Cómo saber si tu resaca es por haber bebido en exceso o por intolerancia al alcohol
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Cómo saber si tu resaca es por haber bebido en exceso o por intolerancia al alcohol

¿Cómo saber si nuestra resaca no es una alergia o intolerancia a las bebidas alcohólicas?
30 de agosto, 2022
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Dolor de cabeza intenso, sed, náuseas, cansancio y niebla mental. Estos son los síntomas más comunes de la resaca (también llamada cruda, ratón, o guayabo, según en qué país de Latinoamérica te encuentres).

Estos síntomas aparecen como consecuencia de beber alcohol o, más específicamente, por los procesos corporales que pone en acción.

El alcohol es tóxico y debe ser convertido por el cuerpo en sustancias no tóxicas. Esto lleva tiempo, por lo que los síntomas pueden durar un día entero o más. La duración y la gravedad de las resacas pueden variar, dependiendo no solo de la graduación y ​​la cantidad de alcohol consumido, sino también de la velocidad a la que nuestro cuerpo puede procesarlo, que varía de persona a persona.

La deshidratación es un componente clave de la cruda, ya que puede dar lugar a muchos de los otros síntomas típicos, desde dolores de cabeza y fatiga hasta ansiedad y sensibilidad a la luz y el sonido, le explica a la BBC Timothy Watts, médico consultor en alergias de adultos de The London Clinic.

Intolerancia genética

Cualquiera que beba en exceso probablemente experimente estos efectos adversos hasta cierto punto. Sin embargo, las personas que tienen intolerancia al alcohol sufren a menudo síntomas similares a la resaca particularmente graves debido a un trastorno metabólico genético, que “hace que el cuerpo procese o metabolice el alcohol de manera incorrecta”, señala Watts.

Hombre con resaca

Getty Images

Cuando bebemos alcohol, una enzima en nuestro cuerpo llamada alcohol-deshidrogenasa (ADH) lo descompone en un compuesto llamado acetaldehído. Otra enzima, la aldehído-deshidrogenasa (ALDH), convierte al acetaldehído en ácido acético no tóxico (vinagre).

Los adultos mayores tienen una ALDH inferior a la media, lo que explica por qué nuestra respuesta al alcohol parece empeorar a medida que envejecemos. Pero aquellos con intolerancia genética tienen una versión mutada de ALDH, dice Watts.

“La mutación en esta enzima crucial conduce a la acumulación de acetaldehído en el cuerpo y luego a varios síntomas desagradables. Por lo general, estos incluyen enrojecimiento extenso de la piel y otras características como náuseas, vómitos, palpitaciones, dolor de cabeza y fatiga”.

Estudios señalan que este es uno de los trastornos hereditarios más comunes en el mundo, que afecta a 560 millones de personas (el 8% de la población mundial). La prevalencia más alta (entre 35% y 40%) se encuentra entre las personas de ascendencia asiática oriental.

Otros tipos de intolerancia

En otros casos, las personas pueden ser intolerantes a los químicos que dan sabor y color a las bebidas alcohólicas, no al alcohol en sí. La histamina (que se encuentra en el vino tinto) y los salicilatos (que se encuentran en el vino, la cerveza, el ron y el jerez) son ejemplos comunes.

Algunas personas son intolerantes a los conservantes del alcohol llamados sulfitos, y descubren que consumirlos puede desencadenar síntomas que incluyen congestión o secreción nasal, dolor de cabeza intenso, urticaria, picazón, respiración entrecortada y malestar estomacal.

Mujer comprando vino

Getty Images
Es importante leer las etiquetas para ver qué ingredientes contiene el vino.

Investigaciones sugieren que hasta el 10% de los asmáticos son sensibles a los sulfitos, y la gravedad de las reacciones varía de leve a potencialmente mortal. “La dificultad para respirar y los síntomas nasales/sinusales en particular se deben a la liberación de gas de dióxido de azufre que causa irritación de las vías respiratorias”, explica Watts.

Las bebidas alcohólicas con alto contenido de sulfitos y/o histamina incluyen el vino (tinto, blanco, rosado y espumoso), la sidra y la cerveza. Algunas variedades de ginebra y vodka, así como los “vinos naturales”, son bajos en sulfitos.

Sin embargo, los expertos en asma dicen que las personas con esta condición deben elegir sus bebidas con cuidado, porque incluso los vinos bajos en sulfitos contienen algunos sulfitos.

