Cómo el narco ganó terreno en CDMX tras años de 'inmunidad' al crimen
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Cómo el narco ganó presencia en CDMX tras años de considerarse 'inmune' al crimen organizado

Autoridades de la capital mexicana negaron durante años la presencia del crimen organizado, lo que según expertos fue aprovechado por estos grupos para extender sus tentáculos por la ciudad a falta de una estrategia en su contra.
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1 de julio, 2020
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Durante años, las autoridades de Ciudad de México negaron que allí hubiera presencia del crimen organizado, tan habitual en otros estados del país.

Tradicionalmente, en la capital se habló siempre de grupos locales dedicados a actividades de pequeña escala como el “narcomenudeo” o venta de droga en pequeñas cantidades.

Nada apuntaba a la operación de grandes organizaciones del narco como el cartel de Sinaloa o el Jalisco Nueva Generación (CJNG). Hasta hace tres años.

Desde entonces, en Ciudad de México se registraron actuaciones, operativos y detenciones contra células de grandes estructuras criminales.

La más reciente fue el atentado fallido el pasado viernes contra el secretario de Seguridad de la capital, Omar García Harfuch, que él mismo atribuyó al CJNG y con el que expertos consideran que se cruzó una especie de “línea roja” en la capital del país.

En una zona de alto nivel adquisitivo de la ciudad, plagada de embajadas y representaciones diplomáticas, decenas de hombres dirigieron una impresionante balacera contra el jefe de policía.

“Consulté mis archivos y no tengo registrado ningún atentado de esta magnitud en 50 años en Ciudad de México. Responde a una criminalidad organizada muy compleja”, le dice a BBC Mundo Javier Oliva, especialista en seguridad.

Carro baleado

Reuters
Así quedó el auto en el que viajaba García Harfuch el día de su atentado, de una extrema violencia nunca vista antes en Ciudad de México.

José Armando “N”, alias el Vaca y señalado como uno de los presuntos jefes de sicarios del CJNG, fue detenido como supuesto autor intelectual del atentado.

Y aunque el gobierno prefirió dejar abiertas todas las hipótesis sobre la autoría mientras avanza la investigación, dijo no tener dudas de que se trató de “una organización criminal consolidada, dado el poder de fuego” observado en el suceso.

“Es una de las alertas más fuertes que hemos vivido aquí en Ciudad de México, que revela no solo la presencia que tienen estos grupos del crimen organizado sino el mensaje que quieren enviar hacia las autoridades y la ciudadanía de la capital”, opina la periodista de investigación Sandra Romandía.

Expertos apuntan a que esa aparente tranquilidad de la capital mexicana ante el crimen organizado pasó a la historia hace años. Otros creen que esa “inmunidad”, simplemente, nunca existió.

El interés del CJNG

La Unión Tepito, la Fuerza Anti Unión Tepito y el cartel de Tláhuac son los tres grupos delictivos identificados históricamente en Ciudad de México.

A ellos se les atribuye buena parte de los delitos de tráfico de drogas, extorsión, trata de personas, secuestros exprés e invasión de inmuebles sufridos en la capital.

Romandía, coautora del libro “Narcos CDMX”, cuenta que son estos grupos formados por pequeñas familias narcomenudistas en el céntrico barrio de Tepito los que empezaron a controlar la mayoría de zonas de la capital desde hace dos o tres décadas, antes de ser un grupo de crimen organizado.

“En 2010, un capo del grupo de los Beltrán Leyva llamado la Barbie junta a estas familias y les dice que tienen todo el poder para ser un cartel en esta ciudad. Y ahí empieza la pesadilla para Ciudad de México con la formación de La Unión”, le dice a BBC Mundo.

Dos mariachis miran la escena del crimen

Reuters
Un enfrentamiento entre La Unión Tepito y La Anti Unión dejó seis muertos en la turística plaza Garibaldi de Ciudad de México en 2018.

Pero aunque tradicionalmente se les ha identificado como grupos locales y de pequeña escala, cada vez más expertos están convencidos de la existencia en la capital del país de estructuras mucho más complejas.

“Uno de los principales centros de tráfico de drogas, dinero y personas es el aeropuerto internacional de Ciudad de México. Para que funcione, es necesaria la corrupción de autoridades, pero también se requieren organizaciones criminales que ni la Unión Tepito ni Tláhuac tienen las capacidades para operar”, explica Oliva.

