del perfil de un amigo en común, incluso si los habían bloqueado o los habían borrado de la lista de amigos, encontrando una forma encubierta de hacerlo.

Stina dice que creó un perfil falso para poder seguir a su ex y a la nueva pareja de este, “y nunca lo sabrán”.

Emma Short, psicóloga y directora del Centro Nacional de Investigación sobre el Ciberacoso en la Universidad de Bedfordshire, explica cómo Internet nos permite mantenernos escondidos, viendo cómo todo lo demás va sucediendo sin ser parte de ello.

Este distanciamiento nubla nuestro juicio sobre los límites.

Observar a la gente no es malo en sí mismo, pero las redes sociales nos permiten observar más a la gente: más de lo que deberíamos y más de lo que admitimos.

Ahora es posible continuar con comportamientos obsesivos sin interrupción, de una forma que puede parecer obsesiva en otro contexto.

Puedes ver el perfil de un ex cien veces al día, y seguir con tu vida normal: encontrarte con amigos, actuar con normalidad, aparentar que te cuidas… no hay ninguna señal externa de que algo va mal.

Pero si aparecieras en la puerta de la oficina de tu ex y miraras por la ventana ocho oras al día, sería muy distinto.

Tenemos acceso a información como nunca antes

Cuatro jóvenes con sus teléfonos

Getty Images
¿Sabes quién sigue tu rastro en las redes sociales?

Las redes sociales brindan una ventana a la vida de otra persona y ofrecen una gran cantidad de información que simplemente no estaba disponible antes.

Los detalles que ponemos online, cuando decimos que vamos al cine con esta persona, o estamos “en una relación” con esta otra, crean una mina de oro de indicios y posibilidades.

Para alguien con celos retroactivos, la tentación de lanzarse al pasado de su pareja puede ser demasiado grande.

En el pasado, tras una ruptura, un ex no tenía las mismas oportunidades para vigilar a la otra persona, pero ahora es muy fácil.

La comediante Andrea Hubbert dice que cuando ella tenía veintitantos años, su compañero le hizo “ghosting”: la dejó y luego ignoró completamente sus intentos de establecer contacto, actuando como si ella nunca hubiera existido.

Ella se convenció de que él estaba viendo a alguien nuevo y, tras la ruptura, comenzó a acosarlo obsesivamente online; una y otra vez entraba en sus perfiles.

“Cuando no hay nada que te detenga, puedes mirar el perfil de otra persona sesenta, setenta veces al día”, dice Andrea.

“Una forma muy sutil de hacerse daño”

Una mujer triste con un teléfono

Getty Images
¿Por qué llevarías a cabo una actividad que te hace daño?

Andrea dice que podría no parecer particularmente dañino el mirar algo en internet, pero “te estás socavando a ti misma”. “Es una forma extremadamente sutil de hacerse daño”.

Ella tenía muy claro que la tristeza que sintió después de la ruptura estaba siendo magnificada por su comportamiento en las redes sociales.

“Estás buscando algún tipo de certeza para detener el dolor que sientes, pero nunca encontrarás las respuestas que estás buscando”, explica.

La psicóloga Emma Short está de acuerdo en que el ciberacoso y otros comportamientos obsesivos online tienen un efecto negativo en la salud de quienes los practican.

Introducen a la víctima en un comportamiento repetitivo que no tiene ninguna o escasa recompensa: “No estás obteniendo una comunicación recíproca positiva. Para seres sociales, eso no es bueno”, dice Emma.

Además, poner tanta energía en algo y no obtener nada a cambio “no va a aumentar tu autoestima”, concluye.

¿Qué podemos hacer si creemos que tenemos un problema?

Manos con teclado

Getty Images
Siempre es mejor hablar.

Una de las cosas importantes que se desprenden de las últimas investigaciones es que cuando las personas sienten que están perdiendo demasiado tiempo investigando a otros en internet, o si se sienten culpables por su comportamiento, deben hablar de ello.

“Habla con tus amigos”, dice Emma. “Hay ayuda profesional para la gente que siente que sus vidas se han visto tan interrumpidas que están atascadas”.

Zach asegura que se dio cuenta de que el problema era totalmente suyo y de que las redes sociales estaban haciendo las cosas “mucho, mucho peores…”.

“Si tenía alguna oportunidad de recuperarme, sabía que tenía que dejar de usar estas plataformas más temprano que tarde”, afirma.

Redujo su tiempo en internet y fue extremadamente disciplinado para no observar secretamente a sus ex en las redes sociales.

“Necesitas ser lo suficientemente fuerte como para resistir esa tentación”, dice.

