Parosmia: desde que tuve COVID-19, la comida me da ganas de vomitar
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Clare Freer

Parosmia: desde que tuve COVID-19, la comida me da ganas de vomitar

Muchas personas descubren que las cosas no huelen bien después de padecer COVID y que la mayoría de los alimentos huelen y saben repugnantes.
Clare Freer
26 de febrero, 2021
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Muchas personas con COVID-19 pierden temporalmente el sentido del olfato.

A medida que se recuperan, este por lo general regresa, pero algunos descubren que las cosas huelen diferente y algunas que deberían oler bien, como la comida, el jabón y sus seres queridos, huelen repulsivamente.

El número de personas con esta afección, conocida como parosmia, aumenta constantemente, pero los científicos no están seguros de por qué ocurre o cómo curarla.

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BBC

Clare Freer termina llorando cada vez que intenta cocinar para su familia.

“Me mareo con los olores. Un olor podrido invade la casa en cuanto se enciende el horno y es insoportable”, describe.

La mujer de 47 años de Sutton Coldfield, Reino Unido, ha estado padeciendo parosmia durante siete meses y dice que muchos olores cotidianos le resultan repugnantes.

Las cebollas, el café, la carne, las frutas, el alcohol, la pasta de dientes, los productos de limpieza y los perfumes le dan ganas de vomitar.

El agua del grifo tiene el mismo efecto (aunque no el agua filtrada), lo que dificulta el lavado.

“Ya ni siquiera puedo besar a mi pareja”, dice.

Clare contrajo COVID-19 en marzo del año pasado y, como muchas personas, perdió el olfato como resultado.

El sentido regresó brevemente en mayo, pero en junio Clare empezó a rechazar sus comidas para llevar favoritas porque tenían un aroma rancio y cada vez que algo entraba en el horno había un olor abrumador a productos químicos o algo quemado.

Desde el verano lleva una dieta de pan y queso porque es todo lo que puede tolerar.

“No tengo energía y me duele todo”, cuenta. También la ha afectado emocionalmente. Dice que llora la mayoría de los días.

“Aunque la anosmia no fue agradable, pude seguir con mi vida normal y seguir comiendo y bebiendo”, dice Clare. “Viviría con eso para siempre, si eso significara deshacerme de la parosmia”.

Clare disfruta de un día de mimos con su hija mayor: el perfume ahora huele repugnante para ella.

Clare Freer
En esta foto se la puede ver a Clare Freer disfrutando de un día de mimos con su hija mayor. Ahora el perfume de sus seres queridos huele repugnante para ella.

El médico de cabecera de Clare dijo que nunca antes se había encontrado con un caso así.

Asustada y desconcertada, buscó respuestas en Internet y encontró un grupo de Facebook con 6.000 miembros creado por la organización benéfica de pérdida de olores AbScent.

Casi todos habían comenzado con anosmia derivada de la COVID-19 y terminaron con parosmia.

“Los descripciones comunes de los diferentes olores de parosmia incluyen: muerte, descomposición, carne podrida, heces“, dice la fundadora de AbScent, Chrissi Kelly, quien creó el grupo de Facebook en junio después de lo que describe como un “maremoto” de casos de parosmia por COVID-19 .

La gente usó frases como “aguas residuales con sabor a fruta”, “basura empapada y caliente” y “perro mojado rancio”.

A menudo, luchan por describir el olor porque no se parece a nada que hayan encontrado antes y eligen palabras que transmiten su disgusto.

Alrededor del 65% de las personas con COVID pierden el sentido del olfato y el gusto y se estima que alrededor del 10% de ellos desarrollan una “disfunción olfativa cualitativa”, es decir, parosmia u otra afección, fantosmia, cuando huele algo que no se encuentra en el lugar.

Si esto es correcto, 6.5 millones de personas de los 100 millones que han tenido COVID-19 en todo el mundo pueden estar experimentando parosmia prolongada por COVID.

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BBC

La doctora Jane Parker, científica especialista en sabor de la Universidad de Reading, Reino Unido, estaba estudiando la parosmia antes de la pandemia, cuando era una condición aún más rara.

Una teoría sobre el origen de los olores horribles que experimentan las personas que viven con parosmia es que solo perciben algunos de los compuestos volátiles que contiene una sustancia y que huelen peor de forma aislada. Incluso podría aumentar su intensidad.