Romandía ubica a mediados del año 2017 la llegada del CJNG a la capital. Lo hizo siguiendo una de sus políticas más características: buscando alianzas con bandas locales para entrar a un nuevo territorio.

En el caso de Ciudad de México lo hizo en alianza con el cartel de Tláhuac y la Anti Unión para combatir a La Unión Tepito.

Según la experta, su origen coincide con la liberación en octubre de 2017 de Luis Eusebio Duque, alias el Duke, un expolicía capitalino que en la cárcel conoció a José Pineda, el Avispón, miembro del CJNG y hombre de confianza de Nemesio Oseguera, el Mencho.

Se asociaron dentro de prisión y, al salir, el CJNG habría tenido la ayuda del Duke para ganar presencia en la capital en alianza con el Tortas, uno de los líderes de La Anti Unión.

Muchas de estas alianzas se diluyeron con el tiempo y, según algunos analistas, en la actualidad el CJNG campa a sus anchas en varias de las alcaldías de Ciudad de México.

Ficha del Mencho en el sitio web de la DEA.

DEA
Hay indicios de que el CJNG del Mencho, el fugitivo más buscado por la DEA estadounidense, opera en CDMX desde 2017.

“Lo que es importante es que el CJNG intenta entrar desde hace tres años y no lo ha logrado del todo porque hay otros grupos poderosos. También hay teorías de que tendría alianzas con todos los grupos de la capital y se estaría formando un gran grupo”, explica Romandía.

El año pasado, investigaciones periodísticas revelaron un “pacto de no agresión” en la ciudad entre los cárteles de Tláhuac, Jalisco Nueva Generación y La Unión Tepito para reducir las disputas por el control de la venta de droga.

“Lo que es importante es que el CNJG es un cartel muy interesado en la ciudad y no la ha podido controlar del todo”, agrega Romandía.

Cambio de discurso

La mayor complejidad de Ciudad de México, con más vigilancia y una mayor resonancia política y mediática de cualquier hipotético atentado, podrían explicar esta demora del CJNG a la hora de lanzar sus redes en la capital.

No hay constancia, sin embargo, de presencia de sus rivales del cartel de Sinaloa. Según Romandía, su actividad se limitaba a alianzas comerciales y a actuar como proveedores de las organizaciones locales, pero sin asentarse en la ciudad.

La delincuencia común continúa siendo mucho más grave que el crimen organizado en Ciudad de México, cuyas cifras aún están muy lejos de sus actividades registradas en otros estados del país.

Aeropuerto de Mexico

Reuters
El aeropuerto de Ciudad de México es un foco de atención para el crimen organizado.

Pero atentados como el organizado contra García Harfuch por grandes estructuras criminales “ponen en evidencia la necesidad de que las autoridades hagan un análisis y replanteamiento de sus programas de seguridad pública”, dice Oliva, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Romandía asegura que tanto la corrupción policial como la tradicional narrativa oficial de negar la existencia de estos grupos en Ciudad de México fueron alicientes importantes para su crecimiento.

Y esa negación, dice, llevó a que no hubiera estrategia ni detenidos hasta hace no mucho.

“Por eso nuestro libro ‘Narcos CDMX’ lo titulamos también ‘El monstruo que nadie quiere ver’, porque no se quiso hablar de él, así que el monstruo se dejó crecer”, dice.

“Al darse cuenta de que había impunidad y protección policial, ese animal se fue expandiendo hasta tener tentáculos en muchos negocios ilícitos, muchos delitos y muchas zonas hasta llegar a los lugares más turísticos de la ciudad”, agrega.

Dos policías frente a la escena de un crimen en Polanco

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La actividad del crimen organizado llega cada vez a más zonas de Ciudad de México, incluidos los barrios más turísticos o de mayor plusvalía.

La experta destaca que ese discurso cambió con la llegada del actual equipo de gobierno a Ciudad de México. El propio García Harfuch reconoció la existencia del crimen organizado en la capital y atacarlo fue una de sus prioridades.

Solo en los últimos tres meses, al menos tres cabecillas importantes del CJNG y una veintena de miembros del resto de grupos fueron detenidos en la capital.

