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"Perdí el mejor empleo de mi vida por una foto en redes sociales": los peligros de la cultura de la cancelación

Los llamados al boicot a empresas o personas que tengan comportamientos considerados “errados” o inadecuados divide a los progresistas y aviva el debate en Estados Unidos.
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23 de julio, 2020
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El pasado 3 de junio, el estadounidense Emmanuel Cafferty, de 47 años, volvía a su casa después de una jornada más de trabajo.

Su rutina consistía en pasar entre 8 y 12 horas al día inspeccionando las redes subterráneas de gas y electricidad de la ciudad de San Diego, California.

Caía la tarde y hacía calor.

Al volante de la camioneta de la empresa, mantenía la ventanilla abierta y el brazo izquierdo en el exterior.

Según Cafferty, juntaba dos dedos de la mano distraídamente, en un gesto que repitió varias veces durante la entrevista con BBC News Brasil.

“En ese momento, un desconocido con un celular y una cuenta de Twitter puso mi vida del revés“, cuenta Cafferty.

Una fotografía dañina

Hacía apenas una semana que George Floyd, un hombre negro desarmado, moría después de que un policía blanco le retuviera en el suelo durante varios minutos presionándole el cuello con la rodilla en Mineápolis.

Las imágenes de la muerte de Floyd desencadenaron lo que se considera la mayor ola de protestas contra el racismo en Estados Unidos en la historia reciente.

En ese contexto, el chasquido de dedos de Cafferty fue interpretado por otro conductor como un gesto específico: un símbolo usado por supremacistas blancos.

“Ese hombre comenzó a tocar la bocina y a insultarme. Gritaba: ‘¿va a seguir haciendo eso?’ y sacó el celular para fotografiarme. Pensé que tal vez le había cerrado el paso en el tráfico, por accidente. Pero estábamos los dos parados en el semáforo y yo no entendía nada”, relata.

Dos horas después del incidente, su supervisor le llamó para decirle que había sido denunciado como racista en las redes sociales y que le suspendía del trabajo sin sueldo.

Una hora más tarde, sus colegas llegaron a su casa para llevarse la camioneta y la computadora de la empresa. Cinco días después fue despedido.

“Así fue como perdí el mejor empleo de mi vida“, dice Cafferty. Sin estudios superiores, hijo de inmigrantes mexicanos, vivía su versión del sueño americano.

Ganaba 41 dólares la hora, el doble que en su empleo anterior, y tenía cobertura de salud y de jubilación por primera vez en su vida.

Cuando consiguió la plaza, seis meses atrás, él, sus tres hijas y sus nietos salieron a comer para celebrarlo.

¿Ok o supremacía blanca?

Cafferty explica que no tenía ni idea de que el gesto que se le atribuye, comúnmente asociado con un “OK” en Estados Unidos, pudiese tener connotaciones racistas.

De acuerdo a la Liga contra la Difamación, una organización centenaria que combate los discursos de odio en Estados Unidos, el símbolo del “OK” fue adoptado en 2017 por usuarios racistas en foros de internet como 4chan. La propia organización recomienda tener cuidado con la interpretación de la señal.

“La abrumadora mayoría de las veces el gesto significa consentimiento o aprobación. Por eso no se puede presumir que alguien que lo haga lo esté usando en un contexto de racismo, a menos que exista otra prueba para apoyar esa percepción. Desde 2017, muchas personas fueron acusadas erróneamente de ser racistas o supremacistas por usar el gesto en el sentido tradicional e inocuo”, alerta la organización.

George Floyd

Twitter/Ruth Richardson
George Floyd dijo en repetidas ocasiones que no podía respirar.

Eso es exactamente lo que le pasó a Cafferty. O peor.

“En mi caso, no era un símbolo. Solo estaba chasqueando los dedos. Pero un hombre blanco lo interpretó como un gesto parecido al ‘OK’, que sería racista, y se lo dijo a mis jefes, también blancos, que decidieron creerle a él, no a mí, que no soy blanco”, afirma exasperado, al tiempo que se frota los brazos para mostrar el color de su piel.

El autor de la fotografía y del primer post contra Cafferty admitió ante el equipo local de la cadena estadounidense NBC que quizá exageró en la interpretación que hizo del supuesto gesto y que, a pesar de haber etiquetado en su publicación a la empresa en la que Cafferty trabajaba, no quería que fuera despedido.

El usuario borró el mensaje original e incluso la cuenta de Twitter. Pero ya era tarde, el post se había viralizado y el empleo estaba perdido.