Andrea asegura que sabía que en el futuro tendría que hacer las cosas de manera diferente: en las rupturas posteriores, cortó deliberadamente todo contacto online porque no quería que nunca más el sentimiento de rechazo la hiciera comportarse de manera obsesiva.

Ella dice que tras “reconocer que era una pendiente resbaladiza”, desde entonces nunca ha mirado el perfil de un ex en las redes sociales.


Esta pieza ha sido adaptada del programa de radio de la BBC “The Digital Human” (El humano digital), de Aleks Krotoski.

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#YoSoyAnimal
Especial

Familia de Lucero, joven purépecha desaparecida, pide ayuda para encontrarla, ante inacción de autoridades

Lucero desapareció el 2 de marzo cuando salió a comprar pañales para sus tres hijos. Su familia pidió ayuda al gobierno comunal de Cheranástico, en Paracho, pero se encontraron con el machismo.
Especial
18 de marzo, 2021
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María Lucero Escamilla Hernández, mujer indígena purépecha de 24 años, acababa de llegar a su casa después de ir a hacer unos mandados rutinarios a la cabecera municipal de Paracho, en Michoacán, cuando cayó en la cuenta de que necesitaba pañales y leche para sus tres pequeños, dos niñas y un niño.

Lucero, que se dedica a las labores del campo y a la artesanía, avisó a su madre, con quien vive junto a sus hermanas en una modesta casa en la comunidad de Cheranástico, y a las 3 de la tarde salió caminando a la tiendita de la esquina, ubicada a tan solo unos pocos metros de la vivienda. 

Leer más | 8 de marzo: un recordatorio de que estamos vivas en un país feminicida

Como a la hora, su madre y las hermanas le marcaron al celular, extrañadas, para preguntarle por qué tardaba tanto en regresar. El teléfono timbró decenas de veces, cientos tal vez, pero al otro lado de la línea Lucero no contestaba, ni respondía a los mensajes.

Rápidamente, la tarde comenzó a avanzar y con el ocaso del día la preocupación de la familia se disparó. 

Ya de noche, a eso de las 9, la madre de la joven indígena fue a pedir auxilio a la jefatura de Cheranástico; una localidad de apenas 2 mil 500 habitantes que pertenece al municipio de Paracho, aunque tiene autoridades agrarias y concejo comunal propio, luego de que recientemente se adhirió a las comunidades vecinas que ejercen de manera autónoma su presupuesto y dirigen sus policías indígenas, como Cherán, Arantepacua, o Nahuatzén, en el corazón de la Meseta Purépecha. 

Pero una vez ante los jefes de la comunidad, la madre de Lucero no obtuvo la ayuda que esperaba. 

Activistas de la Colectiva Eraxamani que acompañan el caso, y que piden anonimato por temor a sufrir represalias en su contra, explican en entrevista con Animal Político que la primera respuesta de las autoridades comunales fue que la familia tenía que esperar, mínimo, un día para actuar. 

#TeVamosaEncontrarLucero

Publicado por Colectiva Eraxamani en Jueves, 11 de marzo de 2021

 

“La familia quería subir la foto de Lucero a Facebook de inmediato y que en la comunidad la ayudaran a salir rápido a buscar, a que se hicieran rondas por los alrededores, que es lo que habitualmente se hace cuando una persona del pueblo se pierde”, plantea una de las activistas entrevistadas. 

“Sin embargo, lo que les dijeron fue que no hicieran nada hasta que pasaran al menos 24 horas”. 

Ante la falta de acción inmediata, las activistas de Eraxamani cuentan que la madre y la familia de Lucero se quedaron en “una total indefensión”, sin saber con quién acudir, ni cómo tenían que actuar ante un caso de desaparición, ni cuáles son sus derechos. Por ejemplo, no sabían que, en la actualidad, por ley, la denuncia ante una desaparición tiene que ser recibida de manera inmediata por las autoridades, sin esperar 24 ni 72 horas. 

“Las autoridades de Cheranástico no tuvieron ni la agilidad, ni la atención, ni la perspectiva de género para considerar que la desaparición de una mujer es un hecho muy grave”, denuncian las activistas, quienes entraron a acompañar el caso cuatro días después de la desaparición de Lucero, cuando la familia acudió a ellas por Facebook para pedirles ayuda ante la inacción de sus autoridades comunales. 

“Se habrá ido con otro hombre”

Poco después, el 7 de marzo, la familia de Lucero decidió acudir a las otras autoridades, las del gobierno de Michoacán. Fueron a la Fiscalía estatal con sede en Uruapan, a unos 47 kilómetros de la comunidad de Cheranisco, y allí levantaron una denuncia por desaparición, activándose de inmediato la ‘Alerta Alba’. 

