Qué es la señal cósmica que llegó a la Tierra 7,000 millones de años después
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Qué es la señal cósmica que llegó a la Tierra 7,000 millones de años después

La colisión de dos agujeros causó una onda gravitacional gigante en el medio del Universo.
2 de septiembre, 2020
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Ilustración.

LIGO-VIRGO
Ilustración de los dos agujeros negros poco antes de que se unieran.

Imagínate que toda la energía de ocho soles es liberada de inmediato.

Así fue la onda gravitacional que surgió tras la fusión dos agujeros negros, la más potente jamás observada.

La señal dejada por este evento viajó unos 7,000 millones de años para llegar a la Tierra, pero todavía fue lo suficientemente potente como para hacer que detectores láser en EE.UU. e Italia la sintieran en mayo del año pasado.

Según investigadores, la colisión de estos agujeros negros produjo una entidad con una masa 142 veces mayor que la de nuestro Sol.

Su magnitud es considerable. La ciencia ha rastreado durante mucho tiempo la presencia de agujeros negros en el cielo que han sido un poco más pequeños o incluso más grandes. Pero este nuevo hallazgo estrena una nueva clase de agujeros negros de tamaño intermedio que están en el rango de entre 100 y 1,000 masas solares.

Se trata de un análisis realizado por LIGO, de EE.UU., y Virgo, de Italia, una colaboración internacional que opera tres sistemas de detección de ondas gravitacionales súper sensibles en Estados Unidos y Europa.


Agujero negro

EHT Collaboration
Los agujeros negros son detectados por el impacto que tienen en su entorno.

¿Qué es un agujero negro?

  • Un agujero negro es una región en el espacio donde la materia ha colapsado sobre sí misma debido a la gravedad.
  • La fuerza gravitacional es tan fuerte que nada, ni siquiera la luz, puede escapar.
  • Los agujeros negros emergen del colapso gravitacional de una estrella grande.
  • Algunos son verdaderamente gigantes, miles de millones de veces más grandes que el Sol.
  • Se desconoce cómo se formaron estos cuerpos, encontrados en los centros de las galaxias.
  • Los agujeros negros son detectados por el impacto que tienen en su entorno
  • Producen ondas gravitacionales observables a medida que se juntan en espiral.

Los interferómetros láser de LIGO y Virgo “escuchan” las vibraciones del espacio-tiempo que son generadas por eventos cósmicos verdaderamente cataclísmicos, y el 21 de mayo de 2019 se activaron por una señal aguda que duró solo una décima de segundo.

Los algoritmos informáticos determinaron que la fuente de la señal fueron los momentos finales de dos agujeros negros que estaban en espiral, uno con una masa 66 veces mayor que la del Sol y el otro 85 más grande.

La distancia de esta fusión fue estimada en el equivalente a 150,000 millones de billones de kilómetros.

“Es increíble, de verdad”, dijo el profesor Nelson Christensen, del Observatorio de Côte d’Azur, en Francia.

“Esta señal se propagó durante siete mil millones de años. Así que este evento ocurrió justo a mitad de la creación del Universo, y es ahora que movió mecánicamente nuestros detectores aquí en la Tierra”, le explicó a la BBC.


Laboratorio de Virgo.

LIGO-VIRGO Collaboration
El laboratorio láser europeo Virgo tiene su sede en la provincia italiana de Pisa.

Ondas gravitacionales – Ondas en el espacio-tiempo

  • Las ondas gravitacionales son una predicción de la teoría de la relatividad general.
  • Pasaron décadas para que se pudiera desarrollar la tecnología para poder detectarlas directamente.
  • Son ondas en el espacio-tiempo generadas por eventos violentos.
  • La aceleración de masas produce ondas que se propagan a la velocidad de la luz
  • Las fuentes que pueden ser detectadas incluyen la fusión de agujeros negros y las estrellas de neutrones
  • LIGO-Virgo dispara láseres por medio de largos túneles en forma de L, y las ondas alteran la luz
  • La detección de ondas abre paso a investigaciones completamente nuevas en el Universo

La implicación de un cuerpo que mide 85 masas solares en la colisión ha hecho que los científicos mantengan la guardia porque la comprensión que tienen de cómo se forman los agujeros negros a partir de la muerte de una estrella no explica que algo de esta escala pueda suceder.

Al agotar su combustible nuclear, las estrellas experimentan un colapso del núcleo que da paso a la creación de un agujero negro, pero solo si son lo suficientemente grandes.

Pero la física que se supone que opera dentro de las estrellas sugiere que la producción de agujeros negros con el rango de masa de entre 65 y 120 masas solares es imposible.

Las estrellas moribundas que podrían producir tales entidades en realidad se desgarran y no dejan nada atrás.

Si la ciencia es correcta en este punto, entonces la explicación más probable de la existencia de un objeto de 85 masas solares es que sea el resultado de una unión de agujeros negros incluso anterior.

Y esto, según el profesor Martin Hendry, de la Universidad de Glasgow, en Reino Unido, tiene implicaciones sobre la evolución del Universo.

