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Tiroteos en Nueva Zelanda: "Me gustaría poder morir como él", el sufrimiento y orgullo del hermano de una víctima que actuó como un "héroe" frente al atacante

Naeem Rashid, un paquistaní de 50 años que murió en los tiroteos en las mezquitas en Nueva Zelanda, intentó detener al atacante pero recibió un disparó y falleció junto a su hijo de 21 años. Las víctimas fatales ascienden a 50.
17 de marzo, 2019
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Las víctimas paquistaníes Naeem Rashid, de 50 años, y su hijo Talha de 21 años.

BBC
Naeem Rashid, de 50 años, y su hijo Talha de 21 murieron en el ataque a las mezquitas en Nueva Zelanda.

Mezcla de dolor y orgullo.

El hermano de un hombre pakistaní que murió durante los ataques a la mezquita del viernes en Christchurch, Nueva Zelanda, dijo este sábado a la BBC que no puede describir el dolor que siente por su muerte pero que, a la vez, tiene un gran orgullo por él.

Khursheed Alam dijo que estaba orgulloso de que su hermano Naeem Rashid, quien fue asesinado junto a su hijo, tratara de frenar al atacante mientras llevaba a cabo el tiroteo en el que este viernes murieron 50 personas en dos mezquitas de la ciudad de Christchurch.

"Me gustaría poder morir como él", dijo.

Naeem Rashid fue víctima del australiano Brenton Tarrant, de 28 años, un autodenominado supremacista blanco, que transmitió en vivo el ataque en Facebook.

Mezquita atacada en Nueva Zelanda.

AFP
Las víctimas fatales de los ataques a las mezquitas en Nueva Zelanda son ya 50.

Tarrant fue acusado de asesinato. El sábado, apareció en la corte con una camisa blanca de prisión y esposas, sonriendo a las cámaras. Se espera que se formulen más cargos contra él.

La primera ministra neozelandesa, Jacinda Ardern, dijo que Tarrant tenía una licencia para comprar armas y poseía cinco. "Nuestras leyes de armas cambiarán", adelantó.

El hombre permanece en prisión preventiva y debe declarar nuevamente ante el tribunal el 5 de abril.

El juez del caso dictaminó que la cara del sospechoso debe ser pixelada en fotografías y filmaciones para preservar su derecho a un juicio justo.

Otras dos personas permanecen bajo custodia, aunque la policía dijo este sábado que no cree que estuvieran involucradas en el suceso y sospechan que Tarrant actuó solo.

Ninguno de los detenidos tenía antecedentes penales.

La policía de Nueva Zelanda informó este sábado que el número de muertos como resultado del ataque aumentó a 50 y que otras tantas personas resultaron heridas, dos de las cuales se encuentran en estado crítico.

Brenton Tarrant, esposado y con la imagen pixelada.

Reuters
Brenton Tarrant, de 28 años, declaró el sábado ante un tribunal y fue acusado formalmente de asesinato.

"Héroe"

Naeem Rashid, de 50 años, y su hijo Talha de 21 vivían en Nueva Zelanda desde 2010.

Rashid fue calificado como un héroe en las redes sociales después de haber sido visto en un video de los atentados, aparentemente tratando de frenar al atacante en la mezquita de Al Noor antes de recibir un disparo.

Su hermano, que vive en la ciudad de Abbottabad, en el norte de Pakistán, le dijo a la BBC que estaba orgulloso de sus acciones.

"Era una persona valiente", dijo Alam. "Hubo algunos testigos que dijeron que salvó algunas vidas al tratar de detener a esa persona".

Agregó que a pesar de que algunas personas consideran a su hermano como un héroe, lo que ocurrió es para ellos "un shock".

Él "es nuestro orgullo, pero aún así, la pérdida es como que te corten una extremidad".

Una mujer reza ante las flores dejadas como homenaje a las víctimas de la mezquita.

AFP
El atacante disparó a hombres, mujeres y niños que estaban dentro de la mezquita durante unos cinco minutos.

Alam dijo que estaba enojado.

"Los terroristas no tienen una religión", dijo. A esta gente "loca" hay que detenerla, añadió.

En la otra mezquita atacada, en Linwood, ocurrió una intervención similar.

