¿Qué pasa si Donald Trump se niega a abandonar la Casa Blanca?
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¿Qué pasa si Trump se niega a abandonar la Casa Blanca pese al triunfo de Biden?

El anuncio del presidente Donald Trump de negarse a aceptar su derrota ante Joe Biden genera una situación tan nueva como desconcertante en la vida del país.
8 de noviembre, 2020
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En 244 años de historia de Estados Unidos, nunca ha habido un presidente que se rehúse a abandonar la Casa Blanca después de haber perdido una elección.

La transferencia ordenada, legal y pacífica del poder es uno de los sellos definitorios de la democracia estadounidense.

Por eso, el anuncio del presidente Donald Trump de negarse a aceptar su derrota ante Joe Biden, genera una situación tan nueva como desconcertante en la vida del país.

Y presenta para los analistas el reto de considerar escenarios antes impensables.

“Lejos de haber terminado”

Trump jugaba golf a las afueras de Washington cuando se confirmó el triunfo electoral de Biden este 7 de noviembre.

Poco después, la campaña del candidato derrotado emitió un comunicado asegurando que la “elección está lejos de haber terminado”.

Donald Trump jugando al golf.

Getty Images
Trump estaba jugando al golf cuando se conoció la victoria de Joe Biden.

“Todos sabemos por qué Joe Biden se está apresurando a presentarse falsamente como el ganador, y por qué sus aliados de los medios se están esforzando en intentar ayudarle: no quieren que se sepa la verdad”, señala el comunicado, en donde además indica que Trump seguiría oponiéndose mediante demandas judiciales al resultado anunciado, alegando la existencia de supuestos fraudes.

La constitución estadounidense es clara, más allá de cualquier duda, en establecer que el actual período presidencial termina “al mediodía del día 20 de enero”.

Joe Biden ha conseguido ganar en una cantidad de estados que le aseguran más de 270 votos en el Colegio Electoral. Por lo que tiene el derecho a ocupar la presidencia por los siguientes cuatro años.

Donald Trump tiene recursos legales y legítimos que todavía puede emplear para disputar el resultado de la votación.

Pero a no ser que ocurra de aquí a allá un giro dramático en las cortes y que pueda probar en los juzgados la existencia de las irregularidades en la elección que él reclama, todavía sin presentar evidencia, el 20 de enero es la fecha en que el actual presidente debe abandonar el poder.

Trump con su equipo en la oficina oval de la Casa Blanca.

Getty Images
¿Qué pasa si Trump se niega a abandonar la Casa Blanca?

Posición anunciada

Trump fue claro a lo largo de la actual campaña en advertir que no aceptaría una derrota.

Dijo en repetidas ocasiones que estaba decidido a seguir al mando, sin importar lo que dijeran las autoridades electorales, indicando que la única posibilidad de que perdiera era si le robaban las elecciones.

Por lo que el país empezó a discutir qué pasaría en el caso de que Trump cumpliera su amenaza e intentara aferrarse al poder a la fuerza.

Una hipótesis incluso comentada por el propio Joe Biden cuando era candidato.

En una entrevista televisada el pasado 11 de junio, el humorista Trevor Noah le preguntó a Biden si había pensado en la posibilidad de que un Trump perdedor se negara a desocupar la residencia presidencial.

“Sí, lo he pensado”, respondió Biden, agregando que estaba convencido de que en una situación semejante, las fuerzas militares se encargarían de impedir que se quedase en el cargo y lo desalojarían sin más de la Casa Blanca.

También se ha dicho que podría ser el Servicio Secreto el que podría cumplir la eventual tarea de escoltar a Trump fuera de la residencia presidencial.

Ese cuerpo civil, encargado de la seguridad del mandatario, tiene por ley también la obligación de proteger a todos los ex presidentes, y seguirá escoltando al ya expresidente a partir del 20 de enero.

Donald Trump con un miembro del Servicio Secreto en la Casa Blanca

Getty Images
El Servicio Secreto es el que podría cumplir la eventual tarea de escoltar a Trump fuera de la residencia presidencial.

