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Ozzy Osbourne: la amarga confesión del rockero sobre el mal de Parkinson que padece

El llamado Príncipe de las tinieblas decidió revelar los problemas de salud que lo tiene fuera de los escenarios. El legendario exvocalista de Black Sabbath tiene mal de Parkinson y dolores de nervios después de una caída en 2019.
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21 de enero, 2020
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Ozzy Osbourne decidió cortar con los muchos rumores sobre su salud y sorprendió con una amarga confesión.

El Príncipe de las tinieblas reveló tiene mal de Parkinson y dolores en los nervios después de una cirugía que tuvo que realizarse el año pasado.

“Fue el peor, más largo, más doloroso y miserable año de mi vida”, dijo el legendario exvocalista de Black Sabbath en una entrevista con el programa Good Morning America de la cadena estadounidense ABC.

Osbourne, de 71 años, contó que en la actualidad tiene que vivir medicado y que por la intervención quirúrgica a la que fue sometido, tiene problemas en las extremidades.

En febrero del año pasado, el músico sufrió una caída en el baño de su casa en la que se lesionó gravemente el cuello y por la que tuvo que ser operado.

“Recuerdo estar tirado allí pensando: ‘bueno, ya está'”, relató.

Después vino el diagnóstico del Parkinson, una enfermedad neurodegenerativa que afecta al sistema nervioso y produce trastorno de movimiento y otros males.

La actualidad

“No soy bueno con los secretos”, dijo el vocalista al momento de revelar sus problemas de salud.

Ozzy con su familia

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El rockero buscará ayuda médica en Suiza.

Osbourne reconoció sentirse afortunado de poder ir al extranjero para visitar diferentes médicos, pero agregó que le resultó muy difícil evitar no confesar su condición.

“Ocultar algo así es difícil. Nunca te sientes bien, te sientes culpable”, indicó.

El músico tuvo que suspender sus actuaciones en abril pasado por las complicaciones de su salud.

Y contó que no sabe si los dolores que ahora padece son por el Parkinson o sus problemas de nervios producto de su caída y posterior cirugía.

Me cuesta esperar a estar lo suficientemente bien como para volver al ruedo, eso es lo que me está matando“, confesó.

El músico señaló que, para él, subir al escenario es su “verdadera droga”.

“Esa es mi droga hoy. Ya probé toda la otra basura, lo dejé en el camino, y sobreviví”, indicó.

A finales de la década del 60, Osbourne fundó Black Sabbath y permaneció en esa banda hasta la década del 80 para iniciar su carrera como solista.

También es conocido como “El padrino del heavy metal” y tiene su espacio en el Salón de la Fama del Rock And Roll.

“No es una sentencia de muerte”

Ozzy estuvo acompañado por su esposa durante la entrevista televisiva en la que contó su enfermedad.

Sharon Osbourne, quien también es manager del rockero, señaló que el mal de su pareja “no es una sentencia de muerte“.

“Pero sí afecta ciertos nervios de tu cuerpo. Y es como si tuvieras un buen día, luego otro, y después uno realmente malo”.

Ambos tienen planeado un viaje a Europa para que Osbourne pueda recibir tratamiento avanzado.

“Hemos llegado a un punto en este país donde no podemos ir más allá porque tenemos todas las respuestas que podemos obtener aquí, así que en abril vamos a visitar a un profesor en Suiza que se especializa en que el sistema inmunológico esté óptimo”.

Ozzy añadió que, pese a su difícil último año, no se ha rendido y que volverá a los escenarios.

“Aún no he terminado y no voy a irme todavía”.


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Foto: Carmen Pacheco.

Luciérnagas iluminan la conservación de un bosque en México

En el estado de Tlaxcala, un grupo de 40 familias se unió para comprar 630 hectáreas de terrenos forestales. Su primera intención era generar sus propias fuentes de trabajo.
Foto: Carmen Pacheco.
Por Rocío Flores /Mongabay Latam
23 de agosto, 2020
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Como si anunciara que está a punto de suceder un gran espectáculo, la luminosidad de un relámpago rompe por un segundo la oscuridad. La lluvia es constante y tenue. Minutos después, miles de luciérnagas iluminan los senderos e inician su ritual de apareamiento que cada verano ocurre en el bosque Piedra Canteada, en el estado de Tlaxcala.

Los minúsculos insectos —de entre cinco y 25 milímetros— vuelan entre los grandes árboles de oyamel, pino y encino que dan forma al bosque templado, su hábitat permanente gracias a la humedad y la alimentación que les ofrece durante su etapa de larvas. Cuando llegan a la edad adulta, las luciérnagas (lampyridae) iluminan el lugar.

Entérate: Jornaleros de los bosques, los otros damnificados por la crisis de COVID

El bosque Piedra Canteada, que ocupa una superficie de 630 hectáreas del municipio de Nanacamilpa, pertenece a 40 familias del ejido de San Felipe Hidalgo, en la zona centro de México.