Alergias al alcohol

“Una verdadera alergia al alcohol es rara“, dice Fiona Sim, asesora médica principal de la organización sin fines de lucro Drinkaware. “En lugar del alcohol en sí, es mucho más probable que una persona sea alérgica a uno de los ingredientes de su bebida alcohólica, como el trigo, la cebada u otro grano“.

Otro tipo de alérgeno, la proteína transportadora de lípidos (LTP, por sus siglas en inglés), se encuentra en frutas, verduras, nueces, semillas y cereales, y también puede estar presente en algunas bebidas alcohólicas.

Comida con vino

Getty Images

Los síntomas de una reacción alérgica a la LTP suelen aparecer entre 15 y 30 minutos después e incluyen hinchazón, picazón, problemas digestivos, dificultad para respirar y, en casos extremos, anafilaxia.

A veces es muy difícil para los consumidores saber si una bebida alcohólica contiene alérgenos o ingredientes a los que son intolerantes, ya que, en muchos casos, los fabricantes de bebidas alcohólicas no tienen que poner una lista de ingredientes o información nutricional en la etiqueta.

Por lo tanto, Sim insta a cualquiera que sepa que es alérgico a ciertos alimentos, en particular a los granos, a tomar en cuenta que también pueden estar presentes en las bebidas.

Las bebidas alcohólicas también pueden desencadenar una reacción alérgica a los alimentos si se consumen los dos juntos, ya que el alcohol puede interferir con el revestimiento intestinal. Por ejemplo, alguien con alergia al trigo solo puede reaccionar después de comer trigo seguido de beber alcohol o hacer ejercicio. “Esto se conoce como anafilaxia inducida por cofactores dependientes de los alimentos”, dice Watts.

El alcohol en la cocina

Muchas recetas saladas y dulces contienen alcohol, incluidos los guisos, otros platos a base de vino tinto y los postres cargados de licor.

Cocina con vino

Getty Images

¿Está bien comerlos si tienes intolerancia o alergia al alcohol?

“El alcohol y los sulfitos tienden a evaporarse durante la cocción, por lo que el potencial de intolerancias ciertamente se reduce“, comenta Watts. Sin embargo, si eres alérgico a un ingrediente que se encuentra en ciertas bebidas alcohólicas, los platos que contienen esa bebida no son seguros para comer.

Recomendaciones

Es relativamente simple reconocer la diferencia entre una resaca y una intolerancia al alcohol, dice Watts.

“Las resacas generalmente se sienten intensamente la mañana después de una noche de consumo excesivo de alcohol. Sin embargo, las intolerancias genéticas metabólicas ocurren más rápidamente, generalmente dentro de la siguiente hora de haber bebido”.

Pero distinguir entre una intolerancia y una alergia es más difícil, porque los síntomas pueden superponerse.

Mujer rechazando una bebida alcohólica

Getty Images

Algunas reacciones alérgicas son casi instantáneas, pero no todas. “Si tienes alguna duda, siempre consulta a un profesional de la salud”, enfatiza Watts:

“Las investigaciones de reacciones al alcohol normalmente consisten en análisis de sangre especializados para alergias, pruebas cutáneas y, potencialmente, incluso pruebas con comida”.

Sim aconseja a las personas con algún tipo de intolerancia al alcohol que eviten beberlo por completo, “aunque muchas personas están dispuestas a soportar la incomodidad del enrojecimiento de la piel y quizás síntomas abdominales leves para continuar tomando una bebida alcohólica ocasional”, dice.

Es especialmente importante no beber alcohol si tienes una intolerancia genética, ya que “aumentará tu riesgo de daños relacionados con el alcohol en tus órganos, incluidos algunos tipos de cáncer y enfermedades hepáticas”.

Cuando se trata de alergias a algún componente de una bebida alcohólica, nunca se debe consumir. “Puedes poner en peligro tu vida”, concluye Sim.


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Cuartoscuro

'Peligro de contagio', el delito que se castiga en 30 estados y organizaciones piden derogarlo para evitar estigmatización

En México, 30 entidades conservan la tipificación del delito de "peligro de contagio", un remanente de hace décadas que solo contribuye a estigmatizar y perseguir a las personas que viven con VIH. 
Cuartoscuro
Por Marcela Nochebuena
11 de agosto, 2022
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En México, a excepción de Aguascalientes y San Luis Potosí, 30 entidades conservan la tipificación del delito de “peligro de contagio” en sus códigos penales locales, un remanente de hace décadas que solo contribuye a estigmatizar y perseguir a las personas que viven con VIH. 