Desde que se hizo evidente la ventaja electoral de Biden y parecía inminente el anuncio de su victoria, el Servicio Secreto extremó las medidas de protección sobre el presidente-electo, empezando a darle efectivamente un nivel de seguridad “presidencial”, pese a que Trump insistía en que el demócrata había sido derrotado.

¿El escenario impensable?

Pero en ese punto habría que entrar a evaluar la lealtad a este presidente de las fuerzas de seguridad, tal como lo hacen los analistas que buscan entender la situación de cualquier país en un momento de inestabilidad institucional.

BBC Mundo le preguntó a expertos si era factible que Trump intentase utilizar a las fuerzas de seguridad del estado para quedarse ilegalmente en el poder.

“Que un presidente llegara a abusar de los poderes de la presidencia para quedarse en el cargo después de aparentemente perder la elección, sería duro y destruiría normas vitales. Pero no es inconcebible“, le dice a BBC Mundo el profesor Dakota Rudesill, experto en legislación y política de seguridad nacional, afiliado a la Universidad Ohio State en Estados Unidos.

Causaría un gran daño al país, a principios importantes de las relaciones entre civiles y militares, y a los prospectos globales para la democracia”, advierte.

Sin embargo, aclara que, en su opinión, el escenario en que Trump pudiera aferrarse a la presidencia apoyado en las fuerzas de seguridad es difícil de realizarse.

“El personal militar jura lealtad a la Constitución, no al político que actualmente ocupe la presidencia. Y el que es en este momento el militar de mayor rango en el país, el General Mark Milley, Jefe del Estado Mayor Conjunto, ha dicho repetidamente que los militares no tendrán rol alguno en esta elección”.

Gráfico de quién podría involucrarse si se impugnan los resultados

BBC

Rudesill no es el único que se hace estas preguntas. Keisha Blaine es catedrática de la Universidad de Pittsburgh y experta en el estudio de movimientos de protesta social.

“El solo hecho que tengamos que preguntarnos si las fuerzas armadas intervendrán en la elección revela mucho acerca del triste estado de las cosas en nuestro país“, le dice a BBC Mundo.

Agrega Blaine que “hace cuatro años la mayoría de los estadounidenses no se preguntaban esto. Pero después de haber visto a Trump desplegar agentes federales en Portland y Washington en los últimos meses, es una preocupación seria. No creo que esto sea un escenario probable, pero no podemos descartarlo como una posibilidad seria, teniendo en cuenta todo lo que pasó este año”.

Efectivamente, durante las protestas sociales que surgieron con el movimiento anti-racismo de mediados de año, Trump consideró movilizar a las fuerzas armadas para disolver las manifestaciones.

El pasado 5 de junio, el diario New York Times aseguraba que el general Milley “convenció a Trump de no invocar la Ley de Insurrección de 1807 para movilizar tropas regulares en todo el país para reprimir las protestas, una línea que varios oficiales del ejército estadounidense han dicho que no cruzarán, ni siquiera si el presidente se los ordena”.

Al final, ante la negativa del ejército regular a verse involucrado, Trump ordenó para contener las protestas el uso de efectivos de la Guardia Nacional, que dependen de los gobernadores de cada estado.

Trump con Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto

Getty Images
El 1 de junio, Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto, acompañó a Trump a tomarse una foto con una biblia a metros de la Casa Blanca y en medio de las protestas por la muerte de George Floyd. A los días, Milley se arrepintió.

También estuvieron involucrados en la contención de las protestas en Washington, Portland y otras ciudades, miembros de las fuerzas de seguridad no militares que dependen del Ministerio de Seguridad Interior (Homeland Security).

Por lo que algunos contemplan que en una crisis surgida a raíz de las elecciones, Trump potencialmente tendría acceso a ordenar el despliegue de cierto número de personal armado no militar.