BBC News Brasil no logró localizar al autor del post original.

“Una multitud de Twitter me canceló. Ya llamé a todos mis exempleadores en las seis semanas desde que aconteció el episodio y nadie me llama de vuelta. Lo primero que hace un empleador a la hora de contratar es poner el nombre en Google. El mío quedó ligado a este episodio, sin importar si era cierto o no. No sé cómo voy a seguir con mi vida de aquí para adelante”, se desahoga.

Ha tenido que acudir a terapia semanal para lidiar con el dolor y el miedo que ha sentido.

Multitud online, efectos offline

El caso de Cafferty es emblemático de lo que se considera un peligroso efecto colateral de la llamada cultura de la cancelación.

El movimiento comenzó hace algunos años como una forma de llamar la atención sobre causas de justicia social y preservación medioambiental, como una manera de amplificar la voz de los grupos oprimidos y forzar acciones políticas de marcas o figuras públicas.

Funciona así: un usuario de redes sociales como Twitter o Facebook, presencia un acto que considera equivocado, lo graba en video o lo fotografía y lo publica en su cuenta, con el cuidado de etiquetar a la empresa empleadora del denunciado y autoridades públicas u otros influencers digitales que puedan amplificar el alcance del mensaje. Es común que, en cuestión de horas, el post haya sido replicado miles de veces.

La cascada de menciones a una empresa suele precipitar actitudes sumarias para frenar el desgaste de imagen, sin que la persona a la que se denuncia pueda defenderse adecuadamente.

“En mi caso, me escucharon una vez y luego ya me despidieron. Parece que concluyeron que era un racista”, señala Cafferty.

BBC News Brasil intentó hablar con la empresa SDG&E, donde trabajaba Cafferty, pero no obtuvo respuesta hasta la publicación de este reportaje.

Como reacción a las primeras denuncias de usuarios contra Cafferty en Twitter, la empresa afirmó: “Creemos firmemente que no hay espacio en la sociedad para ningún tipo de discriminación” y añadió que inició una investigación sobre la conducta del entonces todavía empleado.

La cancelación va más allá del típico troleo de internet, con insultos coordinados, frecuente en disputas de opinión entre usuarios de redes.

Es un ataque a la reputación que amenaza el empleo y los medios de subsistencia actuales y futuros de la persona cancelada.

Extremadamente frecuente en Estados Unidos, hoy desprestigia también a personas anónimas, gente común como Cafferty.

“Usted puede ser cancelado por algo que diga en medio de una multitud de completos extraños si alguno de ellos lo graba en video, o por un chiste que suene mal en las redes sociales, o por algo que usted dijera o hiciera hace mucho tiempo y de lo que quede algún registro en internet”, escribió el columnista del diario The New York Times Ross Douthat en un artículo sobre el fenómeno de la cancelación.

“Y no hace falta que sea prominente, famoso o político para ser públicamente avergonzado y permanentemente marcado: todo lo que usted necesita hacer es tener un día particularmente malo y las consecuencias pueden durar mientras Google exista

¿Injusticias en el movimiento por la justicia social?

El alcance de la cultura de la cancelación en Estados Unidos ha despertado dudas ante la posibilidad de que se cometan injusticias.

El de Cafferty no es un caso único.

A finales de mayo, un investigador contratado por una consultora política progresista compartió en Twitter el resultado de un estudio que indicaba que, en los años 60, las protestas raciales violentas aumentaron el porcentaje de votos para candidatos republicanos, en cuanto que los actos pacíficos favorecieron a los políticos demócratas en las urnas.

Activistas consideraron que su comentario era una reprimenda a los actos de protesta por la muerte de George Floyd y pasaron a exigir su dimisión. El investigador fue despedido días más tarde.

El mes pasado, una profesora de teatro en Nueva York fue acusada de haberse adormecido durante una reunión online en la que se hablaba de acciones a favor de la justicia racial en el curso.

Una petición firmada por casi 2.000 personas pidió su dimisión, acusándola de racista. La profesora lo niega y alega que estaba descansando la vista mirando para abajo momentáneamente cuando se hizo la foto.

Cruce de cartas

Ante lo que calificaron como “atmósfera sofocante”, un grupo de 150 periodistas, intelectuales, académicos y artistas, considerados progresistas, decidieron publicar en Harper’s Magazine un texto titulado “Una carta sobre la justicia y el debate abierto”.

