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Qué es la temida falla de San Andrés (y por qué preocupa tanto tras los sismos en California)

La que más preocupa a los científicos es la sección sur de la falla, en la que no se ha producido un sismo en cerca de 300 años,
6 de julio, 2019
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Cada vez que tiembla en California, la pregunta se repite: ¿está más cerca el “Big One”?

Con el “Big One” se refieren a un terremoto catastrófico que, según los sismólogos, ya debió haber ocurrido.

Los temores volvieron a desatarse esta semana. Un terremoto de magnitud 7,1 sacudió la noche de este viernes la región sur de California.

Este sismo se registró tan solo un día después del de magnitud 6,4 en la misma zona.

California es propensa a los terremotos, ya que se ubica sobre una serie de fallas, es decir, regiones donde las placas tectónicas se unen.

La mayor de ellas -y la potencialmente más peligrosa- es la falla de San Andrés, que atraviesa el Estado de norte a sur y se extiende a lo largo de 1.300 kilómetros.

La falla delimita la placa norteamericana de la placa del Pacífico y es una de las más estudiadas del planeta, ya que en su práctica totalidad se encuentra sobre la superficie terrestre.

Sobre ella se asientan los enormes centros urbanos de Los Ángeles, la segunda ciudad más poblada de EE.UU., y San Diego, y 38 millones de personas que viven en sus inmediaciones.

Cuestión de tiempo

La parte media de la falla se rompió hace unos 160 años y la parte norte en 1906, provocando el devastador terremoto de 7,8 grados que destruyó gran parte de San Francisco en 1906 y dejó más de 3.000 muertos.

Terremoto de San Francisco 1906.

Getty Images
Un terremoto de 7,8 grados destruyó gran parte de San Francisco en 1906.

Pero la que más preocupa a los científicos es la sección sur de la falla, en la que no se ha producido un sismo en cerca de 300 años, pese a que los registros geológicos indican que es la causante de un gran terremoto con una periodicidad de unos 150 años, y en todo ese tiempo ha ido acumulando tensión.

El último gran terremoto que hubo en esa zona data del año 1700, pero no se tienen detalles de cómo ocurrió al carecer de registros en esa época.

En la Conferencia Nacional de Terremotos celebrada en California en 2016, los científicos que participaron ya advirtieron que la sección sur de la falla de San Andrés está “cargada y lista” para provocar un gran temblor.

Un gran riesgo

Sismólogos del Geological Survey de Estados Unidos simularon los efectos de un gran terremoto en California para un programa de estudio.

Uno de sus modelos de computadora asume que el próximo gran evento en la falla de San Andrés será de magnitud 7,8, que iniciará una ruptura en el sur de California cerca del Mar Salton y luego se disparará hacia el norte a lo largo de la falla para golpear a Los Ángeles.

Vista de Los Ángeles.

Getty Images
Un terremoto en la sección sur de la falla de San Andrés tendría un impacto directo en Los Ángeles, la segunda ciudad más poblada de EE.UU.

Los cálculos más conservadores apuntan a que, de producirse un temblor de esa magnitud en esa sección, cerca de 2.000 personas morirían y habría más de 50.000 heridos.

Alrededor del 1% de los edificios en un área de 10 millones de personas colapsarían y alrededor de la mitad de las construcciones en la zona tendrían que ser abandonadas.

Los daños materiales superarían los US$200.000 millones.

Sistema de alerta

La viabilidad de las comunidades después de un evento así depende de la preparación.

En California, gran parte del enfoque en la planificación se ha reflejado en las normas de construcción.

Simulacro de un terremoto.

Getty Images
California estrenó este año un sistema de alerta temprana de terremotos.

Tras el terremoto de San Francisco en el norte de California se introdujeron nuevas regulaciones, obligando a que se reforzaran estructuras construidas con concreto, muchas de las cuales albergan escuelas y hospitales.

En 2014, la alcaldía de Los Ángeles propuso una normativa similar.

A principios de este año comenzó a funcionar ShakeAlert LA, un sistema de alerta temprana de terremotos similar al que existe en países con alta actividad sísmica como Japón o México.

Se trata de una aplicación móvil que avisa a los residentes del condado de Los Ángeles hasta 40 segundos antes de que se produzca un temblor de magnitud 5 o superior. Esto no solo ayuda a alertar a la población, sino también a las autoridades.