Sin embargo, asumiendo que las fuerzas armadas no se pondrían a disposición de la supervivencia política del presidente, es difícil imaginar una maniobra exitosa de Trump para quedarse en el poder en esas condiciones.

¿Violencia en la espera?

Rudesill dice que le produce preocupación escenarios relacionados.

“He escrito acerca de la posibilidad de que el presidente Trump intente usar un decreto ejecutivo, o que el Departamento de Justicia controlado por sus aliados políticos intente emitir una ‘directriz’, indicando que la Rama Ejecutiva debe considerar a Trump como el ganador de una elección disputada”, el experto le dice a BBC Mundo, pero advierte que eso sería “totalmente inapropiado e impermisible”.

“Ordenar al ejército continuar rindiendo saludo al presidente mas allá del final de su período al mediodía del 20 de enero pondría a los militares en una situación imposible”, señala.

Un seguidor de Trump armado en Minesota este 7 de noviembre.

Getty Images
Los analistas dicen que una situación en la que el candidato perdedor de la elección presidencial se niega a aceptar el resultado puede llevar a “la posibilidad de desorden civil serio”.

“La mitad del país y mucha gente alrededor del mundo pensaría que las fuerzas armadas apolíticas estadounidenses habían tomado una posición partidista. Los militares nunca, nunca deben recibir esa orden“, puntualiza Rudesill.

Y sin llegar al caso extremo de una situación en la que se ponga en juego la autonomía de las fuerzas armadas ante las disputas partidistas, otros advierten que una extensión de la actual coyuntura política puede generar violencia en otros campos.

Una situación en la que el candidato perdedor de la elección presidencial se niega a aceptar el resultado ciertamente lleva a “la posibilidad de desorden civil serio”, le dice a BBC Mundo Keisha Blaine.

La retórica presidencial “ha incrementado la posibilidad de protestas e incluso de violencia”, argumenta.

La situación presenciada en distintas ciudades estadounidenses en los últimos meses, de manifestantes armados hasta los dientes expresando su apoyo por el presidente, así como la aparición en las calles de esas mismas urbes de grupos radicales de oposición, son un recordatorio del potencial de violencia que conlleva la actual tensión política en Estados Unidos.

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BBC

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Zedryk Raziel

Se ignoró llamado de auxilio del hospital del IMSS en Tula; ni Conagua o Protección Civil alertaron sobre la inundación

Pudimos salvarlos, dice personal del Hospital General de Zona Número 5 de Tula, en el que fallecieron 14 pacientes; “con que nos hubieran avisado una hora antes hubiéramos podido sacar a los pacientes”.
Zedryk Raziel
10 de noviembre, 2021
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Grupo de WhatsApp del IMSS llamado “Emergencias y desastres” 

– 00:38 Se desbordó el río Tula, hay riesgo de inundación.

– Enterados

– 00:50 ¡Está inundado el hospital!

(al grupo se manda un video que muestra las aguas negras a las puertas del hospital)

– … (silencio)

– 01:20 Ya se dio aviso a Protección Civil. Paciente Covid con algo de riesgo. Se quemó un transformador

– … (silencio)

– 01:40 ¡Nos quedamos sin luz!

– … (silencio)

(se manda un segundo video que muestra al personal médico con el agua a las rodillas y subiendo a pacientes por las escaleras).

Alcaldía de Tula

– 01:00 Auxilio, se inunda el hospital

“Me dijo (el alcalde) que no podía, porque tenía actividades en las colonias (afectadas), que cuál era mi motivo para requerir el apoyo; le dije que tenía pacientes que no se podían valer por sí mismos, (que requería) sacos de arena para detener o contener el flujo de agua mientras salvaban a los pacientes, o que me apoyaran a evacuar”.

911

– 01:30 ¡El hospital se está inundando, necesito ayuda! ¡Tengo 25 pacientes en área COVID que dependen de oxígeno; esto puede ser una catástrofe!

