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Protestas en Chile y Ecuador: ¿en qué se parecen y diferencian las últimas revueltas sociales en estos dos países?

Con menos de dos semanas de diferencia, ecuatorianos y chilenos salieron a las calles para reivindicar el cumplimiento de sus derechos. ¿Qué tan distintas son estas protestas?
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22 de octubre, 2019
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Con menos de dos semanas de diferencia, América Latina ha sido escenario de importantes protestas en dos países separados por unos 3,000 km de distancia: Ecuador y Chile.

Ambos estallidos sociales nacieron tras decisiones puntuales del gobierno —liderado por Lenín Moreno en Ecuador y Sebastián Piñera en Chile— que provocaron una inmediata reacción de la sociedad civil.

Destrucción de locales y servicios públicos, saqueos de supermercados, pérdidas millonarias y enfrentamientos entre las policías y manifestantes han sido parte de estas manifestaciones que dejaron sumidas en el caos a ciudades enteras donde también, sin embargo, se registraron masivas marchas pacíficas y sin incidentes.

Pero ¿cuáles son las similitudes y diferencias entre ambas crisis?

La génesis de todo: el transporte público

La rebelión social ecuatoriana comenzó luego de que el gobierno de ese país llegara a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para obtener créditos por más de US$4,200 millones.

A cambio, el presidente Moreno debía lograr reducir el déficit fiscal. Para ello, anunció un “plan de austeridad” que, entre otras medidas, incluyó la eliminación de los subsidios a los combustibles vigentes en Ecuador desde hace cuatro décadas.

Al implementarse, el galón de gasolina extra pasó de costar US$1.85 a US$2.30, lo que significó un incremento de más del 120% en las bombas de gasolina y, a su vez, un alza en la tarifa del transporte público.

La reacción de los ecuatorianos no tardó en llegar y, en solo un par de horas, las manifestaciones se apoderaron de las calles de varias ciudades del país.

Solo dos semanas después, algo similar sucedería en Chile: luego de que el presidente Piñera anunciara un alza de 30 pesos en el precio del metro, centenares de chilenos iniciaron las famosas “evasiones masivas”.

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Diversas estaciones del metro en Chile fueron destrozadas tras las protestas que partieron con “evasiones masivas”.

Esto se tradujo en el levantamiento de torniquetes para ingresar a los andenes sin pagar, a lo que se sumaron ataques incendiarios a los vagones y a otras disposiciones del transporte público chileno.

Sin embargo, a pesar de que el origen de ambas protestas es similar (transporte público), para el académico de la Universidad de Cambridge y experto en movimientos sociales, Jorge Saavedra, hay una diferencia importante.

“En el caso ecuatoriano, el alza del transporte fue parte de un paquete de medidas que el FMI le pidió al gobierno de Lenín Moreno para avanzar hacia la neo liberación del país. En el caso chileno, el país ya está sumido en ese estado neoliberal”, le dice a BBC Mundo.

“Los ecuatorianos reaccionaron por el cambio de esquema de vida provocada por la decisión del FMI, mientras que en Chile ese cambio ya se provocó hace muchos años y genera tal imposibilidad de vivir que se produce una adhesión masiva en todo Chile”, agrega.

Gobiernos ceden a la presión, pero las reacciones son distintas

Esa es la razón, quizás, de por qué en el caso ecuatoriano las protestas se detuvieron casi inmediatamente después de que se estableciera una mesa de diálogo entre gobierno y líderes indígenas.

Ese día, el 13 de octubre, se acordó la derogación del decreto y con ello se acabaron las manifestaciones. La calma volvió a reinar en las ciudades de ese país.

Muy diferente es lo que está sucediendo en Chile. A pesar de que Piñera anunció el sábado la suspensión del incremento en el precio del transporte público, no se logró apaciguar en lo más mínimo a los manifestantes.

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Manifestantes salieron a las calles de distintas ciudades de Chile.

En este país, de hecho, se hizo popular un lema que resume el sentimiento popular: “No es por 30 pesos, es por 30 años”.

“Las diversas causas que hay detrás del caso chileno van mucho más allá de los 30 pesos de aumento”, le dice a BBC Mundo Nicolás Somma, profesor de sociología de la Universidad Católica de Chile y experto en movimientos sociales, participación política y protesta.