Firmada por nombres de peso como el lingüista Noam Chomsky, los escritores JK Rowling y Andrew Solomon, la activista feminista Gloria Steinem, la economista trans Deirdre McCloskey, y el analista político Yascha Mounk, la carta afirma que “el libre intercambio de informaciones e ideas, fuerza vital de una sociedad liberal, se vuelve cada día más restringido”.

Y continúa: “Si bien esperábamos esto de la derecha radical, la censura también se está esparciendo ampliamente en nuestra cultura: una intolerancia a las visiones opuestas, una moda del señalamiento público y el ostracismo, y la tendencia a disolver cuestiones políticas complejas en una certeza moral cegadora”.

JK Rowling

Reuters
Acusada de transfobia, JK Rowling firmó una carta contra la cultura de la cancelación.

En la misma línea, una de las editoras de opinión de The New York Times, Bari Weiss, renunció esta semana por medio de una carta abierta en la que acusa a la publicación de promover un “nuevo macartismo”, en referencia a la patrulla ideológica anticomunista de los años 50 en Estados Unidos.

“Artículos que eran fácilmente publicados hace apenas dos años, ahora colocan a un editor o autor en problemas. Eso si no hace que sea despedido. Si un texto se percibe como probable fuente de reacción interna o en las redes sociales, el editor ni siquiera lo publica”, escribió Weiss, contratada por The New York Times poco después de la elección de Trump en 2016, en un esfuerzo por amplificar la diversidad de voces en el diario.

En un artículo para la publicación The Atlantic, en la que cita el caso de Cafferty, el analista político Yascha Mounk explica por qué firmó el manifiesto.

Mounk aplaude lo que llama “la nueva determinación estadounidense” para desenraizar preconceptos de la sociedad.

“No obstante, sería un enorme error, especialmente para quienes se preocupan por la justicia social, considerar lo que sucedió con Cafferty como un detalle menor o el precio a pagar por el progreso”, escribió Mounk.

La respuesta a la carta dentro del movimiento progresista no tardó en llegar.

Un grupo de periodistas, artistas e intelectuales acusó a los autores de la primera carta de, desde lo alto de su éxito profesional y cómoda posición en el mercado, ignorar las dificultades de las minorías -como la comunidad negra o la comunidad LGBTIQ- en el debate público, en el mundo académico, en las artes, en el periodismo, en el mercado editorial.

“Los firmantes, muchos de ellos blancos, ricos y dotados de grandes plataformas, argumentan que tienen miedo de ser silenciados, que la llamada cultura de la cancelación está fuera de control y que temen por sus empleos y por el libre intercambio de ideas, al mismo tiempo que se expresan en una de las revistas de mayor prestigio del país”, señalan los firmantes del nuevo documento, titulado “Una carta más específica sobre la justicia y el debate abierto“.

Algunos de los que suscribieron el texto prefirieron permanecer anónimos, citando apenas la institución en la que trabajan, por miedo a las represalias.

Los autores citan por su nombre a algunos de sus antagonistas: mencionan que la escritora JK Rowling estuvo involucrada recientemente en un debate sobre la palabra “mujer”.

Una protesta por los derechos de las personas transgénero

Getty Images
Las activistas transgénero defienden su derecho a autodefinirse como mujeres.

Al comentar un texto que hablaba de “personas menstruantes”, Rowling afirmó: “Si el sexo biológico no es real, la realidad que viven globalmente las mujeres queda borrada. Yo conozco y amo a personas trans, pero borrar el concepto de sexo biológico elimina la capacidad de muchas personas de analizar el significado de sus vidas. Decir la verdad no es discurso de odio”.

Su afirmación fue tachada de transfóbica y fue duramente criticada.

La discusión política en torno a la cuestión será larga y beligerante.

Ajeno a ella, Cafferty intenta recuperar su empleo. Demandó a la empresa en la que trabajaba y al hombre que lo fotografió, pero no espera que haya un veredicto antes de un año.

Cafferty dice simpatizar con los movimientos por la justicia racial, pero indica que nunca realizó activismo político en su vida.

“Ni cuenta de Twitter tenía antes de ser cancelado”, subraya.


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Cuartoscuro

Vacunación COVID en estados: caos, escasez de dosis, protestas y hasta jeringas vacías

Largas filas, bloqueos, protestas, cierre de módulos de vacunación por escasez de dosis, fichas de espera y hasta jeringas vacías, son los principales contratiempos que se han registrado en algunos estados al vacunar a los adultos mayores.
Cuartoscuro
11 de abril, 2021
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Entre esperanza, pero también entre caos, peleas y desinformación, es como ha transcurrido el proceso de vacunación en algunas entidades del país.