Por ejemplo, el café contiene compuestos de azufre que huelen bien en combinación con todas las demás moléculas que le dan al café su aroma agradable, pero no cuando se huele solo.

Consultando con varias personas del grupo de Facebook AbScent parosmia, Parker y su equipo han descubierto que la carne, las cebollas, el ajo y el chocolate provocan habitualmente una mala reacción, junto con el café, las verduras, la fruta, el agua del grifo y el vino.

Jarra de café.

Getty Images
Para la mayoría de las personas que padecen de parosmia, el café sabe muy mal.

Muchas otras cosas huelen mal para algunos de los voluntarios y nada huele bien para todos ellos “excepto quizás almendras y cerezas”.

Ellos, y otros con parosmia, describen repetidamente algunos malos olores, incluido uno que es químico y ahumado, uno que es dulce y enfermizo, y otro descrito como “vómito”.

La investigación de Parker también ha encontrado que los malos olores pueden permanecer con los parósmicos, como se les llama, durante un tiempo inusualmente largo.

Para la mayoría de las personas, el olor a café permanecerá en sus fosas nasales durante unos segundos. Para los parósmicos, podría quedarse durante horas, incluso días.


Consejos para afrontar la parosmia

  • Consume alimentos a temperatura ambiente o fríos
  • Evita los alimentos fritos, carnes asadas, cebollas, ajo, huevos, café y chocolate, que son algunos de los peores alimentos para los parósmicos.
  • Prueba alimentos suaves como arroz, fideos, pan sin tostar, verduras al vapor y yogur natural.
  • Si no puedes tolerar la comida, considera batidos de proteínas sin sabor

Fuente: AbScent


Barry Smith, líder británico del Consorcio Global para la Investigación Quimiosensorial, dice que otro descubrimiento sorprendente: “lo bueno es malo y lo malo es bueno”.

“Para algunas personas, los olores de los pañales y del baño se han vuelto tolerables, e incluso agradables”, describe.

“Es como si los desechos humanos ahora huelen a comida y la comida ahora huele a desechos humanos”.

Baño.

Getty Images
“Para algunas personas, los olores de los pañales y del baño se han vuelto tolerables, e incluso agradables”.

Entonces, ¿qué causa la parosmia?

La hipótesis predominante es que resulta del daño a las fibras nerviosas que transportan señales desde los receptores en la nariz hasta las terminales (glomérulos) del bulbo olfatorio en el cerebro.

Cuando estos vuelven a crecer, ya sea que el daño haya sido causado por un accidente automovilístico o por una infección viral o bacteriana, se cree que las fibras pueden volver a adherirse a la terminal incorrecta, dice Parker.

“¡Están en la sala de reuniones equivocada! Esto se conoce como cableado cruzado y significa que el cerebro no reconoce el olor y quizás está programado para pensar en él como un peligro”, detalla.

La teoría es que, en la mayoría de los casos, el cerebro, con el tiempo, corregirá el problema, pero Parker se muestra reacio a decir cuánto tiempo llevará.

“Debido a que muy pocas personas tenían parosmia antes de la COVID-19, no se estudió mucho y la mayoría de la gente no sabía qué era, por lo que no tenemos datos históricos. Y tampoco tenemos datos para COVID-19 porque eso podría llevar años”, asegura.

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BBC

Aparte de esperar a que el cerebro se adapte, no hay cura, aunque AbScent cree que el “entrenamiento del olfato” puede ayudar.

Consiste en oler regularmente una selección de aceites esenciales uno sobre otro, pensando en la planta de la que se obtuvieron.

Clare Freer ha estado haciendo esto y dice que el limón, el eucalipto y el clavo de olor han comenzado a oler levemente como deberían, pero que no registra nada en el caso de la rosa.

Algunos parósmicos han adaptado su dieta para hacer más llevadero vivir con la enfermedad.

Dos hermanas, Kirstie, de 20 años, y Laura, de 18, de Keighley, Reino Unido, están haciendo lo mismo, aunque tomó un tiempo descubrir cómo llevarlo a cabo y al mismo tiempo vivir en armonía con sus padres.

Una vez, las hermanas tuvieron que correr por la casa y abrir las ventanas, cuando sus padres llegaron con pescado y papas fritas, “porque el olor es horrible”, describe Laura.