En Coahuila y Tamaulipas se prevén sanciones para “quien transmita el SIDA” en particular, pero otros siete estados –Baja California, Oaxaca, Zacatecas, Puebla, Veracruz, Sonora, Yucatán y Nayarit– penalizan directamente a quienes padezcan una infección de transmisión sexual y tengan conductas susceptibles de considerarse “peligrosas” para la salud de otra persona.

Zacatecas y Nayarit sancionan, además, a la mujer que con alguna enfermedad o sífilis amamante a un bebé. 

En 17 estados, las sanciones penales impuestas a una persona por la presunta transmisión de una enfermedad pueden agravarse hasta con varios años de cárcel, según el estudio “La legislación mexicana en materia de VIH y sida. Su impacto en las personas viviendo con VIH”, realizado por la Red Mexicana de Organizaciones contra la Criminalización del VIH.

Peligro de contagio, delito que contribuye a la discriminación

Los códigos civiles de Baja California Sur, Guerrero y Baja California especifican la prohibición de casarse a quienes viven con VIH.

En 20 estados, a una persona con una enfermedad crónica o incurable no puede otorgársele la tutela de un menor. Por otro lado, en 19 estados es obligatorio presentar un certificado médico que especifique que no se padece alguna enfermedad como condición para casarse.

Estas restricciones posibilitan “menoscabar algunos de los derechos de las personas que viven con VIH”, advierte el documento.

En contraste, para garantizar el derecho a la no discriminación de las personas con VIH, solo 14 entidades federativas consideran como discriminatoria la aplicación de pruebas de VIH sin consentimiento o como exigencia para conseguir trabajo.

Solo 12 entidades señalan como acción discriminatoria estigmatizar o vulnerar los derechos de las personas que viven con VIH y únicamente en dos entidades han sido aprobadas y se mantienen vigentes leyes específicas en materia de VIH. 

“Para empezar, el delito de contagio es un delito que está sobre un supuesto; no es un delito que sea comprobable científicamente, porque no existen las herramientas suficientes para poder determinar quién transmitió o no a otra persona un virus”, explica en entrevista Leonardo Bastida, uno de los autores del análisis. 

Bastida afirma que todavía existe mucha estigmatización hacia quienes viven con VIH o tiene alguna enfermedad relacionada con un virus, como es el caso del COVID-19.

“Esto genera que la gente tenga miedo a la situación, que no le interese diagnosticarse para evitarse problemas, porque de cierta manera al ver esto como algo malo, no se genera una conducta de responsabilidad, de un cuidado personal y colectivo”.

Al mismo tiempo, se inhibe también la generación de políticas de salud pública que deberían estar enfocadas en disminuir el número de nuevas infecciones; además se manda un mensaje de negatividad, culpabilidad y castigo, cuando con los avances científicos que existen hasta ahora, la mayoría de las personas que viven con VIH puede alcanzar la indetectabilidad y, por lo tanto, intransmisibilidad del virus.  

“Hay códigos que son muy específicos, que si la enfermedad es contagiosa o pone en peligro la vida de las personas; se le ponen muchos adjetivos que no corresponden a una realidad, entonces se da esta imagen de asociarlo con algo malo y que la persona que vive con VIH, por ese simple hecho, es un factor de riesgo, cuando en realidad los factores de riesgo son otros; genera un mensaje contradictorio y un poco ambiguo para la sociedad”, añade Bastida. 

La mayoría de los artículos en códigos penales que sancionan el delito de “peligro de contagio” entraron en vigor entre 1920 y 1930, es decir, tienen casi 100 años de existir.

Desde 2015 se ha intentado reformar esto artículos, pero no para eliminarlos, sino para establecer sentencias más fuertes.

En al menos siete estados, los casos han llegado a procesos judiciales a partir de la imputación de este delito: 15 en Veracruz, 14 en Sonora, cinco en Tamaulipas, cuatro en el Estado de México, tres en Chihuahua, uno en Nuevo León y uno en Ciudad de México. 

“Las fiscalías, al verlo vigente en la ley, insisten en retomarlo; y muchas veces el argumento es que la transmisión es a propósito, situación que no puede descartarse, pero para eso ya existen dentro de los propios códigos penales los delitos de lesiones, entonces podría entrar una transmisión con alevosía en esos términos. Es más claro que dejar un delito ambiguo, que además solo se basa en presuposiciones”, detalla Bastida.  

