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'Son terribles y muy costosos': cómo una empresa estadounidense quiere reinventar los cementerios

Una empresa en EU se plantea "rediseñar la experiencia del fin de la vida". Para ello está comprando bosques y vendiendo sus árboles a quienes deseen tener sus cenizas esparcidas en un lugar "hermoso", y "menos caro" que los cementerios tradicionales.
9 de julio, 2019
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Bosque.

Cortesía de Better Place Forests
Better Place Forests considera a los cementerios “terribles” y “costosos”. Apuestan a que el lugar donde enterrar a los seres queridos sea recordado con placer.

Siempre se ha dicho que la muerte es un “negocio redondo”. Las funerarias y los cementerios nunca tendrán que cerrar por falta de clientes.

Parece un área donde no hay mucho que hacer en términos de innovación. A fin de cuentas, cuando una persona muere, las opciones de sus seres queridos son limitadas: a saber, cremar el cuerpo o llevarlo a una tumba.

Pero una empresa start-up en California, EE.UU., piensa que esta manera de “pasar la eternidad” no es solo “terrible” sino “muy costosa”.

“En este país, el precio promedio por enterrar a alguien es US$10.000“, cuenta a BBC Mundo Sandy Gibson, director ejecutivo de Better Place Forests.

Millones de residentes estadounidenses no solo viven con la preocupación por el aumento del costo de la vida; el costo de morirse también está en ascenso desde hace varias décadas.

Según el Departamento de Trabajo de EE.UU., de 1986 a 2017, el precio de los servicios funerarios aumentó en un 227,1%. En este mismo período, por ejemplo, los fabricantes de ataúdes aumentaron sus precios un 230%.

La idea de Gibson para “rediseñar la experiencia del fin de la vida” es esta: comprar hermosos bosques privados y luego venderles a las personas interesadas un árbol que será su lugar de descanso.

Sandy Gibson.

Cortesía de Better Place Forests
Sandy Gibson, director ejecutivo de Better Place Forrest, dice que él mismo ya escogió el árbol donde quiere que rieguen sus cenizas.

Su empresa ofrece a esos clientes una ceremonia en la que las cenizas son mezcladas con fertilizante y luego plantadas en la base del árbol.

“Puedes tener uno privado con nosotros por unos US$2.900. Así que es mucho menos costoso que un entierro tradicional“, explica.

Y lo principal, dice, esta opción tiene la ventaja de saber que vas a descansar en un lugar “hermoso e inspirador”. O, que al recordar a tu familiares y amigos, la imagen que tendrás en la cabeza será mucho más placentera que la de una tumba de cemento.

Gibson nos explica que ya miles de personas han llamado para reservar su árbol. Que estas familias están “entusiasmadas” con la idea, aunque suena extremadamente raro pensar que a alguien le parezca atractiva la idea de planificar su propia muerte o la de otra persona.

Banco para visitantes.

Cortesía de Better Place Forests
Los bosques de Better Place Forests contarán con bancos y centros para visitantes.

En el sitio oficial de la empresa aparecen los testimonios de algunos de esos clientes.

“Decidí que el bosque será el lugar para mí y mi familia”, escribió Lawrence Walters. Mientras otra persona llamada Pacia Dewald dijo que “el proceso de seleccionar un árbol fue profundamente espiritual, así como divertido”.

Los clientes de la start-up, dice Gibson, tienen una edad promedio de 60 años.

Morir no es gratis

La compañía ha comenzado por adquirir bosques en dos localidades de California (Point Arena y Santa Cruz), pero el plan es expandirse hacia otros estados del país.

Como en muchos otros lugares del mundo, morirse no es gratis. Incluso si has escogido descansar en un árbol.

Hay cuatro tipos de árboles para escoger: secuoyas (“elevadas y antiguas”), madroños (“impactantes y expresivos”), tanoaks (“peculiares y bondadosos”) y abetos (“señoriales y reverentes”).