Para los expertos, la cuestión no es si la falla de San Andrés se quebrará en el sur de California, sino cuándo lo hará.


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Conacyt

Catedráticos del Conacyt denuncian despido por error técnico; incumplieron con normatividad, dice el Consejo

Investigadores acusan que por fallas técnicas en la plataforma del Conacyt no alcanzaron a presentar su evaluación anual y fueron despedidos del programa de Cátedras.
Conacyt
21 de enero, 2020
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Flor estaba emocionada con su proyecto de investigación —evaluar científicamente la alimentación tradicional de la región Sureste para usarla en la prevención de enfermedades— porque acababa de viajar a la Ciudad de México a hacer pruebas de laboratorio que no puede hacer en Chiapas, donde trabaja.

Pero todo se vino abajo cuando por fallas técnicas en la plataforma del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) no alcanzó a presentar su evaluación anual, y sin una revisión del problema, fue despedida del programa de Cátedras.

Entérate: Conacyt promete que ningún centro de investigación va a colapsar; reorganizará gastos

Su caso no es el único: afirma que 10 investigadores están en la misma situación, de universidades en Chiapas, Quintana Roo, Puebla, Michoacán, Zacatecas, Chihuahua, Sonora, Estado de México y Ciudad de México, aunque solo siete se han unido para presentar una queja formal.

Conacyt, por su parte, asegura que ellos incumplieron la normativa y que es falso que ocurriera un error técnico.

En septiembre pasado, los más de mil 300 miembros del programa de Cátedras tuvieron dos semanas para enviar un informe anual de su trabajo, acompañado de pruebas como convenios de colaboración, certificados de alumnos a los que titularon, constancias de cursos.

Los científicos tienen que cumplir con altos estándares como pertenecer al Sistema Nacional de Investigadores (SNI), hacer publicaciones científicas, organizar eventos, aportar al desarrollo de la ciencia o formar nuevos talentos, y son evaluados anualmente con calificación de 0 a 5.

La reglamentación dice que si dos evaluaciones salen negativas, se les quita la plaza. Pero incluso si están inconformes con sus resultados, tienen derecho a una revisión. Un derecho que ni siquiera le dieron a los investigadores afectados este año.

Flor (los nombres fueron cambiados por confidencialidad de los casos) llevaba dos años como catedrática en el Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), en San Cristóbal de las Casas, con un contrato indefinido por 10 años.

Regresando de su viaje de trabajo a la Ciudad de México y después de atender a su pequeña hija, se dispuso a completar el proceso de enviar sus documentos para ser evaluada.

Era viernes 13 de septiembre, el último día, y no sabía que la plataforma del Conacyt estaba teniendo fallas. Además estaba acostumbrada a que el internet tenga problemas en San Cristóbal. Adjuntó todos los archivos que necesitaba, pero nunca terminaron de cargarse.

Algo similar le ocurrió a Mayra, contratada como catedrática en el Instituto Tecnológico de Cancún, en Quintana Roo, con un proyecto de turismo y sustentabilidad en el Caribe Mexicano. Estaba muy satisfecha de que este año había logrado más que los anteriores, ya que por fin arrancaba dos planes de maestría y doctorado, así que se esmeró en preparar una gruesa carpeta para que le fuera mejor que en evaluaciones anteriores. La tenía lista el último día, pero al intentar cargarla al sistema, la página marcaba error.

Llamó a servicio técnico de Conacyt pero nadie contestó; siguió intentando en la página, con el mismo resultado, y finalmente envió correos a la dirección de Cátedras y a su enlace académico, con sus documentos y capturas de pantalla del punto rojo que indicaba el error desde antes de que venciera el horario para cargar los documentos, tratando de que por esta vía fuera tomada en cuenta, al demostrar que estaba enviando en tiempo pero el problema era técnico.

Flor también envió de inmediato correos al Conacyt y le explicó la situación a su enlace académico, que le dijo que no se preocupara, porque ya había pasado en alguna otra ocasión y seguramente solo recibiría una amonestación. A Mayra, igualmente, le dijeron que sería una falta al reglamento y pasaría a consideración del Comité de Evaluación.