– Ya tomé su reporte, pero no los podemos ayudar. Usted no es la única que ha llamado y no es el único lugar inundado; el personal se encuentra por todos lados

***

Poco después de las 2 de la mañana, siete pacientes que estaban internados por COVID en el Hospital General de Zona número 5 de Tula fallecieron. Sus respiradores dejaron de funcionar.

Siete pacientes más fallecieron en los siguientes minutos, aún cuando habían sido trasladados a un piso superior para librarse de la inundación. El hospital se quedó sin energía eléctrica y también murieron por falta de oxígeno.

El hospital no recibió el apoyo de nadie. Ni del gobierno municipal, ni Protección Civil, ni del gobierno del Estado. Ni siquiera del mismo IMSS.

***

La primera alerta sobre la inundación que afectó a Tula y el daño al hospital del IMSS lo envió la doctora María Eugenia Villagrán, coordinadora clínica del Hospital General de Zona Número 5 de Tula, la madrugada del 7 de septiembre en un grupo de WhatsApp al que deben reportarse estos incidentes.

La primera respuesta fue de Juan Alberto Aguilar Martínez, coordinador de Prevención y Atención a la Salud de la delegación, que está ahí.

Fue la única respuesta que recibió.

En el grupo de “Emergencias y desastres” también están Juan Darío Islas Cerna, jefe de Prestaciones Médicas; Adriana Lorena Bustamante Cruz, coordinadora de Gestión Médica, y Luis Alberto Durán Leyva, coordinador auxiliar de Segundo Nivel. Ninguno respondió.

Tampoco dieron aviso al Centro Virtual de Operaciones y Emergencias en Desastres (CVOED) del IMSS, que tiene a su cargo el resguardo de la infraestructura hospitalaria, los derechohabientes y el personal médico antes y durante situaciones de crisis.

“No encontramos registro de aviso ”, confirmó Felipe Cruz Vega, jefe del CVOED.

Al CVOED tampoco llegaron alertas del Comité Nacional de Emergencias, cuya titular es la secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana, Rosa Icela Rodríguez, o, en su ausencia, la coordinadora nacional de Protección Civil, Laura Velázquez Alzúa.

“No hubo aviso del Comité Nacional de Emergencias. (…) Aquí recibimos invariablemente todas las comunicaciones; yo lo chequé siete veces, nunca hubo un aviso”, sostiene. Y añade que tampoco se registraron notificaciones por llamada telefónica ni por correo electrónico institucional.

Al alcalde de Tula, Manuel Hernández Badillo, lo buscó el doctor Francisco León Tovar, director del hospital.

No hubo más avisos de emergencia, porque a las 03:00, la inundación afectaría las instalaciones de Telmex en Tula, lo que dejaría sin servicio de telefonía, celular, internet y datos a la mayoría de la población. 

El jefe del Centro Virtual de Operaciones y Emergencias en Desastres dice que apenas supo del problema pasadas las 6:00 de la mañana, cinco horas después del primer aviso de emergencia, por un monitoreo de redes sociales. Apenas a esa hora iba por fin iba en camino a Tula  Juan Darío Islas Cerna, jefe de Prestaciones Médicas de la delegación en Hidalgo.

La noticia de la tragedia llegó aún más tarde a los mandos del IMSS Central y a la Coordinación Nacional de Protección Civil (CNPC).

El director general de la institución, Zoé Robledo, y el director de Vinculación y Evaluación de Delegaciones, Javier Guerrero, se enteraron del desastre de Tula en una reunión de trabajo en la Ciudad de México pasadas las 7:00 de la mañana del 7 de septiembre, según comentaron funcionarios presentes.

Fue entonces que los mandos del IMSS Central se trasladaron en helicóptero a Tula, a donde arribaron entre las 10:45 y las 11:00 de la mañana. 

Por su parte, la titular de la Coordinación Nacional de Protección Civil, Laura Velázquez Alzúa, declaró que a las 6:00 horas recibió una llamada del secretario de Gobierno de Hidalgo, Simón Vargas, para decirle que había que evacuar pacientes, aunque a esa hora ya habían fallecido los 14, que se quedaron sin aire luego de que el agua dañó la planta de luz de respaldo del hospital. 