En algunos casos, las personas de 60 años y más han tenido que madrugar, esperar por horas en la fila para recibir la inmunización, e incluso, cerrar avenidas para que abran módulos de vacunación y protestar por escasez de dosis. 

A continuación hacemos un recuento de los estados que han registrado más contratiempos.

Lee: Salud iniciará vacunación a mayores de 50 años en mayo

Jalisco

En esta entidad, los adultos mayores esperaron formados hasta 60 horas para recibir la vacuna contra la COVID. Primero, las autoridades de Salud de la entidad informaron a la población que la aplicación se realizaría en orden alfabético, pero al siguiente día cambiaron de opinión y aplicaron “el que se forme primero” y la gente comenzó a apartar lugares.

Entre largas filas que daban vuelta a una manzana, en medio del intenso calor, con sed, hambre y cansancio, incluso padeciendo alguna enfermedad, es como permanecieron algunos adultos mayores hasta que les dijeron que ya no había más vacunas, pero que les darían una ficha, luego otra vez todo cambio: les dijeron que debían formarse porque las fichas no se respetarían.

Puebla

En Puebla, como en la mayoría de las entidades, el anuncio del arranque de la inmunización fue de un día para otro.

En Cholula, por ejemplo, las personas adultas mayores y sus acompañantes comenzaron a llegar muy de madrugada, se toparon con largas filas y con otra sorpresa: había personas de otros municipios e incluso de estados vecinos como Veracruz y Oaxaca.

No había sana distancia, prevalecía la desinformación, el estrés y el caos. Cuál es el procedimiento? ¿A qué hora llego? ¿Dónde me formo? Nadie sabía nada. No había claridad ni coordinación, denunció la población.

Chihuahua

Chihuahua implementó una estrategia para vacunar, en una primera etapa, a adultos mayores de 68 años y más, luego, una segunda para los de 60 a 67 años. Estableció días y horarios por edades, sin embargo, un rumor detonó el caos.

De acuerdo con información del Diario de Chihuahua, entre la población se difundió un mensaje de WhatsApp en el que se afirmaba que se vacunaría también en la primera fase a personas de 60 años, lo que ocasionó que cientos de ciudadanos pretendieran ingresar a las áreas de vacunación.

En los accesos se colocaron servidores de la nación para detener a los ciudadanos. Su enojo era evidente, hubo confrontaciones, por lo que se requirió de la presencia de elementos de la policía.

Además, en ocho municipios del sur de Chihuahua hubo filas de vehículos de hasta de cinco kilómetros para ingresar al estacionamiento del estadio de beisbol del municipio de Delicias, donde los adultos mayores fueron convocados.

Oaxaca

Oaxaca tampoco ha tenido buenas jornadas. El 11 de marzo hubo protestas y bloqueos en al menos 10 puntos de la zona conurbada de la entidad, después de que la noche del día previo se cancelara, de último minuto, la jornada de vacunación por parte de la delegación de Bienestar en Oaxaca.

El anuncio causó molestia entre las personas que ya se habían formado desde una noche anterior apara recibir su vacuna. En especial en Santa Lucía del Camino y Santa María Atzompa, donde se organizaron para bloquear las calles y cruceros.

Durante las protestas se realizaron intervenciones en instalaciones, se rompieron vidrios y hubo incendios.

En uno de los puntos de bloqueo, tres individuos encañonaron al presidente municipal de Santa Lucía del Camino, Dante Montaño Montero. Pretendiendo dispersar la marcha, uno de los hombres apuntó a la cabeza del mandatario.

Así fue como intervinieron los pobladores que le acompañaban, mientras que elementos de la policía municipal arrestaron a dos de las tres personas armadas, quienes fueron señalados como presuntos servidores de la nación, escoltas de Nancy Ortiz.

Poco antes de que esto sucediera, la delegación de Bienestar emitió un comunicado a través de sus redes sociales en el que explicó que la suspensión se debió a “un retraso en la entrega de las vacunas”.

Edomex

En los municipios del Edomex, principalmente durante el primer día, se registraron largas filas, golpes y reclamos pues en algunos centros de vacunación se agotaron las dosis.

La vacunación en el municipio de Ecatepec estuvo marcado por fallas en la comunicación y logística de autoridades, lentitud en la aplicación, largas filas y protestas que derivaron en bloqueos de vialidades.