Sus padres, en cambio, se han cansado de las especias picantes con las que cocinan las hermanas, para enmascarar los sabores desagradables y darles lo que para ellas es un toque de sabor.

Kirstie (derecha) y Laura en el cumpleaños número 18 de la última que no pudo comer su pastel.

BBC
Kirstie (derecha) y Laura en el cumpleaños número 18 de la última que no pudo comer su pastel.

“Algunas personas nos dicen que simplemente debemos alimentarnos y comer de todos modos. Lo intentamos, pero es muy difícil comer alimentos que saben podridos“, dice Kirstie.

“Y luego, durante los próximos tres días, tendré que vivir con ese olor que se filtra en mi sudor. Es uno de los olores más angustiantes y me siento sucia constantemente”, detalla.

Ahora se han dado cuenta de que los alimentos de origen vegetal saben mejor y disfrutan de platos como la boloñesa de lentejas y el risotto de calabaza.

“La carne es un alimento que ahora evitamos. Encontrar buenas recetas que nos gusten ha hecho que sea mucho más fácil de afrontar”, afirma Kirstie.

“Hemos tenido que adaptarnos y cambiar nuestra forma de pensar porque sabemos que podríamos estar viviendo con esto durante años y años”, se resigna.

La pérdida del olfato a menudo afecta la salud mental

Jane Parker señala que la pérdida del olfato ocupa un lugar muy bajo en la lista de prioridades para quienes enfrentan la pandemia, pero ella y Barry Smith dicen que a menudo afecta la salud mental y la calidad de vida.

“Es sólo cuando pierdes el sentido del olfato que te das cuenta de cuánto fue parte de la esencia de tu experiencia”, explica Smith.

La conexión humana, el placer y los recuerdos están ligados al olfato, señala.

“Te dicen que se sienten aislados de su propio entorno, ajenos. Ya no encuentran ningún placer en comer y pierden esa cercanía tranquilizadora de poder oler a las personas que aman”, describe.

Mientras que Clare Freer extraña los días en que le gustaba el olor de su esposo cuando salía de la ducha, Justin Hyde, de 41 años, de Cheltenham, en el suroeste de Reino Unido, nunca ha olido el aroma de su hija nacida en marzo de 2020.

Justin no asistió al festival de carreras de caballo de su ciudad en el mismo mes, pero conoce a personas que sí lo hicieron, y no mucho después contrajo el virus, perdiendo el sentido del gusto y el olfato.

Justin Hyde

Justin Hyde
Justin Hyde ya no disfruta de una visita a una cervecería al aire libre porque no puede tolerar el sabor de la cerveza.

Tuvo una recuperación de los sentidos en julio, pero luego el café comenzó a oler extraño, y rápidamente las cosas empeoraron.

“Casi todos los olores se volvieron extraños”, puntualiza. “Los huevos me repelen físicamente y no puedo disfrutar de la cerveza o el vino, ya que tienen un sabor que simplemente llamo COVID”.

Al igual que Kirstie y Laura, él descubrió que algunos platos sin carne son comestibles, incluido el curry de verduras, pero no habrá más visitas a las cervecerías mientras dure su parosmia y ni desayunos con alimentos fritos.

“Todos esos placeres que damos por sentado han desaparecido desde que tuve COVID. Siento que estoy roto y ya no soy yo“.


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Alberto Pradilla

Desplazados de Aguililla regresan a sus casas mientras Michoacán sigue golpeado por la violencia 

Poco a poco, pobladores comienzan a volver a los hogares que dejaron, obligados por la violencia generada por cárteles. Piden al Ejército mantener su presencia e inhibir una nueva incursión criminal a comunidades de Tierra Caliente.
Alberto Pradilla
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El hombre abre la puerta de su casa con sigilo. Antes de entrar, mete la cabeza y mira a izquierda y derecha. Se asegura de que está vacía. En la ventana, un disparo atravesó el cristal y se incrustó en la pared de la cocina, justo al lado del horno. Al interior, una casita humilde de concreto y lámina en el techo; todo está cubierto por el polvo. Las telas de araña colonizan buena parte de las superficies y aparecen botas que nadie de la familia reconoce. “Hubo gente rara aquí”, dice la mujer, que llega a inspeccionar después de su marido. Ha pasado más de un año desde la última vez que el matrimonio estuvo aquí. En realidad, ambos abandonaron el domicilio antes, hace más de año y medio: en junio de 2020. Ella lo recuerda porque fue días antes de que su esposo cumpliese 54 años. Aquel año no hubo celebración: se habían convertido en desplazados internos. 