Abdul Aziz dice que corrió hacia el atacante fuera de la mezquita.

Luego siguió una persecución en la que el atacante dejó caer una de sus armas y fue a buscar más a su automóvil, cuando Aziz lanzó un objeto hacia él y rompió la ventana del auto.

En ese momento, el atacante huyó aunque fue arrestado momentos después.

Las autoridades en Nueva Zelanda ahora llevan a cabo la difícil tarea de identificar a las víctimas mortales.

Muchas familias que aún no se contactaron con sus seres queridos sufren la terrible espera de noticias.

Omar Nabi sostiene un teléfono con una foto de su padre Daoud, que murió en el ataque.

Reuters
Omar Nabi sostiene un teléfono con una foto de su padre Daoud, que murió en el ataque.

Algunas de las víctimas son:

  • Sayyad Milne, de 14 años, que quería ser futbolista cuando fuese mayor.
  • Daoud Nabi, de 71 años, quien se dice que se lanzó frente a otras personas en la mezquita para protegerlos.
  • Khaled Mustafa, un refugiado de la guerra en Siria.
  • Hosne Ara, de 42 años, murió mientras buscaba a su esposo que usa una silla de ruedas. Él sobrevivió.

Cómo fueron los hechos

Mapa

BBC

El primer reporte de un ataque vino de la mezquita de Al Noor en el centro de Christchurch durante las oraciones del viernes a las 13:40 hora local (00:40 GMT).

Un hombre armado estacionó cerca de la mezquita y comenzó a disparar mientras entraba por la entrada principal.

Disparó durante unos cinco minutos a los hombres, mujeres y niños que estaban en el interior.

El atacante transmitió en vivo el atentado desde una cámara colocada en su cabeza y se identificó a sí mismo en las imágenes.

Según se informó, el hombre condujo después unos 5 km hasta otra mezquita en el barrio de Linwood, donde ocurrió el segundo tiroteo.

Mapa

BBC

La primera ministra Ardern dijo que las armas utilizadas por el atacante parecían haber sido modificadas, y que su auto estaba lleno de armas sugiriendo "su intención de continuar con su ataque".

El hombre obtuvo una licencia de armas en noviembre de 2017, lo que le permitió comprar las armas utilizadas en el ataque.

El fiscal general de Nueva Zelanda, David Parker, dijo que el gobierno buscaría prohibir las armas semiautomáticas, pero que aún no se había tomado una decisión definitiva.

En el pasado, otros intentos de reforzar las leyes sobre armas de fuego en un país con un fuerte lobby de armas y una cultura de caza fracasaron.

El sospechoso no había estado en el radar de los servicios de seguridad de Nueva Zelanda o Australia.


Homenaje con velas a las víctimas.

Getty Images
El atacante, quien declaró abiertamente su apoyo a la supremacía blanca, no había sido investigado por las autoridades.

Rechazo al odio

Análisis del periodista de la BBC en Christchurch, Rupert Wingfield-Hayes

Durante todo el sábado, la población de Christchurch mostró su rechazo al odio que inspiró los terribles ataques del viernes.

En un momento, un grupo de jóvenes comenzó a cantar una canción tradicional maorí con la cabeza gacha y los ojos cerrados.

La alcaldesa de Christchurch, Lianne Dalziel, dijo que el asesino llegó a la ciudad con odio en su corazón para realizar un acto de terrorismo. Y dijo que él no representaba nada sobre la ciudad.

Sin embargo, hay muchas preguntas abiertas para las autoridades. El principal sospechoso ahora bajo custodia, Brenton Tarrant, no ocultó su apoyo a la supremacía blanca.

Según se informó, había estado planeando los ataques durante meses. Y, sin embargo, no estaba en ninguna lista de vigilancia policial.

No tuvo ningún problema para obtener una licencia de armas, ni para comprar una colección de armas de alta potencia.


Mensaje del sospechoso

Un helecho plateado proyectado en la Ópera de Sydney en conmemoración de las víctimas.

Getty Images
El atacante planeó el atentado durante meses.

Antes de los ataques, en las cuentas de las redes sociales bajo el nombre de Brenton Tarrant se publicó un extenso documento racista en el que el autor identificó las mezquitas que luego fueron atacadas.