Hace tres décadas, los integrantes de estas familias se organizaron e iniciaron una lucha para poder adquirir estas tierras forestales y dar forma a un proyecto que les permitiera crear sus propias fuentes de empleo. Consiguieron su objetivo: hoy tienen un proyecto integral que les permite obtener recursos económicos del aprovechamiento sustentable de los recursos naturales. La mejor muestra de su logro es la presencia de las luciérnagas que vuelan parpadeantes en su bosque.

La batalla por la propiedad común

Para las 40 familias que se lanzaron a la aventura de tener un bosque, no fue sencillo adquirir los terrenos forestales que, durante mucho tiempo, fueron aprovechados por gente que no era de la zona.

Juan José Morales Pérez, quien es uno de los integrantes de las 40 familias, cuenta que hace poco más de cuatro décadas el hijo del exgobernador de Tlaxcala, Isidro Candia, decía ser el dueño del bosque y ocupaba a dos o tres personas de la comunidad para los recorridos de vigilancia; cuando extraía madera, traía a trabajadores de otro lugar.

“Pero cuando había incendios toda la comunidad acudía; yo lo hice cuando tuve la edad. Aunque el bosque no era de nosotros, apoyamos por el cariño y el amor que le teníamos”, relata Juan José.

A finales de la década de los ochenta, integrantes de las 40 familias se acercaron a la Secretaría de la Reforma Agraria para solicitar que se les permitiera realizar aprovechamiento del bosque. Pero la respuesta que recibieron fue que no era posible, porque ninguno de ellos era ejidatario o comunero.

“Solo éramos un grupo de familias haciendo alusión a nuestro derecho al trabajo. El gobierno nos decía que debíamos ser un grupo anexado al ejido de San Felipe Hidalgo, de donde somos originarios”, platica Juan José.

Entérate: Comunidades en México demuestran que es posible vivir del bosque y, al mismo tiempo, conservarlo

El colectivo intentó convencer a los ejidatarios de San Felipe Hidalgo de que los incluyeran para una ampliación de su núcleo agrario. Su petición fue negada. La opción que encontraron fue crear una Sociedad de Solidaridad Social, alternativa legal que les permitía obtener un patrimonio de carácter colectivo o comunitario y realizar actividades comerciales.

Las sociedades de este tipo, según la Ley de 1976, tienen el objetivo de crear fuentes de trabajo; además, permiten que sus socios realicen aprovechamiento de los recursos naturales, así como la producción, industrialización y comercialización de bienes y servicios que sean necesarios para obtener beneficios comunes y, a la vez, resguardar la riqueza forestal del país.

Bajo estas premisas, en 1990, se creó Piedra Canteada Sociedad de Solidaridad Social. Sus fundadores, señala Juan José, fueron 64 habitantes de San Felipe Hidalgo; cada uno recibió un certificado de socio, el cual puede heredarse a su cónyuge, hijas o hijos o, en su caso, a la persona con quien haya hecho vida común.

Uno de los senderos del bosque comunitario de Piedra Canteada. Foto: Carmen Pacheco.

Juan José Morales Pérez, quien hoy es el presidente del Comité Ejecutivo de la Sociedad de Solidaridad Social Piedra Canteada, cuenta que el siguiente paso fue realizar los trámites para adquirir las 630 hectáreas de bosque.

El supuesto dueño de los terrenos forestales no pudo acreditar la propiedad, así que los pobladores lograron comprar al Estado el bosque. Ahora, cuentan con una escritura pública otorgada por el Registro Nacional de la Propiedad.

“Cuando nos lo entregaron —recuerda Juan José— el lugar estaba totalmente depredado, no se hacían los trabajos conforme a las normas. Ahora ya lo recuperamos”. Desde 1990, los dueños del bosque han realizado trabajos de conservación y restauración de suelo, reforestaciones, mantenimiento de caminos y apertura de brechas cortafuego. “Podemos presumir que hace 20 años no tenemos un incendio, solo un conato”, comenta con orgullo.

Un refugio para los “bichos de luz”

Es un día de finales de julio cuando Juan José platica la historia de Piedra Canteada. También recuerda que desde niño miraba a los “bichos de luz”, como les dicen a esos insectos que tienen la capacidad de bioluminiscencia, es decir, pueden generar luz fría.

“Siempre he visto luciérnagas; para mí es normal mirarlas. Yo nací, crecí y ojalá me muera acá”, dice Juan José. Y como si fuera un biólogo, explica que el crecimiento de la mancha urbana ha reducido su hábitat.

El avistamiento dura alrededor de una hora y no se da con la misma intensidad en toda la extensión del bosque. En la parte más alta, los destellos de luz se observan en menor cantidad. “No sé por qué. A pesar de que hay mucha información sobre las luciérnagas, también hay cosas que no se saben”, comenta Juan José.

En eso coincide el doctor Santiago Zaragoza Caballero, investigador del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En su más reciente artículo, el especialista en luciérnagas destaca que a pesar de ser muy llamativas, por su capacidad de bioluminiscencia, su estudio taxonómico, biológico y ecológico es aún pobre en todo el mundo

El entomólogo resalta que a estos insectos, de la familia lampyridae, se les puede encontrar sobre todo en las zonas relativamente húmedas. A nivel mundial se han documentado alrededor de 2200 especies incluidas en 110 géneros.