Varían en tamaño y locación —algunos gozan de vista a un lago o al mar, por ejemplo— y en función de estos factores pueden llegar a costar hasta alrededor de US$30.000.

Centro de visitantes.

Cortesía de Better Place Forests
Gibson asegura que la iniciativa de su empresa es también un esfuerzo por la preservación de los bosques.

Aquellos que deseen pagar menos y no tengan problemas con ser esparcidos junto a extraños, por US$970 la compañía deposita las cenizas en un árbol comunitario.

Una vez que estas han sido plantadas en el árbol, se le coloca en la base una placa metálica dorada con el nombre del fallecido, que sería el equivalente a una lápida de cementerio.

Los árboles más grandes sirven para familias de cuatro a 12 personas. Si deseas ubicar varias personas en uno más pequeño y económico, lo que tienes que hacer es comprar el derecho de regar las cenizas ahí y hacer la ceremonia”.

En caso de que un árbol muera, la compañía promete reemplazarlo con otro, plantándolo justo en el mismo lugar.

Durante la ceremonia de esparcimiento, las cenizas son mezcladas con tierra local y agua, con el objetivo de “rebalancear el ph de esas cenizas, para que las bacterias en el suelo las descompongan”. Esa mezcla le servirá de nutriente al árbol.

“De lo que se trata la ceremonia es de crear un momento donde las personas vean a su ser amado retornar a la tierra y convertirse en parte del ciclo de la vida. De esta manera cuando piensen es ella pensarán en ese momento final: en las hojas, los árboles, el viento”, comenta el emprendedor estadounidense.

En nombre de la conservación

Better Place también está vendiendo la idea como una manera de conservar los bosques, pues la empresa garantiza un mecanismo legal para que, una vez adquiridos, no puedan ser usados como zonas de desarrollo en el futuro.

“Cuando una persona compra un árbol, está contribuyendo a que nosotros podamos preservarlo para siempre”, dice Gibson.

Y es que el empresario entiende que si a través de este negocio se pueden proteger los bosques de manera permanente, “eso es algo que cualquiera que se dedique a causas medioambientales verá como positivo”.

Árbol.

Cortesía de Better Place Forests
Sandy Gibson: “Yo tuve que pensar en la muerte desde una edad muy temprana, por desgracia. Tenía 10 años cuando murió mi padre y 11 cuando murió mi madre”.

Pero al menos una organización ambientalista consultada por BBC Mundo expresó preocupación por el hecho de que compañías privadas como esta usen el “pretexto” de la conservación ambiental como justificación para la expansión corporativa.

Los esfuerzos privados de conservación rara vez, si acaso, han tenido éxito a largo plazo.

“En cambio, a menudo terminan desplazando a comunidades indígenas y locales de sus tierras tradicionales“, comenta Emma Rae Lierley, portavoz de la organización ambientalista Rainforest Action Network.

Lierley señala que las comunidades indígenas y locales fuertes y bien organizadas son algunas de las mejores defensas contra la expansión empresarial en los bosques nativos.

“De hecho, no es una coincidencia que el 80% de la biodiversidad del mundo se encuentre en tierras administradas por pueblos indígenas, a pesar de que solo poseen el 25% de la reserva mundial de tierras”.

Para la ambientalista, cualquier esfuerzo de preservar los bosques necesita “un cambio de paradigma audaz e inmediato, que se aleje de un enfoque basado en los productos y se centre en el valor inherente de los ecosistemas prósperos”.

Pensando en la muerte desde niño

Gibson confiesa que la idea de reinventar los cementerios no se le ocurrió por casualidad.

Él mismo tuvo que pensar en la muerte desde niño. Su padre murió cuando tenía 10 años y su madre al cumplir los 11.

Pacific Mandrone

Cortesía de Better Place Forests
Los interesados visitan el bosque de su preferencia para escoger el árbol que sea más afín a su personalidad.

“Mi madre fue una mujer hermosa e inspiradora y el final de su historia de vida fue en una tumba oscura de piedra, en un cementerio. Así no es como yo quisiera recordarla”, cuenta.