El texto se llama The Great Replacement (El Gran Reemplazo o "teoría del reemplazo"), una frase que se originó en Francia y que se ha convertido en un grito de guerra para los extremistas europeos contra la inmigración.

El hombre dijo que había comenzado a planear un ataque después de visitar Europa en 2017 y que estaba enojado por la situación en dicho continente.

El sospechoso envió el documento a 70 personas, incluido un e-mail genérico de la primera ministra Ardern, menos de 10 minutos antes del ataque, informó el diario New Zealand Herald.

Los musulmanes representan aproximadamente el 1,1% de la población de Nueva Zelanda de 4,25 millones, según las últimas cifras del censo.

Los números aumentaron considerablemente desde la década de 1990, cuando el país acogió a refugiados de varios países devastados por la guerra.


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Foto: Andrea Vega.

El bosque comunitario que se transformó en una semilla de empleos en México

Hace poco más de tres décadas, los ejidatarios de Peñuelas Pueblo Nuevo, en Puebla, se organizaron para hacer aprovechamiento forestal; han logrado conservar su bosque y, al mismo tiempo, integrar varias empresas comunitarias.
Foto: Andrea Vega.
Por Andrea Vega/ Mongabay Latam
23 de abril, 2022
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Pablo Ortega nació en una comunidad rodeada de pinos. Como muchos de sus amigos, familiares y vecinos, al terminar la educación secundaria, migró para encontrar trabajo. Durante un tiempo se instaló en la Ciudad de México, pero siempre tuvo en mente regresar a su tierra. Su anhelo se cumplió gracias al bosque y, sobre todo, a la organización de su comunidad que apostó por el aprovechamiento forestal sostenible.

Hoy Pablo Ortega, de 43 años, tiene una labor muy diferente a la que realizaba en la fábrica de pegamento donde trabajó cuando vivió en la Ciudad de México. Desde hace quince años es el encargado del vivero y del banco de semillas de pinos y oyameles del ejido Peñuelas Pueblo Nuevo, ubicado en el municipio de Chignahuapan, en el estado de Puebla.

“A pesar de tener quince años trabajando aquí, sigo disfrutando ver el proceso: como van quedando (las semillas) sin basura y después ver como solo quedan las mejores”, dice Ortega. Él es hijo de uno de los 105 ejidatarios de Peñuelas Pueblo Nuevo, comunidad que desde hace 33 años realiza manejo forestal en sus 800 hectáreas de bosque templado.

Lee: Los guardianes del bosque que da agua a la ciudad de Xalapa, en México

En esta comunidad, los ejidatarios decidieron ir hasta el origen para crear un círculo virtuoso en el aprovechamiento y cuidado de su bosque: aquí no solo se produce madera en forma sostenible, también se cuenta con un aserradero, un vivero, un huerto semillero, un banco de semillas y un taller de artesanías, muebles y palos de escoba. Para todas estas labores se formaron empresas comunitarias que dan trabajo temporal y permanente a, por lo menos, cien pobladores de la región.

Hacer del bosque un fondo común

El ejido de Peñuelas Pueblo Nuevo es una de las pioneras en el manejo forestal comunitario en la zona centro de México. Fue a finales de la década de los ochenta, cuando sus pobladores se organizaron para hacer un aprovechamiento adecuado de sus bosques y poner un alto al desmonte.

“Personas de la comunidad talaban sin permiso”, recuerda el ejidatario Baldomero Ortega. Como la mayoría de los ejidatarios se oponían a que se destruyera el bosque, se convocó a una asamblea para discutir qué acciones se tomarían. Un grupo de ejidatarios, el comisariado ejidal en turno y el técnico forestal, Noé González, originario del ejido, propusieron asesorarse para evaluar la posibilidad de realizar aprovechamiento forestal.

Los asesores les mostraron estudios y ejemplos de otras comunidades en donde ya se hacía aprovechamiento forestal en forma organizada y planificada. El ejido realizó los trámites ante las autoridades ambientales. Lograron que se aprobara su programa de manejo por 50 años. Ese documento señalaba cuántos árboles podían cortar al año sin que eso causara un daño al bosque; además, indicaba que en cada área de corte los ejidatarios tenían que reforestar con mil 200 árboles por hectárea.