“Estábamos aquí cuando tronaban las balas en la pared. Vino mi esposo un día, quemaron un carro ahí y no se podía estar. Así que agarramos cinco cambios de ropa y nos marchamos. Luego regresamos por más ropa”, dice la mujer. Solo hay una condición para acompañar a la familia en su regreso a casa: nada de nombres ni de imágenes del rostro ni nada que pueda identificarles. Esto se repite con la mayoría de personas entrevistadas. Parece que la zona está en calma pero nunca se sabe cuánto tiempo durará la tranquilidad. Tampoco, quién será el próximo grupo que controle el territorio. Y nadie quiere ser señalado por algún vecino como un colaborador de los contrarios. “Por todo le pueden echar tierra encima a uno”, dice ella. 

En El Aguaje, municipio de Aguililla, Michoacán, comienzan a regresar las primeras familias que huyeron durante el enfrentamiento entre el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y Cárteles Unidos. En abril de 2021, sicarios del grupo liderado por Nemesio Oseguera Cervantes, el “Mencho”, se hicieron con el control de la cabecera municipal. La carretera entre Aguililla y Apatzingán se convirtió en una ruta intransitable, con zanjas que impedían el paso y retenes impuestos por el crimen organizado. Durante este tiempo también hubo un éxodo de pobladores. Ni el gobierno federal ni el estatal tienen ninguna dependencia que trate el desplazamiento forzado, así que ni siquiera existe un censo. Animal Político consultó con ambas administraciones, pero al cierre de la edición no tuvo respuesta. La ley sobre desplazamiento forzado, que entregaría competencias a la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar), está paralizada desde hace más de un año en el Senado. La única estimación la tiene el padre Gregorio López, que dirige el albergue El Buen Samaritano, en Apatzingán, y que considera que 15 mil personas dejaron Tierra Caliente a causa de la violencia

“Lo que se está haciendo en estos casos es buscando que la gente regrese a sus comunidades, a sus pueblos; eso es lo básico, como sucedió hace relativamente poco en Aguililla y en toda esa región, y lo vamos a seguir haciendo”, dijo el miércoles el presidente Andrés Manuel López Obrador, que quiso minimizar el problema argumentando que “son pocas las regiones en las que hay desplazados”. Estas afirmaciones contrastan con las cifras de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH), que en su último boletín advirtió un incremento del 360% en el número de personas que abandonan su casa por la violencia

Sobre el terreno, la realidad es otra. En Aguililla, es cierto que la llegada del Ejército a principios de febrero permitió al gobierno federal anunciar que había recuperado el territorio, controlado desde hace meses por el crimen organizado. Sin embargo, esto no ha resuelto el problema. Muchos de los desplazados no regresarán nunca. Cientos están ya en Tijuana, Baja California, o en Ciudad Juárez, Chihuahua, con el objetivo de pedir asilo en EU, o ya cruzaron al norte. El gobernador Alfredo Ramírez Bedolla dijo en diciembre que al menos 3 mil michoacanos se encontraban en Tijuana esperando cruzar la frontera. 

De los que siguen en Michoacán, nadie se fía. Por un lado, quienes regresan temen que los militares se marchen y llegue otro grupo criminal a hacerse con el poder. Esto es algo que ha denunciado en reiteradas ocasiones el padre Gilberto Vergara, párroco de Aguililla. Por otro lado, se ha producido un segundo éxodo, el de personas que previamente no habían dejado el lugar y que ahora son señaladas por “simpatizantes” del CJNG. 

Uno de cada 10 asesinatos 

Michoacán sigue siendo golpeado por la violencia. Menos de un mes después de que el Ejército anunciase la toma de Aguililla, al menos 10 personas fueron asesinadas en un velorio en San José de Gracia, en el límite con Jalisco. En el primer mes del año, en Michoacán se registraron 234 homicidios dolosos, el segundo estado con más crímenes de este tipo (solo Guanajuato tuvo más: 246). Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), en enero se cometieron 2 mil 427 homicidios dolosos, por lo que Michoacán concentra el 10% de los asesinatos del país

Michoacán está también en el origen de la denominada “guerra contra el narcotráfico” lanzada por el expresidente Felipe Calderón. Aquí fue donde iniciaron los operativos militares de finales de 2006 que abrieron una de las etapas más sangrientas de la historia de México. Desde entonces han pasado tres presidentes, siete gobernadores y diversas corporaciones, desde la Policía Federal hasta la Guardia Nacional. También diferentes grupos criminales. El resultado ha sido siempre el mismo: el crimen organizado mantiene su control, aunque sea con diferentes nombres, y la violencia no cesa.