Sin embargo, ese aumento de arrestos no se ha reflejado aún en la reducción de delitos en Ciudad de México.

El año pasado se registraron en la capital 1.397 homicidios dolosos, 30 más que en 2018. Las extorsiones e intentos de extorsión tuvieron un aumento aún mayor: de 2.089 a 3.106, según datos de la Fiscalía General de Justicia de la ciudad.

Omar García Harfuch

AFP
Según las autoridades, el trabajo de García Harfuch contra el crimen organizado antes y después de su llegada a la Secretaría de Seguridad de CDMX fue el detonante del atentado en su contra.

Por eso, Romandía alerta de cómo el crimen organizado está marcando territorio en los últimos años en Ciudad de México y tiene intención de seguir haciéndolo mediante actuaciones tan violentas como el atentado contra el jefe de policía capitalino.

“Esa señal alerta de que el problema se debe atender con inteligencia y estrategia, y fue casi una declaración de guerra para el gobierno. Esto podría ser un indicio de lo que se podría esperar: un futuro muy difícil y violento de no tomarse cartas en el asunto”, vaticina


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Especial

A más de tres años del 19S, familias de edificio Centauro siguen atrapados en la burocracia y sin un hogar

El gobierno de Miguel Ángel Mancera aprobó 100 mdp para la construcción del nuevo Centauro. Sin embargo, con el avance de las obras, el presupuesto se disparó a los 205 mdp.
Especial
3 de abril, 2021
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La señora Verónica Mendiola, 58 años, se detiene a diario frente al esqueleto de fierros, vigas, andamios, y ladrillos, que da forma a la torre Centauro A1 en la calle doctor Lucio de la céntrica colonia Doctores, Ciudad de México.  

Dice que no es que pueda hacer mucho ahí parada frente a los andamios vacíos y las grúas detenidas. Pero estar allí, “al pie del cañón”, le da una cierta sensación de paz y de que, al menos, su antiguo hogar en el que vivió 30 años no está solo ni abandonado. Que hay alguien pendiente de él.  

Por eso asegura que, desde aquel potente sismo de septiembre de 2017 que zarandeó el edificio dejándolo muy debilitado por las rajas en trabes y muros y al borde del colapso, no ha dejado de visitar el lugar. Primero, vigilando que los rateros no terminaran de desmantelar el poco patrimonio que les dejó el temblor. Luego, observando la demolición del enorme inmueble de 14 plantas. Y ahora, viendo la lenta reconstrucción de la nueva Torre Centauro que se levanta en el mismo lugar de su antecesora.  

Aunque lo de ‘lenta reconstrucción’ es un decir. Porque Verónica, que es la administradora del edificio, asegura que las obras llevan “un año totalmente detenidas” por falta de pagos del gobierno capitalino a la constructora, mientras ella y 68 familias damnificadas siguen viviendo de renta a tres años y medio del terremoto que los expulsó de sus hogares.   

Lee más: A tres años del 19S: “Nunca terminaremos de agradecer a los rescatistas anónimos”

“Hemos presentado amparos, hemos ido a platicar con la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, y hemos mandado escritos a la constructora. Hemos hecho de todo, pero nadie nos escucha, ni nos hace caso”, dice frustrada la mujer, que asegura que a más de dos años de que se demolió por completo el inmueble en noviembre de 2018, la reconstrucción se quedó “abandonada” cuando apenas llevaba un avance de siete plantas; es decir, apenas el 50% de lo proyectado. 

Foto: Especial

“Todo el rato son puras promesas. Nos dicen que ya la semana que viene, luego que no, que al mes próximo, y así nos tienen todo el rato mientras nosotros seguimos sin nuestro hogar y sin que nadie nos dé una explicación”, insiste Verónica, que explica que aunque son beneficiarios de la ayuda de 4 mil pesos que da el gobierno capitalino a los damnificados, ese dinero se queda “muy corto” para rentar hoy día una vivienda en la capital mexicana.  

Prometen que la obra estará antes de 2022 

A unos pocos metros de la Torre Centauro se levanta su ‘gemela’, la Torre Osa Mayor, que también sufrió daños estructurales por los sismos de septiembre de 2017, y fue demolida por el gobierno de la ciudad.  

Sin embargo, en el caso de la Osa Mayor los vecinos corrieron con un poco más de suerte: el pasado mes de enero, al fin, les entregaron las llaves.  