“Hay un descontento que es acumulativo y que no tiene que ver necesariamente con el precio del transporte, sino con las interacciones de la gente en su vida cotidiana, que se siente discriminada y abusada”, agrega.

Una opinión parecida tiene Jorge Saavedra. “En el caso ecuatoriano, al echar pie atrás con la medida, se entiende que no se va a seguir avanzando”.

“Pero en Chile es distinto: el listado de cosas donde hay abuso de la gente es enorme, entonces que se elimine el alza no cambia nada”, opina.

Los líderes detrás de las protestas masivas

Luego de la decisión de Lenín Moreno de terminar con los subsidios a los combustibles, diversos grupos indígenas comenzaron a marchar desde regiones a Quito, la capital de Ecuador.

Y a pesar de que las protestas las iniciaron los transportistas, fueron los indígenas quienes finalmente protagonizaron las manifestaciones masivas del país.

Esto no es nuevo: en las últimas décadas, estos grupos han sido actores políticos clave en la historia ecuatoriana gracias a su capacidad de movilización y de resistencia.

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Las protestas en Ecuador fueron lideradas por movimientos indígenas.

El caso de Chile es completamente distinto.

Las protestas chilenas no tienen un líder o un grupo específico que los representen. Al contrario, partió como un movimiento de estudiantes pero luego, con el pasar de los días, comenzaron a sumarse miles de personas de distintas edades y diferentes posiciones sociales.

Y así, hoy se ven involucrados en los cacerolazos jóvenes, ancianos, y gente de estratos altos y bajos.

“El mundo indígena ecuatoriano tiene una cultura de participación, una cultura organizativa muchísimo más fuerte que la ciudadanía común en Chile”, explica el académico Jorge Carrasco.

“Eso es clave porque a la hora de resolver y dialogar, los ecuatorianos lo pudieron hacer. En Chile, en cambio, eso no está resuelto, no se sabe cómo se puede organizar la gente o generar petitorios. Y eso es un problema”, añade.

En Ecuador el movimiento indígena ha logrado consolidar a líderes sociales capaces de aglutinar los petitorios de la sociedad, subraya Nicolás Somma.

“En Chile, en cambio, no existe un equivalente a Ecuador, ni indígena ni no indígena, que tenga esa capacidad de canalizar el descontento”, dice.

“Lo que se generó en Chile es un efecto de contagio que hizo que muchas otras personas se sumaran. Pero las demandas pueden ser muy distintas y eso se extiende como un efecto dominó que nadie puede controlar y que no tiene un director de orquesta”, añade.

Esto, dice el académico, es un gran problema para el gobierno de Piñera.

“En ausencia de las formas tradicionales para canalizar el conflicto, el gobierno tiene que resolver el problema mediáticamente y difundir un mensaje ciegamente porque no tiene a nadie al frente para negociar”.

La “mano dura” de los gobiernos

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En Ecuador, el presidente Lenín Moreno decretó estado de excepción el jueves 3 de octubre.

Si hay una similitud entre los casos de Ecuador y Chile es la “mano dura” impuesta por los respectivos gobiernos frente a las movilizaciones.

Lenín Moreno decretó estado de excepción por 60 días poco después de iniciarse el movimiento, el jueves 3 de octubre. Con esto, se desplegaron las Fuerzas Armadas por las ciudades ecuatorianas, se establecieron zonas de seguridad y se incrementó la presencia policial.

Lo mismo sucedió en Chile: a las pocas horas de recrudecerse el conflicto el pasado viernes, Piñera decretó estado de emergencia, lo que también significó el despliegue de los militares en diferentes zonas del país.

En ambos casos, los militares y policías respondieron con dureza para reprimir las manifestaciones, generándose un duro enfrentamiento con los protestantes.

Esta situación, explica Jorge Saavedra, suele ser una tónica habitual en varios lugares de América Latina.

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En Chile, el Ejército tomó el control de la seguridad del país.

“Si uno ve el caso de Perú, por ejemplo, en las protestas por venta y uso de empresas americanas del suelo amazónico, la movilización fue reprimida terriblemente y terminó con la masacre de Tagua en 2009. Y esto se replica en todo el continente”, afirma.