El peligro radica en que con el hecho de acusar a alguien del delito, si esa persona resulta reactiva en una prueba, es suficiente para procesarla judicialmente, cuando lo único que se está comprobando es su estado de salud, pero no si transmitió o no el VIH.

“Se está sancionando una suposición;  y es importante entender que lo que estamos sancionando es una creencia, una hipótesis, pero no se están sancionando hechos concretos”, añade.

Impulsan trabajo con legislaturas locales

Antonio Matus, de la organización AHF, sostiene que la tendencia general en este momento es a penalizar, a sancionar por todo y a incrementar el número de delitos, por lo que cuando se elimina un tipo penal puede existir una percepción general de que hay injusticias, lo que podría explicar las resistencias en el ámbito legislativo para derogar este delito.

Actualmente la agrupación está trabajando en la incidencia legislativa para presentar iniciativas en Oaxaca, Veracruz y Guanajuato.

“Otros países ya han avanzado en este aspecto, y el propio programa conjunto de las Naciones Unidas para el VIH y el SIDA ha emitido varios boletines; en ellos, cuando se han derogado este tipo de disposiciones, ONUSIDA ha reconocido de manera pública estas acciones. Uno de los casos más recientes es en Colombia, en donde emitió una declaración de prensa donde agradece la decisión del tribunal constitucional de Colombia de revocar la sección del código penal que criminaliza la transmisión del VIH”, explicó Matus. 

Haber concretado el análisis legislativo en un documento es muy importante porque se hacen recomendaciones tanto a las legislaturas estatales como al Congreso de la Unión para derogar las disposiciones penales y civiles que estigmatizan a las personas con VIH. 

Del mismo modo, a la Secretaría de Salud federal y a CENSIDA se les recomienda que actualicen la NOM-010-SSA2-2010, en materia de prevención y control del VIH, que tiene más de 10 años. Dentro de ella, podría existir una previsión que evitara la criminalización con alcance a nivel federal, pues es de observancia obligatoria. 

El 30 de abril de 2018, la Suprema Corte de Justicia de la Nación sentó un primer precedente contra la criminalización del VIH, cuando declaró inválida la porción del artículo 158 del código penal de Veracruz, que sanciona el delito de peligro de contagio, que refería específicamente a “infecciones de transmisión sexual u otras”. 

Esa resolución se dio a partir de una acción de inconstitucionalidad promovida por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) por la reforma legislativa que agregaba la referencia explícita al VIH, las infecciones de transmisión sexual y otras.

Para el estado de Nuevo León, aún está pendiente de resolución un recurso, promovido también por la CNDH, contra el artículo 337 bis, reformado en el contexto de la pandemia por COVID-19

En tanto, en la Ciudad de México, una iniciativa para derogar el delito peligro de contagio ha sido presentada tres veces ante el congreso local sin éxito.

Esto a partir de las manifestaciones y reclamos de organizaciones de la sociedad civil tras la difusión por parte de la Fiscalía capitalina de la detención de un hombre que vivía con VIH por el delito peligro de contagio el 4 de junio de 2021. Más tarde, fue liberado gracias a un amparo.

El Consejo para prevenir y eliminar la discriminación de la Ciudad de México estableció que la tipificación del peligro de contagio fomenta una narrativa de violencia y discriminación, y que el tipo penal representa una visión represora de la sexualidad, adelantando un castigo por el mero peligro con base en un prejuicio, lo cual obedece a un derecho penal ajeno al paradigma de los derechos humanos y contrario al principio de dignidad. 

Para Matus, existen todos los elementos jurídicos y de política pública para derogar el delito. De lo contrario, si se traslada a otro tipo de enfermedades, este tipo de penal provocaría que la gente no se haga pruebas, oculte su diagnóstico y tema ser sancionado.

 El activista sostiene que esto a nivel de salud pública, afecta a todas las personas, no solamente a quienes viven con VIH.

Este tipo de disposiciones, que quizá tengan la buena intención de evitar la trasmisión, ignoran los avances de la ciencia, pues el tratamiento antirretroviral en este momento aumenta las defensas de tal manera que la carga viral se reduce hasta la indetectabilidad, un estado en el que ya no se transmite el virus.

“Sin ánimo de señalar o criminalizar a las personas que se consideran víctimas de este tipo de delitos, consideramos que la opción para nuestra sociedad es la corresponsabilidad, que cada quien sepa, esté educado, reciba información y tome conciencia de qué puede pasar al momento de tener relaciones sexuales no protegidas”, concluye. 

 

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