Este medio solicitó entrevista con funcionarios de la delegación del IMSS en Hidalgo para hablar del caso, pero la solicitud no fue atendida.

También se intentó tener la versión del alcalde Hernández Badillo, y del gobierno de Hidalgo, pero en ningún caso hubo respuesta.

Se estima que hubo 2 mil 899 viviendas afectadas y 35 mil personas damnificadas en 11 municipios de Hidalgo.

Semanas después del desastre, la doctora Villagrán, que tiene una carrera de 20 años en el IMSS, lamenta la muerte de pacientes a los que intentó rescatar.

“Ya no pudimos hacer más. Con que nos hubieran avisado una hora antes (que se inundaría Tula) hubiéramos podido sacar a los pacientes, hubiéramos podido subir cilindros de oxígeno grandes, usar el elevador”, dice. “Tengo el peso de esas muertes; sé que no es mi culpa, pero me siento culpable. Es que yo pude haberlos salvado. Si a mí me hubieran dicho: ‘se va a inundar’, hubiéramos hecho otra cosa” termina diciendo María Eugenia Villagrán, la primera en dar aviso a las autoridades y quien tiene una carrera de 20 años en el IMSS.

 La bomba le estalló al IMSS

Funcionarios del IMSS aseguran que no hubo una sola autoridad federal, estatal o municipal que les advirtiera que el río Tula podía desbordarse, lo que se confirma con una revisión de los alertamientos emitidos el 6 de septiembre y que obtuvo Animal Político por transparencia.

No obstante, la inundación también puso de manifiesto fallas de comunicación y organización al interior del propio IMSS, y riesgos estructurales del hospital.

El principal conflicto es que el Hospital General de Zona Número 5, que tiene 44 años de antigüedad, está situado en una zona que diversas autoridades calificaron como inundable.

En el Atlas de Riesgos elaborado por el gobierno estatal, y que data de 2009, se expone que la ciudad de Tula, especialmente el Centro, donde se ubica la unidad médica, está en peligro de inundación por el desbordamiento del río.

Por su parte, el Atlas Nacional de Riesgos señala que el municipio se ubica en un riesgo alto (semáforo naranja) en cuanto al peligro de inundaciones, y que también está expuesto a riesgos asociados a fenómenos hidrológicos, como deslizamiento de laderas (semáforo rojo, que significa el riesgo más alto) y granizadas (también rojo).

El Programa Hospital Seguro, dirigido por la CNPC y que certifica la seguridad estructural de las unidades médicas, instruye que “los hospitales y otras instalaciones de salud deben ser construidas en áreas geográficas que no sean vulnerables a amenazas naturales. Si se construyen en áreas vulnerables, el sitio donde está localizado y las propiedades del suelo deben ser evaluados por un especialista geotécnico cuyas recomendaciones deben ser tomadas en cuenta”.

El hospital del IMSS se ubica a 100 metros de la orilla del río Tula, y a 380 metros del punto de donde provino la mayor cantidad de agua la noche de la inundación.

A pesar de los riesgos a los que está expuesto, la unidad médica recibió en 2013 la certificación de Hospital Seguro, lo que significa que, entre otras cosas, superó evaluaciones a su seguridad estructural y ubicación geográfica. En 2018 volvió a ser evaluado positivamente.

De acuerdo con un documento interno en poder de Animal Político, la Unidad Interna de Protección Civil del IMSS consideró que la posibilidad de inundación era un riesgo “de seguimiento”, categoría donde se incluyen “riesgos de alto grado de impacto, por lo que deben ser revisados una o dos veces al año de que están siendo administrados correctamente y que su importancia no ha cambiado debido a modificaciones en las condiciones internas o externas de la dependencia o entidad”.