“Cuando pienso en ella quiero pensar en algo hermoso, pero lo que recuerdo es su tumba”.

Gibson, de 36 años, dice que está consultándolo con su familia, pero que también tiene intenciones de trasladar los restos de sus padres a un lugar en el bosque.

Y asegura haber elegido una secuoya como su propio destino final. Es un árbol frondoso que da a un lago y que, en cuanto lo vio, supo que era el sitio que quería.

“Hay algo increíblemente reconfortante en el hecho de que puedas controlar el final de tu historia”.


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La CNDH denunciará a funcionarios de Semarnat, Marina y Profepa por daños a un Área Natural Protegida

La CNDH emitió una recomendación en la que advierte que hubo autorizaciones para obras que generaron daños en las playas de Chemuyil y Chemuyilito en Tulum, Quintana Roo.
16 de mayo, 2022
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Por omisiones en la protección y preservación de las playas de Chemuyil y Chemuyilito en Tulum, Quintana Roo, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) emitió una recomendación a los titulares de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), la Secretaría de Marina (Semar) y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), y anunció que presentará denuncias contra funcionarios de esas tres instancias.

En la Recomendación 90/2022, dirigida a María Luisa Albores (Semarnat), José Rafael Ojeda (Semar) y Blanca Alicia Mendoza Vera (Profepa), la CNDH señala que hubo violaciones a los derechos humanos a un medio ambiente sano, a la seguridad jurídica, a la legalidad, al debido proceso y al acceso a la justicia por acciones y omisiones para garantizar la protección y preservación de estas playas, del Área Natural Protegida Reserva de la Biósfera Caribe Mexicano.

​​De acuerdo con un comunicado emitido este lunes, funcionarios otorgaron permisos para infraestructura hotelera y de marina sin considerar el impacto a los ecosistemas.

 

Pide reparación del daño

Según explicó la CNDH, la Semarnat otorgó las autorizaciones para el desarrollo de proyectos turísticos en una superficie de poco más de 130 hectáreas, y se autorizó el cambio de uso de suelo hasta 2019.

En 2016, se estableció como área de refugio la Bahía de Akumal, porción marina frente a varios poblados, incluyendo Chemuyil en Tulum, para la protección de tortugas verdes, caguamas y carey, entre otras. En diciembre de 2016, se declaró Área Natural Protegida, con el carácter de Reserva de la Biósfera, la región “Caribe Mexicano”. 

Pese a eso, se otorgó la autorización de impacto ambiental y cambio de uso de suelo al Proyecto de Mejoramiento y Estabilización de Zonas de Playa y Marina de las bahías de Chemuyil y Chemuyilito, dentro del polígono protegido.

Aunque en julio de 2019, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) presentó una denuncia ante la Profepa por incumplimiento a la autorización en impacto ambiental, en agosto del mismo año también se autorizó el impacto ambiental para el proyecto de obras complementarias para el Desarrollo de los Servicios Turísticos. 

No obstante que existían denuncias de la Conanp y de una organización civil, la Semarnat autorizó en enero de 2020 la construcción de una planta desalinizadora y una planta de tratamiento de aguas residuales para el Desarrollo Turístico. 

Si bien los proyectos no afectan completamente, sí son colindantes, señaló la CNDH este lunes. Explicó que los proyectos dañan zonas importantes para la conservación, incrementan la contaminación de cuerpos de agua, provocan la alteración del ecosistema de manglares y a las tortugas marinas en su zona de desove, generan residuos sólidos y productos químicos.

Por ello, la recomendación establece que la Semarnat debe promover la nulidad de los resolutivos en materia de impacto ambiental otorgados e implementar un Programa Integral de Restauración Ecológica. Por su parte, la Profepa está obligada a dictar medidas técnicas correctivas y de urgente aplicación a efecto de evitar mayores daños al área.

Los funcionarios que serán denunciados son dos de la Semarnat, uno de la Semar y los delegados o encargados de despacho de la Profepa de 2018 a la fecha.

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