Para la mujer que regresa a su domicilio tras un año desplazada, el punto de quiebre se ubica hace dos años, cuando estalló la guerra. En ese momento, la carretera que atraviesa El Aguaje se convirtió en un campo de batalla. Ella y su esposo ya no estaban a salvo ni en su casa. Los primeros combates les obligaron a convertir su vivienda en un búnker. 

“Nos metimos al baño porque es el único que tiene luz. Nos metimos y aquí nos hicimos bolita”, dice la mujer. Asegura que no quiere regresar, que tiene miedo y que hará lo posible para convencer a su esposo de que Lázaro Cárdenas es buen lugar para quedarse a vivir. Él, por el contrario, cree que ya ha llegado el momento de volver a casa.  

“Antes la vida era bien bonita, todos nos salíamos, se juntaba así de gente para ir a trabajar. Éramos muchísima gente. Ahorita no hay. Eran carros, tras carros, tras carros”, dice la mujer. Antes de que la violencia tomase el municipio, cuenta la mujer que ambos trabajaban como jornaleros cortando limón. Les pagaban hasta 40 pesos por cada caja recogida y juntos podían hacer hasta 35 cajas en una jornada. “Ahora dicen que está caro porque escasea”, afirma. 

Huellas

Alberto Pradilla

En los alrededores, hay cientos de hectáreas que llevan sin ser trabajadas por lo menos dos años. Las hierbas se han comido los árboles limoneros y los cubren por completo. Animal Político visitó una de estas plantaciones que fue utilizada como base por el CJNG. Los sicarios construyeron varias trincheras, dejaron su sello en diferentes muros y abandonaron un ataúd en una de las dependencias. Las paredes están agujereadas con balas de diverso calibre, lo que muestra que aquí hubo un enfrentamiento. 

El dueño de la finca es un hombre que abandonó El Aguaje hace año y medio y que actualmente se encuentra en EU, donde pidió asilo. Cuenta su tío, que no quiere ser identificado, que se marchó ante las presiones del CJNG. Ahora que la zona está nuevamente bajo control del Estado, tiene miedo de que haya minas enterradas. Así que el terreno seguirá sin producir. Desde enero, los precios del limón se dispararon. Pero esto no solo se produce por un descenso en las hectáreas cultivadas. Un productor de Apatzingán, que pidió anonimato, aseguró que Cárteles Unidos intimidaba a las empacadoras estableciendo los días en los que podían recoger la fruta. La disminución del producto en el mercado también genera un alza de los precios. 

Gateando para escapar de las balas

Muy cerca del lugar, María, de 88 años, cuenta cómo sobrevivió a los combates cuando llegaron a la puerta de su casa. “Cuando oía las balaceras me escondía”, explica. “Un día estaba echando maíz a las gallinas y me subí gateando porque no me podía parar. Me senté, y ahí duré como dos o tres horas porque nada más se oía zum y zum”, dice. La pared de su vivienda también tiene las marcas de los balazos. 

“Ahí estaba la rinconada de malvados”, dice la mujer, señalando al exterior. Cuenta que aguantó en su casa hasta que no pudo más. Hasta tuvo que llegar el sacerdote del pueblo para poder evacuarla. “Ahí andé como saltalachina, dando la lata a la gente”, explica. Primero en casa de una amiga, muy cerca del lugar. Luego, en Uruapan, en casa de una hija. Apenas aguantó tres meses fuera de su territorio. Escuchó que una vecina le había metido los cerdos en su casa para que no se escaparan, así que regresó. “Ni una gallina encontré”, se queja. 

Para María, la violencia no es algo ajeno. Cuenta que dos hijos fueron asesinados hace más de dos décadas, sin entrar en más detalles. Aunque para ella “la revoltura” empezó hace “uno o dos años”. 