Instalaciones del banco de semillas de Pueblo Nuevo. Foto: Andrea Vega.

Para contar con las plantas necesarias para la reforestación, el técnico Noé González propuso que el ejido instalara su propio vivero. Así se hizo. El gobierno del estado de Puebla les otorgó recursos para ponerlo en marcha. El trámite les llevó dos años. Empezaron, en 1996, con una producción de 200 mil plantas; eso les permitió contar con plántulas suficientes para, incluso, vender a otras comunidades de la región.

Cinco años después, en 2001, pidieron el apoyo de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) para expandir el vivero. La dependencia puso la mitad de la inversión y el ejido la otra mitad; así lograron producir hasta 4.5 millones de plántulas. Durante ocho años mantuvieron esa cifra. Además del aprovechamiento forestal y un aserradero que abrieron, el vivero fue una fuente más de ingresos para la comunidad.

“Conafor hacía convenios con los ejidos y nos decía: ‘le vas a entregar tantas a tal ejido’ y a nosotros nos las pagaba la dependencia”, explica Baldomero Ortega.

Un año antes de la expansión de su vivero, los ejidatarios aprobaron un nuevo reglamento donde se estableció que los recursos económicos obtenidos con las empresas comunitarias se tenían que repartir entre los ejidatarios y otra parte se destinaría a un fondo común para financiar las obras de conservación de suelos, la construcción de obras de infraestructura, la compra de maquinaria e implementos de labranza, los trabajos para el aprovechamiento de las aguas destinadas a riego, abrevaderos y uso doméstico. Ese dinero también se destinaría a nuevos proyectos.

Sembrar empleos para la comunidad

Aurelio Bastida, profesor de la Universidad Autónoma de Chapingo y especialista en sistemas forestales que ha dado seguimiento a los proyectos comunitarios de Peñuelas Pueblo Nuevo, explica que la creación de este fondo fue decisivo en la historia del ejido, porque le permitió contar con recursos para invertir e impulsar empresas comunitarias, entre ellos la expansión del vivero y la creación de un banco de germoplasma.

Los ejidatarios recuerdan que cuando el vivero comenzó a tener más demanda, los técnicos forestales que asesoraban a la comunidad, entre ellos Noé González, les recomendaron instalar este banco para tener semillas suficientes y de buena calidad.

Así que, una vez más, el ejido solicitó apoyo a dependencias federales y estatales. En 2006, los ejidatarios instalaron el banco de semillas de pinos y oyamel. Para esta nueva empresa comunitaria se necesitaba sumar a más trabajadores.

Pueblo Nuevo

Foto: Andrea Vega.

En 2007, Pablo Ortega se enteró que en su ejido había trabajo en el bosque; renunció a su empleó en la fábrica de pegamento, dejó la Ciudad de México y regresó a su tierra: “Supe que ya había oportunidades de trabajo y volví. Me dieron empleo en el vivero. Solo estudié hasta la secundaria y no sabía nada de producción de plantas, pero aquí me empezaron a enseñar. Aprendí y fui escalando, hasta ser el encargado, tanto del vivero, como del banco de germoplasma”.

Además de Pablo Ortega, otros habitantes de la región tienen empleo, ya sea temporal o permanente, en una actividad relacionada con el cuidado y aprovechamiento del bosque.

Por ejemplo, hay quienes se dedican a la recolección de conos o piñas, como se les llama a las estructuras que contienen las semillas de ciertos árboles, entre ellos los pinos. En el caso del oyamel, los trabajadores deben subir al árbol para recolectar los conos que son más frágiles.

Te puede interesar: México: la apuesta comunitaria de revivir un bosque arrasado por el fuego

Semillas para el bosque 

En el banco de germoplasma hay un área que pareciera una pequeña fábrica: un cuarto de paredes blancas, que no mide más allá de nueve metros cuadrados, en donde las máquinas usan la presión del aire para limpiar y seleccionar las semillas.

El proceso inicia con el secado de los conos, ya sea en un horno especial o al sol, para después romperlos, extraer las semillas y elegir aquellas que tengan mayor calidad y viabilidad para germinar.

En el laboratorio del banco, una trabajadora coloca las semillas en un contenedor, acondicionado con algodones y agua, para después llevarlas al germinador, una especie de refrigerador que regula la temperatura y la humedad.