“Nosotros tenemos un ingeniero que es el encargado de seguridad e higiene, y conjuntamente con los directivos determina cuáles son nuestros riesgos: tenemos tuberías, alta tensión, el mismo río, que ya estaba contemplado, aunque lo minimizábamos, porque nunca en estos 40 años habíamos tenido una inundación; tenemos autopistas de alta velocidad que tienen colapsos”, comenta el director del hospital de Tula, Francisco León Tovar.

El jefe de CVOED, Felipe Cruz Vega, sostiene que el IMSS nunca tuvo los elementos para anticipar cuáles serían los escenarios más graves con la entrada en operación del Túnel Emisor Oriente (TEO).

“Yo creo que la vida habitual en Tula estuvo bastante ajena al TEO, un tema fuera de su ámbito. Nunca, cuando menos entre nosotros que nos dedicamos a desastres, nunca permeó el nivel de agua que iba a manejar el TEO, y en los 2 años que tenía de vida nunca hubo nada que fuera amenazante; creo que era una idea lejana”, explica. “Nosotros, que estamos metidos en el Comité Nacional de Emergencias, nunca se mencionó, nunca hubo una alerta o un pronunciamiento de esto”.

Los nulos antecedentes de inundaciones en Tula de la magnitud de la del 6 y 7 de septiembre determinaron incluso la mirada de los evaluadores del Programa Hospital Seguro.

Por ejemplo, un punto de la evaluación consiste en determinar si la planta de energía de respaldo de una unidad médica está debidamente protegida contra desastres naturales, a fin de garantizar su funcionamiento durante emergencias.

Esta máquina, en el hospital de Tula, estaba en la planta baja, pero no al ras del suelo, sino a una altura de medio metro, tomando en cuenta la experiencia de una inundación de 1997 donde la crecida del agua alcanzó 30 centímetros, de acuerdo con el jefe del CVOED.

De este modo, cuando la unidad médica fue sometida a evaluación, fue aprobada positivamente en este aspecto. No obstante, la inundación del 6 de septiembre alcanzó alrededor de un metro y medio, un nivel nunca previsto, lo que terminó por dañar la máquina y anular el suministro de oxígeno a los pacientes Covid.

Otro error está relacionado con el diseño del hospital mismo. El jefe del CVOED reconoce que el área de hospitalización no debía estar en la planta baja, sino en el primer piso, mientras que los consultorios debían estar abajo (en la unidad médica siniestrada están al revés).

“Evacuar consultorios es muy rápido, pero evacuar pacientes, no”, expone Cruz Vega.

El funcionario adelantó que la unidad médica de Tula será reubicada a una zona elevada, y que se está elaborando un diagnóstico de todos los hospitales que están en zonas inundables. 

No fueron las lluvias

Decenas de documentos, informes, minutas, manuales y protocolos de operación revisados por Animal Político demuestran que la inundación de Tula entre el 6 y 7 de septiembre no fue producto de lluvias atípicas que dejó el pasó de la tormenta tropical Grace, como han sostenido diversas autoridades, entre ellos el presidente López Obrador.

La documentación señala que la Comisión Nacional del Agua (Conagua), el Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) y la Comisión del Agua del Estado de México (CAEM) decidieron activar, la noche del lunes 6 de septiembre, el mecanismo de drenaje metropolitano que conduce las aguas pluviales y residuales de la Ciudad de México al río Tula. 

Es decir, se decidió inundar Tula para salvar a la ciudad. Y no solo eso, en diciembre de 2019, el presidente Andrés Manuel López Obrador puso en operación el Túnel Emisor Oriente (TEO) para duplicar la capacidad de desagüe de la CDMX, pero la actual administración no llevó a cabo las obras de rectificación y revestimiento del río Tula que la Secretaría de Medio Ambiente ordenó desde 2017 para ampliar su capacidad de flujo y que pudiera soportar, sin desbordarse, las emisiones de agua del Valle de México.

La inundación en Tula no se debió a lluvias atípicas, como se mostrará en la siguiente entrega de este reportaje. 

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