En México hay registros de alrededor de 200 especies de luciérnagas presentes, sobre todo, en tres estados: Veracruz, Oaxaca y Chiapas. En un reciente artículo, titulado “Luciérnagas del centro de México”, publicado en la Revista Mexicana de Biodiversidad, Zaragoza Caballero documenta 37 nuevas especies presentes en la Ciudad de México, Estado de México, Hidalgo, Morelos, Puebla y en Tlaxcala, estado donde se encuentra el bosque de Piedra Canteada.

Fernando Arce, entomólogo del Instituto Politécnico Nacional, destaca que la presencia de luciérnagas y, sobre todo que exista una población importante, es un indicador de la buena salud del bosque.

Las luciérnagas, destaca, habitan Piedra Canteada porque sus propietarios decidieron no seguir con una actividad maderable sin control.

El bosque iluminado por las luciérnagas. Foto: Carmen Pacheco.

Trabajo colectivo en el bosque

Una vez que los integrantes de la sociedad lograron adquirir el bosque, los socios iniciaron su trabajo. Entre las acciones que han realizado está un Programa de Manejo, el cual fue aprobado en 2013 por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y tiene una vigencia de diez años.

En el programa se establece en qué áreas se puede realizar aprovechamiento maderable y cuánta madera se puede extraer, sin afectar el bosque. El año pasado, de acuerdo con los informes del directivo, se aprovecharon 62 hectáreas, de las que se obtuvieron 1500 metros cúbicos de oyamel, 800 de pino y 600 de encino.

Los socios parecen estar alertas siempre a las oportunidades. En 1996 compraron un aserradero que fue propiedad del gobierno estatal y que dejó de operar en 1988, por lo que estuvo abandonado mucho tiempo.

El aserradero está cerrado por la crisis sanitaria provocada por el COVID-19. Antes de la pandemia, ahí trabajaban ocho personas que transformaban la madera en tablas, polines y vigas, dándole un valor agregado a la madera en rollo que se obtiene del bosque.

En esta sociedad se asume, de alguna manera, que el bienestar individual se deriva del bienestar común. Aunque los socios podrían dividir las hectáreas del bosque, decidieron que trabajar en conjunto es mejor.

Con esa idea de colectividad, y para diversificar las actividades económicas, en 2002 destinaron ocho hectáreas del bosque para desarrollar un proyecto de ecoturismo que tiene como protagonistas a las luciérnagas. Esta iniciativa fue la primera que se desarrolló en el estado de Tlaxcala.

El ecoturismo les permitió crear ocho empleos fijos. Cada verano, durante la temporada de avistamiento de luciérnagas, contratan a cerca de 120 personas para trabajar como camareras, cocineros, meseros y ayudantes en general. Además, dan trabajo a 60 guías que orientan a los visitantes en el recorrido por los senderos del bosque.

Beneficios ambientales y sociales

En mayo pasado, los propietarios de Piedra Canteada obtuvieron la certificación del Forest Stewardship Council (FSC), organización no gubernamental global dedicada a promover el manejo responsable de los bosques a nivel mundial.

La coordinadora de desarrollo de negocios de la FSC-México, Tania Libertad Caro Linares, explica que esta certificación se otorga cuando se cumple con los principios básicos en el manejo forestal, los cuales además de garantizar que se produce madera en forma sustentable, también se evalúa el respeto a los derechos laborales, la equidad de género y la transparencia.

“Se toma en cuenta que las personas dueñas de los bosques o quienes se sostienen de él, vivan de manera digna y hagan un manejo responsable, para que se pueda seguir en los siguientes años”, señala.

La certificación de FSC no es un premio —aclara el presidente del Comité Ejecutivo de Piedra Canteada—, es un reconocimiento que tiene un proceso en el que se evalúan 130 criterios para garantizar que sus productos tienen su origen en un bosque bien manejado y que proporciona beneficios ambientales, así como sociales y económicos para todos los socios y, en forma indirecta, a las poblaciones vecinas.

Eliseo Guzmán Brindis es uno de los socios de Piedra Canteada, tiene 62 años y trabaja como velador del centro ecoturístico desde hace un año. En las mañanas, cuenta, le gusta caminar por el bosque con su rifle sobre el hombro; a veces, recolecta hongos de los senderos.

En sus inicios, la sociedad estaba integrada por 64 socios, pero el padrón se actualizó: ahora “somos 40 propietarios”, dice el presidente con cierta reserva. Don Eliseo es franco y explica que el grupo se redujo, en parte, por algunas malas prácticas que se tuvieron en administraciones anteriores; como consecuencia, los socios fueron suspendidos. Otros socios fallecieron.

Eliseo destaca que, gracias a una mayor vigilancia, han logrado superar los problemas y ahora, además del trabajo sustentable, tienen mayor transparencia de los recursos forestales y económicos. Además, han logrado contagiar con su ejemplo a otros ejidos que ahora también impulsan el ecoturismo y el avistamiento de luciérnagas. Pero, aclara, Piedra Canteada fue el primero en hacerlo.

Lee el reportaje completo en Mongabay Latam

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