De algunas de las semillas, se toma una muestra que se analiza para conocer su germinación, pureza y humedad. “Esto lo hacemos para asegurar la calidad —precisa Pablo Ortega— y porque muchos de los ejidos, viveros o particulares que nos compran semilla, que deben ser unos 75 clientes entre todos, preguntan el porcentaje de germinación. Los análisis muestran que es del 80 al 90 por ciento”.

Estos bancos de semillas no son comunes. El ejido Peñuelas Pueblo Nuevo es el único que tiene uno de este tipo en toda la región de la Sierra Norte de Puebla y en Huayacocotla, Veracruz, explica el profesor Aurelio Bastida.

A partir de la recomendación de investigadores del Colegio de Posgraduados de Puebla, en 2012, este ejido también integró un huerto semillero: un terreno en donde solo se plantan árboles seleccionados, aquellos que tienen las mejores características, los troncos más derechos y las copas más altas.

Por ahora, este espacio alberga cerca de 200 árboles que se destinan solo a la producción de las semillas para el vivero.

El ejido tiene, además, otros dos huertos semilleros en donde hay árboles injertados con brotes de otras plantas de pino; eso lo hacen para evitar, lo más posible, la variación genética y tener clones de árboles superiores.

“El huerto es importante no solo porque así se hace un mejor aprovechamiento forestal, con árboles de troncos más derechos y largos, de los que sale más y mejor madera, sino también porque son más resistentes a las condiciones ambientales y de cambio climático”, explica el profesor Aurelio Bastida.

Además de los empleos que se han creado para cuidar el bosque, controlar las plagas, hacer brechas cortafuego, trabajar en aserradero, en el vivero, los huertos y el banco de germoplasma, un grupo de mujeres de la comunidad creó una empresa para aprovechar la madera que no se usa en el aserradero; con ella fabrican artesanías, muebles y palos de escoba.

Con todos estos proyectos, los ejidatarios Peñuelas Pueblo Nuevo tienen mucho que enseñar a otros y lo hacen: son una comunidad escuela. Desde hace 10 años, reciben a estudiantes de universidades como Chapingo, así como a representantes de ejidos y comunidades forestales de diferentes regiones del país.

Lidiar con tiempos difíciles

Durante ocho años, el vivero del ejido produjo alrededor de 4.5 millones de plantas anuales. La mayoría se las compraba la Conafor. Pero desde hace 12 años,  la dependencia disminuyó sus pedidos; el año pasado solo solicitó 400 mil plantas. En 2022, ninguna.

“Nos dijeron que a la Comisión ya no le daban recursos para comprar plantas, porque los ejidos que hacen aprovechamiento tenían que comprarlas directamente”, dice el ejidatario Baldomero Ortega. Ahora el vivero solo vende alrededor de 600 mil plantas a particulares y comunidades forestales.

“Ahorita está complicada la situación para nosotros”, comenta Pablo Ortega. Aun así, el ejido decidió seguir con los proyectos: “Ahorita sí hemos logrado sacar a venta esas 600 mil plantas, pero sí es una caída económica fuerte; casi estamos sacando solo para los insumos del vivero y estamos viendo qué hacer. La idea es salir a buscar a quién producirle”.

Baldomero Ortega menciona que aunque la producción de plántulas ha disminuido, ellos mantienen al mismo personal en el vivero; “de los ahorros del ejido estamos invirtiendo en la producción de planta”.

Para Aurelio Bastida, el profesor de Chapingo que ha estudiado el caso Peñuelas Pueblo Nuevo durante años, el ejido es un ejemplo porque la organización les ha permitido tener un aprovechamiento forestal sostenible. Además, los ejidatarios han logrado construir y mantener sus empresas forestales comunitarias, incluso sin el apoyo de las autoridades.

Pablo Ortega comenta que, en su caso, el manejo forestal comunitario le cambió la vida. Fue lo que le permitió regresar a su tierra e, incluso, capacitarse para ahora ser todo un experto en silvicultura y, en especial, en las semillas de esos pinos y oyameles que dominan el paisaje que rodea a su comunidad.

Este trabajo se publicó originalmente en Mongabay Latam

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