Aunque para Leticia Rosales, vecina del inmueble, decir que tuvieron ‘suerte’ es tal vez demasiado decir luego de las largas noches que vivieron en la calle bajo una lona de plástico frente a las ruinas del inmueble, y de años de desgaste lidiando también con las autoridades y con una burocracia que enfrentaron hasta el final. 

Foto: Especial

Por poner solo un ejemplo de esa burocracia: el pasado 19 de septiembre, coincidiendo con el tercer aniversario del temblor, la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum les hizo la entrega virtual de las llaves de sus nuevos hogares. Sin embargo, la entrega real del edificio se fue retrasando hasta enero, es decir, aun tardaron otros cuatro meses en acceder a sus casas.   

Lee: Fotos: Edificios abandonados o en reconstrucción a tres años del 19S

Pero, aunque ahora ya empezó una nueva odisea, la de pagar la deuda que les dejó la reconstrucción y equipar el nuevo departamento, al menos la odisea de la reconstrucción ya terminó para los vecinos del Osa Mayor. En cambio, enfrente, los del Centauro aún viven con la incertidumbre de cuánto tiempo más seguirán sin casa y cuándo se reactivarán las obras.  

Animal Político planteó estas mismas preguntas a César Cravioto, comisionado de reconstrucción de la ciudad, a quien también se le cuestionó por qué las obras llevan detenidas aproximadamente un año, según dijeron los damnificados.   

En entrevista, el funcionario capitalino explicó que el anterior gobierno de Miguel Ángel Mancera aprobó un presupuesto de 100 millones de pesos para la construcción del nuevo Centauro. Sin embargo, con el avance de las obras, el presupuesto se disparó hasta los 205 millones de pesos.  

Ante esta situación, el nuevo gobierno de Sheinbaum hizo una auditoría, “que se llevó su tiempo”, e hizo un dictamen en el que señaló que en este nuevo presupuesto habría un sobrecosto de 28 millones de pesos que el gobierno de Sheinbaum se negó a pagar, motivo por el que la constructora detuvo la obra.  

“En lugar de pagarle los 205 millones de pesos, la contraloría determinó que el precio justo era pagarle 177 millones de pesos, y ahí fue cuando se produjo un estira y afloja”, explicó Cravioto, que añadió que se les ofreció a los vecinos contratar a una nueva constructora, propuesta que fue rechazada por éstos al considerar que ello “implicaría pérdida de más tiempo y de dinero”, además de que dijeron no tener problema con la actual constructora, “que es del Instituto de Vivienda de la Ciudad de México (INVI)”.  

Pero, meses después de ese ‘estira y afloja’, César Cravioto subrayó “que la negociación con la empresa ya quedó”, y que ya se firmó el convenio en el que se acordó que el gobierno de la ciudad pagará 62 millones más para completar los 177 millones determinados por la contraloría capitalina, “y así se pueda terminar ya el edificio”.  

Aunque todavía resta que en la próxima sesión del fideicomiso de reconstrucción, que se espera se lleve a cabo el próximo 15 de abril, se solicite el recurso público a la Secretaría de Finanzas de la ciudad, y la empresa obtenga la fianza para que el gobierno comience a pagarle, y así se reactive la construcción.  

“Esta es información que ya tienen los vecinos, que están enterados de las rutas y de los tiempos”, subrayó Cravioto, que estimó que la obra esté terminada para antes de que termine este 2021. “Ese es el compromiso de la empresa”, recalcó.   

No obstante, Verónica Mendiola dice que sigue sin estar convencida. “Así nos vienen diciendo desde que empezó el año y mucho antes”, insiste la mujer, que asegura que ya les habían prometido que para este marzo que acaba de pasar todo quedaría resuelto, y les volvieron “a mentir impunemente”.

“El problema no depende del INVI, ni de la constructora. Depende del gobierno de la ciudad y del Fideicomiso para la Reconstrucción. Porque nos han puesto tantas trabas que seguimos empantanados”, hace hincapié Verónica, que comenta resignada que, por el momento, a los vecinos del Centauro no les queda de otra más que seguir insistiendo para que las autoridades les cumplan, y continuar yendo a diario a observar el cascarón del que espera, algún día, sea su nuevo hogar después de la tragedia. 

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