Esa Alerta, básicamente, consiste en la difusión de una ficha en la que puede apreciarse una fotografía de Lucero, la descripción de sus rasgos físicos más elementales -1.53 metros de estatura, 40 kilos, delgada, tez morena, cara ovalada, y cabello largo lacio de color negro-, y un número telefónico al que llamar en caso de que alguien tenga pistas de su paradero: el 800 614 2323. 

La Fiscalía michoacana confirmó a Animal Político que, en efecto, recibió la denuncia de la desaparición de Lucero y que implementó el mecanismo de búsqueda. No obstante, una semana después de la denuncia, y a dos de la desaparición el pasado 2 de marzo, aun no hay ninguna novedad, ni pista del paradero de la mujer indígena.

Por ello, ante la desesperante falta de noticias, la familia de Lucero sale a diario a peinar las calles de su comunidad y de las poblaciones vecinas de Paracho con poco más que un cubrebocas de tela para protegerse de la pandemia de COVID-19, y una enorme cartulina con la foto de la joven vestida con unos jeans y una chamarra deportiva negra.

Ante la precaria situación económica de la familia de Lucero, que de por sí vive en un municipio donde un cuarto de su población está en la pobreza extrema, según datos del Coneval, y en una comunidad que ocupa el quinto lugar del municipio con mayor rezago social, su madre y sus hermanas piden por medio de la cartulina “una pequeña cooperación” a la gente. Necesitan algo de dinero para continuar con la búsqueda, ya que ni en su comunidad, ni en las poblaciones vecinas, están consiguiendo ayuda. 

“De manera negligente, en la comunidad comenzó a esparcirse el rumor de que Lucero pudo haberse ido con otro hombre”, explica otra de las activistas entrevistadas de Eraxamani. 

“Y ya por eso, debido a que hay un gran problema de machismo en la comunidad, muchos hombres no quieren apoyar la búsqueda. Y por eso no ha habido una movilización, ni ayuda de otras comunidades vecinas”, añade la defensora de derechos humanos.

La familia insiste en que la hipótesis de que pudo haberse ido de manera voluntaria de casa, no encaja con la personalidad, ni con la forma de ser de Lucero, que es muy cercana a su madre y a sus hermanas. Incluso, aseguran que ya revisaron sus redes sociales, y tampoco hallaron ningún indicio que pudiera llevarlos a pensar que se fue de manera voluntaria con otra persona, dejando a sus pequeños. 

“Por ahora, todos los indicios lo que apuntan es que a Lucero le pudo haber pasado algo grave”, recalcan las activistas de la colectiva, que insisten en la necesidad imperante de que las autoridades, tanto las comunales como las de la Fiscalía, hagan su trabajo y ofrezcan resultados rápidos, sobre todo ante el contexto de violencia feminicida que enfrenta la región de Paracho en la actualidad. 

Dos asesinatos de mujeres en un día

De hecho, apenas el pasado domingo 7, dos mujeres fueron halladas sin vida también en Paracho, en el camino viejo Paracho-Quinceo. Se trata de Maricela, una mujer de unos 40 años, y de su sobrina Leslie, una menor de 15 años. 

Sus familiares habían denunciado en redes sociales que las dos desaparecieron el sábado previo, cuando iban en una moto rumbo al Arenal, en Paracho. 

La Fiscalía michoacana confirmó a Animal Político que las mujeres aparecieron muertas y con múltiples heridas de arma “punzo cortante” en el cuerpo, aunque, por ahora, se desconoce si el caso será investigado como feminicidio.

Michoacán, de hecho, es uno de los estados que menos tipifica así los asesinatos de mujeres, y que más absuelve a los acusados, a pesar de ser una de las 14 entidades que tiene una Fiscalía especializada para ello: en todo 2020, solo clasificó como feminicidio 21 de 250 homicidios femeninos, el 8.4% cuando a nivel nacional la media fue el 25.8%.

Ante este contexto, la Colectiva Eraxamani ofrecerá este jueves una conferencia en Morelia, la capital michoacana, para exigir a las autoridades comunales de Cheranástico y a la Fiscalía estatal que den agilidad y atención al caso de la desaparición Lucero Escamilla Hernández, y también para hacer un llamado de atención ante el aumento de la violencia contra la mujer en la región purépecha. 

“Será un llamado de atención a todas las autoridades, pero también hacia el pueblo purépecha y a sus ‘abusos y costumbres’”, aseguran las activistas. 

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