La falta de comunicación entre la Secretaría de Salud del estado y la de Bienestar federal provocaron las fallas en la vacunación, reconocieron las autoridades locales. Argumentaron que la convocatoria para la vacunación fue apresurada y se tuvo que planear muy rápido la logística para la aplicación de las dosis.

Habitantes de Huixquilucan criticaron las largas filas de autos que se forman al exterior de la Universidad Anáhuac, para recibir la vacuna. “Todo Lomas e Interlomas colapsado”, decía la gente.

Tamaulipas

En algunos centros de vacunación se activó la opción “drive-thru” con la cual los adultos mayores podrían ser vacunados desde sus automóviles. Sin embargo, esto no favoreció las calles de Ciudad Victoria, que albergaron filas de coches de hasta cinco kilómetros.

Esto sucedió debido a que la modalidad de vacunación en coche se activó un martes, y los conductores comenzaron a hacer fila desde el lunes. Por ello, había personas que llevaban ocho horas estacionadas en fila, informó El Financiero.

Tras recibir las vacunas, los automóviles tenían que permanecer 30 minutos en el estacionamiento del parque Bicentenario, a esperar algún ESAVI.

Nuevo León

Esta entidad devolvió al gobierno federal 4 mil 680 dosis argumentando que “no tenían la temperatura adecuada” y “estaban en mal estado”.

El secretario de Salud estatal, Manuel de la O Cavazos, reportó que ese mismo problema había ocurrido en Tamaulipas, Jalisco y Michoacán. La respuesta que le dio la Secretaría de Salud fue que no había ningún problema para usar dichas vacunas.

La aplicación de vacunas en el municipio de García comenzó accidentada. Según el medio La Vanguardia, hubo filas de cientos de personas, quienes pernoctaron afuera de los tres módulos instalados en el Ayuntamiento donde reside el gobernador, Jaime Rodríguez.

En uno de los centros de vacunación, en el Centro Cultural Lomas, se entregaron mil 200 fichas, pese a que había más personas formadas. También hubo retrasos en la hora de inicio de la jornada, por lo que hubo largos tiempos de espera e incluso se reportó a un hombre que se desmayó.

CDMX

Aunque la Ciudad de México se ha caracterizado por una inmunización ordenada, acompañada de baile y ejercicios, el primer día la gente madrugó y esperó horas en largas filas para recibir la vacuna.

La primera adulta mayor de la alcaldía Milpa Alta en ser vacunada salió a las 3 de la madrugada de su casa, a pesar de las recomendaciones de no llegar a hacer fila.

En la alcaldía Magdalena Contreras las dosis llegaron con retraso, pasado el mediodía, lo que ocasionó molestia entre los habitantes.

Una de las polémicas más recientes de la vacunación en la CDMX es la de una voluntaria que vacunó con una jeringa vacía a un adulto mayor que acudió a la Unidad Zacatenco del IPN.

En un video que tomó una familiar del hombre se ve que la enfermera limpia el brazo izquierdo del adulto e introduce la jeringa vacía, un par de segundos después la saca.

De acuerdo con Zoé Robledo, director del IMSS, el instituto está revisando la capacitación que recibió la enfermera reclutada por el IPN para la aplicación de la vacuna y en qué condiciones ocurrieron los hechos.

El IMSS sostuvo que el “incidente” en la unidad fue un caso “aislado y extraordinario que se subsanó inmediatamente”, pues minutos después el hombre fue vacunado. Robledo dijo que hasta ahora se trataría de un “error humano”.

Un caso similar ocurrió en Ciudad Obregón, Sonora. Una mujer adulta mayor fue vacunada con una jeringa vacía. En un video se ve cómo un enfermero inyecta a la mujer pero la jeringa no contiene el biológico. El enfermero encargado señaló que fue por cansancio que cometió el error de no aplicar el biológico.

Este no sido el único incidente en la CDMX: dos personas se disfrazaron para parecer adultos mayores, fueron vacunados contra la COVID-19 en la alcaldía Coyoacán, y ahora están detenidos.

Cristina Cruz, delegada estatal de los programas para el desarrollo en la CDMX, detalló que permanecen detenidos ya que cometieron el delito de usurpación de identidad al presentar documentos de otras personas.

Desde mediados de febrero inició la segunda etapa del plan nacional de vacunación, en el cual se consideró vacunar a la población adulta mayor de 60 años.

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