“La práctica de los gobiernos ha sido dialogar con las comunidades a través de policías y represión. Y eso no ha cambiado porque no se ha avanzado en procesos de confianza y democratización ciudadanas”, agrega.

Nicolás Somma, en tanto, asegura que “está súper estudiado que la relación entre protestas y represión no es lineal. Es decir, para que la represión pueda disminuir la protesta, es necesario llevarla a un grado extremo que es simplemente inaceptable en democracia”.

Territorio: del centro a regiones y de regiones al centro

El lugar donde se iniciaron las protestas en Ecuador y Chile es distinto.

En el caso del primero, cuando los indígenas tomaron la batuta de las protestas, repitieron la misma estrategia de movilizaciones anteriores: caminar desde sus comunidades hacia la capital, bloqueando a su vez las principales vías del país.

Con la llegada a Quito, el presidente Lenín Moreno se vio obligado a cambiar la sede del gobierno central a la ciudad de Guayaquil.

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Las protestas en Ecuador comenzaron en las comunidades indígenas y luego marcharon hacia la capital, Quito.

En cuanto a Chile, las manifestaciones comenzaron en el corazón de la capital, Santiago. Específicamente, en el interior de las estaciones de metro más emblemáticas de la ciudad.

Y a pesar de que el reclamo tenía que ver con el alza en el precio del metro (y, por lo tanto, era una problemática que solo le afectaba a los santiaguinos), con el pasar de las horas la rebelión se extendió a otras regiones.

Así, ciudades como Valparaíso, Concepción y La Serena abarrotaron sus calles de manifestaciones.

“Esta diferencia entre Ecuador y Chile deja al descubierto que finalmente en el caso chileno casi todo sucede en Santiago, es muy preponderante el rol de la capital”, explica Jorge Saavedra.

En resumen, a pesar de que hay algunas similitudes entre ambos países, también hay grandes diferencias que hacen que las manifestaciones tengan un carácter distinto.

Pero lo que sí está claro es que, con solo dos semanas de diferencia, las sociedades de Chile y de Ecuador despertaron con manifestaciones masivas que tuvieron al gobierno de Moreno en jaque y que aún tienen a Piñera sumido en una crisis que parece no tener salida.


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Fabio Rodrigues Pozzebom, Abr

Las candidaturas de religiosos para las municipales de este año en Brasil batieron récords

El mayor número de candidatos sacerdotes en estas elecciones también está relacionado con la elección del presidente Bolsonaro, según investigador
Fabio Rodrigues Pozzebom, Abr
Por Bruno Fonseca, Mariama Correia, (Agencia Pública)
25 de octubre, 2020
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Traducción: La diaria//Infografías: la diaria, a partir de originales de Larissa Fernandes, de Agência Pública

Pastores, sacerdotes, obispos y otros líderes religiosos aparecerán con más frecuencia en las urnas este año. Según una investigación de Agencia Pública a partir de datos del Tribunal Superior Electoral (TSE), las municipales del 15 de noviembre registraron un récord de candidatos que declararon como principal ocupación que son “sacerdotes, miembros de orden religiosa o secta”. Son en total 885, el número más alto de esta categoría en las elecciones municipales desde 2008.

Además de aquellos que declararon que esa es su actividad principal, más de 8,700 candidatos utilizan nombres vinculados a la religión, como pastor, pastora, padre, misionero y apóstol, entre otros, según un relevamiento del portal de información G1. La mayoría de estos candidatos, sin embargo, declararon otras ocupaciones, como ama de casa y empresario.

La mayor cantidad de estos postulantes (101) es del partido Republicanos, vinculado a la Iglesia Universal del Reino de Dios, cuyo presidente es el diputado federal Marcos Pereira, obispo de esa iglesia y vicepresidente de la cámara baja. Uno de cada diez candidatos que declararon sus cargos religiosos como profesión es de ese partido este año.

Republicanos es históricamente uno de los lemas que más concentran candidatos en esta categoría. Fue el partido con más postulantes con profesión vinculada a iglesias y grupos religiosos en 2008 y 2012, cuando utilizó las siglas PRB (Partido Republicano Brasileño), y en las últimas cuatro elecciones reunió a más de 300 candidatos que declaran que su ocupación está vinculada a una iglesia.