La sorpresa de ambas investigadoras fue que un mes después, de pronto no tenían acceso a su correo institucional, y al llegar el 1 de noviembre se dieron cuenta de que ya no habían recibido el pago de su quincena.

Sin una notificación formal, fueron despedidas del programa.

Proyectos truncados

Mayra llevaba 5 años trabajando en el Instituto Tecnológico de Cancún, a donde fue enviada por el programa, aunque ella hizo su doctorado en la Ciudad de México. Flor también venía de terminar su formación en genética y biología molecular en la capital.

Y es que uno de los objetivos del programa de Cátedras fue descentralizar la investigación, y promover que científicos de alto nivel se fueran a los estados. Este mecanismo fue creado en 2014 para ofrecer plazas a investigadores jóvenes y evitar la fuga de cerebros, ya que no había plazas para ellos, por lo que se abrió el padrón para menores de 40 años.

A inicios del nuevo gobierno, la directora del Conacyt, María Elena Álvarez-Buylla, había hecho críticas a este programa del sexenio pasado, al declarar que había “colgados de la nómina”. Pero poco después dijo que estaban buscando cómo mejorarlo, y en marzo anunció que se abrían 99 plazas.

Las académicas entrevistadas tienen dudas de si este programa continuará, y como por ahora no hay convocatoria abierta, dudan que puedan recuperar su lugar si no hay una revisión a sus casos.

Como muestra de su compromiso con sus escuelas y proyectos de investigación, y esperanzadas de que sí se solucionaría, siguieron dando clases hasta diciembre pasado sin cobrar, para no dejar a la mitad el semestre.

Pero ahora, no solo sus proyectos de investigación se ven truncados.

Mayra estaba asesorando a siete alumnos para titularse de licenciatura o maestría; el programa de doctorado de Ciencias Ambientales, que arrancaría en agosto junto con la Universidad de Chetumal, tendrá que buscar rápidamente a un académico con doctorado para dar clases, ya que para pertenecer al Padrón Nacional de Posgrados tienen que contar con un cierto número de profesores de este nivel, y que pertenezcan al SNI.

Flor deja a medias una investigación de nutrigenómica sobre cómo el consumo de plantas, hongos, insectos y platillos tradicionales, como el tamal de chipilín, pueden formar una dieta que reduce la glucosa y ayuda a personas con diabetes a mejorar su salud.

Los investigadores han intentado seguir insistiendo con el subdirector de Evaluación y Seguimiento de Cátedras del Conacyt, Diego Axel, en que se reconsideren las plazas que ocupaban.

Esta no es la primera vez que científicos denuncian que una falla técnica del Conacyt los deja fuera de sus proyectos de investigación. Pasó el semestre pasado con los estudiantes de posdoctorados en el extranjero, cuando por un cambio en el sistema informático no había espacio para subir un documento, sino solo una nota posterior que pedía cargarlo junto con otro. En noviembre, el organismo reconoció el error y aceptó volver a recibir las solicitudes de beca para ahora sí evaluar los proyectos.

Animal Político solicitó a Conacyt saber qué estaba ocurriendo en esta ocasión y esta fue su respuesta:

“Con relación al tema de los siete casos de catedráticos Conacyt a quienes se les rescindió el contrato, afirmamos que es totalmente falso que la plataforma no sirvió, como se ha dicho en varios medios y redes sociales con la intención de desinformar a la opinión pública.

El programa Cátedras Conacyt cuenta con más de 1 300 miembros, de los cuales siete incumplieron con la normatividad que les obliga a presentar en tiempo y forma sus informes. No lo hicieron. No presentaron sus informes y sus contratos especifican claramente que de no cumplir con ese requisito, dichos contratos se cancelan. Cabe señalar que el Conacyt les avisó, con anticipación y varias veces, que se acercaba la fecha de vencimiento. Algunos de los excatedráticos se han acercado al Conacyt y se ha establecido un diálogo con ellos, el cual aún está en proceso”.

Los científicos afectados esperan que se pondere el valor de los proyectos que estaban desarrollando y la dependencia reconsidere su situación, ya que de la noche a la mañana se quedan investigaciones a la mitad y ellos, a pesar de su alto nivel académico, se quedan en la calle.

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