“Estamos hablando aquí de una jerarquía de fusiones, una posible vía para hacer agujeros negros cada vez más grandes”, explicó.

“Entonces, ¿quién sabe? Este agujero negro de 142 masas solares puede haberse fusionado con otros agujeros negros gigantescos, como parte de un proceso de acumulación que llega a formar agujeros negros supermasivos que se cree que están en el corazón de las galaxias”.

La colaboración entre LIGO y Virgo reportó sobre el evento del 21 de mayo de 2019 (catalogado como GW190521) en dos artículos académicos.

Uno está en la revista Physical Review Letters y describe el hallazgo. El segundo se puede encontrar en The Astrophysical Journal Letters y analiza las propiedades físicas de la señal y las implicaciones científicas.

El GW190521 es uno de los más de 50 activadores de ondas gravitacionales que se están investigando actualmente en los laboratorios de láser.

El ritmo de la investigación ha aumentado rápidamente desde que la colaboración detectó las primeras ondas gravitacionales, que les hizo ganar un Premio Nobel en 2015.

“Estamos aumentando la sensibilidad de los detectores y, sí, podríamos terminar detectando más de uno (agujero negro) cada día. ¡Vamos a tener una lluvia de agujeros negros!”, le dijo a la BBC la profesora Alessandra Buonanno, directora del Instituto Max Planck de Física Gravitacional en Potsdam (Alemania).

“Esto es hermoso porque aprenderemos mucho más sobre ellos”.


Gráfico sobre el interferómetro.

BBC

  • Un láser es conectado a la máquina y su rayo se divide en dos viajando por dos vías diferentes
  • Estas vías rebotan hacia adelante y hacia atrás y se amortiguan entre espejos
  • Finalmente, las dos luces se reúnen y son enviadas a un detector
  • Las ondas gravitacionales que atraviesan el laboratorio deben alterar la configuración
  • La teoría sostiene que deberían estirar y comprimir muy sutilmente su espacio
  • Esto debería mostrarse como un cambio en la longitud de los brazos de almacenamiento ligero
  • El fotodetector captura la señal en el haz recombinado

Ópticas

NSF/LIGO
Los láseres se actualizan constantemente con el objetivo de mejorar su sensibilidad.

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Cuartoscuro Archivo

"¿Por qué nos querían matar?": Ellos son Sergio y Ronald, niños baleados en Reynosa antes de jugar futbol

Los dos sueñan con ser futbolistas y el día del ataque se dirigían a jugar. Jessica, su madre, vive entre el alivio de tener a sus hijos con vida y la angustia de no saber cómo explicarles a unos niños qué fue lo que les sucedió.
Cuartoscuro Archivo
29 de junio, 2021
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Sergio Hugo Rodríguez Alonso y su hermano Cristiano Ronaldo tienen 13 y 10 años, respectivamente, y son de Reynosa, Tamaulipas.

Los dos sueñan con ser futbolistas, pero tienen gustos diferentes. Sergio, es fanático del Barsa. Y su ídolo es Lionel Messi, el astro argentino. Cristiano, en cambio, le va al eterno enemigo, al Real Madrid. Y su ídolo, obvio, es su tocayo; la estrella portuguesa que batió todos los récords de goles con los ‘merengues’.

“Se quieren mucho, pero siempre andan peleando porque uno es del Barcelona y el otro del Real Madrid”, se queja divertida la madre de los hermanos, Jessica, de 33 años.

Lee: Trabajaba en la maquila para pagarse su carrera de ingeniería: él era Eulalio, víctima de la masacre en Reynosa

Pero ese sábado 19 de junio, Sergio y Ronald estaban del mismo lado. Los dos llevaban puestas sus playeras blanquiazules de la escuela de futbol ‘Tuzos de Reynosa’, una filial del Pachuca Futbol Club donde juegan como mediocampistas.

Eran como las 12:35 del mediodía. Jessica apresuró a los muchachos. Ronald jugaría el primer partido, a las 13 de la tarde.

Y su hermano, en una categoría superior, jugaría después, a las 17 horas. Los dos subieron al carro, un Ford Focus. Ronald se sentó de copiloto junto a su madre. Y Sergio Hugo iba detrás junto a su hermana, de 15, y su primo Roberto Zuriel, de ocho años.

El coche arrancó y comenzó a moverse rápido hacia el campo de futbol. Pero, ni a los cinco minutos, cuando iban por la calle General Rodríguez, en la colonia Almaguer de Reynosa, Jessica pisó el freno a fondo.

“Nos topamos de frente a un tipo armado”, narra la mujer en entrevista, aun con la voz trémula.

Tal vez por el instinto desarrollado de vivir en una ciudad acostumbrada a los retenes del narco y a la violencia, Jessica dice que actuó con rapidez: metió la reversa, maniobró para hacerse espacio en la calle, y metió de nuevo la primera velocidad para salir huyendo en sentido contrario.

Pero no alcanzó a huir a tiempo. Sobre la carrocería del coche se escuchó un pac-pac-pac metálico y los niños gritaron presa del pánico.