El segundo partido en cuanto a candidatos en este grupo (79) es el Partido Social Cristiano, que tiene como presidente nacional –ahora con licencia– al pastor Everaldo Pereira, de la Asamblea de Dios. El pastor Everaldo fue el responsable del bautismo del presidente Jair Bolsonaro en el río Jordán, en Israel. Bolsonaro estuvo afiliado al Partido Social Cristiano de 2016 a 2018, cuando pasó al Partido Social Liberal. Actualmente, el pastor Everaldo se encuentra detenido por participar en planes para desviar recursos de salud pública en Río de Janeiro.

Los diez partidos que lanzaron a más sacerdotes y religiosos para las contiendas electorales este año tienen un perfil conservador y están alineados a la derecha. El perfil más común de los candidatos es el de un hombre con bachillerato completo, autodeclarado negro y que compite en San Pablo. Este estado es el que registró la mayor cantidad de líderes religiosos que se postulan a cargos públicos, pero es en otro, Amapá, donde este número es proporcionalmente mayor. Los siguen Mato Grosso do Sul y Pará.

El número de candidatas mujeres ha aumentado año tras año –ya es una quinta parte del número total de postulantes cuya profesión está vinculada a las iglesias–, pero aún está por debajo del 30% por partido definido por la ley.

A pesar de que los candidatos con una profesión religiosa son numerosos, el porcentaje de los que resultan elegidos está por debajo del promedio: cerca de 8% de ellos fueron elegidos en 2016, frente a casi 14% del total de candidatos que se postularon ese año. La mayoría de los postulantes religiosos, sin embargo, encuentra la manera de ingresar a la política mediante la suplencia. Por cada candidato con una profesión relacionada con las religiones que fue elegido, ocho se convirtieron en suplentes. “La suplencia es una forma de establecer pactos”, analiza el profesor de Sociología de la Universidad Federal de São Carlos e investigador del Centro de Religión, Economía y Política André Ricardo de Souza. “Cuando colocas suplentes vinculados a instituciones religiosas, estás buscando el apoyo de los votantes de esa religión”, considera.

Entre los 885 candidatos que dijeron tener el sacerdocio como ocupación profesional, hay al menos 387 que se identifican como pastores y pastoras, y 28 como padres, además de obispos, obispas y misioneros. Estos títulos generalmente se asocian con religiones cristianas, como la católica y la evangélica.

Un candidato a concejal por Republicanos en el municipio de Americana, en San Pablo, Miguel Pires, de 48 años, dijo que durante la campaña no va a dejar las actividades como pastor de la Iglesia Cuadrangular de Jardim América 2, que tiene 200 miembros.

En su primera disputa electoral, Pires decidió incursionar en la política luego de 20 años de atender a dependientes de drogas en el proyecto Una Nueva Historia, una casa de recuperación evangélica mantenida por él, donde alberga a 20 personas. “Siempre estoy llamando a la puerta del Ayuntamiento. Las ONG, los proyectos sociales como el mío enfrentan dificultades. Se precisa tener alguien allá, en la cámara”, argumenta. El candidato dice que “la iglesia necesita tomar su banca en la política”. “De lo contrario, se van a aprobar muchas leyes contra las familias cristianas”, dice, y pone como ejemplo proyectos relacionados con el aborto y las cuestiones de género.

Candidaturas confesionales

Al optar por llevar un título religioso a las urnas, el candidato busca legitimidad entre los miembros de su institución religiosa, que son sus primeros votantes, analiza Brenda Carranza, cientista social y profesora de Antropología de la Religión en la Universidad Estatal de Campinas. “Presentarse como padre, pastor, misionero, especialmente en un partido conservador, en este momento de alto conservadurismo, da prestigio”. Carranza destaca el aumento de la confesionalidad en cargos políticos en Brasil como fenómeno reciente.

“La participación de los sacerdotes en la política siempre ocurrió, pero era un activismo vía lobby, en los pasillos del poder. Hoy, con la pluralización de la participación religiosa, fundamentalmente pentecostal, en la esfera pública, la disputa partidista en las elecciones es más feroz, lo que obliga a los representantes a identificarse institucionalmente para marcar su presencia y visibilidad”, explica.