En realidad, el crimen organizado es una constante en la historia de Aguililla. Cambian los nombres, los actores, las autoridades. Pero hay dinámicas que se asemejan: sobre todo, la falta de un control por parte del Estado. 

“Ha sido un problemón de 15 años aquí. Primero empezaron los mentados grupos de Los Templarios, que según eran Matazetas. Luego sacan a Los Templarios y quedan los autodefensas, pero resulta que eran Jalisco. Se organizan de vuelta y tenemos el problema. Estamos como unos cinco años que ha sido una carnicería”, dice otro residente en El Aguaje que regresó a su casa la semana pasada.

Cuenta que cuando estaba en su tienda fue abordado por tres camionetas con hombres armados que le dieron un ultimátum: o se marchaba o era hombre muerto. Le acusaban de informar a las autoridades sobre los movimientos del CJNG. Huyeron todos con lo puesto y algunos no han regresado. Uno de sus hijos se estableció cerca de Los Ángeles, donde sirve tacos a domicilio.

“Llegaron muy mansitos, que venían a liberar, como creyéndose Simón Bolívar, pero no es verdad. Son el grupo más sanguinario de México”, dice el hombre, en referencia al CJNG. Según explica, la promesa de un reparto agrario entre sus seguidores hizo que una parte del municipio apoyase al grupo liderado por el “Mencho”. Otros, quienes no hicieron las maletas, terminaron siendo obligados a formar parte de esta base social, afirma el hombre. 

Estos elementos muestran lo complejo de la situación en Aguililla. No se explica únicamente como grupo-criminal-que-toma-el-territorio. En los últimos años, aquí operaron al menos dos estructuras delictivas, cada una con su propio modus operandi. Lo explica un policía michoacano que participó en los últimos operativos. Dice que “los locales”, que es como denomina a la amalgama entre Los Viagras, autodefensas y otros grupos más pequeños, cobraban cuota a todos los negocios. Por el contrario, según este agente, el CJNG no extorsiona en los territorios que controla. “Pero si tu rancho está en su camino, es mejor que te apartes”, dice. 

“Permaneceremos indefinidamente”

“Las tropas van a permanecer en toda el área y se van a seguir llevando a cabo las operaciones que sean necesarias para mantener el Estado de derecho y la legalidad que se ha implementado en todo el área. Permaneceremos en el área indefinidamente”. Con estas palabras, el comandante de la 43 Zona Militar, Enrique Covarrubias López, comprometió la presencia del Ejército en la zona en un acto celebrado el jueves en la plaza de Aguililla. El acto fue una especie de balance del operativo y, sobre todo, de promesas de recuperación del estado. Representantes de diversas dependencias prometieron retomar el control de las carreteras e inversiones para promover el crecimiento social. 

Este es un reto tanto para López Obrador como para el gobernador Ramírez Bedolla: que la autoridad tenga el control efectivo. La llegada de los militares no recibió un aplauso unánime. En comunidades como Naranjo de Chila, donde se dice que nació el “Mencho”, hay más sensación de ocupación militar que de liberación. Aunque poca gente quiere hablar, los que se dirigen a los periodistas (siempre a condición de anonimato) es para denunciar que los uniformados robaron en algunos domicilios.

Como un hombre que asegura que los uniformados se llevaron el material de un soldador que trabaja en el pueblo. “Le acusaron de trabajar para ellos. Bueno, él hace su trabajo”, afirma. 

Ejército en Michoacán

Alberto Pradilla

Durante el avance del Ejército, también se registraron denuncias por vulneraciones a los derechos humanos. El padre José Luis Segura realizó diversos videos en los que asegura que el Ejército disparó contra civiles desarmados y que hay varias personas desaparecidas. Otro sacerdote, Gilberto Vergara, párroco de Aguililla, ha cuestionado que tras el avance de los militares llegaban Los Viagras para ocupar el espacio abandonado por el CJNG. 

Es posible que en las próximas semanas retornen más desplazados a sus domicilios. Pero las heridas de la guerra no se resuelven limpiando las fachadas. Existe una profunda desconfianza y dinámicas de convivencia con grupos irregulares que van más allá del último conflicto. Hay relaciones económicas, lazos familiares, favores políticos, historias compartidas. En estas tierras, hay mucho sufrimiento que está todavía por ser destapado.

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