-¡Mami, nos van a matar. ¡Nos van a matar!

El Focus se abrió paso por la colonia a toda velocidad.

Jessica trataba de controlar los nervios para no atropellar a nadie. Los gritos de los niños no se lo ponían fácil.

Al fin, llegaron al camino de terracería que está junto a su casa. Jessica se quitó el cinturón y volteó a ver a sus hijos y a su sobrino.

“Mami, llévame a un hospital”, le pidió con un hilo de voz Sergio Hugo, que traía el uniforme blanquiazul de los Tuzos empapado en sangre. Los hombres armados le habían acertado cuatro balazos.

“Mami, me duele mucho -se quejaba el niño agarrándose las piernas-. Llévame a un hospital”.

“Al verlo, grité aterrada”, recuerda Jessica. “Pensé que se me iba a morir en mis brazos. El coche estaba lleno de sangre”.

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Al escuchar los gritos, los albañiles que hacían unas obras en casa de Jessica salieron a socorrer al niño. Como pudieron, le amarraron “unos cintos” en las piernas. Y luego, más vecinos llegaron para auxiliar también a Roberto, el primo de apenas ocho años, que también fue herido por las balas.

Jessica llamó a su esposo y le contó lo sucedido. El hombre dejó de inmediato el trabajo y se dirigió a su casa. Al llegar, cargó a Sergio Hugo y lo metió al carro para llevarlo a la clínica más cercana.

Antes de partir, Jessica cuenta que su niño le dijo:

“Qué bueno que fui yo, mami. No quiero que nada malo le pase a usted”.

“¿Por qué nos querían matar?”

A esa hora, las 12:40 de la tarde del sábado 19 de junio, el infierno ya se había desatado en varios puntos de Reynosa. Un convoy de tres vehículos con integrantes del crimen organizado entró a la ciudad fronteriza minutos antes con la aparente consigna de disparar a todo lo que se pusiera por delante y al azar. Querían calentar la plaza.

Primero, asesinaron a seis personas en calles de la colonia Bienestar; luego a otras dos en la Almaguer, de donde salieron huyendo Jessica y sus niños; luego a otras cuatro en la Fidel Velázquez; luego, otra más en la Lampacitos; y por último a otras dos personas en la Unidad Obrera.

En total, 15 civiles asesinados, entre los que había albañiles, estudiantes, taxistas, familias enteras, en una de las peores masacres de las que se tenga registro en México, y en la que, además, hay múltiples testimonios que aseguran que las autoridades tardaron más de una hora en acudir en auxilio de la población; versión que la Fiscalía estatal rechazó.

Hoy, Jessica vive entre el alivio de tener a sus hijos con vida y la angustia de no saber cómo explicarles a unos niños qué fue lo que les sucedió ese día.

“Ellos no entienden nada. Me dicen: ‘Mami, pero si nosotros no somos malos, no somos delincuentes, ¿por qué nos tiraron? ¿Por qué nos querían matar?”.

Las balas le acertaron de lleno en los pies a Sergio Hugo. En el derecho, le causaron heridas. Y en el izquierdo, una fractura de la que aún no saben bien su alcance.

Además, las balas, los gritos, la sangre, el horror, le dejaron otras secuelas que no se aprecian a simple vista.

“Desde ese día, mi hijo tiene mucho miedo. A cada rato me dice: ‘Mami, no vaya a salir a la tienda. No quiero que le pase nada’. O se despierta en mitad de la noche y me dice: ‘Sí, mami. Yo estoy bien. No se preocupe por mí’, y se regresa a la cama caminando dormido”.

Ronald, por su parte, ya expresaba antes de la masacre los efectos de vivir en una ciudad donde los enfrentamientos entre grupos criminales son cotidianos.

“Él ya estaba muy espantado antes de todo esto -explica Jessica-. Hágase cuenta que escuchaba una tabla caerse al suelo y ya se pensaba que eran balazos, y corría a esconderse”.

Tras la masacre, el niño también está expresando un fuerte sentimiento de culpa, porque ese sábado el primer partido era el suyo, a las 13 horas, y el de su hermano baleado era más en la tarde, a las 17.

“Mi niño se pega en la cabeza y me dice: ‘por mi culpa le pasó esto a mi hermano, porque mi partido era primero’”.

Algo más de una semana después, Jessica y su familia tratan de recuperar, poco a poco, algo de normalidad. Aunque, lógicamente, al que más le está costando es a Sergio Hugo, que con las piernas y los pies inmovilizados se desespera porque no podrá jugar la final con su equipo de Los Tuzos.

“Éstá muy triste. Me dice llorando que ya no va a poder jugar otra vez al futbol, que porque no puede mover su pie”, cuenta Jessica, que trata de animarlo: “Yo le digo que solo ha pasado una semana, que no se desespere. Ahora tiene que recuperarse bien y que, algún día, seguro que podrá jugar otra vez al futbol”.

Y eso es lo único que lo reconforta, que lo sosiega, dice su madre: verse pronto vestido de uniforme y jugar de nuevo al futbol con su hermano Cristiano Ronaldo.

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