El compromiso político-partidario de representantes de instituciones religiosas ha crecido en Brasil desde que la Asamblea de Dios decidió dedicarse a la política partidaria, recuerda el investigador del Centro de Religión, Economía y Política André Ricardo de Souza. 

“Posteriormente, la Iglesia Universal del Reino de Dios ha tomado una postura muy firme en este sentido. Eso explica el gran papel del Partido Social Cristiano y de Republicanos en estas candidaturas”, dice.

Si bien la legislación electoral no establece una restricción a la candidatura de personas que ocupan cargos religiosos, el abogado electoral Fernando Neisser aclara que, si el postulante decide mantener actividades sacerdotales durante la campaña, no puede utilizar el espacio de la institución religiosa para ganar votantes. “Por ejemplo, aprovechar el púlpito para pedir votos es irregular”.

Bolsonaro, política y religión

El mayor número de candidatos sacerdotes en estas elecciones también está relacionado con la elección del presidente Bolsonaro, dice De Souza. “Su candidatura y actuación relacionada con el espectro cristiano conservador (Bolsonaro es católico y su esposa, evangélica) estimula a los candidatos en este segmento”.

Para De Souza, la creciente proyección que han tenido los evangélicos en cargos en el gobierno federal, como la ministra de Derechos Humanos, Mujer y Familia, Damares Alves, también incentiva las candidaturas, además del propio interés de las instituciones religiosas en contar con representantes que puedan defender sus agendas en el Legislativo y el Ejecutivo.

“No endiosamos al presidente Bolsonaro, pero él representa ideas, proyectos, cosas que son importantes para nosotros”, confiesa el pastor presbiteriano Izaias Meireles, candidato a concejal en Curitiba por el partido minoritario Avante. Decidió entrar en la política partidaria por sugerencia de los miembros de su iglesia, con 200 integrantes. Para los presbiterianos –una denominación evangélica tradicional que tiene al menos dos pastores en Planalto: el ministro de Justicia y Seguridad Pública, André Mendonça, y el ministro de Educación, Milton Ribeiro– la mezcla entre religión y política no es tabú, dice el pastor candidato.

“Vivimos en sociedad, utilizamos los servicios públicos. Creemos que debemos participar en los procesos políticos y servir a Dios con ello”, afirma. Meireles no utiliza el título de pastor en la candidatura y se ha alejado de las actividades pastorales para hacer campaña.

Dominio cristiano

Pai Ivon de Oyá, del terreiro Ilê Cultural Axé Oyá Egun, con 30 miembros, es uno de los pocos sacerdotes candomblé en la disputa electoral de este año. Candidato a concejal por el Partido Comunista de Brasil en Olinda, un municipio de Pernambuco, hace trabajo social con mujeres y niños en situación de vulnerabilidad y dice que se sintió obligado a entrar en la política. “Porque hay una fuerte representación de otras religiones, pero no están representadas las de origen africano e indígena, los pueblos negro e indígena”, afirma. El candidato tiene la intención de seguir desarrollando sus actividades en el terreiro durante la campaña.

El avance político del segmento afro ha sido impulsado por los movimientos sociales en los últimos años, dice Christina Vital da Cunha, profesora del Programa de Posgrado en Sociología de la Universidad Federal Fluminense y colaboradora del Instituto de Estudios Religiosos. “Este movimiento ha aumentado el número de candidaturas de pais y mães”.

La Cunha considera que las candidaturas de los sacerdotes religiosos, en general, son una estrategia para fortalecer el capital político, para conectar con nichos. “Para los cargos de representación proporcional, se sigue valorando esta estrategia. Cabe señalar que para los cargos que se eligen por mayorías las estrategias son otras. Justamente porque se espera que en esos cargos el candidato pueda comunicarse con múltiples sectores sociales”, analiza.

La estrategia de nicho, dice Da Cunha, también se ve en las candidaturas de personal militar, maestros, médicos. “Son identidades que generan expectativas públicas, además de conectar a los actores sociales emocional e ideológicamente en este contexto político”.

Este artículo fue publicado originalmente por Agencia Pública.

 

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